Fic rating M. Historia adulta.
Los personajes le perteneces a SM la historia es mía si lees esto y no eres mayor de edad, ruego sea bajo tu responsabilidad.
Bella.
Que horribles ojeras.
Fue lo primero que pensé frente al reflejo que arrojaba el espejo de mi rostro. Suspiré maquillándome, eso de andar llorando toda la noche, nunca deja nada bueno, pero no pude evitarlo. Luego, volví a suspirar mortificada, mi cabello era un caos por lo que me hice apresuradamente una coleta.
Angela ya estaba preparando el desayuno, cuando bajé un torbellino a la cocina.
―Buenos días, Angie se ve todo delicioso. ―Tomé una rebana de pan―. Me tengo que ir, voy lo que le sigue de tarde, nos vemos.
―¡Alto ahí Isabella Swan! ―Me detuve en seco aun masticando la rebanada―. Siéntate a desayunar.
―Se me hizo tardísimo, Angie. No conoces a Victoria me regañara…
―Te llevas mi auto siéntate de una vez.
Desayuné de todas formas con algo de prisa, y mientas lo hacía pensaba en traerme más ropa y ayudar a Angie con su despensa, no podía estar además de viviendo en su casa, devorando toda su comida. 20 minutos después salí disparada, por poco me mato en las escaleras cuando se me dobló un pie así que suspirarnos, al final decidí que lo mejor sería ir con calma.
A pesar de estar en primavera, no podía dejar de sentir un poco de frio el sol me reconfortó, así como el pensar en Edward. No le había mandado ningún mensaje desde que había descubierto a Jake, lo que pasaba es que aún me sentía confundida. Pero ahora las cosas pintaban mejor, le mandaría un texto más tarde.
—De nuevo tarde, Bella —dijo Victoria mirando su reloj.
— Lo lamento tanto…
— Tienes suerte que Edward no esté aquí. ―Me guiñó un ojo lo cual para mí fue como si me hubiera descubierto con él, por alguna razón mi cara ardió en llamas.
Me encaminé a la oficina, tratando de borrar la sonrisita estúpida que me había provocado el comentario de Victoria y por suerte, el día se pasó volando. Al salir de la oficina me estacione en un centro comercial que estaba cerca de la casa de Angie, quería al menos hacerle una rica cena para darle las gracias.
Pero mis buenas intenciones se vieron truncadas al llegar, el centro comercial estaba llenísimo. Refunfuñando me estacioné al final del estacionamiento, llevé algunas cosas para mí, para poder bañarme y lo demás para la cena. No supe a qué hora compre tantas cosas, pero si me arrepentí mientras cargaba con todas las cosas habiéndome estacionado tan lejos.
Compre tanto como si aún viviera con Jake. Suspiré sabiendo que sería difícil para mí comenzar de nuevo, levanté mi mentón viendo al frente pensando que no iba a llorar más por eso, pero un destello plateado llamó mi atención.
El automóvil que se parecía mucho al de Edward, se estacionó fuera de unos departamentos, fruncí el ceño. De verdad ya estoy alucinándolo, me dije a mi misma porque no había manera en el mundo de que fuera, suspiré mientras llegaba a mi automóvil. La curiosidad volvió a picarme por lo que elevé la mirada, dos personas habían descendido del automóvil y ahora se besaban acaloradamente.
Ese hombre que me había besado con tanta pasión ahora la sostenía a ella, a la misma rubia que había besado Jake. Sentí como mis manos cedían ante semejante colmo, mis piernas temblaron mientras observaba como Edward sostenía firmemente la cintura de la chica, ella literalmente lo estaba devorando. Los ojos llorosos impidieron que pudiera ver más, el sonido de las cosas quebrarse al resbalarse de mis manos sin fuerza, me sobresaltó logrando así que pudiera parpadear, también el sonido los hizo voltear a ellos y cuando nuestras miradas se cruzaron, vi el horror en sus orbes verdes.
Me obligué a respirar, él no necesitaba explicarme nada, y cuando lo vi correr hacia mí, supe que necesitaba hacer lo mismo, correr de él así que como pude me subí al auto. Las estúpidas manos me temblaban para prenderlo, pero finalmente lo conseguí acelerando hasta el fondo para huir.
