Capítulo 14: La última cena

Genta Kojima había tenido que pedir que le compraran un traje a su medida para aquella ocasión tan especial. Durante esos días, en los que él y sus amigos habían sido adolescentes, se había puesto ropa que le había prestado alguno de sus familiares. Pero Genta le había comentado la importancia de aquella cena a su madre, y ella accedió finalmente a que su hijo fuese bien mudado al restaurante.

Se lo estaba probando en aquellos momentos y solamente le faltaba ponerse la corbata que le había prestado su padre.

-- ¿En serio es necesario que lleve corbata, mamá? –se aquejó Genta al ver cómo le quedaba.

-- Si no te apetece no te la pongas, hijo –contestó de buen grado su madre, quien se sobresaltó un segundo después tras oir el teléfono. A continuación lo descolgó y habló–. ¡Hijo, es para ti!

-- ¿Hola? –saludó Genta al coger el teléfono–. ¡Ah, Conan, eres tú¿Pasa algo?


-- ¡¿Cómo¡¿Qué no hace falta que vaya a la cena?! –se sobresaltó Genta–. ¡¿Qué significa que no hace falta?!

-- Lo siento, Genta, acaba de llamarme Ayumi y me ha pedido que te lo dijera –explicó Shinichi–. Al parecer no se atrevía a decírtelo ella misma. A mi ya me ha dicho antes que tampoco hacía falta que fuese.

-- ¡¿Tu te crees que puede hacerme esto¡Mi madre ha alquilado el traje para esta ocasión!

-- Lo siento Genta, otro día será… Venga, anímate, nos vemos mañana. Adiós.

Genta escuchó el pitido que indicaba que Conan había colgado y cogió con fuerza el auricular del teléfono. A continuación, tras deslizarse una lágrima por su mejilla, lanzó el auricular lo más lejos que pudo…


Al apagar su teléfono móvil, Shinichi se dirigió a la habitación donde habían dormido todos, pero se cruzó con Kyogoku en el pasillo.

-- ¿Has dormido bien, Makoto? –preguntó Shinichi con preocupación.

-- Sí, la verdad es que sí, me ha ido muy bien dormir tantas horas. Con el día que pasamos ayer ya me hacía falta –comentó–. Ah, por cierto¿sabes cuando volverá Sonoko a Tokio?

-- Sí, me ha llamado antes y dice que esta noche cogen el avión de vuelta. Mañana ya estarán aquí.

-- ¿Te ha llamado? –se extrañó Makoto–. ¿Y por qué no me…?

-- Vete a saber, quizá en el momento en que te llamó tenías el móvil sin cobertura.

-- Sí, será eso…

Shinichi se alejó unos pasos, y Makoto aprovechó para mirar su móvil, pero en él no figuraba ninguna llamada perdida ni ningún mensaje…

-- Ah, por cierto –se giró Shinichi–. ¿Sabes dónde está Haibara?

-- ¿Quién? –se extrañó Kyogoku, que nunca había escuchado ese nombre.

-- La chica esta del pelo castaño –contestó haciendo unos gestos con los dedos.

-- ¿Te refieres a Sonoko?

-- No Déjalo, no me acordaba que no la conocías.

-- Ah, ya sé quien me dices. Está en la habitación cambiándose de ropa.

-- Gracias.


Shiho Miyano estaba engalanada con un precioso vestido morado, y aún estaba discutiendo con ella misma decidiendo si ponérselo o no. Tenía otros tres vestidos encima de la cama junto con tres pares de zapatos. Había probado todas y cada una de las combinaciones, pero nunca se quedaba satisfecha. Ella nunca había sido mujer de gala, sino mas bien una mujer sencilla y sin complicaciones. Pero esta vez, por mucho que fuera contra sus principios, deseaba estar guapa aquella noche.

-- Toc, toc¿se puede? –llamó Shinichi antes de entrar. Empujó la puerta suavemente.

-- ¿Qué quieres tú ahora? –dijo Haibara de mal humor.

-- Uau, Haibara¡ni que fueras a una boda!

