Laura V: Hi!! mm más que desesperado tiene la ilusión de serlo pero se van a interponer otras cosas. Gracias por leer y comentar. Un saludo grande!!
renji-003: Hola! que bueno que te guste el fic, la narrativa y la trama. Gracias por leer y darme tu opinión. Gracias también por tu apoyo, muy lindo de tu parte. Saludos!!
tokiro-goi: Hola!! n.n si está sospechosa ;) ya verás porqué lo puse así. Gracias por leer y comentar. Saludos!!
Nelira: Hola!! me alegra mucho que te guste como va la historia, pero lo que sigue (aunque lo dudo) también. Gracias por leer y opinar. Saludos!!
Stiff: Hola! naa no pasa nada jeje pero me da gusto saber que te gusta la historia, lo del hijo estará como algo extra pero ya veremos que pasa. Gracias por leer y comentar. Saludos!!!
Agradecimientos a Tsukishirohime-chan, Naoko tendo, renji-003, LadySc -Maaya-, Laura V, Uchiha Katze, RukiaxUchiha, Flerasgard, tokiro-goi, Kuchikki Rukia 7, metitus, Chofisima, rinxxxav, yui makino, Anita509, story love, Kumiko Kusajishi, Stiff, Argin Heart y a todas las personas que se han tomado la molestia de pasar a leer y/o dejar su comentario.
Les dije que me tardaría jeje sorry pero he andado muy ocupada y apenas tengo tiempo para escribir.
Les dejo el capítulo XIV, uhmm en éste capítulo se da inicio a otra clase de problemas, que considero como la parte interesante del fic y con el que se adentran otros personajes. No sé si lo que venga guste pero ustedes dirán.
Gracias de antemano por leer y comentar.
… … * … …
Capítulo XIV
"Inminencia de lo Terrible"
Esa noche durante la cena, buscó la manera de tocar el tema, de la forma sutil para que ella no se preocupara o algo por el estilo.
Dudoso observó su tazón a mitad de comida y luego la miró a ella, la forma en que degustaba de sus alimentos en absoluta tranquilidad, volvió a fijar su vista en el tazón y pocos segundos después se animó a preguntar.
— ¿Querías decirme algo cuando fuiste al cuartel? —
La morena levantó la vista al ser captada su atención, ya le había dicho las razones de su repentina presencia, pero quizás las había olvidado y se aventuró en recordárselas.
—No. Te dije que estaba aburrida y solo quería pasar a verte— Le dijo naturalmente, volviendo a ver su comida y continuar degustándola.
Su respuesta no le era de mucha ayuda, pero tampoco sabía como dirigirse a la idea de un embarazo, quizás la mejor forma era preguntárselo de manera directa aunque su misma pena no se lo permitía, así que hizo otro esfuerzo por labrar una conversación alusiva al tema.
— ¿Estás segura de que te sientes bien? — Le preguntó, quizás no era la adecuada para empezar pero bien había escuchado de la cantidad de síntomas que padecen las mujeres durante el periodo de gestación, aunque ignoraba el comienzo de los mismos.
Rukia no entendía la relación de su primera pregunta con la segunda, sin embargo en ese gesto de cortesía le respondió lo más sincera posible.
—Si, por supuesto—
—Bien— Atinó a decir después de que ella le respondiera, aunque tampoco iba a aferrarse a la idea, si Rukia tuviese algún malestar se lo haría saber.
Volvieron a quedar en el silencio, mientras el pelinaranja había abandonado un poco la idea a insistir en el tema, la misma Rukia notó un drástico cambio en el comportamiento de su esposo, últimamente estaba bastante pendiente de su salud, pero ni por la mente se le había cruzado la idea de estar en espera de su primer primogénito. Sin embargo tenía mucha curiosidad por saber las razones a tantas cuestiones.
— ¿Porqué me preguntas todo eso?. No entiendo — Le profirió sin más, a espera de que se despejaran sus dudas.
No esperó que se lo cuestionara, estaba a punto de mostrarse indiferente pero esa inquisidora mirada suya le animó a soltar sus preocupaciones de una vez por todas. A fin que iba a ocurrir tarde o temprano.
—Bueno… ha pasado más de un mes y…— Inició con las palabras, mirándola, siendo testigo de sus expresiones faciales pero ella se mostraba tranquila.
— Y… — Pronunció quedamente, alentándole con su tono de voz y sus ojuelos zafiro a continuar.
