¡Saludos a todos por última vez! Ahora sí que hemos llegado al final. Ya vengo con el epílogo, para cerrar las cosas, y espero que les guste. Me tomé mucho tiempo revisando porque he de confesar que soy horrible haciendo finales. Espero que no les desagrade la conclusión de esta historia. Mil gracias a todos los que se pasaron a leerla, a todos los que le dieron una oportunidad, a todos los que les gustó y a los que no también. Y por supuesto a aquellos que me dejaron reviews; perdónenme por no haberlos contestado. Aquí está el epílogo, para que lo disfruten ^^

Aviso: Contiene spoilers del capítulo 362 del manga. Aparte de eso es un fic un poco raro. Digamos que la historia original de Naruto se 'detiene' en el capítulo 362 y a partir de ahí sigue una evolución completamente distinta del manga. Me cuidé de no hacer AU, OOC ni nada de eso, pero eso era necesario para la historia, de algún modo.

Disclaimer: Los personajes de Naruto, idea original, derechos y bla bla bla pertenecen a Masashi Kishimoto. Yo sólo los tomo prestados con la esperanza de entretener a los lectores. Aunque como buena fangirl, desearía que Kakashi-sensei, Neji-kun o Itachi-sama entre otros fueran míos, pero de momento no hay modo.


EPÍLOGO

Estaba anocheciendo en el desierto. Una débil brisa levantaba minúsculos granos de arena, que se mecían en el viento, suspendidos durante unos instantes, para después ser transportados a otro lugar. Este sencillo fenómeno ofrecía un bello espectáculo digno de ver: creaba la ilusión de que las dunas se movían como las olas del mar.

- ¿Aún estás aquí? - dijo una voz masculina a sus espaldas.

Ino se volvió, con los codos apoyados en la barandilla del balcón. Su largo pelo rubio ondeó en el viento y le impidió la visión por unos momentos, pero no importaba. Ya sabía quien era. Y no quería hablar con él.

- No quiero que esto termine así - como no contestaba, Gaara siguió hablando, pero no se acercó más. Sabía por experiencia que en momentos como aquel era mejor mantenerse a una distancia prudencial. Este pensamiento le hizo remontarse al pasado. Había hablado de terminar y en ese momento recordó cómo había empezado todo. Cómo desde entonces habían llegado a conocerse tanto, hasta saber incluso esos pequeños detalles que hacen a una persona ser quien es.

Ino lo miró fijamente, aún sin decir nada. Sus ojos se encontraron; dos tonos distintos, pero igual de azules. Dejó caer los brazos a ambos lados de su cuerpo y se relajó visiblemente. Gaara lo tomó como una señal y se acercó hasta quedar a su lado. Ella se había dado la vuelta otra vez, observando el horizonte.

- Lo siento. Nunca quise decir todas esas cosas que dije - explicó él.

- Pero lo hiciste - lo acusó ella.

Se quedaron en silencio otra vez, cada uno perdido en sus propios pensamientos. Sólo se oía el murmullo del viento y, de fondo, los ruidos lejanos de la ciudad, apenas un eco del bullicio. Ino reflexionó largamente y su mente retrocedió hasta ese día. Todo había empezado entonces. Habían vencido a Zetsu y parecía que, de momento, el mayor mal de los últimos años había quedado por fin erradicado. Pero mientras en cada una de las naciones y en todo el mundo ninja se celebraba este acontecimiento, en su pequeño campamento todo era angustia y sufrimiento. El héroe que los había salvado a todos de la pesadilla estaba en coma, herido de gravedad y moribundo. Y ella, que se había equivocado en todo, que no sentía tener el valor para hacer algo como eso, había resurgido inexplicablemente de sus cenizas y allí estaba, haciendo un esfuerzo desesperado por salvarlo, a pesar de lo limitado de sus conocimientos de medicina.

