Capítulo 14: BEISBOL

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- Haciendo el conteo del día de hoy tenemos… 23 equis que eso significa 23 intentos fallidos de convencer a los demás que tú y Helga se han convertido en buenos amigos.

- No lo entiendo Gerald. Cada vez que intento acercarme a Helga sucede algo que hace que todo salga al revés.

- Tal vez sea el destino Arnold. Tal vez el mundo no está preparado para el romance entre Arnold Shortman y Helga G. Pataki…

- O tal vez deba seguir intentando…

- Vamos Arnold, después de hacer todo lo de tu lista no has tenido ningún resultado. Ahora piensan que estás más enamorado que nunca de Lila.

- Eso no es cierto Gerald.

Un grupo de niñas avanzó entre cuchicheos al lado de los chicos y Rhonda, quien era el centro del grupo, habló bajito hacia sus amigas: -Miren, ahí está el pobrecito Arnold, admirable su persistencia con Lila, pero lamentable no saber cuándo rendirse.

Gerald alzó una ceja mirando a su amigo, quien se quedó callado al escuchar a las niñas susurrar.

- Bien, tienes razón, piensan que Lila me sigue gustando. Pero eso cambiará Gerald, lo presiento. Quizá hacer una lista de actividades no fue lo más inteligente pero todavía me queda un as bajo la manga.

- ¿Y cuál es? – preguntó el moreno sacando un chocolate de sus bolsillos y engulléndolo.

- Que Phoebe y tú salgan juntos.

- ¿Qué yo qué?

- Salgan juntos Gerald.

- ¿Yo, con Phoebe Heyerdhal? – Gerald tragó el último pedazo de chocolate sintiendo un ligero fastidio en la garganta.

- Así es.

- Pero, yo y Phoebe…err – Gerald se aclaró la garganta – Es absurdo, es algo que…digo, Phoebe, la chica me agrada pero…no soy un hombre fácil sabes? porque…un momento…¿Qué tiene eso que ver con lo tuyo con Helga?

- Si salieran juntos, Helga y yo tendríamos que estar con ustedes, siendo tú mi mejor amigo y Phoebe la mejor amiga de Helga. No sería tan raro vernos juntos en ese caso, y con el tiempo, podríamos mostrar libremente nuestra relación. Y no, no tendrían una cita real, si es lo que te preocupa, solo sería una salida de amigos, tú y Phoebe se llevan bien, recuerdo que una vez fueron al festival del queso.

- No fuimos Arnold, solo nos encontramos en el festival, solo nos encontramos. Hermano entiendo que ahora hagas cosas locas y demasiado extremas por amor, pero me estás envolviendo en tus locuras ¿sabes?

- Por favor Gerald.

- De acuerdo, está bien, de acuerdo, lo haré por todos esos años de amistad que tenemos. Pero, ¿cómo se supone que le explicarás a Phoebe de las citas no citas que comenzaremos a tener…?

- No lo haré, Helga hablará con ella.

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- ¿Estás diciendo que… - Phoebe acomodó sus anteojos – Gerald Johanssen me invitará a salir?

- Si Phoebe, el plan es perfecto. El cabeza de cepillo te invitará a salir y nosotros iremos con ustedes, como una cita doble.

- Esto es algo muy repentino Helga – mencionó Phoebe – no sé qué decir.

- Si, es algo horrendo lo sé, ¿quién querría salir con un tipo como él?

- Humm…si,…claro…

- Pero siendo mi mejor amiga, pienso que podrías demostrarme lo importante que soy para ti como para que puedas sacrificarte unas cuantas semanas. Hey, no es como si fueran citas reales, solo serán salidas de amigos, nada más, y ni siquiera tienes que ser amable con Geraldo.

- No lo sé Helga, ¿no sería mejor que Arnold y tú estuvieran juntos sin preocuparse que puedan decir los demás?

- ¿Estás loca Phoebe? ¡No podemos, es estúpido, impensable, increíble! ¿Arnold mi pequeño novio?

- Helga, Arnold en realidad es tu novio.

- Si, pero no frente a los zopencos de la clase. No quiero que Arnold tenga problemas con eso.

- Helga, recuerdo que me dijiste que tú eras la del problema.

- Detalles Phoebe, detalles. ¿Y bien?, ¿Aceptarás salir con Gerald para ayudar a tu mejor amiga a salir de la situación más lastimera en la que se ha visto envuelta toda su miserable vida?

- Si lo pones así… - respondió Phoebe guardando un libro de ciencias en su pequeña mochila celeste – sí Helga, te ayudaré en lo que pueda.

- Genial – respondió Helga con una amplia sonrisa – sabía que podía contar contigo Phoebs.

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Al finalizar las clases del día martes, la campana dio su alerta de salida y todos los alumnos comenzaron a desplazarse por los pasillos de la P.S.118. Arnold y Gerald llegaron a sus casilleros para sacar sus cosas.

- Entonces, tendrá que ser en lugares donde hayan muchas personas.

- Sí, si, ya lo dijiste Arnold. Donde todo mundo nos pueda ver. Si esto fuera real protestaría, pero supongo que no debo preocuparme. Bien – miró al otro lado divisando a dos niñas frente a dos casilleros bastante espaciosos – es hora de trabajar. Si me disculpas Arnold.

