¡Buenas noches o días! no se que hora es XD
aquí les traigo el ultimo capitulo! se que muchas preciosas criaturas querían lemon, pero les debo dar la mala noticia que no habrá, prometo escribir lemon algún día! enserio...
muchas gracias por todos los comentarios y perdonen los errores.
me despido de ustedes abajo!
disfruten su lectura!
Era medianoche cuando Haruka volvió, se llevó una leve sorpresa al ver a Makoto dormido y sentado en la entrada, le recordó la vez en que perdió su carrera contra Rin, no esperaba encontrarse con el precioso chico de orbes esmeraldas aguardando por él; esa vez, Makoto se quedó a dormir y Haruka lo agradeció internamente, después de todo, necesitaba un poco de la compañía de su amigo, pero en esta ocasión, todo era diferente. El pelinegro estaba molesto con aquel chico sentado en el suelo.
-Makoto despierta- Habló fuerte y claro, sin siquiera tocar al menor. El adolescente de cabello oliva frunció el ceño antes de abrir los ojos lentamente.
-¿Haru?- Makoto se levantó mirando preocupado a su novio, aún estaba enojado, lo sabía.
-Si vas a dormir, ve a la cama- No lo miraba, no quería.
-Te estaba esperando- Ni su dulce voz podía ablandar a ese chico de fríos ojos oceánicos –Estaba preocupado porque no llegabas.
-No tenías que hacerlo, a diferencia de ti, puedo cuidarme solo- Las palabras de Haruka hacían que el congelamiento que estaban viviendo se hiciera más insoportable. Se dirigió a las escaleras pero, el más alto lo detuvo abrazándolo por la espalda, lo estrechó fuertemente entre sus brazos, negándose a dejarlo ir, prohibiéndoselo rotundamente y ocultando su rostro en el hombro de este –Makoto suéltame, estoy cansado.
-No quiero- Makoto no lo iba a soltar hasta que todo este asunto se arreglara, porque si lo hacía, sentiría que su amado chico se alejaría más –Haru… Perdóname, lo que hice fue sin pensar, sólo fue un impulso.
-Sólo un impulso dices…- La amargura que se apreciaba en tan suave voz, provocaba en el corazón de la orca un dolor punzante –Por sólo un estúpido impulso casi te matan.
-Haru…
-¿Qué habría pasado… Si el auto no se hubiera desviado?- Un leve cambio se pudo sentir en la voz de Haruka, se estaba controlando para no gritarle al muchacho que lo tenía aprisionado -¿Qué habría pasado en el campamento si yo, no te hubiera salvado?- El hermoso adolescente de orbes esmeralda entendió a la perfección lo que quería decir su novio con estas palabras –Tú ya no estarías aquí…
-Lo sé- Ahogó un largo suspiro –Lo sé Haru, de verdad lo siento, no quería asustarte- él sabía a la perfección el sentimiento horrible que era el miedo, y no se lo deseaba a nadie –Perdóname por favor.
-Eres un idiota- Se volteó y por primera vez sus ojos se encontraron, una tormenta había en esos mares que tanto amaba, necesitaba calmarlos de alguna manera. El pelinegro no pudo evitar perderse en esos vastos bosques que lo único que le estaban entregando en ese entonces, era un arrepentimiento profundo y un amor eterno –Un imbécil, tonto y egoísta- Makoto no sabía, cuánto daño le provocaría a Haruka si alguna vez, este lo pierde. Devolvió el abrazo no soportando más el no hacerlo y descansó su cabeza en el pecho del más alto, sintiendo aquel instrumento palpitante que con su melodía, lograba calmarlo –No lo vuelvas a hacer.
-No lo haré- Y puede que Haruka también sea egoísta en amarrar al menor a su lado, pero no le importaba. Se quedaron un buen tiempo abrazados, sin decir nada, sólo sintiendo el calor del otro.
