Capítulo 14
Notas de la autora al final de la página
Sin marcha atrás...
Toco el timbre de la enorme casa. Espero en silencio, sin saber como comportarme, sintiéndome verdaderamente extraña. Oigo que unos pasos se acercan y me tenso ligeramente. La puerta se abre lentamente, y de la puerta sale una luz tan brillante que me ciega por unos instantes. Cuando puedo enfocar de nuevo, me puedo dar cuenta de que la puerta la ha abierto un niño.
Mi corazón se desboca de pronto. Es él. ¡Es él! Sus enormes ojos me miran con curiosidad.
- Hola. ¿Qué deseas?
Su respuesta me toma por sorpresa. Yo esperaba que él me reconociera y se arrojara a mis brazos en cuanto sucediera.
- Hola – digo inclinándome ante él - ¿No me reconoces?
Me mira de pies a cabeza analizándome con cuidado. Su voz infantil se clava en mis oídos y en mi alma
- No, no recuerdo haberte visto antes
- Seiya, ¿no sabes quién soy?
- Yo... ¿cómo sabes mi nombre?
- Yo soy tu...
- ¡Seiya, te he dicho que no le abras la puerta a desconocidos!
Él se da la media vuelta y corre hasta una chica de largos cabellos violetas. La mira con adoración y la abraza
- ¡Saori! Lo lamento hermana, pero es que ella...
No puedo contener mi sorpresa. ¡La ha llamado hermana! No puedo ni siquiera articular palabra alguna
- ¿Qué deseas? – me pregunta ella, mirándome como si fuese una basura
- ... he venido... por él – logro decir por fin, y ella ríe, cruel. Pero no voy a dejarme intimidar - He venido por Seiya
- Saori, ¿quién es ella? – pregunta él con los ojos llenos de miedo, y eso pone lágrimas en los míos. ¡Él no sabe quién soy!
- Seiya, yo soy tu hermana, Seika. ¿No me recuerdas?
Él abraza la enorme falda blanca de Saori mientras niega con la cabeza
- Noo, tú no eres mi hermana. Saori ES mi hermana
- ¡No! Tu hermana soy yo. ¿No me recuerdas? Vivíamos en un orfanato, y un día unos hombres llegaron en una limusina y te llevaron lejos de mi. Yo corrí detrás del coche, llamándote, pero no pude alcanzarlos. Tu llorabas por que no querías dejarme, ¿no te acuerdas?
- ¡Eso no es cierto! – responde con lágrimas. – Yo siempre he vivido aquí, con mi hermana Saori. Yo no te conozco
- ¡Seiya! ¡Por favor!
- ¡Llévensela de aquí inmediatamente!
Unos hombres vestidos de negro me toman de los brazos y me sacan. Yo grito y pataleo con todas mis fuerzas, intento zafarme para llegar hasta él, pero no puedo. No dejo de gritar una y otra vez su nombre, y no dejo de mirarlo mientras me alejan de él , una vez más...
- ¡Seiya, por favor! ¡Soy Seika! ¡No me digas que me has olvidado, por favor!
Pero él ya no me mira. La chica de cabellos violáceos lo ha tomado entre sus brazos y lo mece mientras él se duerme, sonriendo...
Grito desesperada mientras me envuelve una densa neblina...
Oigo una voz a mis espaldas...
- ¿Seika?... ¿Seika, eres tú?
Volteo, pero no logro ver a nadie. Escucho con claridad esa voz, esa voz que me llama por mi nombre
- ¿Seika, eres tú?
Por fin, en medio de la neblina, logro distinguir una figura. Es un muchacho de cabellos castaños. Viste una camiseta roja y pantalones de mezclilla. Tiene una mirada penetrante, intensa. Sus ojos cafés no dejan de mirar mi rostro, y yo me siento algo incómoda.
- Seika, soy yo... Seiya...
Lo miró aún más extrañada. Jamás había visto a este chico en mi vida, pero dice llamarse justo como mi hermano. Más aún, parece querer decirme que él ES mi hermano. Eso no es posible. Seiya es sólo un niño. Estoy apunto de decirle eso cuando lo miro con un poco más de atención. ¡Qué extraño! Sus ojos y sus cabellos son de un color café rojizo, como los cabellos y los ojos de mi hermanito. Sus facciones son muy similares... Me siento muy confundida...
- ¿Tú conoces a Seiya? ¿Tú conoces a mi hermano?
Él ríe.
- Yo soy tu hermano...
- No, estás confundido. Mi hermano es un niño...
- Han pasado nueve años, Seika. Pero soy yo...
Se acerca aún más. Se parece a él...Se parece a mi... Y le creo. Le creo y permito que venga y me abrace, aunque estoy tan llena de dudas que no correspondo su abrazo
- Te he buscado por tanto tiempo...
- ¿Tú me has buscado?
- Sí, te he buscado tanto... hermanita...
Algo en su voz me hace sentir bien. Miro su rostro de cerca. Sus cejas, su nariz, incluso el aroma de sus cabellos, son como los de él. Y entonces, algo en mi corazón me dice que es verdad, que es él, me doy cuenta de que por fin lo he encontrado. Esta vez soy yo la que lo abraza con fuerza desesperada.
- ¡Eres tú, Seiya, eres tú!
- Sí, por fin nos hemos encontrado...
Las lágrimas corren por nuestras mejillas. Ambos sentimos como nuestros rostros se humedecen mientras nos abrazamos, fuerte, muy fuerte.
Nos balanceamos lentamente, sin dejar de abrazarnos, con el alma llena de dicha. Siento algo extraño. Siento mis ropas mojadas. El me mira lleno de extrañeza y rompe el abrazo. Entonces puedo darme cuenta. Mis ropas están manchadas de sangre. Lo miro entonces a él, que ha sido atravesado por una enorme espada de brillos negruzcos, una espada que yo estoy empuñando... El retrocede, mirándome lleno de tristeza y dolor
- ¿Por qué... Seika? ¿Por qué?
- ...Yo...
Él cae al piso, herido. Su sangre comienza a hacer un charco alrededor de su cuerpo. Yo corro hacia él, horrorizada
- Seiya, ¿qué pasa?
- Fuiste tú...
- ¡No! ¡Yo no te haría daño! ¡Yo te quiero!
- ¿Entonces por qué me siento tan solo?
- ¡No estás solo! ¡Yo estoy aquí!
- ¿Dónde? No puedo verte
- ¡Estoy aquí, justo frente a ti!
