Disclaimer: Twilight es copyright de Stephenie Meyer. El uso de los personajes en la historia es sin fines de lucro y solo con el afán de entretener. Historia inspirada en la cinta Mientras Dormías.
Mentiras Piadosas
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Lirit Choiseul
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Pesadilla
Aquel que más posee, más miedo tiene de perderlo
-En verdad, no es necesario.
Edward sonrió y acaricio mi cuello. –Claro que lo es –Discrepo –Alice piensa secuestrarte este fin de semana, lo mas adecuado es que lleves contigo cosas que te sean indispensables.
Secuestro.
¡Una reverenda tontería!
Y pese a mis palabras aun me prestaría para aquello. Todo idea de la pequeña chica Cullen quien, en uno de sus comunes arrebatos, decidió que yo pasaría el fin de semana en esa casa; sin preguntarme, sin consultarme si yo tenia algún otro compromiso. No. Lo decidió tal cual y aunque intente discutir e imponerme por primera vez a la mujer de azabaches cabellos resulto caso perdido.
Edward había dicho el jueves por la noche que, la tarde del día siguiente, pasaría a recogerme a mi trabajo y de ahí me llevaría hasta su hogar, no sin antes dar una pequeña parada en mi departamento para poder recoger un par de cosas que seguramente necesitaría.
De mas esta decir lo infantil que me sentía con todo este asunto del secuestro.-tal y como Alice lo había nombrado- pues parecía, por la forma en que el hombre de mirar esmeralda se pegaba a mis espaldas, que fuese alguna especia de fugitiva de la ley y que escaparía en cuanto me perdiera de vista. Además, la idea de pasar todo el fin de semana en compañía de la chica también me ponía un poco triste.
Solo Alice y yo.
Sin Edward.
Por dos días completos.
Porque la enana ya se lo había advertido a él. No lo quería ni cinco metros cerca mió mientras yo me hospedara ahí y estuviera en su compañía; mucho menos en la misma habitación.
Desde el momento en que el chico de cabellos cobrizos confeso su amor por mi cree una especie de dependencia hacia su persona. Tenia que verlo, escucharle o tocarlo al menos una vez al día o la ansiedad que el no hacerlo me producía jamás se disipaba. Y a Edward le sucedía exactamente lo mismo. Él había comentado que yo era su marca personal de heroína cuando hablamos sobre el tema y yo le expresé la preocupación que sentía ante mi necesidad por él. No se preocupo por ello, argumentando que era porque nos amábamos que actuábamos de esa manera.
Era esa la razón por la que Alice objeto y decidido llevar acabo su plan.
-¡También es mi amiga, Edward!- Expuso aquel día en un lindo puchero -No permitiré que la acapares por completo.
Y ahora, me hallaba aquí; fuera de mi apartamento, con las llaves en mis manos y Edward a mis espaldas, a segundos de abrir la puerta y dejarle introducirse a mí mundo, ese que era antes de que él apareciera y lo llenara de vida. Estaba nerviosa. ¿Qué si lo que veía no era de su agrado? Su opinión era importante para mi, para que negarlo, y si mi hogar le desagradaba me lastimaría.
-¿Estas bien?
Salí de mis cavilaciones cuando le escuche. Gire mi cabeza y al echarle un vistazo fugaz comprendí que había notando mi titubeo. Dándome valor y tomando aire introduje la llave en la cerradura y lenta, muy lentamente, le di vuelta. Al escuchar el ruido tan característico de un seguro al abrirse le di un tirón y empuje la puerta.
-Adelante- Dije de inmediato invitándolo a pasar, acompañando mis palabras con un movimiento de mi mano.
-Las damas primero- Sonrió y caballerosamente coloco su mano en mi espalda para guiarme.
Le deje hacerlo, pese a que pensara que era un movimiento un tanto extraño, considerando que nadie conocía mi hogar mejor que yo. Cerro la puerta después de entrar y yo me quede parada justo ahí, demasiado cobarde para mirar su reacción a mi casa y demasiado nerviosa para dar un paso y arriesgarme a que mis piernas fallasen y terminara en el suelo.
De repente sentí su pecho pegado a mi espalda y me tense sin quererlo. Rodeo mi cuerpo con sus manos mientras yo me recargaba sobre su cuerpo. Sentí sus labios en mi cabello y el como soltaba el aliento sobre este me hizo sonreír.
-Tiene estilo- Dijo de repente.- Me gusta. ¿Lo has decorado tú?
-Pues no-conteste acariciándole los brazos- Ya estaba así cuando lo rentamos, solo son nuestras cosas las que adornan los estantes.
-¿Nuestras?
-De mi amiga y mías. Te comente que vivamos juntas, ¿Recuerdas?
-Vagamente.-susurro- Vamos, tomemos tus cosas para que te lleve a casa, a menos que desees que Alice me desgarre la garganta.
-Eres tan tonto- Exprese sobre su intento de bromear.
-¿Bella?-Interrumpió una voz femenina la contestación sarcástica que seguramente me daría -¿Eres tu?
-¡Si!- Conteste caminando más al interior, llevándole conmigo ya que aun no lo liberaba.
-Oh, amiga, lo siento –Dijo Angela saliendo de su habitación con una mochila en sus manos, intentando cerrarla –Mamá ha hablado para pedirme ayuda con mis hermanos y no pude…
Guardo silencio y se congelo en su lugar, con una mano sosteniendo una mochila, la otra perdiéndose dentro y la mirada al frente, hacia mi pero sin concentrarse en mi persona; más bien, miraba a la pared.
Recordé entonces al hombre que sujetaba mi cintura y entendí que él era lo que mi amiga miraba.
Angela había sido presa del encanto Cullen, el cual te obligaba a mirar fijamente para comprobar que eran reales.
Carraspee, ganando la atención de la chica –Angela, te presento a Edward Cullen- Dije formal mientras me liberaba de la prisión de sus manos y me colocaba a un lado –Edward, ella es Angela Weber.
El hombre de ojos esmeralda sonrió torcidamente y, dando un paso adelante, estiro su mano con amabilidad –Un verdadero placer conocerte, Angela –Cordial comento –Bella ha hablado mucho sobre ti.
-El placer es mió –Acepto el apretón de manos y devolvió la sonrisa.
Comprendí la sorpresa de Angela al verle. Claro que ella le conocía, pues lo había observado con anterioridad; pero por supuesto el imponente hombre a mi costado no tenia punto de comparación con el malherido e inconsciente Edward Cullen que ella tuvo la desgracia de observar.
