Todos los personajes de la serie de Kaitou Saint Tail pertenecen a la genial Megumi Tachikawa ninguno de los personajes me pertenece a mi aunque lo que diera por poder tener aunque sean los ojitos de Daiki Ahaaa v_v….aclarado esto aquí vamos.

:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:

Secuelas

Por Mimi chan

:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:

Capitulo 13

¿Por qué nos aferramos a las cosas?

A menudo por dura y difícil que una situación suele parecer, nos aferramos a ellas, como si fuera nuestra única fuente de supervivencia, a pesar de que el mismo comportamiento es destructivo y limitante para nuestra vida…

Supongo por qué la alternativa suele ser aun más cruel.

Aferrarte a veces a algo o a alguien, significa quizá: miedo a la soledad; miedo a lo que la incertidumbre que se presenta en tu futuro pueda ser mortal para ti; temor a que esa soledad te engulla y no te deje respirar y vivir. Y entonces te aferras con uñas y dientes, con todas tus fuerzas y aunque eso haga daño piensas… podría ser peor.

Así que esa era la situación, él aun no la perdonaba, pero no dejaba de pensar en el beso que habían compartido después, él la seguía mirando receloso por los pasillos de la escuela, pero no con la misma ira que lo había hecho en un principio, ella deseaba creer que él empezaba a entenderla, por lo menos un poco, que había alguna posibilidad por exigua que esta fuera de que él creyera en su inocencia.

Era una esperanza vaga y lo sabía, pero por lo menos era una esperanza, ¿No es cierto?

Y luego había venido… aquello.

:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-: Flash Back:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:

Eran las 10:45 de la noche cuando Charly cerró en restaurante, tenía otra cita con Ryoko y aunque ella se había ofrecido a cerrar, él no había aceptado, por lo regular los clientes habituales nunca iban más tarde de esa hora y no podía dejarla allí sola.

- Bien, suerte en tu cita entonces – dijo ella con una sonrisa.

- Te puedo llevar a tu casa – ofreció él mirando su reloj con cierta aprensión – Ryoko entenderá si llego un poco tarde

- No te preocupes – dijo ella con amable negación – tomare un taxi en cuanto lo vea.

- Bien – dijo con un entrecejo – hasta mañana entonces.

Y dicho esto Charly caminó calle abajo donde tenía aparcado su automóvil, no era tan tarde, aun había suficiente gente en la calle, podía muy bien caminar a casa, estaba mucho más cerca ahora y el rumbo mucho más seguro.

Caminó un par de calles, cuando en una de las esquinas donde pasaba el autobús lo vio allí de pie, recargado en una de las paredes de la parada del autobús. Meimi sintió su corazón caminar más rápido. ¿Qué hacía él allí?

Ponderó por un momento pasar a su lado y no hablarle, debía ser solo una enorme casualidad que él estuviera justo en ese lugar, debía ir a hacer algún encargo o algo por el estilo. Pero antes de poder tomar una decisión, él levantó su mirada y la miró directamente a ella.

- Pensé que cuando era tarde, era Charly quien te llevaba a casa – dijo él a modo de saludo poniéndose de pie correctamente dirigiendo su atención a ella.

- Aun no es tan tarde – respondió Meimi un poco sorprendida de que él aun recordara cuando le había dicho eso, parecía que habían pasado años y no solo un par de meses.

- Caminare contigo.

Ella no respondió, solo caminó y lo vio seguirla a un par de pasos.

¡Dios, Daiki era tan desconcertante! Ella podía jurar que él seguía furioso con ella y aun así, estaba allí, preocupado por que ella llegara segura a casa. Ella sabía cuidarse bien, sabía que Tokio no era Seika, pero ella sabía moverse como una sombra en la oscuridad, si algún pobre incauto tratara de asaltarla o abordarla en medio de la calle era muy capaz de dejarlo sangrando a media acera. Y Daiki lo sabía.

Pero no dijo nada, su preocupación por ella era buena para su alma, eso significaba que en algún nivel elemental, él se mortificaba por ella y eso la satisfacía y la llenaba de una extraña calma.

Caminaron en un religioso silencio hasta llegar a los departamentos, que estaba en una especie de unidad de residencias, con su llave abrió la puerta principal que daba acceso a la colonia de residencias y lo volteó a ver, él siguió adelante sin esperar invitación, adentro esperó por ella ¿Pensaba acompañarla hasta la propia puerta de su casa? Dentro de la colonia estaba segura ya, no tenía por que hacer eso. Bien, quizá solo era una buena excusa para saber exactamente donde estaba su casa, así que no dijo nada, cerró de nuevo y siguió andando hasta llegar a su apartamento, era uno de los primeros, de todos ellos, independiente de los demás.