Sus ojos comienzan a cerrarse. Volteó a ver a mi alrededor. No hay nadie. Estamos solos
- ¡Ayúdenme! ¡Algo le ha pasado a mi hermano! ¡Alguien que me ayude, por favor!
Pero no hay nadie. Estamos solos...
Le grito de nuevo al ver que el se pone cada vez más pálido, mientras va perdiendo la conciencia
- ¡No Seiya, no! ¡No te mueras! ¡No justo ahora que te he encontrado!
- Seika... ¿eres real? ¿No estoy soñándote?
- No soy un sueño, estoy aquí... – tomo su mano desesperada – siénteme. Aquí estoy, a tu lado...
- ... Tengo... que irme... no pue...do... me hace... daño... Me due...le...
- ¡No, no te vayas! ¡No te mueras Seiya!
...
¿Seiya? ¡Seeeiiiiyaaaaa!
Seika despertó gritando, bañada en lágrimas. Su respiración era rápida y entrecortada. Miró a su alrededor. Estaba en la habitación de la Mansión Kido que había ocupado todas las veces que había pasado la noche ahí. Debían de haberla llevado hasta ahí, pues su último recuerdo era estar en la sala de espera. Si, seguramente alguno de los chicos la había llevado a la mansión. Trató de serenarse, pero es que no podía sacudirse de encima el recuerdo de aquel sueño. Había sido horrible. Ella nunca le haría daño. Nunca. ¿Por qué entonces había soñado que lo hería con una espada?
No tuvo tiempo de reflexionar más, pues Geki entró corriendo.
- ¿Estás bien?
- ¿Qué?
- ¿Que si estás bien? Es que te oí gritando...
- Siento haberte preocupado. Es que tuve una pesadilla... – dijo ella secándose las lágrimas con el dorso de la mano
- Todos las tenemos en estos días – reconoció él
- Sí, creo que sí... – Miró el reloj de la pared - ¡Son las doce! ¿Por qué me dejaron dormir tanto tiempo?
- Seika, no te angusties. No está solo, todos los demás están en el hospital. Y te hacía falta descansar...
- Gracias, pero ya descanse más que lo suficiente. Solo tomaré un regaderazo y me iré de nuevo...
- Estaba a punto de marcharme, pero te espero para que nos vayamos juntos.
- Gracias, no tardaré nada
- Lo sé.
Fiel a su promesa, veinte minutos después de haber despertado, Seika bajo las escaleras, lista para marcharse.
Fue un viaje silencioso, pues ambos estaban sumidos en sus pensamientos.
Geki no dejaba de pensar en lo que había sucedido. Efectivamente, el día anterior, cerca de las cuatro de la mañana, había salido de montar guardia en la habitación de la señorita Saori. Al volver a la sala de espera, se había encontrado con que Seika dormía profundamente en un sillón, y Marin le había pedido que se la llevara a la mansión. Él la había instalado en su habitación, había cenado algo y el mismo se había dispuesto a dormir, lo cual trató sin éxito alguno por más de una hora. Por fin pudo conciliar el sueño, casi a las seis de la mañana, pero no fue mucho su descanso, pues despertó cerca de las once, agobiado por una pesadilla.
Bajó y halló la casa vacía, pues la servidumbre había salido a realizar las compras semanales, así que él se improvisó un ligero desayuno y subió a tomar un baño. Terminaba de vestirse cuando comenzó a experimentar una sensación extrañamente conocida...
Podía detectar una energía, expandiéndose cerca de él. Una energía que ellos, los caballeros de Athena, llamaban cosmos... Aunque este era un cosmos muy débil y... salvaje, por llamarlo de alguna manera. No podía detectar su procedencia. Se preguntaba quién podría estar emitiéndolo. Se puso en guardia, pensando en que podría ser un enemigo, pero entonces pudo notar que no había violencia ni amenaza en esa fuerza. La energía se hacía más y más intensa.
Fue entonces cuando escuchó los gritos de Seika. Y mientras se dirigía hacia su habitación, corriendo, podía sentir cada vez más cercana a la persona que provocaba esa fuerza. Cuando Seika profirió un último grito, la energía desapareció. El entró a la habitación y ella estaba despierta, y sola...
No era la primera vez que podía sentir ese cosmos , pues un par de noches atrás había sentido algo muy similar que lo había despertado, pero cuando pudo sacudirse el cansancio de encima el extraño cosmos había desaparecido, así que pensó que todo había sido parte de su sueño.
Ahora había sentido exactamente lo mismo, y en la Mansión solo se hallaban él y Seika, así que comenzó a pensar en si sería posible que fuera ella quién emitía toda esa energía. Sonaba descabellado porque jamás había recibido entrenamiento alguno y no podía explicar como era posible que una persona que no era parte de la caballería de Athena tuviera un cosmos... Pero la idea no le parecía descabellada del todo. A fin de cuentas, ella era su hermana...
Ella por su parte, pensaba en el sueño que había tenido. Había sido una pesadilla, una más. Pero algo de verdad había en aquel sueño que la tenía inquieta. Existía un abismo entre el hermano que buscaba y aquel al que había encontrado. ¡Le había costado tanto trabajo reconocerle la primera vez que entró a su cuarto en el hospital! No podía dejar de pensar en él como un niño, aunque obviamente ya no lo era. Se sentía muy confundida. Había un vacío en su historia, un vacío de nueve años, un vacío hecho de ausencia, recuerdos y olvidos, pues por mucho tiempo ella ni siquiera estuvo conciente de que tenía un hermano que la buscaba y que ella debería de haber estado buscando. Aquel era un tiempo perdido que le pesaba en verdad.
Entonces pensó en Marin. Ya era hora de que alguien contestara al menos alguna de sus preguntas, y sentía que la pelirroja era la persona más indicada.
Cuando Seika y Geki bajaron del coche, ignoraban que los dos se dirigían a la amazona en busca de consejo...
Seika y Geki arribaron a la sala de espera del hospital unos quince minutos después de que Hilda les hubiera informado que Saori había decidido volver al Santuario. Todos habían agobiado a la sacerdotisa de Asgard con preguntas cuyas respuestas ella obviamente no tenía, y Saori había sido llevada de nuevo a su habitación para que los doctores pudieran examinarla así que no había sido posible explicación alguna.
Hilda había hecho hasta lo imposible por tranquilizarlos, asegurándoles que con toda seguridad Athena misma les daría los detalles sobre su partida en cuanto le fuera posible y que ella no podía decirles nada más de lo que ya les había informado, así que el ambiente estaba de lo más tenso mientras esperaban cualquier clase de información.