-¿Me decías algo sobre tu madre? –Pregunte en relación a las palabras antes dichas.
-Oh, si –Recordó, cerrando su mochila.-Me ha llamado hace media hora; mi padre y ella saldrían esta noche y la niñera les ha cancelado, por lo que me ha pedido mi ayuda para cuidar a mi pequeño hermano. –Explico –Siento que esto sea tan repentino, ¿no habrá problema contigo, el quedarte sola?
-Realmente no –Conteste –Me quedare en casa de los Cullen este fin de semana, te lo comente ayer mientras desayunábamos, ¿Recuerdas?
-Claro –Declaro –Lo había olvidado.-Coloco su mochila al hombro y camino hasta la puerta –Diviértete mucho, ¿Esta bien?
Asentí –Saluda a tu familia de mi parte- Dije despidiéndola con mi mano.
-Cuenta con ello. –Miro entonces al hombre a mi costado –Fue un placer conocerte Edward Cullen, disculpa mi precipitada salida.
-El placer es mió, Angela- Contesto amable –Y quédate tranquila, estoy seguro que nos volveremos a ver.
Angela sonrió rápidamente antes de mirarme con disimulo y abandonar el apartamento. Al quedarnos solos el silencio recayó. Me zafe de su agarre y camine a la habitación.
-Ponte cómodo- Invite mirando al sofá. –Solo tomare un par de cosas y podremos marcharnos.
Gire sobre mis talones y con presurosos pasos llegue al cuarto. Tome una vieja mochila que se hallaba abandonada en la esquina mas próxima a la puerta y aun sin detenerme y abriendo el cierre continué mi camino hacia el closet. De ahí tome un pantalón de mezclilla y dos pares de camisetas –que intuía llevaba en vano, pues Alice gustaba de ir de compras tanto como yo de leer.- De ahí me dirigí a la cómoda, donde un par de ropa interior se unió a la otra ropa ya guardada en mi mochila. Camine ahora hacia el baño, mi cepillo de dientes, un peine y una pequeña liga para sujetar mi cabello no me podían faltar.
Saliendo de esta habitación y entrando nuevamente en la mía me lleve el susto de mi vida. Ahora no estaba completamente sola, si no que Edward, al parecer, se había cansado de esperar y se hallaba cómodamente recostado sobre mi cama, con las manos tras la cabeza y los ojos inspeccionando cada pequeño rincón del lugar.
Surrealista era aquella escena. Edward Cullen desentonaba completamente en aquel cuarto. Parecía una mala locación donde se le obliga a entrar al guapo y deslumbrante actor; porque, era de admitirse, él era más hermoso que toda la decoración. El pensamiento de si, verdaderamente, también desentonaba así yo con él llego a mi cabeza y la respuesta fue afirmativa e inmediata.
Sacudí la cabeza, deshaciéndome un poco de la tristeza que llego a mí con solo pensar eso. –He has dado un susto de muerte- Comente bromeando para calmar mis negativos pensamientos.
-Disculpa- Ofreció de inmediato incorporándose y quedando ahora sentado, con la mitad del cuerpo doblada hacia delante. –No era mi intención.
Negué con la cabeza y cerré la mochila colgándomela al hombro. –Tranquilo- Calme –No pasa nada. Aunque podías haber esperado en la sala -ya… casi… terminaba… y…
La ultima frase salio entrecortada de mis labios, pues Edward, en movimiento felino y lento, se levanto de la cama y camino en mi dirección. Me tomo de la cintura y me atrajo a su cuerpo, tocando nuestros pechos. Mis manos, rápidas se colocaron en sus brazos y le apreté con cariño. Acerco su rostro al mió, y deposito un tierno beso en mi mejilla.
-¿Qué estas haciendo? –Inquirí curiosa cuando su rostro se escondió tras mis cabellos.
-Me puse a pensar… -comenzó –Que la mayoría de los recuerdos que compartimos se hallan bajo las paredes de mi casa.
Asentí, completamente de acuerdo en sus palabras.
-Así que- Prosiguió -¿Por qué no crear recuerdos nuestros también aquí?
Alce mis brazos y le rodee el cuello con ellos, apretándole con dulzura y sonriendo con suma felicidad. Era de las cosas mas lindas que se me había dicho en la vida
Edward quería formar recuerdos conmigo… aquí
No había manera de describir mi euforia ante aquel simple gesto. Era como si mi corazón se hubiese llenado de algo calido, expandiéndose lentamente a través de mis venas por todo mi cuerpo, llenando por completo de la sensación.
Su mano se elevo por los costados de mi cuerpo hasta llegar a mis brazos, los cuales, con caricias de terciopelo, ascendió hasta llegar a mis manos, entrelazando los dedos y deshaciendo mi agarre. Las llevo a sus labios, deposito un cortes beso en los nudillos y sonriéndome, me tomo de la mano. Agacho su cuerpo para tomar la mochila que yo en mi momento de alegría había dejado caer y caminamos fuera.
Cerré la puerta del departamento cuando salimos de este, luego tome de nueva cuenta la mano que se me ofrecía. Bajamos las escaleras aun sin soltarnos, él con mis cosas al hombro y yo con las mejillas coloreadas de carmín. Ambos con sonrisas en los rostros. Caballerosamente abrió la puerta del copiloto para mi y yo le agradecí quedamente.
Mientras conducía en dirección a su hogar nuestras manos jamás se separaron; permanecían unidas sobre la palanca de velocidades, las sonrisas también perduraron y no hicieron falta las palabras para expresar nuestros sentimientos. Era una de las cosas que mas me agradaba de mi relación con Edward, el no necesitar decir lo que pensábamos para que el otro lo supiera; era una especie de conexión la que compartíamos.
Una ansiedad repentina invadió mi cuerpo en cuanto detuvo el andar del auto. Le apago y yo, sin darle tiempo a reaccionar, gire hacia él y me quede observándole fijamente. Las mejillas se tiñeron de carmín y la mirada se detuvo en mis piernas, mirándole de vez en cuando entre las pestañas.
-¿Qué pasa? –Pregunto extrañado también con los ojos fijos en mí
Moví la cabeza de un lado al otro –No es nada –Inhale para infundirme valor. –Solo… yo… ¿Podrías… besarme?