Gerald avanzó entre el algarabío, haciéndose paso entre los alumnos hasta llegar al lado de Phoebe y su mejor amiga. Arnold reaccionó y apresuró el paso hasta alcanzarlo.

- Hola Phoebe, ¿qué hay?

- Hola Gerald – la menuda niña sonrió – todo bien.

- Sabes, me preguntaba… - hizo una pausa para agregarle misterio al asunto – si no tienes nada que hacer el día de hoy, tal vez quieras venir a verme jugar en el campo Gerald, y tal vez después podíamos ir a Slaussen's a tomar un par de malteadas, ¿Qué dices?

- Bueno…me encantaría Gerald – respondió la chica jugando con su faldita.

- ¿Es en serio?! – interrumpió Helga - ¡¿Vas a ir al campo Gerald a ver jugar al cabeza de cepillo y luego a tomar un par de malteadas en Slaussen's?!, ¡¿Acaso te comieron el cerebro las termitas de la biblioteca Phoebe?!

Los niños alrededor, dejaron de lado lo que estaban haciendo y voltearon a ver a la niña que alzaba la voz como si estuviera en una protesta. Gerald frunció el entrecejo.

- Errr…¿si? – respondió la chica oriental mirando dubitativa.

- ¡Oh rayos Phoebe!, nunca pensé que te pudiera agradar alguien como el cabeza de cepillo, hoy un partido de beisbol y unas malteadas, mañana viaje por Kentucky y después, crucero de luna de miel y dos pequeños niños.

- ¡¿Qué?! – exclamó Gerald abriendo los ojos más de lo normal. Phoebe por su parte se sonrojó y se tapó la boca con la mano derecha.

- Pero entiendo, si el cabeza de cepillo está tan desesperado porque le des el sí, como tu mejor amiga no puedo negarte el derecho, es más, iré contigo para darte apoyo moral, y no te preocupes, no tendrán que pagar por mis malteadas.

Gerald abrió la boca para replicar pero Arnold puso una mano en su hombro, dándole palmaditas en la espalda.

- Y claro, ¿no me digan que el cabeza de balón irá?

- Si mmm, me gustaría acompañar a Gerald también…

- Genial, tendré que aguantar su presencia también. Pero qué más da, no es como si nunca hubiera tenido que lidiar con sus ñoñerías…

Los niños alrededor comenzaron a cuchichear entre ellos mirando la escena, hasta que poco a poco fueron desviando sus miradas y avanzando hasta la puerta de salida de la P.S. 118.

Helga tomó del brazo a Phoebe y la jaló triunfante por el pasadizo dándole un guiño a Arnold cuando se alejaron de los niños.

- Gerald, no sabía que te gustaba Phoebe – se acercó Sid curioso tras ver la escena que Helga había protagonizado.

- No me gusta – contestó Gerald fastidiado – solo es una salida de amigos.

- Pero quieres casarte con ella y tener dos niños – respondió Stinky.

- Eso lo dijo Pataki, eso no es… - Gerald volteó a ver a Arnold quien le dio una sonrisa nerviosa – no es cierto.

- Sea como sea Phoebe es una buena chica, amable y lista, con las mejores calificaciones de todas, podría ser un buen partido – agregó Sid arreglando su gorra – no culparía a ningún niño si le gustara.

Gerald dejó de fruncir el entrecejo y metió sus manos en los bolsillos de su polera roja.

- En fin, nosotros iremos al campo Gerald también. Nos vemos muchachos – se despidió Sid avanzando y desapareciendo junto con Stinky.

Arnold se sobó el cuello y apenado habló.

- Gerald, lo que Helga quiso…

- Shhh – respondió el moreno haciendo con los dedos una señal de silencio – solo cuatro palabras Arnold. Controla…a…..tu…..novia….

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Toda la pandilla había llegado al campo Gerald. Harold masticaba los últimos pedazos de barrita de chocolate que le había quedado de la escuela mientras se burlaba de Peapod respecto al último discurso que había realizado en la bienvenida de la P.S. 118 para los niños de primer grado. Peapod movía la cabeza negativamente frente al "angustiante agravio" que su compañero le hacía. Rhonda por su parte se encontraba sentada en las gradas, escribiendo rápidamente en su teléfono celular y alzando la vista de cuando en cuando cada vez que llegaba alguien más al lugar. Definitivamente ella no jugaría esta vez, no con la nueva camiseta que había comprado. Sheena sentada también en las gradas, con los codos sobre las rodillas y las manos sosteniendo su rostro, suspiraba recordando a su primer amor y su ausencia por un pequeño accidente. Nadine caminaba alrededor de todo el campo buscando una hormiga más para completar su nueva granja de hormigas y Curly, sentado a unas gradas atrás de Rhonda, reía despacio pero sin parar, mientras se frotaba las manos mirando fijamente el cuello de Rhonda, como si fuera una especie de vampiro que se relamía viendo a su siguiente víctima.

El calor comenzaba a sentirse en medio del campo y el viento se alzaba levantando polvo alrededor. Arnold, quien había llegado junto con Gerald miraba alrededor tratando de localizar a una persona en específico, y Gerald, aún fastidiado por lo que había mencionado Helga en la escuela, se agachó para amarrarse las agujetas. Una sombra frente a él le hizo levantar el rostro y se encontró con la figura de Helga. G. Pataki, con la misma mirada hosca de siempre y las manos en las caderas.

