"Esme & Emma"

Bella POV:

Ya había terminado de preparar la cena más espectacular del universo, cuando el timbre sonó haciéndonos saltar a todos los que estábamos en la cocina. Emma se puso a dar saltitos de ansiedad mientras que Edward sólo se pasaba la mano por el cabello nervioso. Puse una mano en su hombro intentando calmarlo.

—¡Yo voy, yo voy! —exclamaba Emma.

—No —cortó Edward cuidando de ser suave— Princesa, será mejor que yo vaya primero ¿sí?

Nos dio un beso a ambas y salió de la cocina. Esperamos juntas en completo silencio, aunque quizás intentando oír los ruidos que venían del recibidor, mas no alcancé a escuchar ninguna voz que pudiera identificar como la de Esme Cullen, sino que más bien de un hombre que le pedía exhaustivamente a Edward un autógrafo, y no era necesario tener muy buen oído para entenderle a la perfección.

—Cartero nuevo —informó en cuanto entró en la cocina— Estaba pidiéndome un autógrafo porque según él…

Pero fue interrumpido nuevamente por el sonido del timbre. Lo vi gruñir mientras caminaba hacia la salida de nuevo, pero esta vez lo tome del brazo, me compadecía demasiado del pobre hombre como para dejar que un furioso Edward saliera a gritarle quizás que cosas en la cara. Así que dándole la mejor de mis sonrisas lo convencí de que me dejara ir a mí. Emma venía siguiéndome y se quedó junto a la puerta en un lugar que le daba vista suficiente para espiar y no ser vista por el visitante.

Pero no era el cartero.

Siento que me he quedado blanca y congelada en mi lugar en cuanto veo la imponente presencia de aquella mujer frente a la casa de mi novio. El cabello más dorado y bonito que he visto en mi vida, la cara en forma de corazón, facciones finas y piel tan blanca como la de la misma Emma o más. Sus ojos marrones me recordaron en seguida a los de Edward.

—Buenas tardes —saludó en perfecto tono.

—Bue-buenas tardes —respondí yo torpemente. No podía evitarlo, aquella mujer era rodeada por un aura de elegancia y belleza, ¿quién no se quedaría medio muda frente a su presencia?

—Mi nombre es Esme y estoy buscando a mi hijo, Edward, ¿vive él aquí, o nos hemos equivocado de dirección? —preguntó con amabilidad que no me esperaba. Yo reparé recién en el hombre que la acompañaba. Era anciano, de cabellos grises y algunos blancos, de sonrisa amable y gesto educado.

Entonces pasaron varias cosas increíbles al mismo tiempo. Antes de que pudiera si quiera abrir la boca para responder, Emma ya se encontraba frente a la madre de Edward, quien en cuanto la vio le dedicó una sonrisa deslumbrante. En ese mismo instante, apareció Edward de la nada junto a la niña con cara de desafío hacia su madre quien le devolvió el gesto.

Al parecer, los únicos que permanecíamos sin entrometernos en la interacción éramos quien yo presumía se trataba de Embry (el anciano mayordomo de la familia de Edward) y yo misma. Él, al verme tan pasmada y quieta en mi lugar, me dedicó una sonrisa que agradecí infinitamente.

—Edward —llamé con timidez— ¿Por qué no mejor los hacemos pasar y hablan de lo que tengan que hablar después de la cena? —propuse mientras presionaba el botón que abría el portón.

—Gracias —murmuró Esme en mi oído cuando pasó junto a mi seguida de Emma, Embry y Edward.

—Lo siento, pero creí que sería lo mejor —dije yo reteniéndolo para que no pasara de largo. El me miró duramente, yo bajé la cabeza y lo sentí suspirar, entonces tomó mi barbilla y me besó en los labios. Un beso corto, pero dulce.

—Lo hiciste bien.

Edward POV:

Sabía de sobra todo lo que Bella se había esmerado en preparar la cena, y me preocupé de vaciar todo mi plato, aunque no fue mucho problema porque estaba realmente delicioso. Emma no dejaba de mirar a mi madre y eso me ponía los pelos de punta, aunque ella le respondía de buena forma las sonrisas que mi hija le enviaba. Embry por otra parte parecía bastante animado charlando con Isabella y mi madre se unía a los comentarios de vez en cuando.

Debo decir que desconozco por completo la actitud de Esme. No me esperaba que algo así pasara. Al percatarme de que Emma había salido a recibirlos, se me vino a la cabeza en seguida que se iría en críticas contra Bella pensando que quizás era su hija.

—¿Cómo conoces a Edward, Isabella? —pregunta mi madre. Emma se apresura a abrir la boca para responder, pero yo la callo con la mirada.

—Trabajo para él —responde sonriendo. Por los ojos de Esme puedo decir que la idea no le ha gustado mucho, pero sé que de alguna forma valorará la sinceridad de Bella.

