Lo siento, sé que me pasé y los hice esperar mucho, pero estaba fuera de la ciudad y tuve que hacer varias modificaciones para que el capítulo quedara medianamente aceptable. Pienso que está mal hacer pura pedacera de escenas, ustedes digan. INFINITAS GRACIAS A LOS QUE DEJARON UN REVIEW!
Disfruten la lectura.
Capítulo 14 : La toma de muchas decisiones.
-¿Padre? – interrogó al entrar a la habitación, quedándose paralizada al instante.
Hiashi Hyuuga sólo le dirigió una mirada de desprecio antes de avanzar hacia ella y levantar su puño a la altura de la cara de la horrorizada y sorprendida Hinata.
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Hinata estaba tendida en el suelo, sangrante. Hiashi estaba de pie; furioso.
-¡Cómo pudiste rebajarte a ser la comidilla de la prensa! ¡Eres una tonta, indigna de portar el apellido Hyuuga!
Hinata estaba quieta, inmóvil y sumisa, dejando escapar ligeros gemidos de sus labios enrojecidos por la sangre. Ella sabía que merecía eso, ya le tocaba pagar.
Afuera, Hanabi y Neji, estaban helados, aunque aparentemente quietos, estaban horrorizados de las acciones que el líder de la empresa estaba tomando contra Hinata.
-Neji- lo llamó Hanabi, ligeramente conmovida -¿Cómo puede ser tan valiente Hinata? ¿Por qué no llora, por qué no grita? –ella prefería eso a que se quedara callada, sin saber que tan mal estaba…
Neji tragó saliva, pues quería mucho a su prima y detestaba que Hiashi tomara acciones tan irracionales.
-Por que…-Neji, por primera vez en la vida, vaciló – Hinata sama cree que es lo correcto.
-¿Por qué…?
-Hanabi sama….tranquilícese, nos iremos pronto de aquí.
-¡¿Y qué hay de mi hermana? –Dijo subiendo la voz -¡Hinata nos necesita en este momento!
-No podemos hacer nada – dijo Neji apesadumbrado –Hiashi sama no se irá hasta apagar su furia contra Hinata.
Fue en ese entonces, cuando Sasuke sintió algo removerse dentro de él. Sintió la necesidad, sintió que alguien estaba pidiendo ayuda. Se negó a responder al llamado. Él no era piadoso.
Pero al pasar junto a la habitación 27 vio a la mocosa que tanto odiaba y a un absoluto desconocido, profundamente preocupados. El sonido de un golpe furioso, un bajo gemido lastimero y llegó desde la 27 y entonces lo entendió todo.
Empujó a Neji, que le estorbaba y actuando tan rápido como nunca antes lo hizo, detuvo el puño de Hiashi, que iba a estamparse directamente a la cara de Hinata. Hiashi volteó; y creyendo que había sido Neji, se preparó para golpearlo.
Entonces giró su airada y furiosa cabeza, y se encontró con la inexpresiva mirada de hielo, perteneciente a Sasuke Uchiha. Hiashi se desasió con brusquedad y se sacudió el costoso traje, se arregló los largos y desordenados cabellos e irguiéndose, se enfrentó a Sasuke.
Pero éste tomó la iniciativa.
-Hiashi Hyuuga – lo nombró con voz inexpresiva.
-Uchiha Sasuke – dijo el mayor desdeñosamente, colocando primero su apellido para agregar el desdén de no ser renombrado por sus méritos o nombre, si no por su apellido.
-Y…- comenzó Sasuke colocándose frente a Hinata -¿Se puede saber por qué pierde la paciencia de forma tan infame?
-No es asunto de tu incumbencia – dijo Hiashi.
-Ya lo creo – dijo burlándose de Hiashi -Pero si tanto le molesta la prensa, debería quedarse más quieto.
Hiashi apretó los puños, frunció el entrecejo y la furia volvió a invadirlo. ¿Cómo se atrevía…?
-¿Qué ocurre? – Dijo con frialdad -¿Le molesta que le diga la verdad?
-Me molesta – afirmó sin piedad, refiriéndose a otra cosa –Verme impedido en el castigo de mi desobediente hija.
-Este castigo ya terminó – dijo acercándose más a Hinata – Si no quiere ser la próxima noticia.
Hiashi se retiró, sin dirigir una mirada a su ultrajada hija o a su defensor.
-Nos vamos –urgió a la pareja que estaba esperando afuera. Lo miraron impresionados, pues obviamente había escuchado todo, pero no había visto salir a Sasuke.
Lo obedecieron al instante, pero Hanabi le guardó un especial agradecimiento a Sasuke y se prometió no ser tan desagradable la próxima vez que lo viera. Le daría una oportunidad al hombre al que había desdeñado desde la primera vez.
No era tan malo, después de todo. Era uno de los primeros hombres que no se le acercaba por su apellido o su dinero. Era apuesto, tenía que atribuírselo.
Pero recobrando sus antiguas emociones y equilibradas normas a obedecer, salió del hospital con los serios ojos clavados en la espalda de su progenitor.
-¿Sucede algo, Hanabi? – replicó éste: mientras continuaban caminando.
A pesar de que no la miró, Hanabi casi se estremecía. Pero se mantuvo quieta, serena y orgullosa, respondiendo:
-Nada, padre.
Y continuó caminando por las concurridas calles de Japón, que se abrían a su paso, ayudadas con la enorme presencia de tres miembros del clan Hyuuga.
-Hinata...- la nombró el pelinegro, agachándose para estar a su nivel –Hinata – volvió a llamarla, pues tenía un aspecto deplorable.
