—1—
Harry, Ron y Hermione siguieron a Luna, bajando las escaleras móviles. Desde debajo de la capa de invisibilidad podían ver los cuadros y retratos, que saludaban a Luna con expresiones no muy alegres. Cuando llegaron al segundo piso, Luna se deslizó ágilmente por la pequeña portezuela que daba acceso al largo pasillo de la planta y sujetó la puerta unos segundos de más para que pasaran los tres gryffindors.
Mientras se alejaban de las escaleras, Hermione miró hacia atrás: ¿hacían bien en dejar a Malfoy tanto tiempo solo? Ella estaba segura de que si pasaba algo, el muchacho volvería a la casita del bosque, pero tampoco querría verlo enfrentando mortífagos: seguramente acabarían con él en seguida, pues los criminales no solían ir de uno en uno y eran más diestros que ellos con la varita.
Ron le agarró del brazo y le empujó hacia delante, lanzándole una mirada sospechosa. Hermione sacudió la cabeza, dejando de lado las preocupaciones, y sonrió débilmente a Ron, dándole a entender que no pasaba nada. Harry, mientras tanto, seguía concentrado en su posterior conversación con la Dama Gris.
Luna los llevó por una escalera secundaria hasta el primer piso y, desde allí, siguió andando hacia el ala oeste del castillo. La chica parecía bailotear mientras andaba, haciendo que la mochila casi vacía se moviera en su espalda, saltando y volviendo a caer. El pasillo se encontraba vacío cuando Luna comenzó a aminorar la marcha y mirar a su alrededor con interés, como si no supiera exactamente qué buscaba. Sin embargo, quedó claro que sí sabía adónde se dirigía cuando se encontró con Nick Casi Decapitado:
— Sir Nicholas, — le llamó la ravenclaw. El fantasma, feliz de que no usara su mote de 'Casi Decapitado', le sonrió y movió su cabeza con un sonido de succión mientras hacía una reverencia. — hola.
— Buenos días, jovencita. ¿En qué puedo ayudarla?
— Estoy buscando al fantasma de Ravenclaw. ¿Sabe dónde está? — preguntó la siempre educada Luna. Nick se acarició la barbilla en un gesto pensativo y, finalmente, contestó:
— Se dirigía hacia el Vestíbulo, hace cinco minutos más o menos. — Luna agradeció y Nick volvió a hacerle una reverencia antes de traspasar la pared. Harry entonces susurró:
— A partir de aquí, nos separamos. Gracias por todo, Luna. — Luna sonrió, todavía con las gafas puestas, y susurró un 'Adiós' que los tres gryffindors apenas llegaron a escuchar, pues ya estaban corriendo lo más sincronizadamente posible hacia el vestíbulo.
Deshicieron el camino andado y llegaron hasta las escaleras principales móviles. Desde el primer piso podían ver el vestíbulo y, atravesándolo rápidamente, el fantasma de la Dama Gris. Harry jadeó de emoción, empezando a bajar los escalones sin darle tiempo a la escalera de parar. Antes de que llegara a su destino, Harry cogió las manos de Ron y Hermione y dieron un pequeño salto, alcanzando el siguiente tramo de escaleras.
Sin embargo, cuando apenas faltaban cinco escalones para llegar, los tres gryffindors pararon en seco: las enormes puertas principales del vestíbulo se abrieron con un chirrido lamentable y, por ellas aparecieron dos odiosas personas: Snape y Umbridge, junto a una pequeña comitiva en la que estaba Percy Weasley. Umbridge, con sus eternas túnicas de color rosa chillón, sus manos rechonchas llenas de exagerados anillos y su voz aguda, no dejaba de hablar y hablar. En sus manos llevaba unos papeles, seguramente del Ministerio, con actas.