Cuando subieron a la habitación, supieron que todo estaba perdonado, pero había algo que ha Makoto le inquietaba, y eso era la actitud extraña que había tenido Haruka en todo el día; ahora sabía lo que le ocurría, lo supo en el momento en que se quedó solo en la casa del delfín. Su precioso niño no quería sentirse solo y él lo comprendía; aunque nadie creyera, el pelinegro era alguien muy sensible y muchas cosas le afectaban, esta era una de ellas. En cuanto los dos estuvieron reunidos en la cama, sus cuerpos automáticamente se pidieron, de cierta manera extrañaban el toque del otro. Sus labios fue lo primero que se encontraron, comenzando con un roce sutil para ser transformado en una acaricia hambrienta en breves segundos, Makoto se posicionó encima de Haruka para devorar mejor su boca, este no se quejaba por supuesto; sus respiraciones aumentaban a la par de sus desesperantes latidos, el adolescente de ojos oceánicos entrelazó suavemente sus dedos con los de la mano lastimada del chico de orbes esmeralda mientras que con la otra jugaba con las sedosas hebras olivas, atrayéndolo para profundizar aún más, si es que se podía, aquel majestuoso beso, y es que Dios… la lengua del menor era como una droga sin tratamiento para rehabilitación. Se separaron por la falta de aire, pero un hilo de saliva evidenciaba de forma criminal que sus bocas estuvieron unidas, se miraron a los ojos y más allá del placer que los nublaba, había amor a flor de piel; el chico orca volvió a reclamar la boca del delfín como suya, sus caderas inconscientemente empezaron bailar de forma lenta y provocativa, la noche que se hallaba en un melódico silencio, fue rápidamente convertido en una sinfonía de jadeos y suaves gemidos de aquel dueto. La mano de Makoto comenzó a explorar debajo de la camiseta de Haruka, recorrió hábilmente cada rincón de ese torso, sus labios lejos de los de su novio, succionaban y marcaban el exquisito cuello de este; el pelinegro avergonzado por los sonidos que salían de su boca, acalló su voz con una mano mientras sentía la de su amado chico descender hasta su vientre, donde se detuvo en seco, haciendo que volviera a la maldita realidad.
-Makoto… ¿Qué pasa?- Preguntó al ver que el menor se separó un poco.
-Lo siento…- La orca trató de regular su agitada respiración –No puedo hacerlo… Estoy muy nervioso- Confesó ocultando su rostro en el pecho de su amor. Haruka suspiró tomando las manos temblorosas del más alto y besándolas.
-Está bien- Y como si nada hubiera pasado, la temperatura bajó hasta llegar a su estado normal.
-Pero tú querías esto- Volvieron a sus posiciones originales, que eran uno al lado del otro, abrazados.
-Estoy bien- Le dio una leve sonrisa –Para la próxima, lo haremos más despacio- Haruka sabía que su precioso chico no estaba preparado para dar un paso más a su relación.
-Te amo Haru- Si arriesgar su vida, significaba no estar nunca más al lado de su delfín, entonces no volvería a obedecer sus impulsos.
-Buenas noches Makoto- Besó por última vez en esa noche, los labios de quien fue su mejor amigo y ahora era el amor de su vida.
-Buenas noches… Mi amor- Haruka se sonrojó ante las palabras del más alto, se abrazó más a él ocultando su rostro entre el hombro y el cuello de este. Makoto sólo rio y besó la cabeza del mayor –Yo también echaré de menos esto.
-¿Qué cosa?
-Dormir así, contigo- Y sin decir nada más, los dos tórtolos durmieron el resto de la noche.
El día no había empezado muy bien, ya que los calmantes que le habían dado a Makoto, se les había pasado el efecto y ahora el dolor era insoportable, apenas podía mover la mano, su muñeca le dolía como el infierno, lo peor de todo era que se trataba de la muñeca derecha, y él era un diestro total, así que prácticamente era un inútil ahora. Haruka se tuvo que hacer cargo del bebé y también de su novio, que ni comer correctamente podía.
-Lamento hacer que hagas estas cosas por mí- Decía Makoto disfrutando secretamente el ser mimado por Haruka, quien se encontraba sentado en su regazo, secándole el cabello.
-No tengo opción- La verdad es que al chico adicto al agua no le molestaba en lo absoluto cuidar de su novio.
-Tendré que pagarte de alguna manera- Makoto acarició suavemente con su mano buena, la espalda del mayor.
-Ya veré como me pagarás- Haruka terminó su tarea y fijó su mirada en la del más alto –Ahora déjame cuidarte.
-Haru…- Tenía que decirle lo que le estaba preocupando desde ayer -¿Te sientes solo aquí?- el pelinegro hizo ademán de levantarse pero Makoto se lo impidió –Dime…- Se quedaron mirando por unos cuantos minutos antes de que el delfín se resignara a hablar.
-Un poco- Admitió algo avergonzado –No quiero que te vayas- Se abrazó al cuello de la orca, aspirando su aroma.