-- ¿Cuál crees que me queda mejor? –preguntó sonrojada Haibara al írsele el mal humor–. ¿Este? –preguntó poniéndose uno de los vestidos por encima. A continuación lo dejó sobre la cama y cogió otro–. ¿O este?

-- El que tienes ahora puesto te queda genial

-- ¿Tu crees? –se ilusionó Shiho–. Era de mi hermana, me lo regaló el día de su cumpleaños.

-- ¡Pues sí, te queda genial!

-- ¿Verdad?

-- Ah, pero… ¿te lo regaló el día de su cumpleaños?

-- Siempre fue muy detallista. Y me regalaba cosas el día de su cumpleaños. No se regía a los tópicos de 'regalar porque es fecha tal'. Sino regalar porque le apetecía. Además, me dijo que este vestido había sido muy especial para ella, le había dado mucha suerte; y quería que yo tuviera la misma. Pero ya ves, he pasado demasiadas malas rachas como para creer en supersticiones de vestidos encantados U

-- Será que nunca te lo has puesto, pues nunca te he visto tan guapa como lo estás hoy.

-- Vaya¿eso me lo tengo que tomar como un cumplido? ¬¬

En aquél instante oyeron un portazo proveniente de la puerta principal de la casa. Seguramente sería el profesor Agasa, que llegaría de donde quisiera que hubiese ido.


Agasa se quitó el abrigo y lo colgó en la percha que había en la entrada. Kaito Kuroba hizo exactamente lo mismo y a continuación se fue para la cocina. Agasa, por su parte, vio que Heiji, Makoto, Rena y Eisuke estaban en el salón, así que los saludó y se alejó de allí. A continuación vio a Shinichi bajando las escaleras y con cara de malas pulgas.

-- ¿Se puede saber dónde has estado? –preguntó malhumorado Shinichi–. Luego dices que no me meta yo en líos. ¬¬

-- Buno… es una historia muy larga…

-- Yo también tengo que decirte algo –anunció Shinichi–. Tengo que contarte lo que me han dicho esos dos: Rena y Eisuke.


-- ¡¿Cómo¿Que son hermanos? –reaccionó el profesor Agasa.

-- Sí, al parecer el chico desapareció cuando tan solo era un niño. Y su padre decidió investigar. Pero es que resulta que el padre entró en la organización con Gin cuando eran jóvenes.

-- Dios mío. ¿Y crees que su padre puede seguir estando relacionado con la organización?

-- No, Gin dijo que su padre estaba muerto.

-- ¿Y no es posible que estuviese mintiendo?

-- No, Gin estaba ayer en estado de shock. Habría sido incapaz de mentir sobre algo así.

-- Y qué se sabe de su madre.

-- Rena descubrió que Gin la mató.

-- En…entonces es muy posible que el padre intentara vengarse y que Gin lo matara para defenderse.

-- No lo sabemos, todo es hacer demasiadas suposiciones. Además, queda otra duda. ¿Quién se llevó a Eisuke? Y si fue la organización¿por qué se lo llevó?

-- Ya veo, es un tema delicado… –se lamentó Hiroshi–. Por cierto, yo también tengo que hablarte de algo. Sobre lo que he hecho esta mañana hasta ahora.

-- Cuéntame.

-- Sé que me vas a matar, pero…

-- Escupe… –exigió Shinichi.

-- Le he entregado el veneno a la policía… para que los niños puedan volver a ser normales, ya sabes…

-- ¡Fantástico, así todo volverá a la normalidad!

-- Pero es que eso no es todo, Shinichi. El inspector Megure me ha hecho algunas preguntas. Unas preguntas han llevado a otras. Unas a otras, pim pam pim pam, y… vamos, que le he contado la verdad. Sobre la organización, ya sabes…

Shinichi no mostró ninguna reacción a simple vista, pero…

-- ¿Cómo? Es decir¡¿qué?! –se sobresaltó con los nervios acumulados–. ¿Me estás contando que le has dicho a la policía que Conan es Shinichi… ¡¡¡y que existe una organización maligna?!!!

-- Para hacerte una idea… Sí, eso he contado.

-- ¿¡¡¡PERO QUE HOY TODOS NOS HEMOS VUELTO LOCOS O QUE!!!?

