El viaje fue bastante duro para Astaroth que no estaba acostumbrada a mover las alas durante tanto tiempo. En realidad tampoco es que estuviese acostumbrada a mover las piernas demasiado, pero ese ya era otro asunto. Lo único que le hacía reír mientras viajaban eran los gritos de Valefor de que fuese más despacio o de que la dejase en el suelo para poder morir dignamente.
A medio viaje, cuando llevaban alrededor de dos horas volando Sam se despertó.
Buenos días, bella durmiente– Saludó la pelirroja con un deje de rencor en la voz. Nada odiaba más el demonio que las alturas, y estaba segura de que de alguna manera nada de eso hubiese ocurrido de no ser por Sam. He ahí su promesa de odiarlo eternamente.
Sam la ignoro y oteo los alrededores con la cautela típica de un cazador experimentado. No tardo mucho en darse cuenta de la situación, y a pesar de abrir los ojos con asombro no dejo que se notase en su rostro ningún tipo de emoción.
Su mirada se paseo por el paisaje que se veía a cientos de metros bajo ellos, y a Dean que seguía inconsciente y estaba colocado a horcajadas encima del lomo del dragón y atado con unas cuerdas para que no se cayera.
Mejor que no vea esto.– murmuró para sí. – Se lo tomaría muy mal.
¡Pues el no es el único!- gruñó Valefor desde detrás de él– Sigo pensando que si no fuera por ti, yo no estaría aquí. No, mejor, si no fuera por Astaroth no estaría aquí. La culpa de todo la tiene Sagat… podría haberme advertido de quedarme en mi castillo… pero no, claro que no, esa nunca sirve para nada útil…
Totalmente de acuerdo, señorita Valefor.
Sam alzó la cabeza y no tardo en descubrir al demonio azul en la parte delantera del lomo. Él iba el primero, después Dean, el propio Sam y Valefor. Faltaba Sagat.
Bah, total, para lo que sirve…– masculló la demonio para sí.
¿Y Astaroth? ¿Se ha quedado con ella?– preguntó Sam cayendo en cuenta de que la chica morena no estaba con ellos.
Ni loca.
Sam dio un pequeño bote al oír la estruendosa y metálica voz del dragón resonar por todo el aire.
Giro la cabeza y miro interrogante a Valefor que puso los ojos en blanco y soltó una risita.
Ya sabes, cosas de demonios…
Pasaron todavía un par de horas más antes de que en el horizonte se divisase el contorno del castillo.
Astaroth suspiro aliviada, y dos nubecillas de humo grisáceo le salieron del hocico, para su eterno fastidio.
Trasladar a Dean a una habitación fue lo más complicado de todo. Su estado era tan pésimo y su apariencia tan frágil que todos temían que moverle acarrease terribles consecuencias.
Llamaron a varios esbirros de Astaroth y les dieron instrucciones para que le trasladaran encima de unas sabanas extendidas en el aire.
Las mejores curanderas de los alrededores fueron convocadas al lecho de Dean y trataron de aliviar sus terribles dolores con diferentes métodos, pero ninguna medicina demoniaca parecía hacer efecto en el alma humana.
Sam no se estaba quieto. Daba círculos alrededor de la habitación, de un lado a otro, sin separar la vista de su hermano y los extraños seres que lo atendían.
Algunas de las cosas que le hicieron, fueron asquerosas, ritos de magia negra. Había mucha sangre y cosas viscosas de colores poco agradables.
Sam estaba demasiado cansado como para sentir nauseas. No recordaba los días que había pasado sin un buen descanso. ¿Desde que murió Dean? ¿O antes de eso?
Vete a descansar- le dijo Valefor entrando en la habitación cargada con unos paños blancos y un caldero con agua hirviendo de color verdosa- Ahora me encargo yo de cuidarle. Vete a dormir y vuelve en 4 horas.
No, estoy bien- Sam no quería salir de ahí por nada del mundo. Es mas no tenía intención alguna de volver a separar la vista de su hermano hasta que ambos fuesen viejos y achacosos.
