Nota obligatoria: Los personajes de Saint Seiya son obra de Masami Kurumada y Teshigori, yo nada más me dedico a escribir sobre ellos sin obtener nada a cambio, más que mucha satisfacción personal y entretenimiento saludable
Trémula paz: aprendiendo a vivir en las doce casas
Nota de la autora: Casi 13000 palabras, quedan advertidas, jejejejeje, abrazos
Advertencias: Lenguaje inapropiado
Violencia
Muerte de un personaje
La caída de Śahara. Primera parte
-Maestro
-Shion… estas no son horas para que estés despierto... deberías volver a la cama
-Es que… no quiero señor…
-¿Soñaste con Vasuki otra vez?
El pequeño Shion de seis años, bajó la mirada avergonzado. Hakurei sonrió comprensivo y le ofreció la mano para llevarlo de nuevo al dormitorio que compartía con el pequeño demonio que tenía su hermano como aprendiz -vamos Shion… Manigoldo puede asustarse si despierta y no te ve en la cama de al lado…
-Pero maestro es que…
-No te preocupes Shion, Vasuki no vendrá por ti… porque no le debes nada
"Mi maestro decía que Vasuki era un ser traidor, mentiroso y embustero, pero sería mi aliado si eso le convenía. Vasuki aparecía para obligarte a cumplir con algún castigo que merecías, pero que no querías enfrentar. Así, se regodeaba del miedo que eso te causaba, haciéndose más y más fuerte.
Vasuki me aterra porque aparece en mis pesadillas, llamándome por mi nombre... echándome en cara mis flaquezas y tratando de entrar en mi mente para apoderarse de mis recuerdos. Reconozco que yo lo he hecho fuerte... es solo por mi culpa, porque mi miedo lo alimenta. Cuando pienso en él, me aterra llamarle por su nombre, prefiero decirle la Gran Naga"
Śahara Āśā
Las miradas de Kanon y Angello siguieron la trayectoria de la Naga, mientras pasó por encima de sus cabezas y cayó pesadamente detrás de Demián. El lemuriano estaba tan sorprendido que parecía petrificado, sin embargo Kanon tuvo que reconocer que nunca perdió la compostura.
-Esto… esto no está bien -susurró Angello al ver el impresionante monstruo moverse en el interior de las murallas. Las primeras víctimas de la Naga, fueron los soldados que minutos atrás, los habían llevado a las afueras de la ciudad; ya era poco lo que quedaba de ellos.
-No sabes cuánto desearía poder huir ahora -dijo por su parte Kanon, ahora que el bicho afortunadamente los había ignorado.
-¿Y según tú, a dónde iremos loco?... no sabemos cuantos kilometros hay de aquí a cualquier parte… es posible que la Parca nos encuentre más que disecados en ese desierto...
Kanon, se peinó el cabello hacia atrás y suspiró con hartazgo -¿desde cuándo tan sensato, cangrejo?- murmuró apenas.
Angello miró el desierto a su alrededor -tenemos que volver- susurró- aunque nos hayan tratado como basura… ahora necesitan de nosotros
-Y altruista además...
Kanon se tomó el hombro herido y bufó; no le agradaba la idea de entrar en batalla con un oponente tan poderoso, sin cosmo, ni armadura y además con un brazo inutilizado. Otro aspecto que le preocupaba mucho era que desde que llegó a Sahara, tuvo oportunidad de observar el pobre desempeño de los soldados y estaba seguro de que aquello se debía a la falta de enfrentamientos reales, ya que al parecer, la ciudad nunca fue atacada antes. Sin embargo, tenía que reconocer que Angello tenía razón y que mucha gente inocente iba a morir si nadie enfrentaba al bicho
-Bien -dijo después de meditarlo un momento y se volvió al italiano- entraremos… buscaremos a Shion y trataremos de recuperar las armaduras y nuestros poderes antes de hacer cualquier otra cosa… ¿de acuerdo?
-¿Dependerá eso de Shion?
-No lo sé… aquí todo depende de él, pero me temo que la falta de cosmo se deba a otra razón…
-¿Cuál?
Kanon suspiró –siento como si no existiéramos realmente- Angello enarcó las cejas confundido. Conforme la Naga avanzaba dentro de la ciudad, los primeros gritos de los habitantes comenzaron a romper el silencio de aquella que prometía ser una tranquila noche de nacimientos –después te lo explico… entremos… ya comenzó la fiesta
-Y creo que se va a poner peor -Angello pasó saliva y señaló hacia atrás de Kanon, quien dudó unos segundos antes de voltearse. Allí justo donde se unía el cielo con la arena del desierto, decenas de nagas más pequeñas, se agrupaban dispuestas a atacar la ciudad.
-¡Rápido!¡rápido! -gritó Kanon y junto con Angello, corrió hasta que atravesaron las puertas de la muralla. Allí, Death le dio un empellón a Demián para que no estorbara y con ayuda de Kanon, comenzó a cerrar las enormes puertas.
-¡Ustedes! -ordenó Kanon a unos soldados que acababan de llegar, alarmados con el escándalo. El menor de los gemelos señaló a un lado y al otro, distribuyendo a los hombres para optimizar sus fuerzas -¡ayuden a cerrar las puertas, los demás busquen con qué bloquearlas!
-¿General Demián? -repuso uno de los soldados, solicitando permiso para obedecer las órdenes de Kanon, quien como líder nato, asumió de inmediato el control de la situación.
-Hagan… todo lo que él les diga -susurró Demián, mientras se mantenía recogido en un rincón, lamentando ser la causa de aquella hecatombe.
-Rápido que vienen más! –gruñó Angello apurando el empuje de la puerta para cerrarla.
-¿Más? –preguntó con temor uno de los soldados, que empujaba al lado del italiano- ¿más qué?
-Más de esas cosas… muchas más –Kanon estaba haciendo un esfuerzo enorme. Debido a su lesión, no le quedó otra que apoyarse de espaldas a la madera y empujar usando sus piernas.
Gracias a todos, la muralla estaba a poco de ser cerrada, pero un golpe seco desde afuera, indicó a los hombres de la inminente llegada de la jauría de nagas -¡traigan más cosas para asegurarla!
Carretas, troncos y hasta herramientas de agricultura, sirvieron para atascar la puerta y que diera unos minutos más de tiempo para planear una forma de detener el ataque.
-Listo -dijo jadeando Angello- al menos soportará un poco más…
Kanon hizo una mueca al mirar el resultado de su improvisada estrategia -espero que si Angello- dijo sin convicción.
Una vez cerrada la muralla, Kanon dividió a los soldados en grupos para encontrar a la Naga mayor y resguardar la ciudad, usando a unos pocos arqueros para que atacaran al resto de los bichos desde lo alto de la muralla. Luego, tomaron a Demián de los brazos, obligándolo a irse con ellos- qué… ¿qué hacen?- cuestionó el lemuriano con aire ofendido.
-Iremos al Palacio -dijo Kanon señalando con la barbilla hacia la colina donde se alzaba el enorme edificio de muros estrictamente blancos- desde allí planearemos qué hacer… pero lo haremos con Shion ¿de acuerdo?
Demián no contestó y Kanon lo asumió como un sí. El lemuriano suspiró y continuó con la marcha, pero levantó el rostro, cuando sintió una presencia conocida cerca de allí.
Desde una de las torres que se alzaban por encima de las murallas, Tenzin le miraba con una sonrisa de satisfacción y antes de darse vuelta para irse, se despidió de Demián con un gesto de su mano.
Demián se dio cuenta de cuán estúpido había sido, al dejar que sus resentimientos le cegaran para hacerlo caer en el sucio juego del Primer Ministro. Sabía que Tenzin tenía intenciones de derrocar a Shion, lo que no sabía era el precio que estaba dispuesto a pagar para lograrlo.
Montes Himalayas
Desde que sintió la maligna presencia de Cronos sitiar la calmada aura de su mejor amigo Shion, Dhoko decidió desobedecer el acuerdo que tenía con su diosa y tomar las riendas del asunto por su cuenta. Cuando volvieron a la vida, Atena les pidió guiar a los jóvenes caballeros dorados para que estuvieran listos en caso de que alguna deidad, amenazara a la humanidad, pero sin intervenir directamente. Parte del plan era encontrar al candidato ideal para asumir el puesto del Patriarca y enseñarle a los muchachos a convivir entre ellos, cosa que Shion había logrado cuando decidió enviarlos a unas muy particulares vacaciones, cuyos inconvenientes terminaron por afianzarlos como hermanos de crianza que eran.
Y es que debido a que la diosa le concedió aquella vida tan anormalmente larga, Dhoko tuvo muchísimo tiempo para meditar acerca de la posibilidad de que otros dioses, desataran su furia contra la humanidad, solo por el mero placer de hundirla en el caos. Hasta el momento, Hades siempre fue la amenaza más terrible a la que se enfrentó la Orden de Atena cada 250 años, pero ¿qué pasaba con los dioses de la antigua generación? ¿aquellos llamados Titanes?
Conocía la existencia de varias urnas selladas por Atena, Apolo e incluso Poseidón, pero la que más le preocupaba, era una celda cegada por el mismo Zeus y que contenía el alma del padre de éste, Cronos, quien según los antiguos escritos, sería el responsable de devolver la creación completa a la temible Era del Caos.
Jamás se imaginó el antiguo maestro de Libra, que el contenedor donde se encontraba el alma del padre tiempo (y todos los futuros problemas de la humanidad), estaba resguardada en el extremo norte del planeta y que iba a llegar al Santuario en la forma de una pequeña joya heredada a uno de los trece guardianes dorados.
¿Sería parte del juego en que los envolvía el destino continuamente?
Con tantas dudas dando vueltas en su cabeza, Dhoko abandonó la cabaña que hasta ese momento le había servido de refugio. Con Cronos ocupando el cuerpo de Shion, el chino sabía que cualquier movimiento de su cosmo sería detectado fácilmente por él, así que viajó por medios convencionales, teniendo muy claro el lugar a donde iría y las palabras que debía pronunciar al llegar a la ranura de aquella montaña sagrada; Kí̱pos ti̱s Aio̱nióti̱tas*
Śahara Āśā
Salón del Trono
La solitaria figura de un pequeño con alborotado cabello lima, se mantenía sin moverse en el trono de madera que se encontraba en la cabecera del gran salón. Sus ojos magenta, no requerían de luz para ver, por lo que la estancia se mantenía en penumbra y solo los reflejos de la calle la recorrían de vez en cuando.
