Disclaimer (1): Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen. Su creador es Masashi Kishimoto.

Disclaimer (2): Ni Vampire Knight ni sus personajes me pertenecen. Su creadora es Matsuri Hino.

Advertencias: OoC leve. Gore. Violencia. Lenguaje Fuerte. OC. Spoiler.

Crossover: Naruto x Vampire Knight.

Pareja: (Principales) Zero Kiryû x Sakura Haruno. Kaname Kuran x Yûki Kuran. Akatsuki Kain x Ruka Souen. (Secundarias) All Vampire Knight x Sakura Haruno. Zero Kiryû x Sayori Wakaba. Aido Hanabusa x Sayori Wakaba.

Abel: Creo que no podré tener suficientes excusas para disculparme… en serio, quise actualizar pronto, pero en cuanto iba a dedicarme al capítulo, el semestre se me vino encima. Tuve demasiado trabajo y desgraciadamente ni mi mayor esfuerzo sirvió: reprobé una materia *se pone triste* pero bueno, acá el nuevo capítulo. Hay muuuuuucho material aquí y habrá escenitas que ni se esperan. Además, como bonus extra hoy traje de invitados al mismísimo Naruto Uzumaki (el verdadero, no el scumbag ése que se apareció en el 700 del manga), a Sasuke Uchiha (el real, no aquel pendejo abandona-familias), y a Sakura Haruno (la shannaro, no ese mustia incubadora y sin dignidad), como parte del staff de fin de año.

Naruto: Pensé que nunca ibas a traernos, pero bueno, más vale tarde que nunca dattebayo.

Sasuke: Uhn, ¿qué demonios hago aquí? Esto es pura pérdida de tiempo.

Naruto: No digas eso, teme. Que Abel-neechan pasó muchas complicaciones para traernos aquí.

Sasuke: Eso no me importa *se da la vuelta para irse*

Sakura: ¡Espera un momento, Sasuke! *lo detiene mostrándole una foto de él después de haber salido de un bar-gay (?) a la una de la mañana*

Sasuke: Eh… pero si no les avise cuando fui, es decir, ¡feliz navidad!

Abel: Ja, ja, ja, Sasuke-baka, ya te cacharon en la movida xD.

Disfruten el capítulo.


-0-0-0-0-

Noche Trece

Quizás en otra vida

-0-0-0-0-


-o-o-o-o-

"Estaba aterrado. Aunque simulaba que te perseguía, que afilaba mis colmillos… la verdad es que estaba aterrado de estar siempre a tu sombra"..

—Tite Kubo.

-o-o-o-o-


Kaname Kuran había vivido durante miles de años. Su experiencia certificaba una nula respuesta a ciertos sucesos, que solían repetirse a través del tiempo. Pocas veces eran las que algo lo sorprendía. Pocas veces algo lograba sacarlo de la rutina. En diez mil años, conocer a Yûki Kuran y a Zero Kiryû le había valido un par de agridulces sorpresas. Aun así, al pasar del tiempo, la sensación disminuía. No desaparecía por completo, pero no era tan intensa como al inicio. Comenzaba a aburrirse…

Había días en los que el aburrimiento era tanto, que deseaba que otro conflicto iniciara. Kaname sabía que podía darse otra guerra con facilidad, con los muchos enemigos que querían derrocarlo. A costa de vidas inocentes y de que Yûki no sonriera en lo que durara el conflicto, ansiaba el caos para matar su aburrimiento.

—¡Shannaro!

Un puño furioso impactó contra la piedra dura del suelo, fue como ver cristal quebrándose con consecuencias más catastróficas.

Kuran había creído, ingenuamente, haber evaluado el potencial de cada uno de los shinobis y llegado a la conclusión que el peligro más grande era Shikamaru. Al parecer, su veredicto había fallado. Unas calles antes de llegar a la Academia Cross, notaron la increíble cantidad de vampiros desbocados que estaban alrededor. Fue cuestión de segundos. De estar dentro de la limosina pasaron a la lucha por sobrevivir. Kaname fue el primero en actuar. Pidió al conductor que se desviara para que pudieran salir por otra parte más despejada y atacar desde ahí.

No contó con que Sakura sintiera el chakra de sus dos amigos y que, al desaparecer uno de ellos, reaccionara de esa manera: la vio palidecer y temblar. Notó los verdes ojos llenarse de incredulidad, luego vaciarse y colmarse de una determinación asombrosa. La oyó decir «¡Naruto!» en un jadeo ahogado, para después saltar fuera de la limosina directo a la masa de bebedores de sangre. Detenerla no fue una opción. No pudo hacerlo.

En cuanto los puños de Sakura impactaron quebraron baldosas de piedra como si fuera delicada porcelana, Kaname supo que haberla visto como el objetivo más débil fue un gravísimo error. Tuvo que ser testigo de lo que amar a otro podía llevar a una persona a hacer para que le quedara claro.

—¡Quítense de mi camino! —ladró potentemente, sacando su hacha con la mano derecha mientras que con la izquierda atravesaba con el bisturí de chakra el pecho de un desafortunado vampiro—. ¡No tengo tiempo para perderlo con ustedes ahora!

Una kunai con un sello explosivo puso punto final a un montón de enemigos. Los restos de carne volaron por los aires y se volvieron cenizas antes de caer en el suelo. Luego, una serie de shuriken hizo desaparecer a los que quedaban alrededor. Se destilaba el aroma a muerte. La devastación fue total. Ningún bebedor de sangre estaba a salvo de la hermosa valkiria que se arrojaba con gracia de gacela y fuerza destructiva.

Y más que temor, más que sentir el miedo natural a lo inmensamente poderoso, Kaname estaba hipnotizado. Verla peleando, así, tan arrebatadoramente, con tanta desesperación por abrirse camino, era tan… tan…

—… cautivadora —pudo pronunciar al fin, al encontrar el adjetivo más adecuado, aunque no totalmente justificable.

Eran esas fuerzas, la de su alma y la de sus puños, las que la volvían tan irresistible. Ni su sangre podría compararse. Sakura estaba demostrándole porque había ganado la confianza de muchas personas en su mundo en un lapso corto. No pudo evitar sonreír. No pudo evitar que su corazón latiera con ímpetu. Kaname se mantuvo a una distancia prudente, la suficiente para no terminar afectado y para auxiliarla en caso que lo necesitara.

Sakura estaba sumida en un trance. Por un lado, quería llegar cuanto antes a donde podía percibir el chakra de Sasuke, y saber qué es lo que había pasado con Naruto. Por otro lado, una voz dentro de sí la obligó a concentrarse, a no perder su objetivo. Durante su ascenso a Anbu, había entrenado para controlar sus emociones. No podía flaquear en ese momento. Si quería llegar al fondo del asunto, tenía que mantener la mente fría, ser calculadora y pensar rápido. Justo como Sai le había enseñado. Justo como Ino la obligó a hacer.

«¡Rápido, rápido, rápido! Tengo que llegar, ¡tengo qué!», con cada pensamiento, un golpe acompañándolo. A pesar de su aparente calma, los estragos de su preocupación se leían en cada movimiento de sus puños.

Volvió a repetirse los mantras para mantener el control. Porque la necesitaban concentrada. Un ninja médico neurótico no le servía a nadie. En ese momento, pese a que deseaba hacer papilla a quien le hubiese hecho algo a Naruto, debía calmarse. Su gran manejo del chakra le daba una ventaja considerable en el campo de batalla. Aun así, Sakura notaba como cada día esto se complicaba más, al punto de tener que deshacerse del Byakugo no jutsu por precaución.

Un nivel E se le acercó de frente. Esgrimir su hacha para hacerlo polvo fue facilísimo. Sakura prosiguió con un ritmo lento a comparación de sus batallas anteriores, pero afortunadamente más veloz que sus enemigos. Las armas ninja y los sellos explosivos fueron su mejor aliado. No desestimó en usarlos sabiamente para abrirse camino.

Las verjas de la academia podían distinguirse ya a la distancia. Sakura puso más empeño en su objetivo.

Las heridas en su pecho y espalda comenzaron a escocerle.

Aguantó el dolor, ya estaba acostumbrada. Pero no evitó que se preguntara en qué estado se encontraría su cuerpo actualmente. Cada vez se volvía más difícil luchar, más difícil moverse, incluso sanar heridas. Quizá… no había salido tan bien parada como supuso del encuentro con la muerte.

—Cuidado, Sakura-san —advirtió Kaname justo cuando dos vampiros habían estado a punto de herirla por la espalda.

Ella apenas volteó de reojo, afirmando bruscamente para retomar su marcha. Ya se encontraban dentro del sendero principal, muy cerca de donde Sasuke y Zero estaban. Kaname la observó alejarse, quedándose meditabundo, pensando en si él mismo o Kiryû habían parecido tan desesperados al tratar de proteger a Yûki. Aspiró profundamente, llenando sus pulmones con el ligero aroma a sangre de Sakura que sobresalía del olor al ungüento. Sonrió ante su absoluta devoción. Haruno quería salvar tanto a su amigo que se olvidó que sus heridas podían sangrar con facilidad. Pronto el aire estaría lleno de su delicada esencia, por lo que el escenario cambiaría a uno más drástico.

Kaname no permitiría que otros colmillos profanasen la piel de Sakura. Su vida no sería absorbida por sujetos de baja calaña. Fue sencillo liberar su increíble poder para deshacerse de miles de enemigos en un segundo. Cuando pudo aflojar la presión, se dejó llevar hasta emparejar el número de enemigos a un número más manejable. Ahora eran cientos. Un saldo razonable. Llegaron en tiempo record a la academia, justo en el corazón de la batalla.

Kaname evaluó la condición de los dos defensores. Zero con algunos rasguños, las pupilas rojas y la respiración entrecortada. Sasuke agitado, no tan golpeado como el cazador, pero el olor sobre su piel le indicó que no habían sido pocos los vampiros que había asesinado. Y volvió a sorprenderse. La capacidad de resistencia de Sasuke era asombrosa. No cualquiera se mantendría usando el mínimo de poder para que el enemigo no se enterase de su poder total.

—¡Sasuke! —jadeó Sakura acercándose primero. La diminuta huella de alivio destensando la angustia en su expresión.

Zero fingió no irritarse por ser ignorado. Su posicionó como guardaespaldas levantando la Bloody Rose para eliminar las remanencias. A la vez, Kaname analizaba lo que acontecía, aquellos gestos imperceptibles en el rostro del cazador que él conocía mejor que nadie. Casi ríe por lo cómico de la situación. Al parecer, volverían a competir por una chica.

Sasuke no apartó la vista de su compañera. Sus miradas se intercalaron y el mensaje se trasmitió sin necesidad de palabras, aun así, fue duro para ella saber la verdad. Naruto había sido capturado. Sakura se mordió el labio inferior, repentinamente iracunda. Sentía rabia porque había sido él, y no ella, a quien se habían llevado. Apretó la mano con la que sostenía el hacha. Tenía ganas de reventar al imbécil que se haya atrevido a tanto.

—Sakura —le llamó Sasuke, imperturbable. Era fácil para él estarlo. Él comprendía mejor que nadie lo que pasaba por la mente de Naruto. Había entendido el plan sólo con mirarlo a los ojos—. Esto todavía no termina.

—Lo sé —se obligó a replicar, porque la bilis era tanta que costaba trabajo hablar. Se dio la vuelta y encaró la situación con valentía, maravillando sin darse cuenta a Kaname—. Lo traeremos de vuelta.

Sasuke ni afirmó ni asintió. No lo necesita hacer. Sakura sabe que cuenta con él. Porque Sasuke no es expresivo, no es del tipo sentimental, pero sus formas de mostrar afecto son escasas y tenías que conocerlo muy bien para comprenderlas. Ni Sakura ni Naruto lo desean de otra forma. Y por eso, ella no puede evitar sonreír ante la ironía, porque es turno de Sasuke de traer a un miembro del Equipo 7 de vuelta.

Y fue ésa sonrisa la que paralizó momentáneamente a Zero, la que hizo que en su cabeza se diera el clic adecuado. Tuvo que saberlo mediante esa epifanía. Tuvo que descubrirlo en un escenario desfavorable. Al fin, después de tantos rodeos y vueltas, había comprendido qué clase de sentimientos compartían esos tres. Esa relación, extraña y ajena a los desconocidos, no permitía terceros. Eran Naruto, Sasuke y Sakura. Añadir algo más desequilibraría la ecuación.

Y quizás el descubrimiento más incómodo era que había descubierto a cuál de los dos Sakura amaba.

—¡Mantente alerta, Kiryû-san! —ella le salvó de un ataque que pudo ser grave con una patada que mandó al desdichado atacante a unos cincuenta metros atrás. Ella se quedó frente a él, alerta a más posibles ataques—. ¿Acaso los cazadores no jugaban con las adversidades? Estás quedando muy mal.

Su repentina broma lo trajo de vuelta. Zero gruñó y volvió al asedio, ignorando sus pensamientos, dejándolos para después. Mientras podía descargar su frustración en los miserables que quedaban. Bala tras bala, la ceniza se juntaba en nubes densas en el suelo. Los cientos bajaron a decenas, las decenas a unos cuantos. Kaname se cargó a los últimos con una onda de poder.

La batalla había terminado. El recuento de los daños se balanceaba en pro de ellos. Salvo la captura de Uzumaki, estaban ilesos. Las heridas de Zero no tardarían en cerrar. Kaname no tenía más que manchas en su abrigo color marrón.

—Cúrate tú —replicó Uchiha cuando Sakura colocó su mano sobre los raspones en sus antebrazos. Ella lo ignoró y el chakra verde empezó a manar de sus palmas—. Sakura.

—Cállate y déjame hacer mi trabajo, Sasuke. Ya es suficientemente molesto con que escozan los rasguños de esos tipos, no le agregues tu terquedad, por favor.

El ceño de Sasuke se frunció ligeramente, pero no la detuvo. Con el tiempo y los sentimientos superados, Sakura no tenía reservas al golpearlo también. El primer puñetazo que recibió fue después de revelar lo que pretendía hacer cuando lograron sellar a Kaguya. No lo previó, y dada su baja reserva de chakra, el puñetazo había entrado limpiamente en su mejilla.

—Tú eres la terca —refutó con pasividad—. Nunca mides las consecuencias.

Zero supo que algo iba a suceder, porque de repente el chakra verde dejó de bullir y Sakura se tambaleó un poco. Bastó un instante para que comprendiera que no todo estaba bien. Debió saberlo. Debió suponer que Sakura no era tan invencible como creía. En cuanto el delgado y torneado cuerpo de la fémina cedió ante el agotamiento, pudo entender. El aroma a sangre fresca opacó todo olor alrededor. Las pupilas de los vampiros presentes se colorearon de carmesí, de tono similar al que ahora manchaba la camisa de Sakura. La vio balancearse y precipitarse al piso. Se vio dispuesto a atraparla, pero fueron los brazos de Sasuke Uchiha los que proveyeron una protección menos peligrosa.

Zero estaba sediento. La garganta le ardía al doble. El recuerdo del sabor golpeaba su paladar con insistencia. ¿Sería correcto tomar su sangre al estar tan indefensa? Casi se abofeteó por siquiera pensarlo.

Fue Sasuke quien respondió a su pregunta no formulada. La Kusanagi se alzó frente a los sedientos vampiros para mantener distancia. Sus oscuros irises los observaban con una frialdad incomparable. Y a pesar de verse amenazante, el abrazo a su compañera se percibía cálido e íntimo.

—Largo de aquí —espetó una sola vez, clavando la espada enfrente. Una chispa saltó del filo. Claramente Sasuke no los dejaría acercarse. Quizás se trataba de una barrera.

Sin importarle si se iban o no, Sasuke extrajo del bolsillo un frasquito con liquido blanco. Sin dejar de sostenerla con su brazo derecho, se manejó de tal forma en que rompió la tela de la blusa dejando expuestas las heridas. Sus heridas.

La sed se apaciguó un poco para Zero. Recordaba cada una con insoportable perfección. La de Sasuke seguía siendo una línea que la atravesaba del pecho hasta el abdomen. La de Naruto mantenía la forma de estrella deforme. Zero odiaba ver esas cicatrices, y que los causantes no tuvieran alguna de similar magnitud en sus cuerpos.

Sasuke siguió con su ritual. Cuando perdió el brazo, Tsunade logró construirle otro a base de las células del primer Hokage. Pasados los años, Sasuke retomó la investigación y creó un bálsamo del mismo material, pero de un efecto menor. Ahora, en ese frasquito, se veía el fruto de su esfuerzo. Vació el contenido en sus palmas, las llevó hasta la piel maltratada y untó con fuerza necesaria. Las células de Hashirama no curarían las cicatrices, pero le darían tiempo a Sakura de restablecer su chakra. Al detenerse el flujo de sangre, Sasuke prosiguió a quitarse el suéter negro que vestía y colocárselo. Desclavó a Kusanagi del suelo y la enfundó. Después, cargó a Sakura procurando que ella estuviera cómoda.

—¿A dónde planeas llevarla? —preguntó Kaname manteniendo la educación pese a que deseaba matar a Sasuke y hacerse con Sakura.

Sasuke lo miró de reojo. Sus brazos apretaron más a su inconsciente compañera, y su expresión era ilegible.

—No les incumbe —la respuesta, obviamente, también iba dirigida a Zero.

—Es parte del trato —replicó Kuran con calma.

—El trato se rompió —refutó Uchiha—. Ya sea en nuestro mundo o en éste, atacar al Hokage se considera un crimen y debe ser castigado.

Kaname entrecerró los ojos, intuyendo por donde iba el asunto. Era imposible que Naruto fuera capturado tan fácilmente. Eso no estaba a discusión. De alguna forma, los shinobis habían hecho su primer movimiento, y nada podía hacer para detenerlos. No por el momento, quizás. Kaname tenía la certeza que ponerlos en jaque mate sería difícil.

—Comprendo la situación, Uchiha-kun. Informaré a Yagari-san sobre esto y discutiremos un plan de acción para rescatar a Uzumaki-kun. Lo que pido es que ustedes no se muevan por su cuenta. Si lograron llevarse a uno, el enemigo podría llegar a más.