Pero minutos más tarde, me di cuenta de que no podía conducir bienporque las lágrimas me nublaban la vista, incluso no sentía mi pie lo suficientemente firme en el acelerador, intenté seguir así por varias calles, hasta que tome la carretera. Me iba muriendo. El automóvil cayó en un hoyo haciendo que el automóvil se sacudiera fuertemente, perdí el control unos segundos antes de conseguir orillarme.
No podía continuar así, iba a dañar el carro de Angela, la sangre había abandonado mi cuerpo no tardaría en sufrir un colapso. Sollozando apoyé mi frente contra el volante y cerré los ojos. Mentiste. Había dicho que no estaba en la ciudad y ya había regresado. Lo peor, había vuelto con la tipa que "le había roto el corazón" golpeé el volante sintiéndome llena de ira.
―¡Ahora todos me ven la cara! ¿A qué hora me volví la reina de las estúpidas? ―grité a nadie.
Todo comenzó a dar vueltas, respiré hondo obligándome a calmarme, abrí los ojos y mire hacia enfrente pero no había nada, ni afuera, ni en mi corazón. La noche me absorbía jalándome hacia sus profundidades, escuché como se abría la puerta del copiloto pero no podía moverme para ver quién era, en fin daba lo mismo. Alguien me zarandeaba, me hablaba a gritos, la voz del que juraría era mi ángel, mi propio milagro personal me sacudía una y otra vez, su voz se escuchaba rota.
Cerré más los ojos como si eso pudiera alejarme de él. La voz insistía, sus labios corriendo por mis mejillas me quemaban, no lo quería aquí, no quería esos labios que habían besado a otra sobre mi piel, me obligué a regresar de mi estado catatónico para mirarlo.
―¡Bella! ¡Por Dios, reacciona! ―Ahora sonaba desesperado, parpadeé hasta que pude verle―. ¿Estás bien, nena? ―Me sacudí de su toque sorprendiéndolo, no le di importancia mientras me reacomodaba en el asiento.
―No hay nada que decir. ―Logré articular palabra. Mi voz sonó dura y firme asombrándome pues, pese a mi estado, las lágrimas habían cesado.
―Claro que lo hay, sé que no es fácil de creer, pero ella me besó.
―Tanya ―susurré, su nombre quemando en mi lengua.
―Sí, es que yo la fui a buscar por qué…
―¡Basta Edward! ―rugí mirándolo―. No necesito tus explicaciones, lo que no entiendo es por qué me engañaste, ¿qué querías de mí? ¿Solo una amante? ―escupí llena de ira, sus ojos esmeraldas un poco llorosos, no deberían convencerme.
―Sé que sonará muy estúpido pero, te lo explicaré.
―¡No! y hazme el favor de bajarte de mi auto o me bajaré yo. ―Furiosa quise abrir el auto pero él había puesto con el botón los seguros.
―Bella solo déjame explicártelo, después me bajare y no te volveré a buscar nunca te lo juro. ―No tenía caso forcejear, no cuando no había fuerzas en mí, por lo que lo miré tratando de no llorar.
No hice más movimientos por escapar, lo dejaría que intentara convencerme sin embargo después de que me dijera sus mentiras, le pediría que se bajara para marcharme.
―¿Qué quieres hablar?
―Toda esta mierda empezó porque quería saber si Jacob salía con Tanya. ―Me obligué a no temblar, incluso a no mirarlo―. Me moría de curiosidad por saberlo y de ser así, descubrirlo para tontamente correr a contártelo, me regresé de Miami antes porque sabría que no tendría forma de escabullirme de tu lado, para buscarlo. Así fue como comencé mi tonta faceta de detective ―sonrió con tristeza―. Los vi salir juntos en la tarde pero eso no me decía nada, no significaba que te engañara, por lo que alcancé a Tanya, ella se ofreció contarme si la llevaba a su casa… accedí como un estúpido con tal de que me lo dijera, al final me lo confirmó Bella…
―¿Qué Jacob me engaña? ―pregunté en una extraña voz.
―Sí. ―Lo miré fijamente llena de rencor.
―Eso ya lo sabía, Edward. Lo descubrí ayer. No tenías por qué hacer todo esto, me alegro que con ese encuentro ustedes arreglaran sus diferencias, ahora si me permites... ―Sin más encendí el vehículo, él se apresuró cerrando la llave y apagando el motor.