-- No me comas tampoco…

-- ¿Pero es que no te das cuenta que mi secreto no puede salir de aquí¡Nadie más puede saberlo¡Ya lo sabes demasiada gente!

-- Perdóname, Shinichi… –suplicó el doctor.

-- Está bien, tranquilicémonos –dijo Shinichi muy nervioso y repeinándose el pelo–. ¿Qué te ha dicho el inspector Megure después de saber eso?

-- Nada, de esta forma me ha creído y ha accedido a dar el veneno a los niños.

-- ¿Y para qué te has llevado a Kaito?

-- Es que al principio habíamos pensado en que sería él quien diera el veneno a la policía. De hecho, ha sido así. Pero como no se le creían he tenido que entrar y contárselo todo.

-- De acuerdo, está bien. Tampoco es tan grave…

Agasa se alejó de Shinichi y lo dejó allí con un mar de dudas que no paraban de revolotear por su cabeza como los pesados mosquitos del verano. Aunque él sabía que lo que a él le ocurría era peor que esos mosquitos… Esas dudas no dejaban de pincharle el cerebro intentando sacar de él alguna respuesta. Respuesta que no sabía ni siquiera cuando sería dada. Pero lo que más le reconcomía el alma era el saber que más personas sabían su preciado secreto. El secreto que tanto se había esforzado en guardar. Era esa sensación de quedarse sin saber qué hacer, ese chasco, esa impotencia por no poder hacer nada por volver atrás y arreglarlo. Pero por fortuna, las personas que más apreciaba en este mundo, como Ran, Kogoro, o sus amigos, no conocían su secreto.


"Din dan don. Les informamos que el avión de la compañía JAL con destinación Tokio saldrá en unos instantes. Les rogamos que vayan embarcando. Gracias"

-- Ése es nuestro avion –afirmó Ran tras comprobar el billete–. Papá¿puedes ayudar a Kazuha y Aoko a poner las maletas en el montacargas? Gracias.

Y a continuación cogió a Sonoko por el brazo y la alejó d los demás.

-- ¿Sabes lo que tienes que hacer mañana, no? –preguntó en un susurro Ran con semblante serio.

-- Sí, no te preocupes, está todo controlado. Pero... ¿tu padre no sospechará nada?

-- ¡Qué va! Mi padre es demasiado buenazo como para saber todo este embrollo. Nunca en su santa vida imaginaría que Shinichi es Conan. Además, se pondría hecho una furia si supiera que el niño que ha estado viviendo con él ha sido Shinichi. Así que tú tranquila que todo saldrá a pedir de boca.

-- Segurísimo –se convenció finalmente Sonoko–. Además, tú mañana quedarás con Conan a la misma hora que yo con Shinichi. Como no podrá estar en dos sitios a la vez, comprobaremos sin necesidad de ADN's que ellos son la misma persona.

-- Un plan perfecto diría yo.

-- Sí, formamos un buen equipo…


Aquella noche habían quedado todos los de la liga de detectives infantiles al restaurante para celebrar su última noche de adolescentes. Tan sólo habían llegado Ai y Mitsuhiko que se sentaron en una mesa frente a frente. Mitsuhiko llevaba un elegante traje sobre una camisa y Ai lucía un vestido de noche impresionante que provocó el colorete en Mitsuhiko. Ai mantenía su cara de aburrimiento sosteniendo la cabeza con el brazo. Desplazaba la mirada de un lado a otro con tal de no posarla sobre el niño mayor que estaba sentado delante de ella. Por su parte, Mitsuhiko sí que se había quedado embobado y no dejaba de contemplarla con las pupilas bien abiertas. Haibara no tardó en darse cuenta cuando sus ojos se fijaron en él. Entonces dirigió su mirada de enfado hacía a él y lo examinó unos segundos hasta que Mitsuhiko se dio cuenta de que a Ai no le hacía mucha gracia que la observaran.

-- ¿Se puede saber qué estás mirando? –protestó Ai acercando su nariz a la de Mitsuhiko–. ¿Tengo algo en la cara?

El rostro de Mitsuhiko empezó a brillar cuando se puso nervioso y se apartó instintivamente de Haibara.