Geki vio a Marin de pie cerca de una de las ventanas, pero Seika se le adelantó, sin dejarle más remedio que esperar su turno para poder hablar con la amazona...
- Marin, ¿podemos hablar en privado?
- Claro, Seika. Iremos a la cafetería – le informó Marin a un inquietísimo Jabu, por si hacía falta que las localizaran.
Caminaron en silencio mientras se dirigían hacia allá. Ordenaron un par de cafés y esperaron a que las atendieran en un incómodo silencio.
Seika no sabía como comenzar la conversación y Marin lo notó, así que fue ella la que dio el primer paso
- ¿Qué querías decirme Seika?
- Es sólo que... ¿podrías...? ¿Podrías hablarme... de Seiya?
- ¿Hablarte de él?
- Es... es que me siento todos los días a su lado. Tomo su mano, le hablo, a veces... – dijo sin poder contener las lágrimas- a veces me invade la impotencia y... y tengo unas ganas locas de tomarlo entre mis brazos y de acunarlo como cuando era un niño. Y no puedo...porque me da miedo abrazarlo... no quiero lastimarlo aún más. Y no puedo porque ya no es un niño. Y me siento tan mal... Es lo único que tengo en este mundo, lo amo y al mismo tiempo es... un desconocido. ¡No conozco a mi propio hermano! En mis sueños sigo buscando a un niño... Me siento tan culpable porque en todos estos años no pensé en él... supongo que él me busco... y yo no hice nada, lo olvidé. ¿Qué clase de persona soy que olvidé a mi propio hermano?
- Seika, cálmate, eso no es tu culpa. Tuviste un accidente que te hizo perder la memoria, eso estuvo fuera de tu control. Pero si llegaste hasta Grecia fue porque estabas buscándolo.
- Es cuando entro a su habitación y lo veo... No sé como suena su voz... no sé nada de él. Tengo tantas preguntas...
- Seika, no lo sé todo sobre él, pero con muchísimo gusto trataré de responderte, aunque no sé si yo sea la persona más adecuada.
¿Por qué dices eso? – dijo ella calmándose un poco
- Bueno, en estos últimos años, el que más cerca ha estado de él es Shyriu, el caballero del Dragón. Él es uno de sus mejores amigos. Estoy segura de que él contestaría mejor que yo tus preguntas, pero haré lo que me sea posible.
- ¿Shyriu?
- Un chico alto, delgado, de cabellos largos y negros.
- ¿Así que él es su mejor amigo?
- Uno de ellos, sí. Es curioso porque son tan distintos... como agua y aceite. Seiya siempre está en movimiento, es como un corcel que nadie ha domado, en cambio Shyriu es tranquilo, reflexivo, serio. Se conocieron enfrentándose. Fue una pelea terrible, de la que Seiya salió victorioso. Pero el corazón de Shyriu se detuvo, y Seiya, poniendo en peligro su propia salud, le dio un golpe de la misma intensidad para traerlo de vuelta a la vida. Desde entonces son amigos. Shyriu es él único que parece ser capaz de tranquilizar a tu hermano, que puede ser muy temperamental e impulsivo a veces.
- Y el chico que le ayudó, Ikki, él también es amigo suyo, ¿verdad?
- Bueno... creo que nunca se han llevado muy bien que yo sepa. ¿Recuerdas lo que te platiqué sobre Ikki, no? Después de todo lo que vivió en la isla, me parece que a él le resulta muy difícil confiar en las personas de nuevo. Aunque está de nuestro lado no convive casi con nadie. Es muy reservado, muy callado, muy áspero. Y Seiya siempre está haciendo ruido, hablando sin reservarse nada, es optimista hasta el último momento. No sé decirte si a Ikki eso le parece estúpido o imposible, pero ocasiona que casi siempre peleen. Y por otra parte, han pasado por demasiadas cosas juntos, y el dolor también une a las personas, a veces mucho más que los intereses en común, o la empatía. Yo creo que en el fondo los dos se aprecian muchísimo, pero no lo demuestran. Es una de esas cosas de machos
Seika rió y Marin sintió un enorme alivio. A ambas les hacía bien hablar de él, por que así impedían que su persona se fuera desdibujando bajo la visión de su cuerpo destrozado...
- Marin, Seiya va a cumplir dieciséis años. A su edad, es natural que... me refiero a si... tu sabes si él... ¿si él... está enamorado?
- ¿Qué?
- Lo siento, es sólo que... me he dado cuenta de que... Shaina siente algo más que amistad por él¿no es así?
- Marin se sintió verdaderamente extraña. Nunca se había detenido a pensar en la vida amorosa de su pupilo y mucho menos se había aventurado a pensar cuáles serían sus sentimientos.
- ¿Ella te dijo algo?
- No, claro que no. Es muy amable conmigo, siempre, pero no habla mucho... con nadie, por lo que puedo ver, excepto contigo... No lo sé, a lo mejor son todo suposiciones mías, pero es que a veces me mira con tanta tristeza... Me he dado cuenta de que todos los días va a verlo, y regresa siempre con los ojos enrojecidos por el llanto. Noto que todos se preocupan de una forma u otra por él, pero veo en ella un dolor mucho mayor, una desesperación que parece infinita. ¿Tú sabes algo?
- ... Creo que no soy la más indicada para decirlo, pero... si... ella lo ama
- ¿Y él la ama? ¿Son una pareja?
- No lo sé, Seiya... puede ser muy infantil a veces. Me parece que él no piensa mucho en esas cosas todavía. Además francamente con la vida que ha llevado no ha tenido mucho tiempo, cuidar a Athena y salvar la Tierra es una ocupación que no permite distracciones de ninguna clase.
- Me conmueve la manera es que se preocupa por él. Pero no es la única... ¿verdad?
- ¿De qué hablas ?
- De Miho, la chica del orfanato...
Marin rió de buena gana, pues Seika tenía toda la razón. Pensándolo así, la verdad es que su alumno había resultado ser un verdadero rompecorazones.
La jovencita de cabellos azules iba cada dos días al hospital para ver a Seiya y estar el poco rato que les era permitido a su lado, y en cuanto salía se marchaba en silencio sin despedirse de los demás. Nadie les reprochaba, pues ella le había explicado a Jabu que los niños no sabían absolutamente nada acerca de la condición de Seiya, así que ella se escapaba literalmente del orfanato, para poder verle sin que ellos se enteraran
- Pues tienes mucha razón, pero como te repito, creo que él no siquiera se ha detenido a pensar en ellos, y si así fuera y su corazón ya tuviera una dueña, eso es algo que francamente ignoro.