Sonrió torcidamente y, tomándome de la nuca, acerco su rostro al mió. Inmediatamente cerré los ojos y aspire su encandílante aroma, a miel y flores, embriagante y placentero, tal como él. Sus dulces labios se juntaron a los míos en intima caricia a la vez que mis manos se adueñaban de sus cabellos y tironeaban de ellos intentando evitar cualquier separación. .
Era abrumadora la manera en que mi pecho rebosaba de amor hacia su persona. También era preocupante la sensación de vació que comencé a experimentar y exagerada mi forma de intentar retenerle. Pero más que claro estaba ya que no podía seguir con mi vida sin su presencia.
Al separarnos escondí mi rostro en su pecho. Y aferre mis manos a su camiseta, tratando de abandonar el mal presentimiento que tenia. Al parecer el leyó mis acciones –tal como siempre lo hacia- pues acaricio mi cabeza con terneza.
-Calma –Dijo con suave voz –No se que es lo que te sucede, pero no tienes que preocuparte –Sentí sus labios en mis cabellos -Yo estoy aquí, estoy contigo.
-Lo se –Pronuncie con voz contenida. –Te quiero.
-Ahora tú eres mi vida.
¿Por qué esa frase no lograba tranquilizarme?
Salimos del automóvil y tomándome de la mano continuamos nuestro camino; pasos eran los que nos separaban de la entrada y con cada pequeño avance mi convicción de intentar mantenerme tranquila flaqueaba. Di un rápido respiro a la par que mentalmente me repetía que todo estaría bien. Edward abrió la puerta, dejándome entrar primero.
-¡Bella!- Grito Alice arrojándose sobre mí apenas con un pie en el recibidor. Logre estabilizarme justo antes de que ambas cayésemos al suelo -¡Que alegría me da tenerte aquí!
-Alice- Exclame devolviéndole en abrazo. –Sabias ya que yo vendría, no entiendo entonces porque te alegras tanto.
-Por que al fin te tendré solo para mí. – remarco las palabras, y mientras las pronunciaba miraba sobre mi hombro.
Edward rió –Eso va dirigido para mí, ¿O me equivoco?
–Exactamente, va dirigido para ti, Edward Cullen. –Exclamo con los ojos entrecerrados. –Así que más vale que vayas desapareciendo, pues no permitiré que te la robes.
Tomándome de la mano subimos a su habitación, seguidos de cerca por el chico de ojos esmeralda. Alice abrió la puerta con entusiasmo y me soltó. Giro sobre sus propios pies y sonrió deslumbrante al hombre.
-Puedes dejar sus cosas ahí- Dijo señalando una silla puesta frente al tocador. –Y luego te vas. No debes interrumpirnos, Edward- Aclaro –Prometiste que este fin de semana seria solo para mi.
Asintió, sin borrar su socarrona sonrisa antes de esquivar el diminuto cuerpo de su hermana –no, prima- y acercarse a mí. Me tomo por los hombros y los apretó suavemente. Beso mi frente y dio una lenta caricia a toda mi espalda. Soltándome despacio, dejo la mochila en el lugar indicado y volteo una ultima vez para mirarme, dedicándome esa torcida sonrisa que desbocaba mi corazón antes de que la pequeña mujer se desesperara y terminara empujándolo fuera del cuarto.
-¡Diviértanse! –Escuche su voz gritar antes de que la puerta fuese cerrada.
-¡Al fin! Alice recargando su diminuta figura sobre la puerta y soltando un suspiro exagerado, que movió graciosamente sus hombros. –Creí que nunca lograría quitárnoslo de encima
-No digas esas cosas- Regañe riendo –Pensé que querías a Edward.
Hizo un sonido desdeñoso con los labios –Por supuesto que lo quiero, pero es no significa que desee tenerlo pegado a mi todo el día
Salto hacia su cama, donde yo tome asiento momentos antes y rodó hasta que su cara quedo cerca de mis rodillas. Alzándola la recargo en mi regazo y sonrió brillante, correspondí feliz.
-Extrañe esto, ¿Sabes? –Dijo tomando mi mano y doblando una y otra vez mis dedos –Momentos femeninos. Solíamos tenerlos todo el tiempo antes de que en San Valentín algo extraño les pasara y él decidiera convertirse en tu sombra.
Reí y me sonrojé a la vez.
-Te has puesto colorada- Expreso entrecerrando los ojos
-¿Lo he hecho?
-¡Bah!- Arrojo mi mano a su costado y se cruzo de brazos.- ¡Al diablo con la sutileza!-Grito -Me dirás lo que paso, ¿Cierto?
-Alice- Susurre mirando hacia el techo –La curiosidad fue lo que mato al gato, ¿Recuerdas?
-Entonces murió felizmente –Contraataco –Vamos Bells- Animo –No debe haber secretos entre nosotras.
-Embustera –Dije mirándola envenenadamente.
-Por favor.
-Ehh… -Tartamudee, despeje mi garganta y, en un quedo susurro pronuncie –.Edward dijo que me amaba.
-¡¿Qué?!-Dijo alterada levantándose de mis piernas y viéndome a los ojos con seriedad –Repite lo que has dicho.
… dijo que… me amaba
El shock en su mirada era digno de recordar, al igual que el hecho de que, por primera vez en el tiempo que llevaba de conocerla, Alice Cullen se había quedado sin palabras. Me observaba con los ojos bien abiertos, la boca entreabierta y la posición agarrotada. Preocupada por su falta de reaccion pase mi mano frente de sus ojos repetidas ocasiones.
-¿Alice?- Llame tímida -¿Estas bien?
Parpadeo, y una enorme, la más enorme que se hubiese dibujado sus labios adorno su lindo rostro de facciones parecidas a un dulce duendecillo. Arrojo sus manos en mi cuello y, junto con el peso de su cuerpo que dejo caer sobre mí, nos fuimos de espaldas encima de la cama. Tome su cintura en lo que fue un intento de aferrarme a algo y evitar una caída –intento más que inútil, si se puede decir-
-¡Oh, Bella!- Exclamo encantada sin quitárseme de encima -¡Lo logramos, Bella!
-¿Logramos? –Pregunte con duda -¿Qué logramos?
-Bueno, Tu lo lograste –Corrigió -¡Estoy tan feliz!
-Oye…
-¡Lo lograste! –Repitió con alegría –Pudiste sacar de su coraza a Edward ¡Sabia que podrías hacerlo!
-Tranquila. –Pedí levantando mis manos. –Solo es un pequeño avance, Alice –Expliqué –No puedo dar la batalla por ganada todavía, pero…
-¿Pero, qué?