—No volverá a suceder —dijo Sasuke fríamente.

Kaname asintió con comprensión. Interiormente, supo que eso era una amenaza.

—Lo sé, pero en este momento un miembro de su equipo está herido —explicó dando una mirada significativa a la kunoichi—. Por el momento-…

—Por el momento, me llevaré a Sakura a un lugar seguro —cortó de tajo, sin dar pie a discusión. Kaname frunció el ceño, pero no dijo nada. Por su parte, Zero quería detenerlo, su sed era abrumadora—. No intenten seguirme. Mataré a quien quiera acercársele.

Y desapareció en una nube espumosa, dejando a ambos vampiros irritados y con ganas de romperle el cuello.


Cuando Shikamaru e Ino arribaron a la academia Cross, no fue necesario que les explicaran nada. La ausencia del Team 7 bastó para entender que había sucedido y aun así Kaien quiso describírselos. El director había llegado media hora antes que ellos, acompañado de Yagari y un equipo de limpieza. El recuento de los destrozos apenas comenzaba, y realmente iba a durar varias horas (no sólo era la academia, sino varias calles alrededor). Por lo visto, Kaien tendría que suspender las clases hasta que fuese seguro volver, por lo que envió cuanto antes un mensaje a sus estudiantes, advirtiéndoles.

—No puedo creer que esto haya sucedido —dijo Kaien a Shikamaru, mientras miraban con el equipo de limpieza recogía los montones de cenizas de las calles—. Lo lamento tanto, Shikamaru-kun.

—No hay necesidad de lamentarse, Cross.

—¡Pero teníamos un trato! —espetó conmovido—. Se suponía que los protegeríamos, que trabajaríamos juntos. A pesar de todas las precauciones que tomamos, se llevaron a Naruto-kun…

—Él es un ninja muy fuerte —dijo Nara manteniendo el temple—. Si el enemigo logró capturarlo es porque lograron sorprenderlo. No es fácil atrapar a ese cabezota, por lo tanto, me lleva a creer que encontraron un método.

—El chakra no es algo con lo que hayamos tratado antes —mencionó Cross siguiendo el curso del tema de inmediato—. Existen hechizos de sellado, tanto de vampiros como de cazadores, pero nada relacionado con eso.

Shikamaru se quedó en silencio, meditando esa información. Kaien no le estaba ocultando nada. Sin embargo, que no conocieran la naturaleza del chakra hasta que ellos llegaron, no significaba que en ese mundo no lo tuvieran. Después de todo, un portal necesitaba de dos extremos receptores de chakra para poder funcionar.

—Requiero que me dé acceso total a los manuscritos, textos o cualquier escrito referente a los hechizos de sellado y a la historia de este mundo —pronunció de pronto—. Después de planear una estrategia de rescate, me encargaré de leerlos personalmente.

Kaien le miró sorprendido. Admiraba la tranquilidad con la que se mantenía a pesar de la situación.

—¿Ya tienes un plan en mente? —inquirió por su parte, ligeramente asombrado—. ¿Y qué tratas de encontrar al tener los manuscritos antiguos?

Shikamaru metió sus manos en los bolsillos, y aunque se quedó observando a los miembros de la asociación limpiando, le estaba prestando toda su atención a Kaien.

—Lo primordial es encontrar a qué enemigo nos estamos enfrentando, por lo que Sasuke e Ino tendrán que salir en busca de esa información. Considerando que iniciaron un ataque de esta magnitud, es imprescindible que la búsqueda comience ya. No sabemos qué harán con Naruto, o si vendrán a capturar a otro de nosotros, así que el tiempo que usemos es valioso.

—Por lo que supongo es mejor que Sasuke-kun e Ino-san se encarguen de eso.

—Exacto. No quiero indicar que sus equipos de infiltración sean deficientes, pero ustedes se tardan diez días en obtener resultados. Sasuke e Ino se tardaran horas, aunque necesito que alguien que conozca bien la zona y los barrios vaya con ellos.

—Takamiya-kun será de gran ayuda —propuso de inmediato—. ¿Cuándo partirán para la búsqueda?

—En cuanto Sasuke vuelva —respondió Shikamaru. Sabía que Uchiha no volvería hasta asegurar que Sakura estaba a salvo.

—De acuerdo —asintió—. Y descuida, será difícil que Yagari-kun y Kaname-kun deseen compartir los textos de historia, pero tendré convencerlos para que tengas acceso.

Shikamaru sabía que Kaien lo lograría. Podía parecer extremadamente infantil o hacer escándalo por todo, pero había percibido su experiencia y su poder. Kaien Cross era alguien a quien debía tratársele con cautela. Lejos de ellos, Kaname discutía con Hanabusa, quien había regresado en cuanto oyó lo del ataque.

—¿Cree que esto sea obra de algún anciano del concejo? —preguntó.

—Es probable —dijo Kaname sabiendo que Luze y Barrabas estaban detrás de eso, pero como era usual, los viejos vampiros no habían dejado huella alguna de su culpabilidad—. De todos modos, es hora de que nos movamos. Si atraparon a Uzumaki-kun quiere decir que sabían que rasgo ostenta. Nadie aparte de un grupo seleccionado sabía sobre que él es su Hokage.

—Querrán usarlo para un trueque… —musitó Hanabusa pensativo—. O quizá para algo más.

—Lo que sea, tenemos que apurarnos —dijo Kaname—. Informa a Seiren y después a Kain y a Takuma.

—Enseguida, Kaname-sama —se inclinó cortésmente y dio la vuelta.

—Aido.

Eso lo detuvo al instante. Desconcertado, se giró hacia Kaname que le miraba con imperturbabilidad.

—Lo que hagas en tu vida personal, no me interesa, pero recomiendo que te mantengas alejado de Yamanaka-san.

—¿A qué se refiere, Kaname-sama?

—Puedo oler los residuos de sangre en tu boca —explicó. Aido no sabía si era un tono enojado o frívolo. Al ser descubierto, se llevó inconscientemente una mano a la boca—. No sé qué te haya llevado a eso, pero recuerda las reglas.

—Sí… —murmuró avergonzado bajando la cabeza—. Lamento haber flaqueado.

Y habría querido decirle la verdad. Que no lo lamentaba para nada. Había aprendido, tras el sublime intercambio, que soportaría cualquier castigo por tener la oportunidad de beber la sangre de Ino. Estaba sorprendido por eso, porque creía que su fidelidad a Kaname superaba por mucho cualquier cosa.

—Que no vuelva a suceder —zanjó Kaname por último, pero no esperó una respuesta porque se dirigió hacia donde Shikamaru y Kaien hablaban.

Al quedarse a solas, Aido no se movió. Sus pensamientos viajaban de un recuerdo a otro. Aquella mordida lo había perturbado. Ino había hecho algo más que darle su sangre. Pensó, no sin cierto humor, que la exuberancia de Yamanaka se había vuelto parte de él. Eso no era posible, claro está. Beber sangre permitía compartir recuerdos, vivencias… y nada de eso tenía. Aido abrió la boca, boqueando sorprendido ante su descubrimiento.

No tenía ningún acceso a las memorias de Ino a pesar de haber bebido su sangre.

Su mente de genio no tuvo que trabajar mucho para dar con una respuesta. Chakra. Ahora comprendía que no era sólo un saborizante nomás. Por un segundo, quiso decírselo a Kaname. Tenía la certeza que querría saberlo, que le interesaría conocer por fin qué es lo que hacia la sangre de los shinobis tan especial. Empero, tan pronto como el impulso se presentó, se fue. De nuevo, algo dentro de él se rebeló contra su empedernida lealtad hacia Kaname.

Sin decir más, Hanabusa Aido dio media vuelta y se retiró.

Ajenos a eso, Zero e Ino conversaban sobre lo que había sucedido. Zero no tuvo reparo en detallarle cada acontecimiento, sabiendo que Ino era la persona adecuada para escucharlo. Ino prestó atención a todo el relato, sin pasmarse por saber que las heridas de Sakura se habían abierto de nuevo. Eso levantó más sospechas en Zero. Se preguntó si ella también sabía lo que le ocurría a Sakura.

—Ya veo —dijo Ino cuando finalizó el relato—. Entonces, Sasuke se la ha llevado.

Zero no emitió una señal de que eso le agradara. Haruno era su responsabilidad, y deseaba saber que había hecho Sasuke con ella. Ino leyó su intención y sonrió.

—Ella estará bien, Kiryû. Quizás por su pasado y por como se ve, Sasuke no sea el prospecto más confiable para cuidar a una chica, pero lo es. Ha pasado muchas cosas y es la mejor opción ahora que no está Naruto.

—¿Qué quieres decir con su pasado? —inquirió levantando una ceja.

Ino se debatió si decirle o no. Por una parte, no deseaba compartir la historia entre Sakura y Sasuke, y por otra, quizás la más pulsante, le indicaba que Zero era el único que podía lograr introducirse lo suficiente para develar la verdad.

—Antes de la guerra —comenzó al tanto de que él sabía sobre eso—, Sasuke había sido un ninja renegado y buscado por las cinco naciones shinobis. Desertó de Konoha cuando tenía doce años y desde ese momento, Naruto y Sakura entrenaron para traerlo de vuelta.

—¿Incluso si no iba a ser bienvenido en su aldea de nuevo?

—Sí, ellos simplemente querían que volviera, especialmente Sakura —Ino le miró directo a los ojos. Nunca antes a Zero se había percatado de su seriedad, de como ella podía dejar de ser sarcástica—. Ella amaba a Sasuke.

Yamanaka esperó ver alguna reacción en el rostro de Zero, pero no obtuvo ninguna. Supo que era porque el mismo Zero había amado a otras personas en su pasado, que no podría sentirse herido o mal por eso. ¿Qué persona se sentiría ofendida si no fuese el primer amor de otra? ¿Acaso los humanos no eran capaces de amar a otros al mismo tiempo, en niveles, formas y maneras particulares?

—El punto es —retomó enseguida— que durante un tiempo no lograron su cometido. Eran débiles en comparación. Sakura se sentía triste por eso, por ser un estorbo y por no lograr convencerlo… —guardó silencio un momento, recordando esos episodios donde su amiga se veía totalmente decaída, cuando sólo Naruto lograba hacerla sonreír de nuevo—… en esos encuentros, Sasuke intentó asesinarla.

Eso sí sorprendió a Zero. Teniendo en cuenta lo sobreprotector que se comportaba con ella en la actualidad, creyó que la relación entre ellos dos era más saludable. Iba a preguntarle a Ino qué demonios tenía Sakura en la cabeza para seguirlo intentado… pero se detuvo. Él mismo no era un ejemplo a seguir. Bastaba nombrar a Yûki para aclararlo todo.

—Fueron tres intentos, aunque eso lo supe después —continuó Ino ajena al drama mental que sufría Zero—. Cuando Sakura me lo contó, la imagen que tenía de Sasuke se desmoronó. Había pensado que él era un chico cool, un poco frío, guapo e inteligente, pero… pero era obvio que no lo conocía por completo. Como sea, eso no importa ya.

—¿Haruno te contó cómo trató de convencerlo para que volviera? —preguntó.

—Bueno, sí —admitió—. Sakura no solía ser tan fuerte de carácter cuando de Sasuke se trataba. Cada ocasión que se topaba con él, le hablaba con amor, le suplicaba que cambiara de opinión, pero para Sasuke eso no importaba. Él deseaba alcanzar el poder por cualquier medio para… cumplir su propia meta.

—En cierto sentido, lo comprendo —dijo Zero para sorpresa de Ino—. Desconozco las razones que hayan llevado a Uchiha a irse de su aldea, pero he visto sus ojos… no son como los de los demás. Reflejan muy bien su pasado.

—¿Quieres decir que está justificado lo que hizo? —Ino no estaba de humor para aguantar oír una justificación al comportamiento de Sasuke.

—Deja que termine de hablar, Yamanaka —pidió con paciencia—. No estoy justificando nada, estoy ateniéndome a la información que tengo y a las circunstancias. Uchiha no se ve como el tipo de persona al que se le convenza con palabras o con ideas sobre el amor y el sacrificio. Y si el motivo por el que se fue estaba relacionado con una meta que quería conseguir, pocas excusas lo harían dimitir.

—¿A qué te refieres, Kiryû?

—A que Haruno debió hacer más que sólo llorar y suplicarle —soltó sin remordimiento alguno—. Sea lo que sea que buscaba Uchiha, seguramente tenía que ver con conseguir poder. Por eso es que trata a Uzumaki como su igual. No soy quien para decir que debe hacerse en cada ocasión, pero es así. Haruno debió poner las cosas en perspectiva y entender que su amor no era suficiente para traerlo de vuelta.

—Pero eso no justifica que Sasuke haya querido asesinarla —refutó cruzándose de brazos.

—Ya dije que no estoy justificándolo —replicó Zero con impaciencia—. Es comprender las circunstancias, Yamanaka. Y en este caso, tanto uno como el otro son culpables.

Ino quería replicar, pero no pudo y eso la molestaba. Porque había odiado ver a Sakura deprimida por no haber hecho nada. Y había odiado a Sasuke también. Lo peor radicó en que ella era ajena a todo ese drama. Nunca fue parte del equipo Siete. Nunca fue parte de las personas cercanas a ellos, y aunque había sido la primera amiga de Sakura, cuando se distanciaron, quedó más allá de lo que esperaba.

—Maldición, Kiryû, eres de los pocos que me han dejado sin argumentos —espetó con sana irritación y una sonrisa apagada. Golpeó su hombro con suavidad—, ¿Desde cuándo eres tan analítico respecto a las vidas de los shinobis?

Zero esbozó una sincera sonrisa. La primera que tenía para Ino.

—Es por la edad, Yamanaka. Te hace más sabio.

Ella soltó una pequeña carcajada.

—Sonaste como un anciano.

—Técnicamente, tengo la edad de uno —se alzó de hombros—. Y ya que estamos hablando del tema, hay otra cosas que quieres decirme, ¿verdad?

—Estar en este mundo me está afectando más de lo que debería —habló exasperada—. Que puedas leerme tan fácilmente me hace creer que he estado entrenando por nada.

—No te menosprecies, solamente lo intuí.

—Eso espero, o tendré que esforzarme más y eso podría ser perjudicial para mi cutis —Ino se tocó la cara con las yemas de sus dedos—. ¡No quiero tener ninguna arruga!

Zero revoleó los ojos. Típico de Ino.

—Como sea, Kiryû —dijo la kunoichi—. También tengo algunas cosas que quiero preguntarte… son un poco personales. Están relacionadas más con asuntos no tan oficiales.

—¿Es por Kaito?

La cara que puso Ino pudo ser perfecta para una postal.

—Creo que sí te falta entrenamiento, Yamanaka.

Una venita saltó en su sien.

—A veces eres insoportable, sabes. Dan ganas de patearte el trasero.

—Puedes intentarlo si quieres.

Otra venita saltó. Ino estaba a punto de tener un tic nervioso. Para fortuna de Zero, fueron llamados justo en ese momento. Los involucrados se reunieron en la oficina principal del director, donde se discutiría las acciones a seguir. Estaban presentes Kaien, Kaito, Ino, Zero, Shikamaru, Toga y Kaname. Al parecer, Kaien y Shikamaru se habían puesto de acuerdo con antelación, lo que para Toga y Kaname no fue adecuado. Toga no quería que los shinobis se involucraran más. Kaname deseaba mantener en bajo perfil sus planes; si los ninjas descubrían algo, no dudaba que una guerra se desataría.

—Comprendo lo incómodo que debe ser para ustedes ceder el control —dijo Shikamaru frente a ambos líderes de cada bando—, pero esta situación demerita nuestra completa intervención.

—Eso lo entiendo, Shikamaru-kun —comentó Kaname sentado elegantemente en su sillón reclinable—. Sin embargo, hay límites que no tienen permitido traspasar. Han atrapado a su líder, pero no sugiere que deban actuar por su cuenta. No repararé en gastos para apoyarlos.

—Desperdiciar recursos no es factible en ninguna situación —planteó—. Estoy actuando dentro del trato. Naruto dijo que trabajaríamos para ustedes y esto entra en esa categoría. Nuestro Hokage ha sido capturado, y aunque este sea otro mundo, su título sigue vigente. Por lo tanto, es deber de los otros líderes llegar a un plan para rescatarlo usando los medios a su disposición con premura y precisión.

Toga frunció el ceño.

—¿Qué estás insinuando? ¿Qué nuestro sistema es imperfecto?

—Cualquier sistema lo es —señaló con tranquilidad. No dejaría que Toga lo amedrentara. Shikamaru era el consejero principal del sexto Hokage, después de todo—. Lo que digo es que dejen de pensar que estamos tratando de tomar el control de este mundo. Si quisiéramos hacerlo, lo habríamos hecho al principio. No tenemos interés alguno en este lugar, y salvo nuestras compañeras, nada nos habría llevado a venir aquí.

Kaname quiso

—No quieras vernos la cara, mocoso —dijo Toga muy enojado—. Lo que planeen tú y tu supuesto líder, no permitiremos que lo lleven a cabo.

Ino se tensó en su lugar. No podía creer lo que estaba escuchando. Era una reverenda estupidez. Toga debía de empezar a tomarse unas píldoras antipsicóticas porque su paranoia lo estaba llevando muy lejos. Una cosa era que fuera precavido, pero otra muy diferente a que los acusara directamente. Kaien miraba a su compañero como si no lo conociera. Era extraño en Yagari desconfiar tanto de personas que habían demostrado su valía. Pero Shikamaru había descubierto algo más. Al ver detenidamente el rostro del cazador tuerto pudo comprender que le sucedía.

—Ino —llamó de pronto.

Ella no supo por qué, pero al percatarse de la expresión de su compañero, una chispa de intuición saltó en su mente. Y fue cuando también lo percibió.