- ¿Qué es lo que haces ahí Geraldo?, es hora de jugar…

- ¿No lo ves?, solo estoy amarrando mis agujetas…- Gerald se levantó de inmediato enojado.

- Hola Helga – saludó con una media sonrisa el rubio a su lado. Gerald rodó los ojos. ¿Por qué la saludaba si ya se habían visto en la escuela hacía media hora?

- Hola camarón con pelos – respondió la niña alzando la uniceja – que bueno que te veo de buen humor, lo vas a necesitar después de que patee tu trasero en el juego.

- Que tierna…-susurró el moreno al rubio – Déjame preguntarte algo nuevamente, ¿De verdad es tu novia?

- Si Gerald – respondió Arnold en un tono enojado.

Helga dio la media vuelta y se localizó en medio del campo

- Bien zoquetes, acérquense ahora mismo donde estoy parada – habló lo bastante fuerte como para que todo el mundo la oyera – Sid deja tus estúpidos juegos y ven aquí hijo – se dirigió al niño narizón quien dejó de jugar con un yoyo y se acercó rápidamente – hey las niñas de allí, acérquense también.

Sheena se levantó y avanzó junto con Nadine quien había desistido en su búsqueda de la hormiga adicional. Sin embargo Rhonda siguió sentada en el mismo lugar.

- El llamado fue también para ti princesa – recriminó Helga.

- Oh no – respondió Rhonda sin dejar de tipear en su celular ni mirar la pantalla – Hoy no jugaré.

- No te lo estoy preguntando, te lo estoy ordenando…

- Y yo te lo estoy diciendo Helga, no ensuciaré mi camiseta nueva por tu tonto juego de béisbol.

- No es que quiera que estés en el juego niña, NECESITO que estés en el juego. No hay nadie más y Eugene está enfermo en casa con el virus del Nilo o algo parecido. Así que será mejor que le digas a Justin que hoy no podrás comprar su disco porque tienes un partido por jugar.

- Ah ah – insistió la niña más rica de todo Hillwood – no lo haré. No podrás obligarme a jugar.

Helga avanzó a zancadas dando la mirada más fiera que pudo haber dado ese año. Los niños que permanecían alrededor del montículo se quedaron quietos, ya sabían lo que sucedería. Pobre Rhonda. Tendría que quedarse en casa después de la golpiza que recibiría, probablemente sus padres intentarían ponerle una demanda a Helga Pataki por perjuicios físicos. Arnold se quedó al igual que los demás durante los primeros diez segundos, y después reaccionó, recordando que no era bueno que Rhonda saliera lastimada por Helga, que la violencia realmente no era el mejor camino para arreglar los problemas, y que Helga podría meterse en serios problemas si tocaba a Rhonda Wellingthon Lloyd. Era la hora de intervenir, con mayor razón porque ahora, él era su novio. Helga apretó los puños a medida que se acercaba a Rhonda, y la pelinegra al darse cuenta de la situación dejó a un lado su teléfono y miró a ambos lados, comenzando a sentir miedo y buscando alguien que pudiera defenderla. Curly, quien estaba atrás, no se movió, ésta por supuesto sería una perfecta oportunidad, su apetecible panquecito seguro quedaría inconsciente y el la podría auxiliar, tomándola en sus brazos y llevándola como un Hércules de sexto grado. ¿La llevaría a casa?, eso lo estaba pensando.

Helga estaba a un metro de Rhonda quien se había encogido. Arnold avanzó a paso rápido tratando de alcanzar a Helga y detenerla. Pero la llama en los ojos de la rubia se intensificó al quedar a unos centímetros de la pelinegra, y Arnold vio con pesar que había reaccionado demasiado tarde. Helga tomó del cuello de la camiseta nueva a Rhonda, y levantó a Betsy lo más alto que pudo. Rhonda solo cerró los ojos.

- Yo puedo hacerlo.

Una voz femenina hizo que Helga se distrajera y ella junto con todos los demás niños voltearan a la derecha. Lila Sawyer se encontraba de pie, a un lado del campo, con la mirada tranquila y una expresión amable.

- ¿Tú qué niña? – respondió Helga sin soltar a Rhonda.

- Yo puedo jugar en lugar de Rhonda, Helga. Si Rhonda no puede jugar yo puedo sustituirla. Claro, si es que no tienen ningún inconveniente en considerarme en su juego.

Helga comenzaría a replicar la inoportuna intervención de la niña de trenzas pero un toque familiar la hizo saltar ligeramente en su sitio. La mano de Arnold había tomado su brazo, exactamente el brazo donde se encontraba Betsy, y la jalaba suavemente hacia abajo.

- Entonces ya está todo solucionado – comenzó a hablar Arnold pasando de Betsy a los cinco vengadores, moviendo dedo por dedo hasta que la mano de Helga soltara la camiseta de su compañera – Lila puede jugar en lugar de Rhonda. ¿No habría ningún problema, verdad Helga?

Helga miró los ojos de Arnold y se derritió por dentro. Oh Arnold, siempre tan bueno y de buen corazón, pensando en el bienestar de los demás, como un ángel protector bajado del mismísimo cielo.