Shion estaba aterrado; había sentido su presencia, el estruendo de su avance, el hedor mortecino de su aliento; la Naga había traspasado las murallas de la ciudad perlada y ahora arrastraba su escamosa cola de serpiente por el laberinto de calles empedradas que tarde o temprano desembocaban en el palacio.
-Así que Cronos lo hizo -susurró para sí- sabía que sucedería… pero jamás creí que fuera tan pronto…
Con decisión, se dejó caer de la silla y caminó hacia atrás del trono, hasta que desapareció en la soledad de la penumbra.
Callejuelas de la ciudad
-¿Y ahora cómo alertamos a todos?
-No debemos crear pánico… los pobladores duermen a esta hora… las mujeres están por entrar en labor de parto… sería un caos, ustedes no lo entienden
-Lo lamento… pero ese argumento no me convence… insisto… ¿cómo alertamos a la gente? -repitió Kanon sin detener la marcha. Demián miró a Angello buscando su apoyo, pero el italiano le dedicó una sonrisa de burla.
-Yo que tú… le digo lo que quiere
El lemuriano, que era unos centímetros más bajo que los atenienses, caminaba cabizbajo, intentando seguirles el paso al par que se movían a grandes zancadas. Se sentía humillado y estúpido por haber allanado el camino para que Tenzin lograra llevar a cabo sus planes de conquista.
-Tenemos un campanario en la azotea de la cuarta torre… es cerca de Palacio -murmuró apenas.
-¿Es ese el sistema de alarmas de la ciudad?
-No… solo las usamos para llamar a los rituales… aquí no hay necesidad de alarmas
-Pues ahora si -volvió a burlarse Angello, levantando las cejas y Demián le lanzó una mirada de puro odio.
-¿Son ruidosas?
-Lo suficiente...
-Perfecto -susurró Kanon, apurando la marcha.
-Esto -se burló Angello al notar el estado de ańimo del lemuriano- parece que se te salió el tiro por la culata ¿eh? -Demián lo miró sin entender el comentario- quiero decir que… no te salieron las cosas como esperabas…
-Tenzin me engañó… tenía todo planeado y se aprovechó de mi odio hacia los humanos, para favorecer sus intenciones
-¿Odias a los humanos? -bromeó Angello con ironía- pero si casi no se te nota…
-Conoces mis razones y son válidas… no me hagas repetirte la historia...
-Estoy casi seguro de que esa bestia esperaba escondida a que le sirvieras la ciudad en bandeja de plata -intervino Kanon- es muy extraño que estuviera tan cerca de la muralla, precisamente cuando ibas a abrir las puertas
Demian suspiró enojado al escuchar a Kanon, lo peor de todo es que el maldito tenía razón. ¿Cómo pudo ser él tan ingenuo?
-Por favor… deja de repetir eso… ya no hace falta -susurró el general lemuriano y se detuvo de repente- allí tienes el campanario -señaló hacia una torre, que estaba coronada por cuatro enormes campanas plateadas.
-¿Es una broma?… ¿no es que ustedes son una raza muy avanzada? ¿cómo suben hasta allí sin escaleras? -protestó Angello al calcular la distancia de la torre al suelo. Tenía al menos treinta metros de altura.
-Hay que rodear el templo hasta el otro extremo de la ciudad… allí están las escaleras
Kanon tomó aire y pasó saliva -de nada nos vale quejarnos ahora… esto es lo que tenemos… yo escalaré la torre, tú irás con Demián al Palacio…
-De acuerdo… ¿y luego qué...? -preguntó el italiano a la espera de las instrucciones del gemelo, sin embargo los interrumpió un sonido metálico que hizo vibrar las paredes a su alrededor y el suelo de piedra a sus pies. Los tres hombres miraron sorprendidos hacia arriba, esperando que de pronto una de las campanas les cayera encima o algo. Desde la cima de la torre, una carita conocida se asomó para saludarlos; era Camalia, quien les sonreía mientras les hacía señas para llamar su atención.
-Amo a esa enana
Kanon le sonrió a Angello -definitivamente… tiene algo que no puedo descifrar
-¿Inteligencia?
Kanon sonrió -no idiota… es solo como… como si ya la conociera de antes
Isla Andrómeda
Un distinguido grupo de guerreros caminaba hacia el extremo oeste en el que se encontraba el improvisado muelle. Desde allí zarpaba el ferry hacia la costa del continente.
Los caballeros de Acuario, Cefeo y Escorpión, encabezaban la comitiva. Detrás de ellos, la amazona de Ofiuco caminaba lentamente al lado del caballero de Piscis y rezagados del grupo June de Camaleón, junto a Shura de Capricornio.
-Al fin, hemos llegado -suspiró Milo cuando estuvieron en el muelle, el ferry debía partir pronto, pero los marineros no salían de su asombro admirando el nuevo verdor de la Isla y no repararon en contemplar los enormes árboles de moringa que ahora engalanaban el paisaje- creí que ya era hora de irnos...
-Los marineros están admirados con el milagro ocurrido aquí, estas tierras eran tan estériles como la roca misma -intervino Albiore, al escuchar las exclamaciones de los nativos- supongo que se irán pronto...
-Espero que no se tarden mucho -observó Camus chequeando la hora en su reloj de pulsera y sacó un libro del bolso para tenerlo cerca durante el viaje- si mal no recuerdo el Concilio tiene fecha prevista para el día 13, por lo que nos quedan dos días para llegar...
-Precisamente por eso no entiendo porqué no podemos ir a nuestra velocidad… volver nos llevará una eternidad, incluso si tomamos un avión…
-Tranquilízate Milo… es cuestión de estrategia, queremos pasar desapercibidos… no sabemos si nos vigilan -le contestó Camus, colocándose los lentes para estudiar con detenimiento el libro; un antiguo tomo que había rescatado de la colección privada del difunto señor Rosenträdgard. Curiosamente estaba escrito en latín y ese detalle le fascinaba.
-Es posible que podamos usar la velocidad luz desde un punto más cercano a Grecia
-Estoy de acuerdo con el maestro Camus -el francés agradeció el apoyo a Albiore, asintiendo con su cabeza, mientras Milo lo miraba con gesto ofendido- si son ciertas nuestras sospechas… es conveniente para todos que su llegada sea lo más discreta posible…
Milo se cruzó de brazos -ya, ya… de acuerdo, es solo que detesto viajar en barco… el oleaje me da náuseas…
-Calma, mi querido Milo -dijo Camus, verificando disimuladamente el contenido del libro y guardándolo enseguida para que Shura no se lo confiscara otra vez- te prometo que haremos la mayor parte del viaje en avión…
-Demonios -Milo torció el gesto y volvió la mirada hacia su derecha, allí donde Shura conversaba con June y Afro hacía lo suyo con Shaina- y lo peor de todo, es soportar a esos dos, ahora que cayeron en las despreciables manos de cupido…
Milo se alejó, con la idea de llamar la atención de sus compañeros de Piscis y Capricornio para apresurarles a subir al ferry. Camus miró a Albiore y le dedicó una discreta sonrisa -siempre reacciona de esa forma cuando ve una pareja que parece feliz… Milo cree que el amor no es una condición natural y que el apego es una imposición social contraria a los instintos… la fidelidad, es para él un ideal imposible -Albiore lo miró divertido- es… una teoría interesante que estuve dispuesto a comprobar -el argentino miró a Camus con sorpresa- sin embargo, en este momento he decir que mi querido amigo escorpión, está equivocado…
-Me alegra por usted, Camus
-Algo me dice que usted está de acuerdo conmigo, maestro Albiore -el argentino asintió con una sonrisa sincera.
-Johary me ha enseñado que las barreras en el amor, las levanta uno mismo...
-Había notado algo… también me alegra por usted… dicen por ahí que el hombre no debe estar solo
Albiore sonrió y le tendió la mano a Camus en gesto de despedida -que tengan buen viaje señor, sabe que pueden contar con nosotros...
-Estoy seguro de ello -contestó Camus estrechando la mano del rubio- cuando estemos seguros de lo que sucede, les avisaremos, mientras tanto manténganse en la Isla y por nada regresen a Atenas
-Como usted ordene -aceptó con humildad el plateado- pero maestro Camus…
-¿Sí?
-¿Cuánto tiempo nos recomienda para esperar noticias suyas, antes de tomar alguna acción concreta?
Camus lo meditó unos segundos -dos semanas… si no reciben una notificación en ese lapso de tiempo… significa que nuestras sospechas eran ciertas y el Santuario ha sido tomado…
-¿Entonces?
-Huyan -le advirtió Camus muy serio- huyan lejos de esta gente y de cualquier zona poblada -Albiore asintió imitando el gesto del francés- y nunca duden de su deber para con la diosa… así como lo hizo usted, hasta el día de su muerte…
Śahara Āśā
-Me caes bien, mafiosa
-¿Tengo que tomar eso como un halago señor Angello?
-Tómalo como quieras -gruñó el italiano, pero al percatarse de la expresión de desconcierto de la niña, dejó escapar una risita. Después de dar la alarma, Camalia se unió a los dorados y ya estaban a punto de arribar al palacio. A toda prisa, los dos hombres empujaron las puertas del edificio y entraron de golpe, encontrándose con el Salón del Trono en absoluta penumbra.
-¡Shion! -gritó Kanon una vez dentro. Debido a la falta de luz, no logró distinguir mucho- ¡Shion!... ¿dónde se habrá metido?
-Espero que haya huído -murmuró Camalia.
-La malignidad que dejaste entrar a la ciudad se lo ha llevado- siseó una voz ronca y temblorosa. Los recién llegados, no pudieron ocultar su desprecio por las palabras que provenían de aquel que acababa de levantarse de la silla real, mientras las luces de las lámparas se encendieron de forma progresiva hasta iluminar la estancia, revelando la altiva figura del Primer Ministro.
-Maldito traidor -gruñó Kanon caminando hacia él a grandes zancadas, dispuesto a clavar su espada en el pecho de ese repugnante anciano.