-- Ah, esto… yo… –tartamudeó nervioso.

Ai volvió a sentarse y volvió a apoyarse sobre su brazo mirando hacia alguna otra parte.

-- ¿No están tardando mucho, esta gente? –se deslizó de tema Ai, que no había cambiado su expresión de aburrimiento.

-- Ah… sobre eso… –dijo Tsuburaya algo acalorado– …será mejor que empecemos a cenar… creo yo.

-- ¿Y no sería mejor esp…? –empezó a preguntar Ai, pero enseguida se percató de lo que estaba ocurriendo–. De acuerdo. Empecemos a cenar.

En aquél momento les interrumpió una camarera que les traía lo que habían pedido hacía unos minutos. Y tras hacer una reverencia se fue.

La mayor parte de la cena la pasaron en silencio viendo pasar las luces de Tokio girando, que es como lo percibían los que estaban en el mirador rodante.

-- E..esto… –se atrevió a decir Mitsuhiko cuando acabó de tragarse un trozo de pollo–. ¿Tienes la medicina que nos ha dado el profesor?

-- Claro… –soltó Ai sin dejar de mirar su plato y acabándose de poner una cucharada de la sopa en la boca.

Mitsuhiko descendió por un momento las cejas preguntándose si había hecho algo malo para que Ai le hubiera contestado de aquella manera. Observó que la expresión de Haibara se había tornado de un tono entristecido, aún con la cabeza apoyada en su brazo y mirando hacia nada en concreto.

El antídoto…,pensó Haibara con una mirada melancólica. Ella y los detectives infantiles habían quedado en aquél restaurante para tomarse allí el antídoto todos juntos, y a pesar de su cabezonería, Conan la convenció para que acudiera a la cita. Por mucho que le pesase, aquella misma noche volvería a convertirse en Ai Habiara. Volvería a quedar atrapada en aquél disminuido cuerpo. Pero ahora se le había sumado otro problema...

Mitsuhiko.

-- ¿No tienes hambre, Haibara? –se preocupó Mitsuhiko al ver que su compañera no probaba bocado desde hacía un rato.

-- Tanquilo, Mitsuhiko –quiso quitarle importancia Ai–. No tienes por qué preocuparte...

El chico descendió de nuevo la mirada y decidió continuar con su cena. Sabía que algo le estaba ocurriendo a su amiga y por lo tanto no podía contarle lo que quería decirle. Notaba que Ai Haibara no lo estaba pasando bien aquella noche. Algo la preocupaba.

Por otro lado, Mituhiko había descubierto durante esos días algo importante, y quería compartirlo con la chica que estaba justo enfrente. Y pensó que sería adecuado decirlo para que ella no tomara decisiones inadecuadas.

-- E…esto… Ai –se atrevió a empezar Mituhiko.

-- Dime –contestó Ai sin dirigirle la mirada.

-- Si estás así… ¿es por Conan?

Esa pregunta consiguió que la mirada aburrida de Shiho desapareciera y adoptara una expresión de sorpresa, pues no entendía qué pintaba Conan en esa conversación. Si ella estaba desanimada, era solamente porque sabía que esa noche volvería a ser Ai Haibara.

-- ¿Co…Conan? No, no. Él no tiene nada que ver con…

-- No intentes disimular, Ai… –pidió Mitsuhiko al interrumpirle–. ¿Estás…?

Mitsuhiko no se atrevió a decir aquella palabra que tanto le aterraba. Le aterraba por dos bandos. Pero le aterraba sobretodo por la parte que le afectaba a él. Porque ella… Mitsuhiko visionó una serie de imágenes que habían ocurrido tiempo atrás. Algunas de ellas referentes al día en que fueron al bosque y se encontraron aquella cría de oso. También distinguió entre ellas, a una Ai con mirada enamoradiza hacia el pequeño detective…

-- ¿Estás…? –repitió esta vez con más valor– ¿…enamorada de Conan?

Shiho se quedó helada ante tal pregunta. Lo que Mitsuhiko estaba diciendo no tenía ningún sentido…


-- ¿Po…por qué dices eso, Mitsuhiko¿De dónde has sacado tal memez?

