Bueno chicas. Este es el final ;_;
Sintiéndolo mucho esta historia ha llegado hasta aquí.
A las que habéis recorrido conmigo el camino completo muchísimas gracias, de verdad.
Os agradezco todos los comentarios, por pequeños que fuesen.
Este último capítulo se lo quiero dedicar a Zywia por los grandes momentos que me ha hecho pasar con sus geniales comentarios, sé que irá después de esto, pero quiero volver a repetirlo: Eres un cielo, de verdad, muchas gracias por todo.

Sin más, añadir que tendréis el epílogo que habéis pedido, así que este no es un adiós, si no un hasta pronto.

Gracias de nuevo.


Capítulo catorce

—¡Maldita sea! ¡Abre la jodida puerta, Nott! –Gritaba Harry mientras la aporreaba literalmente– sé que estás ahí, abre de una puta vez, joder…

A la tercera vez que la golpeó, la puerta se abrió y dio paso a un Theodore Nott con una ceja levantada y una cara que verdaderamente demostraba sorpresa.

—¿A qué debo el honor, Potter? –dijo con evidente sarcasmo– Granger –saludó también a la chica.

Harry comenzó a mirar detrás de él.

—¿Está ahí dentro Malfoy? –Preguntó dejando patente que estaba algo impaciente–¡Draco! ¿¡Estás ahí!

—¿Draco Malfoy? –Nott entrecerró los ojos y lo miró de arriba abajo– ¿Por qué iba a estar aquí Draco Malfoy?

—Vamos, no te hagas el inocente conmigo… –añadió Harry y se acercó peligrosamente a él.

—¿De qué demonios estás hablando, Potter? –miró a la chica interrogándola con la mirada. Harry dio otro paso hacia él con intenciones nada buenas y Hermione tuvo que sujetarlo.

—Vamos Harry, es evidente que no está aquí… venga, sigamos buscando.

Se soltó bruscamente de ella y antes de darse la vuelta e irse de allí se dirigió una última vez a él.

—Si lo ves por aquí… bueno, tan solo dile quien anda buscándolo.

Theodore cerró la puerta y después de unos minutos aun seguía preguntándose qué demonios había pasado. Bajó las escaleras que daban al sótano y se sentó en un sillón negro de cuero mientras ponía las piernas sobre la mesa que tenía enfrente.

—A saber qué habrás hecho para que Potter ande buscándote tan desesperadamente – dijo sin mirar al rubio el cual permanecía atado de pies y manos en el suelo.

Cuando Draco escuchó aquel nombre su respiración se entrecortó. Harry lo estaba buscando. La alegría y el gesto fue tan evidente en el rubio, que Theodore se levantó y comenzó a andar a su alrededor.

—¿Algo que quieras contarme, Draco? –Le preguntó acercándose mucho a él– dime, ¿también has sido malo con Potter? Parecía bastante desesperado por encontrarte… –se quedó pensativo ante la mirada del rubio– aunque quizás… ¿también eras su puta? ¿Tan bien se te daba que lo tienes por ahí, como loco, buscándote?

—Vete a la mierda Nott –Theodore, ante aquellas palabras se arrodilló junto a él y comenzó a acariciarle el pelo – no me toques, me das asco.

—No decías eso hace algún tiempo… que pena que te fueras… si no hubieses huido como la rata que eres, quizás no habría tenido que encadenarte aquí –deslizó su mano por el cuello del Draco y este intentó apartarlo sin éxito– no debiste huir, ¿me oyes? –dijo endureciendo su tono y agarrándolo ahora con fuerza– te habría perdonado las deudas, lo que tu padre me hizo. Todo. Pero te fuiste y ahora no tienes nada, y así te vas a quedar.

—¿Qué tiene que ver mi padre en todo esto? –preguntó, casi enmudecido ante aquellas palabras.

—¿No lo sabes? ¿Nunca te lo contó? –Nott rió irónico– el gran Lucius Malfoy, el mago sangrepura, el jefe del imperio Malfoy, una de las empresas mágicas con mayor rentabilidad y reputación del mundo mágico… ¿no te parece raro que de un día para otro aquello cayese en picado?