Durante los minutos siguientes todo es silencio. La comida pasa con una lentitud increíble y casi no me doy ni cuenta cuando Bella puso el postre frente a mí, le agradecí interiormente por haber preparado tan suculento banquete y comencé a devorar lo que mi novia había hecho. Definitivamente cuando Bella se esmera, las cosas le salen muy bien.

De manera inconsciente sujeto con más fuerza de la necesaria la cuchara al recordar que cuando terminemos de comer mi madre me pedirá que hablemos y tendré que explicarle todo, desde que tengo una hija hasta por qué no le había contado a nadie. Isabella estaba sentada a mi lado en la mesa, y al parecer se ha dado cuenta de mi nerviosismo, pues me toma la mano por debajo del mantel y me acaricia con su pulgar derecho.

—Creo que ha llegado la hora de que hablemos, Edward —anuncia mi madre en cuanto terminó su postre, como si hubiese estado esperando por este momento durante toda la cena. Yo asiento y Bella, quien no había soltado mi mano en todo este rato, se pone de pie.

—Bueno, Emma y yo iremos a lavar los platos, ¿verdad que sí Emma? —dice sonriendo.

—Sí —asiente ella siendo convencida con facilidad por el gesto de Bella.

Ambas se retiran a la cocina y Embry las sigue con un par de cosas en la mano. Mi madre y yo nos paramos al mismo tiempo, camino en dirección a la salita consciente de que me sigue y una vez que entramos en ella, cierro la puerta a nuestras espaldas. Le indico con una mano uno de los sofás desocupados y yo me siento frente a ella disimulando lo más que puedo mis nervios, pero al parecer he dejado de ser un buen actor.

—No es necesario que estés tan tenso —dice acomodándose. Yo carraspeo por la incomodidad de saberme descubierto.

—Se te nota mejor madre —observo.

—A ti también —responde ella— en California no parecías tan feliz como te ves ahora, esa chica realmente te hace bien…

Mis músculos se tensan repentinamente.

—Creí que había quedado claro que vengo en son de paz. Tú mismo pudiste comprobar que no soy tan bruja como creías Edward… y cuéntame, ¿quién es esa niña que tanto se parece a ti?

Caí en la cuenta de que estaba siendo realmente estúpido al pensar si quiera que mi madre no sospecharía ni un ápice sobre mi parentesco con Emma, es que es tan obvio a los ojos de ella que me ha visto crecer que Emma y yo nos parecemos, que sería ridículo que con ese ojo de águila suyo no se diera cuenta. Preferí cambiar el tema de forma abrupta, ya dejaría lo de Emma para el final.

—Creo que no soy sólo yo el que tiene cosas que contar —digo con gravedad recordando el asunto del que me enteré en Japón a través de mi hermana mayor— ¿Qué es eso de que su enfermedad es… demasiado grave?

Palabras como fulminante o terminal se quedarían fuera de mi diccionario durante esta conversación. No soy ni tan duro ni tan frio como para que al pensar que la mujer que me dio la vida puede morir, no me afecte en nada. Ella me mira escrutadoramente. Sus ojos van de mi cara hacia el ventanal que da al jardín.

—¿Quién te lo ha dicho? —preguntó suspirando, como si estuviese resignada.

—¿Importa? —Respondí haciendo que me mire con reprobación— está bien, lo siento. Ha sido Estela, ¿ahora me puede explicar…?

—No quería que me miraras con lástima, ni mucho menos que las decisiones que tomaras de ahora en adelante con respecto a mí fueran sólo por hacerme sentir bien —dijo— He ahí la razón por la cual no te dije nada. Cuando fuiste a California, estaba realmente mal, por eso hice un último intento por llevarte. Si no lo conseguía, entonces me declararía derrotada. Pero fuera de todo lo que yo pensaba, fuiste.

—Enviaste a Embry.

—Embry no te forzó, ¿o me equivoco? —dice parándose y comenzando a dar vueltas por el salón. Toma una foto entre sus manos en la que salimos Emma, Isabella y yo. La sacamos poco después de nuestro viaje a París, justo cuando estábamos en Forks celebrando las fiestas con la familia de Bella— Tenía órdenes expresas para que no te obligara a nada, así que es fácil deducir que tomaste solo la decisión.

—Bella me ayudó —confieso— la decisión de ir la había tomado por mí mismo, pero si no fui más frío allá en California, fue por petición de ella.

—Esa niña tiene un corazón admirable —comenta dejando la fotografía en su lugar— No puedo esperar otra cosa que le hayas hablado muchas cosas negativas sobre mí, pero aún así fue capaz de pedirte que no fueras tan frío como dices. Y lo más increíble es que te convenció.

Fruncí el ceño. Mi madre acababa de encontrar uno de mis puntos débiles: Bella. A ella no podía simplemente decirle que no cuando me pedía las cosas de corazón, y aquella vez en que me dijo que estuviera abierto a las oportunidades, vi tanta sinceridad que fui incapaz de negarme.

—¿Ha visto a otros doctores? —pregunté intentando desviar el tema una vez más.