- Ya veo... ¿Y Saori?
- ¿Saori? – dijo Marin sin comprender hacia dónde iba la conversación
- Me refiero a si tu sabes cómo se lleva con ella. Recién había despertado ella, cuando yo me dirigía a Cuidados Intensivos y la vi en el pasillo, muy alterada. No pude evitarlo y me comporté algo pesada... no fue a propósito, pero aún no dejo de pensarla como la responsable de todos estos años que he pasado sin él. Y a pesar de que fui algo insolente, ella se portó muy amable conmigo, y me aseguró que haría hasta lo imposible por que él mejorara y me aseguro que mi hermano le importaba muchísimo.
- Y así es. Seiya y sus amigos son muy especiales en la vida de Saori. Ella creció sin tener idea de que ella era la reencarnación de la Diosa Athena, y de que los niños que su abuelo llevó a la mansión se convertirían en el futuro en sus protectores. Por lo que Seiya me llegó a decir, sé que él y Saori se llevaban pésimo cuando eran pequeños, porque ella era demasiado caprichosa y el demasiado terco como para complacerla. Pero desde hace tres años, desde que se supo toda la verdad sobre quien era Saori en realidad, Seiya, Shyriu, Hyoga y Shun, han sido los que han estado junto a ella en todo momento, apoyándola y defendiéndola. Nadie de todos los caballeros conoce a Saori mejor que ellos, sobre todo Seiya. Creo que son muy buenos amigos además de que él es uno de sus caballeros más poderosos y siempre está cerca de ella para cuidarla
- Cielos, ahora me siento muy mal por haber sido tan altanera con ella
- Estoy segura de que ella comprende tu situación, Seika, ella...
La conversación se vio interrumpida por Jabu, que fue a la cafetería buscando a las pelirrojas. Su rostro denotaba una gran ansiedad.
- Marin, Seika, vengan
- ¿Sucedió algo malo? ¿Es Seiya? – dijo Seika alarmándose de inmediato
- No, no se trata de él. Es Saori, está en la sala de espera y quiere hablar con todos nosotros.
- Claro, vamos – agregó Marin
Saori, sentada en una silla de ruedas en medio de la sala de espera, tenía congregados a todos sus caballeros sanos. Sorrento, que había salido de ver a Kanon, también estaba presente. Saori los miró y les sonrió, tratando de tranquilizarlos con su presencia y su fortaleza. Aguardaron en silencio en lo que Marin, Seika y Jabu llegaban y se acomodaban; entonces, habló.
- Antes que nada debo agradecerles por todo lo que han hecho por mi y por ellos durante estas tres semanas. Solo puedo imaginar lo difícil que habrá sido para ustedes el tratar de ayudarnos, sin saber a ciencia cierta que fue lo que sucedió. Y lamento que esta no sea tampoco la ocasión para responder a sus preguntas. Hay cosas muy serias que resolver en este momento. Los doctores me han evaluado hace un rato y me han comunicado que mañana mismo puedo ser dada de alta.
Una sonrisa apareció en el rostro de todos los presentes, que se sintieron aliviados al saber que su Diosa finalmente parecía estar fuera de peligro.
- Así que mañana –continuó Saori – en cuanto me sea posible, tomaré mi avión privado y viajaré de regreso a Grecia.
Seika no daba crédito a lo que estaba oyendo. ¡Pensaba marcharse! Pero se sorprendió aún más al darse cuenta de que los demás no parecían sorprendidos en lo absoluto. ¿Es que ellos lo sabían?
- ¿Qué? ¿Vas a irte de viaje mientras ellos se están muriendo? ¿Vas a marcharte dejando a tus caballeros cuando más necesitan de su Diosa? – dijo brincando de su asiento
- Seika, por favor...
- Marin, esto es entre la señorita Saori y yo, no te metas – dijo con un peligroso brillo en sus ojos cafés - Así que te importan muchísimo, ¿no? ¿¡Es así como lo demuestras!
- Seika, no es un viaje de placer. Yo estoy aún muy débil, y sólo volviendo a mi Santuario podré recuperarme para...
- ¡Ah, claro, ya veo! – dijo irónica – O sea que se trata de poner a salvo el trasero de la princesita, ¿no?
- ¡No te atrevas a...! – gritó Jabu brincando de su asiento.
- Está bien, Jabu, déjala por favor. Seika, comprendo que estés molesta pero no se trata de mí. Si me voy es porque...
- No, no se moleste en darme ninguna clase de explicación, Su Alteza – dijo haciéndole una reverencia - Usted es muy libre de hacer lo que se le venga en gana. Espero que se divierta en su viaje. Con permiso, voy a ver a mi hermano, no quiero que esté solo.
Seika se marchó mientras todos se quedaban atónitos. Saori respiró profundamente tratando de contener las ganas de llorar. Le dolía profundamente el desprecio que Seika le tenía. Se moría de ganas de abrazarla y de confesarle que amaba a su hermano desesperada y profundamente, de pedirle perdón por haber provocado sin querer su separación, de que compartieran recuerdos y vivencias. Se moría de ganas de decirle que se marchaba con el corazón roto y que si se iba era sólo con la esperanza de poder ayudarle antes de que fuera demasiado tarde...
Pero no podía hacerlo. Respiró profundamente recuperando el control de sus emociones y se encontró con los ojos de Shaina, llenos también de acusación.
- Supongo que en el fondo todos se sienten como Seika, y lo comprendo... Yo misma me siento terrible, pero si me marcho es porque estoy convencida de que es lo mejor para todos. Seiya, Kanon, Shaka y Aioros aún están en un estado muy grave. No puedo ayudarlos pues mi cosmos está muy débil aún, y sólo volviendo al Santuario podré recuperarme del todo. Por eso me marcho, porque deseo intensamente ayudarlos.