Mitsuhiko enrojeció al instante. Había hecho el ridículo. Quiso levantarse e irse volando de allí. Pero algo en su interior lo detuvo.

-- Ai… –tragó saliva el muchacho–, tengo que contarte una cosa…

La chica alzó su mirada de golpe y se sonrojó, contemplando los ojos esta vez esquivos del joven galán que tenía delante…


-- ¡Gochisôsamadeshita! –gritaron todos en casa del profesor Agasa cuando terminaron de cenar.

-- Al final tendré que comprar comida para un regimiento ¬¬ –bromeó Agasa cuando se levantó para recoger los platos–. Eso sí, compañía no me falta estos días xD

Shinichi lanzó una mirada a Eisuke y a Rena y les indicó con un gesto que salieran del comedor y se reunieran a fuera con él.

-- ¿Y bien? –pidió Shinichi al sentarse los tres en el sofá del salón–. Cuéntame tu historia, Eisuke, por favor.

-- S…sí… –susurró Eisuke no muy seguro–. Verás… No lo recuerdo muy bien… Y sólo puedo contarte que he estado viviendo con mis padres adoptivos. Me contaron que me encontraron abandonado. Al parecer les dije mi nombre y no quisieron cambiarlo. Ni el nombre ni el apellido.

-- ¿Y qué ocurrió para que empezaras a buscar a tu hermana?

-- No ocurrió nada. Simplemente yo sabía que tenía una hermana y quise buscarla. Temí que alguien se la hubiera llevado. Y tras mis pequeñas investigaciones supe que estaba en el mundillo de la televisión. Y recorté mi búsqueda por ese hilo de investigación.

-- ¿Y dónde están tus padres adoptivos ahora?

-- Mis padres adoptivos… muerieron…


-- Ai… Tengo que contarte una cosa… –había dicho Mitsuhiko.

-- Di…dime…

-- Haibara… No debes estar con Conan porque…

La muchacha empezó a sentir los latidos de su corazón. Unos latidos que hacía mucho que no lograba percibir. Unos latidos que consiguieron que su piel se tornara más rojiza de lo que estaba.

-- …porque él no es quien dice ser –terminó Mitsuhiko tras su breve pausa.

Esta vez a Ai el corazón le dio un vuelco, pues no era lo que se esperaba que le dijera Mitsuhiko. Se sorprendía cada vez más al ver la seriedad que transmitía Mitsuhiko al decirle aquellas palabras. No podía creerse que Tsuburaya hubiera…

-- Sí, Ai, sí. Parece extraño, pero he descubierto que Conan en realidad es Shinichi Kudo.


Haibara no supo realmente si le habían echado un cubo de agua helada por encima, o por el contrario, estaba ante una situación que no se esperaba. Mitsuhiko había descubierto la verdad sobre Conan. Pero¿habría descubierto la verdad sobre ella?

-- ¿Qué…qué quieres decir? –intentó disimular lo máximo que pudo.

-- Lo que estoy intentando decir, Haibara, es que sé con toda seguridad que Shinichi Kudo bebió este mismo veneno –dijo señalándolo–, y que se convirtió en Conan.

-- Es… ¿estás seguro? –logró decir Ai un poco nerviosa–. Tu no conoces a Shinichi, no puedes saberlo…

-- Haibara, escúchame –pidió Mitsuhiko muy seriamente. Ni él mismo hubiera imaginado estar hablando tan en serio–. Cuando nos hicimos mayores aquél día, la cara de Conan me sonó muchísimo. A partir de entonces busqué en Internet, poniendo en el buscador 'Shinichi Kudo' y ví sus fotos. Fue cuando volvimos a casa del profesor cuando tuve bien claro que Conan Edogawa y Shnichi Kudo eran la misma persona…

-- No… No puedo creérmelo… –fingió sorpresa Ai–. ¿Conan nos ha estado engañando todo este tiempo?

