ADAPTACIÓN. Ni los personajes ni la historia me pertenece, está adaptado por Martasnix.

Capítulo 14

Sábado, 15 de septiembre.

Clarke encontró a Zoe divirtiendo a Reyes, Becca Pramheda y John Murphy con historias sobre sus gamberradas juveniles mientras tomaban café con cruasanes en el salón. Por suerte, estaban escuchando la versión para todos los públicos.

-Zoe -dijo Clarke en tono dulce cogiendo la cafetera-. Prefiero que no les expliques todas mis técnicas para burlar la vigilancia.

Los tres agentes del Servicio Secreto se rieron aunque Pramheda y Murphy se miraron disimuladamente. Clarke reparó en las miradas y comprendió que los agentes habían sido informados de su tendencia a escabullirse de sus protectores. Riéndose, le espetó a Reyes:

-Veo que los has instruido a fondo. -Reyes puso cara de póquer.

-Naturalmente. Es el procedimiento habitual.

-¿Dónde está Lexa? -inquirió Zoe.

-No tardará. Está ... -Clarke estaba a punto de decir «concertando una reunión con Blake» cuando se dio cuenta de que Lexa tal vez no quisiese desvelar el carácter de su investigación ante Reyes y los otros agentes del Servicio Secreto- hablando por teléfono.

-Toma -dijo Zoe ofreciéndole una taza de café-. ¿Por qué no se lo llevas? Quizá tarde un poco, y a estas alturas no le vendrá mal.

-Gracias -Clarke aceptó el café y se dirigió al pasillo, pero en ese preciso instante entró Lexa.

-¿Es para mí?

Clarke le tendió la taza.

-Cortesía de Zoe.

-Gracias -dijo Lexa antes de beber un sorbo. Se dirigió a Reyes-. ¿Podemos hablar un par de minutos, jefa?

Reyes se apresuró a dejar su taza a un lado y se levantó de un salto.

-Pues claro, comandante.

Fueron al otro extremo de la sala, hasta el balcón. Lexa habló en voz baja:

-Espero a una agente dentro de unos minutos; convendría que se lo comunicase al equipo. Luego, voy a ir a su apartamento para hablar con Blake y Davis. Supongo que Clarke querrá ir al loft lo antes posible.

-Los coches están esperando, y he llamado a dos agentes más del turno rotatorio -informó Reyes-. Estamos cubiertas.

-Preferiría que esperasen por mí, pero sé que Clarke no lo hará. Me reuniré con ustedes allí -Lexa miró a Clarke y la vio haciendo muy buenas migas con Becca Pramheda-. Revise el piso superior antes de que ella salga del coche, Reyes.

-Sí, señora.

-Y los ascensores ... Procure que Clarke sea la última en salir y que hay ... -Lexa se interrumpió bruscamente-. ¡Dios, lo siento!

Reyes no apartó los ojos del rostro de Lexa.

-Lo entiendo, comandante. Nunca está de más repasar los pormenores.

Lexa suspiró.

-Sé que conoce el trabajo, Reyes. Yo ... solo que ella es ..

-Sí, señora. Sé lo que es ella.

-¿Le ha hablado Blake de nuestra investigación? -preguntó Lexa deseando cambiar de tema.

-Pues ...

-No se preocupe, no plantea ningún problema. Ya se lo dije a ella. No hay forma de que montemos una operación de semejante magnitud sin que el equipo de seguridad de Clarke esté al tanto. Al fin y al cabo vamos a trabajar y seguramente a vivir muy cerca unos de otros en las próximas semanas, tal vez meses -señaló a Becca y a John con la cabeza-. No hay por qué contarles los detalles, pero lo esencial se sabrá. Debemos confiar en que el Departamento de Justicia haya examinado a fondo a los nuevos miembros del equipo aunque en la única persona en la que tengo fe ciega es en usted.

-Me ocuparé de eso, comandante.

Lexa dio un apretón en el hombro a Reyes.

-Gracias. Vendría bien que...

La radio de Reyes sonó, y la agente escuchó unos segundos.

-Revise la identificación -miró a Lexa-. Una agente pregunta por usted -Reyes escuchó de nuevo y arqueó las cejas-. De la CIA.