Llegó hasta su puerta y abrió, cuando se dio la vuelta para darle las gracias por acompañarla hasta allí, él la tomó de un brazo y entró con ella al apartamento, Meimi se sintió repentinamente asustada, no tenía idea de que es lo que Daiki estaba planeando y no sabía si otro enfrentamiento sería bueno para su corazón.

Pero cuando estuvieron dentro, él cerró la puerta, giró el seguro y la apoyó contra una pared y allí en medio de la oscuridad de su casa, la besó.

Meimi se derritió de inmediato en sus brazos y a su beso, la besó con cierta violencia contenida, con exigencia con una suerte de desesperación que la verdad fuera dicha ella también sentía. Ella se aferró a su cuello y lo dejó hacer con ella lo que deseara, ¡Santos en el cielo! había deseado tanto esto que casi sentía ganas de llorar.

Daiki se apartó apenas de ella.

- No significa nada Meimi – dijo él dejándolo claro desde un principio – nada a cambiado salvo que te necesito, no he podido sacarte de mi sistema y no quiero seguir resistiendo, ¿Aceptas eso?

Meimi no supo que responder, había supuesto por un momento que si él iba a ella y la besaba de esa forma era el inicio de una reconciliación, pero no, era solo el deseo de él, ¿Debía aceptarlo? ¿Pero cómo podía? Ella… ella…

- Lo acepto – dijo ella siendo completamente sincera consigo misma, ella también lo deseaba y si esta era lo único que podía tener de él, por Dios que lo tomaría.

Daiki la recargó más duramente contra la pared junto a la puerta y abrió la blusa de ella dejando descubierto su busto en encaje color rosa claro, bajó su boca hasta su cuello y descendió besando su piel hasta tener dentro de su boca uno de sus pezones, ella solo aspiró profundamente y recibió con él alma esa caricia placentera arqueando su espalda para recibirla mejor, metió sus manos en su cabello y dejó que él la consintiera y besara justo de esa forma, un suave vaivén empezó a ir y venir entre sus cuerpos, rozando las partes que más se necesitaban sintiendo el calor de la fricción y el deseo creciendo dentro de ellos.

- Meimi – dijo él sacando la blusa entera y dejándola caer en el piso, mientras se sacaba la camisa al mismo tiempo, no se sentía capaz de seguir esperando.

- Allí – dijo ella apuntado una puerta al fondo de esa habitación.

Él la sostuvo de la cadera y ella ancló sus piernas contra la suya dejando que la llevara a su habitación.

Apenas hubo preliminares cuando llegaron a la habitación, él la llevó hasta la cama y la dejó caer allí siguiéndola, metió las manos por debajo de su falda y le quito la ropa interior casi al mismo tiempo que se sacaba los pantalones y se desnudaba a si mismo, volvió a su boca para un beso que le quito el aliento y en un minuto más, mientras la sostenía contra si mismo, se hundió en ella. Dolió un poco pero la sensación apenas se comparaba con el alivio y la plenitud de volver a sentirlo dentro de ella.

Fue un verdadero frenesí, él empezó a empujar contra ella y todas las terminaciones nerviosas reaccionaron a la pasión de él, la tocaba y frotaba justo donde más necesitaba, la tela que quedaba de su falda era un incordio porque no la dejaba sentir todo el calor de su estomago y su pecho, pero no importaba, aquello era un encuentro que tenía sabor de desesperación y como tal lo tomó, como quizá lo ultimo que podría tener de él, y se entregó con la misma pasión que él le estaba demostrando.

En un perfecto balance y equilibrio increíbles explotaron los dos juntos al mismo tiempo en un intenso clímax que los recorrió enteros en oleadas salvajes.

Se quedaron uno contra el otro por un largo momento, respirando, dejando que su corazón volviera a su ritmo.

Cuando Meimi estuvo completamente recuperada se sintió confundida, ¿Qué es lo que iba a pasar ahora…?

- Te lastime… - dijo él de pronto, apenas había sido un susurro pero se escuchó como un grito en el silencio de la noche.

- No – respondió ella con otro susurro.

- Lo siento – dijo él – perdí el control, será mejor ahora.