No seas cabezota, anda– rezongo la demonio pelirroja- Así, tal y como estas no servirás si hay que librar alguna batalla. Además, Astaroth quiere hablar contigo y comentarte nuevas noticias. Tenemos un invitado.
Sam se rasco la cabeza con una de sus enormes manos, y tras tomarse unos segundos para decidirse asintió ligeramente. Una última mirada a su hermano y salió de la habitación.
Astaroth por su parte estaba pensando que por fin el apocalipsis había llegado. Había costado, y se habían tirado la tira de años esperándolo, pero por fin había llegado el día en el que Lucy se iba a largar del infierno a jugar a la tierra.
Fiesta en el infierno. El gran jefazo se va de vacaciones. ¡Bebida gratis! O algo.
Sino… ¿Qué leches hacia un ángel sentado en el sofá de piel de mandrágora de su sala de estar?
¿Café, Coca-Cola, agua?
No, gracias. Estoy servido.
Chico listo, pensó el demonio. Bueno, si no fuera listo desde luego su jefe no le habría mandado al infierno a hacer visitas de cortesía. Eso era una vista de cortesía… ¿No? Aunque una visita de cortesía del cielo no podía ser nada bueno. O en efecto seria para algo bueno, cosa que hizo que a Astaroth se le revolviesen las tripas.
Tanto dualismo la estaba matando.
Entonces…
El ángel observaba la habitación con algo de disgusto. Seguramente los cuadros de cuerpos mutilados no estaban de moda ahí arriba. O igual simplemente no le gustaban los cuadros. La demonio no podía saberlo con exactitud.
Los ángeles eran muy raros. Raros con R mayúscula.
Este en particular se había presentado tocando a la puerta nada más y nada menos, soltando alguna monserga de que era el ángel de los miércoles, de los jueves o de los días impares. La demonio no le había prestado demasiada atención. Estaba demasiado estupefacta para ello. Y por otra parte…
Estaba como un queso, pensó la demonio pateándose la cabeza mentalmente.
Ángeles malos… digo buenos. Ángeles buenos, ósea que malos. Ángeles no molan nada.
Pensar en tener algo con un ángel era como… como tener sexo con una planta. Una planta carnívora, o un cactus y…
Vengo a recoger al espécimen Dean Winchester- explico el ángel por segunda vez como que no quiere la cosa. No parecía ni siquiera un pelín irritado.
Sí, eso me había parecido oír antes- repuso Astaroth pasándose la mano por el pelo. Un ángel, joder.
De todas las cosas que podían pasar en el infierno, que eran muchas. Muchasmuchasmuchasmuchas esta era una de las que simplemente NO pasaba.
Pues eso. Entrégamelo.
Astaroth parpadeo, claramente todavía en shock, porque no todos los días, ni todos los años… hey, ni siquiera todos los siglos un ángel se mete en tu casa y te pide algo. ¡Joder, normalmente ni te pedirían la hora aunque fuese la del juicio final!
Y este…
Mira, ya sé que esto te sonara mal… pero el hecho de que hayamos rescatado a Dean Winchester no significa bajo NINGUNA razón que aquí abajo seamos… seamos… b… bu… buenas personitas de D.. D… DIOS. ¡JODER! ¡No puedes venir aquí de repente! ¡Lucifer se va a cabrear conmigo! ¡Me expulsara a la tierra! ¡ODIO A LOS WINCHESTERS!
Astaroth estaba pasándolo mal de verdad y ya no sabía si culpar a los Winchesters a Valefor o a las jodidas pecas del jodido hermano del jodido Winchester pequeño. Joder.
La cosa era que los ángeles JAMAS se dignaban a hablar con los demonios, mucho menos presentarse amablemente en la casa de uno a pedirles algo. Eso era algo horrible. Catastrófico. Apoteósico. Totalmente apocalíptico.
Eso solo podía significar, que en alguna parte, Ahí Arriba, Dios creía que habían hecho el bien.