—Parece ser que no podremos mantenernos sin usar nuestras técnicas, Shikamaru —la rubia esbozó una sonrisa desganada y se posó frente al viejo cazador—. Este enemigo es más habilidoso de lo que esperábamos.

—Y que lo digas —mencionó.

—¿De qué están hablando? —demandó saber Kaien, viéndolos alternadamente.

Ninguno contestó. Ino sonrió con presunción y realizó una serie de sellos. Luego, presionó dos dedos en la frente de Yagari Toga.

—¡Liberar! —ordenó.

Cross y Takamiya esperaron ver que sucedía. No comprendían qué era lo que había hecho Ino, así que miraban con atención. Fue Kaien el primero que lo comprendió. En cuanto la verdad se develó, llevó una mano a su boca para cubrir su impresión. Al parecer no conocía tan bien los límites de cada implicado en el juego; Yagari Touga, presidente de la Asociación de Cazadores, había sido hipnotizado. Y Kaien Cross temió, porque quien lo haya hecho tenía que ser muy poderoso. Touga no permitiría que lo manipulasen hacen como así, de manera que debieron tomarlo con la guardia baja o usar otra treta.

Los irises de Yagari volvían a tener esa coloración azul opaca, sólo que con una señal clara de consciencia de su propio dueño. Sin embargo, la hipnosis sustraía un máximo de energía mental del individuo y tan pronto como lo liberaron, Yagari se desplomó debido al cansancio que seguramente soportó su cuerpo. Eso fue otra pista. El enemigo no tuvo cuidado en procurar la salud de su víctima.

—¡Llévenlo a la enfermería, de prisa! —mandó Cross sin perder el tiempo. Asimismo, Kaito y Zero ya se habían encargado de levantar a Yagari—. ¡Necesito que le atiendas, Yamanaka-sana!

Ino pudo haberle replicado que era su deber como ninja médico atender a cualquier paciente que lo necesitara, pero se abstuvo por la situación. Simplemente asintió y se dirigió con el grupo a la enfermería, observando con atención la faz de Toga. Los síntomas revelaban una gran fatiga, quizás le habían ordenado continuar con su papel de líder sin atender necesidades biológicas como comer, dormir o beber agua, siendo así, admiraba la capacidad de su cuerpo para soportarlo. No cualquier aguantaría tanto sin sucumbir el primer día.

Kaname permaneció detrás del grupo, pensando en quien era el responsable de esto. Por un lado, veía conveniente que Yagari Touga se encontrara indispuesto de su cargo; cualquiera que lo supliera no podría darle tantos problemas como el cazador tuerto (ni siquiera Kaien Cross, cuya debilidad radicaba en su aprecio por los vampiros). Por otro lado, el altercado significaba que alguien muy poderoso se estaba inmiscuyendo más de lo que hubiera permitido. Kaname supuso que se trataría de Luze o Barrabas, aunque si hacia un esfuerzo por penderlo a fondo, esos dos no hubieran podido acercarse a Yagari, ni siquiera mandar a alguien. Sólo quedaba la opción de que se tratara de otro purasangre, lo cual era difícil de creer. Desde su coronación total como rey, pocos purasangres se le oponían, y los que daban indicios de rebelión, eran silenciados con la sola fuerza de su mirada.

Kaname los siguió hasta la enfermería, pero se mantuvo afuera. Deseaba un poco de espacio para pensar en cuál sería su próximo movimiento, porque estaba decidido a tomar la delantera. Mientras tanto, dentro de la habitación, Ino indicó que lo recostaran en la cama en lo que ella invocaba su equipo médico de emergencia y preparaba todo para una intravenosa.

—Ayúdame con la dosis, Shikamaru —pidió, pues Nara tenía conocimientos básicos en la materia. El shinobi asintió y en menos de un minuto, una aguja pendía del brazo del enfermo.

Yagari ya estaba durmiendo, por lo cual Ino debía encargarse sólo de nutrirlo y de que su pulso se mantuviera. Además, evaluando la posibilidad de un estado de coma, Ino inyectó una solución creada por Sakura para evitarlo. Yagari no debía traspasar el lindero entre sueño y coma.

—Él no puede darse por vencido así como así —comentó Kaien como si fuera necesario.

Kaito y Zero se mantuvieron al margen. Siendo incultos en la medicina, poco podían hacer, así que decidieron dejárselo todo a Ino. Interiormente, Takamiya se sentía maravillado de la destreza y naturalidad con la que Ino se manejaba en una enfermería. Había visto a Sakura en acción, pero la rubia no se quedaba atrás. Observó atento a la kunoichi usar el tan necesario chakra verde sobre el pecho de Yagari, y los ojos azules tan concentrados, que quedó simplemente maravillado. Si antes había tenido razones para que le gustara, ahora sentía una especie de cariño profundo.

Pasó media hora de tratamiento intensivo para que Ino decidiera que Yagari estaba fuera de peligro. Kaien respiró tranquilo y le agradeció infinitamente.

—Ahora sólo debe descansar —dijo limpiando sus manos con un trapo caliente—. Dormirá mucho, necesita recuperarse.

—Entiendo —asintió Kaien—. Pediré a un escuadrón de cazadores que lo vigilen mientras tanto. No puedo permitir que vuelvan a tomarlo bajo hipnosis.

—Con respecto a eso —intervino Shikamaru con las manos en los bolsillos—, quiero preguntarles que tanto conocen sobre genjutsu.

—¿Genjutsu? —repitió Cross haciendo memoria—. Mmm, realmente no mucho. En este mundo los únicos que puede manipular la mente de las personas son los vampiros. Los cazadores también, con hechizos de muy limitado alcance. Este genjutsu es una técnica de su mundo, ¿no es así, Shikamaru-kun?

—Así es, por eso pude detectarlo. Sin embargo, creo que es diferente a las técnicas de nuestro mundo.

—¿A qué te refieres? Si pudieron romper el trance con esos… sellos —dijo Zero recordando que Haruno los había llamado así—, quiere decir que en algo deben ser similares.

Ino se adelantó hasta quedar inscrita en el círculo que hicieron. Shikamaru le dio una mirada significativa, indicándole sin palabras que le cedía la explicación.

—Soy experta en cuanto a manejar mentes se refiere —puntualizó con calma, consciente de que Kaname Kuran estaba escuchándole detrás de la puerta—. Cualquier técnica que utilicen, puedo neutralizarla o romperla. Hay varias formas de adentrarse en la psique de alguien, pero se tiene que ser cuidadoso, tanto para que no te descubran como para que no la destruyas. Quien le haya hecho esto a Yagari no fue sutil. Necesito examinarlo más a fondo, pero estoy segura que el perpetrador posee mucho poder mental y fue insistente.

—¿Eso quiere decir que el daño es irreversible? —preguntó Kaien temiendo que Yagari no fuera el mismo de antes.

—No puedo aventurar tal respuesta —contestó Yamanaka, contundente—. No es sencillo determinar el daño total. Una mente es como un laberinto, y aunque vea los estragos superficiales, la estructura interna podría estar menos o más dañada.

—Hay que hacer algo —dijo preso de una conmoción grande. Algo similar al enojo se alojó en su pecho. No era de venganzas, pero esto ya había sido demasiado. Aquel que hizo esto debía ir rezando por su vida, porque si lo encontraba, no dudaría en matarlo.

—Por el momento, es todo lo que puedo hacer —mencionó, impasible—. Aunque soy experta en mentes, mi habilidad de médico es inferior a la de Sakura. Lo recomendable es esperarla.

—Pero no sabemos a dónde Uchiha la haya llevado —proclamó Kaito, que hasta ese momento no había dicho nada—. O si estará en condiciones de volver.

—Ella estará bien —dijo Ino, y con asombro descubrió que también lo había dicho para ella misma. Sabía que la debilidad de Sakura aumentaba día con día—. Es fuerte y Sasuke está con ella.

—Eso no importa de momento —intervino Shikamaru—. Lo indispensable ahora es encargarnos de esta situación. El enemigo ha logrado bajas considerables de nuestro lado y es hora de emparejar la situación.

—Lo mismo opino —agregó Kaname, acercándose a ellos. Sólo Ino y Shikamaru se habían dado cuenta de cuando había entrado. Instintivamente, Kaito se colocó cerca de la camilla de Yagari, no fuera ser que a Kuran se le alocara la ardilla y decidiera matarlos a todos—. Considerando la situación, accederé a tu petición, Shikamaru-san, te daré vía libre a la biblioteca del concilio, sólo que irás acompañado. Es mi única solicitud.

—Me parece adecuado —asintió—. En cuanto a lo otro, Ino y Sasuke reunirán información sobre los posibles secuestradores del Hokage. He calculado una alta probabilidad que los que atacaron la academia y ellos, son los mismos.

—Pienso lo mismo —admitió Cross—. Por mi parte, mandaré a Kaito a abrir el archivo general de la asociación. Será tedioso lidiar con los que no estén de acuerdo, pero la situación es de emergencia. Mientras, Zero se quedará aquí para resguardar la zona.

—Propongo que se emita un estado de alerta —dijo Shikamaru—. Ya no podemos irnos tranquilamente, por lo que evitar el pánico colectivo no es necesario. Sin embargo, lo primordial sería asegurar el perímetro con escuadrones de cazadores. La vigilancia debe de cubrir cada centímetro de la ciudad. También he estado pensando en un plan para rescatar a Naruto.

Kaien parpadeó perplejo.

—¿No debemos esperar a que se reúna información?

—Sí y no —contestó—. El enemigo ha demostrado que está determinado a conseguir lo que quiere y ha usado las debilidades de cada grupo para avanzar, pero no es analítico y carece de conocimientos sobre nuestra técnicas ninja, lo cual presenta una enorme ventaja para nosotros.

—¿Por qué lo dices?

Shikamaru sonrió de medio lado y sacó de su bolsillo un viejo encendedor con el que comenzó a jugar.

—Entre nuestras habilidades, tenemos la percepción de chakra. Ino es la mejor en esa materia, y si bien en este mundo la cantidad de chakra es casi nula, podrá encontrar el de Naruto a una distancia considerable.

—¿Casi nulo? ¿Hay chakra en este mundo? —aportó Kaname suspicaz.

—Exacto —Shikamaru prendió el encendedor—. Es imposible conectar con un mundo donde no haya chakra, lo cual me ha llevado a pensar que este mundo no es complementa diferente al nuestro. Las leyes básicas del chakra se aplican aquí. Estoy seguro de esta teoría, pues de no haber chakra, nos habríamos debilitado con el pasar de los días; nuestras reservas son renovables, no eternas.

—Increíble —admiró Kaien Cross, teniendo claro que el chico frente a él era un genio total. Había descubierto tantas cosas a priori, que seguramente descubriría muchas más al tener la información completa. Cross sonrió amablemente. Shikamaru sería un buen líder (aunque comenzaba a notar que eso se lo dejaba a Naruto)—. ¿Y cuál es el plan?

Hasta ese momento, la llama del encendedor había permanecido prendida. En un movimiento, Shikamaru cerró la tapa y miró a cada uno.

—Naruto es un tipo resistente —dijo sin mencionar a Kurama. Si bien iban a mostrar algunas de sus técnicas, era mejor que la existencia del Zorro Demoniaco permaneciera en el anonimato—, lo más probable es que resista dos días seguidos de encierro. En ese tiempo tenemos que estar preparados, porque daremos con la base de los causantes.

—No dudo que lo harán —mencionó Kaname—, pero ¿no sería más prudente encontrarlo ahora? Con Yamanaka-san siendo una rastreadora de chakra, sería sencillo.

Kaname quería saber la razón por la que Naruto Uzumaki había dejado que le capturaran. No se creía para nada lo del ataque sorpresa o que el enemigo fuera poderoso, estaba seguro que Uzumaki no caería sin dar una pelea decente. Por su parte, Shikamaru ni se tardó en contestar. No debía levantar sospechas y no quería darle el gusto a Kuran.

—Como dije, este mundo tiene poco chakra —volvió a guardar el encendedor—, y para el área que vamos a cubrir, se necesita mucho más. Por lo cual se requiere preparar el terreno con sellos especiales cubriendo la ciudad de Nightray y trescientos kilómetros alrededor. Eso es lo que estimo es el espacio que utiliza el enemigo.

Kaname casi sonríe. Ese muchacho se había dado cuenta muy rápido de su intención. Maravilloso, y francamente irritante. En cuanto tuviera oportunidad se desharía de él.

—Siendo así, me retiro —anunció dándose la vuelta—. Con el tiempo tan limitado, lo mejor es apurarse. Nos vemos luego.

Al desaparecer, Ino no aguantó las ganas de poner cara de hastío. Se preguntaba cuánto tiempo más Kuran se comportaría como el buen chico, que esa fachada no se la creía nadie. Con los asuntos concluidos, salió de la habitación en búsqueda de Sasuke, sin esperar a Kaito, quien desde hacía rato se le había quedado viendo insistentemente.

Ino trepó por los árboles hasta llegar a la azotea del edificio más alto, tomó un respiro hondo y juntó sus manos en un sello. Concentró chakra en su cerebro y con calma, inició la búsqueda de Sasuke. Su percepción de chakra no era tan buena como la de Karin, pero podía arreglárselas a distancias cortas. Durante la guerra usó su habilidad con destreza y al finalizar las consecuencias fueron tremendos dolores de cabeza por ponerse al límite. Podía manejarse muy bien, pero no tanto como aquellas veces. Habría querido hacerlo, pero la idea de ser un flanco fácil debido a la migraña no le agradaba.

A los minutos captó la esencia del Uchiha no muy lejos de ahí. Eso le sorprendió. Había creído que Sasuke llevaría a Sakura más lejos. Encogiéndose de hombros, Ino bajó de un salto cayendo en puntas con perfección y emprendió la marcha hacia los dormitorios de la luna. En el camino, tocó la parte del cuello donde horas antes, Hanabusa Aido había clavado sus colmillos.

Se detuvo un momento, sin saber por qué.

La mordida había sido, en cierto sentido, satisfactoria. No se quejaba. Lo que sucedía es que Kaito no había dejado de mirarle justo ahí, en la hendidura de su cuello. No era posible que lo supiera considerando que se habían separado, pero si no era así… Ino agitó su cabeza, borrando semejantes suposiciones. La opinión de Takamiya no debía valerle porque no eran nada y no le debía explicaciones.

—Juro que después de esta misión, tomaré unas merecidas vacaciones —dijo a la nada en particular, sobando la zona con las yemas de los dedos.

—No me esperaba esto —la voz de Sasuke interrumpiéndola la hizo dar un salto—, que tú le dieras sangre, voluntariamente, a un vampiro.

—¡Por amor a…! —gimió Ino con el corazón en la mano—. ¡No hagas eso, Sasuke! ¿No te lo habíamos dicho antes? ¡Deja de aparecerte así nada más! ¡Es escalofriante!

Sasuke pareció ignorar su comentario, simplemente empezó a caminar rumbo a la oficina del director. Ino hizo un enorme mohín al saberse no tomada en cuenta. Dio pasos grandes hasta quedar hombro con hombro y empezó a decirle un montón de cosas sobre su falta de tacto con las personas. Sasuke ni respondió, estaba muy acostumbrado a la cháchara verbal de Ino como para darle importancia.

—¡Oye, no me ignores! —ella logró cortarle el paso—. ¡Es de mala educación!

—No me interesa —replicó monótono—. Tus asuntos no son de mi interés, Ino.

Ella frunció más los labios y arrugó el entrecejo.

—No importa lo que digan Sakura y Naruto, no has cambiado nada —dijo esperando ver una reacción. Nada. Sasuke seguía igual de perenne—. ¿No tienes nada más que decir, verdad? ¡Uhn, lo suponía! Supongo que no le debes explicaciones a nadie, ¿no es así?

Sasuke no contestó. En ocasiones anteriores, eso serviría para hacerla desistir, pero esta vez no. Ino tenía el humor alterado. Además, deseaba con todas sus fuerzas lograr romper esa coraza de frialdad que siempre lo cubría, no por entrar en su corazón, sino por simple orgullo. Ino quería lograrlo porque odiaba seguir estando al margen de todo.

—No te hemos perdonado —soltó sin anestesia, segura de que Sasuke no la necesitaría—. Creo que ya te has dado cuenta, la forma en que todos te tratan, como te ven y la distancia que ponen —esbozó una sonrisa ladeada, saboreando su próxima victoria—, ¿quién diría que llegaría el día en que se invertirían los papeles? Naruto como el aclamado, y tú como el rechazado. El clan Uchiha no podrá reponerse ni porque pasen varias generaciones.

—Meterte en lo que no te corresponde —musitó Sasuke sin perder el porte—, digno de ti. Tampoco has cambiado, sigues queriendo abarcarlo todo cuando en realidad poco comprendes.

—Quizás tengas razón —admitió de buena manera y cruzó los brazos sobre su pecho, mostrando una altiva mirada—, pero dime si acaso tú comprendiste algo bien, Sasuke. No sé nada sobre ti, y eso, irónicamente, es lo único que sé. Pero tus acciones dicen más que tus palabras, así que, Oh-gran-Sasuke-Uchiha, ¿por qué era tan fácil manipularte? Cada vez que decidías algo, actuabas por conveniencia de otros. Qué patético. Tanto proclamas independencia, cuando no puedes ni tener tus propias ideas.

—Ser original tampoco está en ti —replicó Sasuke. Ella pudo notar la ligera flexión en su voz; estaba comenzando a enojarse—. No habrías aprendido ninjutsu médico si Sakura no lo hubiese hecho.

—Y tú no habrías podido vencer a tu hermano, sin la ayuda de Orochimaru —refutó enseguida, usando su última carta—. Dices ser fuerte, invencible, pero ¿acaso eso es fruto de un entrenamiento arduo? De no ser por los medicamentos que tomabas, no serías nada, incluso el Rinnegan en tu ojo izquierdo no es más que un obsequio de Rikudo Sennin —profirió una risotada burlona—. ¿Lo ves, Sasuke? No eres la gran cosa, así que bájale a tu narcisismo, ¿o es lo único que te queda?