Ella no respondió de ninguna manera.
Sasuke comenzaba a salir de su forma autocontrolada.
-Vamos – dijo inusualmente impaciente -¡Respira!
E inclinándose, apoyó su cabeza en el pecho de Hinata, buscando oír los latidos que le confirmarían la existencia de Hinata.
Estaba muy concentrado. Tenía que agudizar su sentido para hallar los latidos, pues no los encontraba.
-¡Sasuke teme! ¿Qué se supone que haces? –dijo Naruto entrando precipitadamente. Sasuke no interrumpió su actividad, que Hinata no muriera era más importante.
-¡Silencio, dobe! –susurró.
Naruto se rascó la cabeza.
Entonces a Naruto se le ocurrió una idea, con la que sonrió hasta el límite de su boca, mostrando sus dientes. Sus ojos se entornaron por la misma razón y un aura quisquillosa se expandió a su alrededor.
-Ya entiendo –murmuró rascándose la cabeza -¡Pero deberías haber esperado un poco, Sasuke!
Sasuke detectó los latidos por fin.
-Así que Hinata chan está de acuerdo… ¡Nunca me lo imaginé, tú y Hinata! Y… ¡tan pronto!…Vaya…
-¿Qué demonios estás diciendo, Naruto? – dijo apartándose por fin.
-Pues…Sasuke baka, ¡no me digas que lo estabas haciendo sin saber!
Sasuke no entendía nada de lo que dijo, pero tampoco le importó.
-Naruto – dijo con voz helada, reparando por fin en sus palabras –Eres un auténtico idiota.
-¿Qué? – Rezongó el rubio, haciendo una mueca -¡Yo sólo quería sugerirte…!
-¡Cállate! – Lo urgió el moreno –Ella está herida y tú sólo estorbas.
-¡Sasuke! – Gritó el rubio, provocando que el Uchiha lo mirara molesto, pensando en comprarse tapones para oídos -¡Eres un salvaje!, ¿Cómo que está herida? ¿Qué le hiciste a Hinata chan?
-Naruto – dijo de pie Sasuke, tomándolo del cuello de la camisa, su paciencia se estaba escapando con rapidez inusitada –Hiashi Hyuuga le hizo esto; ahora escúchame y dile a…
-¡QUÉ! –Gritó Naruto, comprendiendo por fin al ver las heridas de Hinata -¡ESE DESGRACIADO DE HIASHI ES…!
-¡Escúchame! – rugió a su vez Sasuke, zarandeándolo de la camisa con ímpetu, de forma que Naruto chocó su espalda contra la pared, de un ruido sordo.
Naruto se quedó quieto. Pero se zafó de un rápido tirón y caminando hacia Hinata; la cargó con ayuda de Sasuke, hasta que ambos la depositaron delicadamente en la cama. Podría haberlo hecho sólo uno de ellos, pero cuando por fin quedó en descanso, Naruto salió a buscar a Sakura, Sasuke presionó el botón rojo para llamar enfermeras.
-Sasuke…- Los débiles y habitualmente rosados labios de Hinata se movieron levemente, invocando el nombre de su salvador, que se acercó a su lecho de convaleciente.
Una vez que Sasuke estuvo ahí, Hinata entreabrió sus ojos, llenos de tristeza.
-¿Por qué lo hiciste? – Preguntó con melancolía infinita, digna de una triste doncella –Tú no tenías que tomar partido en esto…
Sasuke sonrió de medio lado, de forma casi imperceptible, como respuesta.
Hinata por su parte, sólo respiró profundamente, mientras el dolor cambiaba de forma, dejando su cuerpo magullado y sin fuerzas. Se sentía minúscula, nuevamente gracias a su padre.
-No lo sé –susurró Sasuke por fin, su calma inalterable, cruzándose de brazos –Mi cuerpo actuó por si solo…*
-En ese caso…gracias –añadió dulcemente, dándose la vuelta, para no mostrarle las lágrimas que amenazaban por salir de sus ojos, cuyo color lavanda había resaltado más que nunca, el gris se había esfumado por completo y el blanco se había mostrado en su esplendor.
-Hinata –la nombró con su voz grave -No deberías estar llorando…
-Sasuke…lo lamento…pero –hizo una pausa, donde sus sollozos aumentaron –Pero no puedo evitarlo, las lágrimas sólo salen…
Sasuke no pudo evitar sentir cómo algo se removía nuevamente dentro de su férreo pecho, desatando una extraña incomodidad. Para disimularlo, giró rápidamente su cara, por hacer algo.
¿Qué hacía esa sensación dentro de él? ¿Por qué no desaparecía, como el resto de benéficas emociones humanas? Dudaba mucho que se quedara a corto plazo, pues había permanecido en él más tiempo que la vez anterior y se sentía…desequilibrado.
No podía concentrarse tan fríamente en sus actos, pero no podía darse el lujo de dejar que sus reacciones humanas emergieran, dejando caer su tan cuidada máscara de impenetrabilidad. No podía, y simplemente, por que no podría ser él mismo…no podría ser el duro e incorregible Sasuke que todos conocían…
No podía demostrar aún al mundo lo que era capaz de hacer por venganza…
¡No podía permitirse reaccionar así, eso lo transformaría en alguien vulnerable!
Y ahí estaba el asunto. Sería sólo "alguien" Y un "alguien" no puede lograr lo que se propusiera, hasta Naruto lo sabía. Hasta Naruto confiaba en que esforzándose de ese modo o algún otro, lograría llegar a la meta.
