Welcome September! Y con ello... un nuevo capítulo. ¿Qué habrá hecho Jill? ¿Se habrá ido a su habitación a pensar en lo que ha hecho? ¿Ha decidido pasar la noche acompañada? mmm... tantas preguntas... y una sola respuesta! A leer!


Parpadeo varias veces escuchando el sonido del agua caer y de unos incesantes golpes. Intento acostumbrarme a la claridad que entra por las rendijas de la ventana echando un vistazo alrededor. Frunzo el ceño. ¿Dónde coño estoy? Desde luego que no es mi habitación. Hay ropa tirada por el suelo. Veo entre ella mi sujetador negro y mis zapatos. Pongo los ojos como platos. No…

Miro debajo de las sábanas. ¡Estoy completamente desnuda! Vuelvo a echarme contra la almohada y me llevo las manos a la cabeza. ¿De verdad que fui capaz otra vez? ¡Y en la habitación de Carlos! También hay ropa suya tirada por el suelo, así que no necesito unir más cabos para entender que, efectivamente pasó. Dios… ¿y cómo lo miro ahora a la cara? Posiblemente el agua que se escucha es de la ducha.

Madre mía… Tengo un dolor de cabeza horroroso, y los golpes de la puerta no dejan de sonar. Quien quiera que sea no parece darse por vencido. Y de nuevo me pongo nerviosa. ¿Y si es Barry? Joder… ¿En qué puto lío me he metido esta vez? No quiero mirar a la cara a absolutamente nadie. ¿Cómo pude dejarme llevar de esa forma? ¡Sabía perfectamente que el alcohol no me llevaría por el buen camino!

-¡Carlos! ¿Estás por ahí? Tengo noticias muy importantes… -oigo exclamar a Barry al otro lado de la puerta. Genial… lo que me hacía falta para completar el embrollo. De pronto, la puerta se abre y yo suelto un grito. ¿Nos dejamos anoche la puerta abierta o es que Carlos la ha abierto antes de entrar en el servicio? -. ¿Sabes dónde está Jill? La he llamado varias veces y no está. En las noticias han dicho que…

Mi compañero se calla de pronto al mirar hacia la cama, donde me tapo como puedo. Dirijo mi mirada hacia otro lado, con las mejillas completamente rojas. Me arden. Creo que pocas veces en la vida he pasado tanta vergüenza. Para colmo, el agua deja de sonar, y poco después sale Carlos del baño liado en una toalla que le tapa lo justo. Barry nos mira alternativamente, como si aún estuviera intentando establecer una relación.

-¿Qué ocurre, Barry? –interrumpe Carlos el incómodo silencio. Yo, sinceramente, no sé dónde meterme. Lo único que quiero es desaparecer. Volvemos a quedarnos en silencio, como si aquéllo fuera una lucha de poder.

-Nada… Sólo venía a informar. Los vuelos vuelven a estar operativos –contesta de forma un tanto cortante. A ver si lo he entendido: ¿está molesto porque me he acostado con Carlos? ¿Por qué? ¿Qué tiene que ver él aquí?

Porque no es tonto y sabe que entre Chris y yo siempre ha habido muy buena relación, y que alguna que otra vez hemos superado lo que se considera el límite de la amistad.

Lo cierto es que nuestra relación no ha sido algo normal y corriente, y si le añadimos el extra de estar perseguidos por una corporación asesina que quiere ver nuestros nombres puestos en lápidas…

-Genial… -responde el brasileño con una de esas sonrisas que es capaz de derretir el hielo. ¿Tendrá el mismo efecto en todas? Da unos pasos hacia el armario y lo abre -. Nos vemos en quince minutos en la entrada.

Barry asiente rápidamente y se larga no sin antes lanzarme una mirada inquisidora. Esto huele a interrogatorio desde lejos. Actúo por puro reflejo. Me destapo y empiezo a recoger todas mis cosas del suelo. Me visto rápidamente echando de vez en cuando un vistazo a Carlos, que se está vistiendo con bastante parsimonia. Debo irme de allí lo antes posible; no me apetece absolutamente hablar de lo que pasó anoche…

Recuerdo perfectamente lo ocurrido en la playa, pero a partir de ahí es como si mi mente hubiera borrado todo lo que ocurrió después… ¿Seguí bebiendo? ¿Tanto? Creo que mi compañero de aventuras es el único que tiene las respuestas, aunque me parece que preferiría estar en la ignorancia de momento. Termino de colocarme el zapato izquierdo y cojo mi bolso, que está a los pies de la cama. Está en el filo. Es un milagro que no se haya caído.