—Habla, Theo… ya sé como acabaron las cuentas de mi padre… si estoy aquí ahora es precisamente porque mi padre nos dejó a mi madre y a mí con una mano delante y otra detrás. ¿Qué tienes que ver tú en todo eso? –le interrogó desafiante.

—Todo y nada, mi pequeño dragón. Tu padre no te quería al frente de las empresas, por eso lo arruinó todo cuando supo que tú te harías cargo de ellas. Pero claro, yo tenía grandes planes con ellas, futuros tratos y negociaciones que se fueron a pique cuando a tu padre se le ocurrió la gran idea de arruinarlo todo para dejarte en la calle. Pero no le fue suficiente. Porque él sabía que yo te quería. Que había algo entre nosotros…

—Nunca ha habido ni habrá nada entre nosotros –le interrumpió Draco.

—Nos vio –dijo Theo, y Draco alzó una ceja– aquella noche, en Yule cuando nos acostamos; nos vio. Aun éramos menores y no pudimos hacer ningún hechizo ni de cerradura ni de silencio. Él creía que tú y yo teníamos algo y por supuesto yo no le hice creer lo contrario. Durante casi dos años le hice creer que lo nuestro era un secreto, que no querías decirlo por miedo a su reacción cuando se enterase de que eras gay. Aunque claro, tu discreción y nuestra amistad me ayudaron en todo aquello.

—Tanto tú como él… estáis locos… ambos… nada más hay que verte. Acabarás como él, sin nada… –dijo Draco con desprecio.

—Eso era lo que él quería. Por eso lo arruinó todo al final. Yo pensé que era lo contrario, el muy cabrón; me hizo creer que estaba haciendo los planes y contratos de mi vida, que tendría el poder y la riqueza suficientes para poder mantener dignamente a un Malfoy. Pero lo único que él quería era asegurarse de que acabaras en una cuneta. Porque pensaba que si lo perdías todo irías a buscar a tu "novio", por eso se aseguró de que toda mi fortuna y mis negocios se fueran junto a los tuyos. A la mierda. Cuando me enteré de que todo estaba disuelto y tan solo había deudas, ¿sabes lo que me dijo el bastardo de Lucius? "Cóbrate con lo único que me queda" y eso hice. Asegurarme de que mi deuda con tu padre esta saldada. Tú eres lo único que queda del imperio Malfoy, y fíjate qué casualidad, que es lo único que yo deseo.

Theo empujó a Draco que quedó tumbado en el suelo y comenzó a besarle el cuello. Este se retorció por todo el suelo intentando zafarse de él pero sin conseguirlo

—Suéltame, maldita sea, Nott. ¿Quieres dinero? Vamos… lo buscaré…

—No tienes donde caerte muerto ¿Por qué te crees que mandaba a aquellos tipos? Para asegurarme de que no tenías nada y que volverías a mi casa de nuevo. A mis brazos– Draco cerró los ojos con fuerza y pensó que no era la primera vez que Nott lo tocaba, no podía ser tan malo… pero después de haber sentido las gentiles caricias de Harry todo era peor y asqueroso– por tu culpa no tengo nada, ni fortuna, ni mansión… lo único que tengo ahora eres tú. Así que pienso cobrarme cada galeón que perdí por tu culpa.

Draco sintió como Theo le tiraba de la camisa. No creía que fuera capaz de mucho, pero tampoco sabía hasta donde iba a llegar. Aun con los párpados apretados podía sentir su aliento tras él. Era curioso que hubiese estado con él tantas veces y ahora le resultase tan repulsivo.