-Yo tampoco quiero, pero debo hacerlo- Era un problema el separarse después de todo lo que habían pasado, pero ya tendrían una oportunidad de vivir juntos, como pareja.
-Lo sé- Se separó y sonrió levemente –Cuando nos casemos tendrás que vivir conmigo.
-Claro- Le devolvió la sonrisa con una deslumbrante –Trataré de quedarme más seguido para que no estés tan solo- Haruka asintió y junto su frente con la de su esposo.
-Iré por Aoi- Se levantó y fue en busca de su pequeño estorbo. Este era el último día con esa diminuta molestia y si era sincero, lo extrañaría, tal vez la idea de ser padre no era tan mala después de todo.
Caminaron lentamente hacia la escuela, pasaron a una farmacia para comprar algunos analgésicos, Makoto no podía estar con el dolor de su muñeca todo el día, a pesar de que este le dijera a su novio que estaba bien, Haruka sabía que estaba mintiendo. Cuando llegaron a la escuela, fueron recibidos por los miembros de su club de natación, Nagisa corrió a abrazar a Makoto, sorprendiendo a ambos chicos.
-¡Mako-chan! ¡Pensé que no vendrías!- Decía alegre el rubio.
-Nagisa-kun no lo abraces muy fuerte, todavía debe estar adolorido- Lo regañaba Rei.
-¿Cómo amaneció Makoto-senpai?- Se acercó Gou al más alto con una sonrisa.
-Bien, con un poco de dolor, pero ya tomé calmantes así que estoy esperando a que me hagan efecto- Contestó con sinceridad mientras acariciaba la cabeza rubia.
-¡Perdóname Mako-chan, por mi culpa casi te atropellan!- Se disculpaba el pequeño pingüino -¡Mi pobre Mako-chan! ¡¿Qué haríamos sin ti?!
-Estarían perdidos- Bromeó el más alto –Y de seguro Haru te mataría- Miró a su novio quien desvió la mirada.
-Hay alguien más que se quiere disculpar con usted- Dijo el adolescente de gafas llamando la atención no sólo de la orca, también la del delfín.
-Cuando llegamos, lo encontramos esperando aquí así que pensamos que era por usted- Agregó la linda niña. Makoto dirigió su mirada hacia donde le indicaban, para ver al perro de ayer, que le movía animosamente la cola.
-Hola- Se agachó a acariciar al canino que era bastante cariñoso –Basta me haces cosquillas- Reía ya que el perro le lamía una mejilla.
-Vas a lavarte la cara si quieres que te bese- Dijo Haruka provocando la risa de los tres menores y la vergüenza de su novio.
-¡Haru!- Se quejaba Makoto. Nagisa y Gou se agacharon para jugar con el perro también. El pelinegro sólo suspiró y miró con gracia la escena, al menos el susto había pasado, todo estaba bien.
-Ah, Haruka-senpai el bebé lo acaba de vomitar- Bueno, tal vez era muy pronto para decir que todo estaba bien.
Las horas se pasaban de una forma rápida, Haruka tuvo que ir a cambiarse, dejó a Makoto encargado a Rei, ya que en Nagisa no confiaba y Gou… Bien, sentía celos cuando estaba cerca de su esposo, así que el único que quedaba, era el nadador de estilo mariposa. Cuando volvió junto a Aoi que también se había cambiado su traje, encontró a su novio al lado de los otros dos nadadores, conversando de algo, muy interesante al parecer, ya que no se habían dado cuenta de la presencia del mayor.
-Makoto- Tiró suavemente de la manga de su novio, haciendo que este se volteara a verlo.
-Haru volviste- Le sonrió dulcemente, cada vez que Makoto le sonreía así, el pelinegro sentía que moriría de sobredosis de azúcar.
-¿De qué hablan?- Preguntó sin evitar controlar su curiosidad.
-¡De las vacaciones Haru-chan!- Contestó el más bajo animado –Estábamos diciendo que podríamos ir todos juntos ¿Qué te parece Haru-chan? Mako-chan está muy animado con la idea.
-Será divertido Haruka-senpai- A Rei le hacía ilusión la idea de poder salir de vacaciones con sus amigos. El delfín miró al más alto, él quería privacidad con su precioso chico orca, pero no sonaba mal el tener un viaje en conjunto, además Haruka iría a cualquier parte a la que su novio iría, y si él quería viajar con sus amigos, entonces no se negaría.
-Suena bien- Dijo alegrando a los tres muchachos.