-No importa – masculló Sasuke, hablándose más a sí mismo que a Hinata –Lo pagarán; tarde o temprano.
Hinata estaba fuertemente tentada por la curiosidad, pero no quería molestarlo. Ella prefería quedarse así, Sasuke se veía tan tranquilo. Se veía mejor, no tan tenso como se mostraba en su compañía.
Así que cerró sus pupilas; que habían acentuado su dulce color lila y esperó lo que fuera que siguiera, aunque no sabía exactamente qué estaba esperando.
Sus manos descansaron por fin a sus costados; quietas y frágiles, aunque su mente divagaba aún y su corazón sufría; por la pena, por el rechazo… ¡Sentía que no podía contenerse, y que estos encuentros no acabarían nunca!
-Así sea –susurró al techo, respondiendo a su último pensamiento y condenándose a sufrir esos encuentros hasta la muerte, sin defenderse o replicar. Sasuke no entendió en ese entonces…pero aún así, prefirió retirarse antes de que llegara Naruto con Sakura y comenzaran las preguntas. Buscaría un sitio tranquilo y pensaría en silencio.
Se marchó, dirigiéndole una ligera mirada; fugaz tributo a la mujer tendida en su cama y a paso rápido, se encaminó a cualquier sitio donde pudiera estar tranquilo.
Dormir y ausentarse de la realidad, no era una opción, y menos, uno de sus planes. Si así fuera, sería demasiado cobarde evadirse, sólo para darse gusto.
Cuando Sakura y Naruto entraron, acompañados de buena parte del personal del hospital, Hinata abrió sus ojos por respeto y les prestó atención.
Sakura hizo revisiones de rutina, para verificar hasta qué grado le había afectado el brutal comportamiento de su padre, mientras Tsunade desalojaba a los incontenibles curiosos.
-Hinata chan –dijo Naruto -¿Has visto al teme?
Sakura se sobresaltó a media curación, causándole una dolorosa punzada a Hinata, en el abdomen.
-¡Lo siento, Hinata chan! – se disculpó apenada, limpiando el área afectada.
-Sakura – la reprendió Tsunade, que lo observaba todo –no deberías dejarte dominar por tus emociones, estás trabajando.
-Lo siento, Tsunade sama. Disculpa, Hinata chan.
-¿Mmm Hinata chan?
-No, Naruto kun – dijo ella, ligeramente distraída –No vi por dónde se fue.
Sakura apretó ligeramente de más el vendaje.
-Oh…-dijo ligeramente decepcionado –Entiendo…
"Creo…que fue lo mejor" Pensó Hinata "Sakura chan la hubiera pasado muy mal…"
Aguantó todos los dolores extra que Sakura le proporcionó sin quejas ni gestos. Ella merecía un descanso.
-Tsunade sama – llamó la joven doctora al terminar la curación –Con su permiso…voy a salir un momento.
Se descolgó el estetoscopio de cuello y despidiéndose ligeramente de los presentes, se marchó.
-Algo ocurre – dijo Tsunade –Algo le pasa a Sakura, ella no es así.
-Debe estar muy cansada – dijo Shizune en defensa de su sobrina –Estos incidentes pueden estresar a cualquiera.
-Sí, lo sé – dijo Tsunade sin abandonar la batalla -Pero… hay algo más, lo sé. No me da buena espina todo esto, así que… - Se interrumpió al sentir un ligero codazo por parte de su asistente. Shizune sonrió a modo de disculpa y llevándose un dedo a los labios, señaló con la cabeza a la mujer que dormía por fin, apaciblemente sin necesidad de sedantes.
Salieron al pasillo y al llegar a la oficina, Tsunade tomó el teléfono.
-Shizune – la llamó para que no se escabullera –Necesito que me proporciones el teléfono de Hiashi Hyuuga. Debe entender que si Hinata vuelve a ser amenazada, le impondré una orden de restricción.
Shizune salió disparada y de esa forma, Tsunade comprobó que estaba sola, sacó un pequeño papel por debajo de una tarjeta y marcó el número que estaba ahí anotado.
-Kakashi – dijo neutralmente, cuando el teléfono fue contestado al primer timbre –Necesito que vengas, de forma urgente.
Un zumbido de queja, proveniente del otro lado de la línea, la hizo fruncir el ceño.
-No – dijo de forma cortante –Es un buen caso, te lo aseguro.
Un silencio de interés aduló los oídos de la rubia.
-Si quieres saber algo más… te diré que tus tres alumnos se han reunido nuevamente…
Tal vez Kakashi estaba ocupado, o tal vez la sorpresa no lo dejó hablar más rápido que la rubia directora.
-Escucha, debes haber leído la primera plana…Sí, es donde mismo, mi hospital. Vuelve de ese lugar tan rápido como puedas, y te quedarás con una buena parte.
Kakashi colgó cuando la rubia terminó de hablar, y justamente como si hubiera prevenido que Shizune se acercaba. -Muy bien- dijo autocomplacida, por una razón que sólo ella y Kakashi conocían –Vamos a ponerle un alto a esto…
Y así fue, como empezaron los dolores de cabeza en el clan Hyuuga. Aunque fue solamente el principio de muchos otros.
-¡Teme! – gritó Naruto cuando por fin lo alcanzó, después de mucho correr entre pasillos y puertas.
-¿Sigues aquí? – preguntó como si no tuviera que estar, después de todo, no le importaba demasiado cualquiera de los planes de ese fastidioso dobe. Él quería ausentarse un poco de todo el caos que el rubio traía consigo a todos los lugares a los que iba.