Sabía lo que ocurriría. Había estado buscándolo. Ino no era ninguna tonta. Aun así, se asombró de lo rápido que Sasuke la inmovilizó tomándola por los brazos. Y tuvo que admitir, que Sasuke no era narcisista por fanfarronear su fuerza. Ino pudo sonreír por eso, pudo incluso desparramarse de pura risa, aunque no tuviera ni una pizca de gracia. Lo que la detuvo no fue la presión aplicada en sus muñecas, ni el instinto asesino alrededor. Lo que logró paralizarla, no de miedo sino de asombro, fueron las dos pupilas de Sasuke Uchiha mirándola con frialdad y oscuridad. El Sharingan en el ojo derecho. El Rinnegan en el izquierdo. Ino quedó presa de una ilusión que ni siquiera había sido empleada, y entendió —de verdad entendió—, lo que Sasuke ocultaba de la mayoría, aquello que sólo pocos habían aceptado.

Naruto podía poseer al Kyûbi, pero sí de monstruos interiores se trataba, Sasuke era quien tenía el peor.

Ino vio, en esos segundos, al monstruo de oscuridad que habitaba en Sasuke Uchiha.

—Dilo —demandó Sasuke con voz de ultratumba—. Si tienes el valor, dilo de nuevo.

Se sintió intimidada y atrapada. Asimismo, se sintió conmovida y a punto de llorar. Sasuke le había dejado entrar. Sasuke le estaba mostrando la parte oscura de sí mismo. Ino estaba segurísima que a Sasuke los demás sí le importaban (pocos no todos, los suficientes), y ahora más que nunca, lo comprendía. Ya no estaba al margen.

—Que esto no se repita de nuevo, Ino —tan pronto como lo dijo la soltó—. Nunca más.

Ella se quedó callada, y fue en su intercambio de miradas que el pacto se selló. La tensión no disminuyó. Ino sabía que no lo haría. Y se alegró. Se alegró porque ahora sabía algo. Todavía no perdonada ciertas cosas, y presentía que el tema se volvería tocar, pero quizás con eso contaba Sasuke.

—Creo que interrumpo algo.

La presencia de Kaito Takamiya tuvo la dualidad de sorprenderlos y que Sasuke olvidara ocultar en un genjutsu sus ojos.

—Oh, que curiosas pupilas tienes —mencionó el cazador casualmente—. Dan algo de miedo.

Con la verdad descubierta, Sasuke no se molestó en desactivar sus doujutsus, en su lugar lo afrontó con imperturbabilidad.

—Wow, retiro lo dicho, dan bastante miedo —sonrió de lado—. Entonces debo de creer que no son lentes de contacto, y que si digo algo a los demás, me harás cosas feas con tus ojos. Suena horrible sólo mencionarlo.

—No tan horrible como que alguien escuche conversaciones ajenas —espetó Ino colocando sus manos en jarras—. ¿Qué quieres, Takamiya? Y mejor que digas algo bueno, o patearé tu trasero.

—Mmm, difícil decisión, realmente me gustaría que tocarás mi trasero, pero antes de todo, la seriedad. Así que sí, tengo algo bueno que decir —los miró seriamente—. Me uno a lo que tengan planeado.

—Lo que sea que te metes, déjalo por la paz, Takamiya —zanjó Ino—. ¿O es que la presión te está haciendo alucinar?

—Si por alucinaciones, quieres decir que tengo fantasías contigo, pues sí las tengo —comentó sin vergüenza. Ino no hizo ningún gesto. Kaito supo que no iba a ser fácil hacerla sonrojar—. Vale ya, me pongo serio. Como decía, me uno a ustedes. Les pido que no me vengan con que no saben de qué hablo, porque no soy idiota. Me doy cuenta de muchas cosas, ¿saben?

—Bien por ti —ironizó la rubia.

Kaito obvió su comentario y se enfocó en Sasuke. Si tenía que convencer a alguien, era a él. Tenía una idea muy vaga, pero estaba seguro que si lo convencía, tendría la vía libre.

—Puedo reunir datos que no tienen en la asociación —su mejor arma: la información—. Los Takamiya somos eletto, nuestra sangre no está diluida y los pergaminos que guardamos están guardados bajo llave. Además, puedo acceder a los datos de la familia Kiryû.

Ino lo miró con exasperación, como quien no entiende una negativa. Sasuke, por su parte, optó por otra cosa.

—¿Qué tienen que ver los Kiryû aquí? —su pregunta dejó a Ino confusa, pero no lo demostró.

Kaito guardó silencio, evaluando las reacciones del Uchiha. Si usaba bien su carta, la puerta se abriría.

—Que los Kiryû tiene conexión con ustedes los ninja —respondió.

La noticia impactó en Ino. ¿Kaito mentiría? En la historia shinobi no había antecedente similar, ni tampoco se mencionaba conexión alguna. Se suponía que sería lo mismo en el mundo de los vampiros. Notó que Sasuke lucía meditativo, y se preguntó qué tanto el plan que Shikamaru y Naruto idearon se trasformaría si aceptaban a Kaito.

—Ya veo —murmuró Sasuke apenas. Su respuesta se vio cuando desactivó sus doujutsus. Se dio la vuelta y dio algunos pasos—. Asegúrate de darle esa información a Shikamaru.

—Lo haré —dijo Kaito, celebrando interiormente. Luego se dirigió a Ino y le sonrió de una manera que a ella no le auguró nada bueno.

—Eh… yo también me voy —ése era su plan, pero en cuanto se dio la vuelta notó que Sasuke había desaparecido. Un tic saltó en su ojo derecho. Sasuke se las iba a pagar muy caro—. Maldición.

—Ahora que por fin estamos solos —mencionó Kaito con ese tono tan casual que a Ino le dio un retorcijón de estómago—, creo que es tiempo de conocernos mejor. No sé tú, pero yo al menos quiero saber qué es lo que le gusta y disgusta a la chica que me atrae.

Sí, definitivamente Sasuke iba a recibir la paliza de su vida. Ino ya tenía varias torturas planeadas para él.

—No tengo nada que hablar contigo, Takamiya —sentenció girándose.

—Eso no le dijiste al chupasangre ése.

Y eso logró detenerla.

—¿Y eso a ti qué te importa? —se volteó con violencia—. Es mi vida. Mi vida. Lo que haga, o lo que quiera hacer con los demás, no es asunto tuyo.

La mirada de Kaito se oscureció, pero a Ino no le importó.

—Así que, si me disculpas, me largo. No tengo tiempo que perder con alguien que seguramente me olvidara apenas me vaya —volvió a girarse, segura de que Kaito lo dejaría por la paz.

No fue así, claramente.

—¿Así que es eso lo que te preocupa? —inquirió lentamente—. ¿No te lo había dicho ya? No eres un pasatiempo. Me gustas en serio, y créeme cuando te digo que olvidarte sería la última cosa que haría.

La expresión incrédula de Ino le dijo todo. Muy a su pesar, Kaito sonrió con tranquilidad y se acercó hasta quedar frente a ella.

—Voy a decir esto una sola vez, y si dices que no, vale, me rendiré —la tomó por los hombros—. Me gustas, Ino Yamanaka. Te conozco poco y de eso sé que eres irritante, enérgica y alegre. Pero eso no basta. Quiero conocer más. Quiero saber más de ti —subió sus manos hacia su rostro y aproximó sus bocas hasta rozarse—. Porque sólo así podré mostrarte que voy en serio.

No la besó, pero su cálido aliento tuvo efectos en ella. Ino se sostuvo de la pulcra camisa y estudió los ojos almendrados de Kaito. Su experiencia en interrogatorios le indicó que no mentía.

—¿En verdad quieres eso? —inquirió, y trató de no sonar insegura.

—Lo deseo —respondió.

Ino puso distancia con sus manos, empujando suavemente a Kaito. Él pensó que lo estaba rechazando, pero cuando ella se sentó en el suelo empedrado y le indicó que la imitara, supo que lo había logrado.

—Eres muy molesto, ¿sabías? —ufanó.

Él sonrió.

—Es uno de mis tantos talentos —dijo—. Y ahora, ¿quién empieza?

—Yo, por supuesto —pronunció como si fuera obvio, luego suspiró y miró adelante. Contar su historia no iba a ser fácil, era muy larga y lo que quedaba de tiempo era muy poco. Miró de reojo a su interlocutor. Quizás no iba a ser tan malo, y si no funcionaba, podrían ser amigos—. Creo que sería correcto empezar hablarte de mi familia…

Y así, se pasaron el resto de la noche.


Seth Shirabuki no era el tipo de persona en la que los demás confiaban. Él lo sabía y lo aceptaba como si fuese natural, casi como respirar. Teniendo en cuenta su pasado —más bien, su procedencia—, era normal. Ser hijo de Sara Shirabuki lo había marcado como si fuese ganado. Seth solía sentirse así. Pero hoy… hoy, extrañamente, no se sentía señalado. Seth podía contar con los dedos de una mano a las personas en las que confiaba, asimismo también podía contar con la misma a quienes confiaban en él (y en ambos casos, le sobraban dedos). Por eso, ahora sabía que podía aumentar la cantidad.

La durmiente chica acostada en su cama era la prueba de que confiaban en él. Dentro de su agenda, que Sasuke Uchiha se presentara con una inconsciente Sakura Haruno, no figuraba por ningún lado. Había sido inesperado, se quedó estupefacto, conmovido y gratificado. Y cuando Sasuke le explicase lo que ocurrió, Seth comprendió, sonrió y juró. Juró protegerla, juró cuando nunca antes lo había hecho.

Seth era un vampiro, y ver al objeto de su sed tan indefenso era tentador. Podía beber su sangre hasta saciarse, y con ello, convertirla. Aun así, no lo haría. Porque la amaba. Porque los hombres que ella amaba, estaban confiando en él. Pudo saberlo sin que Sasuke se lo dijera, con sólo mirarle… Seth se había quedado callado, y cuando el shinobi se fue, Sakura quedó a su cuidado. Ni siquiera se preguntó cómo Sasuke había dado con su mansión.

Seth estaba sentado al lado de la cama, admirándola en un respetuoso silencio, siempre pendiente de que su respiración fuera pausada y que el latir de su corazón no se detuviera. Había puesto una barrera alrededor por si las dudas, por si algún estúpido se atrevía acercarse demasiado. Seth estaba listo para matar a quien perturbara su sueño de descanso. No los culparía por querer arrojarse y beber directo de su garganta, aun así, no lo permitiría. También estaba sediento, atraído por la ligera nota de aroma sanguíneo que sobresalía por las ropas.

Debía demostrar que era digno de confianza, aunque muriera de frustración.

Lo intrigante era que, a pesar de la sed, Seth presentía que no podría beber de Sakura. Algo le decía que si se acercaba demasiado, sufriría graves consecuencias. La curiosidad probó ser más fuerte que su sentido de alerta. Se acercó hasta quedar con los brazos a cada lado, observándola.

Fue cuestión de segundos que una fuerza lo golpeara lejos.

Seth terminó estampado en la pared frente a la cama. La intensidad del golpe quebró el cemento y le hirió feamente la espalda. Por suerte, se curó rápido. Se levantó y sacudió sus ropas, su sonrisa nunca se borró y supo que ninguno de esos dos dejaba las cosas a medias.

Frente a él, saliendo del cuerpo de Sakura, una sustancia de color rojizo tomaba forma parecida a la de un zorro. Los ojos de la bestia lo enfocaban, como evaluando la amenaza, pero al percibir poco peligro volvió a fundirse. Seth estaba asombrado. ¡Vaya defensa era ésa! Actuaba cuando Sakura estaba inconsciente, como un sello especial.

—Así que eso es el chakra —supuso tan pronto vio la evidencia, sonriendo al ver uno de sus usos prácticos—. Y pensar que todos creen que no es la gran cosa. Los del Concilio deberían dejar de subestimar a los shinobis.

Volvió a aproximarse sin temor a otro golpe. Saciada su curiosidad, Seth era similar a un cachorrito. Y se contentó con sentarse a su lado.

—Para ser una banda de ancianos inteligentes y con experiencia, están dejando mucho que desear —habló al aire, consciente que ella no le escucharía—. Ellos no cuentan con algo que yo sí tengo.

Y sonrió macabramente.

—La confianza de tus amigos, mi bella prefecta-san.


La oscuridad nunca le había gustado. Acostumbrado en su infancia a ser siempre dejado de lado, sumido en las sombras, había hecho de él alguien que repudiaba lo oscuro. Podía asimilar las particularidades de las personas producto de las dualidades existentes. Luz y oscuridad. Cada persona tenía un poco de esas cualidades en su persona. Aun así, estar encerrado en una habitación a oscuras, vendado de los ojos y encadenado, hacía que su aversión a la oscuridad creciera enormemente. Privado de la vista, sus oídos captaba cualquier sonido sospechoso, pero sus captores no eran tan tontos y sólo podía oír el goteo continuo de la humedad que se escurría por las paredes. Infortunadamente, su nariz también se agudizó, así que el pestilente olor se colaba y lo mareaba.

Y de su boca amordazada no podían salir las cientos de maldiciones que deseaba gritar. En su lugar, quejidos y gruñidos eran los que producían un eco lejano en su celda. Tenía pocos recuerdos de lo que había sucedido tras su secuestro, y aunque trató de mantenerse atento, fue noqueado. De no estar encadenado con esos grilletes de adverso material, podría fácilmente escapar. Sin embargo, eso no entraba en su plan, así que se obligó a mantener la actuación hasta donde pudiera. Supresores de chakra o no, esos grilletes nada podrían hacer contra el chakra de Kurama, aunque sí intervenían en su conexión.

El chirrido de la puerta abriéndose le provocó quedarse quieto. Atento a los pasos que se aproximaban, mantuvo la estoicidad hasta donde pudiera.

—Si soy sincero, estoy decepcionado —una voz rugosa, pero elegante le hizo notar de quien se trataba. No le conocía personalmente, pero Sakura había sido muy descriptiva al momento de referirse a ese vampiro anciano; Barrabas Black estaba frente a él, altivo y con esa petulante mirada verdosa suya—. Creí que, al ser el líder, habrías dado más pelea. Te hubiera atrapado sin importar qué, pero es delusorio tan poca resistencia de tu parte.

Naruto Uzumaki no contestó. Aguardó que Barrabas empezara hablar y soltara la verdad, como sabía que sucedía si el escenario lo permitía.

Barrabas elevó una ceja, intrigado por su falta de respuesta. De acuerdo con su nieta, el shinobi era de lo más escandaloso. Pensó que no debía subestimarlo. Podía ser que fuera de esos tipos doble cara. Tenía que irse con cuidado.

—De seguro te preguntas que haces aquí, cuando nuestros objetivos son otros —dijo con tono casual, paseándose por la celda—. Verás, soy paciente. Sé que, incluso con obstáculos, obtendré lo que deseo. Es cuestión de esperar, y siendo vampiro, el tiempo es irrelevante —se detuvo—. En cuanto supe que existía otro mundo me interesé de inmediato en averiguar si había precedentes. Mi curiosidad aumentó al conocer a esas niñas, tan… atractivas —Barrabas le miró de reojo, esperando su reacción. Naruto no se movió ni dijo nada—. Su sangre… su sangre nos atrae como moscas a la miel, hasta los purasangres se doblegan ante la sed. Ellas, no, todos ustedes, son especiales.

»¿Y qué tiene que ver esto con todo? Pues, eso precisamente, todo. No me ando a medias en cada asunto de mi interés, así que me puse a investigar a fondo. Por fortuna, los Black tenemos una de las bibliotecas más completas, de las pocas que contienen textos de más de cinco mil años de antigüedad. No fue fácil dar con la información, como sabes, la historia es extensa y buscar algo particular entre tantas fechas puede ser casi imposible…

Naruto estaba pendiente de cualquier movimiento de Barrabas. En su interior, oyó a Kurama decirle que se mantuviera callado. Las cadenas interrumpían el flujo de sus chakras, y Kurama no estaba tan seguro de reaccionar a tiempo para proteger a su contenedor si lo necesitaba.

—… pero al fin encontré lo que buscaba —siguió Barrabas ajeno al drama interno de su interlocutor—. Tu apellido me llamó la atención, me parecía que lo había escuchado de antes. Mi presentimiento fue acertado —Naruto pudo escuchar movimiento de ropas, seguramente Barrabas sacó un objeto—. Creo que encontrarás sorprendente saber que no eres el primer Uzumaki que ha viajado a este mundo.

Eso consiguió toda la atención a Naruto. En cuanto se convirtió en Hokage, una de sus primeras metas había sido encontrar a los miembros desperdigados del clan Uzumaki. Su búsqueda no rindió frutos. Salvo él y Karin, no había resquicio alguno de las personas pelirrojas expertas en ninjutsu de sellado. Naruto no se había rendido, por supuesto, pero la esperanza de reunir a su clan de vuelta en Konoha era cada vez mínima. Por eso, escuchar de repente que un Uzumaki había existido en este mundo… era algo que lo atrajo considerablemente.

Con la boca amordazada, Naruto emitió ruidos atropellados. Gruñó ante el impedimento. Nunca había estado en tal estado.

—Oh, cierto, la mordaza —dijo Barrabas como si hubiera cometido una grave falta a los modales—. Seguro tienes mucho que preguntar acerca de esto. Así que te la quitaré, de todos modos, si gritas nadie podrá encontrarte.

Para Naruto eso era obvio. ¿Qué imbécil ocultaría a alguien en un lugar donde fuera fácil encontrarle? Si sus ojos no estuvieran vendados, podría haber rodado los ojos con hartazgo. Sintió al anciano acercarse, y como las manos arrugadas pero extremadamente suaves, quitaban el pedazo de tela que cubría su boca. Libre al fin, Naruto movió sus labios en diversas muecas. Odiaba quedarse callado.

—Te daría las gracias por quitarme esa porquería, pero dada la situación, sería muy idiota —fue lo primero que salió de su boca, su sonrisa zorruna apareciendo—. Y pienso que soltar información a quien tienes secuestrado así como así también lo es. Una regla básica es mantener el flujo de datos en el anonimato, ¿qué es lo que ganas al decirme sobre esa historia pasada?