-Me he dado cuenta… que soy lo suficientemente egoísta para hacer que tu hermano se quede a mi lado.
-Bella, no eres egoísta –Recargo su cabeza contra mi hombro –Querer que la persona a la que mas se ama este a tu lado no es ser egoísta. Solo estas enamorada.
-Es una excusa, Alice –Dije amargamente –Eso solo excusa mi comportamiento.
-De ser así entonces también yo soy egoísta –Replico –Porque deseo a Jasper a mi lado, quiero que tú estés al lado de Edward. –Sonrió melancólica –Quiero que permanezcas como un integrante mas de esta familia durante mucho tiempo mas.
-Alice…
-Ahora, atrás la tristeza, ¿Si? –Pidió acariciando mis brazos fraternalmente –Ven, levántate, quiero mostrarte algo que te alegrara. –Movió un dedo frente a su rostro -¡Pero sonríe, anda! No más caras largas durante este fin de semana. Es mas, no más rostros melancólicos durante lo que resta de tu vida, ¿Vale?
Reí –Eres única. –Tome su mano y le apreté cariñosa –Muchas gracias, pequeña hermana.
Era la primera ocasión que le llamaba por ese cariñoso apodo. Pero era algo que yo llevaba pensando desde hacia ya un tiempo. A esta linda jovencita ya le consideraba mi hermana; traviesa, confidente, juguetona, alegre y bonita, tal como me imagine alguna vez que seria una consanguínea si es que la tuviera –Y yo solía pensar en la mayoría de las ocasiones que se trataría de un hermano mayor. -
-Muchas Gracias- susurro emotiva, apretando mi mano –Pero vamos, ponte de pie, que esto no puede esperar.
Tomo mi mochila y abrió con rapidez la puerta de su habitación. Viéndome arrastrada por ella le seguí por el corredor unas tres puertas más lejos de la suya antes de que detuviera su caminar. Impaciente me observaba cuando yo fije mi visión en ella, con una ceja levantada interrogantemente.
-¡Adelante! –Grito saltando sobre si misma -¡Ábrela!
Tome con cuidado el pomo de la puerta, y le gire con delicadeza. Empuje cuando esta cedió y jadee al mirar dentro. Una habitación sencilla, pero hermosa. Elegante, pero casual fue lo que me halle en el interior del cuarto. Con una cama en el medio de todo, cubierto por un edredón color azul, y un enorme librero en la esquina derecha, donde reposaban cantidad de libros impresionante, lo más destacado sin duda, pero los pequeños detalles aun eran importantes. Entre con pasos trémulos aun con los ojos inspeccionando cada pequeño espacio del lugar.
El cuarto de ensueño para alguien como yo.
-¿Te gusta? .Cuestiono Alice, aunque la respuesta era mas que obvia en mi rostro
-Claro –Musite aun mirando el rededor –Es muy linda.
-Es tuya.
-Es m… ¡¿Es que?! –Grite cuando las palabras que acababa de decir se registraron en mi cabeza. -¡No es posible!
-¿Por qué no? –Pregunto en tono inocente –Acabas de decirme que si te gustaba.
-Y es cierto –Acepte –Pero no puedes volverla mi habitación. No puedes darme una. ¡Te has excedido!
-Bella, pasas la mitad de tu tiempo aquí –Argumento –No me malinterpretes, nos encanta tenerte aquí, pero te sentirás mas cómoda teniendo tu propio espacio.
-Pero…
-Sin excusas –corto –Disfrutamos mucho haciéndolo; además –Fingió un pechero –Esme se pondría muy triste si supiera que le rechazas.
-Tramposa –Acuse y le saque la lengua.
-Oh, vamos –dijo feliz al saberse ganadora. –Te ha gustado, pasar el día aquí no te será tan difícil. Y esta cerca de la habitación de Edward, solo subes las escaleras y listo. –Rió –No puedes tenerlo mas accesible a menos que duermas con él.
Me sonroje por sus insinuaciones. –Calla –Mande y me senté en la cama. Era muy cómoda. –Oye, Alice…
-¿Si, Bella?
-¿Qué es lo que esta haciendo Edward? –Pregunte con pena –Solo, por curiosidad.
-Lo mas probable es que este con Tanya –Contesto encogiendo los hombros –Aun debe arreglar algunas cosas sobre… -Cerro la boca repentina –Sobre un asunto.
-¿Será acaso que el asunto… –Dije en susurros, con el cabello cubriendo mi rostro. –Sea su beca en Italia?
Rápidamente su cabeza giro en dirección mía, con los ojos bien abiertos y las cejas fruncidas -¿Cómo sabes tu lo de Italia?
-Tanya me lo dijo –Confesé. -¿Por qué no quiere contármelo? –Solté la pregunta al aire; esa que me atormentaba desde que la mujer de cabellos color fresa me había dado aquella información.
-No es que no lo quiera, Bella –Afirmo Alice acercándoseme –Es solo que intenta no preocuparte.
-¿Es que no ha pensado que me preocupa mas el que no me lo diga?
-Aun no lo ha decidido –Defendió –El pobre de Edward esta demasiado confundido en estos momentos. Sabe que posee una beca, y que es importante, pero no tiene idea de cómo la obtuvo o porque se la otorgaron. –Miro sus manos –Y además estas tú.
-¿Yo?
-Así es –Dijo moviendo la cabeza de manera afirmativa –Edward también esta pensando en ti al tomar la decisión. Sabe que ahora tu formas parte de su vida y es otra de las razones por las que pretende meditar con calma el asunto antes de decidirlo.
-Pero, ¿Qué pinto yo en todo esto? –Pregunte confundida –No veo porque tengo que entrometerme en el asunto.
-Te lo he dicho ya –Cansina repitió –Edward te quiere demasiado como para dejarte ir; eso tu lo sabes mejor que yo –Sonrió picara antes de proseguir – Tanya, ni ninguno de nosotros quiere que se marche, no después de tanto tiempo separados de su lado y mucho menos ahora que es el Edward al que todos amamos, el de antaño. Tanya sabe que eres su razón principal para quedarse y por eso te lo dijo.
-No –Negué inmediatamente –Yo no dejare que el arruine su futuro por culpa mía. – Cubrí mis ojos con mis manos –No soportaría saber que desperdicio una gran oportunidad por algo tan insignificante como yo.