- Oh bien, qué más da. Pero será mejor que hagas un buen papel, no quiero recoger tu cadáver del grass.

- Por supuesto que me esforzaré Helga. Confieso que no he jugado antes béisbol, pero me agradaría aprender, sobretodo porque puedo pasar un rato agradable con todos ustedes.

- Sí, que lindo – respondió Helga fijando esta vez su atención en Rhonda – bien, te salvaste por esta vez princesa, pero para la próxima – la rubia hizo además de estar cortando su propio cuello, después giró sobre sus talones y se dirigió al centro del campo.

- Gracias Lila – dijo Rhonda aliviada – si no hubiera sido por ti esa loca hubiera tocado mi rostro.

- No es nada Rhonda – respondió la pelirroja – además sería interesante jugar por primera vez con el grupo.

- De todos modos llegaste justo a tiempo – intervino Arnold asintiendo.

- No es nada Arnold.

Rhonda miró a ambos niños, quienes luego se dirigieron al lugar donde los demás se encontraban. Una idea atravesó su mente de inmediato y dio una media sonrisa. Claro. Por supuesto. ¿Cómo no lo había pensado antes?. Levantó su teléfono y tomó una fotografía de ambos. Por eso es que Arnold estaba actuando tan extraño desde que la escuela inició. Por eso es que siempre encontraban a Lila al lado de Arnold en varias ocasiones. Por eso había pillado varias veces a Arnold tan sonrojado sin razón aparente. No era que Arnold continuara persiguiendo a Lila, era que en realidad, ¡Lila y Arnold eran novios!. Las miradas amables que Lila le dirigía, debían significar otra cosa más que amistad. ¿Pero por qué esconderían algo tan lindo? Eran el uno para el otro, no sería raro verlos juntos nuevamente. ¿Sería que se sentían avergonzados? Tal vez. Las cosas en sexto son diferentes a cuando estás en cuarto grado. La palabra amor toma otro significado, eso tendría que ser. Esta era una noticia grande. Arnold, el siempre enamorado Arnold consiguió por fin que la amable y segunda niña más hermosa de todo sexto correspondiera sus afectos. Por supuesto ella era la primera niña más hermosa en la escuela. Oh, ¿qué dirían todos los demás si se enteraran?.

- Bien – comenzó Helga – formaremos dos equipos, como su capitán iré repartiéndolos uno a uno.

- No es justo, también debe haber otro capitán – intervino Sid - ¿Qué tal si el otro capitán es Gerald?

- ¿El cabeza de cepillo?, Pero qué tontería – Helga bufó pero la muchedumbre apoyando a Gerald hizo que asintiera refunfuñando.

- Gracias Pataki por tu apoyo – habló Gerald adelantándose – Bien, a los que vaya llamando se irán poniendo detrás de mí. ¡Arnold!.

Helga frunció el entrecejo y se cruzó de brazos. Maldición, pensó, y tenía que llamar a la persona con la que más deseaba jugar en el mismo equipo. Arnold por su parte se quedó quieto y dubitativo miró a Helga y luego a Gerald.

- Arnold, te acabo de llamar – mencionó el moreno llamando a su mejor amigo.

- Si – respondió el rubio sonrojado, caminando hacia la cola detrás de su amigo, sin dejar de mirar a su novia.

- ¡Harold! – gritó Helga, y el obeso niño avanzó mientras lamía la mano derecha para rescatar los últimos rastros de chocolate.

- ¡Sid!

Sid corrió detrás de la línea de Gerald sonriendo ampliamente.

- ¡Torvald! – añadió Helga y Torvald, saliendo desde una esquina, inicialmente fuera de la vista del campo avanzó hasta detrás de la niña de coletas con quien se dio los cincos.

- Hey – reclamó el moreno – eso no es justo. Torvald no es…

- ¿No es un niño de sexto? ¡Ring ring! ¡Equivocado! – asintió la rubia con una sonrisa maliciosa – Torvald pertenece al sexto grado igual que nosotros.

- Pero, digo, no estaba a la vista, estaba escondido, yo no lo pude ver.

- Entonces cómprate un par de anteojos lelo. ¡Peterson!

Gerald frunció el entrecejo furioso pero de inmediato dirigió su mirada al frente y recuperó la sonrisa.

- ¡Lila! – llamó, escogiéndola sobre otros niños que ya tenían experiencia jugando béisbol.

- Si, ya voy, muchas gracias Gerald por escogerme tan rápidamente – agradeció la pelirroja colocándose detrás de la línea de Gerald.

- No te preocupes Lila, sé que darás lo mejor de ti el día de hoy. Claro, que si tienes algún problema al tomar el bate o entender las reglas, Arnold puede ayudarte.

- Sería de mucha ayuda, es muy lindo de tu parte Arnold.

El rubio solo asintió y luego se encontró con la mirada infernal de Helga y la sonrisa de triunfo de Gerald.

- Eso…¡eso no está permitido! – soltó la rubia apretando el puño.

- ¿Qué un compañero ayude a otro?, ¿En qué liga eso no está permitido?, ¿O tienes algún otro problema al respecto Helga?

- Err… - Helga rechinó los dientes y negó con la cabeza – No, hagan lo que quieran. ¡Park!