-¿Traidor yo? -se burló Tenzin en el preciso momento en que al menos cincuenta hombres se colocaron enfrente suyo para protegerlo de la ira de aquel osado griego.
-Tenías todo planeado desde el principio…
-¡Qué insensatez la tuya ateniense!... ¡¿Cómo te atreves a sembrar duda, cuando ha sido su presencia, la que ha desatado ésta calamidad en nuestra ciudad?! -gritó el hombre con fingida furia- ¡guardias! -a la sola mención, algunos de los soldados salieron a enfrentar a los recién llegados- ¡que no quede ni el recuerdo de los invasores humanos… en cuanto al general Demián, tráiganlo con vida… porque pagará porque a sabiendas de que los humanos eran una amenaza, intentó liberarlos! -terminó en un susurro ronco, cargado de rabia.
-¡Viejo mentiroso… el maldito es muy bueno inventando historias!
-Calla Death -Kanon miró nervioso hacia atrás, allí donde Demián permanecía sin reaccionar- necesitamos que ese despierte… por ahora, no nos queda más que defendernos...
Angello asintió y los dos dorados colocaron sus espadas al frente esperando la ofensiva. Angello empujó a Camalia detrás suyo y junto con Kanon, comenzó a retroceder en busca de la salida.
-Mierda con ese tipo… todo este desastre fue su maldita idea -susurró Angello a Kanon, quien le respondió con una mueca
-Camalia- la niña miró asustada al gemelo -¿qué tan cercana eres a Shion?
-¿Perdón? -dijo la niña desconcertada, atrincherada en la espalda de Angello.
-Es solo una pregunta, no hay razón para enojarse…
-Kanon, no es tiempo para bobadas -canturreó el italiano con evidente sarcasmo.
-¡Contesta niña! -apuró Kanon, pasando saliva al percatarse de la cantidad de lemurianos que avanzaban hacia ellos- ¡rápido!
-¡Somos amigos!... me confía algunos de sus secretos y jugamos de vez en cuando -dijo ella con premura- nada más…
-¿Sabés dónde podría estar? -los soldados acortaban la distancia, sin embargo parecían temerosos porque la figura de los dorados se les hacía imponente, eso sin mencionar que algunos dudaban de las órdenes de apresar a Demián, quien era un líder para ellos.
-Puede ser...
-Búscalo y no te detengas hasta que lo encuentres… infórmale de lo que está pasando y si es posible, tráelo contigo
-Pero Tenzin dijo que lo habían…
-Está mintiendo, la Naga no ha llegado aquí aún -mencionó Death entre dientes- estoy seguro de que él se encuentra bien… ahora… hazle caso al maníaco...
Viendo que era la única salida, Camalia inhaló dándose valor y asintió sin replicar -de acuerdo… haré lo que él me dice- dijo señalando a Kanon y corrió presurosa hacia la puerta.
-¡Atrapen a esa niña! -ordenó Tenzin.
-Ni lo pienses -gruñó DM. Los soldados apuraron la marcha y los tres hombres se prepararon para enfrentarlos- primero tendrán que pasar sobre nosotros…
-Que así sea -murmuró con gratitud Tenzin.
Los soldados no se hicieron de rogar y apresuraron la marcha contra los dorados y Demián, quien permanecía con rostro inexpresivo, arrinconado en una esquina.
-¡¿Es que no entienden que el mayor de sus problemas no somos nosotros?! -les gritó Kanon a los hombres.
-Kanon -susurró Angello, al escuchar los gritos desde afuera del palacio.
-Lo sé -contestó el mayor, apretando los dientes- nuestra única esperanza es que esa mocosa encuentre a Shion y que él nos diga cómo recuperar nuestros poderes, si no… esto se va a poner muy feo…
Thirassia, Grecia
-¿Le pasa algo señor?
-No…
Kiki hizo un mohín y se cruzó de brazos. Mu le había encomendado el cuidado de Saga, mientras él y Shaka regresaban al Santuario para averiguar qué pasaba. En pocas horas, Kiki se dio cuenta de que el caballero de Géminis, era definitivamente un hombre con un caracter muy distinto al de su amable maestro Mu.
-Parece no sentirse bien… ¿está seguro?
Saga suspiró. Había dedicado algún tiempo a analizar los últimos sucesos desde la Luna de Cosecha. Shion inconsciente en la sexta bodega, la larga convalecencia después de eso y su milagrosa recuperación... los repentinos cambios en su apariencia, la extraña misión de engañar a Poseidón, la desaparición de Kanon y Angello… él mismo luchado por su vida en Cabo Sunión… la mirada perdida de Aldaberán de Tauro
¿Qué había sido todo eso? ¿Cuál era el factor común?
Y es que estaba más que angustiado. Reconocía los síntomas; la transformación física, los bruscos cambios de humor, la mirada inyectada, porque él había pasado por eso.
Pero Saga no quería creer que se tratara de lo mismo.
-No… no debe ser -susurró para sí y el calor de alguien lo distrajo de su concentración.
-¿Qué fue lo que dijo señor?
Muy a su pesar, Saga abrió los ojos y se topó con el curioso Kiki, quien lo inspeccionaba a pocos centímetros de su rostro, como si fuera la cosa más interesante del mundo.
-¿Necesitas algo?
-No me ha contestado señor
-Por novena vez… todo está bien… ¿de acuerdo? -Kiki se separó de Saga y se sentó a su lado.
-¿Qué haces? -le preguntó Saga al verlo imitar su posición de loto.
-¿Qué hace usted?
Saga bufó casi sin paciencia -de acuerdo… busco respuestas…
-¿Para qué?
-Para encontrar a mi gemelo...
-¿Al señor Kanon?
-Si…
-¿Y dónde está él?
Saga cerró los ojos un instante y se masajeó el tabique de la nariz -eso... no lo sé… es lo que trato de averiguar
-Oh… ¿hace cuánto desapareció?
Ante esta última pregunta, Saga ensombreció el semblante. Kiki pudo percibir de inmediato su angustia y colocó su pequeña mano en su hombro para confortarlo -ya verá, señor Saga… pronto lo encontrará…
-Lamentablemente ha pasado tiempo valioso y... -Saga se detuvo de golpe, como si la respuesta le hubiera dado directo en el cráneo- tiempo…
-Si… exacto… tiempo -recalcó Kiki un tanto extrañado, cuando vio al gemelo incorporarse de su lecho para garabatear con su índice en la arena -¿qué es eso señor Saga?
-Un objeto que no deja de aparecer en mi mente y que estoy seguro, tiene que ver con todo lo que está pasando con mi padre…
-¿Quiere decir que ese reloj lo atacó?
-Quiero decir que algo que contenía ese reloj pudo haberlo atacado… un objeto no ataca por sí solo a menos que sea utilizado por alguien...
-¿Alguien?
-Exacto… ¿y qué tipo de ser tendría el poder de someter a un hombre como Shion de Aries?
El chiquillo se encogió de hombros -no creo que otro caballero… al menos no de la orden… él es más poderoso de los 88…
-Precisamente
-Tendría que ser… un guerrero mucho más poderoso, tal vez un juez del infierno… o ¿un dios? -preguntó el lemuriano tímidamente y Saga asintió, mostrándole el garabato terminado.
-¿Y por qué un reloj?
Saga pasó saliva; estaba muy ansioso -¿es que no entiendes la metáfora?... un reloj… el tiempo… mi padre y su extraño comportamiento…
-No entiendo señor…
-Zeus y los Olímpicos, aprisionaron a los dioses Titanes en el Ponto después de derrotarlos en la Primera Guerra… sin embargo, el alma de su padre Cronos, fue separada de su cuerpo original y encerrada en un contenedor especial… un objeto que mantuviera la dimensión del tiempo, fuera de los planos de la realidad que habitamos, por eso no podemos manipular el tiempo sin consecuencias, como lo hacemos con otras dimensiones -Saga dejó su labor con los dibujos y miró al chiquillo, quien parecía atento- algo atacó mi padre cuando tuvo contacto con la Clépsidra Dorada
-Esa es la cosa que estaba encerrada en la sexta bodega
-Cuando Kanon, Angello y yo intentamos robarla -Saga se percató de la mirada de asombro de parte del niño y entonces se aclaró la garganta antes de seguir- de estudiarla… sentí una presencia aterradora… definitivamente lo que estaba atrapado allí, fue lo suficientemente poderoso para atacarnos de esa forma…
-¿Usted cree que...? -comenzó a formular Kiki, pero enmudeció cuando vio a Saga incorporarse decido.
-Kiki… prepárate… tenemos que impedir que Mu y a Shaka lleguen al Santuario
Isla Andrómeda
-Temo por ti -le dijo ella preocupada- no me gusta la idea de que te vayas sin estar seguro de los que pasa en el Santuario
-No te preocupes, me acompañarán esos atolondrados -le contestó él con un sonrisa, mientras le acariciaba suavemente la cremosa piel de los brazos.
-Aún así -contestó June con la mirada baja.
-Mira… tal vez todo sean solo rumores mal infundados -trató de tranquilizarla Shura- hemos pasado por muchas situaciones complicadas entre una vida y otra… te aseguro que podremos con esto…
-Shura -June se acurrucó en el fuerte pecho del español y cerró los ojos, aspirando el exquisito aroma a sándalo de esa piel morena que tanto amaba- sé que suena trillado… pero tengo un mal presentimiento… algo no anda bien, se siente en todas partes...
A pesar de que se había prometido no alargar innecesariamente aquella despedida, sus fuertes brazos rodearon a June, quien parecía no querer volver a soltarlo.
Tranquila -le susurró él con cariño. Se sentía agradecido por la preocupación de ella, pero June tenía que comprender que su deber como caballero, estaba por encima de cualquier cosa o persona- nada va a pasar -dijo tratando de sonar calmado- debe ser a lo mucho una pequeña crisis
-Shura… ¿y si es cierto que…. que el señor Shion…?
Shura dejó salir un gran suspiro -espero… yo… creo que no es nada- Shura separó a la rubia de su cuerpo y la miró a los ojos -pero aún siendo así… necesito algo de tu parte…
-Haré lo que sea…
Shura puso sus manos a los lados de la cabeza de June y limpió las lágrimas que comenzaban a brotar de los ojos celestes -no vuelvas a Atenas… aunque tu sexto sentido te diga que algo anda mal...