—Es normal que para estas alturas estés embarazada— Respondió casi en un murmullo, notando como de los labios de su mujer se enfilaba una tierna sonrisa que le dedicó.
— ¿Y tanto misterio por eso? — Fue su respuesta en forma de cuestión, sin abandonar esa sonrisa de sus labios, había quedado sorprendida por la forma en que el pelinaranja se comportaba por ese tema, incluso hasta conmovida por su preocupación.
Ichigo resopló, aunque no entendía mucho su actitud.
—No es algo que debamos tomar a la ligera— Sentenció, serio. Parecía que ella le daba poca importancia a la idea.
—No, claro que no… lo que me da gracia es que te comportaste muy extraño nada más para decirme eso, sólo debiste ser directo— Le comentó sin quitar esa sonrisa, mirándole divertida, Ichigo sentía que se burlaba de él así que algo indignado puso su vista en otro punto.
—Lo consideraré para la próxima— Fue su respuesta con ceño fruncido, aguantando ser el blanco de la gracia de su esposa.
Rukia notó su enojo, solo estaba diciéndole la verdad así que tomaría más seriedad al asunto.
—No te preocupes, si hay algo que tenga que decirte respecto a un posible embarazo lo haré cuando tenga la certeza— Su tono de voz cambió a uno más tranquilo y sin muestra de burla, se inclinó para buscar la mirada del pelinaranja, quien al escucharla dejó de lado su enojo para hundirse en la profundidad de sus ojos. Ella ejercía un fuerte poder en su persona, así como un sentimiento tan jubiloso y cálido que nunca antes había sentido por alguien.
Como sólo a ella mostraba, le sonrió ligero. Manifestando su aceptación a sus palabras.
Desde que habían entablado lazos más fuertes, ya se había vuelto costumbre que fuese su compañía durante la hora de la cena, siempre se mostraba amable y alegre, elementos suficientes para que la pelimarrón se contagiara de su buena energía sin embargo en ésta ocasión él estaba absolutamente diferente, cosa que le preocupaba en demasía, ya que no quería ver en ese estado a una de las personas más importantes en su vida.
— ¿Te sucede algo? — Le preguntó con su voz y su mirada acongojada, esperando a que el muchacho de gafas les respondiera.
Ishida levantó la mirada y se encontró con ese par de afligidos y a la vez preocupados ojos que buscaban respuestas a su actitud. No estaba seguro de decírselo ya no quería alarmarla, puesto que la situación que esa tarde se le presentó, le hacía sospechar de que algo malo azotaría la tranquilidad del país y con la que vivían sus ciudadanos.
—Nada en particular— Atinó a decirle tratando de esbozar una serena mirada, pero Inoue no era tan ingenua como para darse cuenta de que algo preocupaba al muchacho, pero al menos quería saberlo y así poder encontrar la forma de ayudarlo.
— No te creo… Te vez inquieto… Dime ¿Qué es lo que te sucede? — Insistió a que se lo dijera, pero Ishida se mostraba incapaz de decírselo.
—Lo sabrás a su debido tiempo… pero mañana a primera hora tendré que irme— Le anunció, para sorpresa de la pelimarrón que realmente no esperaba la noticia, tenía poco tiempo de haber regresado y nuevamente se marchaba, pero por la inquietud que el expresaba en sus gestos tenía el temor de que no volviera.
— Pasó algo malo ¿verdad? — Tenía esa idea muy fija en la mente, y aunque quisiera hacerse la desentendida, no podía borrar de su mente la posibilidad de que aquello que Uryuu no deseaba contarle pudiese ser contraproducente para ambos.
—No sé que tan malo sea pero espero salgamos bien librados— Le comentó con cierta aura de misterio en sus vocablos, a Inoue se le aceleró el corazón, todo indicaba algo terrible pero no sabía en qué sentido, si sólo para ambos, o para todos los que habitaban el país pero de cualquier modo le angustiaba, confiaría, simplemente tendría fe en que fuese lo que fuese, todo estaría bien.
El sol aún no daba muestra de su proximidad cuando por órdenes del Comandante General, Yamamoto-Genryūsai, se pidió la pronta presencia de todos los Capitanes en el recinto del manda más.
