Notas de autoras:

En vista de la confusión creada por mi nota del anterior capítulo, me estaba viendo obligada a aclarar la situación y concretar si esto era o no era un Snarry.

Y entonces ha sido cuando lo he visto. El título de este capítulo. Y me he dicho: "Caray, Culebrilla, yo creo que es bastante explícito, ¿y si dejas que comprueben las propias lectoras y/o lectores si esto es definitivamente un Snarry?" Así que eso es lo que voy a hacer, dejar que este capi gima (digo) hable por sí solo.

Yo, en vuestro lugar (y creédme, he estado en vuestro lugar, leyendo y releyendo estas páginas), me pondría una música tan sexy como nuestro profe favorito y disfrutaría de la lectura ;)

Como siempre, gracias por estar al otro lado de la pantalla. Si no estuvieráis ahí, esto no tendría ningún sentido.

Snape's Snake

Uyuyuy, estoy notando energía muy negativa, está claro que habéis estado dudando entre maldecirnos por culpa del aguafiestas de Lupin o perdonarnos la vida por haber podido presenciar por fin el primer encuentro sexual entre este par de dos. Bien, vuestras dudas han de quedar despejadas por la frase anterior, palabras clave: "primer" encuentro sexual. Efectivamente, eso quiere decir que todavía queda sexo para rato... yupiiiiii.

Aunque no podemos prometer que los pobres no vayan a sufrir más interrupciones, porque en el mundo mágico, como todas sabemos, hay muchos tocacojones volando por ahí, con o sin escoba... XD

Ah, pero el sexo... el sexo será bueno, eso sí, así que de mandarnos cruciatus nada de nada, que se nos corta la inspiración... mwahahahahaha...

Además, esta semana hemos adelantado un poco la subida del capítulo, así que no podéis quejaros ;)

Y ahora, a disfrutar con la lectura…

ItrustSeverus

Gracias muy especiales a Black Imago, shev666, MoonyMarauderGirl, Nancy, Lolitobunny, dedog, ES, PrincessofDark, Amia Snape, GabrielleRickmanSnape, Red Machine, Dvaita, Louis Talbot, Silawe, LupitaSnape, Vine Verrine y lisbeth Snape.

Muchas gracias también a todos los que habéis puesto esta historia en favoritos o en alertas.

Y por último, gracias a todos, tanto si lo hacéis desde las sombras o bajo la luz de los comentarios.

Disclaimer:

Severus no nos pertenece (si nos perteneciera no le hubiéramos hecho sufrir tanto, pobrecillo…) y el resto de personajes, tampoco. Son de una señora inglesa que se ha hecho rica maltratándoles…

Nota aclaratoria:

Subimos este capítulo un poco antes esta semana porque la culebrilla me va a abandonar por unos días, lo que quiere decir que la semana que viene tendré que actualizar yo solita…


Capítulo 14 - Montando a Harry

Cuando llegó la hora acordada, Harry se plantó ante la puerta abierta de la habitación de su padrino, sin entrar, observando desde allí al hombre que más deseaba tener entre las piernas. Éste alzó la mirada, aunque al verle no cambió la expresión ni un ápice. Elevó una mano en completo silencio y le indicó que pasara. El chico no necesitó más. Dio un paso al frente, cruzó el umbral y cerró la puerta tras de sí.

—De modo que está decidido del todo a seguir adelante –dijo la voz profunda y susurrante de Snape.

-¿Acaso lo dudabas? –Preguntó Harry, echando una ojeada rápida al hombre que yacía en la cama, algo inquieto por su presencia —. Creía haberlo dejado claro esta tarde.

-Bueno, en caliente las cosas son distintas, pero lo cierto es que creía que no tendría valor suficiente para volver a enfrentarse a mí –una sonrisa ladina adornaba su rostro.

-Soy un Gryffindor, valor es lo único que me sobra –admitió el chico con orgullo.

-Ya, ya. Me conozco perfectamente todo ese rollo, y no me interesa –contestó el hombre, haciendo un gesto de desdén con la mano; seguidamente procedió a lanzar diversos hechizos, tanto a la puerta como a la propia habitación.