-Genial -murmuró Lexa. Los agentes de la CIA tenían fama de ser poco cooperativos. En los otros servicios nadie confiaba en ellos, y con motivo. Solo manifestaban lealtad a su propio director, no compartían información ... y la que compartían siempre resultaba sospechosa-. ¿Cómo se llama?

-McIntyre.

Lexa sacudió la cabeza. El nombre no le sonaba.

-¿Qué hacemos con ella, comandante?

-Que suba. A ver qué pinta tiene.

Reyes transmitió el mensaje y apagó la radio.

-Un poco raro, ¿no? -comentó Reyes-. La CIA no suele meterse en asuntos nacionales.

-Ahora todo está patas arriba. y, además -añadió Lexa sagazmente-, no tenemos idea de lo que saben de la situación y que tal vez nosotros ignoremos. A ver si podemos nadar entre dos aguas y averiguar tanto de ellos como creen que van a averiguar ellos de nosotros.

-Ese es un plan que respaldo.

Sonó el portero automático y Lexa dijo:

-Estaré en el Nido a las 8.30.

-Sí, señora. Hasta luego.

Lexa cruzó la sala mientras los demás seguían hablando y abrió la puerta. Sintió una especie de mareo, como si la habitación hubiese girado trescientos sesenta grados sin que ella se moviese del sitio. Su instinto natural se impuso enseguida e hizo acopio de una fría serenidad. Harper parecía distinta a como la había visto siempre. Estaba guapísima como de costumbre, vestida con un elegante traje ejecutivo de Prada y zapatos de tacón bajo de Ferragamo, y de sus ojos manaban los mismos destellos de compasión que tanto atraían a Lexa. Pero en aquel momento llevaba un arma sobre la cadera derecha aunque quien no fuese experto en detectar algo así no lo habría notado debido al excelente corte de la chaqueta. La esencia de acero que Harper poseía, como bien sabía Lexa, casi se palpaba. Se notaba en el porte de Harper y en el claro poder de su mirada. Transmitía la suprema confianza que algunos agentes tenían, pero que pocos merecían.

-Agente McIntyre-dijo Lexa sin inmutarse-. ¿Sigue siendo Harper?

-Sí, en efecto.

Lexa miró el reloj.

-Tenemos una reunión dentro de veinte minutos; así que, si no te importa, prefiero dejar las presentaciones para después. Aunque estoy segura de que ya conoces los nombres de todos.

Los ojos de Harper pasaron de Lexa a Zoe que, sentada en el sofá, se reía de algo que había dicho Clarke. En ese momento, Zoe volvió la cabeza y una nube de sorpresa veló su rostro cuando reparó en la presencia de Harper. Zoe se levantó y dio un par de pasos, pero la expresión de sorpresa enseguida se convirtió en incertidumbre.

-Solo necesito un minuto -dijo Harper sin apartar la vista de la cara de Zoe.

A Lexa no le hizo falta volverse para saber a quién miraba Harper.

-Voy a despedirme de Clarke.

-¿Harper? -preguntó Zoe con voz tensa.

-Solo dispongo de unos segundos -se apresuró a decir Harper-. Todo lo que te dije era cierto. Pero ...

-¿Qué estás haciendo aquí?

-Escucha, Zoe -Harper le rozó la mano tan sutilmente que podría haber sido una casualidad-. Antes no pude explicártelo todo. Soy una agente federal. Yo ...

La expresión de Zoe se borró como si una máscara cubriese su rostro.

-No importa. No quiero oírlo -se volvió bruscamente y, sin decir nada, pasó por delante de Lexa, que se dirigía a la puerta.

-¿Lista? -preguntó Lexa.

-Sí -Harper miró a Zoe hasta que desapareció al fondo del pasillo; entonces, clavó los ojos en Lexa sin el menor rastro de emoción-. Vamos.

Pasaron diez minutos en el coche hasta que al fin Lexa rompió el silencio.

-¿Por qué te han llamado ahora?

-Las prioridades han cambiado desde el martes -respondió Harper.