Astaroth se iba a echar a llorar.
Su maldeza, por favor, tranquilícese. Estoy seguro de que el señorito Castiel no quería implicar de ninguna manera que su maldeza haya dejado de mostrar su grado de maldad, que nadie duda que es infinito.
Nesbiros miró al ángel desde la otra parte de la habitación. A su favor había que decir que a pesar de que su piel se estaba poniendo más verde por segundos (y el era azul) estaba guardando la compostura (como siempre) más que aceptablemente.
La presencia del ángel le estaba afectando como al que más. Bueno, exactamente al que mas ya que los demonios menores tenían una especie de reacción alérgica a las plumas de los ángeles. Algo parecido a los humanos con los pelos de los gatos.
Por supuesto- dijo el ángel ladeando la cabeza como con curiosidad mientras observaba a la demonio- Eres un ser despreciable y nada de lo que hayas podido hacer te redimiría ante los ojos de Dios. Estas condenada al infierno para siempre.
La demonio suspiro aliviada.
Vaya, gracias.-dijo al fin sonriendo- No es que tuviera dudas de mi maldad ya sabes, pero no sé, igual había habido alguna clase de error. No me gustaría meterme en problemas con mi jefe.
Lo entiendo y lo comprendo, pero yo estoy aquí por una única razón y es oficial. Mis órdenes vienen desde arriba del todo y son las de recuperar el alma del sujeto Dean Winchester y devolverlo a la vida
¿Un ángel? ¿Vas a salvar a Dean?
Los dos demonios y el ángel en cuestión se giraron ante la llegada de Sam a la habitación. Esté parecía en una especie de trance mientras contemplaba a Castiel en todo su esplendor angelical.
¿Samuel Winchester?- el ángel frunció el ceño, se saco una hoja de su toga blanca la releyó y miro a Sam con curiosidad y algo de fastidio- Este no es mi espécimen. Creo que ha habido un error. Yo vengo a por él espécimen Dean. Dean Winchester. El espécimen Sam… debería estar vivo- musito dirigiendo una mirada de acusación al Winchester.
Si, veras… es algo complicado- empezó a explicar Astaroth- Mejor ni preguntes.
¿Es un ángel y va a salvar a mi hermano?- Sam seguía en su estado de trance divino, cosa que no se le podía reprochar porque la mayor parte de los humanos se veían afectados de la misma manera por los ángeles.
Tenía algo que ver con toda esa luz que desprendían como bombillas gigantes y esas alas enormes y blancas que no dejaban de moverse como abanicos gigantes, y que por cierto quedaban totalmente fuera de lugar con la decoración.
Anda, pero si es el plumas este…- gruñó Valefor desde la entrada. Esta había seguido a Sam muerta de la curiosidad al sentir una extraña y conocida energía y no daba crédito a sus ojos. Cuando le vio sus pelos se erizaron y noto como los colmillos le rozaban la lengua. ¡De todos los ángeles del cielo!
Valeriel- saludó el ángel pillado por sorpresa. Claramente no era una sorpresa agradable.
¡Valefor, capullo!
Ah… ¿pero ya os conocíais?- preguntó Astaroth lanzando miradas entre uno y otra con los ojos como platos.
Desgraciadamente.
Curioso que digas eso, teniendo en cuenta que perdiste la tuya.
Y tú nunca has tenido gracia alguna, créeme. Querubincin.
Castiel miro ofendido a Valefor y sus alas empezaron a moverse con más rapidez. La demonio pelirroja claramente le estaba poniendo nervioso. El aire acondicionado estaba a tope.
Nesbiros estornudó.
Castiel a su vez tosió un par de veces para aclararse la garganta.
Valeriel, por favor, si fueses tan amable de guardar tus comentarios para otro momento sería de agradecer. Mi misión es sacar al espécimen Dean Winchester del infierno y ya llego tarde. Los problemas de familia se arreglan dentro de la familia y ya lo sabes.