En silencio pensaba en Harry y en donde estaría ahora, si estaría pensando en él, si ya se habría cansado de buscarlo. Se sintió estúpido y se maldijo mil veces… si no hubiese sido tan impulsivo ahora estaría con él, quizás ambos estarían en la cama tumbados, mirando hacia el techo; Harry tendría la cabeza apoyada en su hombro y él diría alguna cosa que le haría reír, entonces, giraría su cabeza haciéndole cosquillas con su pelo enmarañado y le besaría en el hombro. ¿Cómo con tan solo pensar en eso podía volverse su mundo mucho mejor? Merlín… estaba hasta las trancas… y él preguntándose si estaba enamorado…

Sintió la boca de Theodore en su cuello y su hombro. Gruñó de fastidio y se movió compulsivamente intentando que dejase de tenerlo encima. Se encogió lo máximo posible, lo último que hizo Harry fue besarle y no quería borrar aquello, no dejaría que Nott lo besase ni una sola vez. Pero el castaño tenía otros planes, así que también tuvo que soportar como le tiraba del pelo con fuerza. El dolor era inaguantable, pero era una jodida serpiente, y quizás no era una persona extremadamente valiente, pero si era una persona con firmes principios y su dignidad estaba por encima de todo, no iba a dejarse hacer fácilmente. Así que luchó contra el agarre, siendo consciente de que su preciado cabello sufriría las consecuencias.

Durante un momento sintió todo el peso del otro sobre él. Encogido como estaba, a duras penas podía respirar y la espalda no podía doblarla mucho más. Pero en un segundo notó como todo aquel peso se liberaba. Pudo respirar y estirarse un poco, pero aun así no abrió los ojos ni levantó la cabeza. Al menos hasta que oyó un grito que le hizo abrirlos desmesuradamente.

—¡Déjalo, Harry, para de una vez!

Cuando por fin pudo enfocar bien, se dio cuenta de que mientras él había estado en el suelo encorvado, Granger y Harry habían entrado allí y este último tenía a Nott agarrado y tirado sobre el escritorio.

La varita de Harry estaba al lado de Draco, quien la miró extrañado, pero recordó que no la necesitaba para hacer magia, además, no es que la estuviera utilizandoe en ese momento.

Hermione se acercó al rubio e intentó que se levantara. Lo liberó de sus ataduras y le lanzó un hechizo para arreglarle la camisa rota.

—¿Estás bien? –Preguntó algo angustiada– siento mucho todo esto… quédate aquí, necesito que Harry no mate a Nott –añadió algo más preocupada…

Miró a ambos chicos que estaban a su izquierda y sintió algo de miedo.

Theodore estaba sobre la mesa y Harry lo tenía agarrado del cuello mientras le gritaba de todo. No que se quejase por haber sido liberado… pero pensó que no le habría gustado tener a Harry en su contra. Jamás.

—Suéltame, maldita sea, Potter. No tienes nada que ver en esto…

—No vuelvas a tocarlo, no vuelvas a mirarlo, no vuelvas a acercarte a él –le gritó mientras el otro se retorcía como un gusano– me importa una mierda lo que haya pasado…

—Por su culpa lo perdí todo… ni siquiera sé que haces aquí, esto es entre Draco y yo… –Harry liberó el cuello de Nott gracias a que Granger había llegado por atrás, pero eso no evitó que lo pegase a la pared a la fuerza gracias a un hechizo.

—¿No me has escuchado Nott? –Preguntó con desprecio– me da igual lo que haya pasado, él ya no existe para ti. Si vuelves a poner uno solo de tus dedos sobre él te los partiré uno a uno, ¿me oyes?

—¡Harry! –gritó Hermione asustada.

—¿Y tú, Potter? –Respondió ignorando a la chica– ¿Estás sordo? Estoy arruinado por su culpa, me debe mucho dinero. Su padre juró que él me pagaría…

Harry se acercó a él lentamente, Theodore se encogió de miedo al verlo llegar ya que su expresión no era precisamente de paz. Se metió una mano en el bolsillo y por un momento temió que fuese a sacar otra varita y a lanzarle una avada. Pero nada más lejos de la realidad… sacó una llave.