-Oye, Jill… -me llama Carlos cuando me dirijo rápidamente hacia la puerta. Me detengo. Trago saliva con dificultad -. Gracias por lo de anoche. No se encuentra todos los días una chica tan espectacular…

Joder… ¿Qué puedo decir ante eso? Guardo silencio. ¿Debería sincerarme? ¿Decirle todo lo que pasa por mi cabeza en este momento?

-Carlos… Estuvo muy bien… Hasta la parte que recuerdo… -y lo último lo digo sin querer. Mi compañero simplemente sonríe mientras se abrocha los botones de la camisa amarilla.

-Te empeñaste en beber. Mucho. Demasiado. Yo intenté pararte; ya habías bebido bastante en la playa, y… no quería aprovecharme de ti… Pero bueno, entre los dos nos cargamos casi dos botellas de ron…

Y miro hacia la papelera, donde veo la prueba del delito: dos botellas de cristal completamente vacías y dos vasos de plástico de tubo a su lado. Madre mía… me he pasado veinte mil pueblos… Es increíble que no cogiera un coma etílico. ¿Qué imagen tendrá ahora de mí?

-Justo lo que no quería oír… -murmuro en voz tan baja que creo que no me ha oído, aunque se queda mirando fijamente al espejo que hay junto al armario. El dolor de cabeza sigue aumentando por segundos -. No quiero que tengas una mala imagen de mí… Es que… Es difícil de explicar –me detengo. No puedo hacerlo. No me atrevo -. Voy a cambiarme de ropa –suelto de forma atropellada, inventándome un pretexto muy pobre para huir con el rabo entre las piernas.

-¡Espera! –oigo gritar a Carlos cuando salgo por la puerta. Pero no voy a mi habitación. Echo a correr todo lo que me permiten los zapatos.

Mi lado masoquista se activa. Y un sentimiento de culpabilidad que nada tiene que ver con el alcohol empieza a apoderarse de mí a marchas forzadas. Mi lado masoquista se ha activado al máximo. Necesito utilizar uno de los ordenadores del hotel. Una puerta se abre a mi derecha, pero no me detengo. Ni siquiera me molesto en coger el ascensor. Bajo a buen ritmo por las escaleras hasta llegar a la recepción.

Joder... Estoy hecha un puto lío… e imagino que lo que estoy a punto de hacer no va a mejorar mis ánimos. Me dirijo hacia la derecha, donde hay una pequeña habitación con unos diez ordenadores. Hay tres clientes que están ya haciendo uso de ellos. Me siento delante del primero que pillo y accedo a mi correo electrónico ficticio. Es la primera vez que accedo a él.

Hay miles de mensajes de publicidad… y un mensaje que hace que mi corazón empiece a latir a mil por hora. Tengo un mensaje de Chris de hace más de dos meses. ¡Caramba! ¿Tanto tiempo ha pasado y tanto he estado pasando de él? Me molesta un poco que no me apoyara en Raccoon, aunque es verdad que cada uno libramos nuestra propia batalla. Tal vez he sido un poco injusta con él. Me llevo las manos a la cabeza abriendo el mensaje.

Mi correo, master of unlocking, es un juego de palabras que mis amigos conocen de sobra, sobre todo porque Barry me puso ese mote por mi habilidad para abrir cualquier tipo de cerradura en apenas un suspiro. Leo el saludo un par de veces sintiendo mis nervios aflorar… y ahora viene lo importante.