―No he terminado, no estaba enterado que tú ya lo sabías ¿por qué no me lo dijiste por mensaje? ―Se guardó las llaves.
No te lo dije por el dolor que me causó saberlo.
―No lo sé. ―Me encogí de hombros, él pellizcó el puente de su nariz.
―En fin llegamos a casa de Tanya y en un segundo la tenía encima, me mordió para poder acercarse a mi boca, quise quitarla pero no pude con facilidad, ¿eso no lo viste? ―Lo miré fijamente hurgando en sus ojos, de verdad quería creer en sus palabras, pero cuando recordaba la escena, no era eso lo que veía, rompí en llanto otra vez.
―Por favor, Bella, no puedes creerte eso que viste, de qué han servido mis besos, mis caricias, nuestros te quiero, ¿si en mí no confías, si ahora nos estamos perdiendo? Jamás volvería con Tanya y bien lo sabes, ¿cómo puedes dudar así de mí? por favor tienes que creerme. ―Tiró de mis manos acercándome a él, lo empujé cuando intentó abrazarme pero fue inútil, su tonificado pecho se sentía como una roca.
―Nunca ha tenido sentido que me quieras... apenas y nos conocemos ―lloré contra su pecho.
Él sujetó mi rostro con las dos manos, sus ojos quemaban a través de mí, y cuando se acercó para besarme intenté girarme pero me besó a la fuerza, protesté entre sus labios. No que le importara. Sostuvo mi rostro aferrándome al suyo, intenté empujarle con mis débiles manos, pero no pude. No solo porque fuera más fuerte que yo, la verdad era que… lo amaba. Demasiado como para hacerme la digna, demasiado como para poder rechazar el sabor de su boca, ¿y si me había precipitado? ¿Cómo alguien que había quedado tan lastimado iba a volver con la misma mujer?
El destino nos había hecho una mala jugada.
―Quiero estar contigo, ser tuyo. ―Insistió entre mis labios, su aliento golpeando mi piel.
―Edward es que yo…
― Shhh, no me digas nada ¿dónde estás quedándote?
―¿Cómo sabes que no estoy en mi casa? ―pregunté frunciendo el ceño.
― Eso no importa, ¿Dónde te estás quedando?
― Con Angela.
―Quédate conmigo hoy.
― No, Edward no creo que sea conveniente…
―Por favor ―imploró estrechándome entre sus brazos, mordí mi labio, concentrándome en sus ojos que parecían sinceros. Su mano recorría perezosamente mi mejilla, mi mente gritando que me fuera, pero mi cuerpo amenazado con sufrir una combustión por tenerlo tan cerca.
Suspiré derrotada.
Edward.
No podía separarme de ella, no hoy, así que después de dejar a Angela su auto, nos dirigimos al departamento de Isabella. Ya lo conocía por fuera, pero me moría de curiosidad por entrar, así que sin esperar ninguna invitación, me bajé rápido de mi auto y le abrí la puerta.
―No me tardo, no es necesario que me acompañes… ―aseguró con una frágil sonrisa. No respondí, sujeté su mano para caminar hacia dentro. Ella no se movió ni un milímetro. Enarqué una ceja.
― No piensas moverte. ―No era pregunta.
― No.
―¿Así las cosas?
―No quiero que veas el desastre ―mintió de esa forma tan mala que solo ella podía hacer. Suspiré fingiéndome derrotado―. Te prometo que no tardaré… ―Sin aviso alguno, la sujeté por la cintura y la elevé sobre mi hombro, riéndome al escuchar sus chillidos indignados.
―¿Qué ocultas?
―¡Nada! ―gritó pegándome.
―¿Tienes algún esclavo sexual encadenado?
―¡No! ¿Cómo puedes pensar eso?
La ignoré hasta que llegamos a la puerta, ella de nuevo suspiró mortificada mientras buscaba las llaves hasta que finalmente dio con ellas. Lo primero que me golpeó fue el inconfundible aroma a fresas mezclado con algo más. Respiré hondo tratando de calmarme. Las paredes en color crema, lucían un tanto gastadas, no reflejaban la luz que provocaba Bella, el piso de madera crujía al caminar. En una esquina, una planta había muerto, seguramente por falta de agua, no obstante fuera de eso, todo estaba muy en orden. Todo el pequeño lugar tenía un poco de ella, en los colores, en los cuadros. Me dejé caer en un sofá, mirando distraídamente la mesa de centro donde había una foto, la tomé para verla de cerca.