—Por lo menos a unos veinte después de que se me diagnosticó la enfermedad —responde sin inmutarse.

—Quizás en Europa…

—No…hijo, ya lo he intentado.

Nos quedamos en silencio. Detesto admitirlo, pero me encuentro sumamente preocupado. Mi cabeza es un mar de ideas para lograr la mejoría de mi madre, pero sé que todas son demasiado utópicas o simplemente no serán aceptadas por ella.

—¿Me dirás ahora quién es esa dulce niña que salió a recibirnos? —insiste, yo decido que quizás ya es hora de contarle.

—Ella es… mi hija —confieso por fin con la garganta seca y la voz ronca.

Bella POV:

Ya ha pasado una hora desde que Edward se encerró con su madre en la salita. Sabía que les tomaría tiempo hablar, pero ya comenzaba a impacientarme y los nervios de Emma que no dejaba de pasearse por su habitación, resultaron ser contagiosos, pues en menos de un minuto ya sentía un nudo en el estómago.

Sabía que tenía que ser paciente y que aunque las ganas fueran creciendo a cada segundo, no podía bajar y espiar porque sería de pésima educación y además estaba segura de que Edward me contaría todo con lujo de detalles más tarde.

—¿Y si voy a ver? —pregunta de repente Emma deteniéndose justo en el centro de la habitación.

—Tenemos que ser pacientes —dije intentando más que todo convencerme a mi misma— ya verás que dentro de poco saldrán.

—Mm… ¿y si los han abducido los extraterrestres?

—¿Si los han qué…? —pregunté desconcertada.

—Ya sabes… secuestros —respondió con tono de misterio haciendo que un escalofrío me recorriera la espalda. Era como si retrocediera en el tiempo a cuando el molestoso de mi hermano se la pasaba contándome historias de fantasmas para asustarme— dicen que en el momento en que uno menos lo espera, puede venir un extraterrestre, toma a un humano y se lo lleva a su nave para experimentar con él.

—¿Dices que podrían haberse llevado a Edward y…? —comencé a entrar en pánico, pero Embry que estaba con nosotros interrumpió con su sonrisa calma.

—No se preocupe señorita Isabella —dijo como si estuviera reprimiendo una risa, pero de forma amable— el joven sabría cómo defenderse en una situación así.

—Pero Embry —protestó Emma frunciendo el ceño— mi papá no se daría cuenta, ellos los duermen y luego despiertan con cicatrices y sin recordar nada.

—Quizás… quizás sería mejor que bajara a ver si está todo bien —propuse levantándome de la cama en donde estaba sentada mientras me sentía un poco pálida.

—¿Desea que la acompañe? —propuso Embry y yo no pude estar más agradecida.

—Sí, claro si no es mucha molestia…

Finalmente bajamos los tres. A pesar de mi creciente miedo, no quise entrar en la sala para no ser imprudente por si aún estaban allí, pero no pude reprimir un grito cuando escuché que algo allí dentro se rompía. Entonces Edward salió corriendo desde donde estaba, con su madre a sus espaldas. Se había asustado con mi grito, lo deduje por sus ojos que me miraban atentos.

—¿Bella? ¿Qué te sucedió? —preguntó en seguida tomándome de los hombros y examinando mi cara como para comprobar que no tuviera nada malo en ella.

—¡Edward! —exclamé abrazándolo— ¿Estás bien? ¿No te ha pasado nada? —pregunté atolondradamente mientras yo comenzaba a examinarlo ahora y me encontré con que su mano sangraba— ¡Oh, tu mano!

Me recorrió el temor, ¿y si lo que dijo Emma era verdad? Quizás esto era producto de una abducción y…

—Ah esto —dijo mirando su mano entre las mías con incomodidad— es que se me cayó un vaso y justo cuando estaba recogiendo los trozos de vidrio gritaste y… bueno ya te imaginarás el resto.

—¿O sea que no has tenido ninguna experiencia extraña en todo este rato? —cuestioné preocupada.

—No…

—¿No has sentido como si hay algo que no recordaras y…?

—No —contestó comenzando a exasperarse— Bella, ¿qué…?

—No importa, no importa —dije ya más tranquila— vamos a la cocina, te curaré esa mano.

Lo senté frente al mesón que se encontraba al centro de la cocina mientras iba en busca del botiquín. Se me había olvidado por completo que estábamos acompañados cuando comencé a montar un escándalo por motivos completamente infantiles y me bajó la vergüenza. Seguramente ahora la madre de Edward estaría pensando que soy una loca sin remedio que no es lo suficientemente adecuada para su hijo.

—Dame tu mano —exigí y la tomé entre las mías. Esa herida había sido mi culpa, y aunque no fuese tan profunda no podía evitar sentirme mal, ¿Cuándo llegará el día en que deje de ser tan ingenua? La sangre me mareaba, era horrible… pero en estos momentos, era como si la preocupación hubiera reprimido cualquier tipo de "alerta" como un desmayo.