Jill,

No sabes cómo me alegré cuando Barry me contó que estabas con él. Tras oír que Raccoon City había sido destruida… No sabía qué pensar. Una parte de mí estaba segura de que estabas viva, porque te conozco, y sé que eres más dura de lo que pareces a simple vista. Pero bueno, me quedé mucho más tranquilo cuando Barry me envió el correo…

Quiero saber cómo estás, si hay algo que pueda hacer por ti, aunque desde la distancia sé que es bastante complicado. Quiero que sepas que me sentí muy mal dejándote sola en una ciudad que se sabía que, tarde o temprano, iba a acabar como lo hizo: Umbrella no ha dejado de jugar con fuego, y en vez de pagar las consecuencias ellos, lo ha hecho toda la población…

Pero creo que entiendes que hay que parar de una vez la manía que tienen esos cabrones de meter las narices en todas partes. Y pienso que lo mejor es hacerlo cerca de ellos, desde donde lo controlan absolutamente todo. Ya os pondré al tanto cuando nos veamos.

En fin, no quiero hablar más sobre ello porque me hierve la sangre. Por aquí todo va más o menos bien. Estar solo es un aburrimiento, y la investigación no está yendo todo lo bien que esperaba: no parece que se esté realizando nada ilegal por aquí, y acceder a la instalación es una completa locura. Quiero esperar a que estéis los dos aquí para empezar con el plan.

Imagino que tu experiencia ha debido ser… Ni yo mismo sé cómo explicarlo. ¿Horrible? ¿Aterradora? Creo que es más que eso. Como ya te dije antes, cualquier cosa que quieras contarme estoy a tu plena disposición. Espero que no tardéis mucho, porque os echo mucho de menos, sobre todo a ti.

Muchos besos y abrazos,

Jordan Thompson (Chris)

Leo detenidamente la parte final, y se me escapan unas lágrimas por lo tonta que he sido. ¡Claro que estaba preocupado por mí! ¡Y más que lo habrá estado cuando se enteró de que la ciudad había sido destruida! Me quedo mirando la pantalla de forma ausente, quitándome las lágrimas que me bajan por las mejillas. Chris y yo no tenemos ningún tipo de relación más allá de la estrictamente laboral. Entonces, ¿por qué me siento así? ¿Por qué me parece que, de alguna manera, lo he traicionado? No, no puede ser…

Cierro mi cuenta y salgo pitando. Alguno se me queda mirando, pero no me importa. Voy saliendo por la puerta cuando alguien me pone una mano en el hombro. Me giro violentamente levantando el puño… y me doy cuenta de que es Barry. Aprieto los dientes con rabia mientras mi compañero detiene el golpe que he intentado darle. ¿Es que mi día hoy va a dedicarse a ir cagándola con cada paso que doy?

-¿Te has levantado con el pie izquierdo? ¿Qué demonios te pasa? –me espeta Barry de mal humor y alzando la voz más de la cuenta. Algunos clientes de la recepción se nos quedan mirando curiosos. Siento que empiezo a sonrojarme -. Ven fuera. Tal vez el aire fresco te siente bien.

-Barry… yo…

Pero niega en silencio y me coge de un brazo. No me suelta hasta que estamos fuera, casi al pie de la playa. Barry se cruza de brazos delante de mí y frunce el ceño. Sé que está esperando una explicación a todo lo que ha visto. Lo más probable es que fuera él el que abriera la puerta cuando iba corriendo por el pasillo; su habitación estaba pegada a la mía.

-Mira, eres adulta. No soy quién para decirte con quién tienes que estar y con quién no… pero lo que no pienso consentir es que juegues con los sentimientos de dos hombres… y ya sabes de lo que estoy hablando… -me espeta mi amigo con un dedo acusador. Pocas veces lo he visto tan enfadado -. Explícate.

-Barry… sé que… no tendría que haberlo hecho… -logro decir con la boca más seca que una mojama. Las manos me empiezan a sudar, y por la frente me empiezan a caer unos goterones -. Estoy muy confundida… No… no sé qué se me pasó por la cabeza…

-¿El hispano tiene algo que ver? ¿Te… obligó?

Y esta vez me toca a mí quedarme boquiabierta. ¿Cómo se le ha ocurrido siquiera esa posibilidad? ¿Tan poco confía en Carlos?

-¡Por supuesto que no! –grito a pleno pulmón perdiendo los estribos -. Fue de mutuo acuerdo… aunque yo empecé. Y ahora sé que no tendría que haberlo hecho… No quiero que Carlos piense mal de mí.