-Esto… Snape –intervino Harry–, me preguntaba si había alguna posibilidad de hacer esto en otro sitio… en mi habitación, por ejemplo… o en la tuya. Lo digo por… ya sabes –concluyó, haciendo un pequeño gesto con la cabeza hacia su padrino.

El profesor le observó detenidamente con gesto severo, hasta que al final respondió:

-Quiero que queden claras unas cuantas cosas, Potter. Aquí mando yo –el chico asintió mientras observaba cómo el Slytherin se levantaba de la silla y se acercaba a él, lentamente-. Yo decido dónde se hacen las cosas, cómo se hacen y cuándo. Y eso incluye también si puede correrse o no, ¿me ha entendido?

Harry tragó saliva, dio un paso atrás y chocó con la puerta cerrada. Snape se colocó frente a él, apoyó sus manos en la madera, y acercó su rostro al del muchacho. Lanzando una rápida mirada hacia abajo, vio satisfecho que el chico ya empezaba a sentirse excitado.

-Lo haremos aquí porque es mi turno de guardia y tengo que vigilar a Black. Supongo que no desea que haya ninguna complicación mientras nosotros estamos entretenidos en otra parte, ¿verdad? –Harry negó vehementemente con la cabeza–. Y respecto a lo de correrse antes de tiempo… le advierto que si vuelve a pasar, se habrá acabado todo, ¿comprende? –El muchacho asintió con la misma energía con la que antes había negado–. Bien, ahora abra la boca –dijo Snape, clavando de nuevo sus ojos negros en las verdes esmeraldas.

El joven hizo lo que le había pedido, y el hombre se sintió complacido de que le obedeciera sin protestar ni preguntar nada más. Mordió con delicadeza el labio inferior de Harry y tiró de él, seguidamente cerró sus labios sobre la suave carne y lo soltó. Repitió la misma operación con el labio superior. Harry tenía los ojos cerrados y, sin apenas darse cuenta, levantó las manos para apoyarlas en el pecho de su profesor. El hombre las apartó con brusquedad, haciéndole abrir los ojos de golpe.

-No. ¿Le he dicho acaso que podía tocarme? -Harry negó con la cabeza. Su entrepierna tiraba de él con una energía que cada vez le era más conocida. Era la energía que le daba la voz susurrante y suave de Snape- Entonces, ¿por qué lo hace?

-Snape… –dijo en tono suplicante mientras apoyaba la cabeza contra la puerta.

-Abra la boca otra vez –volvió a pedirle, y el chico obedeció de nuevo.

En esa ocasión, la lengua de Snape lamió los dientes de Harry y se adentró en la húmeda cavidad con lentitud exasperante hasta rozar la del muchacho, que soltó un pequeño gemido ante el ansiado contacto. Cerró sus labios contra los del chico, concluyendo el beso, y se apartó unos centímetros de él para decirle:

-Desabrócheme la túnica.

-Sí, en seguida –dijo Harry mientras dirigía sus manos a los botones negros de la prenda del profesor.

Snape le observaba mientras el chico se enfrentaba a un botón cada vez, luchando contra el temblor que se había apoderado de sus manos, deseosas de poder tocar el cuerpo que se iba mostrando bajo la ropa. "Podíamos haber hecho esto mucho antes, Severus. Hemos perdido un tiempo precioso", había conseguido acallar a la voz hasta el momento, pero era jodidamente insistente, aunque debía reconocer que en algunas cosas tenía razón. Se pasó la lengua por los labios resecos, el inexperto joven provocaba que su temperatura corporal aumentara con rapidez.

-¿Quiere tocarme? –Le preguntó entonces el pocionista, con voz sensual.

-Síííí…

-Pues hágalo –él mismo dirigió sus manos a la túnica de Harry y, de un solo tirón hizo saltar todos los botones, mostrando el pecho suave y sin apenas vello del chico-. Aproveche ahora, Potter. Lo que tengo pensado hacer con usted no le ofrecerá mucha libertad de movimientos.

-¿Qué vas a hacerme, Snape?

-No se preocupe, estoy seguro de que le gustará.

Sin previo aviso dirigió su mano a la entrepierna de Harry, que sufrió una tremenda sacudida al recibir la atención deseada. ¿Te parece bien que haga esto? Le preguntó el pocionista a su voz interior. "Así es perfecto, Severus". Entonces, si estamos de acuerdo, ¡lárgate ya de mi cabeza!