Lo mato. ¡Yo a este tio lo mato!- grito Valefor acercándose a Castiel con las manos extendidas como si fuera a estrangularlo.
¿Tú y el ángel sois familiares?- Sam parecía que ya había recobrado la compostura, sus ojos ya no tenían las pupilas tan dilatadas y obviamente era capaz de formar frases de más de dos palabras.
NO, SI-respondieron los dos a la vez. Luego silencio.
Guau. Hablando de trapos sucios- Astaroth miraba a Valefor como si a esta le hubiesen salido cuernos… o mejor alitas de repente- Nunca lo hubiera imaginado. Que fuerte. ¿Lo sabe Lucy?
Es perfectamente normal que haya lazos familiares entre… bueno, entre diferentes ramas de…
¡CALLATE NESS¡-grito Valefor con todas sus fuerzas. Y por primera vez en cientos de años el demonio azulado cerro la boca.
Cuatro horas más tarde, 12 cafés más tarde, 20 Coca-Colas más tarde y un par de valiums más tarde la situación familiar no parecía haber mejorado pero por lo menos habían aclarado el asunto Expediente Winchester.
Se habían sentado todos en la salita, eso si Valefor en una punta y Castiel en la otra y habían estado teniendo la típica charla sobre posesiones espacio temporales, torturas infernales y realidades alternas que están tan en auge tanto en el cielo como en el infierno.
A Castiel le habían tenido que explicar tres o cuatro veces toda la historia y todavía no se había aclarado del todo. Había ido a ver a Dean enseguida preocupado por los posibles daños causados al alma de su protegido por todo el trajín del viaje y por todos los factores externos que no debían de haber ocurrido.
Afortunadamente solo estaba tan mal como cabía de esperar. Ósea, muy mal, pero nada que la intervención divina no pudiese curar. Simplemente cambiaria un poco las realidades, sacaría un cuerpo de un Dean Winchester de una dimensión diferente y que estuviese a punto de morir, le insertaría el alma de este y lo dejaría en la tierra.
Samuel- dijo el ángel- Mi misión consistía en devolver a tu hermano a la tierra, pero esto… bueno no estaba previsto y ha complicado las cosas. Tendrás que perdonarme, pero tengo que borrarte la memoria, si no, no veo la manera de llevar esto a cabo… bueno, siempre podría quedarte a vivir aquí.
¡Ni hablar!- Sam se cruzo de brazos. – Ahora que por fin me he enterado de que hay ángeles y Dios y todas estas cosas… no puedes arrebatármelo todo e irte de rositas. ¡Y no me quedo con estas dos locas ni muerto!
Valefor apretó los labios. Odiaba a Sam por haberle hecho volar en dragón y odiaba a Cas por razones obvias. No vea el momento de librarse de ambos.
Astaroth por su parte estaba más preocupada por Lucifer. El escape de Dean ya había salido en todos los canales de televisión del inframundo y cada vez que enfocaban su fea cabeza de dragón al demonio le daban ganas de meterse debajo de una piedra y no salir nunca más. Le habían tenido que sacar el lado más desfavorecido. Leviatán se estaría riendo de ella en ese mismo instante.
Vamos a hacer una cosa Sam… mira, te puedes quedar con tu cuchillito, pero haz caso al ángel. En el fondo es lo mejor para vosotros, volvéis vivos a la tierra y fíjate ¡Gratis! Simplemente deja que te borre la memoria o lo que sea que vaya a hacer…
Si, ya va siendo hora de que la chusma vaya despejando la zona- repuso Valefor- Aunque me da pena que Dean se vaya… Es que… ¿No te has fijado en esas pecas tan preciosas que tiene? Son como… pequeños tesoros por descubrir… islas desiertas perdidas en el gran océano de piel suave y sedosa que es su rostro…
No empieces, Val- gruñó Astaroth harta ya de las pecas y del atontamiento de su mejor amiga.