-Pero
-Promételo -le pidió él muy serio.
-No quiero…
-Hazlo June -le exigió entonces con un poco más de firmeza.
La rubia suspiró con pesar, al notar que Shura más que pedírselo, estaba dándole una orden -así será… aunque no quiera -aceptó ella derrotada.
-Eso es...
-¡Cabra… deja la miel… ya nos vamos! -era la voz de Milo. Shura suspiró, la hora había llegado.
Śahara Āśā
Tal y como le había ordenado Kanon, Camalia corrió sin detenerse por algunos túneles ocultos de la ciudad, los que conocía a la perfección, gracias a su amistad con Shion. Pero para complicar su misión, dos guardias estaban a punto de alcanzarla.
Y es que aunque Camalia conocía tan bien la ciudad, no recordaba cómo o desde cuándo vivía allí. Solo tenía la leve noción de huir de una naga, cuando la boca de una cueva en el desierto le sirvió como refugio y después de horas de estar allí, decidió recorrerla hasta que llegó a la ciudad que se convirtió en su hogar desde entonces. De eso no sabía cuánto tiempo había pasado.
-Shion… Shion… ¿dónde estás? -susurró Camalia, al salir uno de los túneles secretos del palacio.
La joven lemuriana se detuvo al llegar a una bifurcación en medio de otro túnel. A lo lejos, se escuchaban los gritos de los guardias que estaban a pocos pasos de alcanzarla -aquí no me alcanzaran- se dijo y se lanzó de cabeza por un pequeño agujero en la piedra, por el cual era imposible que pasara un adulto.
-¿Dónde se metió la pequeña?
-Estoy seguro de que la vi desaparecer en este sitio -insistió uno de los guardias, sin embargo ante la imposibilidad de seguir por ahí, decidieron continuar por el lado contrario al que había tomado Camalia.
Camalia, se mantuvo pegada a la pared de piedra, hasta que se aseguró de haber perdido a los guardias -el jardín grande… él debe estar allí- se dijo y continuó por el mismo túnel, hasta que efectivamente lo encontró y parecía hablar con alguien.
-Cometiste un grave error Cronos… quisiste deshacerte de mí arrastrando mi alma a la nada… para encerrarla en tu clépsidra… pero en tu afán por hacerle daño a los dorados, enviaste a Némesis a deshacerte de uno de ellos y terminó revelándole mi paradero en la Prisión del Caos
-¡Shion! -el peliverde se giró hacia su amiga, sorprendido de verla allí.
-Camalia…
-¿Con quién hablas?... oí que dijiste Cronos
-Solo… solo hablaba… conmigo mismo -contestó disimulando el peliverde, mientras se rascaba la coronilla- no me hagas caso...
Camalia lo miró desconcertada, pero luego se recuperó al recordar la razón de estar ahí -Shion… una Naga enorme… la más grande que hayas visto… ha entrado a la ciudad -explicó la pequeña jadeando asustada- tiene el tamaño de dos elefantes… además de que las más pequeñas amenazan con entrar a la ciudad
El pequeño Shion cerró los ojos y trató de parecer calmado -lo sé… mis murallas no podían resistirlas para siempre
-¿Tú sabías que esto pasaría?
-Desgraciadamente si -Shion suspiró de nuevo y cerró los ojos.
-¿Cómo… tú? -preguntó la niña, al percatarse del brillo dorado que comenzó a rodear al peliverde- ¿qué… qué estás haciendo?
Shion no contestó, pero un retumbo en crescendo se escuchó y Camalia miró asustada hacia la muralla, la cual comenzó a crecer de forma inexplicable.
-La muralla está creciendo... otra vez -susurró Camalia tan sorprendida que casi no le salía la voz. La nueva altura era tal, que ocultó bajo su sombra a una parte de la ciudad- espero no sea tarde -susurró Camalia
Instantes después, el brillo que rodeaba a Shion comenzó a mermar y su estabilidad corporal también. Se hubiera ido de bruces en el suelo, sino fuera porque Camalia lo sostuvo para que no se hiciera daño -¡Shion!
-No quiero que suceda -susurró el peliverde respirando de forma irregular en los brazos de Camalia y sus ojos se llenaron de lágrimas- pensé que iba a poder protegerlos por siempre… y ahora…
-No debes esforzarte… te ves… muy cansado
-Lo estoy… pero no quiero… no quiero perderlos -dijo mirando a Camalia con devoción- no quiero perderte a ti… otra vez
-No me perderás… los atenienses están peleando ahora para evitar un desastre mayor…
-¿No lo entiendes verdad? -le preguntó él, con la mirada magenta ensombrecida por la tristeza.
-Claro que lo entiendo… siempre lo he hecho -le dijo Camalia y prosiguió abrazando a Shion- entiendo que una vez entramos en Sahara, no podemos salir jamás… entiendo que toda nuestra existencia depende del poder de tu prodigiosa mente, entiendo que la Naga es la única que puede destruir este lugar… y que te persigue porque quiere obligarte a cumplir un castigo que no mereces -Camalia bajó la mirada y continuó en un susurro, tratando de disimular con una media sonrisa su tristeza- y entiendo que si se llevan a los recién nacidos … Sahara no existirá más
-May -susurró él.
-No me llames así… sabes que papá detesta que lo hagas -dijo ella con un leve sonrojo en sus mejillas- dice que solo él puede llamarme de esa forma…
-Que se enoje -sonrió él incorporándose para tomarla de las manos.
A pesar de la tristeza en las miradas, había una calidez especial entre los dos y al tomarse de las manos, ese hermoso sentimiento los llenó aislándolos por un momento de la realidad, hasta que los sonidos del pánico rompieron el encanto.
-Es… es mejor que te vayas… busca refugio…
-No lo haré sin ti Shion…
-Claro que lo harás… ya todo está perdido para mi
-No lo está y es importante que nos ayudes a derrotar a esa cosa -comenzó a explicar con un dejo de desesperación en su voz- Tenzin engañó a Demián para…
-Para dejarla entrar -contestó el chico en un susurro- Cronos ha intentado invadir Śahara Āśā desde el principio… desde que los traje aquí… y ahora se valió de los sentimientos que Tenzin tenía en contra mía para hacerlo...
-¿Dices Cronos otra vez? ¿hablas del dios del Tiempo?... ¿qué tiene que ver él con la Gran Naga?
-Es el medio que usará para destruirme... si lo logra… me tendrá a su merced para sus propósitos -Shion suspiró y caminó despacio hacia una fuente que estaba en el centro del jardín- jamás creí que tuviera que utilizar esto...
-¿Qué haces? -preguntó Camalia al mirar que Shion comenzó a revolver el agua de la fuente con la mano, como si buscara algo.
Shion sacó un pequeño objeto brillante del agua -aquí estás…
-¿Qué es eso? -preguntó la niña con curiosidad.
-Toma -el peliverde extendió la mano y Camalia recibió en la suya el objeto dorado- puede que esta herramienta impida que la nefasta historia que se escribe esta noche, cambie para bien…
-No entiendo…
Shion sonrió con tristeza y cerró la mano de Camalia junto con el objeto que le había entregado -es posible manipular el tiempo- Camalia lo miró desconcertada- vete… entrégale esto a Kanon y Angello… diles que es posible modificar el presente… pero que hay que tener la sabiduría para reescribir las líneas del pasado…
-Shion… pero tú
-Te lo suplico...
-De… de acuerdo… cuenta conmigo -dijo la pequeña con la voz quebrada- ¿y tú qué vas a hacer?
-Me quedaré aquí -la niña lo miró angustiada, mientras negaba en silencio- trataré de contener el muro…
-No quiero dejarte aquí… no debes sacrificarte por todos
-Es mi deber May -la niña se sonrojó completamente, al igual que lo hacía cada vez que Shion la llamaba así- no voy a permitir que Cronos me arrebate sus memorias… porque si lo hace… dejarán de existir
Isla Andrómeda
-¡Pez! ¡no vamos a esperarte todo el día!
-¡Muérete bicho!
Shaina no pudo evitar dejar escapar una risita al escuchar el término "bicho", con respecto a Milo -ustedes si que saben tratarse...
-Se pone insufrible cuando se lo propone -susurró Afro con molestia.
-Bien… supongo que deben irse- dijo Shaina llamando la atención del sueco, quien parecía distante y hasta algo abatido -¿qué sucede?- preguntó ella sin tapujos. Si Aphrodite se había arrepentido por su acercamiento con ella, prefería saberlo de una vez.
-Nada… es solo… es un problema mío
Shaina tomó aire antes de hablar -¿quieres dejarlo por la paz?
El peliceleste se sorprendió al comprender la intención de la pregunta -no… no para nada- dijo escudándose con las manos -jamás daría un paso atrás con esto…
Shaina sonrió aliviada y a pesar de que se moría por abrazarlo, decidió mantener la compostura para disimular delante de los demás -te voy a echar de menos...
-Yo también -dijo él suspirando y tomó firmemente las correas de la caja de pandora para evitar que sus manos se fueran encima de la italiana- me hará mucha falta verte
-Quisiera ir contigo… también es mi deber como guerrera…
-Shai… ya hablamos de esto… no sabemos con qué vamos a encontrarnos y francamente no quiero ponerte en riesgo… igual June se quedará…
Te obedezco solo porque eres mi superior… pero -Afro enarcó las cejas esperando el resto- te has convertido en la persona más importante para mi y... -agregó con la cabeza gacha, evidentemente acongojada- no quiero dejarte ir… no quiero quedarme sola otra vez
El sueco entreabrió los labios sorprendido porque aquella revelación era más de lo que podría esperar de parte de una mujer con el carácter de Shaina y para ser sinceros, le causaba un agradable cosquilleo en el pecho, que jamás experimentó antes. Gracias a su aislamiento de años y otros tantos factores, enamorarse era algo ajeno para él y no conocía los síntomas. Bien que mal, los caballeros dorados se educaban por separado de las niñas y a todos les había costado trabajo aprender a tratar a las mujeres y más aún, llevar una relación de pareja con una.