Gaara se estremeció; quiso creer que a causa del viento, pero sabía que en realidad no era así. ¿En qué estaba pensando? Casi se muere aquel día. No era la primera vez que se encontraba en peligro, ni malherido, pero nunca antes había estado tan cerca del final. Quería resistir, tenía que hacerlo, pero algo se interponía entre su fuerza de voluntad y la facilidad de dormirse y dejarse arrastrar hacia la muerte sin más. El recuerdo del cadáver de Ino era demasiado hiriente y torturador. Había salvado a todos, pero no había podido protegerla a ella, tal como prometió. Además, ella se había sacrificado para que él viviera. ¿Qué sentido tenía eso? ¿Qué sentido tenía una existencia así, con una vida regalada por ella pero donde ella no estaba para decirle lo que le hacía sentir? Estuvo cerca, sí; muy cerca: casi mueren los dos. Se estremeció de nuevo al recordar el momento en el que había despertado. Creyó que se encontraba en una especie de infierno; quizá sus buenas acciones en vida no habían bastado para compensar todo el mal que hizo mientras había sido el recipiente del demonio. Era una especie de broma macabra: si había un dios o una fuerza suprema, lo habían destinado por toda la eternidad a permanecer en el escenario del campo de batalla donde había visto morir a la única mujer que le había importado. Entonces sintió algo cálido y se extrañó: los muertos no pueden sentir. Y casi le dio un ataque al corazón cuando giró la cabeza y vio a Ino tendida a su lado, que le sonreía débilmente, extenuada y sin fuerzas, y le agarraba la mano. Más tarde sabría lo que había hecho, nada menos que salvarle la vida por segunda vez aquel día. No daba crédito a las palabras de Hinata. Cuando la transfusión de sangre fue insuficiente, ya que era la regeneración de chakra la función que había quedado dañada y que lo estaba consumiendo lentamente, junto con la hemorragia, había hecho lo más arriesgado que un ninja puede hacer en términos médicos: transferencia de chakra. Era un procedimiento mucho más peligroso que una donación de sangre o incluso de médula ósea, puesto que el chakra era el espíritu del poder de los shinobis. Si se desequilibraba el proceso de formación natural, podían pasar mil cosas. Podía haber muerto. O podría haber perdido su chakra para siempre. Gaara sólo podía maravillarse de que alguien hubiera estado dispuesto a dar tanto por él. ¿Cómo no sentir algo por ella? Había querido salvarla y había acabado salvándolo ella a él.

Después, un par de días más tarde, habían hablado de muchas cosas. Ino le explicó por fin qué había querido decir en la cueva, le contó la misma historia que a Hinata días atrás.

- Yo no creo que tú tuvieras la culpa - opinó él.

- No, no lo entiendes - Ino negó con la cabeza - El informe médico está muy claro. Si la hubiera atendido cuando él me lo pidió, podría haber evitado que Asuma-chan...

- O quizá no - interrumpió Gaara - Ino, eso no lo sabes. Estuvo mal por tu parte, sí. Pero creo que ya te has castigado bastante a ti misma. No eres todopoderosa, Ino. Si eso tenía que pasar, tú no habrías podido evitarlo. No tienes la culpa de eso. Lo que hiciste mal fue negarle la ayuda a un amigo tuyo. Pero creo que Shikamaru cree que ya es hora de olvidar eso. Hazlo tú también. Estoy seguro de que piensa lo mismo que yo.

Inmediatamente, Ino se sintió liberada. Durante años había llevado la carga de la responsabilidad por su comportamiento y había sido demasiado pesada para ella. Que Gaara pensara así de ella le hacía sentirse... bien, como hacía mucho tiempo que no se sentía.

