Sé que es viernes pero...más vale tarde que nunca! Lamento comunicaros que quizás rebaje el nivel de actualizaciones aunque todavía no tengo nada asegurado. Muchas gracias a todas las que comentáis, faveáis y seguís esta historia. Como siempre, espero que os guste el capítulo y me lo hagáis saber. Me hace tan feliz que hasta me lo dicen en clase! Imaginaoslo :) Besos!

Scorpius estaba leyendo la correspondiente carta semanal que su madre le escribía mientras desayunaba. A medida que asimilaba el contenido de la misiva, se le hacía más difícil el poder comer. El incesante villancico que sonaba por todo el comedor no ayudaba a la rara situación que se había formado en su mente.

Su padre estaba volviendo a ser investigado. Eso en sí no suponía una novedad para él. Casi cada cuatro años funcionarios del Ministerio revisaban las propiedades de antiguos mortífagos para controlar que todo estuviera en orden.

Como si alguien quisiera volver a repetir la crueldad de aquel tiempo en el que vivía Lord Voldemort.

Lo que le había cerrado el apetito a Scorpius era quién estaba investigando a su padre. Hermione Weasley, la madre de Rose.

Desde aquella visita a Hogsmade, ambos habían rescindido su contrato desestresante para forjar algo similar a una amistad. Amistad con ciertos beneficios, para que negarlo.

Scorpius no era una persona a la que gustara apegarse a la gente pero con Rose había sido distinto. Habían comenzado con atracción para después querer conocer más del otro.

Ese aumento de la química que ambos compartían había surgido espontáneamente después de que ella le hubiera ido a buscar aquel fin de semana. Scorpius sonrió. Después de pasar toda la tarde tan cerca el uno del otro, tuvieron que buscar la dichosa moneda que había quedado parcialmente enterrada.

Scorpius miró hacia la mesa de los leones, donde la chica pelirroja leía con el ceño fruncido El Profeta. Scorpius bebió su zumo de calabaza despreocupadamente mientras se fijaba en el pelo de la chica. Copos de nieve se repartían por los rizos derritiéndose con el calor del interior del castillo.

Rose elevó la mirada fijándola en él, pegó un saltó sorprendida y realizó una mueca que Scorpius supuso que intentaba ser una sonrisa.

La moneda comenzó a calentarse en el bolso interior de su túnica. Disimulando sacar su varita para recoger su correo esparcido por la mesa, miró el canto de la moneda.

¿Podemos vernos ahora? Tengo hora libre.

Scorpius sonrió. ¿Quién madrugaría pudiendo dormir una hora más? Una posible respuesta llegó a él al momento, a pesar de no tener clase se había levantado por culpa de sus compañeros de cuarto.

Claro. No hay problema alguno. Saldré primero.

Scorpius se colocó su cartera al hombro, tomó un último sorbo de su zumo y emprendió su camino hacia la Sala de los Menesteres.

Dos butacones orejeros color rosa viejo – uno de los favoritos de Rose, había descubierto él – aparecieron al lado de una acogedora chimenea. El resto de la sala estaba colocada con muebles como si de una sala de estar se tratara.

Dejó sus cosas en el suelo, se estiró cuan largo era, desperezándose. Esperaría a la chica de pie. La moneda volvió a calentarse.

Sólo un minuto. No sé qué quiere mi prima Lily.

Scorpius no contestó. Lily, le había contado Lorcan, resultaba un tanto pesada. Según sus palabras, era la peor de todos los Weasley-Potter. Eso sin obviar a los hombres, extremadamente recelosos con ellas.

Durante esa semana, Scorpius estuvo más cuidadoso que nunca. Tener que enfrentarse con Hugo Weasley o con Albus Potter por la honra de su hermana y prima respectivamente no era algo que le agradara en demasía.

La puerta de la sala se abrió, dejando pasar a Rose, la cual apoyó su cartera encima de una mesilla auxiliar.

-¿Estás preocupado?

-¿Yo? No ¿Por qué debería de estarlo?

-La investigación que le está haciendo mi madre a tu padre. ¿No te preocupa?

-No, en absoluto. Es algo a lo que estoy acostumbrado. Es casi rutinario esas investigaciones.

-¿De verdad?

-Sí.

-¿Me lo estás diciendo en serio?

-Claro que sí. ¿Por qué iba a mentirte?