Después de percatarse de que estuvieran a una distancia prudente del resto del grupo, el sueco tomó una de las manos femeninas entre las suyas -¿te puedo pedir algo?
-Claro -dijo ella mirándolo.
-¿Te quitas la máscara?- ella obedeció y sonrió al verlo contemplarla.
-Eres tan hermosa - le dijo él y se inclinó sobre el rostro sonrosado para tomar los labios femeninos con suavidad en un delicado beso de despedida -te prometo que daré todo de mi para merecerte- le dijo cuando apenas se separaron.
-Sé que lo harás -le aseguró ella y le acarició una mejilla -promete que volverás con bien…
-Lo prometo -muy a su pesar, Afro hizo distancia entre los dos y reacomodó la urna de la armadura en su espalda- cuando nos veamos de nuevo… hablaremos
-De acuerdo -dijo ella ansiosa.
-Hasta luego Shai -se despidió él agitando su mano y ella suspiró con pesar al verlo partir hacia el ferry.
-Diana…
-¿Perdón? -se volvió él con sorpresa.
-Mi nombre es Diana -Afro le sonrió sorprendido- y ahora eres el único que lo sabe…
-Diana -susurró él y pensó para sí, que era el nombre más hermoso de todos.
Śahara Āśā
A pesar de que los efectivos de la guardia real, mantenían a Kanon y Angello muy ocupados, Demián continuaba completamente inoperante gracias a los efectos del shock que lo había paralizado desde que vio a la Naga atravesar las puertas de la ciudad. Los gritos de horror que recorrían las callejuelas, se intercalaban con los sonidos metálicos de la batalla.
-¡Dementes! -gritó Angello antes de asestar una certera estocada al pecho de uno de los guardias- ¡deberían… de… ayudarnos a enfrentar la naga… en vez de… pelear contra nosotros!
-¿Les puedes ordenar que dejen esto? -le increpó Kanon a Demián, mientras empujaba de una patada a uno de los soldados- el bicho debe estar acabando con todo allá afuera y nosotros perdiendo el tiempo aquí -insistió sin recibir respuesta del lemuriano, quien seguía en su rincón sin moverse y con la mirada perdida en algún punto en la lejanía.
-Pendejo -pujó Death- ¡hey!- Demián lo miró de reojo -si tú- Angello envió una profunda estocada al último soldado del primer grupo y se acercó al general, a quien apuntó con su espada ensangrentada -¿crees que eres el único que se ha equivocado?
-...
-Pues… para que sepas… de nada te va a servir esconderte… porque tarde o temprano pagarás lo que debes… ayúdanos a pelear y compensa un poco el daño que has causado -el mayor levantó la mirada hacia el peliazul, quien lo miraba con severidad- la parca está allá afuera y arrasará con todos… pero al menos, no le permitas llevarte sin luchar...
-¡Demián!- era la primera vez que uno de esos humanos lo llamaba por su nombre, aquel mismo sujeto al que le había quebrado un hombro y que ahora le lanzaba una espada en sus manos, haciéndolo reaccionar -¡elige ahora!- gritó Kanon preparándose para recibir una segunda oleada de lemurianos -¡Vas a luchar… o a morir como cobarde!
-No soy un cobarde -susurró el general apretando los dientes.
-Demuéstralo- le retó el gemelo.
Demián miró la espada que Kanon le había lanzado; una impresionante forja de acero de Damasco. Después de comprobar el filo, pareció recobrar el sentido y al advertir un segundo grupo de soldados acercándose, se incorporó de su lugar y se adelantó a Kanon para enfrentar a sus subordinados, quienes ahora se abalanzaron contra ellos -¡detengan esta locura!... nosotros no somos el enemigo...
Desde afuera, la Naga emitió unos terribles alaridos que estremecieron exageradamente a los lemurianos -la Naga mayor, está llamando a las otras… ¿es que no lo ven?- insistió Kanon.
-Tenzin dice que el general Demián los ayudó a dejar entrar la naga… ¡y por eso merece la muerte! -defendió uno de los soldados, un joven de rango importante llamado Pöe- quisiera que no fuera así señor, pero… usted ya no tiene autoridad sobre la Guardia Real
-¡Tenzin les mintió!... ¡Tenzin nos mintió a todos! -se defendió Demián, poniéndose en guardia.
Los soldados bajaron la guardia por un momento y se miraron desconcertados -fue él quien preparó todo este plan y me arrastró a participar...
-¡Soldados… no lo escuchen!... ¡defiendan el honor de Sahara… no dejen que los invasores humanos y Demián... terminen por hacerse con el control de la ciudad! -gritó Tenzin desde el trono- ¿es que no ven que la Naga viene con ellos?... Demián se alió con estos humanos para repartirse el control de todo...
Otro alarido de la Naga y en medio de la inminente pelea, todos se paralizaron -¡la Naga avanza con fuerza!... ¡tenemos que detenerla!- insistió Demián.
-¡Usted y los humanos trajeron la muerte a nuestra ciudad! -reclamó Pöe.
-Lemurianos tercos -gruñó Kanon cuando la ofensiva reinició con fuerza- ¡cangrejo cuidado!... ¡a tu derecha!
El italiano obedeció la advertencia de Kanon y se volvió con el puño de frente para asestar un tremendo golpe a uno de los soldados, justo en medio del rostro -no sabes cuánto disfruté hacer eso...
Mientras tanto desde el trono, Tenzin fruncía el ceño con cada guardia caído. Era evidente que los atenienses sabían defenderse y en cuestión de minutos, solo quedaban una docena de soldados en pie, cuya voluntad estaba tan fría como los cadáveres de sus compañeros.
Aquel llamado Pöe, se le vino encima a Kanon apuntándole con su espada directamente al cuello. Por su parte el de gemini, logró interponer su escudo a tiempo para detener el golpe y lanzó una patada al vientre del lemuriano, quien cayó de espaldas y perdió su arma por un par de segundos, los suficientes como para que al incorporarse, se topara con una punta filosa en sus narices y la sonrisa de Kanon, frente a él.
-Qué dices lemuriano… ¿te rindes?
-No sabes con qué te enfrentas... humano
-Claro que lo sé -jadeó Kanon, presa del dolor en su brazo herido- si te refieres a la muerte, la he enfrentado muchas veces… te aseguro que he estado en ambos lados del mostrador y no le temo para nada…
-Estás muy seguro de tu victoria…
-Estoy muy seguro de mis habilidades… y al parecer… tú no...
Para disgusto de Tenzin, Pöe bufó y lanzó su espada en señal de rendición -tú ganas esta batalla… pero caerás con la peste que tú mismo trajiste- dijo y de nuevo, un impresionante rugido de la Naga, hizo vibrar los ventanales del Palacio. Los demás soldados, al percatarse de que su capitán renunció a seguir con aquella absurda pelea, no se hicieron de rogar para cesar su ofensiva también y se reagruparon enfrente de los atacados.
"¿Pero qué demonios están haciendo?" -pensó Tenzin furioso.
-Tenemos que derrotar al monstruo- murmuró Pöe, mirando nervioso hacia las puertas, las cuales parecían demasiado frágiles como para detener una bestia como la Naga -se necesitarán muchas espadas para hacerlo...
-Infeliz cobarde- murmuró Tenzin y aprovechando que la Naga acaparó la atención de los demás, huyó para salvaguardar su propio pellejo.
-Ha empezado a arrasar la ciudad -dijo Demián mirando en la misma dirección de Pöe- no tenemos a dónde ir… no queda más que enfrentarla...
-No queremos morir, señor Demián -el que hablaba, era el que parecía ser el más joven del grupo; un lemuriano de cabello plateado y ojos azules, exactamente igual al resto de la población- pero cuando lo vimos abrir las puertas de la muralla… entonces… le creímos a Tenzin
La Gran Naga lanzó otro alarido tan atronador, que destrozó los cristales de las ventanas. Todos los que se encontraban allí tuvieron que cubrirse los oídos para no perder los tímpanos. Sin embargo, el ruido parecía afectar más a los lemurianos, quienes permanecían aturdidos por unos instantes.
-Eso… eso fue horrible -alcanzó a susurrar Angello, mientras se incorporaba sacudiendo la cabeza.
-Ni que lo digas...
-Iré al Templo de la Luna -les murmuró Demián a los soldados en medio del aturdimiento y ninguno se atrevió a contradecirlo- vengan conmigo…
-¿Y nosotros qué? -preguntó Kanon en tono de reclamo- ¿piensas dejarnos con la Naga?... al menos convoca un destacamento que te sea leal… sabes que tenemos que terminar con esa cosa y nosotros no podemos solos…
-Su batalla terminó, atenienses -respondió Demián sin siquiera mirarlos- ¡guardias!... procuren que estos dos señores… vuelvan al calabozo
-¡QUÉ! -exclamó Kanon sin creerlo, cuando efectivamente uno de los soldados le cruzó su brazo bueno hacia atrás de la espalda, con el fin de arrastrarlo a prisión.
-¡No puedes hacernos esto! -
-¡Ya lo oíste!... ¡obedezcan y vuelvan a prisión!
-Déjame enseñarle a este, qué hacemos los caballeros dorados con los imbéciles -refunfuñó Angello sonándose los nudillos, pero Kanon le sostuvo del brazo antes de que se lanzara a bajarle los dientes al engreído lemuriano.
-¿Estás consciente de cuántos van a morir?... podemos ayudar, lograremos invocar nuestras armaduras… si encontramos a Shion -insistió Kanon.
-He dicho que se mantengan al margen… son prisioneros…
-Señor -susurró un soldado que estaba cerca de Demián- deberíamos tomarle la palabra… si son caballeros dorados… entonces...
-Las armaduras doradas no son más que leyendas -Kanon y Angello, miraron a Demián sin poder creerlo- no podemos defender una ciudad con fantasías… además uno de ellos está herido, para mi… uno son más que peso muerto, así que no estorben
-¡Pero los lemurianos son los forjadores de las armaduras sagradas!... ¡ustedes las resguardan… las reparan y las vuelven a la vida! -insistió Angello rayando en la desesperación.
-Como les dije -señaló Demián- para mi no tienen ningún valor como guerreros… no pueden defenderse, solo van a traer problemas
-¡Maldito… de no ser por nosotros esa serpiente gigante ya hubiera arrastrado tu culo por las calles de toda ciudad!
