Con cansancio, Rigel se apoyo sobre la escoba que juraban sus manos. El débil artilugio se doblo ligeramente bajo su peso pero no le importo. Aparto sus cabellos negros del rostro y renunciando a la estabilidad que proporcionaba la escoba se recostó contra la pared. La parte positiva era que era el último día del castigo, y ya no tendría que soportar a otros estudiantes riéndose por lo bajo al pasar junto a él y su escoba. Y el humor de su primo mejoraría, lo que nunca era una cuestión a desechar.

Había barrido cada pasillo del colegio en algún momento. Hermione que insistía en ver el lado positivo de las cosas, aseguraba que ahora no llegarían tarde a clases por un error de camino. Rigel se limitaba a gruñirle en respuesta.

Para su mala suerte, el lugar contra el que estaba recostado cedió. Era una puerta, y esta estaba probablemente floja porque se abrió y él cayó de espaldas dentro de la habitación.

Sus ojos se fijaron en la enorme bestia que levantó sus cabezas hacia él, sus cabezas en plural porque tenía tres. El grito acudió a sus labios mucho antes de que su cerebro llegara a procesar la inverosímil información. El perro ladro furioso en respuesta, sus patas arañando la madera bajo sus pies en su búsqueda por ponerse sobre sus patas. Un pequeño ding capturó una parte de la atención de Rigel, había algo metálico en el suelo.

Impulso a sus propios pies a levantarlo, su corazón corriendo tan rápido como sus pies. Azotó la puerta tras si al mismo tiempo que la bestia se lanzaba a atraparlo.

Tenía las manos agarrotadas sobre la escoba que sujetaba con fuerza en las manos. Arrojó el inútil instrumento al suelo con rabia. Al carajo con Filch y su castigo. Él había terminado.

Camino rápidamente por el castillo hasta su sala común, llevaba el ceño fruncido y pensaba rápidamente, casi con furia. Lo primero en lo que pensó fue en enviar de inmediato a Fawn con sus padres y avisarles del enorme perro infernal que se alojaba en el tercer piso. Y luego la parte lógica de su cerebro se hizo cargo, su maldito padrino era profesor del condenado colegio, él seguramente sabría de la bestia y ya habría informado a sus padres... Además de la visita del troll hace una semana.

Pero hasta ahora no había recibido ni una letra en relación a los anteriores hechos.

Sus amigos lo encontraron así, aún con el ceño fruncido y la vista clavada en las profundidades del lago.

-¿Estas bien Rigel? - preguntó Neville, sentándose junto a él y apoyando una mano en su brazo.

Rigel sacudió la cabeza y espero a que Hermione y Draco se sentarán también frente a él en los sillones de seda verde.

-Me encontré casualmente con un cerbero en el tercer piso-informó casi despreocupadamente.

Hermione frunció el ceño - ¿Un cerbero?

Los ojos de Draco se abrieron en asombro y horror - ¿No es el tercer piso el que estaba prohibido?

Rigel asintió, desvío la mirada - A Filch se le olvidó recordarme eso. Supongo que su perro necesitaba un aperitivo.

Neville jadeo - ¿Dices que lo hizo a propósito?

Hermione sacudió fuertemente la cabeza -Imposible.

"No tanto" pensó Rigel. No compartió sus pensamientos con sus amigos. Dejó su vista pasear por el verde agua en los ventanales, y en las sirenas que se deslizaban junto a ellas.

-Extraños huéspedes para el lugar que asegura ser más seguro que Gringotts-dijo en cambio.

Draco que conocía muy bien a su normalmente tranquilo primo, sabía también cuando la tranquilidad mutaba a algo más peligroso. Conocia esa expresión de que estaba tramando algo verdaderamente malvado, venganza. Tuviera o no razón, en estos momentos el objetivo de Rigel era el celador.

-¿Qué quieres decir?-preguntó Neville confundido.

Rigel sonrió dulcemente -Creo que es tiempo de conocer oficialmente a nuestros amigos pelirrojos.

Ellos pasaron por alto el hecho de que Rigel acababa de cambiar de tema y sonrieron en acuerdo.

Por fortuna estaban a fin de semana. Al otro día Rigel se demoro en levantarse, no dejaba de revólverse en la cama reacio a salir pronto de ella en los pocos días en los que no era una obligación. Pero su pequeña amiga no estaba muy de acuerdo con sus planes.