-Por supuesto, ¡dattebayo! – dijo incorporándose, después de un breve descanso. Sus ojos centellearon como solían hacerlo cuando estaba emocionado o agitado.
-Bien…- dijo Sasuke esperando que Naruto se diera cuenta de lo evidente, pero como esperaba, no lo hizo, así que preguntó:- ¿Qué quieres?
-Teme… ¿Por qué lo hiciste? – dijo extrañado, adoptando la expresión que usaba cuando no comprendía algo, bien aplicado en este caso.
Sasuke decidió zafarse de él, de forma astuta.
-¿Por qué hice qué? –repitió fingiendo estar extrañado, quería marcharse lo más pronto posible y estar solo.
-¿Por qué la ayudaste, Sasuke?
Sasuke bajó la vista por un segundo, escrutando las relucientes líneas de mármol, descubriendo los patrones que seguían y pensando en otra forma, que sí funcionara para quedarse solo.
-Porque Hiashi Hyuuga es un bastardo de la competencia…- hizo una pausa – Y había llevado las cosas demasiado lejos. –
-Eso no es cierto, ¿Verdad, Sasuke? – El rubio sacó a relucir su astucia por un momento –Tú la ayudaste por que no querías que pasara lo mismo que contigo, ¿Me equivoco?
-Si así fuera, Naruto – dijo encabezando nuevamente su caminata – Ya sería demasiado tarde.
Naruto dejó que Sasuke se fuera por el momento, pero estaba seguro de algo, Sasuke mentía.
Aunque Naruto no lo había notado, había algo de cierto en las palabras de Sasuke.
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-La luna…está llena esta noche…-susurró Sasuke, apoyado en el barandal de la azotea. Por fin, un sitio lleno de paz, silencioso y frío, exactamente como le gustaba.
Las flores habían cerrado sus pétalos ante el frío nocturno y se mecían suavemente al compás del viento. La piedra fría del suelo resonaba ante los roces de sus zapatos.
Y sus pulmones, tomaban oxígeno y lo liberaban en un ciclo completo y armonioso, de acuerdo a los designios del ser superior que había creado a los hombres.
¿Por qué la había ayudado?
¿Por qué no había podido abandonarla a su suerte, como cruelmente había hecho con él?
Ella había sido golpeada por su padre. Ella no había sido reconocida, aunque no dudaba que sus logros habían sido suficientes.
Ella había adquirido un miedo inmenso, hasta el grado de no dudar en no defenderse.
Aunque ya no quería pensar en eso, no podía evitarlo, y sabía que no podría hasta encontrar el motivo.
-Pero... ¿Cuál es? – le preguntó al viento -¿Por qué hago todo esto por ella?
Meneó la cabeza. No tenía caso ni forma. Regresaría a pensar a su calmada habitación y mañana analizaría a Hinata con más detalle.
Hasta entonces, sacó esos confusos pensamientos de su cabeza para poder descansar.
Ella salió a tomar un respiro por el balcón.
Ella no era una mala persona, y por esa misma razón, se mordía los labios cuando veía aproximarse a Sakura, trataba de pensar en cualquier otra cosa. Sakura ya salía con demasiada frecuencia, más de la permitida. Aunque no sabía a dónde iba ni para qué lo hacía, esa no era razón para que un corazón bondadoso y aún, atado con los lazos de una amistad fuerte, con el deber latente en su rota relación, dejara de preocuparse.
Escuchó unos pasos a su espalda, pero los ignoró; sintiendo el soplo del aire puro y fresco.
-Ino –Fue llamada, ella volteó.
Se quedó inmóvil por la impresión, esbozando una sonrisa breve y formal; escondiendo sus manos temblorosas por el barandal, como si hubiera realizado una travesura. La pareja avanzó; tomada de la mano, acercándose hasta quedar a su altura.
-Shikamaru – dijo como saludo, aparentando la alegría que no sentía mas que trocada en amargura, Shikamaru no estaba solo, estaba felizmente acompañado por la mujer de su vida. La mujer tenía una cara sonriente, con un gesto tan amable y maternal como la misma diosa de la fertilidad, Démeter*.
Tenía una mano acariciando su abultado vientre, que asomaba ligeramente por debajo de la ropa.
Su piel, bronceada con tonos dorados, parecía relucir e iluminar ese solitario pasillo.
Sus ojos, azul oscuro, relucían de ilusión no disimulada, aunque Ino dudaba que fuera para regodearse de ella.
Y su espalda, estaba amorosamente rodeada por el brazo de Shikamaru.
Shikamaru no apartó la mirada de la cara de Ino, de hecho no sabía con certeza si no había sido una mala idea. Estaba analizando su cara, pero sólo encontró la común sorpresa, pintada en su pálido rostro.
-Hola- dijo la mujer amablemente, separando instantáneamente la mano de su vientre y ofreciéndosela a Ino con seguridad –Mi nombre es Sabaku no Temari.
-Hola – contestó a su vez, de forma animada – Yo soy…
-Ino – dijo Temari rápidamente, con una pequeña dosis de infantil picardía –Ino Yamanaka, Me han hablado mucho de ti.
Ino contuvo un temblor corporal con sorprendente habilidad, sonriendo ante esa nueva perspectiva.
-Muy bien – dijo entre sorprendida y dudosa–Espero que fueran cosas buenas.
-Por completo – le aseguró con energía y una dosis de empatía– Y también, tengo toda mi confianza puesta en ti.
-¿Ah, así? – preguntó asombrada por la resolución.
-Por supuesto – Temari –Y por esa misma razón… Vinimos a pedirte que atendieras el parto.