Y como de costumbre, Gaara tenía razón. Muchas cosas cambiaron desde aquel día. El equipo, junto con Sakura, que se había desplazado hasta allí de urgencia para atender a Gaara, regresó a la Aldea de la Arena, donde fue recibido con todos los honores. Allí estaban los cinco Kages de las naciones ninja, así como algunos de los shinobis que habían participado en la misión, además de personalidades importantes del mundo de la política. Y allí mismo, en plena celebración, sobrevino el primer cambio importante que auguraba una nueva era en el mundo ninja: Tsunade y Kakashi nombraron Rokudaime Hokage a Naruto, que había acudido para recoger a su novia, Hinata. Fue una noche espléndida. Nadie pudo olvidar la cara que se le quedó a Naruto cuando, justo después de ser nombrado Hokage, Hinata anunció lo que Ino ya sabía: estaba embarazada. Gaara, sentado a una mesa circular con los demás Kages, invitó a Naruto a tomar asiento como miembro de pleno derecho. Ino jamás lo había visto sonreír tanto. Supuso que hacía mucho que no tenía grandes preocupaciones que lo agobiaran. Además Naruto era su mejor amigo, el primero que había entendido su soledad, el primero que lo había reconocido como una persona y no como un monstruo, el primero que no le había temido. Y ahora él le había ayudado a alcanzar el sueño de su vida. Sí, por primera vez desde hacía mucho tiempo, Gaara estaba realmente feliz.

Esa fue también la noche en que Ino conoció a Asuma-chan, del que tanto había oído hablar. Parecía increíble que sólo hubieran pasado unas semanas desde que Shikamaru le confesara la verdad sobre él. Era tal y como lo había descrito Gaara. Lo traía su madre, Temari, e Ino no dio crédito a lo que oía cuando ambos le pidieron que se acercara a verlo. De modo que tampoco ella le guardaba rencor... Ino estuvo largo rato jugando con él, pues aunque no lo pareciera no se le daban mal los niños (¡cómo echaba de menos a su equipo en esos momentos!). Después habló con Shikamaru, durante horas, de muchísimas cosas. Ya era hora de decirse la verdad de frente. Ahora, su relación aún era un poco artificial, algo tensa, y siempre quedarían vestigios de esos años de alejamiento y de culpas, pero aunque jamás volverían a ser lo que un día fueron, Ino se sentía en paz con él y consigo misma.

Pero ese idiota pelirrojo había estado a punto de echarlo todo a perder. De la misma manera que había aclarado las cosas con Shikamaru, no tardó mucho en confesarle a Gaara que todo lo que había hecho por él no lo habría hecho por cualquiera. Tenía tanto que agradecerle... Y no pretendía que él aceptara sus tontos sentimientos, seguramente solo estaba confundiendo cosas, pero no podía evitar sentir lo que sentía.

Gaara esbozó inconscientemente una pequeña sonrisa ladeada. Estaba rememorando el día en que habían empezado. Como era de esperar, algo muy importante había surgido entre ellos. Pero, tenía que reconocerlo, estaba aterrado ante esa posibilidad. No tenía ni idea de cómo actuar. Sólo sabía que quería estar para ella. Afortunadamente fue más fácil de lo que creía. Y ahora, después de todo lo que habían pasado para llegar adonde estaban, ella quería mandarlo todo a paseo por una discusión que a él le parecía estúpida.

- ¿Entonces ya está? - dijo él con cierto deje de amargura en la voz - ¿Quieres dejarlo así, aquí, en este momento?

Ino se llevó las manos al estómago casi sin pensar, como acto reflejo. ¿Realmente quería hacerlo? ¿Era lo mejor? Le habían dolido mucho las palabras de Gaara, pero ¿estar con él no compensaba todos los años de soledad que había pasado atormentándose? Además, él no tenía ni idea de que estaba embarazada.

- ¿Sabes algo? - dijo ella sin mirarle - En verdad, nunca pretendí no ayudar a tu hermana. No sé por qué reaccioné como reaccioné. Sólo quería protestar un poco, hacerme la ofendida y hacer sentirse a Shikamaru un poco culpable por no haberse quedado a esperarme. Pero siempre tuve intención de hacer lo que pudiera - Cerró los ojos un momento, después siguió - No pensé que él reaccionaría así, no tuve en cuenta sus sentimientos, solo los míos. Fui una egoísta y causé mucho daño a tu familia.