Nagini siseaba impaciente, deslizándose por la cama todo lo que su largo cuerpo de pitón le dejaba.

Finalmente rindiendose a sus responsabilidades, Rigel suspiro frustrado y salió de la cama.

Cómo se había perdido el desayuno le tocaba esperar hasta el almuerzo y aprovecharía ese tiempo para llevar a su serpiente al bosque, tal y como ella quería, por un bocadillo.

Sus compañeros de casa apenas si le prestaron atención a su extravagante amiga, algunos más valientes y que ya la habían visto se arriesgaron a pasar sus manos sobre su cuerpo enroscado sobre Rigel. Nagini siseaba gustosa con la atención. Cuando se encontraba en compañía grata, Nagini era un encanto.

Afortunadamente el camino desde las mazmorras al patio era relativamente corto y no era necesario transitar por pasillos recurridos. Se evitaba así toparse con estudiantes ajenos a su casa y que desconocían de su serpiente. Que el jefe de su casa fuera excepcionalmente permisivo no significaba lo mismo del resto del colegio. En cuanto puso sus pies sobre el húmedo césped del otoño, Nagini se deslizó a sus pies y lejos de él. Rigel la siguió con calma hasta las inmediaciones del bosque.

Al llegar a la cabaña del guardabosques, el semi gigante que se había presentado como Hagrid, Nagini relentizo su andanza y le espero. Tenía la cabeza levantada ligeramente del suelo y parecía olisquear a la cabaña.

-Hay un reptil ahí dentro-dijo, con lo que casi parecía temor.

Rigel se acuclillo junto a ella.

-¿Un reptil? ¿Quieres decir otra serpiente?

Nagini movio lentamente su cabeza de un lado a otro y siseo en disgusto.

-Un dragón. Bebe aún.

Rigel sonrió. Más criaturas interesantes ¡y sólo llevaban tres meses de colegio!

Prometió a Nagini que esperaría por ella y observó a la serpiente adentrarse al bosque. Él se quedó rezagado y apoyado junto a la cabaña.

Un ladrido, que parecía de un perro de tamaño normal, le alertó de que su precencia ya había sido descubierta.

-He chucho tranquilo-llegó a él la Voz desde el interior de la cabaña- ¿Qué tanto ladras?

Rigel compuso su mejor sonrisa cuando la puerta se abrió. El hombre abrió grandes ojos y miro nervioso dentro.

-Lo siento-se disculpó Rigel- mi mascota entró al bosque-dijo señalando a los árboles- y quería esperarla aquí un momento. Espero no incomodarlo.

El hombre dio un gran paso fuera de su casa y cerró la puerta, encerrando así al perro que gimoteaba por salir.

-¿Una mascota en el bosque? - preguntó con voz gruesa a través de su barba enmarañada- Será mejor ir por ella. ¿Es un gato acaso?

Rigel sacudió su cabeza y la bajo. Mordió su labio como si dudará y volvió a subir la para encontrar al guardabosques.

-Es una serpiente- Hagrid entrecerro los ojos- La tengo desde que era pequeño-explicó- Yo no podía venir al colegio sin ella. Conseguí un permiso especial de mi jefe de casa.

El guardabosques asintió, ahora parecía animado- ¿Sabe cuidarse sola? ¿De qué clase es?

Rigel le regalo su más brillante sonrisa -Es una pitón - dijo con orgullo-volvera, no se preocupe señor Hagrid.

Hagrid se rio satisfecho por el trato del muchacho y le tendió su manasa.

-¿Te gustan las bestias exóticas amiguito...?

-Rigel Lestrange- se presentó el niño, poniendo su mano suavemente entre las del hombreton- y me encantan.

-Ven entonces- invito el hombre dirigiéndose a su cabaña.

Rigel se abrió paso lentamente, evaluando cada detalle de la construcción, él parecía apenas del tamaño de un roedor, todo allí era de acuerdo al gigantesco tamaño de su anfitrión. Escaneo las ventanas y la salida del otro lado,todas las vías de escape y los lugares a vigilar. Una costumbre aprendida desde pequeño, nunca bajes la guardia.

Hagrid aparto al perro que se esforzaba por acercarse le.

-Aparta, aparta Fang-dijo dirigiéndose al perro- To no diré nada de tu serpiente muchacho, si tu no dices nada de Norberto.