—¿Oro? ¿Ese es tu jodido problema, Nott? ¿El dinero? –Le acercó la llave a la cara y se la apretó contra la piel– toma tú sucio y asqueroso dinero. Espero que lo disfrutes en azkaban; y da las gracias a que vienen los aurores, si no te haría tragar una a una cada moneda que tengo en esa cámara –retiró un poco la llave y se la metió en el bolsillo– ahora tienes lo que querías, así que yo también espero obtener lo que deseo. Tu culo lejos de él –dijo señalando a Draco– no quieras verme cabreado, Nott.

Draco trago saliva cuando se acercó a ambos. Si ahora no estaba cabreado ¿entonces qué había sido aquello? El modo "héroe" de Harry a veces le daba miedo.

Se puso a su lado y posó una mano sobre su hombro. Harry giró la cabeza para mirarlo y Draco se dio cuenta de que su mirada estaba lejos de ser de alivio o… amor… no le dio tiempo a preguntarle porque una manada de aurores entró, rápidamente redujeron a Theodore y comenzaron a hacer todo tipo de preguntas.

A las pocas horas, después de que los aurores lo dejaran marchar y de asegurarse de que Theodore Nott pasaría un tiempo entre dementores, se fueron directos a casa de Granver. Draco se dio una larga y relajante ducha y a Harry no le vio el pelo durante toda la noche.

A la mañana siguiente se levantó y se dio cuenta de que se había acostado solo. Suspiró y se levantó. En la cocina tan solo estaba Granger quien salió con urgencia para su trabajo, al parecer había utilizado algo que no debía o algo así y tenía que ir a rendir cuentas. Según dijo antes de irse, tendría que escribir mil informes para explicar aquello.

Comenzó a preocuparse cuando tampoco lo encontró en el salón. Pero cuando llevaba casi dos horas dando vueltas en la cama, se levantó con un nudo en la garganta y se acercó a la habitación de Granger donde este estaba tumbado en la cama con una manta y cambiaba frenéticamente con el mando de la pequeña televisión que había sobre un mueble

Se sentó a su lado, lentamente se metió bajo las mantas y le quitó el aparato, pero aun así, siguió sin mirarlo. Cuando su paciencia había llegado al límite, se dirigió a él.

—¿No vas a hablarme nunca más? –Preguntó algo indignado– creía que si habías venido a buscarme te alegrarías de verme…

Harry se giró lentamente, tanto, que Draco tragó seco.

—¿Alegrarme? ¿De qué debería alegrarme? –Dijo algo brusco– ¿de qué me dejases tirado como si te importase una mierda? ¿O del hecho de que te faltó tiempo para irte con Nott? –dicho eso, volvió a mirar al frente.

Draco no sabía que decir…

—Yo… yo… no fui a buscarle, sus tipos me encontraron… y sí, quizás fue culpa mía por utilizar mi magia, pero ¿Qué otra cosa podía hacer? –Así que era eso… por eso llevaba todo el día evitándole–. Y en cuanto a lo de irme, lo hice por ti, porque creía que…

—No finjas que te importo… –le interrumpió– ¿Dónde está ese manual donde pone que si quieres a alguien tienes que ignorarlo y no tener en cuenta sus opiniones? Me gustaría saberlo, me explicaría muchas cosas…

—Vamos, Harry…

—Ni vamos Harry, ni pollas –Draco levantó una ceja, jamás lo había oído hablar así– estoy harto… desde que era un crío todo el mundo ha hecho demasiadas cosas porque se preocupan por mí, y estoy cansado… ¿queréis dejarme vivir mi vida y equivocarme? ¿Tanto os costaría dejarme vivir como a mí me da la gana? Si quiero estar contigo y que me persiga una manada de hipogrifos ofendidos, lo estoy. Y punto. ¿Pero sabes qué? esto me ha servido para darme cuenta de que eres como el resto…

—No te pongas así, tan solo estaba pensando en que sería mejor para ti… ¿crees que es divertido que te estén persiguiendo? ¿O tener que huir para que no lo hagan? Tan solo estaba evitándote pasar por eso…

—¿Crees que podría ser más feliz sin saber dónde estás? ¿O sin saber si estás bien? ¿O si has comido? No, no podría estarlo, Draco. Me da igual huir, me da igual correr, que me crucien; si eso significara estar contigo, pero…

No pudo terminar la frase porque Draco se tiró sobre él, le agarró la cara con ambas manos para que no pudiese escapar y besó con ambición. Abrió su boca y comenzó a besarlo con más ganas. Harry al principio intentó resistirse, pero a los pocos segundos se rindió ante la mano que se colaba traviesa bajo su pijama. Draco comenzó a desabrochar cada uno de los botones de su camisa del pijama y a lamer cuanta piel podía, bajando y subiendo por su pecho, garganta y vientre.