-Basta Angello -dijo Kanon más comedido, al ver que Demián no iba a ceder- no tiene caso…
-Eres prudente… ya les dije qué hacer… allá ustedes si no obedecen -dijo Demián y le indicó a los soldados que lo siguieran- vamos...
-Señor -se atrevió a decir Pöe cuando caminaban hacia una de las salidas posteriores- ellos podrían ser de gran ayuda… prácticamente nos dieron una paliza...
-Esta lucha es de Śahara Āśā -sentenció Demián, mientras avanzaba, dejando atrás a los dos sorprendidos atenienses- no necesitamos… los humanos solo acarrean desgracia...
Detrás de Demián, los soldados se miraron con temor, a sabiendas de que el orgulloso capitán estaría dispuesto a perder una guerra, antes de confiar la ciudad a un ser humano. Sin embargo Demián era el único que conocía la verdadera razón de su accionar; les temía… les temía a esos dos hombres, sobre todo a Kanon, quien era un líder nato y un manipulador; sabía que frente a alguien como él, perdería todo el poder que había logrado hasta ahora.
Templo Principal
Cronos se dirigió a la habitación patriarcal, estaba muy ansioso por comprobar si los espejos de plata que fabricaba Dreidas, le servirían como portal para enviar a sus enemigos a la prisión del Caos. Además, la presencia de los caballeros dorados de Virgo y Aries se sentía cada vez más cerca y eso lo tenía al borde del júbilo, sin embargo, algo echó por la borda su felicidad. El sonido de una voz conocida, se coló en lo más profundo de su cabeza.
-Maldición, debe ser el lemuriano otra vez…
Cronos apresuró el paso, ignorando a todo aquel sirviente que se interpusiera para ofrecerle su ayuda.
-Lemuriano demente -se dijo una vez entró al dormitorio y cerró con un estridente portazo- cuánto me arrepiento de no haberle hecho una lobotomía desde el principio...
Estas asustado -escuchó como un eco alrededor suyo.
Cronos palideció enfurecido -sabía que eras tú Shion -algunos miembros del personal, detuvieron su trajín diario al escuchar los gritos provenientes del lugar- ¡vete a dormir maldita sea!
¿Irme a dormir?... pero si estoy disfrutando muchísimo esto… ¡ja!... he de decirte que es una sensación de lo más encantadora… y si has de mandarme al infierno… bien que habrá valido la pena...
-Deja de burlarte de mí… te lo advierto
Caerás antes de lograr lo que pretendes…
-¿Desde cuándo un simple mortal se cree más poderoso que un dios?
Desde que los dioses comenzaron a comportarse como mortales...
Cronos sonrió con ironía -debo admitir que tienes agallas lemuriano… pero no te preocupes… pronto tu hermosa ciudad plateada caerá en poder de los sirvientes de Vasuki...
Ellos no entrarán… elevaré mis murallas...
-Eso de nada te va a servir Shion… Sahara está a mi merced ahora y cuando caiga, caerás tú
...
-¿Ahora no tienes nada qué decir lemuriano?
Conozco el camino a la Prisión del Caos, Cronos…
Cronos se tensó y apretó los dientes furioso; ¿cómo había logrado Shion averiguar semejante cosa?
¡Ja!... te tengo agarrado de las bolas
-¿Cómo sabes de la Prisión del Caos?
Cronos escuchó una carcajada dentro de su cabeza, Shion estaba realmente divertido.
-Cometiste un grave error Cronos… quisiste deshacerte de mí arrastrando mi alma a la nada… para encerrarla en tu clépsidra… pero en tu afán por hacerle daño a los dorados, enviaste a Némesis a deshacerte de uno de ellos y terminó revelándole mi paradero en la Prisión del Caos
-Eso no puede ser
Y es que cuando Shion tuvo contacto con la Clépsidra Dorada, Cronos encerró su alma en la Prisión del Caos para dejarlo allí en su lugar, sin embargo, el dios del Tiempo se equivocó al intentar hacer lo mismo con Kanon y Angello. Shion fue más rápido que él y para evitar que los jóvenes tuvieran su misma suerte, los desvió al único espacio que aún controlaba; su mente. Aquella psique brillante que no pudo ser destruida por la malignidad de Cronos y que permanecía resguardada por las murallas de Śahara Āśā; eso sin duda, sería la piedra en el zapato en los planes del obstinado dios del Tiempo.
Pero había otro asunto que atormentaba a Cronos.
-¿Dónde están Géminis y Cáncer?
Eso no te lo diré
-Maldito
Te jodiste Cronos…
Cronos masculló varias maldiciones y con un golpe de cosmo, los enormes ventanales de la habitación, pagaron con creces su ira. No le convenía desconocer el paradero de los dorados, porque eran quienes podían derrotarlo ahora. Enfurecido, respiraba agitadamente, apretando los puños al punto de hacerlos sangrar, pero de pronto, una enorme sonrisa de satisfacción apareció en sus labios, cuando dos presencias conocidas interrumpieron oportunamente su berrinche.
-Al contrario mi querido Shion… te jodiste tú
Santuario de Atena
Dos figuras avanzaban con sigilo por entre las irregulares formas que delimitaban la escalinata, disimulando exitosamente su presencia. Quien lograra verlos, pensaría que eran fantasmas.
Shaka hizo una señal a Mu para que se escondiera con él detrás de una columna caída, justo donde comenzaba la escalinata de las rosas -tenemos que hacerlo- le susurró a Mu de forma casi imperceptible y el aludido asintió en silencio.
A sabiendas de que antes de partir a Andrómeda, Afro había hecho crecer rosas diabólicas en las escalinata, aguantaron la respiración y en cuestión de tres grandes saltos, arribaron a la techumbre entejada del Templo Principal. Una vez allí, se deslizaron por una de las columnas hasta el despacho del Patriarca y echaron un vistazo; el sitio parecía seguro y tras un breve asentimiento, comenzaron a buscar evidencias de lo que sucedía.
Shaka se acuclilló al lado de un baúl para revisar minuciosamente su contenido -¿que tienes allí Shaka?- preguntó Mu al verlo un tanto contrariado, sumergido en al menos un centenar de documentos.
-Mapas, esquemas... anotaciones complejas, incluso fotografías -Shaka mostró de lejos un pergamino que tenía escrito algo muy parecido a un mapa conceptual- qué interesante…
-¿Qué cosa? -preguntó Mu, mientras ojeaba rápidamente un libro que parecía muy antiguo.
-Este esquema está lleno de nombres… dioses, guerreros, avatares… es un registro minucioso de lo que ha sucedido en el planeta desde la guerra contra Hades en el siglo dieciocho
-Guárdalo… lo revisaremos cuando volvamos a la cueva… es suficiente… ahora debemos irnos -advirtió Mu y se guardó algunas notas pequeños en la pechera de la armadura. De inmediato, se dirigió a la imponente chimenea de la estancia y bajó el ala derecha de una gárgola de piedra que la decoraba, pero nada sucedió.
-Qué extraño -susurró casi para sí mismo- estoy seguro de que la entrada al túnel de salida, se activaba desde esta gárgola
-Yo lo recuerdo también -confirmó Shaka, guardando en una bolsa, algunos documentos que le parecieron fascinantes y que nada tenían que ver con la investigación- lo que no recuerdo es si era el ala derecha o la izquierda -dijo distraído.
-Shaka -dijo Mu frunciendo el ceño, el rubio se volvió hacia el pelilila- ¿no estarás tomando cosas que no van al caso, solo para revisarlas en tu tiempo libre o si?
El rubio enarcó las cejas solo para confirmar las sospechas del lemuriano, quien lo miró de brazos cruzados. Shaka guardó disimuladamente, un pergamino que contenía una versión detallada de la vida del gran Brahma -es de interés histórico… pero aquí encontré unas anotaciones en las que tu padre planeó nuestras últimas misiones
-¡Excelente! -dijo Mu olvidando la travesura del rubio- con eso será suficiente -de repente, Mu desvió su mirada a la puerta del despacho, debajo de la cual se colaban algunas sombras- alguien viene… tenemos que escondernos…
Shaka y Mu saltaron hasta las cerchas de madera que se extendían en la esquina más oscura de la habitación. Desde allí, observaron a tres hombres ataviados con armaduras, entrar al aposento en medio de una tensa conversación. Perspicaces como eran, los dorados escucharon atentamente el desordenado parloteo.
-Él está furioso -afirmó uno de ellos que bien podría confundirse con Camus- los humanos son tontos e ineficientes… no podemos seguir fiándonos de ellos
-Es mejor que ellos se arriesguen para los trabajos sucios... en vez de nosotros -refunfuñó otro de los hombres- recuerda que aún no hemos alcanzado el máximo de nuestro poder… y por cierto Pseudos… ¿no deberías estar en Japón?
El aludido se encogió de hombros, esbozando una risita maliciosa -debería… pero no soporto más a esos escandalosos caballeros de bronce, los humanos son todos detestables… y tienen un aroma nauseabundo
-Pero nos guste o no, los necesitamos… además solo tienes que preocuparte por tres de ellos, uno está en el Inframundo y el otro desaparecido
-No estoy de acuerdo contigo Moros -intervino un tercer hombre, el mismo que habían visto los dorados al subir por la escalinata- si queremos que esto no fracase, debemos acabarlos… estoy seguro de que van a convertirse en una verdadera molestia… pero si Pseudos los acaba ahora… el señor se pondría furioso -dijo caminando por el despacho, mientras tomaba con la punta de los dedos, algunos objetos y los lanzaba por allí con asco.
-Ni me recuerdes el lío con Ker por lo que le hizo al fénix…
Phobos se encogió de hombros -por eso se los digo… ahora no podremos dejarlo salir de allí con vida, porque ya lo sabe todo… tendremos que acabarlo junto con los otros
-¿Cuándo puedo hacerlo?
-Ten paciencia -murmuró por lo bajo Moros- por ahora esperaremos… pero en cuanto el señor no nos vigile, los desaparecemos y aludimos un accidente
-Todas las noches maquino mil y una formas de acabar con esos escandalosos muchachos de bronce -Mu miró angustiado a Shaka y este suspiró pensativo.