-¿Es así como intentas olvidar que Chris no está aquí? –su comentario me hiela la sangre… ¿De verdad que está insinuando lo que estoy pensando? -. Oye, lo siento… No pretendía… -se disculpa inmediatamente levantando las manos -. No quiero que os hagáis daño, y sé que este viaje no ha sido nada fácil para ninguno de nosotros… Además, presiento que ese hispano siente por ti algo más fuerte que una amistad… pero yo sé que tu mente y tu corazón están puestos en otro lado… al otro lado del charco –su comentario me relaja sólo un poco, pero imagino que tiene razón en todo -. Lo único que te pido es que aclares la situación con los dos…

-Es que… Carlos es tan bueno y tan atento conmigo… Le debo la vida –le confieso a Barry sin apartar la mirada. Me toco distraídamente el hombro donde tengo la herida, que sigue de un color morado nada alentador -. Además, se me fue un poco la mano con… -y me detengo inmediatamente. No puedo contarle que estuve bebiendo como una condenada y que de milagro no acabé en coma etílico… Pero la mirada que me lanza Barry confirman mis sospechas.

-¿Estuviste bebiendo otra vez? –me pregunta alzando de nuevo la voz. Niega varias veces en silencio -. Lo tuyo desde luego que no es normal… Sobrevives a una mansión llena de monstruos, logras escapar de Raccoon City con coraje… y luego muestras tus carencias echándote a la bebida… Jill, ¡reacciona! ¡Vas a causarte muchos problemas en el futuro si sigues por ese camino!

-¿Qué? –nos interrumpe una voz masculina detrás nuestra. Me giro… y veo a Carlos boquiabierto. Por su expresión deduzco que ha estado escuchando la última parte de la conversación… Sólo espero que no lo haya escuchado todo -. ¿Por qué no me lo dijiste?

-Yo… -y creo que hace mucho que no me siento tan avergonzada… Parezco una maldita colegiala a la que han pillado haciendo algo malo -. Tenía miedo de que te asustaras si te lo contaba… Llevo teniendo problemas con la bebida desde hace unos años… Tengo rachas, como todos, pero en los últimos meses se ha convertido en mi única válvula de escape… y no puedo evitarlo… ¿Cómo te sentirías si cada vez que cierras los ojos ves los cadáveres de tus compañeros, zombis, monstruos…? –se me escapan unas lágrimas al recordar a todos mis compañeros caídos -. Sé que la bebida no va a arreglar mis problemas, pero me hace olvidarlos unos instantes…

-Sabes que ésa no es la actitud –me reprocha Barry poniéndose de nuevo serio.

-¿Me estás diciendo que todo lo que pasó anoche… era porque estabas borracha? –me pregunta Carlos con un tono que me encoge el alma: suena dolorido, como si para mí hubiera sido un simple aquí te pillo aquí te mato.

-No, Carlos –le respondo con total sinceridad -. Fui consciente de todo hasta que volvimos al hotel… Lo hice porque quise, aunque no quiero que me malinterpretes. Te aprecio demasiado. Me salvaste de una muerte segura, y no quiero hacerte daño por nada del mundo.

No sé si mi razón le habrá convencido, pero le quiero demasiado como amigo para perderle. Me observa durante unos instantes más antes de asentir en silencio, lentamente. Suspiro aliviada, y me doy la vuelta mirando al mar. Hay una pequeña barca pesquera que está llegando al puerto. Hay tres hombres en la proa manejando una red enorme llena de peces. Me cruzo de brazos observando el horizonte. Mi vida ha pasado de una auténtica lucha por la supervivencia a un culebrón de los buenos.

-En fin… lo que os quería decir antes… -oigo decir a Barry mientras sigo sumida en mis pensamientos. Me giro y doy unos pasos para estar más cerca de mis compañeros -. La nube de polvo ha desaparecido, y ya podemos partir hacia París –me sonríe esta vez con mayor sinceridad, y yo no puedo evitar devolverle el gesto. Eso significa que queda poco para que nos encontremos con Chris… y para que empiece la verdadera lucha.

-Pues no perdamos más el tiempo –nos anima Carlos con el gesto algo más tranquilo -. Al aeropuerto.