Ino abrió la boca ligeramente, mientras sus ojos azules, cristalinos navegaban en su memoria, muchos años atrás.
Su cabeza cayó hacia adelante por un momento, presa del abatimiento, pero al levantar la vista, su cabeza resbaló hacia atrás, resplandeciente, mientras decía por seguridad y confianza totales:
-Será un placer.
Cuando Sakura estuvo unas cuadras lejos de ese hospital, recobró el aliento sentándose en un callejón atiborrado de basura. Se sentía sola y desgraciada, sin un ápice de fuerzas.
-Hola, linda – habló un hombre frente a ella -¿Quieres acompañarme un rato?
Sakura levantó la vista, consiguiendo enfocar a través de las lágrimas a la única figura masculina, bañada en luz de luna, mientras le ofrecía la mano para levantarse, de forma amable.
Sakura dudó durante unos momentos, pero decidió que no tenía nada que hacer sentada en ese callejón, sola, exceptuando la basura y sin alguien que se fijara en ella.
Cogió la mano del hombre y se levantó, caminando por las iluminadas calles de Konoha.
Cuando por fin llegaron a un bar poco iluminado, pararon en la puerta, el hombre se volvió hacia la abatida Sakura.
-Oye – dijo sonriente –Quiero pedirte algo, y tú podrías contestar que sí.
Sakura le prestó su total atención.
-Quiero- dijo despacio –Que tú seas mía y te conviertas en mi novia.
Los verdes ojos de Sakura se abrieron de sorpresa no disimulada. Tuvo miedo, estando con un desconocido, frente a un oscuro bar, de noche y sin ruta de escape.
Pero recordó su situación, su soledad y su necesidad de calor.
No estaba en un mal lugar, ese hombre la había encontrado, podía protegerla, estaba agradecida y deseaba ser y hacerlo feliz.
"No puedo permitir que Sasuke sea el único hombre en mi vida" pensó "Él me ha tratado muy mal y ahora, tengo una nueva oportunidad"
-Sí – dijo sonriente, mientras anudaba los brazos en el cuello de su ahora novio y le plantaba un beso de bienvenida.
-Así me gusta – aseguró el hombre, relamiéndose los labios –Ahora, vamos a entrar a celebrar…
Sakura tomó su mano y traspasaron las puertas del bar, mientras él entrelazaba sus manos y recargaba su barbilla en su rosada cabellera.
Temprano, por la mañana, sonó su teléfono.
-¿Hinata? – preguntó la interlocutora apenas la mencionada descolgó el aparato.
-¿Sí?
-¿Estás bien? – dijo Hanabi, al límite de la ansiedad.
-Sí…- le aseguró cambiando de posición en la cama –Sasuke llegó y detuvo a padre.
-Lo vi – respondió Hanabi –Prometo no ser tan insoportable cuando lo vea.
-Sasuke kun es muy amable – dijo Hinata, convencida y defendiéndolo–No es lo único que ha hecho por mí.
-Tendrás que contármelo todo, claro cuando vuelva a verte sin presiones. Padre está furioso, cuando volvimos; el ama de llaves nos dijo que la directora del hospital lo amenazó con una orden de restricción si no se controlaba.
Hinata prefirió no imaginarse la magnitud de la furia de su padre.
-¿Y Neji?
-Él está bien. Se irá de viaje pronto, pero también está preocupado por ti, todos lo estamos.
-Gracias.
-Hina…
-¿Sí?
-Prometo que pronto te sacaré de ese lugar. No es necesario que estás totalmente sana, encontraremos otro hospital y…
-Hanabi – dijo con ternura digan de una madre–No creo que sea posible…
-Y tú… ¿Tú si quieres dejar ese lugar? – le preguntó con seriedad su hermana.
-Sí – contestó Hinata, aunque con tristeza, pues había cosas que una cama de hospital no puede brindarte y el mundo es una de esas cosas.
-Entonces, lo prometo…
-Hanabi – la llamó poco antes de que colgara, Hanabi esperó pero Hinata no podía hablar, la timidez estaba venciéndola y ella estaba perdiendo de forma patética.
-Dime de qué se trata – dijo Hanabi en un afán de ayudarla –Y yo voy a responderte.
-N-Naruto kun – tartamudeó, furiosamente sonrojada.
-Oh...
-¿Ha-Hanabi?
-Eh… Sí, perdona – dijo recobrándose - ¿Qué quieres saber de él?
-Bueno…yo…-Hinata pensaba a toda velocidad.
-Le encanta el ramen, quiere ser reconocido y siempre arruina los buenos momentos…pero es optimista y nunca se da por vencido.
-L- lo sé…
-¿Pasó algo, Hinata? ¿Algo que no me hayas mencionado de él?
-Él… bueno, Naruto me dio…- tragó furiosamente, luchando - …una rosa…
-¿Ah, sí? – dijo Hanabi, intentando imaginar con detalle la acción de Naruto y pensando que no era nada propia de él –Pues…debes saber que él está interesado….
Hubo un silencio tenso, Hinata imaginaba a quién se refería y Hanabi habló nuevamente, pero de forma apresurada.
-Hinata – dijo rápidamente –Padre viene, después continuaremos.
Y antes de que Hinata pensara en una respuesta, el sonido del cuelgue inundó sus oídos con su monótono y frustrante sonido ininterrumpido.
Exhalando aire, ligeramente decepcionada, colgó a su vez el teléfono para pensar lo que haría el día de hoy.
-¿Hinata? – oyó su nombre en la puerta mientras se cambiaba y se apresuró a contestar:
-A- adelante – y se acomodó rápidamente su conjunto de ejercicio.