- Ino, ya hablamos de eso hace mucho tiempo - contestó Gaara sin entender a qué venía la mención de algo que ella siempre prefería evitar - Yo sabía entonces, y sé ahora, que no eres mala persona. Todo fue mala suerte, sin más.

Ino no dijo nada. Parecía a punto de llorar. Bueno, últimamente estaba sometida a mucha presión, demasiadas responsabilidades, pero Gaara hacía todo lo posible por que no se viniera abajo. Además de su trabajo como ninja, ser la novia del Kazekage implicaba muchos compromisos, muchas ocupaciones extra.

- Yo no - dijo Gaara. Ino no entendió - Yo no quiero que esto acabe así, Ino. Aquella vez... Prometí que te salvaría. No sé si eso fue un error o un acierto. Tú no necesitabas que yo te salvara. Quería ayudarte, pero al final fuiste tú quien nos salvó a los dos, a mí y a ti misma. Aun hoy, no sé si hice algo de importancia aquel día. Pero no debí haberte subestimado. Se necesita mucho valor para hacer lo que hiciste. Y de no ser por ti, por ese valor que siempre supe que tenías, yo no estaría aquí ahora. Siempre te estaré agradecido por eso, pase lo que pase. Siento lo que dije. Sé que no debí haberlo utilizado, aunque estuviera enfadado. Sé que es algo que te hace mucho daño.

Estaba muy serio. Ino se sintió mal ahora. De nuevo había pensado sólo en sí misma y en lo que a ella le hacía daño, utilizando como excusa que Gaara había sacado a relucir ese tema durante la última discusión. Pero supuso que él no lo habría dicho para herirla. Recordando el pasado, se dio cuenta de que las cosas importantes son las que finalmente permanecen. Y visualizó la sonrisa de Gaara aquella noche, la noche en que se reunieron todos de nuevo. A ella nadie la esperaba. Y él se encargó de que no se sintiera fuera de lugar, de que no estuviera sola. En ese momento había pensado que haría todo lo que estuviera en su mano para que Gaara volviera a sonreír así. Tan sólo unos días más tarde habían empezado juntos. Y ella había aprendido de su mala experiencia con Shikamaru que cuando alguien te importa debes hacer lo posible por no perderlo. Gracias a Gaara ahora era una persona nueva, se había desprendido de esa época de malos pensamientos, pero a veces aún le costaba hacerlo. Hay cosas que nunca se van del todo, pensó. Sacudió la cabeza y se acercó más al chico, que la agarró por los hombros. Ino pensó que era un buen momento para decirle lo de su embarazo, pero calló. Era un silencio de los que no se deben romper, de esos que decían más que las palabras. Y ellos seguían teniendo todo el futuro por delante. Seguramente habría cientos de buenas ocasiones. Así que apoyó la cabeza en el hombro de Gaara y observó cómo la luz iba descendiendo en el horizonte a la vez que aparecían las primeras estrellas en un cielo teñido de negro y azul.


Bueno, y así se terminó todo. Como han leído, este epílogo nos sitúa unos años después del último capítulo y nos remite a lo que sucedió entonces a través de los recuerdos de ambos. Me pareció que era la mejor manera de referir los acontecimientos, porque de otro modo habría parecido casi un capítulo más. Al término de esta historia me di cuenta de que puse mucho de mí misma en Ino y en todo el fanfic en general, y no me gusta que eso pase, porque los personajes deben ser independientes de los caracteres del escritor. Pero por otra parte el escritor es humano y creo que los personajes, por mucho que estén 'prefabricados' como en los fanfics, siempre llevarán impregnada una parte del escritor. En fin, ya no los aburro más con la charla. Espero sepan perdonarme si no es muy bueno pero la verdad es que aparte de ser horrible con los finales, soy aún peor cuando son felices, es que no se me dan. Lo mío es la tragedia y el drama. Así que discúlpenme si quedó demasiado ñoño o algo así. Agradeceré mucho sus comentarios por última vez y, una vez más, gracias por haber leído si llegaron hasta aquí. ¡Sayonara minna!

Matta ne!

Karin16