-Snape…

Las manos del chico se colaron bajo la ropa del hombre, acariciándole el pecho, enredando los temblorosos dedos por los finos vellos, gimiendo sin darse cuenta mientras lo hacía.

Una sonrisa lasciva había asomado a los labios del profesor, quien le acariciaba el pene con su mano derecha mientras con la otra reseguía el contorno del pecho y subía hasta el cuello. Se acercó a su oído y le susurró:

-Dése la vuelta, Potter –Snape notó otra sacudida en la mano derecha y su sonrisa se ensanchó, aunque se mostró inflexible ante la mirada de muda súplica del chico-. Ahora.

Harry se giró y quedó de cara a la puerta. Apoyó sus manos en la madera que, tras haber estado en contacto con el cálido cuerpo de su profesor, se le antojó fría como el acero.

Snape deslizó la túnica del joven por sus hombros desde atrás. Ante sí quedó la espalda suave y algo musculada del buscador del equipo de Gryffindor. Dejó caer la prenda al suelo, a sus pies. Se acercó a la nuca del chico y la besó con suavidad. Al sentir esos labios sobre su piel, Harry jadeó. Entonces Snape lamió con parsimoniosa lentitud las cuatro primeras vértebras de la columna del chico, haciendo que éste arqueara la espalda. Pasó los brazos bajo sus axilas y le acarició el pecho, apretándose contra él para hacerle notar su propia y descomunal erección.

-¿Ve lo que ha provocado, Potter? ¿Puede notarlo? –Le susurró al oído.

-Sí –soltó el otro en un jadeo ahogado.

-¿Y qué va a hacer para arreglarlo? –Preguntó el profesor a su vez.

-Lo que quieras –Harry gemía más que hablaba-. Haré lo que tú quieras.

Snape seguía acariciando desde atrás el torso de su alumno, descendiendo a un ritmo exasperantemente lento. Se entretuvo en su ombligo, realizando círculos concéntricos con su dedo índice, mientras resoplaba junto a la oreja de Harry, su polla tensa en contacto con la tela de su túnica. Sus manos siguieron el camino hacia abajo y se toparon con la goma del slip. Deslizó los pulgares bajo la tela y le rodeó la cintura hasta colocarle las manos en las caderas, se apretó más aún y le besó el hombro derecho. Sacó la lengua y le lamió el cuello, dejando un rastro de saliva que brillaba sobre la pálida piel del chico.

-Míreme, Potter.

Harry giró la cabeza hacia atrás y su boca fue asaltada por la de Snape, quien torturó sus labios con su acariciadora lengua.

-Snape –susurró Harry cuando sintió que era liberado.

-¿Sí?

Sus rostros estaban tan juntos que sus labios se rozaban al hablar, y el fresco aliento del chico entraba en la boca del profesor, inundándole los pulmones.

De pronto, las manos de Harry abandonaron la seguridad de la madera para posarse sobre las del pocionista, que seguían descansando en sus caderas.

-Bájalos.

-Esos modales —le reprendió—. Bájalos, ¿qué más?

Sus labios seguían acariciándose con cada palabra, y ahora fue Harry quien le besó con ansia, su lengua rozando enloquecedoramente el velo del paladar de Snape. Cuando le soltó dijo:

-Bájalos, por favor –su voz sonó suplicante, y Snape se lo quedó mirando en silencio durante unos instantes eternos.

-Mucho mejor. Pero puedo hacerlo solo, Potter. Quite las manos.

-Pero…

-¡Quítelas!

Había sido más un jadeo que una palabra, pronunciado en un tono gélido que inundó los sentidos del chico, pero que consiguió el efecto deseado, y Harry retiró las manos, volviendo a apoyarlas en la puerta. Acto seguido, Snape empezó a deslizar el slip hacia abajo, resiguiendo las fuertes piernas, mientras él mismo descendía, lamiendo, besando, chupando la espalda del joven, hasta quedar finalmente de rodillas. Entonces mordió la nalga derecha de Harry, no con fuerza, sino en una suave caricia, para luego besarla.

-Ohhhhh, Snape… más.