-¿Norberto?- preguntó Rigel con curiosidad dirigiéndose al caldero que tenía ante él Hagrid.

Si, allí estaba. Metido en el caldero a media lumbre un dragon del tamaño de un gato. Un bebé aún.

A partes iguales de espantado e impresionado, Rigel se acerco con cuidado.

-Pero Hagrid ¡Es un dragón!

Hagrid rio. Parecía orgulloso y miraba al reptil con amor. - Es un Ridgeback Noruego.

-Es muy bonito-dijo Rigel en el preciso momento en que el pequeño dragón soltaba una bocanada de fuego, que pequeña y todo, consiguio alcanzar la ropa de Hagrid que se apresuró a apagarla con manotazos-¿Pero que harás cuando crezca?

La sonrisa del guardabosques vacilo- No lo había pensado-murmuró.

Rigel apoyo una mano en su codo, el lugar más alto que alcanzaba del hombre al estirar el brazo. Sonrió al mirar al dragón.

-Mi familia es amiga de Newt Scamander- informó quedamente- Puede que encontremos una solución.

Algo parecido a un sollozo escapó del gigante hombre- Es tan pequeño. Me extrañará, yo soy su madre.

Rigel contuvo el impulso de reír, este hombre de verdad creía que el dragón lo consideraba si madre. A lo mucho, en opinión de Rigel, el dragón estaba fantaseando en crecer lo suficiente para poder zamparselo.

Para el medio día Rigel se había artado de ver al dragón y las exclamaciónes de amor de Hagrid cada dos por tres, tenía hambre y Nagini aún no había regresado.

Se excuso con el guardabosques y se dirigió al castillo en busca de comida.

Aún no tenía idea de que haría con ese dragón y con el inesperado amigo que encontró, si podía arriesgarse a llamarlo así siquiera. Pero tener al hombreton de su lado de seguro le convenía.

-Nos llegó un rumor-dijo una voz tras él, arrancando lo de su ensoñación-de que una joven serpiente se moría de ganas por conocernos.

Rigel sonrió- morirse de ganas es una exageración-respondió-solo quería ponerle nombre a vuestros feos rostros.

Dos figuras pelirrojas que parecían estar siempre sonriendo se interpusieron frente a él.

-Yo no soy George.

-Y yo no soy Fred-se presentaron al unísono.

Rigel cabeceó, palmeo sus brazos y siguió caminando. Tal y como había esperado, los gemelos lo siguieron.

-Una serpiente visitando al guardabosques ¿Te imaginabas algo así George?

Los gemelos parecían trotar felices a su alrededor, si Rigel hubiera tenido un par de perritos hiperactivos, habrían sido así pensó.

-Oh, estaba conociendo a su dragón-dijo despreocupada mente. Observando por el rabillo del ojo a los Griffindor, esperando su reacción.

Los gemelos parecieron animarse más aún. Rigel se preguntó cómo tanta felicidad podía contenerse en dos recipientes igual de pequeños. Porque seamos honestos, los adolescentes eran apenas más altos y bastante flacuchos.

-Charlie trabaja con dragones-informó George.

-Charlie es nuestro hermano-informó Fred.

-¡Amamos los dragones! - dijeron, nuevamente a una sola voz.

Rigel apenas resistio la necesidad urgente que sentía de echar la cabeza atras y dejar salir la carcajada que se le amontonaba en la garganta. No habría salido mejor si lo hubiera planeado.

Sonrió en cambio suavemente, cada pelirrojo a un lado en su camino al comedor.

-Es una lástima que no pueda mantenerlo- dijo y suspiró.

Los gemelos se detuvieron, después de unos pocos pasos Rigel se detuvo también y miro hacia atrás.

Una especie de mudo acuerdo parecía haberse instalado en el por primera vez serio rostro de los Weasley.

-Dile a tu amigo Hagrid que lo veremos esta noche-informó Fred.

Y dicho esto ambos se esfumaron tan rápido como si se hubieran desaparecido.

Rigel aflojo los hombros y sonrió con satisfacción.

Cuando Rigel se sento junto a sus amigos ya reunidos aún sonreía.

-Acabó de conocer a nuestros amigos los Weasley. Y a nuestro encantador guardabosques Semi humano. Déjenme decirles que tiene un adorable complejo por los monstruos.