―Lo lamento, no tuve tiempo de limpiar. ―Se disculpó con una sonrisa.
―Tira ya esta foto. ―Odiaba ver esos brazos rodeándola con firmeza, la mirada de él era totalmente posesiva y me hacía querer romperla. Bella extendió su mano, pidiéndomela por lo que tuve que dársela.
―Todo ha pasado tan rápido ―susurró con tristeza. No, no te quiero ver triste. Me levanté del sofá y la abracé por la cintura, inclinándome a su oído.
―Creo que debo subirte el sueldo.
―¿Qué? ―preguntó contrariada.
―No te mereces vivir aquí, mereces un castillo o una mansión cuando menos. ―Deslicé la nariz por su cuello, deleitándome con su aroma.
―Efectivamente, creo que debo pedirle a mi jefe un aumento, es un poco tacaño ¿sabes? no me acabalo ningún castillo con mi miserable sueldo. ―Apretó sus labios conteniendo una sonrisa, al tiempo que me pegaba con el retrato en el pecho.
―Ese jefe ha de ser un tirano. ―Ella se rio, liberándose de mí. Le devolví la sonrisa dándole un pequeño beso.
Una vez que hubo empacado sus cosas, platicamos de nuevo del malentendido, le conté de lo mal que habían resultado las cosas, hasta que finalmente me detuve fuera de mi casa, a la espera de que Alec me abriera.
―Debí imaginarme que vivías en una mansión. ―Dejó escapar un suspiro, la miré solo para encontrarme con que sujetaba su labio inferior entre sus dientes.
―No es una mansión, Bella. Es solo mi casa y también es tuya ―aseguré.
Luego de estacionarme, corrí antes de que se bajara, siempre tenía esa costumbre de querer bajarse sin esperar a que le abriera la puerta, la sorprendí al cargarla en brazos para entrar juntos a mi casa.
―Bienvenida ―susurré depositándola en el suelo.
Ella suspiró entrando, sus dedos corrían ligeramente por la tela de los sillones, y como niña curiosa, me miró para ver si podía explorar, le sonreí abiertamente dándole todas las libertades que quisiera. Luego me descalcé dejándome caer en un sofá, para admirarla sin dejar de estar asombrado de tenerla aquí.
La propia casa cobraba vida con su presencia, sí definitivamente la quería viviendo aquí, iluminando mi casa y mi vida entera, sin poder contenerme la alcancé a mitad del pasillo, asustándola cuando la tome por la cintura. Estaba viendo una foto de mi familia.
―¿Y cómo te fue con tu familia, si los visitaste? ―En su voz una pequeña nota de sarcasmo. Aún dudaba de lo que le había contado.
―Por supuesto, me fue muy bien ya me extrañaban mucho, tenías razón no debo dejar de frecuentarlos tanto tiempo. ―La giré para que quedara de frente a mí―. ¿Me crees?
Posé sus manos sobre mi pecho, asintiendo. No dejé de mirarla mientras me acercaba a sus labios, nunca tendría suficiente de ella, cuando por fin encontré su lengua, cerré los ojos, dejando que su sabor nublara mis pensamientos, quería recorrer cada centímetro de su cuerpo y de ser posible detener el tiempo, los abrí de vuelta y me topé con su mirada nos quedamos así mirándonos… amarle me resulta tan fácil, que no necesitaba de porqués, no tenía dudas, ni miedos. No necesitaba jodidamente cambiarle algo, solo la necesitaba a ella.
No sin dificultad, logré romper el hechizo de su mirada, sujeté su mano guiándola a mi habitación para que la conociera. Caminó lentamente, recorriendo todo con su mirada. Me apoyé en la puerta sin poder dejar de admirarla. Su blanca piel, sus largas y torneadas piernas, su cabello largo y un tanto ondulado, su falda lila ceñida a sus caderas… aún no sabía si toda ella ya me pertenecía o no, me resultaba imposible no sentirme atraído y enamorado, de vivir en el peligro, de saber que justo ahora quizás estaba pensando… en él, mierda.
―¿Algo va mal? ―preguntó de pronto, cerré los ojos rehusándome a mirarla.