Él se levantó saliendo lentamente de ella, y le quitó lo que le restaba de ropa, hasta ese momento de dio cuenta que él tenía el pantalón aun entre las piernas y ella tenía puestos los botines que había llevado a la calle.

La siguiente vez fue amable, casi amoroso con ella, la había besado tanto y tocado de formas que había sentido que el mundo giraba en dirección contraria del norte al sur, durmieron unos 2 minutos y después él dejó que ella lo besara y tocara hasta saciarse de él. Siguieron así hasta que casi amanecía, cuando el cielo estaba en su punto más oscuro, él se había levantado de la cama, se había vestido y había salido sin decir nada.

Y ella quedo allí tendida en la cama sin saber como es que debía reaccionar o que es lo que debía hacer.

:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-: End Flash Back:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:

Había pasado ya un mes completo desde que ella le había dicho quien había sido y esta cosas extrañabas habían empezado a suceder, había pasado en dos ocasiones, que él la encontraba en uno de los cubículos de la biblioteca y la mantenía encerrada allí mientras le hacía el amor de una forma desesperada y casi rabiosa, y ella no se sentía en posición de rechazarlo, lo amaba y cuando él preguntaba solamente "¿Lo aceptas?" siempre era "Si", lo amaba demasiado para decir no, y aunque después se sentía más culpable y usada que la anterior, no le importaba, lo tomaría siempre que pudiera hacerlo si era lo único que tenía.

Solo deseaba que un día Daiki se detuviera que la volteara a ver un momento antes de irse y dejarla hablar, decirle, explicarle.

Necesitaba ese milagro… lo esperaba con el corazón.

.

.

Daiki miró a Meimi en la mesa de la biblioteca tomando notas con otros compañeros de su clase, debían estar haciendo alguna actividad en equipo, había decidido seguirla, esperando que estuviera sola.

¡Oh, esto era enfermizo! y él lo sabía, entendía por completo que no debería estar yendo a ella, pero no hallaba el modo de detenerse a si mismo de hacerlo, la veía, escuchaba su voz, oía su risa tranquila y una especie de enfermedad lo envolvía que solo podía curar cuando la tenía.

Era por mucho mórbido y cruel lo que hacía con ella, la estaba usando y ella se dejaba usar, ella no era el tipo de chica que dejara que alguien le hiciera una cosa así de no ser por que… "Siempre te he querido, sin importar que eso no fuera lo correcto en su momento, sin ningún tipo de esperanza porque tú no me querías y no se porque me quieres ahora, pero yo también te quiero y no quiero dejar pasar ni un segundo sin que lo sepas." Ella había dicho aquello después de la primera vez, podía verla allí de pie mojada y asustada, ella le había abierto su corazón y su alma y le había entregado su cuerpo después.

¡Dios! La seguridad crecía más y más a cada día, ella lo amaba, ¿Por qué otra cosa le estaría permitiendo acudir a ella y tomarla cada vez que sentía que no podía seguir luchando con su ansiedad por ella?

Además… ¿Cuánto podía seguir él con esa situación? No era justo para ella, pero cada vez que pensaba no volver a besarla o abrazarla o hacerle el amor sentía un hueco helado en su estomago. Era lo suficientemente egoísta para no querer que ella se fuera de su lado, para no aceptar el hecho de no volver a sostenerla mientras alcanzaba el éxtasis a su lado, y ver la niebla azul en sus ojos cansados y somnolientos.

Respiró profundo, no era el mejor lugar para dejar que sus anhelos salieran a la luz, serian demasiado evidentes para los demás si veían su regazo. Con pasos decididos se acerco hasta su mesa, ella no lo había advertido aun, mejor así, ni siquiera él sabía lo que hacía, si ella no lo esperaba tampoco, sería mejor.

- Meimi…

La chica lo volteó a ver y sonrió con cierta timidez.

- Hola Daiki.

- ¿Me das un minuto?

Meimi sintió que el corazón le latía con más fuerza, se levantó le dijo a sus compañeros que volvería enseguida y lo siguió hasta uno de los cubículos vacíos al fondo de la biblioteca, él abrió la puerta y ella entró, él la siguió después de un momento, cerró la puerta con seguro y bajó la persiana de la ventana de vidrio que tenía la puerta, Meimi quiso decirle que era un imprudente, que las personas afuera se extrañarían el que ambos estuvieran allí encerrados, pero no pudo dejar que las palabras abandonaran su boca, Daiki fue a la mesa de trabajo y saco su portátil, lo encendió y dejó que el programa de inicio corriera, siempre lo hacía, había todo lo posible para que cada vez que entraban allí, los demás estuvieran seguros que solo estudiaban, no sabía si por su propia reputación o por la suya.