Comencé a desinfectar con cuidado para que no le doliera más de la cuenta, y aunque mientras lo miraba no hacía ningún gesto de dolor, estaba segura de que cuando bajaba la vista sí lo hacía. Corté un trozo de gasa y lo puse sobre la herida.

—¿Duele? —pregunté con arrepentimiento.

—No —respondió mientras abría y cerraba la mano como para que se acostumbrara— ¿Por qué estabas tan asustada?

—Si te lo cuento te reirás de mí —respondí desviando la mirada.

—¿Y si prometo no hacerlo… me contarías?

—Tal vez.

—Entonces… prometo no reírme sea lo que sea —dijo alzando la mano derecha a modo de promesa. Lo escruté unos segundos con la mirada para saber si hablaba en serio, y hablé.

—Estábamos Emma, Embry y yo en el segundo piso esperando a que terminaras de hablar con tu madre, y bueno, como te imaginarás comenzábamos a impacientarnos porque tardabas mucho, entonces Emma sugirió bajar a verte y como le dije que no… salió con eso de que podrían haber… —me detuve a examinar su rostro antes de continuar— que los extraterrestres podrían haberte abducido —terminé rápidamente y fijando mi mirada en otro lugar.

—¿De verdad creíste que…?

—¡Es que no sabes el poder de convencimiento que Emma tiene!

A pesar de que lo había prometido, comenzó a reírse intentando disimularlo. Lo miré con las manos en las caderas y el ceño fruncido, él me abrazo mientras seguía riéndose suavemente.

—Lo siento, lo siento, no pude aguantarme.

Edward POV:

Justo en el momento en iba a comenzar a protestar, escuché a Emma gritar. Solté a Bella y ambos corrimos a la salita. Al llegar nos quedamos congelados junto a la puerta. Mi madre tenía a Emma sentada en sus piernas, mientras que mi hija la abrazaba fuertemente por el cuello. Embry me hizo un gesto para indicarme que sería mejor dejarlas solas, y medio contrariado terminé siendo guiado por mi novia de vuelta a la cocina.

Bella se mantuvo de pie a mi lado en completo silencio, sólo era consciente de su presencia porque me acariciaba constantemente la mano… y se lo agradecí internamente.

Es un poco confuso describir lo que ha pasado, en realidad, ni yo mismo sé qué es lo que sentí en el momento en que vi esa escena. Fue completamente contrario a lo que yo me esperaba, quizás por eso significó una conmoción así. Mamá parecía tranquila, incluso feliz de estar con Emma, no puedo ni si quiera pensar en la posibilidad de que aquello haya sido una escena planificada, porque… ¿con qué fin lo haría?, además… esa sonrisa jamás la había visto.

Es cierto lo que me decía allá en California. Estela, Rose, Dafnée, Lana y Embry están en lo correcto; Esme ha cambiado. Soy yo el que no había querido ver la verdad… sólo yo tengo la culpa de todo lo que ha pasado, mi orgullo no me dejó ver antes lo que es tan claro ahora.

—Edward —murmura Bella suavemente. Puedo ver sus ojos preocupados— ¿Necesitas algo?

No soy capaz de responder aún a pesar de que sé que está mal. Sólo me abrazo a su cintura como un niño pequeño… se siente bien… el aroma de Bella logra reconfortarme. Ella me acaricia el cabello con una de sus manos.

—Solía abrazarme así a Estela… nunca me atreví a hacerlo con mi madre, supongo que por miedo al rechazo. —dije aferrándome aún más a su cintura— cuando me caía y me lastimaba, no era ella quien venía Bella, era Embry, o alguien del personal que estuviese cerca. Tampoco le permitía a mis hermana estar demasiado cerca de mí, sólo Estela era lo suficientemente valiente para escapar casi todas las noches e ir a verme, por eso es como si fuera mi herma y como una segunda madre para mí. Ella iba a pesar de los castigos que sabía que le caerían por la mañana.

—Estela parece ser realmente una buena persona —dice bajito tomando mi cara entre sus manos y besándome la frente— Pero los recuerdos… buenos o malos, son sólo eso: recuerdos. No es bueno dejar que afecten a tu presente o a tu futuro Edward —hizo una pausa y yo continué allí, con la cara apoyada contra su vientre y mis cabellos siendo acariciados por sus finas manos— Lo que quiero decir es… ya viste a tu madre, aunque Emma no haya sido concebida dentro de un matrimonio como siempre esperan los padres, la ha aceptado. Esa expresión que fuimos capaces de ver hace unos momentos no era falsa. Era completamente auténtica.

Me quedé un momento analizando sus palabras, eso ya lo sabía, sólo hacía falta que alguien más lo confirmara, y quien mejor que ella. Es un poco raro para mí tener a alguien así de cercano, que sea capaz de saber lo que pienso y que yo le permita tomar parte de mis asuntos, pero no es algo a lo que tenga que darle demasiadas vueltas, ella es importante para mí, no es una mujer cualquiera.

