Disclaimer: Frozen no es de mi propiedad. Yo solamente tomo prestado a sus personajes para divertirme creando diversas situaciones.


Marcas


Era una calurosa mañana de primavera en el reino de Arendelle y la monarca amaneció con un terrible humor. El día anterior se había visto rodeada de un montón de papeleo y además no tuvo las horas aptas de sueño. Y si no fuera suficiente, el sofocante clima empeoraba su estado de animo.

Luego de acicalarse y tratar de ocultar sus marcadas ojeras, decidió ponerse un refrescante vestido que dejaba un poco de sus hombros al descubierto, junto a su típica trenza.

Otra vez, no tenía la opción de desayunar junto a su familia, así que iría directamente a su despacho para avanzar lo más posible en su trabajo y le pediría a Kai que le llevase algo de comer.

En el camino a su oficina, se topó con unas muchachas de la servidumbre. La reina las saludó con una cansada sonrisa y el gesto fue devuelto con respeto. Pero al momento de continuar su trayecto escuchó unos jadeos y murmullos a sus espaldas, haciendo que Elsa volteara curiosa y arqueó una ceja al ver a las chicas levemente sonrojadas, que al verse descubiertas se fueron a paso rápido, no sin antes hacer una nerviosa reverencia.

Llegó al dicho lugar, sentándose en su silla para continuar con los papeles pendientes. Estaba concentrada leyendo un importante papel cuando unos frenéticos golpes se oyeron en la puerta, para segundos después esta fuera abierta.

—¡Muy buenos días, hermana! ¿Cómo has amanecido ho...?—el entusiasta saludo de Anna se vio interrumpido bruscamente por un chillido de sorpresa.

—¿Qué sucede ahora, Anna? —preguntó la mayor molesta, el chillido le provocó jaqueca.

—¿Q-qué te pasó en el cuello?

Elsa confundida, se tocó la zona y la sintió muy sensible, rápidamente buscó un espejo que estaba guardado en uno de los cajones para ver qué tenía. Una violácea mancha estaba en la altura de su nuca, con pequeñas marcas de dientes en los bordes.

Un fuerte color rojo invadió el rostro de la albina, ¿cuándo se hizo eso?. Entonces recordó la noche pasada...


Luego de un eterno día de trabajo encerrada en su oficina, lo único que anhelaba era llegar a su cómoda cama y no despertar jamás. Fue grande su sorpresa al encontrarse con un hombre recostado como si nada en la cama leyendo un libro. El hombre al darse cuenta de la llegada de Elsa, cerró el libro y se acercó a ella.

—¿Cómo entraste aquí?

—Tengo una copia de la llave, ¿recuerdas?—la sonrisa socarrona en el rostro de Hans molestó a Elsa. Soltó un pesado suspiro y pasando de él, se sentó en la cama mientras se deshacía de su trenza. Estaba muy agotada como para lidiar con su novio.

Los dedos del pelirrojo comenzaron a acariciar los hombros de la blonda. Ella cerró sus ojos y echó su cabeza hacia atrás, disfrutando del masaje. La sensación era maravillosa.

Pronto los dedos fueron reemplazados por los labios del cobrizo, repartiendo suaves besos por su clavícula y cuello. Elsa estaba tan perdida en el placer que le proporcionaba las caricias que no se dio cuenta cuando Hans mordisqueaba su nuca.

La noche consistió en fogosos besos y roces. Hasta que Elsa no pudo más y se quedó profundamente dormida sobre el pecho de su pareja.

Hans se fue a su habitación pasada la media noche, con el cuidado de no ser visto saliendo de los aposentos de la monarca.


Elsa salió de su ensimismamiento al escuchar la divertida risilla de su hermana.

—¿Es lo que creo que es?—el tono de la princesa era entre burlesco y pícaro.

—P-para nada, de seguro es alguna picadura de mosquito.—inventó alguna excusa rápida y convincente. Pero Anna no se la tragó.

—¿Crees que soy estúpida? Podré ser despistada la mayor parte del tiempo, pero tengo la certeza de que esa marca no es una picadura como tú dices—la pelirroja sin poder contenerlo más, soltó una estruendosa carcajada. Jamás hubiese imaginado a su hermana en tal situación. —No me esperaba que ya habías llegado tan lejos con Hans.

El comentario hizo que el color en el rostro de la rubia aumentase su tono, tanto que competía contra un tomate recién maduro.

—¡Te equivocas! ¡Aun no hemos hecho eso!

Por supuesto, Anna sí le creía. Conocía a su hermana y sabía que era incapaz de llegar más allá antes del matrimonio. Pero la idea de molestarla un poco era muy atractiva.

—Como tú digas—comentó, recibiendo una mirada fulminante—. Te sugiero que cubras esa marca. No querrás que alguien la vea y se haga ideas erróneas ¿o sí?

Entonces Elsa recordó lo sucedido momentos antes, el cruzarse con las criadas. Ahora tenía sentido el porqué su reacción

Quiso morirse ahí mismo.

La princesa decidió salir de allí, en cualquier momento Elsa explotaría y no deseaba estar presente cuando eso suceda. Al momento de abrir la puerta se hallaba parado la figura de Hans, Anna le dio una sonrisa de lástima y le palmeó la espalda diciendo "Buena suerte".

—Elsa, ¿se encuentras bien?

Y ahí estaba el responsable de todo ese lío. Elsa se sonrojó de la vergüenza y la ira, y en sus manos se iba formando una bola de nieve que iba creciendo en tamaño al punto de superarla a ella.

—¡Desgraciado!

Hans no tuvo tiempo de reaccionar y dicho esto, la bola de nueve le dio de lleno en la cara.


Notas de la autora: ¡Holi! ¡Tanto tiempo!... soy un fracaso;;

Esto en realidad sería una viñeta, pero lo publiqué en drabbles y... no pos guau. :v

Definitivamente odio el bloqueo de autor. Why? Mundo cruel. Why? *c mata*

Espero les haya gustado.

Hacía mucho tengo ganas de escribir un Helsa Omegaverse (hasta el momento solo he leído omegaverse homo._.) pero no pensé que tal universo fuese tan complicado de escribir. ;-;

#PorUnHansEnFrozen2. ¿Quién apoya mi causa? :'v

Eso ha sido todo por hoy, les deseo unas felices fiestas.

Besos. :3