Esto no es vuestra decisión. Son ordenes de Dios-volvió a repetir Castiel por centesimosegunda vez en lo que llevaban de tarde.- Samuel. Tu destino no es estar aquí. Esto jamás debería haber pasado y tus actos podrían desencadenar el apocalipsis. O cosas peores.
Si… peores como que Lucifer podría enterarse de que estas aquí y entonces me veo en el paro y expulsada en el mundo humano obligada a ser una estúpida nube maloliente-posee-personas…
Está bien.
Todos se volvieron hacia Sam. ¿Qué le había hecho cambiar de opinión? Seguramente no había sentido compasión por la disertación de la demonio, y desde luego no había parecido nada convencido con los planes que según Castiel Dios tenia para su hermano.
Es más, llevaban horas discutiéndolo. Igual por eso no se habían dado cuenta de la expresión de Sam hasta ahora. Estaba derrotado.
Tenía unas ojeras que le llegaban al suelo, y si no fuera tan condenadamente alto se diría que estaba encogido.
Solo… que acabe ya. Quiero que todo vuelva a ser como antes. Creo que podre vivir sin recordaros a ninguno de vosotros- esto último lo dijo con bastante desdén- Quiero a mi hermano de vuelta. Quiero que Dean viva. Quiero a mi hermano.
Castiel se levanto, suspirando y diciendo que ya era hora y sin más preámbulos toco la frente de Sam que cayó dormido instantáneamente.
No hubo despedidas lacrimógenas, aunque fue gracioso ver a el ángel cargar con los dos Winchesters, sobre todo con Sam que iba arrastrando los pies por los suelos.
Solo el típico cambio temporal del espacio-tiempo que los ángeles tienen la habilidad de hacer. Borrar recuerdos por aquí, meter recuerdos por acá.
Nada nuevo. Nada especial.
A Astaroth le dio un poco de pena al final ver como el ángel se iba con los dos hermanos volando, y también le dio envidia que el ángel pudiese volar teniendo unas alas tan bonitas mientras que ella tenía que convertirse en un bicho con escamas para poder hacerlo. Había gente que nace con suerte y gente que nacia con suerte y luego se iba al lado oscuro.
Por lo menos la demonio estaba segura de que en el Cielo no tenían café, asi que no podía ser un lugar tan maravilloso. Seguramente era como un anuncio de queso de philadephia.
Se sentía cansada y aliviada a su vez de despedirse de tanta mortalidad. Era hora de sentar cabeza y volver a la rutina de hacer el mal.
Valefor, o Valeriel (aunque no se lo digas a la cara) decidió quedarse unos días en el castillo descansando porque estaba agotada de tanto viaje y ni siquiera sabía donde andaba Sagat. Además, aunque no lo quisiera admitir estaba algo perturbada por el encuentro con el ángel y no pensaba irse hasta asegurarse de que ni Astaroth ni Nesbiros iban a abrir el pico al respecto.
Y eso iba a ser difícil porque a los dos les gustaba cotorrear más que a un tonto un lápiz, y aunque todos tenemos ovejas negras en la familia, no es lo mismo entre los demonios, donde esas cosas están muy mal vistas y te pueden mandar a la tierra a hacer trabajo de campo antes de que puedas parpadear.
Sagat. Tenía que buscarla. O no, mejor dejar a Nessbiros ese trabajo, era después de todo lo que mejor se le daba, pero como no, las cosas en el infierno son complicadas y más cuando un ángel decide jugar con los hilos del tiempo e ir resucitando gente aleatoriamente.
Nunca sabremos si Lucifer se entero de la verdadera historia o no. Técnicamente al volver hacia atrás en el tiempo nada había sucedido, pero claro, Lucifer tampoco es que haya nacido antesdeayer precisamente.
Seguramente algo se olería.
Y si era así le daba igual. Él también tenía sus propios planes para los Winchesters.
La guerra había comenzado, pero no dejaba de ser otro día más en el infierno. Y a Hitler le tocaba que le metieran la piña por el culo.
FIN!!! (POR FIN!!)