Rhonda anotó algo en su pequeña agenda y tomó una fotografía en el momento en que Lila agradecía a Arnold quien sabe por qué. Ahora Gerald incluía a Lila en su equipo, a pesar de que no tenía ninguna experiencia jugando. Sabía que estaba ayudando a su mejor amigo. Gerald debía saber. Pero antes de poder decir algo, tendría que tener pruebas. Hasta el momento solo habían sido interpretaciones suyas, pero quizá en algún momento de descuido ellos entrarían en un momento comprometedor y por supuesto, estaría ahí para descubrirlos, quizá con un video o una fotografía de algún beso escondido o una tomada de manos. Ella sería quien destaparía su secreto. ¿Si estaba bien?. Por supuesto que sí. No privaría a los demás de una noticia tan grande y a Arnold y Lila no les haría daño, después de todo les estaría ayudando a vencer sus miedos. Eres una genio querida Rhonda, se dijo asimisma acomodando a un lado su cabello.

- ¿Qué haces mi amor? – interrumpió una voz y un resoplido en el cuello, que le hizo tener escalofríos por toda la espina dorsal.

- Yiukk…¡¿Qué quieres fenómeno?! – respondió arrimándose hacia la derecha para alejarse de aquel que había invadido sin permiso su espacio personal.

- Solo estoy poniéndome detrás de ti para oler tu perfume – respondió Curly arrimándose a la derecha para acercarse a la niña y olfatearla mejor.

- Eres tan desagradable – se quejó Rhonda frunciendo el entrecejo – Solo aléjate y déjame sola. Estoy muy ocupada y no puedo perder el tiempo con tus tonterías.

- Así que…mis tonterías – dijo Curly cruzándose de brazos y mirando pensativo al frente – Si, cariño mío, tienes razón, debo dejarte sola porque mis tonterías no pueden distraerte de tu tan afable quehacer.

- ¿En serio? – preguntó Rhonda extrañada.

- Claro que si dulce lucero del amanecer. Me alejaré de ti, me sentaré al otro extremo de las bancas y no te miraré, ni siquiera lo intentaré.

- Es la primera cosa buena que te escucho decir – afirmó Rhonda incrédula.

- No, no, me equivoco, ni siquiera me sentaré en la banca lejos de ti. Me iré, me iré del campo Gerald, lejos, muy lejos, para no perturbar tu tan encantadora presencia.

- Estás comenzando a decir cosas más sensatas – respondió la pelinegra aún sin creerse lo que Curly estaba diciendo. ¿Por fin la dejaría tranquila? No podía ser un día más genial.

- Si, amor mío, te dejaré sola a pesar de que mi corazón se parta en dos y mis ventrículos sean separados como dos masas deformes y sangrantes. – al oír esto Rhonda puso expresión de asco – pero no importará, adiós mi querida Rhonda, adiós.

Curly se levantó y caminó hasta quedar al lado de la banca, puso la mano derecha sobre el pecho y dio un fuerte suspiro. Entonces, como si hablara asimismo, comenzó a decir: "Adiós mi pequeña ave, quedaré privado de tus besos y te dejaré, sin siquiera decirte las cosas que sé, como el número ganador de la lotería del viernes…"

- Soy rica – mencionó Rhonda mirándose las uñas.

- "…cuál es el significado de la vida, por qué estamos aquí…?"

- Eso no importa, … soy rica – añadió la pelinegra mirando las fotos que acababa de tomar de Arnold y Lila.

- "…los detalles de la vida amorosa de Arnold Shortman…"

Rhonda dejó caer su agenda y volteó de inmediato a ver a Curly, quien había comenzado a avanzar alejándose de ella. La niña se levantó de un salto y jaló del brazo a Curly Gammelthorpe haciendo que se siente al lado de ella.

- Un momento, un momento, ¿qué sabes de la vida amorosa de Arnold?

- Oh muchas cosas querida Rhonda – respondió Curly con aires de desdén – pero no quiero aburrirte con esos detalles tan insignificantes.

- No, no…err…creo que hemos comenzado con el pie izquierdo el día de hoy.

- Hum…pero, tú dijiste…

- ¿Qué importa lo que haya dicho?... En realidad, no veo el problema de que podamos ser amigos, Thaddeus.

- Oh cariño, me dijiste Thaddeus, me vuelve loco que me digas así, ven aquí y dame todo lo que tengas mujer.

- ¡Alto! – dijo Rhonda colocando la palma de su mano literalmente sobre el rostro de Curly, quien ya se había abalanzado sobre ella – Dije amigos…

- Oh, está bien, las cosas pueden ir avanzando de a pocos preciosa – respondió Curly reincorporándose sobre la banca y acomodándose los anteojos oscuros.

- ¿Y bien? – preguntó la pelinegra recogiendo su agenda y abriéndola en la segunda hoja – comienza a decirme qué sabes.

- Bueno – comenzó Curly dando una media sonrisa – ese tipo Arnold, ha tenido muchas pero muchas decepciones amorosas toda su vida.

- Eso ya lo sé – respondió Rhonda – Lila siempre lo rechazó.

- Ella y muchas otras chicas más… - aclaró el niño mordiendo una galleta de salvado con pelusas encima que había sacado de su bolsillo.