Y es que simplemente no era posible que yo lo permitiera. Cada vez que se hablaba mas del asunto mas me convencía que Edward tenia que ir. Lo anhelaría a mi lado cada segundo que pasaba, eso no se dudaba, pero jamás me perdonaría el saber que por culpa mía su sueño no se completaría.
-Jamás repitas eso de nuevo –amenazante dijo –No eres insignificante, por supuesto que no. Eres lo más importante en la vida de mi hermano y mi mejor amiga; valiosa para muchas personas. No lo olvides, por favor.
Avergonzada le regale una sonrisa. Con la mirada le pedí que dejásemos el tema; no quería seguir hablando sobre eso; las despedidas, los problemas, los conflictos y tristezas debían ser dejados atrás, al menos por estas horas. Entendió perfectamente mi mensaje y me llevo hasta el guardarropa, y por primera vez no me importo, pues quería un momento de solo alegría.
Aun no estaba lista para que la burbuja fuera reventada con la filosa punta de la realidad.
~ * ~
Y estaba aquí de nuevo.
Forks.
Nunca fue de su agrado. No después de lo que aquí vivió. El estupido pueblo donde ocurrió el estupido recital donde su infantil actitud le había arrebatado a las personas mas importantes de su vida.
Hizo una mueca e ignoro a la azafata que con demasiada amabilidad le agradecía haber volado con esa aerolínea y le deseaba una agradable estadía.
Como si pudiera serlo.
Camino hacia su equipaje y una vez localizado le tomo. Salio del aeropuerto en Seattle, y decidió tomar un taxi que le llevara hasta Forks; le saldría un poco caro y aunque no lo valía, estaba dispuesto a pagarlo. Quería llegar a casa, saludar rápidamente, darles aquella sorpresa que les tenía preparada y después marcharse. No pensaba durar en ese lugar más de dos días cuando mucho.
Y tenia a alguien esperando por él.
Tanya.
Su querida amiga Tanya.
¿Fue acaso correcto el hacerle esa promesa?
No estaba seguro de cumplirla; aunque para el plazo que ella estableció faltaba muy poco, después de todo él ya se hallaba en Forks y ella llegaría en breve. Esperaba solamente el que continuara en ese lugar para las fechas en que ella tenia pensado regresar. Pero estaba preocupado y no podía negarlo. Siempre dudo acerca de lo que sentía por ella, sin embargo le pareció correcta la declaración, pues era a la mujer –fuera de su familia- que mas estimaba y quien más le importaba.
Aunque se hubiera equivocado diciéndole que la quería ya de nada importaba.
Los pensamientos se interrumpieron cuando el conductor del taxi le informo que el destino había sido alcanzado. Saco el suficiente dinero para cubrir el costo del largo viaje y dándole las gracias bajo del automóvil. Miro con melancolía la casa en donde había crecido y vivido tantas cosas antes de sacudir la cabeza y entrar.
-¿Hola?- Pregunto al aire, fuertemente para ser escuchado -¿Esme? ¿Carlisle?
No había nadie en casa. Suspiro y cargando la maleta subió las escaleras hasta la que recordaba era su habitación. Al abrirla, el sentimentalismo no tardo en hacer aparición llenado el ambiente de su inconfundible sentir. Y es que todo continuaba tal y como había sido dejado. Los libros y los discos en el mismo orden, el escritorio aun con algunos papeles; el ventanal iluminándolo todo.
Por un momento pensó que Alice cambiaria de habitación tal y como lo había hecho antes mientras él no estaba.
Dejo las cosas sobre la cama, abrió la maleta y saco un nuevo conjunto de ropa. Pantalones de mezclilla y una polera gris; simple y cómodo. Camino hasta el baño y se dispuso a ducharse. El agua calmo los tensos músculos y relajo su cuerpo en sobremanera. Necesario y reconfortante luego de horas de vuelo y luego por carretera. Salio del baño con una toalla secando el rebelde cabello y se asomo por el ventanal.
Aun le maravillaba ese hermoso paisaje del cual era testigo. Bello regalo que no merecía y que obtuvo cuando solo intentaba fastidiar a su pequeña hermanita –figuradamente, claro- . Bien dicen que las cosas que menos buscamos son las que mas se nos dan. Edward usualmente se recargaba en esa ventana, y observaba los atardeceres de cada día. A veces acompañado, la mayoría de las ocasiones completamente solo.
Aunque la soledad no le molestaba en lo absoluto.
Descendió las escaleras y tomo rumbo a la cochera, no sin antes claro hacer una mueca de desagrado en dirección al piano de cola que continuaba a un costado. No entendía la razón por la que Esme no le permitía deshacerse del instrumento por más que lo intentaba. Se coloco correctamente la chaqueta que llevaba en mano desde que bajo de las escaleras y con una diminuta sonrisa miro los vehículos de su familia.
Ahí estaba.
Entre el Jeep de Emmett y su lujoso y favorito Aston Martin. Un Volvo color plata, el auto que acostumbraba usar, uno muy preciado para él. El primero que condujo regalo de Carlisle y Esme. Era más su valor sentimental que su costo comercial. Abrió la puerta y se introdujo en el, coloco la llave en la ranura y le dio una vuelta; el rugir del motor al encenderse le emociono tanto como la primera vez que lo hizo.
Extrañaba ese vehiculo.
Decidido a no aburrirse mientras llegaban los otros se dispuso a dar una vuelta por toda la ciudad; era pequeña, claro, pero le entretendría aunque fuera unos minutos, quizás una hora o dos; era todo lo que pedía. Pasó por su antigua secundaria, la jefatura de policía y la tienda deportiva de los Newton y comprobó su hipótesis.
Forks era un pueblo que no avanzaba.
Cuando la oscuridad era mucha y volvió a pasar por tercera ocasión frente a la secundaria decidió que era momento de volver a casa. Dio la vuelta a una calle y condujo. Lo que le agradaba de los días lluviosos en aquel pueblo era que nadie salía de casa, por lo cual él podía manejar a una considerable velocidad –tal vez a cien o ciento veinte- sin preocuparse por los demás automóviles o los descuidados peatones.
Y hablando de personas descuidadas…
Una mujer iba mirando hacia el suelo mientras cruzaba la calle. Era estupido pues no volteo siquiera a mirar en ambas direcciones antes de andar. ¿Es que nunca le enseñaron eso cuando niña? Decidió evitarse inconvenientes y toco el claxon para que se percatara de su presencia y apresurara el paso antes de que el llegase –para lo cual no faltaba mucho.