Tsunade entró flanqueada por Ino y Shizune.
-Necesitamos hablar – dijo seriamente.
Hinata asintió.
-Es sólo una charla, siéntate – dijo la directora amablemente, pero sin poder ocultar el mal presagio que asomaba de su cara y parecía burlarse de Hinata, que ya sabía que estaba dirigido a ella.
Shizune comenzó: -Hinata, debido al desafortunado incidente del día de ayer… - la pena ensombreció sus facciones y fue la señal para que Ino continuara:
-Se ha borrado el progreso que has ganado con la terapia de rehabilitación, así que tenemos dos opciones.
Hinata esperó, aún impresionada por la magnitud del ataque de su padre.
-La primera, es alargar tu estancia en una rehabilitación mayor. – Dijo Tsunade haciendo una pausa para que estudiara sus palabras – La segunda… - respiró profundamente –Es una peligrosa cirugía, con la que sólo te quedarías un mes de recuperación.
Hinata bajó la vista, considerando que ambas opciones eran igualmente buenas.
-¿Cuál es tu decisión?
Hinata negó, necesitaba pensarlo un poco más.
-Entiendo – repuso la mayor –Te daremos un par de horas para pensarlo.
-Gracias – dijo Hinata, mientras se quitaba los tenis –Supongo que no tiene caso que entre a terapia ahora.
Ino negó amablemente.
-Sakura no se ha reportado desde ayer en la tarde – anunció –Así que Tsunade sama ha pensado que una doctora para ti no es suficiente. Espero que no sea problema que te atienda yo también.
-No, en lo absoluto – dijo rápidamente la Hyuuga.
-Bien – dijo Ino.
Y le sonrió para animarla, poco antes de marcharse a atender sus propios asuntos y amortiguar sus traicioneras sensaciones.
Después del sombrío anuncio, Hinata subió con lentitud y cuidado, para reflexionar acerca de sus opciones en un lugar tranquilo. Al asomarse por la azotea, vio llegar a Sakura con un hombre alto y pelirrojo, que la dejaba a puertas del hospital y la besaba antes de desaparecer por la avenida y después por el boulevar.
Suspiró como una doncella, apoyando entre sus manos su mentón.
-Faltaste hoy – dijo Sasuke detrás de ella, con su voz grave y profunda.
Hinata asintió, concentrada aún en la escena anterior y pensando, que a diferencia de la mitad de las chicas del planeta a su edad, no había tenido novio, ni siquiera una cita o su primer beso.
-¿Qué estás mirando? – preguntó Sasuke hasta acercarse y colocarse a su lado, para escrutar la avenida sin conseguir ver nada relevante.
-Nada – respondió ella suavemente.
– Mientes. -debatió Sasuke como si fuera algo muy obvio –No se supone que deba leerte con esa facilidad.
-No sé a qué se refiere – dijo ella mirándolo apenas.
-Tampoco me esperaba que entendieras – dijo Sasuke, insistiendo con sus ojos negros, quería que ella lo mirara, quería resolver todas y cada una de sus dudas sobre ella, quería estar en paz consigo mismo.
-Lo lamento…- Hinata por fin apartó totalmente la vista de la calle y lo observaba.
…Algo pasaba con ella…
Y Sasuke se dio cuenta en ese mismo momento.
-Algo ocurrió para que faltaras a terapia, ¿Me equivoco?
-No – dijo ella dócilmente. –Siempre…siempre lo sabes, me pregunto…
-¿Qué? – preguntó a su vez Sasuke.
-¿Cómo me conoces tan bien si apenas hemos tratado?
Sasuke desvió su vista hacia otro lugar.
-Ya te lo dije, Hyuuga…- y con fuerza renovada, clavó sus ojos en los de ella, con una sonrisa arrogante –Eres demasiado fácil de leer.
Hinata, al verlo como si fuera por primera vez, realmente se sintió atrapada en los ojos de un hombre.
Algo no muy bueno, pues él no era cualquier hombre, era Sasuke Uchiha.
Quedó en blanco por unos segundos, después desvió sus ojos lilas y una difuminada sombra roja apareció en su blanca piel, apenas perceptible. Se desvaneció después de unos segundos, pero no los suficientes como para que Sasuke no lo notara.
Sasuke hizo una mueca, al parecer de desagrado, pero la verdad era que él también se había sentido momentáneamente deslumbrado por los ojos de Hinata. Después del castigo, sus ojos habían cambiado, aunque él ya lo había notado.
Se habían vuelto lilas, con un matiz de blanco. El gris ya no aparecía. Se preguntaba a qué se debería eso, no había visto ojos así ni siquiera con la mocosa de su hermana.
-Sasuke kun – dijo Hinata, al fin decidida a preguntarle - ¿De verdad le hiciste todo eso daño a Sakura chan?
¿Daño? – Preguntó él -¿Te ha dicho que le hice daño?
-Bueno, ella…
-Hinata – la interrumpió él, llamándola milagrosamente por su nombre -¿Eso es lo que tú crees?
Hinata buscó una respuesta en las profundidades de su mente, con los ojos bajos, moviéndose de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, frunciendo ligeramente el ceño por la concentración y el debatimiento.
-Dime… – habló nuevamente, acercándose a ella y levantando su barbilla para que lo mirara, gesto, que hizo con una chica, con ella, que no era cualquier chica, por primera vez en toda su vida. Hinata también se sorprendió casi hasta el límite al sentirlo.
Eso la obligó a dar una respuesta rápida.