Bella POV:

El día de ayer fue demasiado intenso. Luego de que la madre de Edward y Emma fueran a la cocina, Edward vino a dejarme a casa. Se veía mucho más tranquilo y estuve feliz de que fuera así.

Son recién las siete y ya estoy lista para cuando vengan a buscarme, dentro de unos momentos comenzará la entrevista que tan nerviosa me ha tenido desde ayer, aunque debo admitir que con lo que pasó en la casa de mi novio se me olvidó casi todo. Alice ha venido esta mañana para ayudarme con el maquillaje y el acomodo del vestuario, cuando me miré en el espejo pensé que era otra. No sé si es el cabello con ondas o el sencillo vestido color lila que me llega a las rodillas lo que me hace ver distinta.

—¿Estás lista? —pregunta Alice cuando suena el citófono— Yo iré contigo amiga, no te preocupes.

—¡No sabes cuánto te lo agradezco Ally! —exclamo abrazándola. Ella me suelta rápidamente y me manda una mirada de esas que dicen "no lo hagas, cuida tu apariencia"

Nos subimos al auto que han mandado. Embry viene con nosotras, él me ha dicho que Edward quiere hablar urgentemente conmigo antes de la entrevista y que por eso se adelantaron unos minutos.

Me pregunto… ¿de qué querrá hablar?

El viaje hasta la agencia donde nos haremos unas fotografías y daremos la entrevista, es bastante corto. Alice se baja antes que yo, y en cuanto logro salir del auto se encarga de alisar mi vestido y arreglarme el cabello. Cuando verifica que todo está bien, me hace un gesto con la mano y me empuja para que no tarde más en entrar.

En el edificio todos me miran y me siento un poco cohibida. Edward sale de repente de atrás de una puerta y me mira con el ceño fruncido, me siento algo confundida, ¿Por qué me mira así?

—Hola —saludo yo normalmente.

—Tenemos que hablar —murmura bajo pero con firmeza. Me dejo guiar por él que me encierra en una sala.

—Edward, ¿te sucede algo? —pregunto cada vez más confundida con su actitud.

—La pregunta correcta sería qué te sucede a ti Bella —dice alzando la voz y lanzando sobre la mesa una revista. La miro y no puedo evitar un gritito de espanto— ¿Cuándo me ibas a contar que habías posado para mi propia revista casi sin ropa y sin mi consentimiento?

—Yo… lo siento… sé que debí haberte contado primero, pero es que tú estabas en California y la revista estaba en apuros. —me excuso con voz bajita mientras él se pasea de un lado para otro despeinándose.

—¿Sabes…? —comienza a decir pero se detiene. Toma aire y continúa— ¿Sabes el coraje que me da que TODA América te vea así? ¡¿Sabes si quiera cuantos hombres ven esta revista?

—Edward —protesto comenzando a ponerme de color grana— todas tus chicas anteriores han posado así, ¿por qué yo no podría?... ¿es que acaso te avergüenza?

—Esas chicas que tú dices son sólo eso, tú eres mi chica Bella… y no quiero que otros ojos que no sean los míos te vean así, ¿queda claro? —zanja autoritariamente.

—Pero Edward… ya se ha publicado.

—Lo sé, de verdad espero que nunca más pase esto. De los problemas de la revista me encargo yo.

—Estás siendo un poco injusto —me quejo sentándome sobre un sofá de cuero con los brazos cruzados— yo sólo intentaba ayudar, no es como si yo lo hubiese querido desesperadamente. Sabes perfectamente que yo no soy ese tipo de mujer.

—¡¿Entiendes lo inevitablemente provocadora que te ves en esas fotografías? ¡Todos los hombres estarán deseándote! —brama tomándome por los hombros.

—Edward, estás exagerando. Ni si quiera parezco yo realmente, y tampoco está mi nombre en algún lado —contesto mirándolo directamente a los ojos.

Me besa repentinamente y con desesperación. No sé si no cómo ni cuándo, pero terminamos con él recostado sobre mí en el sofá. Sus besos se vuelven cada vez más exigentes y no puedo hacer más que responder. Me da todo vueltas y no puedo pensar con claridad, sólo soy consciente de sus labios y su respiración entrecortada.

—Isabella tienen que…

Nos separamos bruscamente y vimos que Alice estaba en la puerta mirándonos con los ojos muy abiertos. Tras ella unos cuantos curiosos también intentaban mirar por los espacios que quedaban libres. Mi amiga sigue como en trance caminando hacia nosotros, entonces se arrodilla a nuestro lado con los ojos llorosos…

—Alice, ¿qué te…?

—¡¿Qué han hecho? —chilla tomando a Edward de la camisa y apartándolo de mí— ¡Mi obra de arte! ¡Oh, no, no, no, y cuando faltan sólo cinco minutos! ¿No podían esperar a que terminara la entrevista por lo menos para hacer cosas de pareja? —pregunta bajando un poco su tono y tomando con cuidado mi cabello. Me miro entonces en el espejo que tengo en frente y quedo realmente confundida. No tengo ni idea de por qué hace tanto escándalo.