-Es prudente esperar hasta que pase el concilio y nuestros importantes invitados estén encerrados en la Prisión del Caos… eso será hilarante de ver
-¿Imaginan al soso de Hades encerrado como momia en el espejo? -se carcajeó Moros- vale la pena el esfuerzo...
La puerta se abrió de golpe y las antorchas que colgaban de las columnas se encendieron todas a la vez, sorprendiendo al grupo que reía por la última ocurrencia de su compañero, iluminando a Shaka y Mu, quienes se deslizaron para refugiarse en la poca penumbra que quedaba.
-Señor -siseó asustado aquel que se llamaba Moros- solo… conversábamos
-Ya me di cuenta de eso… y… ¿de qué hablaban? -se escuchó una voz grave desde la entrada.
Pseudos dio un paso al frente -creemos que los caballeros de bronce no deberían continuar con vida… podrían descubrir lo de Atena
-Ya veo… y supongo que la conversación estaba tan interesante que no se dieron cuenta de que los están espiando...
Mu contuvo la respiración, cuando los tres guerreros, se volvieron al mismo tiempo hacia el rincón donde estaban escondidos -mierda- susurró Shaka.
-Una palabra tan inapropiada que jamás hubiera imaginado escucharl en tus labios, caballero de Virgo…
Ninguno de los dos dorados contestó el irónico comentario, sin embargo, se sorprendieron al reconocer quien les hablaba -maestro… Shion- susurró Shaka impactado por la avasalladora presencia del lemuriano, quien los miraba déspota.
Shaka -al ver que no tenían escapatoria, Mu se comunicó mentalmente con el rubio- ¿recuerdas lo que hablamos cuando veníamos?
Mu… no, no lo harás
Shaka… no tenemos otra opción
Pero Mu
Lo siento Shaka...
Śahara Āśā
Demián recorría la ciudad con un contingente de al menos cien soldados. El camino se hizo largo y difícil, no solo por la distancia, los agudos recodos y las pendientes característicos de Śahara, sino porque la Naga daba cuenta de todo y los destrozos caían por doquier.
-Deténganse un momento -ordenó el mayor a su compañía, cuando encontraron el camino bloqueado por una columna- tendremos que rodearla…
-Señor -intervino Pöe, mientras avanzaban- el Templo de la Luna queda del otro lado… no es necesario pasar por aquí...
-Lo sé…
-Pero…
Demián se volvió hacia el más joven -¿puedes dejar de cuestionar todas mis órdenes?- Pöe guardó silencio, pero lo miró de forma desafiante. La voz temblorosa de unos de los soldados, los distrajo de su silencioso duelo.
-Es.. están muertos -informó aterrado el muchacho, cuando al rodear el escombro, se topó con lo que quedaba de algunos ciudadanos.
-No son los primeros, ni los últimos que verá soldado -Demián habló con frialdad y Pöe pasó saliva para amortiguar las náuseas- no podemos hacer nada por ellos… tenemos que seguir, por ahora, lo más importante es hacer pagar al Primer Ministro
-¿Y qué hay con el Templo de los Nacimientos? -insistió Pöe.
-Les dije que la prioridad es atrapar a Tenzin… una sola naga no tiene la capacidad de destruir el templo… las mujeres están seguras allí…
-Señor -Pöe tomó a Demián del brazo para evitarle avanzar- usted sabe que eso no es cierto…
-¡Suéltame soldado! -Pöe retiró el agarre con algo de reticencia- ¡sabes que la única forma de calmar a esa bestia es dejar que dé cuenta de los recién nacidos!
El joven enmudeció por un instante, incrédulo de las palabras de Demián -entonces… por eso no le interesa ir al Templo… ¿qué… qué pretende?
-Apresar a Tenzin… eso es lo más importante
-Solamente quiere… vengarse -afirmó Pöe sin poder creerlo.
-Llámalo como quieras -Demián miró de una pasada a sus soldados para eliminar con esa mirada, cualquier rastro de duda en sus corazones- y son órdenes
-¿De quién? -se atrevió a replicar el muchacho.
-¡De mi, soldado!
Pöe retrocedió, impactado por la posición del general -entonces… no cuente conmigo- susurró y volvió sobre sus pasos en dirección al Templo de la Luna
-¡¿Es que ya no recuerdan cuál es el castigo por deserción?!- gritó Demián a raíz de las acciones del capitán -¡Pöe!- el aludido no se volvió a mirar -¡te espera la muerte!
-Lo sé -susurró- pero al menos, moriré salvando a los míos- y se lanzó por una pendiente, desapareciendo de la vista del General y sus compañeros.
-¿Alguien más quiere huir como cobarde?- preguntó Demián con prepotencia. Los que quedaban se miraron buscando consenso entre ellos y al verse perdidos, nos les quedó más que asentir resignados y con la moral por los suelos.
-Ya no perdamos más tiempo… ¡andando! -ordenó el general y un profundo crujido se escuchó en la muralla.
Santuario de Atena
El Patriarca caminó con parsimonia cruzando el Salón Dorado, mientras admiraba en silencio los alto-relieves que ilustraban las letras de la Teogonía y se detuvo justo en la figura que representaba a Cronos devorando a sus hijos -¿así que solo estaban llegando de su misión?- Mu estaba postrado frente a él con las manos atadas hacia atrás, por unas extrañas cadenas rojas. Tenía una profunda herida sobre el ojo izquierdo que sangraba profusamente y eran evidentes algunas abolladuras en el tórax de la armadura de Aries. Por su parte, Shaka estaba atado a una de las sillas del salón, con el mismo tipo de cadenas y tenía profundos cortes en todo el cuerpo. Ambos se veían cansados y debilitados.
-Lamento la bienvenida… pero entiendan que es extraño que no se dirigieran al Salón del Trono a reportarse de inmediato… ¿no es eso lo que dicta el protocolo?
-Es verdad -intentó disculparse Mu- pero…
-Pero el plan no salió bien… ¿cierto? -señaló Cronos con gravedad, pero aparente tranquilidad- ¿qué estaban haciendo en mi despacho?
Mu guardó un incriminador silencio. El hombre que tenían enfrente, definitivamente no era Shion, sin embargo su actitud, voz y presencia parecían genuinas y de pronto las dudas afloraron en su joven corazón.
-No quisiera pensar que tenían planeado algo en contra de la Orden -continuó Cronos, tomado la bolsa que traía Shaka para vaciarla enfrente de todos- interesante- continuó al ver los documentos que el rubio había tomado- estos documentos estaban en mi despacho… ¿qué buscaban?
-Son de interés personal -contestó Shaka.
-¡Mentiroso! -gritó Cronos perdiendo la compostura- ¿saben cuál es la pena que enfrenta un Caballero Dorado cuando traiciona al Santuario?
-Tenemos razones suficientes para suponer que alguna deidad ajena, intenta dañar a su Santidad -explicó Mu haciendo una corta reverencia. En su posición, sentía que las rodillas le flaqueaban del dolor- queremos asegurarnos de que no se encuentre en peligro…
-Qué considerado, Aries -rió Cronos por la respuesta del pelilila- e imagino que tu afán por mi bienestar, te ha llevado a acompañar a Virgo en esta inverosímil cruzada
-Entonces es cierto -susurró Mu sorprendido, al percatarse de un detalle muy importante -me temo que usted mismo acaba de confirmar nuestras sospechas…
Cronos levantó uno de los puntitos de la frente y miró a Mu con ironía -no entiendo a qué te refieres…
-El Patriarca siempre nos llama por nuestro nombre… usted no es Shion de Aries
Cronos dejó escapar una carcajada y vio que no tenía caso seguir fingiendo -perspicaz y observador como todos los de tu raza...
El sonido de pasos metálicos se escuchó en el enorme salón; eran los tres hombres que Shaka y Mu escucharon en el estudio. Moros se acercó a Shaka y con el índice, corrió la piel de una herida en el hombro hasta que lo vio arrugar el ceño y le susurró en el oído- esto debe doler mucho… no debieron volver…
-Agradezco tu preocupación… pero estamos acostumbrados -respondió Shaka en un gruñido.
-Que bueno saberlo… porque se va a poner peor -terminó con una risita y se acercó a Cronos, quien miraba a los dorados con severidad.
-Sé que ustedes dos son especialmente cercanos… ¿o me equivoco? -preguntó Cronos, Mu guardó silencio y miró a Shaka, quien tampoco contestó- de acuerdo, veo que no quieren hablar -el dios del tiempo le hizo una señal a Pseudos, quien asintió y caminó con elegancia y una burlona sonrisa, hasta colocarse detrás de Shaka.
-Pseudos es el dios de la mentira… por eso nadie puede engañarlo -el aludido sonrió aún más, porque un interrogatorio era para él la gran oportunidad de divertirse torturando a alguien- su fuego es capaz de sacarle la verdad incluso al más valiente de los hombres…
-Que comience cuando quiera -dijo Shaka desafiante sin apartar la vista de Cronos, quien miró a Pseudos dando su aprobación al guerrero.
-¿Dónde está Dhoko de Libra? -exigió con voz perturbadora el hombre, tomando a Shaka por el cabello para tirarle la cabeza hacia atrás. Enseguida colocó una mano sobre los ojos del indio y encendió su cosmo.
-¿Dónde… quién...? -Shaka no pudo terminar de formular la pregunta, porque un dolor tremendo, comenzó a recorrer su cabeza, para extenderse como el fuego por el resto de su cuerpo.
-Mu -sonrió Cronos, disfrutando de los dolorosos jadeos de Shaka- dímelo tú… así evitarás que Pseudos calcine las entrañas de tu querido amigo...
-Déjalo -enfureció Mu- no sé dónde está el maestro de Libra… y si lo supiera, no se los diría
Pseudos lo miró con una sonrisa ladina, el parecido del semidiós con Camus, hizo que a Mu se le revolviera el estómago.
-Déjalo… él no puede defenderse -suplicó el lemuriano al escuchar el sonido opaco de los gemidos de Shaka.
-Contesta y lo dejaré en paz...
Mu suspiró acongojado -¿por qué lo buscan?
-Por alta traición… después de asesinar al Géminis mayor, desapareció -Mu guardó silencio y apretó la mandíbula, enfurecido al recordar lo que les había dicho Saga después de rescatarlo de Sunión.