- Bueno, eso es patético, no sabía que otras niñas también lo habían rechazado.

- Claro que si, no tiene la suerte que tenemos nosotros.

Rhonda miró aburrida al niño a su lado e ignoró el comentario.

- Pero entonces, ¿qué más sabes?

- Bien – dijo Curly mirando hacia el campo de juego, exactamente a Stinky sacudiendo el cabello puntiagudo – ahora Arnold tiene una novia.

- ¿En serio? – Rhonda se sentía triunfante por dentro. Así como ella lo había sospechado - ¿Sabes quién es? ¿Es de por aquí?, ¿Es de la escuela?

- Así es – respondió el niño, sacando otra galleta de salvado de una bolsa guardada en sus zapato derecho - ¿Galleta mi querida avecilla?

- No gracias – respondió Rhonda mirando asustada cómo Curly engullía algo que hubiera salido de su zapato – Es de la escuela entonces…¿Y cómo supiste que eran novios? – interrogó la chica interesada por primera vez en algo que tuviera que decir Curly.

- Lo descubrí de camino a casa el sábado, cuando había terminado de alimentar a las 24 tortugas del zoológico con galletas de salvado. También les gustan. Los vi correr tomados de la mano. Me pareció extraño, pero seguí mi camino.

- ¿Los viste de la mano?, ¿y no los seguiste? – comentó decepcionada Rhonda.

- Por supuesto que no, no me interesa la vida de los tontos mortales – Curly comenzó a sacar las migajas de galleta de su camiseta y a llevárselos a la boca – Pero los vi juntos ese día por la tarde, en un lugar abandonado, justo cuando estaba buscando al pequeño Einstein.

- ¿Quién es el pequeño Einstein? – preguntó la chica alzando la ceja.

- Mi dron, somos buenos amigos, ¿sabes?, me cuenta los secretos de la gente… - afirmó relamiéndose.

- No voy a preguntar más acerca de tu amigo – mencionó Rhonda adivinando que tal vez lo que escuchara no le iba a gustar – Pero, ¿qué más?, ¿Hay algo más?

- Hum…déjame pensar – dijo Curly frotándose la barbilla por unos segundos – oh si, y se besaron.

- ¡¿SE BESARON?!- Rhonda lo sabía. Arnold y Lila se habían besado. Habían formalizado su relación con el beso tan esperado por Arnold - ¡¿DÓNDE?!, ¡¿CÓMO?!, ¿CUÁNDO?!..¡DIMELO AHORA MISMO CURLY!

- Fue el lunes. Estaba metido en la ventilación, justo encima del cuarto del conserje, cuando escuché que alguien entró en el cuarto. Me asomé para ver tras las rejillas y la vi, parada mirando a todos lados como si buscara algo que se le hubiera perdido.

Rhonda sonrió. Nunca hubiera pensado que Lila, la niña de intachable moral hubiera sido capaz de esconderse en un cuarto, en la mismísima escuela para besarse con Arnold.

- Entonces vi al tipo entrar. Después me distraje porque vi una rata pasar a mi lado. Tenía que atraparla, sino el ritual no estaría completo.

- ¿Y entonces?

- La rata se escapó. Parecía que era una de las ratas más astutas que había conocido en mi vida. Puedo jurar que esa rata…

- ¡No tonto!, Me refiero a ellos, ¿Qué sucedió con ellos?

- Ah… - Curly se encogió de hombros – cuando la rata huyó y no pude alcanzarla escuché un sonido fuerte, como de un golpe. Entonces pensé que la chica lo habría noqueado o él a ella, y me asomé nuevamente, sería divertido ver cómo se destruirían uno al otro. Pero todo lo que pude ver fue a ella arrinconándolo contra la pared, con sus labios pegados a los de Shortman, como si les hubieran echado pegamento extrafuerte.

Rhonda comenzó a soltar una risita. ¿Lila arrinconando a Arnold?, Eso nunca se lo hubiera imaginado. Así que la chica había resultado no ser tan delicada cuando se trataba de relaciones.

- Vaya, vaya, vaya – dijo Rhonda mirando hacia el campo de juegos, en donde Lila avanzaba para colocarse en el puesto de bateador – pero qué interesante.

Lila tomó el bate con dificultad, mientras Helga se acomodó en su puesto de receptor. El lanzador sería Torvald, tal como habían planeado tras hacerse unas señas con la rubia. Cuando Torvald hizo su famoso movimiento de caderas para prepararse a lanzar, Lila trató de agitar el bate para acomodarlo en sus pequeñas manos, pero el bate se resbaló y cayó al piso, causando la risa colectiva de todos en el campo.

- Ja, ja,ja – rió estruendosamente Helga – esto será tan fácil.

Gerald resopló molesto y le indicó a Arnold, quien se encontraba en la posición más cercana, que interviniera, de otras manera perderían el juego contra Pataki. El rubio avanzó hasta donde se encontraba Lila.

- Oh Arnold, realmente lo siento.

- No te preocupes Lila – contestó Arnold amablemente – Es tu primer juego, todos pasamos por lo mismo. Mira, debes tomar el bate de esta manera colocando tu mano derecha en esta posición, mientras la otra sostiene la base del bate.

- Oh, entiendo – contestó la pelirroja.