Harry creyó que las piernas no le sostendrían, le recorrían escalofríos por la espalda al sentir los dientes de su profesor acariciar una y otra vez ambas nalgas, mordiendo, besando.

-Abra más las piernas –ordenó el Slytherin desde el suelo.

Y él obedeció, por supuesto que obedeció, deseaba hacer todo lo que el hombre le dijera. Si le hacía sentir la mitad de lo que sentía en esos momentos, estaba dispuesto a lamer el suelo, si era necesario. Así que levantó un pie tras otro para deshacerse de los molestos calzoncillos, que pisoteó y apartó de un puntapié, y separó las piernas, tal como le había pedido Snape.

Una vez cumplida su orden, la reacción del pocionista no se hizo esperar, y deslizó su mano izquierda por entre las piernas del chico, acariciándole la bolsa del escroto desde atrás, haciendo que Harry soltara un pequeño grito de sorpresa. Dejándose llevar por la arrolladora necesidad de no perder esa caricia, el chico arqueó la espalda: su pecho estaba tan pegado a la puerta que apenas podía moverse, pero echó el culo un poco hacia atrás para facilitarle el acceso al hombre.

El rostro de Snape era un poema, a cada gemido o gruñido de Harry, su frente se distendía en un gesto de placer, para volver a contraerse al concentrarse en la siguiente fase de su lenta tortura. Deslizó un dedo, resiguiendo el contorno de los dos testículos, acariciándolos por delante y por detrás, llegando hasta la base del pene tenso del muchacho. Volvió a morderle una nalga, dura, fuerte, joven, y el chico volvió a gemir. Snape agarró la base de la polla de Harry y deslizó sus dedos hacia arriba, resiguiendo las venas, a ciegas.

En la posición en que se encontraba, el muchacho apenas podía moverse, pero no le importaba: sólo quería seguir sintiendo la mano de Snape sobre su polla, pajeándole, deslizándose arriba y abajo, apretando la punta, notando cómo de pronto le soltaba para reseguir toda la extensión con un solo dedo enloquecedor, que subía por un lado y bajaba por el otro. De vez en cuando una mordida. Y de pronto, lo peor de todo, o lo mejor, la voz de Snape, elevándose desde el suelo con una orden. Una orden que cada vez tenía más claro que sería incapaz de cumplir.

-No se le ocurra correrse en mi mano, Potter.

El joven dio un pequeño golpe en la puerta con la cabeza, desesperado.

-No me hagas esto, Snape. No podré aguantar –le advirtió y el aludido detuvo el movimiento al instante, abruptamente y sin aviso, dejando al joven jadeante y loco de deseo.

Y de repente, el profesor se puso en pie y otra vez el cálido aliento con olor a menta le susurraba en su oído, le torturaba la mente, le obligaba a llevar su mano a su polla ardiente e insatisfecha.

-Respire hondo. Vamos, Potter, contrólese. Piense en cualquier otra cosa y respire profundamente. Contraiga ese culo duro y prieto que tiene y concéntrese. ¡Suéltela! –Exigió, mirando hacia abajo por encima del hombro de Harry y viendo el movimiento de su mano derecha– Suéltela, le digo.

Harry obedeció a regañadientes y se concentró en hacer todo lo que Snape le decía para evitar eyacular, para mostrarse complaciente con su maestro. Intentó pensar en otra cosa, como le había dicho. ¿Quidditch? No, eso le recordaba a las duchas y no era buena idea. ¿Volar en escoba? Tampoco, disfrutaba demasiado de la experiencia como para que le sirviera de nada en esos momentos. De pronto, por algún motivo, le vino a la mente Cho Chang y lo frustrante que resultaba intentar consolarla cuando se ponía a llorar por Cedric y, curiosamente, eso le ayudó a calmar un poco la excitación. Realizó también varias inspiraciones profundas, y poco a poco notó como la urgencia era sustituida por un delicioso sentimiento de placer subyacente.

-Buen chico. ¿Más tranquilo? –Le preguntó Snape con voz cálida y aterciopelada, al notar que el joven relajaba los hombros.

Harry se estremeció.

-Si sigues susurrándome así no hará falta que me toques siquiera.

Al oír estas palabras, el Slytherin rió complacido.

-Así que le gusta, ¿eh?