Como no sabemos a qué hora tenemos que coger el avión no hemos traído el equipaje, aunque tampoco es que llevemos gran cosa. Hay poca gente por la terminal, y la mayoría de los puestos de las diferentes compañías están prácticamente vacíos. El nuestro no es una excepción. Hay una mujer de piel morena tras el mostrador mirando algo en la pantalla del ordenador. Al ver que nos acercamos se levanta de su silla y nos muestra una amplia sonrisa. Estoy segura de que estará muy cansada de hacer siempre lo mismo; trabajar para el público implica mostrarte siempre amable aunque tengas un día de perros.

-Buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarles? –nos pregunta en un inglés bastante correcto. Imagino que por nuestras pintas habrá deducido que no somos de aquí.

-Verá, teníamos nuestro vuelo hacia París la semana pasada –le explica Carlos antes de que Barry o yo lo hagamos. Es una suerte que hable español por si la mujer no nos entiende -. Pero justo en ese momento sucedió lo del ataque… y nos dijeron que volviéramos por aquí en cuanto la situación se normalizara para poder cambiar nuestros billetes…

-Por supuesto… ¿Puedo ver sus tickets? -saco de mi bolso los billetes y los pongo sobre el mostrador. La mujer los coge, los mira detenidamente y vuelve a sentarse -. Todo parece estar en orden. Voy a comprobar el horario para efectuar el cambio… -esperamos pacientemente un rato que se me hace eterno. Todos guardamos silencio, expectantes, hasta que de nuevo la encargada vuelve a dirigirse a nosotros -. Me temo que hasta dentro de dos días no hay otro vuelo directo a París…

-¿Qué? –exclamamos los tres a la vez. ¡No puede ser! ¿Dos días más aquí? ¡Mis ahorros no aguantan eternamente!

-Oye, señorita –oigo decir a Carlos en español -. Oímos en televisión que se podían hacer cambios de destino si la distancia no era muy grande… ¿Es posible hacer escala en otra ciudad cerca de París?

-Lo consultaré…

-Le he dicho que si nos puede cambiar de ciudad para hacer trasbordo –nos explica Carlos apoyándose en el mostrador. Yo asiento en silencio. No es que me emocione mucho la situación, pero al menos saldremos lo antes posible.

-Hay un vuelo esta noche a las nueve hacia Dublín, con llegada a las dos de la madrugada hora local –nos informa la mujer sin apartar la mirada de la pantalla -. Luego tendrían que esperar hasta las cinco de la tarde para coger el vuelo hacia París. Llegarían a las siete y media hora local… Es el vuelo más rápido que podemos ofrecerles en este momento dadas las circunstancias…

-¿Qué os parece? –pregunta Barry con el gesto pensativo -. Tengo familia que podría acogernos hasta que salga el vuelo… Si es lo más rápido, deberíamos cogerlo.

-De acuerdo –asiento en silencio. Carlos sacude levemente la cabeza. Sonreímos. Ya está hecho.

Pues nada, nos vamos a Dublín. Irlanda nos espera.


¡Qué lío! ¡Qué lío! Al menos ya parece que van para Europa... ¿o no? En el fondo hasta siento algo por Carlos... aunque es todo un caballero, eso seguro. Y Barry, cómo no, la sabia voz de la conciencia. ¿Será capaz Jill de contarle su aventura a Chris?

Xaori: Take it easy my friend! Paciencia, paciencia (de no ser ella, ¿qué sería de mí? xD). Esos capullos lo tienen todo pensado; estaban muy bien escondiditos, pero les han pillado con las manos en la masa, y se tienen que llevar su merecido, por supuesto. Prometo mucha acción. De verdad.

Stardust4: Pues aquí tienes la respuesta a lo que ha pasado entre Carlos y Jill. Creo que más o menos entre los dos han podido quedar las cosas claras, aunque... ¿quién sabe? ¡Nuestros chicos son irresistibles! En cuanto a lo que ven en la instalación... La próxima semana lo sabremos, pero conociendo a Umbrella... algo no demasiado bueno.

Esto es todo por hoy. La próxima semana volveremos con Chris... y esa instalación de Umbrella. Espero que os haya gustado el capítulo.