…Como Sasuke pretendía, quitarle el tiempo para pensar…
-¿Es eso lo que piensas?
-Y- yo pienso que usted hizo lo correcto – Hinata se esforzó por hilvanar una respuesta coherente –Usted es una buena persona, y…
-No pienses eso – gruñó Sasuke.
Aún así, Hinata no se dejó intimidar, ella sabía la verdad y eso bastaba, ¿no?
-No eres una mala persona, Sasuke.
-Y tú eres demasiado confiada, Hinata.
-Así parece – dijo ella con tranquilidad, mientras el viento trataba de llevarse sus cabellos de seda negra sin resultado, los de Sasuke también ondearon al viento.
-Lo digo en serio…- dijo mostrando todo su orgullo – Dime qué te preocupa.
Hinata sintió cómo ese gran peso de decidir la invadía nuevamente y la paralizaba. Para prevenir accidentes y molestias hacia Sasuke, se sentó en una banca y respiró hondo. Sasuke se sentó junto a ella instantáneamente y se ocupó en mirar su cara con toda la concentración disponible en ese momento.
-Sasuke – dijo ella con tristeza –Si pudieras salir de aquí en un mes, a costa de una operación… ¿Lo harías? ¿O continuarías con otra rehabilitación más ardua y duradera?
-Así que era eso…- reflexionó Sasuke observando las palomas que picoteaban el suelo.
-Sí – afirmó ella, moviendo nerviosamente sus dedos.
-Aún así – dijo Sasuke serio –Tengo muy claro lo que haría.
-¿Huh?- musitó Hinata con el desconcierto usual.
-No hay que pensarlo – dijo Sasuke –Tú sabes lo que prefieres.
-Yo…en verdad no lo sé – dijo ella.
Sasuke resopló.
-No sé…lo que mi padre quiera…- dijo ella con la vista en el suelo –No quiere verme nunca más…
-No importa – dijo Sasuke en un gruñido, acto seguido se paró y desde esa alta e intimidante posición, la reprendió con la ira aculada que tenía, hacia esa débil y frágil criatura de Dios.
-¿Cuándo dejarás de hacer lo que quieren los demás para no disgustarlos? ¿Cuándo vas a poder pensar por ti misma, sin sentirte presionada? ¿Cuándo vas a sentirte bien sin que nadie te lo diga?
Hinata estrechó sus dedos, mientras quedaba inmóvil mientras una fría y cristalina lágrima resbalaba por su rostro. Inclinó su cabeza hacia delante, aunque ya era tarde, Sasuke se había percatado al escuchar su triste silencio.
-Hinata…- musitó él, quedamente. Aunque había rechazado muchas chicas, con la cuenta ya perdida, nunca le había gustado ver llorar a las mujeres, le incomodaba se sobremanera, aunque fuera algo muy extraño.
Ella negó.
-Lo siento, Sasuke – de nuevo la dichosa disculpa –Yo no puedo hacer eso…
Sasuke iba a hablar, pero ella lo interrumpió sin darse cuenta:
-Yo no soy como Naruto, por que me doy por vencida y abandono mis metas…No soy como Ino, que es amable y solícita – musitó las palabras con más fuerza –No soy como Sakura, por que no puedo saber lo que siento, No soy como Sai, por que no puedo expresarme ni inspirarme… Tampoco…tampoco soy como Neji, que cree en algo y lo defiende, No puedo ser como Hanabi, seria, fuerte y valiente, No soy como padre, que puede imponer respeto, Nunca pude ser tan cariñosa como mi madre…Yo…Sasuke…
Hizo una pausa, mientras recobraba el aire y sentía el dolor clavarse en su pecho, de forma fiera y cruel.
Esta vez, susurró sólo para él, con voz triste:
-No puedo ser como tú, Sasuke – ahogó un sollozo –Por que no soy segura, ni fuerte, ni imponente…nunca podré llegar a ser tan invencible, tan fiel a mis creencias o a mis amigos…yo…no puedo decir cómo me siento, no puedo pensar como tú lo haces...
Hinata no debía llorar. No debía confesársele a nadie. No tenía que ser vulnerable. No tenía que pensar todo eso. Ni involucrar más gente.
Pero lo estaba haciendo, aunque por un lapso corto de tiempo, tenía que parar en ese instante.
-No es verdad – dijo él a su espalda, Hinata se secó rápidamente las lágrimas, trató de apagar los sollozos y fingir que nada había pasado. Con voz grave y pausada, fue diciéndole lentamente :
-Te esfuerzas más que Naruto, eres más solícita y amable que Ino, No eres sentimental como Sakura, Sai no es transparente, no debes creer en algo como Neji, eres más humana y valiente que Hanabi, No impones respeto, si no confianza y prefieres desearles bien que actuar, como tu madre.
Sasuke la miróal terminar de recitar, estaba sorprendida y confundida, pero una chispa de emoción bailaba en sus ojos lilas. Se acercó más a ella, dejó que esos ojos lo enfocaran totalmente y dijo con su voz grave:
-Respecto a mí…-dijo desviando su mirada al cielo–No necesitas ser como yo.
Sasuke permaneció inexpresivo, mientras comenzaba a avanzar en dirección a la salida.
-No llores más – dijo cuando tenía una mano en el barandal de la escalera que lo haría desaparecer.
Hinata lo observó con atención y admiración, aunque sus pensamientos seguían reticentes a alejarse de su cabeza. Ella sólo era Hinata. Temía hacer promesas que no pudiera cumplir. Odiaba sonreír cuando no sentía algo que la impulsara a hacerlo. Se sentía mentirosa, hipócrita. Tenía miedo de dar una opinión equivocada o irrelevante.