—Alice—se queja mi novio arreglándose la camisa— Estás exagerando. Está igual a como llegó.

—¡No me dirijas la palabra, tú, Edward Cullen grandísimo desconsiderado! ¿Crees que no me tomó tiempo hacer que mi querida Bella quedara como una diosa? Claro, y tú con tus hormonas llegan para arruinarlo ¿verdad?

—Ally —atajo yo antes de que arda Troya, aunque me encuentro bastante extrañada de que ella reaccione así— tranquila, la culpa no es sólo de Edward —digo poniéndome inevitablemente roja— Mira, mi cabello no está tan mal... de verdad.

Logré calmarla luego de unos diez minutos. Afuera ya había un buen grupo de personas que se dispersaron en cuanto Edward puso un pie afuera y los miró con cara de asesino. El mal humor de mi novio iba incrementándose, así que decidí seguirlo a todas partes para prevenir un eventual "encontrón" con algún funcionario de la agencia.

Edward POV:

La entrevista ha salido tal cual la planeábamos, aunque la periodista se salió un poco de la pauta y me preguntó qué opinaba sobre las fotografías de Isabella. No quise fingir a pesar de que un poco más allá Jasper ponía cara de estar muriendo con cada palabra que pronunciaba, mientras que Bella me apretaba fuertemente la mano que tenía agarrada. ¿Qué tiene de malo decir que no quiero que ningún hombre sea capaz de acercarse a ella?

A pesar de su nerviosismo mi novia pudo responder a todas las preguntas con un desplante que realmente no me esperaba.

—¿Vamos a almorzar juntos? —propongo mientras manejo por la ciudad.

—¿Y qué hay de tu madre y Emma? —pregunta sin despegar la vista del cristal.

—Ya les he dicho que hoy almorzaría contigo —explico— además no les hace mal un poco de tiempo a solas, ya que mi madre regresará luego a California.

—¿Tan pronto?

—Es que cuando iban a subir al avión, Lila, su enfermera, se acobardó a último momento y no quiso venir con ellos… no puede estar mucho tiempo sin Lila. —respondo distraídamente. Entonces me doy cuenta de mi error; Bella aún no sabe de la enfermedad de Esme.

—¿Una enfermera personal? —cuestiona curiosa— eso no es normal… Edward…

—Te lo contaré todo si aceptas almorzar conmigo —intento convencer sacando por un momento mi mano de la palanca de cambios para posarla sobre la de ella.

—¡Eso es chantaje! —exclama arrinconándose lo más que puede.

—¿Sigues molesta? —pregunto escéptico alzando una ceja. No obtengo respuesta de su parte, suspiro y aparco el automóvil frente al local. Estamos bastante alejados de New York, el lugar está rodeado de vegetación y estoy seguro de que a Bella le encantará— Ya que estás tan enojada no me queda más que remediarlo.

Me bajo y le abro la puerta para que salga, y aunque intentaba actuar indiferente no le resultaba demasiado, pues a cada momento se daba vueltas para alcanzar a apreciar todo lo que nos rodeaba.

—¿Te gusta? —pregunto tomándola de la mano. Ella voltea la cara hacia otro lugar.

—Puede ser —responde escuetamente. Sonrío ante su actitud.

—Pensé en traerlas aquí la otra noche antes de saber que llegaba mi madre. Tiene servicio de hotel también y creí que sería buena idea. —comento mientras entramos. Una mujer más joven que nosotros nos recibió y nos guió amablemente hasta una mesa apartada. El sitio es muy tradicionalista, el suelo de tatami y las puertas correderas le confieren ese aspecto.

Nos sentamos frente a frente en el suelo al tiempo que nos entregaban las cartas. Ambos pedimos lo que nos apetecía y nos quedamos en silencio. Bella seguía inspeccionando el lugar intentando disimular su impresión, pero es imposible no darse cuenta.

—¿Me dirás ahora por qué estás tan molesta? —pregunto tomando los palillos para empezar a comer. Mi novia me mira con el ceño fruncido y se lleva a la boca los palillos antes de hablar.

—Armaste tamaño escándalo en la agencia por nada —responde mirándome fijamente— Ya te dije que no lo hice porque yo quisiera… además… ¡Eso que dijiste durante la entrevista!

—Fui sincero —digo encogiéndome de hombros— realmente no quiero que se te acerquen Bells.

—Edward, uno de estos días saldrá la entrevista que dimos hoy, ¿crees realmente que después de ver tu novia alguien querrá acercarse?, digo, eres conocido mundialmente por tu "malhumor", no creo que alguien se quiera meter con la chica del empresario más "malhumorado" de Estados Unidos.

Me rio un poco ante su comentario. Para ser sincero no tenía idea de que se me veía así, aunque no están demasiado lejos de la verdad.

—Perdóname por haberte gritado tanto —murmuro acercando mi cabeza lo más que puedo a la suya— Pero por lo segundo no me disculparé, porque eso no lo siento.