―Me preguntaba si… ya tomaste una decisión... ―Logré decir.
―Edward, yo… aún no he hablado con Jake. No pude verlo después de que me enteré que me engañaba. Quiero hacer esto bien, quiero que hablemos en cuanto regrese para…
― No me digas más ―interrumpí―. ¿Serían solo dos semanas más? ―ella mordió su labio asintiendo―. Está bien, esperare pero al menos ¿puedes quedarte conmigo durante ese tiempo?
―¿Lo dices enserio? ―preguntó sonando incrédula.
―No, lo dije para ver si te emocionabas. ―Ella elevó una ceja haciéndome reír.
―Bueno, si tú quieres… ―sonriendo recostó su cabeza en mi pecho.
Mi corazón bombeó con fuerza, quería gritar, levantarla y dar mil vueltas pero me limité, únicamente sujetando su mentón. Perdiéndome en sus ojos, deposité mis labios en los suyos, comenzando lentamente a besarla. La estaba sujetando firmemente a mí, aferrándola a mi cuerpo. Luego, cuando el beso comenzó a subir de tono, comencé a desnudarla, grabando en su memoria una noche inolvidable.
Despacio desabotoné su camisa, recorriendo con mis dedos el contorno de su figura, pasando por el nacimiento de sus senos, solté su sostén mientras la empujaba hacia la cama.
―¿Me extrañaste? ― Su voz sensual mandó una corriente por todo mi cuerpo.
Mierda, sí.
―En realidad no mucho ―respondí con una sonrisa. Ella me miró de la misma forma que yo, con hambre en sus ojos.
―Pues yo sí, y te quiero sentir ahora.
Mi erección se agitó haciéndose presente, ella también tenía vida propia y quería malditamente enterrarse en Bella, respiré entrecortadamente colándome entre sus piernas y cuando su humedad tocó la punta de mi pene, siseé besándola con ardor.
―Pensé que no me habías extrañado ―musitó entre mis labios.
—Ya sabes que si —gruñí en respuesta.
―Edward... ―susurró despegándose de mis labios, luciendo increíblemente vulnerable―. Es en este preciso instante cuando tus labios tocan mi cuerpo, cierro los ojos y pretendo imaginar que de verdad eres mío… ―Sin darme tiempo si quiera a procesar las cosas, enredó una de sus manos en mi cabello, atrayéndome a su boca.
Y en un segundo, nuestros besos se volvieron frenéticos, la temperatura elevándose sobre nosotros como una enorme ola de calor, me encontré abriéndome paso entre sus piernas, y sin pensarlo, me hundí en ella de una sola estocada. Ambos gemimos, respiré a través de los dientes apretados mientras me empujaba una y otra vez. Bella enredó con fuerza sus piernas a mi cintura, sosteniéndose a mí con todas sus extremidades.
—No son imaginaciones, ya te lo he dicho soy tuyo —jadeé en su oído.
Recorrí su cuello con mis labios, dejando besos húmedos al tiempo que aceleraba mis estocadas, mi piel ardía en llamas. Respiré profundo, sosteniendo sus caderas con mis dedos hundidos en su piel, Bella arqueó su espalda apretándome contra ella, gimió con dulzura, podía sentirla estaba tan cerca.
―Te amo ―jadeó entrecortadamente, abrí los ojos, sus palabras me golpearon con fuerza.
Por primera vez en siglos, podía ser yo mismo, podría romper las restricciones que me había impuesto de no enamorarme de nadie. Una cosa era querer y otra amar, sin duda amar era algo muy íntimo y peligroso. Sobre todo peligroso.
Ella cerró los ojos, todo su cuerpo tenso succionándome mientras tenía un orgasmo y Dios… mío. Nunca en mi vida había visto un espectáculo tan hermoso, y para mi suerte o desgracia, no había marcha atrás. También la amaba. Cerrando los ojos lancé mi cabeza hacia atrás, concentrándome única y exclusivamente en ella, un par de embates más bastaron para que encontrara mi propia liberación, a la vez que susurraba en su oído:
―Como yo a ti, nena.
Muchas gracias Irene por todos tus consejos y tus aportaciones :) gracias Janalez ojala que te haya gustado. Y de nuevo gracias a todas las que me agregaron a favoritos y a Alertas, nos leemos pronto. Espero sus reviews!