Scorpius vio como Rose se mordía el labio nerviosamente. Un hilillo de sangre cubría parte de él. Scorpius se acercó a ella tomándola por los hombros.

-Hey, ¿estás nerviosa tú?

-Sí, lo estoy.

-¿Pero por qué?

-Por ti. O sea, quiero decir, por tu padre. Pensé que era algo anormal esas investigaciones. ¿Me aseguras que son totalmente rutinarias?

-Sí, te lo aseguro. No te preocupes, Rose. Además, tu madre es la más blanda del equipo.

-¡No te metas con mi madre!

-No quería decir eso, lo que quería decir es que no es nada quisquillosa. Comprueba, sigue el protocolo, hace las preguntas pertinentes y se va.

-Pero es que sale en El Profeta…

-¿No te ha dicho tu padre que no leas esa basura?

Rose enrojeció. Claro que se lo había dicho…su padre le había dicho tantas cosas…

-Sí, pero mi padre también me dijo otras cosas…

-¿Cómo cuáles? ¿Llevar orgullosamente los colores de la valentía?

-No, que no me acercara a ti.

La chica aprovechó para rozar su nariz con la del chico, poniéndose de puntillas le besó en los labios. Scorpius correspondió sin dudarlo. Le gustaba que la chica tomara la iniciativa, algo que había comenzado a hacer desde la tarde junto al lago.

Rose terminó el beso sonriéndole. Por una parte le encantaba estar con él pero por otra, sentía que estaba traicionando a su familia, entre los cuales estaba Lily quien la tomaba como ejemplo a seguir.

Scorpius tocó el pelo de la chica, que estaba ligeramente húmedo, para colocar un mechón detrás de la oreja de la chica.

Ambos vamos contra lo establecido. Pero no puedo evitar que me guste demasiado. Por mí me quedaría aquí para algo más que unos besos, pero el deber nos llama, Rose.

La volvió a besar colocando su mano en la nuca de la chica, sus dedos enredándose en los rizos de la pelirroja. Un ligero sabor a chocolate que no había percibido antes provocó que se tuviera que apartar bruscamente de Rose, quien quedó con la boca abierta semejándose a un pez.

Rose parpadeó confusa. ¿Qué había pasado? La cara de asco de Scorpius era un poema.

-Odio el chocolate. ¿Cómo puedes tomar eso? Es asqueroso.

-Ayuda a la concentración, me gusta. La pregunta es ¿cómo puede ser posible que no te guste el chocolate? Es lo mejor del mundo, no podría vivir sin una onza de chocolate.

-Supongo que tendré que apuntármelo. No me gusta, es malo para la piel.

-Rose se abstuvo de reír. La piel era algo que – aún sin comprender el por qué – preocupaba a Scorpius bastante.

-Bueno, será mejor que nos vayamos. Me parece una tontería discutir sobre ese tema.

Salieron de la sala tomando direcciones opuestas. Rose tenía Encantamientos mientras que Scorpius tenía Adivinación.

Mientras que Rose iba caminando, una locura de idea cruzó su mente. La próxima vez, trataría de mezclar la cosas que más le gustaban en este mundo.

Sonrió ante la imagen mental. A ver quién era capaz de concentrarse en Encantamientos justo ahora. Ella no, desde luego. Tendría que recurrir a los apuntes de Violeta, como hacía últimamente.

Scorpius todavía saboreaba los labios de Rose horas más tarde. En sus labios, el chocolate no le había resultado tan amargo. Se relamió los labios mirando al vacío.

-Sé que la tarta de caramelo tiene una pinta excelente, Scorpius, pero sé un poco paciente – la voz de Lysander lo sacó de su ensoñación - Las cerezas confitadas están buenísimas.

En lo único en lo que pudo pensar Scorpius fue en lo buenísima, provocadora y atractiva que estaba cierta leona que lamía descaradamente la cuchara con la que estaba comiendo una porción de tarta de chocolate.

Esa noche, Scorpius decidió darle una oportunidad al que parecía el postre favorito de Rose, dejando que el sabor del chocolate invadiera su boca, esta vez directamente y no a través de un beso.

Aunque probablemente, la buscaría más tarde. Haber tenido su sabor todo el día junto a él no le resultado nada fácil.

Mientras tanto, Marietta, la única chica que presumía de haber conocido en profundidad al Slytherin, miraba sorprendida el plato del chico. ¿Desde cuándo Malfoy tomaba chocolate? Tendría que averiguarlo usando su astucia ofidia.