Bella suspira supongo que dándose por vencida, yo sonrío ante la victoria. Comimos en silencio durante unos minutos en que ella estaba pensativa, entonces levantó la cabeza y me pregunto:

—Edward… ¿Qué le sucede a tu madre? —me quedé con los tenedores en el aire, los dejé junto al arroz una vez más y me senté derecho.

—Está enferma —respondo, pero sé que ella no se conformará con esa respuesta hasta que le cuente todo— en mi viaje a California supe que estaba así. Conocí a Lila que cuidaba de ella y hasta que no hablé con Estela, no sabía la gravedad del asunto.

—¿Su estado es muy delicado? —me pregunta tomando mi mano que está sobre la mesa.

—No sólo eso… los doctores dicen que puede morir en cualquier momento, por eso es que deben regresar luego. Mi madre no puede estar mucho tiempo sin Lila y lejos de su doctor. Perdóname por no contártelo antes, pero es que no sabía muy bien cómo.

—Entiendo —dice suavemente. Ambos nos quedamos en silencio una vez más, pero no un silencio incómodo, porque con Bella aunque haya silencio es como si nos estuviésemos comunicando.

—¿Ahora me dirás la verdad? —pregunto mientras paseamos alrededor de un lago que es parte del local. Ella me mira confundida— De si te gusta el lugar o no.

—Me encanta —sonríe.

Bella POV:

La enfermedad de la madre de Edward me ha dejado un poco impactada, supongo que eso era lo que sentía que me ocultaba, aunque aún tengo curiosidad por preguntarle sobre Esme, pero no sé si sea correcto decirle… quizás se moleste o piense que estoy desconfiando de él.

Recién hoy me enteré de que el nombre de la recepcionista es Ling. Al parecer viene de China, lo supe esta mañana cuando escuché a un grupo de funcionarias hablando sobre ella. No le di mayor importancia y me fui directo a mi escritorio. Esta mañana Edward llegará algo más tarde ya que se encuentra revisando los últimos detalles del desfile que se llevará a cabo hoy por la tarde. Estos han sido unos días realmente ajetreados para mi pobre novio que parece cada vez más agotado.

A la hora del almuerzo tengo que encontrarme con la señora Esme en un restaurant, dice que quiere conocerme más y hablar conmigo, yo acepté a pesar de que a Edward no le causó demasiada gracia la invitación.

—¡Buenos días! —saludo a Angela que está con los ojos fijos en el ordenador. Estaba tan concentrada que cuando me escuchó dio un pequeño saltito en su escritorio.

—Buenos días Bells —responde acomodándose las gafas— Lo siento, no te oí entrar.

—No te preocupes —digo dejando mi chaqueta sobre la silla— hoy es un día muy bonito ¿no crees? —comento mirando a través del cristal por donde entran los rayos del sol.

—Sí. Esta noche estará despejada, el desfile podrá llevarse a cabo sin percances, como es al aire libre se temía que fuese a llover…

—Es verdad… se me había olvidado por completo. —digo agradeciendo realmente el sol radiante que hay afuera, o sino el arduo trabajo de todos se vería arruinado— Irás esta noche al cóctel de recepción, ¿verdad?

—Sí —responde con las mejillas un tanto encendidas— Ben me invitó y no pude decirle que no.

Me quedo concentrada un momento analizándola, ¿será que a Ángela le gusta Ben? No preguntaré a pesar de que me de curiosidad, porque quizás no sea correcto.

—Entonces podremos sentarnos en la misma mesa —digo poniendo en orden los papeles sobre mi escritorio. Hay uno que me llama la atención pues está cortado por la mitad. Lo tomo con cuidado y leo: "Suerte con el almuerzo. Estoy seguro de que serás capaz de ganarte a mi madre. Te quiero"

Unas pocas palabras fueron suficientes para derretirme por completo y dejarme con la cabeza entre las nubes durante casi todo el día.

Por la mañana no tuve demasiado que hacer ya que Edward no estaba allí. Sólo tuve que tomar unas cuantas llamadas y me tomé la libertad de ordenar su oficina, que con el trabajo de estos días está hecha un desastre.

Al ver un pequeño calendario que está junto a su escritorio, me doy cuenta de que tan sólo faltan unos días para el cumpleaños de Charlie, por lo tanto, tendré que ir a visitarlo durante el fin de semana. Le preguntaré a Edward si quiere ir conmigo, estoy segura de que papá se alegrará de verlo.

La mañana se me pasó tan rápido que de no ser porque Ángela me dijo que era hora del almuerzo no me hubiese dado cuenta. Fui al servicio de las damas y me arreglé el cabello lo más que pude antes de salir a almorzar con la madre de mi novio.

Me había citado en un restaurant bastante moderno y lujoso. Cuando yo llegué, ella ya me estaba esperando y tuve que disculparme por mis tres minutos de atraso. Ella me dijo que no me preocupara y me indicó el asiento de en frente para que yo me sentara también.