Pero algo había diferente esta vez, las ultimas dos veces se había limitado a desnudarlos solo lo suficiente para poder tomarla en un momento, con urgencia, con delirio, pero había algo distinto esta vez en su mirada.

Él fue hasta ella y la dejó recargar en la pared mientras con las yemas de sus dedos recorrió con amabilidad el contorno de su cara, había ternura en su toque. Ella cerró los ojos y disfrutó del momento, así solo durara un segundo, disfrutaba su pasión por supuesto, pero su ternura era como medicina para su alma

- ¿Era Lina? – dijo él de pronto

- ¿Lina? – Meimi abrió los ojos y lo miró interrogante, ¿hablaba de Takamiya? Y si hablaba de ella ¿A qué la traía a colación, en ese momento?

- La persona que te metió en eso sin que pudieras evitarlo – dijo él usando las palabras que ella había usado aquella ocasión - ¿fue Lina?

Meimi sintió su corazón detenerse, él estaba hablando de lo que ella le había alcanzado a decir, las palabras que le quería decir eran tantas que no sabía por donde empezar.

- Lina me dijo una vez que eras tú – siguió él explicándole pero sin dejar de acariciar su rostro con amabilidad infinita – no sabía como es que ella estaba segura, pero lo estaba.

- No – dijo ella, no sabía como explicarle que había sido Seira, seguro a él no se le había pasado por la cabeza aun, ellas procuraban ser todo lo discretas posible – no fue Takamiya.

- Lastima era mi mejor apuesta – dijo con una suave sonrisa.

- Daiki yo…

- Shhhh – la interrumpió.

Él acarició sus labios con sus dedos pidiéndole silencio y después lenta y cálidamente la besó. Un beso lleno de ternura, de delicadeza, saboreaba su boca como si la comiera en realidad y ella se quedó quieta respondiendo a su beso con el mismo sentimiento.

Lentamente mientras su corazones iban más rápido, rompió el beso y recargó su frente contra la suya esperando que su respiración se normalizara, sintió su aliento y su respiración en el rostro con alegría.

- ¿Puedo ir por ti hoy al trabajo? – dijo él susurrando sobre sus labios – Quiero estar contigo. ¿Lo aceptas?

- Si… – respondió como siempre, sin ninguna duda – si.

- Estaré allí cuando salgas.

Diciendo esto y cuando notó que los dos estaban lo suficiente compuestos para las apariencias, abrió la puerta y salió con ella para devolverla a la mesa donde trabajaba su equipo.

- Gracias por la ayuda con el programa Meimi – dijo cuando ella se sentaba en su lugar.

- No es nada – dijo con calma.

- Gracias – dijo con profundidad – de verdad, no se que haría sin ti.

Y habiendo dicho eso dio la media vuelta y se alejó rumbo al cubículo que había ocupado.

- ¿Cuál es tu perfume Meimi?

Meimi regresó a tierra al escuchar el extraño comentario de Nadeshiko, la misma chica que había sido su amiga desde que llegara al Satori.

- ¿Eh? – preguntó.

- Amiga, yo tengo la fuerte teoría que algo en ti atrae solo a los chicos más lindos del salón – dijo risueña mientras veía a Daiki entrar al cubículo con un suspiro, sabía que era su amigo y aunque había hecho su lucha por acercarse a él, nada había funcionado, así que quizá ella le pudiera dar un empujón en la dirección correcta – Cole tu novio, su amigo Daiki, que esta como un tren, así que pienso empezar una investigación, mi primera teoría es tu perfume así que suelta ¿Cuál es?

Meimi río tratando de parecer divertida pero apenas lo lograba, si solo Nadeshiko supiera, quizá no quisiera intentar siquiera tener el tipo de atención que ella tenía de Daiki.

- Vainilla – soltó con una sonrisa – solo loción de vainilla, pero no creo que tenga algo que ver.

- Habrá que averiguar.

Meimi sonrió y miró al cubículo cerrado donde él estaba, esa noche de nuevo estaría con ella y lo recibiría gustosa.

Sabía que no era sano aferrarse a esto, pero… no se veía a si misma renunciando voluntariamente tampoco.

Fin capitulo 13

Martes 22 de Junio de 2010

1:28 a.m.