-¿Lo dices enserio Haru?- Makoto lo miró entusiasmado y el mayor sólo asintió.
-¡Entonces está decidido!- Gritó Nagisa más que feliz, desgraciadamente el receso había acabado y los muchacho tendrían que separarse –Hablaremos de los lugares que visitaremos en el almuerzo.
-Nos vemos- Se despidieron de los mayores y se encaminaron a su salón.
-¿Estás seguro de esto?- Preguntó Makoto a su novio, sabía que el adolescente de preciosos ojos oceánicos quería que sus vacaciones fueran sólo entre ellos dos.
-Si tú quieres por mi está bien- Tomó sutilmente la mano del menor –Además, quien dice que no tendremos tiempo para nosotros- El chico orca sonrió y le dio un beso rápido a su esposo, Haruka se sonrojó y desvió la mirada –Idiota, pueden vernos- Makoto rio ante esto, pero cierta cosa en el cuello del más bajo le llamó la atención.
-Haru…- Era algo parecido a un moretón, de un color entre morado y rosa, teniendo un tamaño no muy pequeño, pero que el cuello de la camisa ocultaba a la perfección –Eso…
-¿El chupón? Me lo hiciste anoche, no pensé que sería tan grande- Haruka lo decía como si nada, mientras que Makoto se sonrojaba más con cada palabra.
-Lo siento…
-No importa- Posó una mano sobre su chupón y miró a cualquier dirección –Me gusta- Confesó vergonzosamente, los dos estaban sonrojados y un silencio incomodo los había invadido –Deberíamos ir a nuestro salón- Sugirió Haruka y Makoto simplemente asintió. Al entrar al salón, recibieron la noticia de que su maestro de historia no había asistido, así que quedarían con esas horas libres, la condición era que no podían salir. Se sentaron en sus respectivos puestos, disfrutando de la compañía del otro, Makoto jugaba con su bebé mientras que Haruka se entretenía mirando por la ventana.
-Ahora que lo pienso- La voz del chico orca, distrajo al delfín –De los siete días con cuatro horas, veintiséis minutos y catorce segundos que llevamos como novios- Haruka miró sorprendido al menor por llevar la cuenta exacta del tiempo que estaban juntos –Nunca me has dicho te amo.
-¿Para qué quieres que lo diga? Ya lo sabes- Desvió la mirada avergonzado.
-Porque no es lo mismo saberlo que escucharlo de la persona que amas- Explicaba el menor a lo que el más bajo resoplaba molesto –Vamos Haru, yo si te digo que te amo ¿Por qué tú no?
-Porque tú eres tú y yo soy yo- Volvió su vista a la ventana, ignorando el precioso puchero que estaba haciendo su novio.
-Por favor… Amor- Makoto frotó la cabeza en el hombro del pelinegro como un gato –Di que me amas.
-No me llames así- Lo regañó en un susurro –Y deja de actuar tan cariñoso frente a los demás- Haruka podía sentir las miradas curiosas de algunos de sus compañeros.
-Dejaré de hacerlo si me dices te amo- Negoció la orca, pero el delfín no quería tratos.
-No- Volvió a negar y esto estaba empezando a ponerse incómodo –Makoto ya no sigas.
-Entonces di que me amas- Susurró contra su oreja provocándole un escalofrío.
-De acuerdo- Suspiró resignado, se preguntaba por qué Makoto conseguía siempre lo que quería –Yo… Te…- Y como si el destino estuviera de parte de Haruka, el timbre anunciando la hora de almuerzo había llegado, ninguno de los dos se dio cuenta de lo rápido que pasaron las horas –Vamos a comer- Así, el pelinegro aprovechó su oportunidad para huir del menor.
En la hora de almuerzo, los cuatro muchachos hablaron de los distintos lugares que querían visitar, planeando todo, como Makoto no podía usar su mano para comer, Haruka se encargó de darle la comida en la boca, Nagisa se había ofrecido, pero el mayor de todos se lo negó rotundamente, eran muy pocas las veces que podía cuidar de Makoto, así que tenía que aprovechar. Siguieron hablando un poco más de las vacaciones antes de volver a clases, el chico orca no quería que llegara el momento de entregar a Aoi, se había encariñado tanto con ese bebé de mentira, que le costaba el separarse de él. Nagisa y Rei se despidieron del bebé, ya que no lo verían más, la hora de entregarlo había llegado, ahora sabrían si fueron los mejores padres o los peores, y dependiendo de este resultado, sus utópicas vacaciones, estarían a un solo paso de ellos.