Nadie se atrevió a decir nada, pues comprendían el predicamento en el que se veía su Diosa
- Me preocupa muchísimo pensar que los demás caballeros puedan despertar y necesitar de mi ayuda, incluso temo pensar en que alguno de ellos pudiera... agravarse – dijo sin atreverse a usar la palabra "morir" - mientras yo no esté, pero tengo fe en que resistirán hasta que pueda volver y ayudarlos a sanar de una vez por todas... Por supuesto debemos de ser muy precavidos y estar preparados de todas las maneras; con todos ellos tan débiles y nosotros separados, la situación podría tornarse muy peligrosa, para cualquiera de ellos, o para cualquiera de nosotros. Zeus, mi padre, le ha dicho a Julián que Perséfone, la esposa de Hades, ha expresado sus deseos de tomar venganza por lo sucedido, así que debemos de estar listos para cualquier cosa. Marin, Hilda, Geki, Nachi, Kiki y Tatsumi irán conmigo. Julián me ha ofrecido su protección y voy a aceptarla, pero ignoro aún si llevara a Sorrento o a Thetis consigo – dijo sonriéndole a Sorrento - En cuanto a los demás, mi deseo es que permanezcan aquí cuidando de los que aún se hallan malheridos.
Y entonces reinó de nuevo el descontento y la confusión en la sala de espera, pues varios de los interpelados no estaban de acuerdo. Saori, ligeramente exasperada subió un poco la voz para calmarlos y poder terminar de hablar
- Contrólense, por favor. Aunque quisiera, no dispongo del tiempo para darles explicaciones de por qué he llegado a esa decisión, pero créanme que todo tiene una razón de ser. Quisiera quedarme, quisiera que todos viajaran conmigo, quisiera que todos estuvieran sanos y salvos, pero no es así, y precisamente porque es la única manera de cambiar la situación es que me voy. Necesito que se organicen y que reúnan todas sus cosas para estar listos mañana, y poder partir en cuanto me den de alta. Así que creo que todos tenemos muchas cosas por hacer. Pero antes de volver a mi habitación, quisiera darles una buena noticia. Ya son tres los caballeros Dorados que han despertado. Dokho y Shura han reaccionado esta mañana, y han sido acomodados en una habitación junto con Saga. Espero que los cuiden bien, a ellos y a todos los demás. En particular espero que alguno de ustedes logre hablar con Shun – dijo mirando cariñosamente a Juné - y sacarlo del estado tan preocupante en el que está sumergido. Les pido lo vigilen a él en particular, está muy deprimido... no dejen de decirle cuánto nos importa...
Shaina pensó que Saori debía de haber percibido lo que había sucedido con Shun. Y en el fondo, aunque tratara de ignorarlo, sabía que si Saori se marchaba es porque quería ayudarlo a él, tan desesperadamente como ella misma. Y esperaba que su estrategia tuviera éxito...
- Cuiden de todos ellos y cuídense, por favor... Sorrento, ¿podrías acercarte?
El General Marino obedeció, se acercó a Saori, escuchó las breves palabras que ella le dirigió, y asintió en silencio, para marcharse después.
Gracias, y con permiso... – dijo la joven Diosa
Y sin decir más, Hilda se llevó a Saori de nuevo a su habitación.
La sala de espera se hundió en el silencio. Algunos se atrevieron a intercambiar miradas, otros miraban al piso, pero todos y cada uno de ellos pensaba en su propia situación, en por qué habían sido elegidos para quedarse o marcharse, según fuera el caso. Todos se admiraban del cambio que se percibía en ella, pues ya no parecía una chica dirigiéndose a ellos, si no que se asumía como su diosa...
Pero uno de los caballeros no podía acatar sus ordenes, y después de reflexionarlo unos instantes, se echó a correr en su búsqueda.
Tatsumi estaba por entrar en la habitación cuando él lo empujó y se le adelantó, haciéndole a un lado, provocando la ira del mayordomo.
- ¿Pero cómo te atreves?
- Necesito hablar con ella ahora mismo, A SOLAS
Y entró en la habitación cerrándole la puerta a Tatsumi en las narices, dejándolo fuera. Saori ya se había recostado de nuevo, y estaba tratando de pensar con la cabeza fría en todo las cosas que tenían que hacerse. Al verle entrar y oír los gritos de su mayordomo, trató de disimular el cansancio y el desasosiego que la invadía
- ¿Pero que sucede?
- Necesito hablar con usted
- Por favor, les dije que...
- No me haga esto, se lo suplico. Déjeme ir con usted.
- No deseo ser grosera contigo, pero mi decisión no va a cambiar, digas lo que me digas. Lo he pensado muy bien antes de decidirme
- ¿Pero por qué? ¿Por qué debo de quedarme?
- Necesito que estés aquí. Podrían necesitarte y tu eres uno de mis caballeros más fuertes.
- Pero yo quiero estar a su lado, para protegerla a usted...
- Entiende que te necesito aquí, por si alguien tratara de acercarse a los caballeros y de asesinarlos aprovechando su extrema debilidad.
- Pero yo...
- Jabu, por favor. Confío en ti... confío tanto en ti que por eso necesito que te quedes.
Jabu miró a Saori sin poder ocultar sus sentimientos.
- Lo único que quisiera es estar a su lado y protegerla. Le he fallado tantas veces que no resistiría una más...
- Jabu, ¿pero de qué hablas? Tú no me has fallado jamás
- ¡Si, si lo he hecho! Soy demasiado débil, y ha sido tan poco lo que he podido ayudarle, protegerle... Me he hecho a un lado para no estorbarle a los demás, a los que merecen estar a su lado y cuidarla... Pero ahora que ellos, los que verdaderamente han sido sus caballeros y la han protegido y han estado a punto de dar su vida por usted tantas veces no pueden hacerlo, permítame ser de utilidad alguna...
Los ojos de Jabu se llenaron de lágrimas que no pudo contener por más tiempo, lágrimas de impotencia y frustración que lo embargaban. Saori sintió un leve temblor que recorría su cuerpo, por que en aquel momento se dio cuenta de la naturaleza de los sentimientos de Jabu por ella. Porque sus ojos lo decían todo. Y le dolió, le dolió profundamente ver todo ese amor que no podía corresponder.
- Jabu, yo...
- La amo, señorita Saori... – dijo él cayendo de rodillas a sus pies mientras tomaba una de sus manos- Siempre lo he hecho... desde el día que la conocí. Debo de reconocer que no fue ninguna sorpresa saber que era usted la reencarnación de Athena, pues siempre hubo algo muy especial en el brillo de sus ojos, en todo su ser. Y eso lo he amado desde siempre... Perdóneme por favor este atrevimiento, sé que no tengo derecho a decir nada... yo sé que no tengo derecho a poner mis ojos en alguien como usted... Y no espero nada, pues sé que es imposible. Usted es una diosa, y yo no soy nadie. Y no espero nada, créame, por favor, sólo... sólo déjeme estar cerca de usted y cuidarla.
- Jabu, no digas...