—Cuéntame ¿por qué entraste a trabajar en Seasons?

—Necesitaba dinero —me apresuré a responder— y bueno, creí que sería un buen lugar para comenzar, ya que una amiga mía trabaja allí y me había hablado sobre el lugar.

—¿Naciste aquí en New York?

—No… —respondo sintiéndome como si estuviese en un interrogatorio— Mi familia es de Forks, un pueblito que se encuentra a las afueras de Washington.

—Ya veo, cuéntame sobre tu familia —dice comenzando a comer sin quitarme la mirada de encima.

—Bueno… mi madre murió hace algunos años atrás, mi hermano se encuentra en Europa y mi padre es el sheriff en Forks.

—No es una familia muy grande —comenta.

—No. Es pequeña, pero los quiero —confieso comiendo un poco.

—¿Te puedo llamar por tu nombre? —yo asiento— Bella, no es mi intención tenerte aquí para interrogarte como a un culpable, pero debes entender que me preocupa mi hijo y quiero saber un poco de ti… en realidad las cosas que te he preguntado son irrelevantes, por eso quiero hacerte una última pregunta y con esto quedas libre… Sé que has hecho muchas cosas por Edward, te has portado muy bien con él y le has ayudado mucho, pero… ¿Quieres realmente a mi hijo?

—Como no se imagina —respondo sin titubear. Ella se queda mirándome unos segundos y luego asiente— Edward es tan importante para mí que no creo que sea posible expresarlo en palabras. Al principio no nos llevábamos bien, llegué a pensar que estaba hecho de roca, pero entonces descubrí que detrás de toda esa faceta fría había un hombre preocupado… a Emma la conocí por casualidad cuando tuve que ir a dejar un trabajo a su casa y he guardado el secreto de que es su hija.

—Ése es otro punto que quería hablar contigo, Bella —dice bebiendo de su copa— Emma es una niña realmente encantadora, pero necesito asegurarme de que tú seas capaz de quererla a pesar de saber que ella ha sido fruto de otra relación. ¿Crees que eres capaz de hacerlo?

—Ya lo hago —respondí sonriendo— No me importa que Emma sea la hija de otra mujer, pues sigue siendo hija de Edward y por ende me es inevitable quererla como lo hago. Además, empecé a llevarme bien con ella mucho antes de pensar si quiera en que Edward me gustaba.

—Entonces no me queda más que desearles lo mejor a ambos. Edward ha sido muy afortunado en encontrar a alguien como tú. —dice poniéndose de pie elegantemente— Se ve que eres sincera, y lo agradezco. En estos tiempos cuesta encontrar a gente así.

Hablar con la madre de mi novio no fue tan complicado como creía y me sentí satisfecha por haber obtenido su aprobación

Por la tarde, Edward llegó del lugar en donde se realizaría el desfile y me arrastró (literalmente) hasta su oficina en donde me hizo una avalancha de preguntas con respecto a la reunión que había tenido con su madre.

Respondí pacientemente a todas sus interrogantes y comenzó a contarme sobre cómo iban los preparativos. Me dijo que menos mal había ido antes porque tuvieron algunos problemas administrativos que por suerte ya se habían solucionado, que las modelos estaban todas preparadas y que Alice las guiaba maravillosamente.

—Edward —digo un poco dubitativa de si comenzar con el tema o no.

—¿Dime? —dice él sentándose sobre el escritorio.

—Es que… el fin de semana será el cumpleaños de mi padre, y me preguntaba si…

—Claro que puedes ir —responde sonriendo antes de que yo continúe hablando— Si quieres te dejo libre desde mañana que es jueves. Pero yo no podre acompañarte.

—¿Por qué? —pregunto un poco desilusionada.

—Después del desfile viene la parte más complicada, ya sabes, tenemos que organizar las mejores fotografías para ponerlas en las páginas de la siguiente edición, revisar los fallos, los gastos y las posibles críticas que lleguen… además algunos diseñadores extranjeros estarán presentes, y como son nuestros invitados no podemos dejarlos solos.

—Entiendo —digo tomándole una mano— pero de verdad me hacía ilusión tenerte allí.

—Lo siento —se disculpa jalándome para abrazarme— mañana tengo que ir a dejar a mi madre al aeropuerto, así que posiblemente no pueda ir a dejarte hasta Forks.

—Oh, no, no, no te preocupes por eso. Sabes que Forks no es la gran cosa. —me apresuro a decir.

—Bueno, por lo menos tu hermano no tendrá posibilidad de asesinarme durante el cumpleaños de tu padre —dice seriamente y a mí me entran ganas de reír al recordar la no muy "armoniosa" relación entre mi hermano y mi novio.

No estoy demasiado feliz con esto de que Edward no vaya, pero ya sé que tiene sus motivos y no puedo hacer nada por eso, después de todo serán sólo un par de días… ¿Qué cosas tan malas podrían pasar en estos días?


dejando cap, rapidito, siento haber tardadooo, me muero de sueño D: dejen reviews! besitos:) bye-