-- Sí… Y por eso yo… –se entrecortó Mituhiko–. Por eso antes yo te he dicho que no podías estar con él… Porque no tiene nuestra edad…

Haibara se llevó la mano a al boca. Mitsuhiko le estaba pidiendo que no saliera con Conan porque él les había engañado, y porque no tenían su misma edad. Pero ella también les estaba mintiendo… Era cómplice de aquella mentira, y el muchacho de enfrente le estaba confesando su descubrimiento. En aquél momento resbaló una lágrima por su mejilla. Era una mentirosa, una estafadora, una embustera. Y estaba fingiendo en aquellos mismos instantes. Quizá debería contarle también su verdad…

-- Hay… hay otro motivo… –soltó Mitsuhiko mirando su plato–. Hay otro motivo por el cual no puedes estar con él…

-- Mitsuhiko, en verdad… –quiso interrumpirle Ai.

-- Déjame terminar, por favor –suplicó Mitsuhiko casi enfadado–. Esta conversación se me está haciendo muy larga…

-- Adelante…

-- Haibara… –dijo por fin con una voz más enérgica y mirándola esta vez a los ojos–. Me he dado cuenta de que… yo…

-- ¿Han terminado de cenar? –preguntó una oportuna voz sonriente desde un lado. Shiho y Mitsuhiko ladearon la cabeza sonrojados y vieron a la joven camarera–. Como veo que no os lo acabáis… ¿Queréis que os traiga la carta de los postres?

-- Eh… sí, sí. Muchas gracias… ·//·

La muchacha recogió sus inacabados platos y desapareció tras la puerta que conducía a las cocinas.

-- Mitsuhiko… –empezó Haibara mirándole a los ojos y adoptando una sonrisa dulce y triste a la vez–. Sé lo que intentas decirme… y sólo puedo sentirme alagada. Pero quiero ser franca contigo.

El brillo de los ojos del muchacho se apagó por unos momentos a la vez que su mirada volvía a dirigirse a la mesa, esta vez sin plato.

-- Tienes razón en algo, Mitsuhiko –explicó Haibara desde lo más profundo de su corazón–. Estoy enamorada de Conan. Aunque sepa que nunca voy a poder estar con él…

-- En… ¿entonces? –se sonrojó Mitsuhiko esta vez de vergüenza–. ¿Entonces porqué sigues enamorada de él?

-- Mitsuhiko, tienes que entender una cosa –quiso explicarse Ai sin dejar de observarle a los ojos–. La gente no se enamora en función de sus posibilidades de estar con la persona en cuestión. La gente no elige de quién enamorarse. No puede aprender a querer a la persona con la que está saliendo sólo por 'salir' con alguien. No puede olvidar. No puedo dejar de quererle simplemente porque esté enamorado de otra persona. Sin embargo, en mi caso, si tuviera la posibilidad de estar con él, quizá acabaría por desenamorarme…

-- ¿Pero eso porqué¿Por qué no estar con la persona que amas si tienes la oportunidad?

-- Hm, ya hablas como todo un adulto, Mitsuhiko –sonrió Ai–. Pero no eres más que un niño y no creo que puedas entender el funcionamiento del amor…

-- ¿Eres como él, verdad? –supo enseguida al escuchar el comentario de la muchacha–. También eres una adolescente que tomó esta medicina. Es por eso que no puedes quererme.

-- A diferencia de ti, opino que el amor no entiende de edad. Pero éste no es el caso…

La vela cuya llama iluminaba vagamente la mesa llegó casi a su final, ocultándose en el interior del adorno que la cubría. Casí simbolizando los sentimientos de Mitsuhiko en aquel momento.

-- Me alegro que hayamos aclarado nuestros sentimientos –dijo el chico tragando saliva y conteniendo las lágrimas–. Así… Mucho mejor…

Y sin pensarlo dos veces echó su silla para atrás formando un estrépito, se levantó y se giró para escapar de aquella pesadilla tan bochornosa.

Haibara permaneció sentada, observando cómo su amigo se alejaba de la mesa y pudo apreciar una perla brillar procedente de la mejilla del muchacho…

Mitsuhiko…-- Tenga, aquí tiene la car… ¡Anda¿Y su compañero? –preguntó indiscriminadamente la camarera.

-- Se… se ha ido… –susurró Shiho empezando a notar húmeda su cara. Dejó escapar un suspiro y a continuación cerró los párpados intentando reprimir sus sentimientos.