Saori no tuvo tiempo de terminar la frase, pues él se puso de pie, besó su mejilla y se marchó dejándola completamente confundida.
Mientras tanto, Ariadna ponía sus ojos en el guardián de la Primera Casa del Santuario. Ahí, indefenso frente a sus blanquecinos ojos, se hallaba un caballero de Athena. Un caballero muy poderoso, o al menos eso podía deducir por el intenso brillo que su aura despedía, a pesar de lo débil que se encontraba.
La tentación era demasiado grande. Se asomó por el pasillo, asegurándose de que no hubiera nadie cerca. Entonces regresó a su lado, y puso sus manos sobre sus sienes, y de la misma manera en que había sentido y visto los últimos momentos de Seiya, así buscó en los recuerdos de Mu. Vio una pelea con un hombre de cabellos verdes, el suicidio de Athena, su pelea contra los espectros de Hades, y finalmente, le vio reunido con muchos otros caballeros, frente al Muro de los Lamentos, brillando hasta hacer explotar su energía al máximo. Lo vio valiente y poderoso, pero lleno de serenidad.
También entre sus recuerdos, observó a un niño de cabellos rojos ¿Quién sería él?
Abrió sus ojos albinos y lo contempló largamente. Observó sus heridas, los vendajes y todos los cables y aparatos que tenía en su cuerpo y se llenó de tristeza al recordar a Seiya y las lesiones que tenía. Al igual que él, este hombre había sido herido peleando una terrible serie de combates. Y no pudo evitar llenarse de tristeza al encontrar de nuevo tanto dolor.
Pudo ver también, al igual que en el alma de Seiya, una pureza inmensa. Y eso la perturbo. No eran la clase de guerreros que ella conocía. No eran como Radamantys.
Y tenía que reconocer que no solo la perturbaba su alma, si no la belleza de su cuerpo. Acarició sus largos y sedosos cabellos violetas, tocó su piel blanca e inmaculada. Tocó entonces sus manos y entonces la asaltó una imagen, la imagen de unas armaduras doradas que él arreglaba.
La imagen terminó tan pronto como empezó. Ariadna volvió a tomar una de sus manos y la observó con mucho cuidado. Eran manos hábiles, manos llenas de trabajo, esfuerzo y habilidad. Pero era mucho más que eso. ¡Él también tenía habilidades especiales, como las suyas! Telepatía, quizás incluso teletransportación. No era un humanoel que estaba frente a sus ojos.
Otra imagen apareció en su mente. Humo blanco a su alrededor, y en medio del humo, ahí estaba él, de pie. El caballero la miró admirado, y le sonrió amablemente.
Ariadna retrocedió cortando el contacto. ¡Él, aún inconsciente, se estaba dando cuenta de su presencia! Tenía que ser muy cuidadosa con él.
En ese momento, oyó pasos en el corredor, y la presencia de alguien que se aproximaba. Corrió a una de las esquinas de la habitación y se esforzó en poner su mente en blanco para no ser detectada, y tuvo que hacer un gran esfuerzo, pues aún desde antes de que la puerta se abriera, pudo sentir que, quien fuera que entraba, era muy fuerte psíquicamente.
Afortunadamente para ella, Kiki estaba demasiado afligido como para notarla. Se dirigió directamente hacia su maestro, y pequeño y ágil como era, se subió a la cama, se acomodó de manera algo incómoda a su lado, abrazándolo, y comenzó a llorar.
Maestro, despierte por favor. Saga, Shura y Dokho ya lo han hecho¿por qué usted no? No quiero marcharme sin hablar con usted. La señorita Saori despertó hace dos días y ha decidido que va a volver al Santuario para ayudar a Seiya y a los demás. – Ariadna respingó al oír que el pequeño mencionaba al caballero de Pegaso – y ha decidido que yo debo acompañarla. Deseo ayudarla y acompañarla, pero no quiero separarme de usted Maestro...
Y sin contenerse más, dio rienda suelta a su llanto, mientras la hechicera le miraba apenada y contenta al mismo tiempo, pues el pequeño lemuriano sin saberlo le había dado varias respuestas a sus preguntas.
Así que Athena volvía a su Santuario por Seiya... Entonces, ella le seguiría...
- Pasa, por favor. Siéntate. No te preocupes, ellos duermen
- Gracias.
- ... me dijeron que... que querías verme...
- Si. Comprendo que te cause extrañeza mi petición. Quería agradecerte que fueras tan gentil conmigo el otro día, en el pasillo.
- No fue nada...
- Me confundiste con mi hermano, ¿no es así?
- Sí, lo lamento
- ¿Tú eres uno de sus amigos?
- Fui su compañero de armas por años. Mentiría si dijera que tenemos una verdadera y profunda amistad, pues el siempre ha sido excesivamente reservado, pero se ganó mi aprecio y mi admiración. Y aunque no quedamos en los mejores términos al finalizar la batalla entre ustedes y nosotros, eso no cambia lo mucho que significa, no solo para mi sino para Thetis y Julián... Por eso estamos aquí, para acompañarle y apoyarle durante su recuperación.
- No he podido verle, tu... ¿Has podido? - Sorrento asintió con suavidad y Saga suspiró con fuerza - ¿Cómo está?
- Pues los primeros días parecía no dar signos de mejora alguna... pero lo está haciendo. Su piel se está regenerando y sus órganos han resistido pese a todas las lesiones. Los doctores están optimistas, en serio... Estoy seguro que un doctor podría explicártelo mejor que yo –dijo algo nervioso.
Eran idénticos por fuera, pero no eran la misma persona. Su voz era distinta, sus gestos, su forma de ser. Pero aún así, estaba viendo un rostro igual al del hombre al que amaba y no lograba permanecer indiferente ante ese hecho...
- Si, pero quería hablar con alguien que lo conociera... Supongo que conoces la situación que vivimos mi hermano y yo... así que quizás, inclusive, tú lo conozcas mejor que yo... Lamento abordarte con tantas preguntas pero... no me han permitido verlo desde que desperté y... me siento algo desesperado
- Comprendo, comprendo perfectamente. Pero te aseguro que está poniéndose bien. Lo mantienen sedado por la gravedad de sus quemaduras, pero parece que van a ir bajando la cantidad de sedantes que le apliquen, para que le sea posible despertarse en cuanto mejore un poco más. Y estoy seguro de que pronto te dejarán verle.
- Gracias Sorrento. Estoy seguro de que mi hermano apreciará muchísimo que estés a su lado.
Sorrento esbozó una débil sonrisa en sus labios. Ojalá sus palabras fueran ciertas, ojalá Kanon sonriera algún día al verle...