A Kurosaki le tomó por sorpresa a las 4:30 de la madrugada mientras dormitaba, servidumbre le notificó el llamado en condición de emergencia que había expedido el longevo comandante. Se apresuró a ataviarse con las prendas respectivas que le daban el grado de autoridad, la morena algo adormilada notó como su esposo iba y venía dentro de la pieza. Pensó que pronto iba a amanecer, pero del señor sol ni un atisbo suyo pudo encontrar, le cayó de raro la situación que en esos momentos se estaba suscitando, así que se incorporó en el futón, quedándose sentada en el mismo, se talló los ojos y después le miró en su faena.
— Aún no amanece… ¿A dónde vas? — Le preguntó, queriéndose saber la razón a su desperado comportamiento.
—Algo se presentó… algo muy urgente— Le respondió sin profundizar mucho en el tema, aunque a decir verdad, no sabía nada al respecto.
— ¿Qué tan urgente? — Cuestionó de nueva vez, buscando la mirada del pelinaranja quien seguían yendo y viniendo.
—Al parecer muy, muy urgente— Le contestó mientras tomaba su insignia, estando en minutos alistado para salir.
Rukia se resignó, tampoco podía pedirle que se quedara, pero siempre le hacía sentirse bien teniéndole dormitando a su lado, con su calor abrazándola, pero si los altos mandos exigían su presencia con calidad de urgencia entonces no iba a oponerse sin saber realmente cuando grave era la situación.
—No regresaré al menos para desayunar— Le anunció quedamente, llegando e inclinándose hasta donde la ojiazul, hundiéndose en su profunda mirada, acortando poco a poco esa distancia entre sus rostros, para después despedirse con un efímero beso, ese beso más que despedida le supo a disculpa… por tener que abandonarla tan repentinamente.
—Bien— Fue la respuesta dada de la morena al separar sus labios y mirarse en sus ojos.
Ichigo se marchó a toda prisa a su cita en los recintos del cuartel General. El carruaje se encargó de llevarlo a toda rapidez a la reunión, no resultó tan complicado ya que aún a la oscuridad reinaba y no había ni un alma inocente deambulando por los amplios senderos.
Divisó la proximidad del cuartel al ver los faroles que pendían de las partes altas de los muros como única iluminación, también vio otros carruajes que seguro correspondían a otros capitanes, así que pidió mayor agilidad en la marcha.
Cuando desbordó, en los grandes portones los guardias le permitieron el acceso, al adentrarse se quedó maravillado por lo amplio que era el espacio y su infinidad de recintos donde albergaban a los miembros tanto del primer escuadrón como a quienes trabajaban para la milicia en puestos administrativos. Era la primera vez que estaba allí, había poca gente rondando los pasillos.
Preguntó por la sala de reuniones para los Capitanes y dadas las instrucciones se fue directo a su cita con el destino.
Las puertas aún estaban abiertas cuando apareció, cruzó el umbral y se encontró con la mayoría a espera de su arribo.
—Disculpen la tardanza, no era mi intención— Se disculpó antes los presentes, la primera ocasión y llegando tarde, se sentía hasta cierto punto avergonzado.
Nadie dijo nada, sólo se dedicaron a repasar con la mirada al nuevo Capitán de la Tercera División. Ichigo fue a su puesto y aguardó a que el longevo hablara.
Con una señal, aquellos grandes portones de madera encerraron a los Capitanes para su junta de emergencia. Todos estaba a la expectativa, por dentro tenían esa mala sensación de que los asuntos del país estaban corriendo el riesgo de ser vapuleados por fuerzas extranjeras, sin embargo lo que se aproximaba sería la primera gran prueba para demostrar cuan fuerte eran y así poder regresar la estabilidad.
—Corea ya nos ha hecho saber sus deseos de independizarse, hemos estado a favor de ella cuando Occidente está en contra— Inició una pequeña recapitulación de los hechos recientes, todos lo sabían, pero no pensaron que el ambiente se fuese a tornar brusco de un momento a otro —sin embargo…— Volvió a hablar Yamamoto —El Departamento de Inteligencia Japonés me ha comunicado que fue asesinado en Shanghai un reformista coreano defensor de los japoneses, y la secta religiosa coreana Tonghak ha iniciado una rebelión—
A sus palabras se notó la incredulidad en los rostros de tantos, no se esperaba ese tipo de situaciones, hace a penas 19 años China había permitido a Japón reconocer a Corea como estado independiente. Después, cuando China trató de reafirmar su influencia sobre su antiguo tributario, estalló la rivalidad con Japón, y la opinión pública coreana se dividió entre reformistas a favor de la modernización y conservadores, defensores del aislamiento. A la situación del presente, el futuro no pintaba para bien.