Pero aquella chica era tonta.
Se detuvo en medio de la avenida y miro a sus espaldas. Edward noto que movía la cabeza para luego emprender paso de regreso. Pensando en que no tardaría en volver por el camino andado él no disminuyo la velocidad. No seria necesario.
O eso pensó hasta que le vio tropezar.
Era demasiado tarde ahora para desacelerar y Edward lo sabía; por eso volvió a tocar con insistencia el claxon, para que al menos ella hiciese un esfuerzo y se quitara de su camino. Para la mujer seria mucho más fácil que para él. Entonces el rostro femenino volteo a mirar en su dirección y el espanto se dibujo en sus facciones. Y solo cerró los ojos.
La vida de la muchacha ahora solo dependía de él e hizo lo único que podía hacer.
A tan solo unos escasos metros de ella giro el volante hacia la derecha. Las llantas derraparon provocando un chirrido ensordecedor y el costado golpeo contra la pared de un local. Tal era la velocidad con la que manejaba que el auto dio un giro competo, golpeando el techo y su cabeza con este.
Para cuando el auto regreso a su posición original, él ya estaba inconsciente.
Solo esperaba que la chica se hubiese salvado.
~ * ~
La noche llego con rapidez. Como pude me deshice de Alice para poder dormir un poco y en paz. Cambie mi ropa por la que lleve conmigo para pasar la noche y me metí en la cama. No tarde mucho en conciliar el sueño, pues estaba demasiado cansada del intenso día.
Pero el gusto de dormir tranquila no me duro mucho.
Las luces de la que ahora era mi habitación se encendieron de pronto en la mitad de la noche, provocando malestar en mis adormilados ojos. Gemí y me hice un ovillo sobre el colchón. Con pereza levante mi cabeza y frote mis ojos sin abrirlos todavía.
-Vete, Alice- balbuce- Es de madrugada. Vuelve a dormir.
No contesto, y al no sentirla saltar sobre mi cama tal como era su costumbre cada vez que me quedaba dormida y se me llevaba a la habitación de Edward para lograr despertarme, abrí mis ojos.
-Edward- murmure. Mirando al hermoso hombre dueño de mi corazón parado en la entrada.
Soltó el picaporte con ágil movimiento y camino hacia mí. Pude notar el fruncir de su ceño aun cuando yo no me hallaba completamente conciente. Su caminar era lento, y no tan ágil como usualmente lo era. Me senté en mi cama, mirándole fijamente ahora completamente consciente, causa de la sorpresa de mirarlo en mi habitación a la mitad de la noche. Taciturno se sentó en mi cama, a un costado mió y solo me observo.
-¿Edward? –Le llame, estirando mi mano y colocándola suavemente sobre la suya -¿Esta todo bien?
No recibí respuesta. En cambio sus brazos me rodearon con rapidez y me estrecharon contra su pecho. Jadee con el movimiento pues fue demasiado brusco y repentino. No comprendí su comportamiento, y comenzaba a preocuparme en serio.
-¿Qué pasa? –Pregunte intentando que me dijera la razón de su malestar.
-Por favor- murmuro – Necesito saber que estas a salvo. –Y con voz quebrada termino –Dime que te encuentras bien.
¿Qué?
Ahora estaba más pérdida que en el principio. ¿Si me encontraba bien? ¿A que venia eso? El miedo era irracional en este hombre que se aferraba a mí como si en eso se le fuera la vida. Aun así, decidí calmarle, pues su dolor era también el mió y el verlo de esa manera me desconcertaba.
Alce mis brazos y le rodee la espalda con ellos. Mi cabeza se recargo en su hombro y dulcemente le hable al oído. –Estoy bien- Acaricie su cabello –Edward, estoy bien. Te lo juro.
-No puedo perderte, Bella- murmuro aun sin soltarme siquiera un poco –No puedo. No lo soportaría.
-Estoy aquí –asegure besándole la oreja –Y no me alejare de tu lado, mi amor.
Edward aprisionó mis labios en un beso desesperado. Diferente a todos los que antes nos habíamos regalado, pues este si contenía amor, pero el sentimiento de querer asegurar algo y la desesperanza predominaban sobre cualquier otro. Cuando me libero y vi el miedo reflejado en sus ojos tome inmediatamente una decisión.
Tomando su mano le hale hacia mi; me moví haciendo un espacio en la cama y levante el edredón dándole a entender, implícitamente, que durmiera conmigo, para mantenernos a ambos tranquilos. Sin pensárselo demasiado se metió bajo las sabanas y me abrazo por la cintura, yo recargue mi cabeza en su pecho y cerré los ojos dispuesta a volver a dormir aun con la duda rondando mi cabeza.
¿Qué era lo que le había puesto así?
~ * ~
Esa mañana desperté con contrariados sentimientos.
Por un lado estaba la felicidad de encontrarme entre sus brazos, el saber que me sostuvo durante toda la noche me provoco una satisfacción enorme, como flotar dentro de una burbuja formada solo de absoluta dicha; y por el otro aun continuaba la preocupación y curiosidad por lo que había sucedido en la madrugada. Enterarme del motivo que orillo a Edward a actuar de esa manera era muy necesario para mi, mas que para satisfacer mi curiosidad lo necesitaba para comprender lo que le había asustado tanto pues él, jamás, se descontrolaba de esa manera sin importar la situación.
Trace pequeño círculos sobre su pecho con toques de mariposa. Supe que despertó cuando acaricio con lentitud mi hombro, no alce mi rostro, quería disfrutar un poco mas de esta cercanía y no enfrentarme a lo que fuera que viniese en cuanto nos separásemos. El sentimiento no duro tanto como lo hubiese querido y me vi obligada a alejarme de él.
-Hola –Pronuncie tranquila mirándole a los ojos.
-Buenos días, mi dulce Bella –Respondió sonriendo torcidamente.
-¿Como te encuentras? –Pregunte ignorando su intento por pretender que nada había pasado.
-Bien- Dijo acompañando las palabras por un movimiento de cabeza. –Lamento el haberme comportado de esa manera.
-¿Que fue lo que paso, Edward? –Pregunte acariciando su mejilla –Jamás te había visto de esa forma. –Moví frenética la cabeza. –Yo… yo no sabia… si hubiese sabido lo que… dime por favor…
-Tranquila –Dijo callando mis balbuceos con un dedo sobre mis labios –Cálmate. En verdad lamento el haberte preocupado, pero agradezco el consuelo que me ofreciste.