-Me pone a mil, Snape… me pones muy cachondo, como creo que ya habrás notado.

El profesor volvió a reír suavemente. Eso era algo a lo que Harry no estaba acostumbrado, y le sorprendió lo mucho que le gustaba la risa del hombre. Le gustaba tanto, que la podía sentir reverberando por todo su mástil, desde la base hasta la punta.

-De acuerdo –dijo Snape, le mordió el lóbulo de la oreja y seguidamente lo lamió-. Entonces tendré que callarme… hmmm… será difícil –prosiguió, como reflexionando para sí-. Me gusta mucho dar órdenes… ¿se ha dado cuenta?

-Apenas –contestó Harry, con una sonrisa divertida.

Viendo al chico menos tenso, Snape le rodeó los hombros y le obligó a darse la vuelta de nuevo. Le tenía frente a sí, estaba sonrojado y los ojos verdes brillaban en su rostro como dos mares tropicales inundados de sol. Le besó de nuevo con besos superficiales, húmedos, sin apenas lengua, sólo de vez en cuando un pequeño roce, para recordar que estaba ahí.

-Acabe de quitarme la túnica, Potter.

El pocionista metió la mano en un bolsillo de la prenda y sacó un pequeño tarrito que dejó en su mano mientras Harry acababa de desabrochar todos los botones y, deslizándola hacia abajo, la obligaba a reunirse con la suya en el suelo. El Slytherin iba completamente desnudo bajo ella.

-No llevas calzoncillos –apuntó Harry, que contempló con completa libertad la enorme erección de Snape con ojos golosos-. Desde tan cerca parece aún más grande.

¿Desde tan cerca? Snape frunció el ceño, extrañado por estas palabras. En su "encuentro" anterior, el chico no había tenido oportunidad de vérsela, porque la tapaba con su propio cuerpo, y además, entonces habían estado tan cerca como en ese preciso instante. Vaciló un segundo, intrigado por saber más, pero decidió no hacer ningún comentario por el momento, ya encontraría ocasión para indagar sobre ello más tarde. Sin embargo, no pudo evitar preguntar con una sonrisa socarrona:

-¿Demasiado para usted?

Harry le miró a los ojos y se enfrentó a los pozos sin fondo del hombre, que le desafiaban, altivos. Aceptó el reto. ¡Qué cojones! Había aceptado el reto desde el primer momento en que la vio.

-Hagamos la prueba –contestó el chico, arrogante.

-Tenga – dijo Snape, entregándole el tarrito.

Harry lo cogió con una mano y miró de qué se trataba. No había ninguna etiqueta comercial ni nada que identificara lo que era. Como Snape vio que le daba vueltas entre sus dedos, interesado, siguió hablando:

-La fabrico yo, por supuesto. Es un lubricante. Vamos, extiéndamelo por la polla, Potter. No querría hacerle daño la primera vez.

El chico desenroscó la tapa, recogió parte del espeso gel y dirigió su mano al pene erecto de su profesor, extendiéndolo con delicadeza por toda su longitud, acariciándolo con una sola mano mientras en la otra sostenía el tarro y la tapa. Harry no pudo evitar gemir involuntariamente con cada pasada, y Snape sonrió con suficiencia al decir:

-¿Lo disfruta, Potter?

Harry, completamente concentrado en su tarea, no contestó a la pregunta, sino que volvió a soltar un pequeño gemido mientras constataba que el manubrio del pocionista tenía un diámetro claramente superior a lo que él podría soportar; era demasiado grande, lo sabía, pero eso no hacía más que aumentar su deseo de tenerle dentro. Levantó la vista para volver a mirar el rostro de su profesor y le vio observándole con una expresión indescifrable.

-Suficiente –dijo Snape, y Harry detuvo el movimiento de su mano, no sin cierta reticencia. Deseaba seguir tocándole, notar su dureza, sentir su suavidad.

El hombre le cogió el tarro y volvió a taparlo. Lo sostuvo en su mano izquierda mientras con la derecha cogía al chico de la cintura y, andando hacia atrás, sin dejar de mirarle a los ojos, le llevó consigo hasta el otro lado de la habitación, donde estaba el escritorio.