—Me sorprendes —admitió Black con media sonrisa—. Creí que de todos, tú eras el más imbécil.

Naruto bufó con gracia. Ya demasiado acostumbrado a dar esa impresión, como para que su yo maduro pudiera enfurecerse por eso.

—Si me pagaran por cada vez que sorprendo a la gente, tendría una fortuna —comentó con orgullo—. Pero volvamos a mi pregunta, ¿qué es lo que ganas? Por lo que está pasando ahora, deduzco que no beberás mi sangre por el momento y que estás tan seguro de tus planes que contarme todo no modificará nada.

Barrabas no dijo nada. Por dentro, ya comprendía cómo es que el rubio escandaloso se había vuelto líder de personas con habilidades tan especiales. No era un imbécil e ignorante, como había pensado con la descripción de Reina. Naruto había sacado tantas conjeturas estando así, amarrado y a merced de él, que era asombroso. Quizás —y sólo de ese modo—, Barrabas se hubiera inclinado por una charla profunda en temas de relevancia intelectual, por compartir ideas y nutrirse de aquella mente que, de seguro, estaba llena de vivencias más ricas que cualquier aparatoso libro de su biblioteca. Era una lástima que eso no fuera a suceder nunca.

—Si ya comprendiste lo que está pasando, no me iré con rodeos —pronunció Barrabas volviendo a caminar por la celda, flexionando un brazos hacia su espalda y el otro sosteniendo un libro—. Este libro es la transcripción de un manuscrito hecho hace diez mil años, justo cien años después del catastrófico cambio climático. Al principio, lo tomé sólo como un registro de las familias que sobrevivieron, pero al indagar encontré algo peculiar. Verás, de esas pocas que quedaron, se distinguía una en particular, una que luchó contra nuestra especie desde que apareció el primer vampiro purasangre, incluso antes que se formaran los cazadores. Los Kiryû eran esa familia. Por ser una amenaza al poder de los purasangres, sus miembros fueron asesinados, hasta que sólo quedó uno solo. Un niño de seis años, que bebió la sangre de la Ancestro y se convirtió en el cazador más joven. Él fue quien comenzó con el linaje cazador de los Kiryû.

—Me parece jodidamente divino que me cuentes la historia del clan de Kiryû —dijo con sarcasmo—. Pensé que escucharía sobre un Uzumaki, ya que es lo único que me importa saber.

Un latigazo surcó su mejilla. Naruto ahogó un quejido. Había dolido. No tanto como los golpes que recibió durante la guerra, pero sí fue intenso. Tenía la certeza que no había sido físico, pues en ningún momento escuchó a Barrabas moverse. Tal vez era psicosomático. Un malestar que podía presentarse físicamente, pero que sus orígenes estaban enraizados en la psique. Eso explicaría la ola de latigazos que le siguieron. Cada uno en un lugar diferente, como si supiera que parte de su cuerpo no había sido castigada. Naruto aguantó sin decir nada. Las heridas se curarían, e incluso si las cadenas no permitían que Kurama hiciera su magia, su resistencia era igual de asombrosa que él.

—Retiro lo dicho. Eres un completo imbécil —se burló Barrabas Black disfrutando silenciosamente de su papel de verdugo—. Me encargaré en este tiempo de corregir ese defecto.

—Lo que deberías corregir sería tu inconmensurable ego, vampiro —replicó sin perder el humor. Los latigazos ardían como brasas al rojo vivo, y aunque no sangraban, sentía humedad recorriendo su piel—. No me imagino como algo tan grande cabe en algo tan arrugado e idiota como tú.

Lo había esperado. Se había preparado para eso. Otra ola de dolor se sintió. Aguantó. Apretó la mandíbula. No le iba a dar el gusto de verle quejarse. Cada marca anterior, era remarcada. El dolor se intensificó. Kurama gruñó y aseguró una tortura peor que la que sufría su contenedor para el viejo Barrabas; porque podía haber dejado el odio y rencor atrás, pero no permitiría que nadie lastimara a su apreciado muchacho.

—Podría pasarme todo el tiempo haciendo esto —confesó el vampiro con deleite—, pero el tiempo es oro y sólo dispongo del necesario para hablar contigo. Tengo que atender otros asuntos en el concilio.

Naruto respiró hondo. Dolorido, fingió una sumisión parcial. La suficiente para dar cuenta que el castigo había funcionado. Si su actuación fue efectiva o no, no lo sabría. Barrabas retomó el tema como si nada hubiera pasado.

—Los Kiryû peleaban contra los vampiros antes de que se formara la asociación. Y hubo un porqué, que lo explicaba. Tras el cambio climático, sólo sobrevivieron dos primos de esta familia, que tuvieron a una hija llamada Angelina Kiryû. Ella inició una pequeña resistencia. La primera Kiryû en revelarse. En sí, no tenía mucha habilidad pese su aguerrido carácter, pero eso cambió cuando conoció a Shanks Uzumaki.

Detrás de la venda, los ojos de Naruto se abrieron de golpe. Agradeció que eso fuera ocultado. Barrabas siguió:

—Shanks Uzumaki llegó un día de improviso, parecía "que nunca había vivido en un mundo donde existieran los vampiros" —citó leyendo un apartado—. Él usaba técnicas nunca antes vistas y le enseñó a Angelina a pelear. Por esta razón, los Kiryû se volvieron blanco de los purasangres. Eran los únicos a su nivel. Había algo raro en las técnicas de Shanks; eran poderosas sí, pero estaban diluidas, como si fuera algo básico de una técnica más asombrosa… —se detuvo un momento, como si estuviera pensando en miles de teorías—… Hay tan poco referente a Shanks, sólo algo que supone que él venía de otro mundo que a la vez no era el suyo, ¡como si su ancestro también hubiera sido transportado!

Naruto, ostentado el apellido Uzumaki, se encontraba pasmado. Pensó en los múltiples nombres que había visto en los registros que se guardaban en los archiveros en Konoha (después, claro, de haberlos solicitado a cada aldea aliada como un favor personal). En cada Uzumaki del que se tenía constancia. De cada pelirrojo muerto. Y sólo un nombre vino a su mente al escuchar desaparecido sin causa alguna. Kai Uzumaki, hermano menor de su madre, Kushina.

¿Era probable que su tío no haya desaparecido, sino viajado a otro mundo? ¿Y que uno de sus descendientes fuera traído a éste? Ni en sus más remotas fantasías podría concebir semejante paradoja.

—Pero ésta es la verdad —dijo Barrabas cerrando el libro de golpe, causando un ruido molesto que lo hizo volver a la realidad—. La sangre shinobi ha estado presente en este mundo desde hace tiempo, diluida y no tan fuerte como en sus orígenes, ¡pero está ahí! ¡Y yo lo descubrí!

—Estrellita de oro para el anciano inteligente —espetó Naruto, con acidez—. ¿Y eso qué? ¿Crees que eso cambia algo? Incluso si los Kiryû descienden de los Uzumaki, no es algo relevante.

La risa seca y baja de Barrabas lo alertó.

—¿Quién dijo que no servía? —inquirió mordaz—. La historia nos hace sabios, nos abre oportunidades que nadie más tendría. Los Kiryû recibieron un don, y lo supieron aprovechar. El hacha que esa niña pelirosa sostiene perteneció a una Kiryû. En su primer día con la "Guadaña de las Mil Muertes", esa Kiryû hizo gala al nombre. El potencial de los shinobis es enorme, incalculable. Si en combinación con humanos normales resultó una proeza de habilidades, combinándolo con sangre de vampiro…

Y eso bastó para que Naruto comprendiera al fin lo que Barrabas planeaba. Se agitó tratando de alcanzar a Barrabas Black, de borrarle la sonrisa estúpida que no veía, pero que estaba ahí; de golpearle hasta molerle los huesos; de acabar con su vida. Kurama estuvo de acuerdo y quiso darle parte de su chakra para asegurar una masacre.

El más horrible e infame dolor estigmatizó el cuerpo de Naruto.

Fue tan potente que no guardó más el grito desgarrador. Naruto se arqueó sin poder defenderse. Era como alguien hubiera vaciado plomo ardiente en sus entrañas. Kurama protestó de molestia, sintiendo la misma sensación.

—La única desventaja de que otros shinobis hayan venido a este mundo —pronunció Barrabas sin fingir su gozo—, es que crean y dejan herramientas que pueden ser usadas contra cualquiera. Los Kiryû inventaron cada hechizo de sellado, de tortura y de borrado de memoria, porque tomaron como base las técnicas ninja. Esas cadenas que te puse interfieren el flujo de chakra, según leí. Sirven para sellar a un purasangre, pero este uso también es aceptable. El afectado no puede usar ninguna habilidad porque eso le causara un dolor proporcional a la energía que use.

Naruto respiraba agitadamente, entendiendo que si usaba el chakra de Kurama era como si buscara la tortura por sí mismo. Se trató de calmar, diciéndose que había sufrido heridas peores en circunstancias más peliagudas, pero que el chakra del zorro volviera a lastimarlo era doloroso en sí, y muy humillante. Barrabas estaba aplastando su orgullo, y el de Kurama también, sin saberlo.

—Veo que comprendes porqué te traje aquí —dijo el viejo vampiro—. Necesito deshacerme de ustedes, si quiero hacerme con esas niñas. Hay varias pruebas que debo hacer con ellas, elegir a la más adecuada para fortalecer la sangre Black. Descuida, prometo ser gentil con cualquiera de ellas.

Y salió dejándole solo. Naruto gritó con fuerza y agitó sus brazos haciendo ruido con los grilletes. Maldijo a Barrabas y juró que si tocaba a Sakura o a Ino, lo mataría.

«Tranquilízate. Si ha corrompido nuestra conexión, no podrás controlarme en ese estado», previno Kurama. Naruto sintió la rabia del Bijû como si fuera la propia. «Confía en tus amigos. Saldremos de ésta».

—Lo sé —musitó, con la quijada tan apretada que mascullaba—. Lo comprendo.

Barrabas pudo causarle daño considerable, pero Naruto no debía flaquear. Tenían un plan para atrapar a toda la bola de estúpidos que buscaban hacerse con ellos y no podía echar a perder la primera fase. Contó hasta mil, tratando de no pensar en los ojos verdes que adoraba para lograrlo. Si alguno de esos cabrones se atrevía a tocar a su Sakura-chan, podían irle diciendo adiós a la diplomacia. Machacaría a cada uno personalmente, dejándoles en claro que no debían tener negras intenciones con ella.

Afuera de la celda, Barrabas recorría el largo pasillo de alfombra roja y paredes de ladrillos color vino. Estaba satisfecho con la plática. El resultado fue el esperado. Ahora que la primera fase estaba completa, podría avanzar más hacia sus metas. Era el turno de Luze de moverse, de acuerdo con lo planeado. Mientras él se haría cargo de otros asuntos.

—Sé que estás ahí, Reina.

Tan pronto como la anunció, una figura encapuchada se dejó ver. Al retirarse el capuz, Reina Black se mostró inexpresiva. Su belleza se acentuaba por su indiferencia.

—Has hecho un buen trabajo —alabó Barrabas retomando el camino, sabiendo que ella lo seguiría con la cabeza lo suficientemente en alto para no denigrar su linaje, pero no tanto como para sobrepasar su lugar en la familia.

—Gracias, venerable abuelo —dijo con sumo respeto y sumisión.

—Tengo otro trabajo para ti, que espero concluyas con el éxito de éste.

Reina asintió, completamente entregada a su labor. Barrabas sonrió con suficiencia. Su nieta era perfecta. Rubia y ojos verdes. Educada y astuta. Obediente y cumplida. Toda una Black.

—Hay cuatro obstáculos que debes eliminar —dijo serio—. Dos serán fáciles, por lo cual serán para después que acabes con los primeros.

—Dígame los nombres y delos por muertos, venerable abuelo —aseveró con suavidad.

—Se trata de Victoria Aido y Tracey Touya —pronunció lentamente—. En cuanto a los segundos objetivos, te los diré una vez cumplas con lo encomendado.

—Así será —reverenció y sin agregar más desapareció de la escena.

Barrabas sólo pudo pensar que, de ser más como su hermano mayor, Reina podría coronarse como la ganadora de esa enorme partida de ajedrez.


Cuando Ichika Senichi y Kaze Takushi volvieron a la Academia Cross, supieron que haber estado afuera fue una cuestión de suerte. Encontrar las ruinas del campus les trajo un mal sabor de boca. Enterarse que estaría clausurada hasta nuevas indicaciones fue la cereza de un amargo pastel. Tanto Kaze como Takushi se les fue la alegría por haber acabado sus exámenes de cazadoras, y ahora el pesar y la venganza se guardaban en sus corazones. Kaze no perdió oportunidad en declamar contra los vampiros. Por su parte, Ichika era más centrada, más enfocada en encontrar causas que a culpables.

—Maldición —dijo por duodécima vez Kaze, golpeando con su pie el suelo—. ¡La pagarán caro esas malditas sanguijuelas!

—Concuerdo contigo, Kaze —comentó Senichi acomodándose los lentes—, pero debes calmarte. A nadie le sirve la euforia espontánea. Lo esencial aquí es asegurarnos de obtener todo el panorama para después actuar a consecuencia. Aunque ya seamos parte oficial de la Asociación, siempre seguiremos a prueba.

Kaze asintió tensa. Eso también le ponía de malas. Ser cazadora era más difícil que ser cazador. Aguantando su coraje, se encaminó con Senichi entre los escombros. El equipo de limpieza no logró mucho durante la noche, y para el mediodía, que es cuando ellas llegaron, apenas quitaron los remanentes más grandes. Tan intensa fue la batalla, que hasta un segundo grupo fue necesario traer. Senichi buscaba a Kaien Cross, pero supo que no estaba presente. Con la caída de Yagari Touga, Kaien tuvo que hacerse con el control de la Asociación; simultáneamente, Kaze buscaba a Kaito Takamiya y a Zero Kiryû.

A quien encontraron, en cambio, no fue a ninguno de ellos. Ino Yamanaka se encontraba de pié en la orilla de una fuente. Cuando la vieron, la kunoichi formaba un sello y lucía muy concentrada. Kaze y Takushi se abstuvieron de hablarle en primer lugar, algo les decía que interrumpirla no sería lo adecuado. Mientras tanto, Ino estaba usando su chakra al máximo rastreando la zona circundante, dando como resultado la ausencia de Uzumaki; era obvio, no iban a dejarlo cerca.

Yamanaka rompió el sello y aspiró profundo. El poco chakra de la zona no le ayudaba demasiado y estaba fatigada. Le gustaría descansar un rato, pero no podría. En cuanto Sasuke regresara de colocar los sellos por toda la zona, tendría que ir con él a conseguir más información. Suspirando por la faena que le esperaba, tomó una píldora de soldado de su bolsita. Con el tratado roto, ya tenía permiso de cargar con su armamento shinobi y había cambiado el uniforme por su vestimenta normal. Pensó, sin poder evitarlo, que ninguna ropa en ese mundo podía ser tan cómoda como su traje de combate.

No se percataba que su atuendo intimidaba un poco a las dos jóvenes. Es que era innatural que alguien se viera tan bella y atemorizante al mismo tiempo. Ino llevaba una gabardina morada sobre un conjunto de falta y blusa negras, con mallas que cubrían sus largas piernas y botas a media pantorrilla. Su cabello, largo y rubio, suelto hasta llegar a su espalda baja, su fleco cubriéndole el rostro. Ino era muy hermosa. Kaze quiso parecerse a ella.

—¿Tienen algo que decirme?

Naturalmente, Ino se había dado cuenta de su presencia. Kaze se crispó y no supo contestar. Ichika, siendo tan adaptable e intelectual, fue la que salvó la incomodidad. Avanzó hasta colocarse cerca de Ino, sin subirse a la orilla

—¿Dónde está Haruno?

—No lo sé —contestó con honestidad—. Eso sólo lo sabe Sasuke y no creo que te lo diga.

Ichika asintió, comprendiendo.

—¿Viniste a preguntarme eso o algo más, Senichi? —cuestionó Ino mirándola con atención—. Aprovecha esta oportunidad. Las cosas se han puestas tan densas que no creo darte otra.

—Lo sé —dijo Ichika estando al tanto de la situación en general. Los detalles era lo que ignoraba, y ella siempre los buscaba. Se acomodó las gafas y le sostuvo la penetrante mirada a Ino—. Lo que me gustaría saber es si este atentado fue planeado, no por el enemigo, sino por ustedes.

—Ésa es una acusación muy grave —evaluó Ino sonriente—. Podría suponer que nos culpas por lo que sucedió.

—Lo hago —aclaro sin pena. Ino se rió—. No le veo la gracia. Desde que ustedes llegaron, la situación apunta para conflictos más graves. Antes, con Haruno nada más, no habrían estos problemas, incluso calculé que podríamos manejarlos.

—Oh, querida, creí que eras más lista —Ino negó fingidamente abatida. Kaze frunció el ceño, enojada porque alguien considerara nada inteligente a su amiga—. ¿Manejarlos? ¿Alguna vez, que tú sepas, han podido manejar algo? ¡Hasta Kuran con su fachada de soberano supremo no puede controlar todo! No seas ingenua y déjate de utopías. Este mundo se iba a ir al traste hubiéramos estado aquí o no.

—¡No te burles, Yamanaka! —estalló Kaze Takushi apretando los puños—. Tu mundo no ha de ser de puras luces y flores.

—Recomiendo que te calmes. Con el tratado violado, no tengo impedimento alguno en responder cualquier agresión que surja —mencionó contundente, conjeturando sobre las peores circunstancias—. Nunca dije que mi mundo fuera una utopía, sólo que el de ustedes, y entiéndase todo aquel que desee atraparnos, es nuestro enemigo. No podemos quedarnos sin actuar esperando que dejen su lucha por el poder —dejó de observarlas—. Ustedes dicen estar en guerra constante, ¡y vaya estupidez me parece! Si estuvieran en una guerra, no habría necesidad que hubieran aprendices haciendo un examen. Ya estarían en el campo de batalla, supieran o no sostener un arma.