Salio de la cama, estirando su cuerpo cuando se hallo de pie. Yo solo me senté y le observe con fijeza, maravillándome de la perfección que poseía y sintiéndome indigna de que fuera mía, pero a la vez ese hecho me hacia feliz.
-No me dirás que fue lo que te paso, ¿Cierto? – insistí cuando volteo para sonreírme.
Logre que su sonrisa de borrara y su cabeza girara hacia el frente, con la vista clavada en el suelo -No debes preocuparte –Dijo con voz tensa –Solamente fue un mal sueño.
-¿Quieres hablar de ello? –Pregunte, aunque conocía ya la respuesta.
-No ahora –Declino amable confirmando mis presentimientos. –Será mejor darnos prisa, antes de que Alice venga por ti.
Y abandono la habitación no sin antes darme un delicado beso en la frente y acariciar suavemente mis pómulos. Yo me levante de la cama y me dirigí a darme un baño. Una vez lo hube terminado me vestí rápidamente y justo cuando cepillaba mi cabello un golpeteo insistente en la puerta me alerto de la llegada de Alice.
-¡Hola, Bella!- Saludo con su usual buen humor tomándome de la mano -¡Vamos, bajemos a desayunar! Esme ha preparado deliciosos waffles. –Y me obligo a bajr las escaleras y dirigirme al comedor,
Esa mañana la pase en compañía de la familia entera, incluso Carlisle, quien usualmente a esas horas trabajaba en el hospital. Me senté entre Edward y Alice, y disfrute de la amena compañía que brindaban todos los Cullen. Entre el delicioso desayuno de Esme, las constantes bromas de Emmett y peleas amistosas entre los hermanos el rato paso volando, acompañado también de las palabras cariñosas entre Esme y Carlisle. Sonreí, hacia tanto que no disfrutaba de un desayuno familiar.
Cuando terminamos nos desplazamos al sofá, Esme y Carlisle se excusaron argumentando que tenían planes para esa mañana y los demás nos dispusimos a charlar. Edward me mantenía en su regazo, cosa que me avergonzaba por estar frente a los demás, pero que tolere ya que, desde que descendí las escaleras, él había aprovechado cualquier oportunidad para tocarme o mantenerme cerca suyo; supe que era reacción a ese mal sueño que no quería compartir conmigo y si le ayudaba a tranquilizarse yo no objetaría nada.
Frente a nosotros se hallaba Tanya, cómodamente recostada sobre el sofá y con las piernas encima del cuerpo de Emmett. Alice se encontraba sentada a nuestro lado; Rose y Jasper se habían excusado, prometiendo venir a visitar a sus parejas un poco mas tarde.
La platica toco temas relacionados con su infancia, yo escuche fascinada algunas de sus historias y travesuras y solo participaba cuando se me preguntaba algo referente a mi niñez –la cual, no fue interesante considerando sus anécdotas- el tema cambio luego de un rato por un juego de béisbol que miraron en la televisión el día anterior para llegar a uno que no esperaba escuchar.
-Y entonces, Edward… -Comenzó a hablar Tanya, mirando al chico – ¿No has recordado ya nada?
-No –contesto inmediatamente, frustrado –Te he comentado todo, y no estoy seguro de si en verdad sean recuerdos o simples creaciones de mi mente.
-¿Por qué les llamas creaciones de tu mente? –pregunto verdaderamente interesado Emmett.
-Porque todo ocurre mientras duermo. ¿Cómo puedo estar seguro de que las cosas en realidad pasaron y no son solo sueños?
-Porque me tienes a mi para corroborar varias de esas cosas, además de a Alice o Emmett –contesto Tanya infundiéndole ánimos. -¿soñaste algo la noche pasada? –Pregunto –Quizás recordaste algo más.
Sentía el cuerpo de Edward endurecerse bajo el mió y gire un poco mi cabeza para mirarle preocupada.
-No- Negro crípticamente –Ayer solo hubo un sueño, pero fue demasiado irreal para en verdad haber ocurrido.
El poco animo que Tanya había dejado salir cuando pregunto sobre sus sueños decayó, encorvo los hombros y la sonrisa de hizo pequeña. Yo comprendía que le desilusionara el que Edward no estuviese recordando, pues, como su mejor amiga, era de las personas que más se preocupaban por él y su bienestar; pero también me aliviaba un poco que él no recordara más.
Y eso me hacia sentir peor.
-¡Tengo una idea!- exclamo la mujer de rizos color fresa de la nada y con los ánimos renovados –He escuchado varias veces que el ir a lugares conocidos para el paciente con amnesia ayuda a recordar con mayor facilidad.
-¿Qué estas sugiriendo? –Pregunto Alice cautelosa
-Ir a Chicago –Dijo con convicción –Tal vez pueda ayudar.
-Es una buena idea- expreso Emmett –Ver cosas conocidas tal vez haga trabajar al cerebro perezoso que tienes, Eddie.
-¿Ir a Chicago? –Pregunto Alice -¿Ahora?
-No precisamente en este momento, pero en un futuro cercano. –Explico -¿Que opinas Edward?
El aludido lo pensó un momento, dejándonos a todos con la expectativa. Dedico una seria mirada a la autora de la idea para después sonreírle con gratitud.
-Supongo que no perdemos nada intentándolo. –Dijo accediendo.
La mujer dio un salto y grito de alegría. Alice sonrió enormemente y Emmett se carcajeo. Yo solo apreté ligeramente la mano de Edward. Con una risa expreso su felicidad la rubia muchacha.
-¡Ya veras que fue una muy buena idea!- exclamo con la alegría a flor de piel –Recordaras en cuanto veas lugares conocidos, yo se que si, -aplaudió -¡Estoy tan emocionada!
-Puedo verlo –Acepto el chico de ojos verdes con risa contenida.
-¡Volveremos a Chicago! –Grito –Visitaremos a nuestros amigos, la escuela y las calles ¡Oh, chicos, tienen que venir!
-Cuenta conmigo- Dijo Emmett –Pero necesito el tour completo, con toda historia vergonzosa que tengas de Edward en todos los rincones, sea lo que sea.
-Yo también iré –Expreso Alice sonriendo –Aun tengo cosas que visitar que no pude ver en mis visitas.
-Tu también debes venir –Dijo Edward girando la cabeza para mirarme –Quiero conocer todos los lugares a los que fuimos juntos y, por supuesto, esa librería donde nos conocimos.