-Has estado retirada durante mucho tiempo, metida en la identidad de Chelsey. No entiendo cómo han neutralizado tu cobertura operativa tan a la ligera.

Harper dio la espalda a la puerta para mirar a Lexa, que conducía.

-No me explicaron las razones en detalle, Lexa. Pero todos sabemos lo importante que es la seguridad de Clarke -se fijó en que las manos de Lexa se aferraban al volante, pero continuó sin alterarse-. Conozco a los jugadores. y, aunque no lo creas, hay gente que piensa que puedo ser útil en este momento.

Lexa giró la cabeza y clavó una mirada fría en Harper antes de centrarse de nuevo en el tráfico.

-Claro, me conoces a mí, ¿no es cierto?

-Caíste en la red por accidente, Lexa. No eras un objetivo buscado.

Un músculo se tensó en la mandíbula de Lexa.

-Y se supone que no puedes decirme a quién debías espiar, ¿verdad? Cuando no te los tirabas, claro.

-Como sin duda sabes, mi trabajo es el contraespionaje, y Washington D.C. es un lugar excelente para averiguar en qué andan metidos nuestros amigos.

-Sí, es increíble las cosas que se descubren cuando fo ...

-Lexa, por favor, no -pidió Harper-. Contigo nunca fue eso.

Lexa no apartó la vista del camino.

-¿Pretendes convencerme de que nunca hiciste un informe sobre mí?

-No voy a mentirte...

Lexa se rió con amargura.

-Pero nunca hubo nada comprometedor en los informes.

-Supongo que informar a la CIA de que la jefa de seguridad de la primera hija frecuenta a las putas de la Colina del Capitolio no te parece comprometedor. ¡Dios! -tuvo que esforzarse para no rechinar los dientes-. Me sorprende que no me hayan puesto de patitas en la calle hace tiempo.

-Todo el mundo tiene secretos, Lexa. A veces los secretos son una valiosa moneda de cambio.

Lexa giró de pronto hacia la acera, frenó y se volvió para mirar a Harper.

-¿Hubo algo de verdad?

-Todas y cada una de las caricias -respondió Harper.

Lexa la miró a los ojos y vio en ellos dolor. Buscó en su propio corazón el origen de la ira que había sentido tras la incredulidad, al ver a Harper en la puerta aquella mañana. Nunca se había enamorado de ella, pero le importaba. Muchísimo. Y había permitido que Harper presenciase cosas que Lexa revelaba a muy poca gente, se había descubierto en sus momentos de mayor debilidad.

-¡Dios!

-Lo siento, Lexa. Pero no puedo disculparme por hacer mi trabajo aunque te haya hecho daño.

-De acuerdo -aceptó Lexa pensando que ella se había dicho lo mismo a sí misma más de una vez-. Vamos a trabajar juntas y, francamente, no me fío de ti.

-Lex...

-No me fío de ningún agente de la CIA. Por principio -Lexa se rió cuando los labios generosos de Harper esbozaron una sonrisa sincera-. Pero, por lo que a mí respecta, lo ocurrido entre nosotras es personal. No tiene nada que ver con este trabajo.

-Gracias -Harper acarició la muñeca de Lexa-. Nunca fuiste una misión, un trabajo, para mí.

Lexa giró la mano y estrechó la de Harper. Los dedos de ambas se entrelazaron mientras se miraban en un silencioso reconocimiento de lo que habían sido la una para la otra. Luego, se separaron y se acomodaron en sus respectivos asientos mientras Lexa ponía el coche en marcha.

-Agentes Blake, Davis, McIntyre -dijo Lexa presentándolos a medida que se iban sentando en la salita del apartamento de Reyes y Blake. Lexa se sentó en un extremo del sofá y cogió la taza de café que Blake había puesto frente a ella sobre la mesita de madera. Con gesto ausente, miró la pecera que estaba junto a la pared, en la que había una nueva tanda de pececillos bajo la superficie formando una vibrante nube plateada. De pronto, el apartamento desapareció de su vista, y se centró en Blake-. ¿Qué sabemos?

-Más bien qué no sabemos -corrigió Blake-. Hemos analizado las identificaciones de los cuatro comandos muertos, y la respuesta es que nadie sabe quiénes eran. Las huellas dactilares no han aparecido en nuestras bases de datos ni en las del Centro Nacional de Información sobre el Crimen.