Aquella tarde y su respectiva noche fueron largas y difíciles para todos los involucrados.
Marin buscaba a Seika para hablar con ella y tranquilizarla, pero ella se había refugiado en el cuarto de Ikki, adónde, por suerte para ella, a nadie se le ocurrió buscarla. Ahí pudo darle rienda suelta a su llanto. A pesar de que no le tenía aprecio a Saori, no podía dejar de sentir que los abandonaba, y que sin su protección y su ayuda, algo terrible podría suceder.
Por otro lado, Sorrento después de haber hablado con Saga y de entrar a ver a Kanon, volvió al penthouse de Julián, dondelo hallópreparando las maletas pues Tatsumi ya les había comunicado que Saori había aceptado viajar a Grecia. Y para sorpresa de ambos, Sorrentose negórotundamente a que Thetis se quedara en Japón, y les convenció de que ella debía de ir con Julián alegando que si Perséfone decidía atacar a Saori, la presencia de Thetis sería necesaria, y que él solo podía permanecer en el hospital velando por la recuperación de Kanon que parecía más cercana cada día. Y aunque al principio Thetis opinó lo contrario, no fue muy difícil convencerla a ella y a Julián, así que sin más discusión, ella corrió a preparar una maleta con sus cosas, agradeciendo a todos los dioses por la amistad de Sorrento que con su intervención la ayudaba a cumplir su sueño de permanecer al lado de aquel al que amaba...
Hilda y Fhler, por otra parte, se hallaban juntas en la mansión. La rubia le ayudaba a su hermana a empacar sus cosas, mientras no paraban de hablar, pensando en que no conocían Grecia ni el Santuario de Athena, y con gran alegría trataban de disimular el dolor que les iba a causar separarse. Hilda le expresó su nerviosismo pues el viaje implicaba una intensa convivencia con Julián, y pese a la plática que habían tenido aquel día en el café, ella aún se sentía algo incómoda en su presencia. Pero Flher trató de tranquilizarla asegurándole que no estarían solos seguramente en ningún momento, y que después de todo, se trataba de una oportunidad única para conocerle más, no solo a él si no a los caballeros de Athena y a la Diosa misma, lo cual tranquilizó a la sacerdotisa.
Saori mandó a llamar a Jabu, pero Tatsumi no pudo localizarle por ningún lado. No deseaba por ningún motivo marcharse sin hablar con él. Pensó una y otra vez en qué decirle. No podía decirle que su corazón le permanecía a Seiya, pues recordaba muy bien que nunca se habían sido muy simpáticos el uno al otro. Además del detalle de que a ella le estaba prohibido poner sus ojos en cualquiera, mucho menos en un caballero. Aún así, Saori buscaba las palabras que podría decirle a Jabu para aliviar la pena que sin querer le causaba. Aunque todo parecía indicar que no podría hablar con él tan pronto como ella quisiera...
Marin empacaba en su habitación cuando Shaina entró y se sentó en una esquina de la cama, viéndola guardar sus cosas.
- Voy a extrañarte...
Un nudo se formó en la garganta de la pelirroja al oírla decir esas palabras. Incluso un par de meses antes, oírla decir ello hubiera sido imposible. Pero se habían conocido mucho en aquellos últimos días y ahora, ambas sentían lo difícil que iba a ser pasarla sin el apoyo de la otra
- Yo también... pero no puedo rehusarme a ir con ella... Tengo tanto miedo... tanto miedo de que para cuando yo vuelva, él...
- Shh, no digas eso. Tu lo conoces mejor que nadie. Es terco como una mula. No va a morirse. Te prometo que todos los días le hablaré de ti, de lo mucho que lo extrañas y de lo mucho que te importa. Iré a ver a Aioria también, de tu parte, digo
Marin se congeló por un segundo. Le sorprendió que Shaina le hablará abiertamente de eso. Todo había sido siempre leer entre líneas, suponer, completar los silencios, lo que no se dice. Pero aquella noche, ambas sentían que podían confiar y abrirse del todo.
- Al menos él se está recuperando – dijo Shaina con un leve dejo de amargura
- Me gustaría estar aquí para cuando él abra los ojos.
- Lo amas, ¿verdad?
- ... Creo que desde el día que lo conocí.
- A mí me pasó lo mismo con Seiya...
Aquella noche, las amazonas se sintieron más cercanas que nunca. Se atrevieron a confiar y a abrir sus corazones, pues necesitaban desesperadamente desahogarse. Marin le confesó a Shaina lo enamorada que estaba de Aioria, y los grandes esfuerzos que hacía por ocultarlo, pues él siempre había sido terriblemente amable con ella, pero no había implicado nunca un interés en algo más y ella no deseaba para nada arruinar su amistad incomodándolo con un amor no correspondido. Le confesó que se las arreglaba para ir a verlo todos los días, aunque sólo lo veía de lejos pues no se animaba a acercarse más.
Shaina por su parte, le confió a Marin que la noche en la que no llegó a la mansión se fue a caminar por las calles de Tokio, tratando de olvidar lo que había visto. Marin no daba crédito a todo lo que Shaina le contaba, el pleito que ella y Saori habían tenido en el barranco hacia tres años por él, y el beso que ella había presenciado. Fue así que Marin completó las piezas del rompecabezas. Ahora todo tenía sentido. Saori estaba enamorada de Seiya...
Por supuesto que ambas se juraron silencio la una a la otra, pero Marin sobre todo sintió un gran peso, pues la información que Shaina le había dado era muy pero muy delicada y debía de callar, por el bien de todos, pero sobre todo de él...
Ariadna, por su parte, estaba exhausta. Kiki se había quedado dormido profundamente abrazado a su maestro, y Ban lo había hallado unos veinte minutos después y se lo había llevado. Ariadna, de nuevo a solas con el caballero, se quedó observándolo por un buen rato, recordando la cálida sensación que la había embargado al sonreírle él en aquella visión. Se dio cuenta de que había muchísima actividad en aquel lugar, y de que Athena se hallaba despierta ymuy lúcidaasí que le pareció lo más prudente quedarse en aquella habitación para esperar a que cayera la noche para proseguir con su investigación.
El sueño la venció y despertó cerca de las dos de la mañana. Percibía el silencio y toda la calma que reinaba en el lugar. Había llegado su momento de actura. Sacudió su cabeza tratando de despejarse y de olvidar por un segundo al caballero con el que había pasado la tarde. Tenía una misión importante que cumplir y debía de seguir con ella hasta el fin.