—La secta Tonghak ha adquirido características políticas y ha asumido un programa anti-extranjero, anti-cristiano y anti-japonés. Además, China, al igual que nosotros, quiere tener bajo su dominio a Corea— Añadió con toda seriedad.
Según como lo dictaba la ideología nacionalista Meiji, Japón trataba de lograr conquistas extranjeras, si bien la posición política que se tenía con Corea era débil pero el 90% del comercio exterior de Corea era con Japón, tenían muy buenos negocios ahí, lo cual ayudaba en demasía al avance económico del país y no iban a permitir que China se apoderara de su tributario, frenando así el desarrollo y la posibilidad de estar a las alturas de las grandes potencias.
— ¿Es conveniente que intervengamos? — Inquirió Ukitake al ver la gravedad de la situación, si era necesario ir a las hostilidades era cuestión del mismo Yamamoto y los altos mandos.
—No. Se tratará de arreglar éste problema de la manera más pacífica posible, el Emperador a ordenado a la diplomacia que ésta misma mañana se embarcara para negociar con el Imperio Chino— Se apresuró a dar a conocer la primera medida tomada, esperando que fuese efectiva y evitarse así derramamientos de sangre.
—Caso contrario, y si el Emperador lo ordena, tendremos que estar preparados— Volvió a hablar el longevo hombre, previniéndoles a la posibilidad de actos bélicos contra el Imperio Chino. —Se les mantendrá informados sobre la situación, avisen a sus hombres. Es todo— Finalizó el llamado con tales palabras llenas de determinación.
Sin oponerse a las decisiones, el salón empezó a vaciarse y se dispersaron por el pasillo con el propósito de ir en regreso a sus hogares y en unas horas más regresar a sus respectivos cuarteles para dar el informe a sus subalternos, tenerlos preparados en caso de que se desataran los actos bélicos y a la par, estar al pendiente de la situación.
Orihime pudo ver con cierta nostalgia como su hermano mayor, Sora, alistaba en una valija varias de sus pertenencias, no esperaba que partiera tan de repente y sin darle muchos detalles de su destino.
— ¿Vas a dejarme sola? — Le preguntó desde el marco de la corrediza puerta.
—No vas a estar sola… Uryuu vendrá a visitarte como la estado haciendo desde que se conocen— Fueron sus tranquilizadoras palabra para su joven hermana, tratando de transmitirle ternura.
—Uryuu también se va a ir…— Le informó con la misma aflicción de ver a las dos personas más queridas dejarla a merced de la soledad.
Sora pausó todas sus acciones, miró detenidamente a la menor, sorprendido por sus declaraciones. Que él supiera, sólo iban unos cuantos hasta China para tratar de resolver la reciente problemática mediante un acuerdo pero no pensó que hicieran llamar también a Uryuu, el más joven de los diplomáticos de todo el Imperio Japonés.
—No me dijo a donde ni para qué… sólo sé que es muy importante— Seguía con su mirada gacha, con tanta tristeza contenida, nadie le decía de qué se trataba, al menos para saber a donde iría a parar.
—Él va a estar bien… Todos vamos a estar bien. No te preocupes— Le dijo de consuelo, tampoco iba a revelarle el destino de su repentino viaje, él también iría y trataría de regresar con una respuesta afirmativa del Imperio Chino y con bien para que ella volviera a sonreír y ser feliz.
Era la primera vez que desayunaban juntos, eso había alegrado mucho a la morena ojiazul, incluso había pedido a sus cocineras dejarle ayudar y dejar poner la mesa, se esmeró en traer el fresco zumo y vaciarlo en las tazas, así como llenar el bol de bollos, arroz y verduras. De acomodar la mesa y los almohadones así como recibir a su marido con alegría, y aunque éste parecía preocupado, se esforzó por sonreír para no traerle la misma inquietud, sin embargo Rukia se había percatado de su extraño comportamiento, además de que tenía la curiosidad por saber sobre el llamado de emergencia de la madrugada.
— ¿Qué te dijeron? — Preguntó la muchacha mirándole inquisitiva.
El pelinaranja dio un respingo al escucharla, no se le escapaba nada, no quería decírselo para evitar sembrar el sentimiento de abatimiento en su alma pero nuevamente recordó el dichoso pacto de completa sinceridad en cualquier situación, así que tuvo que decírselo.