-Bien por él…
Cronos sonrió, le gustaba el torbellino que era ese muchacho que parecía ser tan calmo -ahora bien Aries -el pelilila levantó la mirada- ¿dónde están tus compañeros de Géminis menor y Cáncer?
-No lo sé
-¡Contesta maldita sea!-intervino Moros y Pseudos comenzó a aplicar más tortura a Shaka, quien intentaba soltarse en vano.
-Señor -le susurró Phobos a Cronos al darse cuenta que la estrategia no estaba dando buenos resultados- tenemos que ser más drásticos... necesitamos más información...
-Lo sé… Pseudos -el aludido miró a Cronos con el ceño fruncido- déjalo…
Pseudos obedeció a regañadientes y Shaka logró incorporar la cabeza con dificultad. Estaba sudoroso, pálido y jadeaba con cansancio. La piel enrojecida por el calor aplicado, cubría toda la parte superior del rostro.
-¡Shaka! -le llamó Mu.
-Es… estoy bien -susurró el rubio en un hilo de voz- no… te preocupes… de todos modos, mi vista… no era buena
-¿Van a dejar esta tontería? -preguntó Mu con temor.
-Ya verás...
Un pequeño destello de cosmo, brilló alrededor de Cronos y de inmediato, una enorme figura se dejó ver a la luz temblorosa de las antorchas. Mu abrió los ojos como platos, conocía cada armadura como si fuera suya y ahogó una exclamación, cuando reconoció la pechera y los hombros de la vestimenta sagrada de Tauro.
-Aldebarán -susurró el pelilila asombrado, sobre todo al percatarse de la mirada perdida del guardián de la segunda casa- ¿qué le hizo? -preguntó dirigiéndose a Cronos.
El peli-plateado no contestó y en vez de eso, le hizo una sutil señal a Aldaberán. Mu sintió el suelo vibrar, con cada paso del enorme brasileño -Alde… ¿qué haces?
-Detente -le llamó Shaka cuando sintió a Aldaberán acercarse demasiado a Mu, a quien levantó del suelo para rodearlo con sus enormes brazos -¡Mu!... ¡dejalo Alde!... ¡basta ya!
-Bien Virgo -insistió Cronos satisfecho, Aldaberán agregó un poco más de fuerza y Mu no pudo reprimir un gemido de dolor que inevitablemente puso a Shaka muy angustiado- voy a repetir mi pregunta… ¿dónde están Cáncer y Géminis menor?
Śahara Āśā
-¡Corran!- gritó uno de los soldados, pero no todos alcanzaron ponerse a salvo, cuando una parte de la muralla que rodeaba a la ciudad, se desplomó encima de ellos.
Demián se lanzó al suelo cubriéndose con los brazos, pero la estructura metálica de la cúpula cayó sobre él, atrapandolo de la cintura hacia abajo. Cuando todo el escombro terminó de caer, el general abrió lo ojos sofocando un grito de dolor. Enfrente, el Templo de la Luna se podía ver directamente; un pequeño edificio con grandes ventanales de cristal y un bellísimo lunario que se distinguía en el centro de la techumbre. Por dentro, estaba equipado con lo necesario para albergar cómodamente a las parturientas y a los pequeños retoños que nacían todos, la misma noche del año.
Fueron los gritos sordos de los soldados, los que lo sacaron de su letargo y entonces cuando se percató de las dimensiones de aquel desastre; por encima del templo de los nacimientos, decenas de Nagas más pequeñas, daban cuenta de la piedra, con el fin de obtener como recompensa un tierno recién nacido
Demián se volvió rápidamente para ver con horror a la más grande de las Nagas, deslizar su inmunda maldad por el camino que cruzaba desde la muralla blanca, hasta el Palacio, sin nadie le hiciera frente.
Apretando los dientes presa del dolor y la congoja, miró hacia arriba, donde una de las torres de vigilancia se unía con la muralla del Templo y sus ojos se quedaron fijos en la figura de Tenzin, quien desde allí, reía disfrutando su calamidad.
-Eres despreciable -el general de la armada lemuriana se volvió hacia Tenzin, quien lo miraba con una gran sonrisa- jamás me dijiste que con Nuevo Orden, te referías a entregarle la ciudad a esos monstruos- murmuró el general con debilidad.
-Lo hice porque tenía que hacerlo… ¿es que no lo ves?... la única forma de derrocar al niño rey era esta… te expliqué muchas veces que un ser supremo se comunicaba conmigo…
-¡Jamás me dijiste... que se trataba... de la Gran Naga!
-Vasuki es el único capaz de destruir las murallas de Shion… ¿es acaso mentira que querías terminar con su reinado, Demián?
-Me engañaste
El piso comenzó a vibrar bajo sus pies y el terror se apoderó del corazón de los soldados que comenzaron a huir sin esperanza, al ver que sus dos líderes habían entregado la ciudad en bandeja de plata.
-Hey -gritó Demián en vano- ¡vuelvan!
-Ya no te escuchan Demián… te dejaron solo… ya no eres nada
Más que el peso del metal que aplastaba sus huesos, Demián sintió el de su conciencia cuando escuchó el cristal del lunario al romperse.
-El Templo de la Luna ha caído… y no pudiste hacer nada por evitarlo Demián…
El sonido de un débil llanto le atravesó el alma a Demián, como si lo hubiera hecho una lanza; era un bebé… un bebé en manos de una naga
Santuario, Salón Dorado
-¡Shaka… no… no les digas… nada! -suplicó Mu con dificultad al sentir su cuerpo quebrarse en los brazos del toro dorado.
-¿Dónde están Cáncer y Géminis? -insistió Cronos.
-¡Déjalo en paz, nosotros no lo sabemos!
-¿Es que acaso no ves que soy tu Patriarca?
-Usted no es Shion… su aura es demasiado oscura como para ser siquiera humano…
Cronos sonrió con burla -¿dónde están Cáncer y Géminis?
Shaka apretó los dientes y al abrir la boca para contestar, se dio cuenta de que no sabía qué decir -yo… yo no lo sé
-¡No mientas!
-¡Si supiera se lo diría!
-Ustedes pueden sentir sus presencias dorados -en ese momento, Mu envió un rodillazo al pecho de Aldaberán, quien después de lanzar un gruñido, lo soltó dejándolo caer al suelo.
-Kanon… Kanon y Angello -susurró jadeando en el suelo- ellos… desaparecieron sus cosmos...
-¡Es evidente que está ocultando algo! -alertó Pseudos, acercándose al dios- dígale que lo acabe señor -le susurró a Cronos.
-¡No es cierto!... Mu nunca miente -insistió Shaka.
-¡Entonces contesta tú!... ¡soy tu patriarca… debes obedecerme!
Shaka en ese momento se sentía perdido, inútil y tan impotente que casi desespera -usted no es mi Patriarca… Shion es un hombre cuyo honor va más allá de lo que un ser como usted puede comprender…
-Pero cuánta lealtad a un hombre y cuánto irrespeto hacia un dios -siseó Cronos.
Shaka susurró asombrado -¿un… un dios?
-Deberías aprender de tu compañero -dijo Shion con burla, señalando a Aldebarán, quien tomó de nuevo el cuerpo de Mu entre sus brazos, ejerciendo más presión que antes.
-¡Déjalo Alde!
-Agrrr -gruñó Mu y un crujido se desprendió del metal de su armadura- no… no… lo hagas… Alde… aghh… éste… no… eres tú
-¡Aldaberán suéltalo! -gritó Shaka con desesperación.
-Dime dónde están tus compañeros y le ordenaré que lo suelte
-Shaka -susurró Mu, con un débil hilo de voz, que fue lo único que sus pulmones le permitieron- no…
-Déjalo… te lo suplico
-Suplicar no es digno de un dorado… menos de un dorado como tú, Virgo… Tauro -el moreno miró inexpresivo a Shion- termina con él…
-¡NOOOO!
Un crujido silenció cualquier sonido en ese momento. En los brazos de Aldaberán, el cuerpo de Mu se dobló hacia atrás de una forma antinatural y de su boca corrió un delgado hilo de sangre. Shaka miró con horror aquellos jades que tanto quería y que ahora le miraban sin expresión. Mu estaba muerto.
Continuará
*Esto es del capítulo en que Shion y Dhoko van al sitio que llaman el monumento, donde se encuentran unas reliquias pertenecientes a la anterior Orden Dorada. Las palabras en griego, son la clave de entrada a la cueva secreta.
Bueno gente, creo que primero que todo les debo una disculpa por la tardanza, pero fue un fin de año difícil y hasta un poco triste. Me deprimí un tiempo y no había vuelto a escribir, pero ya estoy de vuelta. Luego el equipo en el que escribía se me dañó y eso significa que puedo escribir muy pocos ratos. Espero poder seguirle el ritmo a esta historia, les aseguro que no tengo intenciones de dejarla sin terminar, porque para mi es una excelente terapia del trajín diario. Espero no se haya puesto muy confusa.
Bueno, en cuanto a la historia, pues se puso trágica. La verdad se me ha salido de las manos el argumento y aunque quería que fuera más tranquila y positiva, mi lado oscuro inventa este tipo de cosas que le dejan el pelo parado a todo el mundo, lo lamento, pero creo que en el fondo soy una chica muy macabra, ñaca...
No lloren, ni desfallezcan, las cosas pasan porque tienen que pasar y bueno, pronto verán por qué sucedió lo que sucedió con Mu. No me odien, ustedes saben que Mu es uno de mis amados, pero estudiando la situación, me pareció que era el candidato perfecto para que Alde le hiciera daño, porque según el animé, son amigos cercanos.
Karli Cm, Cecile, Guest… Guest de nuevo, Amatizta (gracias por tus lindas palabras), Luna (no te preocupes por tu largo review, yo no tengo problemas con eso, el halagador que alguien se tome el tiempo para analizar a fondo tu trabajo), Arawn, Mariana, Jabed, Mary Yuet, Beauty amazon, Artemiss90 y Danimel, esta historia es para ustedes. A quienes les puedo contestar, lo haré el en transcurso de la noche, porque tendré que hacerlo con el celular, ya que a partir de ahorita me quedo sin compu.
