Eli no dejó de remover la cucharilla de su taza de humeante e herviente té de frutos del bosque con la mente bien lejos de ahí. Solo tenía en mente a la "bruja" Toujo. La había hechizado al completo. Su actitud hacia ella, esa verdad suya guardada celosamente en el fondo de su corazón... se la imaginaba con ese hermoso pelo enredado entre flores y un vestido de la corte sentada y sonriente, dando buenos consejos para el reino.
Debía ser realista: nunca pasaría eso. Tan simple como que ella era una sacerdotisa y solo pensaba en el bien espiritual de todo el mundo. Sabía el rol que tenía en todo ese mundo. Y solo por verla sonreír, la iba a ayudar en lo que fuera. Si no, ¿para qué iba a estar en el bando de semejante reina como Kousaka? Alguien que sa había llevarse por sus muy fuertes sentimientos hacia la mano Minami, a quien la desolación de la maldición golpeaba con la futura ejecución de Sonoda Umi, una caballera a la que le debía mucho más de lo que podía admitir. Si fuera por ella, también le pedía su liberación para que trabajara para ella, con Minami si hacía falta. Pero era una esplendida caballera, que sabía llevar a rajatabla su código moral como se debía. Ellas pertenecían a Otonokizaka y solo los dioses sabrían como llevar ese lugar tan perdido.
Ayase no prestó atención a los últimos puntos que se estaban pactando para no llegar a la guerra. Un asunto turbio al que, gracias a los dioses, su reino no entraba. Aquello eran unas buenas noticias casi celestiales. Solo esperaba que, de aquello, Kousaka no pensas que siempre iba a tener su ayuda. Solo le pedía las paces con las sacerdotisas y ellas pudieran ejercer con cariño y voluntad casi divinas, aunque fuera no poder tener a Toujo tanto como quisiera.
"Y con esto, todo está hecho" Sonrió Tsubasa Kira. "Tendrás que venir a mi reino para oficializarlo"
"Claro" contestó con un sonrojo
La opción viable de una unión por medio de matrimonio era algo que, aunque pareciera loco, era perfecto para no llegar a las armas. No entendía (quizás es que en aquellos días a Tsubasa le terminó por gustar de otra forma Honoka y viceversa u otra cosa) el cambio de actitud, pero era positivo. Todo aquello, era positivo. No habría muerte y destrucción. Y algo le decía que iba a salir bien. Muy al contrario de lo que sintió cuando llegó y Minami estaba algo desesperada. Si todo iba a mejor, igual que la comunidad, ella se sentía igual de contenta. Y tal como se veían ambas, las cosas parecían que iban a ir por buen camino.
"Sabes que quedas invitada, Ayase"
"Tendré que buscar un buen regalo" sonrió la rubia. Por lo menos una persona iba a tener un final feliz.
Al poco, el castillo de Otonokizaka se quedó sin visitantes. Nadie pudo explicar a donde se había ido Hoshizora, pero fue como si a nadie le importara. Ayase no podía negar que se sentía un poco sola, algo apartada y necesitada de ese mismo cariño. Intentaba convencerse de que hacer lo correcto siempre era el camino que llevaba a la paz. Reprimir un deseo, un anhelo era muy difícil, y la volvía una reina débil. Ya se veía relegando sus responsabilidades a su hermana por no saber llevar su vida.
"Quizás piensas demasiado, Elicchi"
"¿Cuándo...?"
"Rin" sonrió ella. La pelinaranja a veces dejaba pasar a gente sin ton ni son, pero en ese momento se lo agradecía de una forma que no se lo podía imaginar. "Sabía que necesitabas un poco de... guía espiritual"
No podía evitar recordar los días que se perdió en el bosque, cuando se encontraron. Yohane (o Yoshiko, no lo tenía claro) estaba como loca, como si viera algo o estuviera poseída. Kanan la ayudaba a mantenerla a raya. Esa extraña conexión... Puro magnetismo tenía esa mujer con ella. Largas y fructuosas conversaciones con un final muy esperado, pero no tenía miedo, le daba igual, confiaba en ella y ese don espiritual que tenía. Aquello impulsó a Eli a pedir a Honoka que hiciera actos desinteresados y con gran cariño.
"¿Qué tal en el nuevo templo?" no pudo evitar preguntar
"Aun necesita más arreglos por la boda espiritual pero he visto...algo hermoso. Sonoda no ha sido ejecutada"
"Pues se suicidaría..."
"No" no necesitaba decir más. Minami estaba con ella. Todo el mundo estaba teniendo ese final feliz que ella no alcanzaba "No creas... aun hay gente sin final feliz. Como tu. Pero te tienes que mantener aquí. Soy sacerdotisa, no podríamos estar juntas aunque quisiera y este lugar tiene tanto futuro por delante con una buena soberana como tu... Elicchi." Ese misterio, esos enigmas que ella escondía... ¿No podía revelar alguno? La respuesta parecía no.
Se abrazó a ella. No soltó ninguna lagrima, aunque tuviera ganas. Simplemente estaba ahí, deseando que ese contacto nunca terminara.
"No me dejes sin amor, Nozomi"
"Bueno... estas historias son de desamor... Tsubasa y Honoka no estarán juntas para siempre porque se necesitan descendientes. Igual que un día en guerra o por bandidos morirá Sonoda. O Nishikino y la negativa de Nico de abandonar su familia... Hasta tu Hoshizora tiene un desenlace nefasto. No, esta vida no fue echa para disfrutar con otra mujer, Elicchi. Tienes que buscar un marido y dar otra pequeña Ayase al trono"
"Que buenas noticias..." dijo con ironía sin apartarse de ella. Era lo único bueno de todo aquello y ver que ella ya sabía que todo lo bueno acababa, esa era la única consolación.
Nozomi se apartó un poco para darle el primer beso. Un breve contacto de labios suficiente para hacer que roce el cielo con la punta de los dedos. Suficiente para hacer querer que Ayase fuera infiel a todo lo establecido y llevarse a la Alta Toujo a lo profundo del bosque o donde fuera para ser las dos simples pero felices. Simplemente Eli y Nozomi.
"Tranquila... habrá otro momento en el tiempo para nosotras. No nos acordaremos de todo esto y simplemente seremos Eli y Nozomi. Totalmente felices. ¿Crees en mi?"
"Siempre" dijo totalmente convencida. Solo deseaba que esa premonición o lo que fuera se hiciera realidad lo antes posible.