Sentir la lengua de Draco resbalando por su cuerpo le hizo soltar el primer gemido del día. El segundo, fue del rubio y no fue de placer, si no al sentir los fuertes brazos del moreno rodeándole y apareciéndole.

—¿Qué demonios haces? –le preguntó cuando volvió a estar sobre la cama.

—¿Querías follar en la cama de Hermione? –dijo con levantando una ceja, Draco negó con cara de miedo fingido– y que sepas, que tú y yo aun no hemos terminado esta conversación.

—Pero, ¿no era que íbamos a follar? –argumentó con una sonrisilla.

Harry soltó una carcajada y se puso a horcajadas sobre él, le colocó cada mano a un lado y comenzó a besarle frenéticamente.

—Eres un… un… –decía entre beso y beso– egoísta, cómo pudiste irte sin mi… –a Draco le habría gustado contestar, pero la lengua de Harry se lo impedía– maldito Gryffindor en piel de Slytherin…

—Eso sí que no –contraatacó Draco dándole la vuelta al asunto y poniéndose ahora él sobre Harry– ahora te vas a enterar de lo poco Gryffindor que soy.

Draco haciendo uso de su varita, de la que nunca se deshacía, amarró las muñecas de Harry cada una a un lado de la cama. Cuando estuvo seguro de que no podía moverse, comenzó a deslizarse sobre su cuerpo saboreando cada trozo de piel como si fuese nueva para él.

Con su lengua, con sus manos, son su nariz y sus mejillas. Quería empaparse de aquel olor y de aquel sabor.

A Harry, los gemidos de Draco sobre su piel lo estaban haciendo estremecerse, y el sentir su cuerpo húmedo y lamido, le estaban haciendo temblar de anticipación.

–Deja de arrastrarte como una jodida serpiente y hazlo de una vez.

–Suplícame Potter –dijo con ese tono al que le tenía acostumbrado en la escuela.

–Maldito Slytherin engreído. Ah –gimió– Draco… por favor.

Haciendo caso al cuerpo que jadeaba bajo él, consiguió bajarle los pantalones lo suficiente como para poder penetrarle a gusto.

Nada más hacerlo cerró los ojos y dejo escapar un jadeo lleno de sensaciones. Aquello era la puta gloria, pensó, el maldito paraíso, joder, cuánto tiempo desperdiciado, cuantos años malgastados. Él buscando la felicidad y resultaba que la maldita estaba oculta bajo la espalda del que había sido su enemigo por tanto tiempo.

Aprovechando la desventaja de Harry, amasó sus nalgas y llevó sus manos a través de toda su espalda.

Estaba disfrutando tanto que llego un momento en el que se sintió incluso culpable, pero nada más abrir los ojos se dio cuenta de que la cara de placer de Harry y sus innumerables gruñidos y jadeos, dejaban suficiente constancia de que él estaba disfrutando incluso más.

De hecho, pocos segundos después notó como su estómago se humedecía del líquido caliente de Harry. Inmediatamente después y sin poder contenerse, le imitó.

Aun con la respiración entrecortada, pudo tumbarse justo a su lado y relajar los músculos.

En cuanto se compuso un poco notó como Harry se deshacía de las ataduras por sí mismo; lo miró extrañado durante un segundo hasta que recordó que podía hacer magia sin varita.

–No quería romperte la ilusión –dijo encogiéndose de hombros y mirándolo de forma tierna.

No pudo más que sonreír.