Snape, por su parte, seguía vistiendo su ropa negra, seguía llevando el pelo grasiento y la eterna mueca de hastío en la cara. No parecía estar escuchando ni una tercera parte de lo que Umbridge decía; según se fijaron los tres gryffindors, nadie en la comitiva parecía estar escuchando verdaderamente a Umbridge, salvo la dolorosa excepción de Percy, que debía de ser a todas luces el ayudante de la bruja.
Rompiendo con la monotonía de caras aburridas, un hombre y una mujer, vestidos de negro riguroso y con cara porcina, hablaban por lo bajo y, en un determinado momento, palmearon el hombro de Snape, con una sonrisa maliciosa. El futuro director giró la cara para mirarles sin esforzarse en mostrarse mínimamente interesado en la insulsa charla de Umbridge, y susurró algo con cara seria, haciendo que los otros dos compinches estallaran en carcajadas.
Y entonces, sucedió: Umbridge dejó de hablar y carraspeó con su molesto 'ejem' que ponía los pelos de punta a cualquiera que lo oyese. Snape se giró, los dos tipos vestidos de negro disimularon sus risas como toses y Umbridge continuó su perorata. Pero aquello les sirvió a los tres gryffindors como incentivo para empezar a correr escaleras arriba, olvidándose de la Dama Gris, recoger a Malfoy y volver a su guarida.
—2—
Draco dejó de mirar por la ventana, aburrido. Dumbledore en su retrato desenvolvía su tercer caramelo y los demás cuadros habían vuelto a su rutina: hablar de sus cosas de tiempos pasados, mirar al infinito… Draco pasó la vista por el escritorio que, por pocas horas más, pertenecía a McGonagall, y reparó en la carta. Cuando habían hablado de su próxima destitución, McGonagall había mirado la carta con malos ojos, dando a entender que aquella era la misiva que el Ministerio había mandado para informar de su degradación a profesora de Transformaciones y Subdirectora Adjunta.
Sus ojos fueron rápidamente a Dumbledore, que seguía entretenido con su dulce, y a la puerta: no se oía nada afuera. Con cuidado, cogió el sobre blanco apergaminado y lo abrió, mirando dentro: sólo estaba el pergamino de la carta, nada más. Con paciencia, memorizó cómo había quedado el sobre y su posición cuando McGonagall había salido del despacho, y luego sacó la carta.
Comenzó a leerla con interés: estaba firmada por Dermont, el Primer Ministro actual, y no contenía información relevante, salvo al final de la carta, donde Draco podía leer entre líneas la próxima llegada a Hogwarts de dos oficiales del Ministerio de Magia altamente cualificados para ocuparse de las cátedras de Defensa Contra las Artes Oscuras y Estudios Muggles, y de Umbridge para instaurarlos en sus puestos y para nombrar al nuevo Director.
Con la carta todavía en la mano, Draco sonrió pérfidamente: recordaba a Umbridge, la bruja con cara de sapo y un serio problema contra las razas inferiores. Sin embargo, quinto curso había sido, sin duda, su mejor año: las clases de Defensa habían pasado a ser prácticamente una hora libre para descansar encima del libro, Potter había quedado expulsado del equipo de quidditch y con una montaña de castigos inmensa, Draco había formado parte de la Brigada Inquisitorial, Dumbledore había sido temporalmente destituido y, para ponerle la guinda al pastel, Gryffindor no había ganado la Copa de Quidditch, sino Slytherin.
Mientras metía la carta en el sobre y dejaba todo como lo había encontrado, Draco se quedó pensando en su anterior pensamiento: su mejor año había sido, seguramente, el peor de Potter; es más, en esos momentos se encontraba combatiendo implícitamente contra todo aquello que había hecho su quinto año genial. Draco despejó la cabeza agitándola, tratando de pensar lo menos posible.
No tuvo mucho tiempo para poner sus pensamientos en orden: la puerta se abrió apresurada pero sigilosamente, se cerró y una mano estiró de su túnica para que se metiera dentro de la capa. Harry, Ron y Hermione le miraron un momento, con gotas de sudor resbalando por la frente y las mejillas teñidas de rojo, antes de coger un puñado de polvos flú.