El culo desnudo del profesor chocó contra la madera. Dejó el tarrito sobre el tablero, zambulléndose en las profundidades del océano verde que eran los ojos de su alumno. Le agarró por la nuca con la mano libre, le acercó a él y le besó, esta vez de modo más profundo, horadando la boca con su lengua incansable y experta. Fue girándose, en medio del beso, hasta colocar al chico contra el mueble. Sus penes en erección, tan cerca, se rozaban de modo enloquecedor, en una muda lucha de esgrima en la que ninguno de los dos iba a perder.

-Apoye las manos en el escritorio –dijo el hombre, cuando sus labios quedaron libres al fin de esa boca que no querían soltar.

-No, no, no, no –protestó Harry, negando con la cabeza al mismo tiempo-. No quiero. Quiero verte la cara. Deseo verte. Necesito ver tus ojos cuando te corras dentro de mí.

-Luego –el hombre intentó darle la vuelta, pero Harry se resistió-, ahora va a ser así.

-No, no, no quiero…

Snape le giró entonces bruscamente, sin contemplaciones, y le empotró contra el escritorio. La polla de Harry chocó contra la madera haciéndole gritar, esta vez no de sorpresa sino de dolor.

-Me da igual lo que usted quiera, ¿lo ha entendido? –Susurró peligrosamente Snape en su oído izquierdo-. Recuerde que soy yo quien manda aquí. Ahora lo haremos así, y si se porta bien, si es un buen leoncito y se deja montar con docilidad, entonces quizás, sólo quizás… le dejaré mirarme mientras le poseo.

Le besó en la nuca y Harry no pudo evitar estremecerse. Incluso el dolor del pene estaba ya olvidado tras los siseos en su oreja y esos labios recorriendo con suavidad la base de su cuello.

-De acuerdo. Tú… tú mandas –claudicó, sumiso; apoyó sus manos en el escritorio, dio un par de pasos atrás, y se preparó para recibir la estocada de gracia del profesor.

—Así me gusta —susurró complacido.

Snape le puso las manos en las caderas, le agarró esta vez con algo más de delicadeza, y le hizo separarse del escritorio otro paso. Su polla buscaba la entrada del chico casi con desesperación: la dirigió con su mano, pero no llegó a penetrar, sino que pasó varias veces para mojarle bien con el lubricante y con las gotas de líquido preseminal que se escurrían de la punta. Entonces volvió a hablar, con voz queda y enronquecida por el deseo.

-Tendré cuidado, no se preocupe.

A Harry se le escapó un pequeño suspiro aliviado al oír esto, ya que en realidad, y pese al deseo irrefrenable que le azotaba, temía no ser capaz de soportarlo. Era la primera vez para él, y las dimensiones que ostentaba Snape eran de escándalo, pero hubiera preferido arrancarse los ojos antes que pedirle al hombre que fuera con cuidado, no quería que le tomara por un crío y se echara atrás.

Snape acarició los huesos de las fuertes caderas del chico, se desvió hasta el vello del pubis, acariciando la base del pene de Harry, y volvió a subir, amasando entonces las nalgas abiertas, suaves y deliciosas.

-Relájese, le gustará. Yo haré que le guste. Y me pedirá más, porque es usted un leoncito sumiso, ¿a que sí, Potter? Claro que sí, es un león muy dócil que…

-¡Cállate ya Snape y entra de una jodida vez! –Le gritó el muchacho, temeroso y anhelante a partes iguales.

-Pensé que no me lo pediría nunca.

Una sonrisa salvaje adornó el rostro cetrino de Snape, quién se inclinó para besar el centro de la espalda firme de Harry, haciéndole arquearse con un chasquido de la columna y, al ponerse derecho de nuevo, movió la cadera hacia adelante, entrando suavemente en la estrechez del chico, que empezó a retorcerse y a soltar pequeños quejidos al notar la penetración.

Harry apretó los dientes intentando ignorar el dolor, abrió más las piernas, se inclinó más sobre el escritorio y puso el culo en pompa, dilatando tanto como pudo su ano, que empezaba a ser ocupado por el enorme mástil de Snape, que entraba lento, con calma, pero sin pausa.

-¡Aaaaaahhhh! –Gritó el chico, cerrando los ojos y agarrándose al mueble con fuerza.