Y aquí se encontraban, frente a la maestra Miho, a punto de entregar a su pequeño estorbo.
-No puedo creer esto- Makoto tenía los ojos llorosos –Mi Aoi-chan se va para siempre- Si podría llorar en ese momento, lo haría.
-Makoto ya entrégalo, no hagas la despedida más difícil- Decía Haruka tratando de mantener su rostro estoico.
-Nanase-kun… Tú eres el que tiene al niño- La maestra miró con ternura a ambos adolescentes.
-Sí… Lo siento- Miró al niño entre sus brazos, era hora de separarse de aquel bebé que en dos semanas, provocó un cambio total en sus vidas, le debían mucho a ese pequeño que ni siquiera era real, Gracias a él, estaban más unidos que nunca –Adiós… Estúpido bebé- Le dio una última sonrisa, al bebé que fue su hijo por dos semanas.
-Adiós Aoi-chan- El más alto estaba al borde de las lágrimas –Siempre estarás en mi corazón- Y con estas últimas palabras y miradas, se despidieron de su precioso Aoi.
-Muchachos- Amakata recibió al niño a la vez que le entregaba un pañuelo a Makoto –Supe todo lo ocurrido con el bebé, desde lo que pasó ayer hasta que tuvieron en la cárcel– Suspiró, Iwatobi no era grande, así que las cosas se sabían al instante –La verdad es que son los peores padres que he visto– Pudo ver a los dos adolescentes tensarse con sus palabras –Pero, consiguieron uno de los principales objetivos del proyecto, que era la unión– Les sonrió dulcemente –Trabajaron juntos, a pesar de las complicaciones, no se separaron… Y eso, los convierte en los mejores.
-Eso significa… ¿Qué aprobamos?- Preguntó Haruka con un destello en los ojos.
-Así es- Rio la profesora –Pueden irse chicos, disfruten de sus vacaciones.
Los dos adolescentes se miraron y se despidieron de su maestra, aun con ese sentimiento de tristeza por haberse separado de Aoi, pero ya iba a pasar, algún día tendrían a su propio Aoi real, lo sabían. El día finalizó con una promesa de ir a vacacionar todos juntos, y el camino de regreso a casa fue maravillosamente tranquilo, pasaron por la tienda donde siempre compraban la misma paleta de helado, Haruka la partió y le dio la mitad a su novio. El silencio que los acompañaba, los abandonó en cuanto los ladridos de cierto perro se escucharon.
-Hey- Makoto se giró a ver al animal que se acercaba a él.
-Parece que se encariño contigo- Decía Haruka mientras se unía a acariciar al canino.
-¿Eso crees?- Se quedaron jugando con el perro por un buen rato, hasta que este se cansó, se despidieron del nuevo amigo que tenían y continuaron con su camino hasta llegar a las escaleras.
-Makoto…
-¿Sí Haru?- Miró al precioso chico a su lado, aun no podía creer que tuviera la suerte de ser su novio.
-¿Tienes que irte hoy?- Makoto tomó el rostro de Haruka con ambas manos y lo besó.
-Puedo quedarme hasta el domingo- Haruka sonrió genuinamente y Makoto pensó que debía estar bendito al poder tener la oportunidad de tan magnifica vista. El pelinegro unió sus labios con los del menor nuevamente, en un beso dulce.
-Te amo… Makoto- Tachibana sólo sonrió, por fin había escuchado esas hermosas palabras salir de los labios de Nanase, frotó la punta de su nariz con la de su novio, y tomados de la mano, subieron la escalera.
Haruka no esperó nunca, que con la llegada de Aoi, también llegaría el romance a su vida, aunque no estaba preparado para tales magnitudes de cambio, lo aceptó, y realmente no se arrepentía de nada, porque la verdad para una persona acostumbrada a la monotonía, este cambio, era uno de los mejores que les podría haber pasado, y se sentía bien.
bien, eso es todo por mi parte. espero les haya gustado el final.
la verdad es que no soy buena para las despedidas, sólo les agradezco el que me hayan soportado todo este tiempo, gracias.
sobre el nombre de la novela, se llama High Speed! léanla, entenderán muchas cosas.
¿quieren una secuela? estoy pensando seriamente en hacer una!
bueno mis amores! es hora de que me vaya! sinceramente fue un gusto escribir para ustedes, espero volver a encontrarnos en otra historia.
Se despide su servidora.
Airi.
¡Gracias por leer!