Ino pensó en su propia experiencia. En los niños que apenas se habían convertido en chunnin y entrado a la guerra. No podría olvidar, pese a su entrenamiento, sus cadáveres y sus gritos.

—Queremos prevenir una guerra —dijo convincente—. Pero eso no se puede hacer sin sacrificios. Es algo que aprendimos duramente. Sin embargo, no significa que mataremos y destruiremos sólo porque sí —sus ojos azules se llenaron de una mezcolanza de nostalgia y tristeza—, sabemos lo que haremos.

Y antes de que pudieran replicarle, desapareció en una nube de humo denso. Kaze e Ichika se quedaron quietas, sin saber que hacer por un instante. Fue Ichika, recuperándose al instante como siempre, la que se movió. Seguía con dudas acerca de los shinobis y lo que planeaban, y no se rendiría hasta obtener respuestas. Sin esperar a Takushi, caminó buscando a alguien que pudiera responder a sus cuestiones.

Al quedarse sola, Takushi pensó profundamente qué era lo que había percibido en la mirada de Ino Yamanaka. La rubia no le parecía la clase de gente que sacrificara a cualquiera. Entonces, ¿qué significaba aquello?

—Será acaso… —no pudo terminar la frase, temerosa, abriendo los ojos de golpe al intuir la verdad—. ¡No es posible!

Lejos de ella, Ichika Senichi pensaba lo mismo. Se dirigía a la oficina central donde seguramente se toparía con Kaien Cross. Quien estaba ahí fue Shikamaru Nara, haciéndole notar que los shinobis habían esperado que el tratado se rompiera para hacerse de un lugar más libre. Al verla entrar, Nara no se sorprendió. Sólo dijo un escueto saludo y se dedicó a terminar de leer el informe que Kaien le había conseguido en pocas horas.

Shikamaru estaba atónito. En este primer texto, no había mucho sobre los shinobis… si leías de pasada. Entre líneas, Shikamaru pudo saber más. Cada técnica de sellado, de vaciado de memoria… todo eso tenía bases shinobis. No había necesidad de sellos, sino simple discurso o algún aparato. Nara esperaba que Kaito se apresurara con los textos que guardaba su clan, pues de ese modo la hipótesis que tenía a priori tendría más validez cuando los leyera.

—¿Qué es lo que planean? —cuestión Ichika sin tapujos.

Shikamaru ni le miró.

—Nada que te incumba —respondió con pasividad, pasando la hoja del informe. Ahora hablaba sobre la chica de la "Guadaña de las Mil Muertes", una Kiryû y una foto de ella estaba anexada; ¿Era su imaginación o esa chica se parecía mucho a Karin? Sólo que su cabello y ojos eran de las tonalidades de los de Zero—. ¿Algo más que desees sab-…?

Ichika golpeó el escritorio con sus manos. Shikamaru no se sobresaltó, sólo la observó esperando su reacción.

—Déjate de rodeos, Nara, que su disposición a ayudar nadie se las cree —espetó con desagrado—. Te lo dije, que estaría al pendiente de sus movimientos si estos eran sospechosos. ¿Qué es lo que planean tratando de iniciar una guerra de bandos?

Pero si ella esperaba que le contestaran, él no le daría la satisfacción. Ichika podía ser insistente y no tragarse todo, pero Shikamaru era el consejero principal del Hokage y nadie iba a venir a pedirle explicaciones cuando no eran necesarias y cuando la persona que se las pedía en sí, no dejaba de sospechar de un complot.

«Otra que piensa que queremos empoderarnos de este mundo», hasta podría rolar los ojos de puro fastidio. Vaya gente problemática.

—Es mejor que te retires —dijo de lo más calmado—. Kaien Cross me ha dado autoridad para ordenar a sus cazadores novatos. No es algo que quiera utilizar, pero si no hay otra forma de que te vayas y dejes que lea en paz, la utilizaré.

Ichika frunció el ceño, analizando cada palabra. Un clic se hizo en su cabeza, ante la orden implícita que Shikamaru le había dado. Sonrió levemente. Tal vez Shikamaru no era tan pedante como creía.

—Más te vale recibirme de nuevo cuando vuelva, Nara —dijo la chica muy convencida—. O utilizaré mis contactos para quitarte la autoridad que ahora posees.

—Hazlo si quieres —volvió a centrarse en el informe—. Podrías pedirle ayuda a tu amiga.

—Así será —pronunció finalmente saliendo de la oficina. Porque estaba dispuesta a llegar al fondo de la situación, ¿y qué mejor manera que investigar por su cuenta y luego llevarle la información a Shikamaru?


Pasaron siete horas para que Sakura despertara. Parpadeando pausadamente le tomó unos instantes en recordar lo que había sucedido. La pelea, la desesperación, el dolor, el desvanecimiento y los brazos de Sasuke protegiéndola. Luego, había soñado horriblemente. Una pesadilla donde Naruto moría y ella no podía salvarlo. Tan intensa fue que tenía unas inmensas ganas de llorar. No quería perderlo. Él era muy importante para ella, él era…

—Debes amarlo mucho, si logra que tus ojos reflejen así tus sentimientos.

La voz tranquila y jocosa de Seth Shirabuki le hizo voltear la cara rápidamente. El rubio vampiro estaba en una silla a su lado y le sonreía amablemente.

—¿Seth-san?

—Le has metido un susto de muerte a tus amigos y a mí, prefecta-san —dijo con una mirada reprobatoria—. Esforzarte así, al punto de desmayarte no es bueno para tu salud.

—¿C-Cómo? —quiso levantarse, pero el veloz movimiento la mareó. Seth la instó para volver a recostarse y ella no replicó nada.

—Creo que sé qué preguntas me harás —dijo arropándola—. Primero, estás en la mansión Shirabuki, a varios kilómetros de la academia. Sasuke-san te trajo y me pidió que te cuidara en lo que despertabas. Y no, no te he mordido. Eso sería de muy mala educación.

—No iba a preguntarte eso, Seth-san —comentó Sakura con un mohín—. Más bien me interesaba saber cómo está la situación.

—Realmente sé nada —admitió—. No he salido de la mansión y Luke está con sus padres, así que no puedo contestarlo.

—Ya veo —sonó decepcionada, pero se esforzó por sonreír. Quería saber si Naruto estaba bien—. Gracias, Seth-san.

—No hagas eso, prefecta-san.

Ella le miró confundida. Seth tenía una expresión seria, pero a la vez tranquila.

—Ahora uno de tus amigos está en peligro y sufriste una baja física. No tienes que sonreír si no tienes ganas de hacerlo.

—Victimizarme ya no está en algo que yo haga —refutó con suavidad.

—No dije eso, preciosa —avanzó hasta rozar con sus yemas debajo de los parpados inferiores—. Ser fuerte tiene que ver con saber cuándo soltar lo que llevas dentro. Si quieres reír, ríe. Si quieres gritar, grita. Si quieres llorar, llora. Así de fácil —acarició la piel, admirando su calidez—. No te sientas obligada a sonreírle a nadie, prefecta-san, es bueno sonreír para ti misma.

Ella retuvo la respiración, como si se estuviera preparando. Seth no dijo nada cuando sus ojos se inundaron de lágrimas. No le replicó cuando gritó con fuerza. No se quejó cuando Sakura, presa de la desesperación, se aferró a él con todas sus fuerzas. Seth se mantuvo callado y se dejó hacer aunque la sed lo estuviera matando. Sakura lo necesitaba. Porque uno de sus amigos fue capturado y ella no pudo hacer nada.

Al tenerla entre sus brazos, Seth pudo darse cuenta de varias cosas. Cosas que le lastimaron profundamente, porque incluían a la chica que amaba y al muchacho que se había ganado su confianza. Ahogó un suspiro. La vida era a veces muy injusta. ¿Cómo podría seguir con su plan de quedarse con ella, si Naruto la amaba? Sin mencionar los sentimientos de Sakura por el hiperactivo rubio.

La vida no era justa a veces, era una total mierda.

Transcurrió un rato para que Sakura se calmara. Lo supo cuando dejó de abrazarlo y sólo se oían sollozos. Aunque no quería, Seth tuvo que separarse y tomarla por los hombros.

—¿Te sientes mejor? —preguntó acomodándole un mechón rosado detrás de la oreja.

—Sí —respondió sorbiendo la nariz. Soltó una risa ahogada y limpió los remanentes de lágrimas de sus mejillas sonrojadas—. Debes pensar que soy patética.

—¿Por mostrar tus sentimientos cuando todo el mundo se enfrasca en la idea de una frivolidad enmascarada de valentía y resiliencia? —inquirió alzando elegantemente una ceja—. Para mí que exista una persona como tú, tan libre con sus emociones, es reconfortante. Si bien es cierto que no siempre puedes llorar, no significa que esté mal. Llorar es bueno, no de débiles.

—Gracias —esta vez, su sonrisa fue auténtica—. Como siga pasando esto, deberé muchos favores. ¡Han hecho un montón de cosas por mí!

—No más de lo que has hecho por nosotros —dijo consciente de la creación del ungüento y de la ayuda médica dada—. Aunque, si sigues con eso de los favores, hay una forma de retribuirme. Descuida, no te pediré nada que salga de tus posibilidades.

—¿Qué puedo hacer por ti?

«Quedarte conmigo», eso habría querido decirle. Se forzó a apartar la idea y se enfocó en otra cosa.

—No te he contado toda mi historia, ¿verdad? —Sakura negó con la cabeza—. Bien, pues es lo que te pido, que me escuches. Es lo único que quiero.

Ella estaba perpleja por tan rara petición. Sabiendo que no debía opinar al respecto, accedió finalmente.

—El año en que nací hubieron varios altercados. Mi madre Sara Shirabuki planeaba un golpe de estado contra Kaname Kuran —comenzó—. Ella asesinó a muchos purasangres para hacerse de poder, sabía que no podría derrotarlo de otra forma. Yo fui concebido en un momento… poco práctico. Verás, mi madre no sólo tomó uno de los corazones de los purasangres. En una ocasión, ella se enrolló con uno y salió embarazada. Eso no entraba en sus planes, y por lo que me cuenta, ella no sabía de su estado. En resumen, cuando la batalla final se dio, casi me matan con ella.

»Por suerte, no fue así. Antes de asestar el último golpe, Takuma Ichijou, que en ese momento estaba enamorado de mi madre, oyó el latir de mi corazón y detuvo a Kaname-sama de aniquilarnos a los dos. Pidió piedad y ¡tarán! por eso estoy aquí —se rió como si hubiese escuchado un chiste, ante la expresión ofuscada de Sakura—. El punto es que, siendo el hijo de una persona odiada, no crecí en el mejor medio. Mi primer intento de asesinato se dio cuando tenía un año. Creían que era una amenaza en potencia.

«Como Gaara», no pudo evitar pensar con pesadumbres. «Como a un Jinchûriki antes de la guerra».

—A Luke lo conocí por mera casualidad —siguió su relato—. Cuando en una fiesta porque no aguantaba las miradas de los presentes, me escabullí a uno de los jardines y ahí nos encontramos. Él fue el primero que no me vio por mi apellido, sino sólo como Seth. Cabe decir que terminamos peleados esa vez, ya que Luke se me hacía una persona que era fácil hacer enojar, y yo tenía tendencia en meterme en problemas y molestar a todos.

«Como Naruto y Sasuke», sonrió al recuerdo.

—Luego llegó Reina. Ella sí fue un caso. Creo que nunca nadie me había defendido como ella. Fue mi primera amiga, aunque era algo insoportable al principio, y no aportaba mucho al caso.

«Como yo», se identificó de inmediato, sabiendo que en el pasado no había hecho demasiado.

—Y entonces, llegó al presente —la miró con tanta intensidad que Sakura no pudo apartar la mirada—. Me presentaré como es debido. Mi nombre es Seth Shirabuki, líder del Clan Shirabuki. Presidente de la Clase Nocturna y amigo de Luke Kain y Reina Black. Me gustan los dulces y los lugares altos. Detesto los protocolos y las mentiras. Encuentro entretenidos a Sasuke Uchiha e Ino Yamanaka, y muy problemático a Shikamaru Nara. Confió plenamente en Naruto Uzumaki…

La tomó de las mejillas.

—… y estoy enamorado de ti, Sakura Haruno.

Y la besó.


Sasuke e Ino habían regresado de su búsqueda. Kaito los había acompañado, enseñándoles cada parte de la zona y cada hueco donde podrían encontrar a las personas correctas para obtener valiosos pedazos de información. Tras siete horas, volvieron con un conjunto de nombres entramados que le darían dolor de cabeza a cualquiera que intentara recordarlos, además de muchos detalles jugosos que serían la envidia de un chismoso. Kaito había sido fundamental para su avance. Y cuando entregaron su informe a Shikamaru, éste los envió a vigilar la academia de movimientos sospechosos. Por supuesto, Ino y Kaito se fueron juntos, todavía quedaban muchas cosas por decir y que mejor manera que aprovechar la guardia.

Como no quería ser inmiscuido en un atmosfera de idílico coqueteo, Sasuke se fue por otro lado. Pensó que podría ir a ver cómo se encontraba Sakura. Sabía que Seth no le haría daño. Naruto había sido claro en eso, que confiaba en el vampiro. Estaba reticente al principio, pero sin una mejor opción, le tocó ceder. No iba a dejar a Sakura al cuidado de Zero —menos al percibir la sed en él—, y mucho menos en Kaname —su ambición podía verse a leguas. Y él no podría hacerlo porque tenía que ayudar con el plan.

Tampoco es que Sakura necesitara que estuvieran al pendiente todo el rato. Tanto él como Naruto habían sido precavidos, y ambos habían inyectado de su chakra en ella. Si ella se desmayaba, el chakra de Kurama saldría y la protegería. Si alguien intentaba jugar con su mente, el Sharingan se activaría en un Amateratsu. Cuando Sakura estuvo a punto de morir, ellos tuvieron que tomar medidas drásticas para que no se fuera.

Habían sido egoístas.

—Deja de seguirme —espetó de pronto, cuando andaba por el pasillo que llevaba al anfiteatro. Echó un vistazo sobre su hombro—. Sal ya. No me hagas perder el tiempo.

La figura menuda de Kyoko Sasagawa apareció de la penumbra. Tenía unos cuantos vendajes y rasguños, pero por la pronta intervención de Naruto, no había muerto. Ino se había encargado de romper su trance, pero por alguna razón, se había dedicado a seguir a Sasuke.

—Esto…—dijo ella, titubeante, con esa voz chillona que Sasuke recordaba de las fangirls de sus tiempos—… quería darte las gracias.

¿Así que era eso? Qué pérdida de tiempo.

—No tienes que hacerlo —endosó perenne—. Fue Naruto quien te salvó e Ino rompió el hechizo. Agradéceles cuando los veas.

Y se giró sin importarle su mirada desencajada. Kyoko no se iba a dar por vencida.

—¡Espera! —corrió hasta tomarle del hombro—. ¡Lo que quería era…!

—Tú espera —zanjó Sasuke con tono frío—. No tengo nada que hablar contigo, y lo que sea que esperes de mí, no tengo la responsabilidad de dártelo.

El Sharingan se activó. Podía pensarse que usarlo era demasiado, pero para quitarse una molestia a largo plazo, era lo mejor.

—Déjame tranquilo. A todos nosotros —ordenó.

Indefensa ante el poder ocular, la mirada de Kyoko perdió fuerza. Asintió como autómata y se volteó para irse a otro lado.

—Qué interesante habilidad —pronunció Zero, recargado en los resquicios de una pared, con los brazos cruzados—. Los vampiros usan una habilidad semejante, pero sus ojos no poseen esas magatamas como los tuyos. Tampoco Haruno, Yamanaka o Nara lo tienen. Debo suponer, entonces, que es una destreza que te pertenece a ti solamente.

Sasuke no mostró emoción alguna. Si Zero había acertado o no, nunca lo sabría. No pensaba revelarle nada sobre las Kekei geikan, mucho menos cuando no sabía si en este mundo serían capaz de extraerle el Sharingan o el Rinnegan. No es que fuera a suceder, pero era una posibilidad.

—¿Qué buscas, Kiryû? —preguntó.

—Vengo de llevarle los pergaminos, libros y demás textos de los Kiryû a Nara —contestó—. Al parecer, hay mucha de la historia de mi familia que desconozco. Tal vez, yo esté relacionado con ustedes más de lo que pensé.

—Ésa no fue mi pregunta —replicó Sasuke impasible—. ¿Qué es lo que buscas?

Zero evaluó el contexto. Lo bueno de hablar con Sasuke era que evitaba las vueltas e iba al punto.

—Dime a donde llevaste a Haruno —tan simple como eso, era lo que deseaba saber.

—No te importa —Sasuke se puso frente a él—, mientras tu sed no se calme, no te diré nada.

Zero había esperado eso. Sin conocerlo bien, supuso que Sasuke no le daría acceso a Sakura así de fácil. Y para atacarlo, usó la información que Ino le había dado.

—Para alguien que trató de asesinarla, la procuras demasiado —comentó con tono casual. Sasuke no dijo nada—. ¿Acaso crees que no sé nada? No me subestimes, Uchiha. Puede que no tenga una conexión tan profunda con ella, pero Haruno me importa.

—¿Y eso qué?

—Que debe ser muy estúpida para perdonar a uno de los idiotas que la hirió de esa forma. He visto sus cicatrices y sé quién le hizo cada una. Uzumaki pudo quemarle la espalda, pero fue tu espada la que casi atraviesa su corazón. ¿Irónico, no? Tal vez si hubiera muerto, harías algo más que sólo enfrascarte en el papel de criminal redimido.