Snape vaciló y se quedó quieto, con sólo la punta de su estoque dentro del muchacho.

-¿Le duele? ¿Quiere que pare?

-¡NO! – Chilló Harry – ¡No pares! ¡No se te ocurra parar!

-Está usted muy estrecho y no me gustaría lastimarle, Potter. Intentaré hacerlo lo más suave posible, pero no podré evitar que le duela, al menos al principio…

-¡Me da igual, joder! Sigue, por favor, ¡sigue! –Insistió, desesperado.

-Como desee –accedió el hombre, reiniciando el movimiento y clavándose poco a poco en el apretado orificio.

Snape nunca había estado dentro de alguien tan estrecho como Harry. Y le gustaba. Le gustaba mucho. Se hundió un poco más en él frunciendo los labios. A ese paso sería él quien tendría problemas para contenerse, pero después de haberse mofado de la precocidad del joven no estaba dispuesto a quedar en ridículo de esa manera, así que siguió empujando sin volver a detenerse, esforzándose por no correrse todavía.

-Oooh…. síii… Snape…. –gimió Harry, con los ojos todavía cerrados y su rostro dirigido al suelo.

No podía inclinarse más, sus manos estaban crispadas y agarradas fuertemente a la madera, por encima de su cabeza. Su trasero quemaba y dolía como mil demonios, y no podía impedir que de su boca escapasen pequeños quejidos entrecortados, pero estaba tan excitado que su propia polla tironeaba de él con espasmos agónicos. Necesitaba más. Lo necesitaba todo.

-Más… más… –exigió–, quiero más, me cabe toda… sí… sí… tiene que caber, seguro…

-Comprobémoslo, entonces –jadeó Snape, acariciándole la espalda mientras seguía entrando despacio en su culo.

Ya casi estaba dentro por entero, pero no quiso forzar la máquina y volvió a detenerse para dar tiempo a que el cuerpo del chico se acostumbrara a su intrusión. Harry no estuvo de acuerdo y chilló su desaprobación.

-¡No! ¡No! Por favor, Snape… dame más… más, la quiero toda.

Notó una suave caricia en el vientre que le hizo estremecer, y después la voz del profesor haciéndole una sugerente promesa.

-Tranquilo, le daré más… déjese hacer, Potter, no se arrepentirá.

Acabó de entrar hasta el fondo y se quedó quieto unos segundos. Entonces se retiró hasta casi salir del todo para luego volver a entrar, algo más rápido, haciendo que Harry volviera a emitir pequeños sonidos apasionados.

-Así… mmmm, gima para mí, leoncito… –le incitó el hombre– ¿le gusta?

-Me gusta, Snape…. Me gustaaa muuchoo…

De pronto, Harry notó un movimiento a su izquierda por el rabillo del ojo, y recordó que estaban en la habitación de su padrino. Apenas podía ver parte del cuerpo del hombre yacente en la cama y su cara le quedaba oculta tras la mesilla de noche, ya que el rostro del propio chico se encontraba más bajo que dicho mueble.

-Sirius… -jadeó.

-Él no está invitado a nuestra fiesta, no me va la zoofilia –apuntó Snape, gimiendo a su vez mientras volvía a retirarse hacia atrás–. Ahora es usted todo mío.

Y diciendo esto, se clavó por entero de nuevo con un gruñido y un movimiento certero de su cadera. Harry gritó de placer al notar la totalidad del Slytherin súbitamente en su interior, y Snape rió por lo bajo mientras empezaba a salir y entrar del chico de manera acompasada, escuchando complacido los gemidos de Harry, que llenaban la habitación pidiendo más, suplicando más.


Nota final:

¿Al fin hemos conseguido que nos perdonéis por la larga espera? Deseamos de todo corazón que sí. Y os agradecemos que no os hayáis apeado del tren… porque esto es un tren. Ahora, os advertimos, esto va a ser un no-parar. O un no-parar con intermitencias. O un tren que se detiene en varias estaciones. O... bueno, es igual, creo que ya pilláis la idea... Y es que nuestro Severus se lo merece todo, jeje ¡!

Vosotras también, claro.

Gracias de nuevo y si os apetece comentar, sabed que esperamos y agradeceremos que lo hagáis. Y si no queréis, gracias igualmente por leer. Besitos.