—China quiere proteger a Corea de nuestra dominación… y se mandarán diplomáticos al Imperio Chino para arreglar esto y nos cedan Corea… así evitar frenar el expansionismo Ruso— Le hico conocer lo más importante de la reunión, y no es que el asesinato de aquel coreano en pro a la modernización sea de menor consideración si es que se tomaba en cuenta el hecho de que se estaba formando una actitud xenofobica contra los japoneses en China y con la secta de Corea, pero el hecho de que esté la probabilidad de una guerra era lo que más debía preocupar.
Rukia tampoco esperó la noticia, le cayó como un balde de agua fría, lo que sabía es que la relación de China y Japón no siempre fue buena por la pugna de territorio, pero ahora que ambos quería ejercer su control sobre Corea, eso daba pié a problemas de mayores dimensiones… como una guerra… y temía por la vida de muchas personas… pero principalmente la de su querido esposo.
— Y sinceramente… ¿Crees que se pueda resolver con diplomacia? — Le preguntó una vez más, ella tendría fe en que así fuera pero Ichigo, siendo parte de la milicia, ¿Qué opinaba?, por sus conocimientos sabría más del tema y podría darle un juicio mejor acertado.
La miró detenidamente, como era de esperarse, sembró incertidumbre y un dejo de preocupación en la persona que menos quería hacer sentir mal, era una persona muy valiosa para él, a quien ya le adherían fuerte sentimientos.
—No lo sé, espero que sí, al Imperio Chino no le conviene una guerra, la dinastía Manchú ya está debilitada…— Eso era lo que sabía de aquel país, sin embargo no quiso encararle la posibilidad de que los países de Occidente se unieran a la causa de China y terminaran uniendo fuerzas, lo cual, si se daba la guerra, sería terrible para Japón.
—Igual espero todo salga bien— Le comunicó sus deseos, no quería que él se marchara para pelear por los ideales, no quería para día y noche preguntándose donde estaría y si estaría con bien.
—Nada está escrito aún… así que no te aflijas— Fue su consejo al notarla decaída con la noticia, le sonrió un poco para transmitirle la serenidad y fortaleza que en esos momentos necesitaba de su parte para poder encarar sea lo que sea que se aproximara.
El radiante sol brillaba en lo alto del cielo, resultaba ser un maravilloso y hermoso día, pero para Orihime era fatídico. Las dos personas más queridas se marchaban esa misma mañana y la dejaban llena de angustia, preocupación e incertidumbre. Había decido ir harta el muelle para despedirles, le sorprendió que tanto su hermano mayor como el joven Uryuu tuviesen la misma misión, con ello afirmaba la idea de que serraba de un asunto muy delicado, si no se lo habían hecho saber era para no preocuparla pero desafortunadamente ya lo estaba y tarde o temprano terminaría enterándose.
La pelimarrón se despidió en primera de su hermano, él la retuvo en sus brazos prometiéndole volver pronto. Sin embargo fue del mismo Uryuu de quien se despidió al último, sus ojos tomaron un brillo muy distinto, sintió como el corazón se le oprimía y con ello todas sus emociones. Ishida no tuvo opción que abrazarla con mucha efusividad, para él era difícil despedirse de ella, la única mujer en su vida y sin saber realmente si era sería la última vez que vería su rostro.
—Prometo volver a la primera oportunidad, sólo tengo que hacer lo que se me encomendó y estaré de nuevo aquí…— Le dijo quedamente, a su oído, palabras de aliento y esperanza para una delicada mujer como ella.
Inoue no tenía palabras para responderle, se le formaba un nudo en la garganta mientras trataba de contener las lágrimas en los ojos.
Se separó de ella para dar pié a su travesía por los mares, le sonrió sereno y besó su mejilla con cierta ternura, una forma de consuelo, de despedida, de disculpa… una forma de expresarle el profundo cariño que le tenía.
Resignada vio a su pariente y al muchacho de gafas abordar aquel buque y con las anclas elevadas, emprender camino hasta su destino… en espera de que volvieran sanos y salvos.
Como se habrán dado cuenta (y si no pues no importa) pero estoy metiendo el asunto de la Primera Guerra Chino-Japonesa (1894-1895).
Por cierto, FELICIDADES AL JUVENTUS!!!! por la final de la Copa de la Paz!!!
Y nos me queda más que decirles, espero guste el capítulos y veremos en la próxima entrega. Saludos.