Sasuke se movió velozmente. En un parpadeo, estaban frente a frente. La Kusanagi apuntaba a la yugular de Zero y la Bloody Rose al pecho de Sasuke. Sus miradas se retaban, frías, determinadas, odiadas. Zero no quería mantenerse al margen; si ellos habían venido para hacer cambios en este mundo, él también podía zarandearlos moralmente a cambio. Sasuke estaba irritado, detestaba que pensaran en el como un mártir cuando no se ubicaba así; su vida no había sido fácil y había sido muy estúpido y manipulable, llegar a ser jounin le costó trabajo y si no fuera por la intervención de sus amigos, no tendría hogar al que regresar.

—Creí que tus ojos rojos eran tu habilidad oculta —pronunció Zero imperturbable—, pero me equivoqué. Nunca había visto características oculares como las tuyas.

Sasuke tenía activado el Rinnegan y el Sharingan a la vez. Usualmente, los mantenía ocultos: el Sharingan desactivado y el Rinnegan bajo un genjutsu (porque éste no podía desactivarse). Zero había logrado tocar fibras muy sensibles y Sasuke había perdido el control. Si una conversación incluía al Team 7, o a su pasado, Sasuke se alteraba.

—¿Qué es lo que buscas, Kiryû? —la pregunta salió con tono cortante, fastidiado. Sasuke quería acabar ya.

—Lo mismo que tú, que ella esté a salvo —respondió—. Mi sed no se calmara a menos que beba sangre.

Sasuke entrecerró los ojos. Bajó la Kusanagi hasta su muñeca. Zero no le dio tiempo de hacer una pequeña cortada. Usando toda su fuerza, el cazador-vampiro lo jaló del brazo con la mano derecha y con la izquierda lo asió de los negros cabellos para abrir una brecha a su cuello. Sus colmillos, delicados con Sakura, se clavaron sin piedad en la nívea piel. Sasuke peleó por instinto, queriéndose zafar. Sin embargo, pensó en Sakura —su amable sonrisa—, y en Naruto —el dobe y mejor amigo…

Dejó de pelear.

Zero bebió hasta satisfacerse. Y entonces, lo remató con otra frase más.

—Y esto, lo que sientes ahora mismo, es lo que se siente cuando te sacrificas por alguien —Sasuke le miró los labios pintados de carmín y los ojos vivos de rojo—. Recuerda esto, cada vez que creas que una disculpa o una acción benévola, sirven para redimir el dolor que has causado en el pasado.


Recién acabada su misión, Karin Uzumaki se dirigió hacia la torre del Hokage a entregar su reporte. Había sido una misión extremadamente fácil para la actual jounin, sólo que tuvo que localizar la guarida oculta de ladrones especializados. Nada difícil teniendo en cuenta que la mayor parte de su vida se la pasó en bases secretas de Orochimaru. Karin sabía que se le asignaban ese tipo de misiones por esa razón. No que le molestara. Su pasado no la avergonzaba, y había estado muy feliz sirviendo a la albina serpiente. En la actualidad, su lealtad podía dirigirse hacia Konoha, más bien, a Sasuke. Aparte de él, no tenía otro motivo para quedarse (quizás un poco por Naruto, que había resultado un primo suyo en cuarto grado o algo así). Había sido aceptada como otra de sus kunoichis y esto se había formalizado al obtener su título de jounin.

Karin no era la única que gozaba con su residencia adquirida. Suigetsu y Jugo también tenían un lugar ganado por haber ayudado durante la guerra (claro, fueron castigados por haber tratado de secuestrar a Killer Bee, pero el propio Raikage les indultó la condena si prometían no volverse acercar a su aldea). Suigetsu, junto con Sai, lideraban Raíz, buscando un nuevo camino para esa asociación. Jugo era parte del Escuadrón de Investigación, siendo la génesis del sello Maldito, se pensó necesario estudiar su estructura, y él mismo se propuso para hacerlo.

Probablemente no eran lo que tendrían si Orochimaru estuviera libre y no una celda sellada de chakra por el resto de su vida. Karin no se quejaba. Vivir en Konoha no era tan malo, y una vez pudo establecer relaciones con otros aldeanos y ninjas, la convivencia era amena.

Al entrar a la torre del Hokage, le esperaba Tsunade Senju, la siempre joven rubia. Sin embargo, Karin había visto su verdadera apariencia, y por mucho que viera a Tsunade como una mujer de treinta, la imagen de una vieja siempre resaltaría. Debido a esto, dio su reporte tan rápido que en menos de tres minutos estaba de vuelta en las calles dirigiéndose a su departamento, muy cerca del territorio Uchiha hasta que le llamaran de nuevo.

Ya en su habitación, Karin procedió a refrescarse. Desató su coleta dejando sus pelirrojos cabellos sueltos. Se tumbó en la cama y estiró sus largas piernas. Fácil o no, tener que pelear contra ladrones fue tedioso. Las técnicas de su clan le permitieron el éxito total. Su herencia Uzumaki no era tan conocida y eso ayudaba.

—Justo cuando necesito un buen masaje, Sasuke está en otro mundo —murmuró con tedio, restregando su cabeza en la almohada—. No importa lo que sea, el imbécil siempre queda mal.

Karin soltó un quejido largo, quedando su cara mirando hacia la izquierda. Ahí, sobre la mesita, varias fotografías estaban colocadas. Karin se quedó admirando cada una de ellas. La primera era de Minato Namikaze y Kushina Uzumaki, un regalo de Naruto; la segunda una de Taka, donde se veían ella, Sasuke, Suigetsu y Jugo; la tercera era una donde el mismo equipo estaba rodeado de los Nueve de Konoha y el Equipo de Gai, y la última era una fotografía del Team 7, reunido después de tantos problemas.

Ésa fue la que llamó su atención.

La reunión de esos tres no fue tan alegre y reconfortante como se esperaría. Naruto y Sasuke habían peleado a muerte, y paradójicamente, Sakura era quien casi había muerto. No hubo nada bonito. Ni cuando se recuperaron en el Hospital… Karin conocía muy bien a Sasuke, pero hasta ese momento pudo verlo en un silencio abismal, que poco tenía que ver con su seriedad habitual. Naruto también, su chakra había dejado de desprender esa calidez para sustituirla por incertidumbre. Karin no podía definirlo bien.

Y la apariencia de Sakura…

De vez en cuando, Karin tenía pesadillas con eso. Conocía bien esas cicatrices, pero las heridas recién hechas fueron mucho peores. La de la espalda era como si le hubiera arrancado la carne y echado plomo derretido, y la de su pecho… las costillas se le veían. Muchos pensaron que no sobreviviría, y ella se contaba entre ellos. Contra todos los pronósticos, Sakura Haruno vivió. El cómo siempre quedaría en incógnita.

—Trío de idiotas masoquistas —masculló alargando su brazo para tomar el retrato, su dedo paseándose por la cara de Uchiha—. Aunque yo no debería de excluirme, digo, me quedé con el tarado que me hirió.

Se quedó así, reflexionando sobre Sasuke y su relación con esos dos. El Equipo 7 era peculiar. Quien hubiera juntado a esos tres, ya fuese al azar o con intención, seguro no sabía lo que creaba. Karin tenía la certeza que de haber sido otros sus compañeros, la historia habría sido diferente. Para Karin, sería más torpe. No concebía la idea de que hubiera otro Team 7 sin esos tres; Naruto, Sasuke y Sakura, tan sencillo como sonaba, eran la unidad perfecta.

El timbre sonó. Dejando la fotografía en su lugar, Karin se levantó con pereza. Abrió la puerta recibiendo a Sai y Rock Lee.

—¿Qué quieren? —preguntó de mala gana. Sai ni se inmutó, mucho menos Lee que siempre tenía su sonrisa de la juventud tan típica de él.

—Nueva misión —dijo Sai antes de que Rock Lee empezara a explicarlo con demasiada intensidad

—¿Tan pronto? —elevó una pelirroja ceja.

Sai asintió.

—No es nada difícil, de hecho —comentó afable, aludiendo a lo que había leído sobre hacer de tediosas tareas algo más llevadero—. Debemos viajar a la frontera con el País del Viento. Al parecer, lograron localizar el lote de armamento que había sido robado y tenemos que traerlo de vuelta.

Karin frunció los labios. Ya sabía de qué iba la cosa y porqué la necesitaban. Seguro una de esas armas debía ser sellada para ser transportada. Magnifico. Al ver su reacción, Sai pensó que tal vez el libro se había equivocado. Karin no parecía más tranquila con la explicación.

—Descuida, Karin-san —profirió Lee elevando su pulgar y con una sonrisa deslumbrante—. Con la llama de la juventud de nuestro lado, esta misión será pan comido.

Eso era precisamente lo que Karin temía. Sai era un compañero de misión bastante rarito, pero confiable. Por otra parte, Lee era… era… era muy juvenil. Tan escandaloso como Gai Maito, Rock Lee parecía postularse para ocupar el lugar del nuevo Rey de la Juventud.

—Está bien, acabemos con esto de una buena vez —dijo más para sí misma que para ellos. Salió y cerró con llave, y comenzó a caminar. Sai y Lee le siguieron sin enfadarse por su carácter. Llevaban varios años conociéndola, así que podría decirse que estaban acostumbrados.

Recorrieron la calle principal que les llevaba a la salida de la aldea. En el camino, Sai y Lee fueron los que más hablaron, acompañados a veces de un comentario sarcástico o irónico de Karin. Menuda broma le estaba jugando Tsunade. Ponerla en un equipo con esos dos. Karin prefería trabajar con Neji Hyûga y con Shino Aburame, pues ninguno era problemático o idiota. Se llevaba muy bien con esos dos.

—Oye, Karin-san —tan ida estaba, que apenas se daba cuenta que Lee se estaba dirigiendo a ella—, ¿has sabido algo nuevo de Naruto-kun y los demás?

—Sé lo mismo que tú, o sea, nada —contestó—. Es imposible tener más detalles, Lee. No podemos saber qué es lo que sucede con ellos.

—Lo entiendo, pero, ya sabes —la miró significativamente—, creí que por ser novia de Sasuke-kun sabrías algo más. Estoy harto de que Tsunade-sama me grite que debo esperar a que vuelvan para saber.

—Tienes que hacerlo —zanjó ella, sin ganas de hablar de aquello. Habían pasado sólo unos días y los más allegados al caso empezaban a extrañar a los ninjas faltantes (ella incluida, aunque no lo admitiría abiertamente)—. Cuando se recuperen los del grupo que dieron su chakra, podrán volver. Todavía falta más de medio mes para eso.

—¡Es tan frustrante! —gimió el ninja verde agitando los brazos—. ¡Realmente me gustaría ver ese otro mundo! Seguramente hay muchas cosas nuevas y llenas de juventud por descubrir.

—Quizás —concedió Karin—, pero eso no es nuestro asunto. Además, podría no ser tan asombroso lo que haya allá. Puede que se topen con fuerzas más poderosas y terminen muertos.

—¡No digas eso, Karin-san! —apremió dramático—. ¡Hay que tener fe en que volverán sanos y salvos! Naruto-kun no rompe nunca una promesa, y si él mismo fue, quiere decir que volverán.

En otras circunstancias, la Uzumaki habría rebatido sólo por el afán de llevar la contraria. Ahora no quería hacerlo porque ella misma estaba preocupada. Nunca lo demostraría abiertamente, pero la baja probabilidad de que hubieran ido a mundo apacible y tranquilo, la llenaba de ansiedad. Karin quería que volvieran a salvo.

—Estarán bien —fueron las palabras que Sai le dijo, al verla tan callada—. Sakura no es débil, y con la ayuda que se envió, no hay duda que lo lograra.

—¡Eso es, Sai-kun! —vitoreó Lee enérgico—. ¡Eres tan oportuno como siempre!

Sai sonrió, no muy seguro de si Lee lo decía de corazón o es que percibía diferente sus comentarios. Como fuera, le agradeció y volvió a dirigir su atención a Karin. Las pupilas carmines habían dejado de sostener esa tensión que tenían desde que Sasuke Uchiha se fue.

—Lo amas —sentención de improviso, tomándola con la guardia baja—. A pesar de todo, lo haces.

—B-Bueno, somos pareja —se acomodó los lentes, tratando inútilmente de evadir el tema.

—Oh, esto no es algo que se ve todos los días —dijo Lee, maravillado—. Karin-san siempre es tan seria con los demás, que verla haciendo esta expresión es genial.

Karin se cruzó de brazos y bufó. Bonito día para que Sai se le ocurriera hablar sobre sus sentimientos hacia Sasuke enfrente de Lee.

—Que no te dé vergüenza —siguió Rock Lee con tono amable—. Amar a alguien no es motivo de pena. ¡Yo siempre he demostrado abiertamente mi adoración por Sakura-san! ¡Cada vez que la veo, que nos cruzamos en el camino o que vamos en misiones! ¡SIEMPRE LE DEMUESTRO CUÁNTO LA QUIERO!

Lee comenzó a saltar de un lado a otro, arguyendo un montón de incoherencias acerca del amor y la llama de la juventud, y soltando miles de corazoncitos color rosa y rojo. Karin y Sai se quedaron detrás de él, con la esperanza de que no los vieran tan cerca de ese desquiciado verde.

—Pero ya hablando en serio —retomó Sai en voz baja—, me siento sorprendido por cómo van las cosas. No quiero que malentiendas lo que voy a decirte, Karin. Desde que conocí a Sasuke, me pareció un tipo incomprensible, es decir, tenía amigos que le querían a pesar de que fue desterrado. Pensé que estaba loco por negar sus lazos con los demás.

—Tiene una particular forma de relacionarse con otras personas —dijo Karin con simpleza—, incluso ahora, no lo comprendo del todo.

—Es imposible que una personas comprenda por completo a otra —repuso él suavemente—, pero pienso lo mismo que tú. Para mí, los únicos que consiguieron superar la barrera que Sasuke colocó fueron Naruto y Sakura (también Kakashi-san, por supuesto), por lo que es fácil para ellos leerlo.

Karin lo escuchaba con atención. Había aprendido que Sai era muy analítico, a pesar de su poco tacto con temas delicados. Para ella, que no tuviera tanto conocimiento en esa materia, era ventajoso. Porque dejarte guiar por sentimientos, dejaba de lado las acciones. Sai era más un observador del actuar de sus colegas, por lo tanto podía sincerarse sin verse afectado por protocolos.

—Al principio no lo comprendía. Ingenuamente creí que él era incapaz de sentir algo, pero fue un error. Sasuke sí siente, a su manera —se detuvo, como evaluando las palabras que iba a usar—. Una manera tan retorcida y manipuladora, que quienes son objeto de su afecto terminan irremediablemente atados a él.

—Como una cadena… —musitó Karin contemplativa.

—Exacto. Los ama, pero también es feliz sabiendo que puede destruirlos, que ellos lo seguirán a donde sea para que regrese. Se escuda en su frivolidad para comportarse como quiera. Se vale de su pasado y de los sentimientos de los demás para recibir comprensión, para colocarse en un lugar que quiere y no quiere a la vez. Es paradójico, ¿no lo crees? Pretender ser bueno para escudar deseos egoístas. Así es como se me figura Sasuke. Y no lo culpo, porque ¿Quién no ha hecho lo mismo, sin darse cuenta, sin percatarse que de su egoísmo? Yo mismo estoy haciéndolo.

Karin Uzumaki se sumió en sus pensamientos. No le resultaba insultante el análisis de Sai. Tenía razón en ciertos puntos. Los deseos de las personas podían llevarlas a cometer varias cosas para satisfacerlos. Ella misma se contaba entre los que habían hecho lo impensable por cumplir sus anhelos.

—Ya veo porque todos van contigo en busca de consejos, Sai —le dijo la pelirroja sonriéndole.

Sai parpadeó, a la vez confundido.

—¿Me piden consejos? —inquirió con perplejidad. Llevó una mano a su mentón en una pose reflexiva—. Ahora entiendo porque me hablan tan seguido y me cuentan sus vidas.

—¿En serio es así? Porque si conoces la vida de todos, bien podría servirme para el chisme.

—Oh, no podría decirte nada. Prometí no hacerlo —sonrió Sai—. Más a Sasuke.

Karin lo había dicho en broma, pero al oír el nombre del Uchiha, la curiosidad se disparó en ella. ¿Qué cosas podría decirle Sasuke a Sai? Considerando que no llevaban una relación muy estrecha, probablemente Sasuke lo había hecho con la intención de tener una opinión parcial y más objetiva. O quizás era algo de lo que no debían enterarse nadie, ni siquiera Naruto y Sakura.

Nee~, Sai-kun —dijo con retintín, poniendo cara de niña buena—. ¿Qué te ha dicho Sasuke?

Sai supo en ese instante que, por primera vez en su vida, había cometido un tremendo error al hablar de más.


Victoria Aido era una mujer de temple fuerte. De modo que fue incapaz de inculcarle a su progenie aquella calidez que se espera de las madres, dejándole a su esposo esa tarea o a las sirvientas de su mansión. Eso no le remordía, incluso si actuaba distante, se aseguró que sus hijos tuvieran la mejor educación de todas. En especial el mayor, Hanabusa, quien pronto sería la cabeza del clan en cuanto ella terminara de manejar unos negocios pendientes y asegurara la fortuna de su familia durante más de mil generaciones.

Victoria era consciente de muchas cosas que sucedían a su alrededor. No poseía la inquietante imaginación de Hanabusa, pero su suspicacia siempre había sido su mejor arma para alertarla de peligros o de posibles fraudes. Esta misma virtud le hacía entender el humor de sus hijos sin necesidad de preguntarles. Por eso supo, en cuanto observó los ojos azules de Hanabusa Aido, que él había cometido algo grave. Y éste tenía que tener relación con Kaname Kuran, porque Hanabusa sólo daba esa impresión cuando era así. Por ende, significaba que algo había sucedido entre él y el Rey de los Vampiros.

Su lógica la llevó a vigilarle de reojo, a tentar terreno con preguntas indirectas. Que no se dijera que Victoria Aido no indagaba antes de hacer un juicio. Lo que obtuvo fueron evasivas, más sentimientos guardados en pupilas cerúleas y muchos más movimientos vacilantes. Victoria no era una madre que se preocupara abiertamente por sus hijos, pero sí de la reputación. Lo que ocurriera con Hanabusa podía afectar sus planes, y eso no lo permitiría. Así que lo enfrentó. Se plantó frente a él y le dijo lo que había estado observando sin tapujo alguno, sosteniendo su lugar como madre y jefa de familia para pedirle explicaciones.