Así que con una tristeza que no podía explicarse, abandonó la habitación del caballero y continuó su búsqueda de Athena. En su camino, fue encontrándose a más caballeros, y extrayendo detalles de sus recuerdos que le podían ser de utilidad.
En una habitación, halló a un caballero de cabellos cortos y azules. En un sillón de la habitación, dormía una chica de cabellos rojos a la que habría ignorado por completo, de no ser por que de su voz salió una palabra
- Seiya
Aquello llamó poderosamente su atención. Se acercó a la chica y la reconoció. ¡La había visto en los recuerdos del caballero Pegaso! O al menos así le parecía por su físico. Ella tenía una pesadilla, y su cuerpo despedía una leve aura azul que no pasó desapercibida para la hechicera. Puso una mano sobre su frente. Lo que vio y sintió, la llevó a recorrer los pasillos corriendo.
Y es que jamás pensó que sucediera algo como aquello.
Los ojos de la albina no daban crédito. Ahí, justo frente a ella, se le entregaban las respuestas que tanto había buscado. ¿Cómo no se le había ocurrido antes esa posibilidad?
Frente a ella se hallaba él. No podía llamarle mas que milagro, era un milagro que estuviera vivo. Recordaba haber visto su cuerpo desangrándose en Elysion, antes de llevarse su alma hacia Asfodelos. Pero incluso aquel día, no le había parecido tan grave su estado.
Estaba desmoronándose. En aquel momento vinieron a su mente imágenes de él, lleno de vida, peleando, viviendo. Y por ello le invadió aún más la tristeza. Porque él era ahora apenas una décima parte de lo que había sido
Podía percibir el dolor, palpable. Y aún pese a todo, podía sentir su lucha infatigable.
Lo comprendió todo de un golpe. Y salió corriendo de ahí. Tenía que hablar con Perséfone en ese mismo instante.
Eran la una de la tarde cuando por fin le dieron de alta. Se vistió con rapidez, ayudada por Oyuki. Y salió de su cuarto decidida a no mirar atrás hasta haber abandonado el hospital. Lo había pensado muchísimo también, y había decidido no ir a verle, ni a él ni a ninguno de los caballeros antes de partir, porque sabía que si lo hacía no podría marcharse.
Y fue una sabia decisión, pues si hubiera ido a verlo, se habría dado cuenta de que él entraba en una terrible crisis...
Todos los que se quedaban, excepto Seika, se habían reunido en la entrada del hospital para despedirse de ella. Saori abrazó a todos. Un poco alejada del grupo, estaba Shaina. Se miraron y en silencio intercambiaron miradas que lo decían todo
- Cuídalo...
- Lo haré...
Saori buscó desesperada el rostro de Jabu, y daba unos débiles pasos hacia el auto cuando le vió, cabizbajo y con los ojos enrojecidos. Ella sintió que el corazón se le rompía de nuevo, pero no era el momento para resolver la situació caballero Unicorniotendría que esperar...
En la entrada estaba la limosina esperándola. Dentro de ella estaban Marin, Geki y Nachi. En otra limosina, viajaban Kiki, Hilda, Julián y Thetis. Llegaron en menos de veinte minutos a la pista donde el avión ya les esperaba. De manera muy rápida todos abordaron y sus pertenencias fueron acomodadas.
Saori miró desde la ventanilla de su asiento a la vacía pista. Hilda se dio cuenta de su tristeza y se sentó a su lado
- No te preocupes, Saori, estoy segura de que estaremos de vuelta en muy poco tiempo, y tu estarás lista para ayudarlos a todos
- Eso espero Hilda, de verdad eso espero...
Tienes que resistir. No te me mueras¿me oyes Seiya? No te mueras. Aguanta mientras no esté aquí. Resiste... voy a volver por ti y entonces te pondrás bien y ya no vas a sufrir. Haré lo que sea¿me oyes? Lo que sea. Solo resiste un poco más, amor mío...
Diana despertó empapada en sudor, llena de miedo y de desasosiego. Había soñado con él como todas las noches, pero había algo extraño en la manera en la que había sucedido esta vez.
Fue como si él la hubiera llamado, podía recordar su voz pronunciando su nombre, llamándola a gritos.
Pudo sentir entonces la energía de odio y venganza que corría en el castillo. Vistió con toda la rapidez de la que fue posible una túnica sencilla de las que usaba siempre que iba a verle, y corrió tan rápido como le fue posible a través de los largos y lúgubres corredores hasta llegar al calabozo.
Al entrar, pudo escuchar un gemido. En medio de la obscuridad, vio su cuerpo pendiendo de cadenas. Iba a lanzarse a correr hacia él cuando el le gritó, reuniendo todas las fuerzas de las que fue capaz
- ¡Vete! ¿Me oyes? ¡He dicho que te vayas inmediatamente de aquí!
Las lágrimas asaltaron a Perséfone. ¿Qué había sucedido? Un pánico inmenso se apoderó de ella. ¿Es que acaso sabía la verdad y por eso la quería lejos?
- Seiya, por favor...
- ¡Dije que te vayas! ¡Ahora!
Los sollozos comenzaron a sacudir el cuerpo de la diosa. ¿Qué había sucedido? ¿Es que todos sus intentos por recuperarlo se había venido abajo?
- Seiya, dime que pasó... Seiya... ¿Seiya?
Él no podía lograr que su voz saliera de su garganta de nuevo, le costaba demasiado esfuerzo. Lo cual ella aprovechó para acercarse a él. Tomó su rostro entre sus manos y se horrorizó al verlo lleno de sangre y angustia
- Por Zeus, ¿qué te sucedió? Seiya, contéstame. ¿Quién te hizo esto?
A penas con un hilo de voz, respondió
- ...Hypnos...
Hola hola, y gracias mil por todo, todo el apoyo que me han brindado con sus valiosísimos comentarios. Trataré de ser breve. Sufrí un leve bloqueo de escritor y pues además, entre mis obligaciones y mi novio he andado de lo más ocupada, pero no abandono esta historia, créanme, aún tengo mucho que contar, les doy un leve avance de lo que vendrá en el capi que sigue para compensarles la espera.
El arribo al Santuario. Ariadna halla la explicación al misterio, mientras cuatro caballeros más reaccionan, además de que sabrán que fue lo que le sucedió a Seiya y las consecuencias de ello. Espero muchos reviews y me voy a chambear, para que no tengan que esperar tanto para el capi quince. Un besote para todos.
Fuego