Entonces, Draco lo entendió: podía oír la voz chirriante de Umbridge, la tensa discusión que sostuvo durante unos momentos con McGonagall, ver la puerta empezar a abrirse y, entonces, Harry dijo: 'Al Refugio'. Todo se volvió un torbellino de colores que terminó en un abrupto color negro y, finalmente, el duro suelo de madera de la casita del bosque.
— ¿Estáis todos bien? — preguntó Ron sin aliento. Draco se sintió ridículo: los cuatro estaban atrapados en la chimenea, encajados en una marea de piernas y brazos. Empezó a moverse, provocando una oleada de gruñidos y lamentos mientras se empujaba con el hombro para salir. Salió disparado al suelo, tropezando con el pie de Hermione y la capa de invisibilidad, que se enredó en su pierna.
Y mientras los demás comenzaban a salir más holgados, Draco se levantó con molestia y se sacudió la túnica. Ron comenzó a sobarse el hombro y Hermione quitó los hechizos de camuflaje que llevaban los tres gryffindors mientras Harry recogía la capa de invisibilidad y la guardaba a buen recaudo. Entonces, mirándolos a los tres, Draco preguntó:
— ¿Entonces? ¿Habéis averiguado algo? — Harry suspiró frustrado, Ron se dejó caer en el sofá y Hermione se mesó el pelo: no, no habían conseguido averiguar nada.
— A medias. Buscamos una diadema.
— ¿Le preguntasteis al fantasma de Ravenclaw? — Draco fue perforado por tres miradas asesinas.
— No, no pudimos porque vinieron Umbridge y Snape. — respondió Ron de malos modos. Luego se llevó las manos a la cabeza y se lamentó. — ¡Si sólo hubieran llegado cinco minutos más tarde!
— Bueno, al menos sabemos qué es lo que buscamos. Algo es algo. — intentó animarlos Harry sin mucha convicción. Draco pensó por un momento en decirles sobre la verdadera lealtad de Snape, aunque fuera para animarlos, pero cerró la boca sin hablar: Dumbledore se lo había dicho a él y sólo a él, por tanto, no debía contarlo hasta que la coartada de Snape cayera.
— Deberíamos centrarnos en Gringotts, ahora más que nunca. — sugirió Draco. Hermione lo secundó con rapidez y, después de unos segundos de vacilación, se apuntó Harry. Ron soltó un largo lamento parecido al de un animal, dejando caer la cabeza en el sofá: estaba cansado de haber subido siete pisos corriendo agachado bajo una capa de invisibilidad, necesitaba un respiro. Harry y Hermione sonrieron mientras Draco alzaba las cejas, impresionado por la vagancia de Weasley. Luego se sentaron, empezando a hacer un pequeño plano del vestíbulo de Gringotts.
Nota: yuh! Adoro a Luna, como varios de vosotros. De verdad, parece que no se entera de nada estando en su mundo pero al final resulta que se ha enterado de todo. Jejeje, me encanta, repito.
Bueno, y como siempre que hacen un plan estos chicos gafados, acaba yéndose por el desagüe. Yo creo que Voldemort les ha echado un mal de ojo por lo menos, porque no puede ser que se encuentren con mortífagos hasta en la sopa.
Y Draco... Bueno, respecto a cuándo revelará lo que sabe, se lo va a guardar para sí mismo hasta el final. ¿Por qué? Porque él lo sabe y los demás no, ¡chincha rabiña! No, si Dumbledore se lo ha confíado y sabiendo que ninguno de los otros tres tiene mucha habilidad para la oclumancia (es que son gryffindors, diría Draco) entonces se lo va a guardar para él.
Próxima actualización, por supuesto, el ¡sábado!
TBC...