-No me digáis que esos tipos no eran ex militares -repuso Lexa-. Habían sido entrenados profesionalmente.

-¿Interpol? -preguntó Harper.

Blake la miró fijamente. La había reconocido de una investigación anterior en la que unos cuantos agentes, muy próximos a Lexa y a Clarke, se habían enterado de la relación de Lexa con una mujer identificada como prostituta de lujo de Washington. Al parecer, se habían equivocado.

-Lo están comprobando.

-¿ADN? -preguntó Lexa a Indra.

Indra hizo un gesto negativo con la cabeza. -Aún no, pero Quantico espera tener los resultados dentro de veinticuatro horas.

Lexa no le preguntó a Indra cómo lo sabía y tampoco le interesaba. Lo único importante era acceder a toda la información disponible cuanto antes. Aunque debían facilitarle la información que necesitaba para realizar su investigación, si acudía a los canales habituales encontraría obstáculos a cada paso y tardaría semanas en averiguar lo que Indra descubriría en horas pirateando diversas bases de datos.

-Alguien sabe quiénes son esos tipos. Tenemos que enseñar sus caras a todas las posibles fuentes, tanto aquí como en el extranjero -Lexa miró a Harper, sentada a cierta distancia en un sillón tapizado que había conocido tiempos mejores-. ¿Algún lugar especial donde buscar?

-Nuestra mejor apuesta -respondió Harper con cautela- es Oriente Medio o Afganistán. La segunda apuesta Libia, aunque no creo que tengan los contactos necesarios para orquestar el ataque del martes.

-De acuerdo -dijo Indra-. Empezaremos por ahí.

-Mientras tanto -intervino Lexa-, si no averiguamos nada sobre los comandos, tendremos que centrarnos en Green. Quiero saber todo acerca de él desde el instante en que nació. Quiero los nombres de las personas con las que compartió alojamiento en la Academia, las mujeres u hombres con los que salió, los nombres de los agentes con los que trabajó en misiones anteriores, sus antiguos compañeros, sus viajes durante los últimos diez años. Quiero conocer todos los sitios en los que ha estado, saber todo lo que ha hecho, hasta el último detalle.

-Todos los miembros del equipo de asalto eran caucásicos -observó Harper-, por tanto deberíamos investigar las organizaciones paramilitares nacionales. Eso encaja en su perfil -miró a Blake-. Seguro que el FBI tiene una documentación considerable, pero también hay actividades de contrainteligencia de... otras organizaciones.

Indra sonrió.

-Echaré un vistazo.

-Estupendo. Empezaremos reuniendo los perfiles organizativos de todos los grupos paramilitares conocidos -informó Lexa-. Miembros, ubicación geográfica, recursos económicos, filiaciones políticas, publicaciones, propaganda... cualquier cosa que huela a reivindicación armada.

-¿Tenemos algo que vincule a esos tipos con el World Trade Center? -preguntó Blake dirigiéndose intencionadamente a Harper.

-No -respondió Harper sin inmutarse-. Por lo que sabemos, los secuestradores de los aviones eran terroristas extranjeros, y los hombres que atacaron a la señorita Griffin no -suspiró-. Y ninguno de los sucesos se pudo prevenir. Desde luego, no en el marco temporal presente.

-Necesitamos acceder a los expedientes de inteligencia que tenéis -dijo Lexa decidiendo que había llegado el momento de saber de qué lado estaba Harper-. ¿Puedes ayudarnos?

Harper dudó.

-Sí, en todo lo que esté en mis manos.

-Si abres la puerta -sugirió Indra-, yo...

El móvil de Lexa emitió una serie de pitidos agudos y entrecortados; lo desprendió del cinturón mientras se levantaba.

-Woods.

-Lexa -dijo Abigail Washburn con un tono urgente que Lexa nunca le había oído antes-. Se ha producido un incidente en el Nido. Hemos llamado a un equipo de materiales peligrosos y puesto el edificio en cuarentena.

Lexa no escuchó el resto del mensaje porque salió corriendo.