Silencio.
Sepulcral y absoluto silencio.
Sentía Tanya mirarme y lentamente gira mis ojos hacia ella, solo para confirmar que los orbes celestes se hallaban sobre mi, solo que todo rastro de alegría que poseía hacia apenas instantes antes había desaparecido y en cambio, dominaba la furia. Era tal y como me observaba antes de que tuviésemos esa charla.
Yo ya sabía lo que ella pensaba, y no quería confirmarlo.
-Claro –Le conteste, pues aun esperaba mi respuesta e incomoda me levante de su regazo –Regreso en seguida.
Cobardemente huí de la habitación no sin antes dar un rápido vistazo a Alice pidiéndole su ayuda para salir de esta y evadiendo olímpicamente los ojos de Tanya. Subí las escaleras y me adentre en el primer baño que vi. Me recargue contra la pared y deje que mi cuerpo resbalara hacia abajo hasta que me encontré sentada en el suelo. Tome mi cabeza entre mis manos.
¿Qué iba a hacer ahora?
Tanya lo sabía. Se percato de mi mentira y estaba segura no guardaría el secreto; y no era que la culpara, de estar en su posición no dudaría en delatarme y echarme de su vida con un puntapié de inmediato. Y aun así guardaba unas pocas, nulas y absurdas esperanzas que su molestia no hubiese sido por que no dije la verdad, si no porque no le agradaba la idea de que yo les acompañara a Chicago.
Sabía que era idiota, y aun así lo pensaba.
Cuando estuve segura que mi tiempo dentro de aquel cuarto era demasiado y no dispuesta a que viniesen a buscarme para saber si me encontraba bien me levante del suelo; moje mi cara con agua fría para intentar calmarme un poco y soltando un ultimo suspiro, abrí la puerta.
Y ahí estaba.
Parada frente a la entrada del baño, con los brazos cruzados y la mirada aun amenazante se hallaba Tanya Denali. Desee con todas mis fuerzas volver a encerrarme dentro de la habitación, pero seria demasiado infantil e inútil. Estaba segura que Edward para estas alturas ya conocía la verdad así que no me serviría de nada el ocultarme.
Desde que esto comenzó yo estaba dispuesta a aceptar las consecuencias.
-¿Chicago?- dijo con las manos cruzadas en cuanto cerré la puerta y me halle completamente frente a ella –Creo… que omitieron ese pequeño detalle cuando nos presentaron
Le mire, tortuosa. Las palmas de las manos me sudaban y la cabeza palpitaba. Mi respiración se acelero de golpe, y no era una sensación agradable como cuando se volvía errática causa de Edward.
Estaba muerta. Hundida y bien muerta. Acabada.
-Tú nunca estuviste en Chicago.
-Tanya, espera.- pedí con las manos al aire- Déjame explicar….
-Es justamente lo que quiero que hagas, Isabella- escupió mi nombre con repulsión- Explícame exactamente porque estas mintiéndole
-No era mi intención.
-Pero lo llevas a cabo.- sentencio- Niegas el hacerlo intencionalmente, pero de igual manera lo haces.
-Todo esto tiene un porque…
-¿Y exactamente cual es este? –Interrumpió mi explicación – ¿El acercarte a Edward y a la familia Cullen? ¿Qué esperabas recibir? ¿Su dinero, prestigio?
-¡No! –Horrorizada dije -¡Las cosas no son así! –Negué frenéticamente –Nada de eso me importa.
-Entonces ten la amabilidad de explicármelo todo, pues no veo una razón de peso para que le hayas mentido.
-Yo no quería… -comencé –Esto fue todo un malentendido.
-¿Malentendido?
-Si- Acepte –Edward sufrió el accidente por culpa mía. –Confesé –Yo tropecé a mitad de la calle y él desvió el vehiculo para intentar salvarme. Cuando llamamos a la ambulancia estaba tan preocupada por él que le seguí al hospital.
-¿Qué sucedió después? –Animo a que continuara luego de que guarde silencio durante un buen rato
-No me permitían verlo, así que invente que era mi pareja para que dejasen que pudiera hacerlo –Me encogí de hombros –Funciono.
-¿Y Por qué no decirles la verdad a los Cullen?
-Lo intente –Acepte –Pero la enfermera a la que le mentí para que me permitirá entrar se me adelanto y les dijo mi mentira. –Agache la cabeza –Parecían tan contentos con ello... Después planee el huir luego de disculparme con Edward, sin embargo él despertó antes de poder hacerlo.
-¿Y?
-Y no tuve el valor suficiente para desmentirlo. Carlisle me rogó por ayuda, todos lo hicieron; además Edward me miraba de una manera tan sobrecogedora… simplemente no pude.
-Pero esta mal –Regaño cual madre aun niño pequeño –Sin importar tus motivos estas haciendo algo incorrecto.
-Por favor –Pedí en un susurro –No me lo quites.
-Isabella…
-Le amo. –Confesé. –No soportaría perderlo.
-Me prometiste que no le lastimarías.
-Lo se.
-Es una promesa que no puedes cumplir.
-También lo se.
Suspiro. –Yo no seré participe de tu jueguito, Isabella.
Le suplique una última vez con la mirada, con los ojos más tortuosos que pude lograr. No soportaría que me alejasen de él; aquello me destrozaría, dañaría, mataría.
-Te daré una oportunidad para que esta vez hagas lo correcto.
-¿A que te refieres?
Me miro fijamente durante un momento, evaluándome. Para después soltar las palabras que pensé destrozarían mi mundo entero.
-Díselo Isabella. O lo haré yo.
Que onda gente!!!
Sep, no tengo verguenza en tardar tanto para traerles este capitulo ¡Mas de un mes! pero bueno... lo importante es que ya esta listo ^^.
Tanya se ha entarado de todo y ha dado un ultimatum a Isabella ¿Lo aceptara ella?. Edward ha recordado el accidente, pero ha pensado que solo se trataba de una pesadilla y no le ha pasado por la cabeza el pensar que pudo ser real. El recuerdo por unica ocasion se encuentra a mitad del capitulo pues me parecio apropiado en ese lugar, pero no se lo que opinen ustedes.
¡Miles de infinitas gracias a todas las que me regalaron un review!. Ya saben que es la recompensa a quienes escribimos fics, el saber que les esta gustando. Y no escatimare en agradecimientos pues superamos los 500!!!
Saludos chicas!! Prometo no tardar tanto en actualizar la proxima ocasion.