Sus nuevos sentimientos…

-- No dejes que se vaya.

-- ¿Eh? –Haibara se giró y vio a la camarera allí plantada.

-- Ve a buscarle y haz que vuelva. – indicó la joven esbozando una sonrisa. - Aún puedes reparar esta velada. He vivido ya dos cenas parecidas, ambas con asesinato incluido. Pero esta vez, el desenlace ha sido peor…

Reparar.

La palabra le hizo gracia a Miyano. Pues se adecuaba a la perfección. Se secó las lágrimas con una de las servilletas y, decidida, dio un paso adelante.

-- Ve… –la incitó la camarera.

-- No.

-- ¿Qué ocurre? –se extrañó la camarera.

-- Creo que es mejor dejar las cosas como están –explicó Ai–. Quizá si fuera a buscarle… le estaría dando a entender que le doy una oportunidad. Y en realidad, no serían más que falsas esperanzas…

-- Lo entiendo perfectamente…

-- Creo que no se merece sufrir más. Sé cómo se siente, yo también lo he sentido, y créeme que es mucho mejor así, por mucho que ahora mismo él no pueda entenderlo…


El ascensor llegó a su última parada y se abrió para dejar salir a un adolescente Mitsuhiko, entristecido. Salió del cubículo con los hombros caídos y arrastrando los pies. Notó que las personas que se encontraban allí lo obserbaban extrañados, pero no le dio ningún tipo de importancia. Avanzó unos metros y la puerta de cristal se abrió ante él, dejando que la leve brisa acariciara su rostro. Pero no sólo le acarició, sino que trasnportó una voz que le resultaba familiar.

-- ¡Mitsuhikoooo!

El chico elevó la mirada, y vio a lo lejos a una joven que llevaba un lazo de color rojo y que parecía nerviosa. Corría hacia él como quien está a punto de perder el tren.

-- A…¡Ayumi! –se alegró Mitsuhiko al verla–. ¿Qué haces aquí?

-- Lo siento muchísimo, de verdad. ¿Os han echado o algo? –preguntó al darse cuenta de que estaban fuera del restaurante–. Es que se me había olvidado traeros el dinero para pagar la cena. Recuerda que mi madre lo iba a pagar.

Ayumi observó que Mitsuhiko no estaba escuchando sus palabras. El muchacho se había sentado en las escaleras y tenía los codos apoyados en sus rodillas. Y permanecía con su mirada fija en las baldosas.

-- ¿Pa…pasa algo? –se preocupó Ayumi. Un segundo después se arrodilló y se sentó a su lado–- ¿Estás bien?

-- Más o menos… –expresó el chico intentando volver a reprimir sus lágrimas.

Ayumi comprendió enseguida lo que su amigo quiso decir.

-- No ha salido bien la encerrona¿verdad? –preguntó preocupada.

Mitsuhiko se mantuvo en silencio. Pues no le apetecía hablar de aquello.

-- No te preocupes, Mitsuhiko. Yo lo he pasado peor intentando convencer a los demás para que no vinieran a la cena

Aquél comentario consiguió arrancarle una sonrisa a Mitsuhiko, que enseguida le dedicó una mirada.

-- Muchas gracias por animarme, Ayumi.

-- ¡Nah, los animos son gratis! –bromeó Ayumi con una carcajada.

-- ¡Al igual que las gracias! –le siguió el juego el muchacho esta vez más sonriente.

Ayumi se levantó de un golpe y le cogió la mano a Mitsuhiko. Lo estiró para que se levantase y volvió a mirarle a los ojos.

-- Volvamos a dentro a llevarle el dinero a Ai –dijo enérgica y sonriente.

Entonces dio unos pasos hacia la puerta, y mientras corría levantó sus brazos y gritó sonriente:

-- ¡¡¡El último que llegue arriba es un sapo!!! n.n

Y sin Ayumi saberlo, el muchacho esbozó una sonrisa que no hubiera podido ocultar de ninguna de las maneras…


Notas: wola, quería agradecer especialmente a Jenn n.n Muchisimas gracias!! Espero que este capitulo, k en principio ha tenido menos acción, te haya gustado n.n