-No me estás escuchando – dijo Sasuke en el mismo lugar de antes – Deja de tratar de ser alguien que no eres, no vas a cambiar de esa manera.
-Pero…
-Tú eres Hinata, no una mezcla de todos ellos. Preocúpate sólo por ti.
-Pero…
-¿Tienes algo más que decir?
-Yo….Sasuke…Gracias…
Sasuke, apretó la mano que tenía en el barandal con fuerza, mientras se mantenía inexpresivo. Él mismo estaba dudando de quién era en realidad. Ya que no a ayudaba a nadie, no daba consejos si no se los pedían, no le gustaba hablar demasiado ni meterse en problemas ajenos. ¿Le estaba pasando algo? Si la respuesta era afirmativa, ¿Qué tan grave sería? Resopló mientras bajaba las escaleras, después de escuchar a Hinata. ¡Un momento! ¡Incluso había dejado de llamarla por su apellido! Pero estaba seguro de que era por que su padre era un maldito desgraciado infeliz y ella era todo lo contrario. Debía ser eso, Hinata no merecía que la llamaran así por su padre. Exactamente, como él se sentía. Hinata era como él. Se preguntaba ¿Desde cuándo había notado que se parecían tanto? ¿Por eso le hablaba? Podía ser una simple coincidencia.
¿Pero para qué molestarse?
Estas cosas no pasaban a menudo, así que no sabía como reaccionar. Confiaría en su mente, su capacidad para adaptarse y sus instintos.
-¿Dónde está Hinata?
Una voz ronca y grave, con efectos de fuerte resonancia con dirección hacia adelante, mientras bajaba en dirección contraria a Hinata, lo devolvió al mundo presente.
-¿Por qué tendría que saberlo? ¿Acaso soy su guardián? – dijo con ironía el Uchiha.
- Eso parece –dijo el pelirrojo sin inmutarse – Has hecho un buen trabajo cuidándola.
Sasuke esperó a que continuara. Hasta parecía agradecido.
-Necesito hablar con ella.
Sasuke pensó que estaba más que claro.
-Está arriba – lo interrumpió el pelinegro, al ver que estaba a punto de hablar nuevamente – Aunque no es un buen momento.
-Por eso he venido – replicó Gaara.
Sasuke sabía exactamente quién era ese sujeto. Aunque no sabía qué relación tenía con Hinata, poco le importaba.
-¿Vas a pasar o no?- preguntó un sarcástico Sasuke al ver que el pelirrojo sólo clavaba su mirada en el suelo, al pie de las escaleras.
Gaara no hizo ningún movimiento de haberlo escuchado.
-Uchiha – dijo cuando Sasuke ya se alejaba - ¿Lo que has hecho por ella, lo hiciste por ti?
Sasuke se detuvo, pensó que le iba a preguntar, al igual que todos, por qué lo había hecho.
Esbozó una sonrisa de arrogancia, ese sujeto estaba exactamente igual a la horma de su zapato.
Iba a darle una respuesta sarcástica, confusa y en esencia, la palabra "No te importa" pero cuando abrió la boca para contestarle, una sombra bajó por las escaleras a gran rapidez.
-Sa -¡Sasuke kun! – gritó Hinata al quedar frente a ellos, aunque sin notar a Gaara.
Sasuke la observó. Estaba acalorada por la carrera, así que supuso que había tenido intenciones de alcanzarlo.
-¿Hinata? – entonces Sasuke se dio cuenta de que Gaara estaba tan sorprendido como él.
-¿Gaara kun? – Preguntó ella extrañada - ¿Qué estás haciendo aquí? – preguntó educadamente, sin intenciones de ser grosera.
-Vine a verte – dijo cruzándose de brazos y entrecerrando los ojos. – Pero creo que no es un buen momento.
- N- no digas eso, Gaara kun – se apresuró a contestar – Me da gusto que estés aquí.
-Bueno – agregó Sasuke – Me voy.
- ¡Sasuke! – Dijo la mujer elevando la voz – el pelinegro siguió avanzando – Sasuke kun – dijo más bajo, acercándose a él y tomándole el brazo.
Los tres ahí presentes, observaron la unión; altamente sorprendidos, aunque sólo dos lo aparentaban.
Gaara se esforzó por mantenerse estático. Sasuke abrió ligeramente los ojos y se paralizó por completo, Hinata se puso instantáneamente roja y lo soltó de inmediato, ya tenía la atención de Sasuke y sólo contaba con unos segundos para comunicarle lo que quería antes de que se fuera.
Hinata cerró los ojos, inspirando hondo, moviendo sus dedos nerviosamente, siendo observada por los dos intimidantes hombres.
Finalmente, abrió los ojos y se tranquilizó por completo, obteniendo la paz que deseaba.
-He decidido. – le comunicó a Sasuke con seguridad. Él continuó mirándola, hasta que ella abrió la boca para revelarle su decisión.
1*"Mi cuerpo actuó por sí solo…" ¿Recuerdan esta frase? Sí, es uno de los primeros capítulos de Naruto, cuando están de misión en el país de las olas y Naruto y Sasuke se enfrentan a Haku, Sasuke se interpone entre las agujas que iban dirigidas a Naruto.
2*Démeter: Era una diosa griega, de la fertilidad de la tierra, buscó a su hija Perséfone hasta en el inframundo, pues hades la había secuestrado y la había convertido en su esposa. Los aldeanos le ofrendaban para obtener buenas cosechas y hacían fiestas en su honor.