- Ahora inténtalo tú – mencionó Arnold pasándole el bate a Lila.

Helga, sentada en cuclillas, detrás de ellos, comenzó a gruñir, sin embargo, su enojo era escondido tras la máscara de receptor que traía puesta. Ahora resultaba que Arnold estaba siendo amable con la campesina. Por si no lo recordaba, la que era su novia se llamaba Helga G. Pataki.

- Arnold, cuando lo hiciste parecía muy sencillo, pero ahora, creo que mis manos están al revés, ¿verdad?.

Arnold tomó las manos de Lila y trató de colocar sus dedos en la posición correcta hasta que lo consiguió.

- Es así como debes tomar el bate.

- Claro, entonces era de este modo. Muchas gracias Arnold, siempre eres tan amable con todos.

- ¡HEY! – gritó Helga, ya sin la máscara, haciendo que Lila y Arnold saltaran del susto - ¿Vamos a jugar o qué?, Este es un partido de béisbol, no el crucero del amor…

Arnold volteó a ver a Helga y de inmediato notó el ligero aire de reproche que tenían sus palabras.

- Helga, nosotros no…no es lo que parece – se defendió el niño rubio ante la mirada sorprendida de Lila quien miró al niño y luego a Helga y luego nuevamente a Arnold.

- No sé qué pueda parecer, pero se notaba que estabas bastante cómodo, Casanova.

- Helga yo no…

Rhonda vio como Helga refunfuñaba, aún en cuclillas al lado de Arnold. El chico le decía algo que no podía escuchar desde la banca, pero seguramente se trataba de algún insulto que Helga le habría hecho a Lila, quien se mantenía a un lado. Era muy probable que Arnold estuviera defendiendo a Lila.

- Y dime Curly – dijo sin dejar de mirar la escena frente a sus ojos – La chica de la que Arnold Shortman está enamorado, la niña que tiene una relación con él, la primera y única niña que es novia de Arnold, ¿está en el campo Gerald?

- Así es – respondió Curly mirando también la escena – ahí está – concluyó el niño de los anteojos, levantando el brazo y señalando al lugar donde se encontraban Arnold, Helga y Lila.

- Eso pensé – dijo Rhonda triunfante – eso pensé. Y ahora, ¿qué me dices si te propongo algo?

- Oh cariño, si, acepto, si, siii!

- Nooo – negó Rhonda empujando al niño - ¿Te gustaría traerme pruebas?

- Pruebas de qué…

- De su relación, fotos, videos, todo lo interesante que puedas encontrar. Veo que te gusta andar por cualquier agujero que encuentres, como las ratas que mencionas…

- Gracias terroncito - Ante lo dicho por Curly, Rhonda rodó los ojos nuevamente.

- Y ya que puedas estar escondido en todas partes, te será más fácil conseguir la exclusiva.

- Si, lo puedo hacer, pero…¿Yo qué gano? – interrogó Curly acomodándose los anteojos.

- Tú…ehhh…- Rhonda trató de pensar en ofrecerle algo, cualquier cosa que no tuviera que ver con darle un beso o hacerse su novia o algo más terrorífico – te daré dinero, todo el dinero que me pidas…al menos lo que pueda sacarle a mi padre.

- No quiero dinero, el dinero no me interesa – respondió Curly muy a pesar de Rhonda – Por otro lado, estaba pensando…si yo hiciera lo que me pidieras y consiguiera fotografías y vídeos…tú tendrás que pasar el tiempo conmigo durante una semana…

- ¡No voy a ser tu novia si es eso a lo que te refieres!

- ¿Quién dijo que serías mi novia? – dijo Curly poniendo una sonrisa malvada – Lo que pido es que pases una semana entera a mi lado, desde el momento en que vaya a la escuela, hasta el anochecer.

- ¿Yo?, ¿Tener que soportarte todo el día?

- Tómalo o déjalo nena – dijo el chico dándole la espalda.

- Está bien, está bien – Rhonda suspiró. ¿Qué tan malo podía ser?. No, sería malo, muy malo, pero quizá valdría la pena, sería una bomba soltar el descubrimiento, siendo ella la que lo hiciera.

- Oh mi amor, mi dulce de leche batido a 25° C, será maravilloso el tiempo que pasemos juntos.

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Lila miró el rostro de ambos niños, el apenado de Arnold y el furioso de Helga y pudo percatarse que había algo totalmente distinto desde la última vez que los había visto discutir. Si su sexto sentido no se equivocaba, entonces podría ser que…

- Vamos Arnold, queremos comenzar a jugar – intervino Torvald desde su posición.

- Si Arnold, la señorita Lila debe comenzar a batear – comentó Stinky desde el jardín central.

- Arnold hermano, gracias por ayudar a Lila – indicó Gerald haciéndole señas para que regresara a su posición original, tratando de disipar las quejas de los demás. El rubio miró por unos segundos a Helga y luego regresó corriendo a su posición.

La tarde transcurrió tranquila. El partido se desarrolló a la par entre los dos equipos. El equipo de Helga tenía mucha fuerza bruta, sin embargo, el de Gerald tenía inteligencia, con lo que al final quedaron empatados como decisión final de ambos, pues había pasado ya una hora, y todos los niños estaban cansados y hambrientos.