Agarro un poco de pure de patatas con un cucharón y lo vertió en su plato.

-¿Me pasas la salsa? - preguntó a un boquiabierto Neville.

Draco lo miro horrorizado - ¿Me puedes decir que se supone que haces? -siseo bajito - Vas a tener... No, vamos a tener aulladores de casa como sigas así. Porque a mi me meten en todo lo que tú haces.

La exasperación de su primo le parecía divertida. Draco no parecía querer compartir su buen humor, agarro una de sus manos y la tiro para que le prestará atención.

-A ver Rigel. Hermione es una cosa, hasta yo puedo ver el potencial en ella ¿Pero los Weasley? ¿El guardabosques?

Rigel libero su túnica de un tirón y pesco el cuenco de salsa que Neville le tendia. Afortunadamente su amigo, anticipando una pelea entre los primos estaba entreteniendo a Hermione hablando con ella de un tema que nunca fallaba, los deberes.

-Los Weasley son más que un par de simples alcornoques-dijo en un murmullo- ¿No notas su magia Draco? Tienen potencial oscuro allí, si jugar con ellos un rato era necesario para atraer su atención- dijo encogiendose de hombros- lo haré.

Llevo una cucharada de su comida a sus labios y saboreo mientras esperaba que su primo asimilara la información. Rigel quería a su primo, eran cómplices desde pequeños, eran familia, mucho más importante que cualquier amistad. Pero aveces simplemente se le olvidaba que existía. Maquinaba mejor sus planes solo, y se le olvidaba actualizar la información de Draco de vez en cuando.

Draco finalmente estaba asintiendo, considerando lo que había dicho respecto a los Weasley.

-¿Y el guardabosques? - preguntó, había dejado de lado los gruñidos y el ceño fruncido y ahora sólo parecía confundido.

Rigel bufo- No esperaras que nuestro padrino suelte la lengua respecto a este castillo ¿No?. Draco, llevamos tres meses de colegio y considera todo lo que ha pasado ¿Han dicho algo desde casa?

Draco sacudió su cabeza.

-Y aún nos quedan seis y medio largos años.

Draco asintió otra vez, parpadeo un par de veces en silencio.

Rigel se concentro una vez más en la comida, apresurandose. Nagini podía haber vuelto ya y estaría muy enojada si no le encontraba.

-Diles lo necesario-murmuró a su primo mientras se deslizaba fuera del banco del almuerzo.

Nagini si estaba esperando fuera de la cabaña de Hagrid. Pero estaba en sorprendente silencio, no parecía ni siquiera enojada. Al contrario se alegro mucho de ver a su humano.

-Severus está allí dentro- informó- con un hombre raro de turbante. Parecían enojados.

-Llevame-pidio Rigel en parsel.

Apenas unos metros más allá pudo distinguir a los profesores, tal y como Nagini dijo, parecían discutir.

...n-nosép-porquéqueríasver-vermej-justoa-aquí,deentret-todoslosllugares,Severus...
Oh,pensé que íbamos a mantener esto en privado-dijo su padrino con voz más fría de lo normal Después de todo,los alumnos no deben saber nada sobre la Piedra Filosofal.

Rigel se apego más al árbol que lo cubría, aguzo el oído, intentando descifrar el parloteo tartamudo del profesor Quirrell.

-¿Ya, has averiguado cómo burlar a esa bestia de Hagrid?

-P-p-peroSeverus,y-yo...

-Tú, no querrás que yo sea tu enemigo, Quirrell- fue la amenazante respuesta.

-Y-yonos-séqué...

-Tú sabes perfectamente bien lo que quiero decir.

Un pajaro chilló y Rigel se sobresalto, si no salía de ahí pronto le iban a descubrir. Prefería arriesgarse a no oír la conversación completa que a otro castigo y reunión con el perro de tres cabezas.

Se deslizó igual de silencioso que Nagini fuera del bosque y tomando la en sus brazos volvieron a su sala común. Aún quedaban horas hasta la noche.

A ver, este es un capítulo contundente, la historia ya está avanzando y espero ir mostrando de a poco el desarrollo personal de cada personaje. Uno de los tags de la historia es suspenso, así que sería muy tonto mostrar todas mis cartas en la primera mano (guiño, guiño) Muchas gracias a todos los que seguís la historia, aprecio cada comentario, de verdad. Nos leemos pronto.