- Tengo tanta hambre que me comería un elefante – mencionó Harold secándose el sudor de la frente tras sacarse la gorra.

- Y yo que pensé que ya te lo habías comido – respondió Helga acercándose hacia el grupo, haciendo que Sid y Stinky rieran.

- Podemos ir a Slaussen por unos helados – sugirió Stinky relamiéndose mientras se imaginaba un rico y refrescante helado de vainilla surcar por toda su lengua.

- Oh no, no podemos interrumpir a Gerald y Phoebe en su cita – intervino Sid en tono burlón mirando al moreno y a la niña de anteojos, quien momentos antes sacudía la faldita después de ensuciarla en el juego.

- No es una cita – mencionó Gerald alzando el entrecejo – es una salida de amigos entre Phoebe y yo.

- Una salida de amigos entre un chico y una chica, completamente a solas, es una cita – aclaró Sid muy seguro.

- Recuerdo que un día la señorita Helga y yo fuimos a pasear por el parque, los dos solos, aunque en realidad aquella vez sí eramos novios - Arnold dio un resoplido que Peapod, a su lado, pudo escuchar.

- Sí, gran cosa Stinko, eso fue en el pasado, y lo que fue en el pasado quedó en el pasado, ¿Capisce? – exclamó Helga.

- Si, es cierto que no somos novios ahora, pero los recuerdos siempre deben ser apreciados – contestó Stinky alzándose de hombros muy tranquilo.

- Bien, basta de tonterías – interrumpió Gerald – Phoebe, ¿estás lista para ir?

Phoebe asintió acercándose tímidamente al moreno. Helga por su parte, bufó.

- Bien, cabeza de balón, no nos queda otra que ir también. ¿Qué podemos hacer?

- Si, Helga – asintió Arnold con una media sonrisa – me parece que no tenemos otra salida.

Al oír esto Gerald rodó los ojos y Phoebe solo le dirigió una mirada comprensiva para calmarlo y una sonrisa amable.

- Pues a mí no me interesa que Phoebe y Gerald vayan a darse besos allí, tengo hambre e iré de todos modos – comentó Harold avanzando.

- Yo también tengo hambre – intervino Peapod siguiendo a Harold, siendo luego seguido por Sheena y Nadine.

- Oh, pero qué casualidad – habló Rhonda de pronto logrando la atención de todos – justamente aquí tengo un ticket de dos helados gratis para dos personas, y vaya, pero si es en Slaussen's. Pero hoy no me apetece comer helado, solo una malteada. Me preguntó ¿qué podré hacer con este ticket?

Los niños, quienes no se perderían un helado gratis por nada del mundo se acercaron de inmediato a Rhonda, esperanzados de ser quienes fueran los afortunados de recibir el ticket que agitaba Rhonda en sus manos.

- Tranquilos, tranquilos amigos míos – continuo Rhonda con una sonrisa – creo que este ticket lo debo regalar, pero, ¿a quién?, tal vez a Harold…no, no, Harold me empujó cuando pasaba por el pasillo el día de hoy.

- No te empujé, tú te cruzaste en mi camino – se defendió el obeso niño.

- Tal vez a Peapod, oh no, casi la mitad de lo que dice no lo entiendo…

- Eso es una falacia mi estimada Rhonda…

- Quizá deba regalárselo a Nadine, mi mejor amiga, o a Sheena, la dulce Sheena. Quizá a Eugene, oh no, él no se encuentra aquí, quizá a…

- Ya decide de una buena vez princesa, no tenemos todo el día – se quejó Helga cruzándose de brazos. Rhonda miró a Helga por encima del hombro y continuó.

- Quizá deba regalar este ticket a las dos personas que han sido las más amables conmigo y con todos desde hace años, y que se parecen tanto…- Rhonda avanzó apartando a los demás de su camino – tal vez, solo tal vez, este ticket deba regalárselo a…Arnold y Lila.

Todos posaron sus miradas en los dos niños mencionados. Arnold y Lila se miraron entre ellos sin comprender la tan repentina buena acción de Rhonda Wellington Lloyd.

- Rhonda, en serio, no tienes por qué darnos este ticket, yo iba a…

- Ah, ah, ah, ah – interrumpió Rhonda haciendo callar a Arnold – acepta el ticket por favor Arnold, te lo has ganado. Es parte del aprecio que tengo hacia ustedes dos. Además, no creo que sea desagradable para ti tomar un helado junto a Lila, ¿verdad?

Los niños se quejaron decepcionados, tras ver como Arnold tomaba el ticket, y avanzaron en grupo hacia Slaussen's. Gerald miró a su mejor amigo, y no supo qué decir. Pobre Arnold, definitivamente todo le salía al revés. Se acercó dándole una palmadita en el hombro y le hizo señas para que avanzaran hacia el lugar que habían planeado ir con Phoebe y con Helga. Arnold por su parte quedó observando el ticket y la frase "Helado para enamorados - ¡Solo en Slaussen's!" y levantó la vista. Lila, por su parte, observó la expresión del rubio por unos segundos y luego decidió acercarse a Gerald y Phoebe y comenzar a caminar a su lado. Helga solo atinó a suspirar y comenzó a caminar al lado de Arnold mirando hacia el frente.

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