Lo que obtuvo fue algo que la desconcertó.

—¡Déjame tranquilo, madre! —vociferó Hanabusa cuando el interrogatorio le había colmado la paciencia.

Nunca antes le habían hablado de esa manera. Hanabusa era el más complaciente de sus hijos, el más sensato —dejando de lado su hiperactividad—, el que más la respetaba. La curiosidad por saber que le ocurría se convirtió en imperiosidad por exigir una respuesta correcta. Hanabusa no podía hacerle esto.

—¿Cómo te atreves? —rugió Victoria en voz alta, pero sin pedir la elegancia en sus siempre jóvenes facciones—. ¡No puedes hablarme de esa manera, Hanabusa! ¡Soy la cabeza de este clan! Así que mientras estés debajo de mi cuidado, tendrás que respetarme.

Y vio, de nuevo, ese brillo alterado en Aido, esa desesperación. Cuando la mente de Victoria hico clic, Hanabusa le gritó de nuevo.

—¡Eso no me importa! —salió dando trompadas—. ¡Sólo quiero que me dejes en paz! ¿Es mucho pedir? ¡Eres insoportable! Ya veo porque papá te abandonó.

Si Hanabusa sintió culpa por haberlo dicho, Victoria no lo supo. Tan rápido como soltó esas hirientes palabras, desapareció por la puerta. Su fino oído le hizo saber que Hanabusa no iba a regresar para disculparse. Dolida y aguantando las ganas de gritar histéricamente, Victoria se sentó en el diván rojo de su estancia. Aturdida por lo que acababa de suceder, no reparó en la intromisión de Reina Black por una de las ventanas,

Victoria, de temple fuerte y actitud lejana, no pudo reaccionar cuando una espada cercenó su cuello, desprendiendo su cabeza.

Las cenizas mancharon la pulcra alfombra, y las ropas vacías quedaron en el diván.

Victoria Aido había dejado de ser la Jefa del Clan Aido y la madre de Hanabusa.


Hanabusa Aido era metódico. Para él, todo tenía una explicación. Y lo que no tuviera, podía encontrarse. Más que genio, era científico. Siempre en la búsqueda de la verdad por medio del método positivista, que requería un riguroso método para una comprobación valida y confiable. Nada podía no tener respuesta. Por eso, ahora se sentía demasiado confundido.

Aido comprendía perfectamente su naturaleza. Era un vampiro, ¿qué había más que pensar? No era como si los secretos de su especie fueran del dominio público, pero él los conocía por completo. Las cosas a medias le desagradaban, así que se esforzaba por alcanzar el conocimiento total. Cosas imposible si se considera que esto es igual de infinito que el universo, que es imposible saberlo todo, y que siempre habrá fallos y contradicciones en la lógica humana. Aido también lo sabía, pero terco como era, no le importaba.

Por eso, no encontraba explicación alguna para la aparición continua de la imagen de Ino Yamanaka en su mente. Le desconcertaba a tal punto pensarla tan intensamente, que creía que su sangre sí había tenido efectos secundarios en él, además de no poder leer sus recuerdos. En una pequeña parte de su mente, algo le decía que Kaname no le había castigado ahí mismo por esa razón, para hablar después con él y así develar el misterio. Pero Kuran había sido tan compasivo, al punto de extrañarle. Y eso lo había llevado a pensar en una sola posibilidad: que Kaname Kuran ya había bebido sangre de shinobi.

Eso hizo que su corazón se estrujara. Pensar que Kaname pudo tomarla de Ino…

Y de vuelta, Hanabusa se sentía confundido. ¿Desde cuándo le importaba tanto? Esa rubia fea, gritona y escandalosa. No era precisamente su tipo. Hanabusa nunca escogería una chica como ella, que siempre le llevara la contraria, ya que prefería el decoro y la modestia. Entonces, ¿por qué se sentía tan atraído a ella? La anhelaba desde el momento en que clavó sus colmillos en su cuello, en que sus brazos se aferraron a ella como si se le fuera la vida en ello.

Él… se había enamorado de Ino.

—Imposible —se dijo a sí mismo, pensando que era una completa estupidez esa conclusión.

No podía enamorarse así como así. ¡Debía haber razones! Estructuradas y complicadas razones que lo hayan orillado a… ni quería imaginarlo. Había sido un error beber la sangre de Ino, aunque había sabido a pura gloria. Su sed estaba satisfecha de momento, pero si se había enamorado de ella, ¿cuánto tiempo tenía para volver a ansiar su sangre?

Aido no lo sabía. Y eso le cabreaba.

—Maldita rubia fea —gimió bajito. Iba dentro de su limosina, dirigiéndose directo a la Academia Cross donde seguramente la encontraría.

Deseaba verla. Deseaba comprobar su teoría, más bien, rechazarla —o quizás no—. Se pasó las manos por el alborotado cabello, arrastrando las rubias hebras con frustración. Esto no estaría pasando si no hubiera aceptado la propuesta de Yamanaka. Era su culpa, y no de ella. Aun así, un resquicio infantil le decía que tampoco Ino era del todo inocente.

Llegó a la academia por otra parte. No se le antojaba tener que tratar con protocolos de seguridad ahora que estaba en ruinas, menos toparse con Kaien Cross y sus insoportables chillidos. Bajó de la limosina una vez encontró un lugar para estacionarse. Le ordenó al chófer que no lo esperar y sin más se adentró en la academia. Usó toda su agilidad para pasar desapercibido, sabiendo qué camino no tan transitado tomar. Habían pasado más de diez horas desde el ataque, pero el equipo de limpieza había hecho un trabajo espléndido al aislar los desechos.

Algo en su interior le indicó la ruta a seguir. El palpitar de su corazón asemejaba la velocidad del batir de alas de un colibrí. Pero Aido estaba lejos de sufrir una taquicardia.

Y cuando por fin dio con ella, Ino estaba llevando unos pesados libros a la oficina del director.

Ino y Sasuke habían regresado hace apenas cinco minutos, pero no tuvieron tiempo de descansar. Había mucho por hacer y Shikamaru estaba a punto de descubrir algo importante. Leer era indispensable considerando que la información sólo podría ser sustraída de esa forma. Ino prefería interrogar, pero Kaien y Kaname habían sido especialmente renuentes a permitirle acceder la privacidad mental de las personas ahí, casi como si ella fuera a violar sus mentes y sustraer más de lo necesario.

—Esto no me pasaría en Konoha —se lamentó sosteniendo la pila de libros.

Y en su perorata de quejas, poco pudo hacer cuando Hanabusa Aido se presentó ante ella. No lo vio, pero lo percibió. La intrigó saber que estaba ahí, pues de acuerdo con Kuran, Aido tenía otras órdenes. Estaba a punto de reclamar, de burlarse de él una vez que estuvieran en la oficina de Cross y ella no tuviera ese peso extra en los brazos.

Lo que ocurrió a continuación, fue algo que nunca se le habría pasado por la cabeza.

Hanabusa había golpeado los libros de sus manos, y cuando ella estuvo a punto de quejarse, él la sujetó.

—¡Pero qué-…!

Cualquier maldición o pregunta murió al instante. Sus labios, abiertos y vulnerables, fueron el blanco que Aido eligió para liberar su frustración.

Y fue de este modo tan inesperado, tan crudo, que por fin pudo llevar su teoría a comprobación.

Se había enamorado de Ino Yamanaka.


Si había algo que podía considerarse una maldición y un don al mismo tiempo, eso era la inocencia. Tanto podía herir desgarrando el alma, como podía curar cerrando viejas heridas. La inocencia no sólo se refiere a la pureza, sino también a la ingenuidad. Al puro desconocimiento de lo maligno, de lo peligroso del mundo. Yûki Kuran era inocente, tal vez no tanto como cuando fue aquella niña con la memoria borrada y sin noción de su linaje. Tan ingenua, tan pasiva, que podía caminar con los ojos vendados en carbón ardiente, confiando en que era un camino de rosas.

Yûki también estaba perturbada. Haber tenido ambas naturalezas en su ser, la había llevado a una fragmentación de su psique. Por un lado, estaba Yûki Cross, la chica torpe y sonriente, humana y gentil, que se había criado con valores típicos de humanos. Por el otro, estaba Yûki Kuran, la Princesa Purasangre, aquella parte oscura de su sed que deseaba beber sangre. Atenuada por esto, era consecuente que no tuviera una vida tan fácil de llevar, siempre iba a estar en medio de ambas condiciones, figurativamente hablando.

Su inocencia, maldición y don, le había hecho creer que todo giraba a su alrededor. Nada pasaba alejado de su centro, sin que ella estuviera apartada. Era como si fuera la protagonista de desgracias. Infortunadamente, no era así. Que Yûki haya formado parte de los planes de muchos, no la convertía en el centro de nada, sino en un simple trofeo, que aquel lo suficientemente abuzado podría adquirir.

Viviendo tan aislada, Yûki no sabía acerca de las tensiones entre los bandos en la partida. Sólo podía confiar. Yûki, lo repito, es muy inocente.

Ese tarde, después de darle demasiadas vueltas en su cabeza, había decidido ir a la academia Cross. Tenía asuntos importantes que discutir con Kaien Cross, a quien podía sonsacarle un tanto de información para no estar tan ida en lo que se hablaba. Además, esperaba encontrarse a Zero y explicarle que lo necesitaba. Se había terminado toda la reserva de sangre que tenía, y aun así la sed no se iba. Era tanta que llegó a morderse a sí misma para calmar la ansiedad por un momento.

Lo necesitaba. La sangre de Zero era lo único que su lengua deseaba saborear. Se había estado culpando por desearlo, pero luego de agónicas horas de abstinencia, había llegado a su límite. Probablemente Zero le diría que no a ella, pero no a su hijo. Kiryû nunca podría odiar a una criatura inocente que aún no nacía.

Su error fue creer que ella ya no era blanco de nadie. Y que las personas perdonaban con los años.

—Vaya, vaya —sonrió Touma admirando a la purasangre arrodillada frente a él. Se habían topado hace cinco minutos por mera coincidencia, y Touma, aprovechando que Kaname estaba más concentrado en los shinobis que en su esposa, decidió que era tiempo de enmendar una deuda pasada—, no creí que Kuran te dejará salir de tu jaula sin permiso. Lo más seguro es que en realidad él no sepa que estás aquí. Eso es más extraño aún, pensé que te tenía a correa firme.

Su risa, infantil y angelical, congeló a Yûki. Trató de levantarse, pero Touma volvió a lanzar un ataque preciso cortándole los tendones de los tobillos. Yûki aulló de dolor. Había salido sin arma, y no podía usar sus poderes libremente sin afectar al bebé. Debía pensar rápido en un plan para salir sin tantos daños. Su rápida curación podría ayudarla, pero si la herían demasiado sería contraproducente.

No tenía idea que hacer.

—No me iré con rodeos, pese a lo mucho que quiero verte sufrir por esa humillación —se notaba tenso, siniestro—. Tentar a la suerte, no es lo mío, ¿sabes?

—Detente, Touma —dijo Yûki con voz débil. La sed y el asedio habían bajado considerablemente sus defensas—. Estoy embarazada.

Había optado por esa carta. De nuevo, siendo inocente. Pero Touma no se conmovió. No iba a ser la primera ni última vez que ocurrieran situaciones así, y él no iba a ser tan estúpido como para irse por las ramas. Además, era imprescindible para su plan. Kiryû y él habían ideado todo de principio a fin, y no podían perder más el tiempo.

—Eso ya lo sabía —pronunció contundente, sus ojos tornándose rojos y su furia materializándose en alas esqueléticas. Yûki no era la única sangre pura que podía volar. Touma había nacido de dos linajes puros, tanto como si fuera un Kuran—. Y no me importa.

Yûki no quiso quedarse sin hacer nada. Evaluando la situación, se planteó pelear. Se levantó en cuanto sus tendones sanaron e invocó sus propias alas de mariposa. Le dejaría claro a Touma que no iba a dejarle todo tan fácil. Seguramente, Kaname seguiría teniendo una parte de él cuidándola y siguiéndola, así que era cuestión de esperar a que llegara.

La pobre ignoraba que Kaname había dejado de vigilarla desde que Sakura había ido por primera vez al Concilio.

La pelea que se desató fue de proporciones épicas. No era común que hubieran enfrentamientos entre purasangres. Sus fuerzas eran masivas y la destrucción que causarían era equiparable a una ojiva de mano. Ambos peleadores eran temibles. Yûki podría haber dejado detrás el entrenamiento, pero el poder de su sangre, le aseguraba una buena ventaja. Sin embargo, Touma no iba a rendirse fácilmente.

Había sido un niño la primera vez que estuvo a punto de morir. Ahora, con más de 60 años de edad, y unas décadas de entrenamiento arduo, Tooru Touma se erguía con un purasangre valioso y poderoso. Yûki podía ser la princesa, pero Tooru sabía que muy en el fondo su gloria se debía al constante apoyo de su hermano mayor. Yûki nunca había logrado sola nada.

Esa diferencia fue la que le otorgó la victoria.

Touma acorraló a Yûki y en un certero movimiento la atravesó con su palma justo en el corazón. Yûki jadeó, luchó por liberarse, temerosa por su vida y la de su hijo. Pero Touma fue despiadado, disfrutando sostener y desgarrar ese pequeño corazón.

Odiaba a cada Kuran en existencia.

—Te diré que si Kuran hubiera dejado el altercado atrás —dijo haciendo mención a ese episodio humillante de su vida—, yo no estaría haciendo esto. La verdad, los líos entre purasangres, cazadores y demás vampiros, no me interesaban, pero me hicieron ser parte del juego, así que… —apretó más—, podría decirse que tú no tienes la culpa totalmente.

—D-Detente… por favor… ten piedad.

—No recuerdo que tu esposo la tuviera con cada purasangre que mató —replicó con calma.

—Yo… ten piedad —pidió de nuevo, sollozando, pensando que nunca podría escapar de su pasado, del pasado de Kaname—… Touma, por favor, d-deja vivir a mi hijo… te lo ruego…

Touma entrecerró los ojos, harto de sus suplicas. Estaba cansado que el bienestar de esta niña haya causado tanto daño.

—Kiryû me pidió mantenerlo en secreto, de hecho, soy el único que lo sabe —mencionó de pronto—. No me mires así, mujer Kuran. ¿Acaso esperabas que él te lo dijera, con todo lo que hiciste? No creas que no sé la verdad.

Yûki bajó la mirada. Su respiración era dificultosa y el dolor en su pecho insoportable. Touma presionó con más fuerza. Ella chilló lastimosamente.

—Sayori no murió por un accidente —dijo. A Yûki le sorprendió que hablara de ella tan familiarmente—. Eres realmente tonta, mujer. ¿Acaso crees que yo convertiría a cualquiera en un vampiro? Después de la guerra, ella fue parte del escuadrón de enfermería. Atendió a los heridos, tanto posteriores como anteriores. Ahí la conocí y ahí fue cuando juré hacer por ella lo que fuera con tal de pagar su amabilidad.

—M-Mientes… —respiró profundo—. Y-Yori-chan nunca quiso convertirse en un vampiro. ¡Y-Yo se lo propuse! Ella dijo que no.

Touma se rió burlonamente.

—No la conocías tan bien como yo, o como Kiryû. Sayori tenía una enfermedad muy rara, casi incurable. No viviría más de treinta años. En ese tiempo, ella y Kiryû se habían casado, y ella no quería dejarle solo. Sayori sacrificó su humanidad para obtener más años de vida, convertida se calculó que viviría más de cincuenta años. Tiempo suficiente para atesorarlo realmente. O eso fue lo que pensamos, hasta que su nombre apareció en la lista —los ojos azules de Touma se oscurecieron por los recuerdos—. Fue asesinada debido a que confundieron su nombre con el de un nivel E que te había atacado ese día. Qué estúpido, sólo por una sílaba…

—E-Eso fue…

Touma no la dejó finalizar. Terminó por exprimir el órgano latente, provocando un grito de terror de Yûki. La piel blanca de su mejilla comenzó a quebrarse, presa de la debilidad anterior a la muerte. Yûki sollozó, pero Touma no se conmovió.

—Y acerca de lo que sé sobre Kiryû es… —se acercó al oído de la Kuran y susurró algunas palabras que la hicieron abrir los ojos como platos. Touma sonrió victorioso, saboreando su revancha—. Adiós, Yûki Kuran.

Y arrancó lo que quedaba del corazón. Yûki cayó hacia el frente mientras su cuerpo se volvía cenizas.


A kilómetros de ahí, en la academia Cross, Zero Kiryû sintió de repente como si algo se rompiera. Un lazo se había deshecho. Sintió, casi con exactitud, que algo le había ocurrido a Yûki, incluso sin saber qué. Zero se detuvo justo en la verada central. El viento meció los árboles, la música augurando malos presagios. En su interior, una punzada de dolor sobrevino con fuerza, no obstante, fue superado por la sensación de libertad que le precedió. Después de tantos años, algo le decía que era libre por fin de una de las cadenas que le ataban al pasado.

Se quedó quieto, meditando si eso debía alegrarle o no. Era como un nuevo amanecer, algo que no se había esperado. No supo que hacer, si gritar o no, si llorar o no, si celebrar o no. Y entonces, comprendió. Lo que a Yûki le había pasado, fue lo que a Sayori le ocurrió. Muerte impregnaba el vínculo roto. Desolación. Similitud.

Yûki Kuran había muerto.

¿Cómo? ¿Quién? Se preguntó mentalmente. La respuesta fue obvia al repetir las preguntas. Entonces, no hubo más que aceptación. Su motivación inicial suprimió todo rastro de compasión y de posible pérdida. Zero no tenía tiempo para eso. Retomó su camino, rumbo a la salida dispuesto a ir a buscar a Sakura personalmente. Había bebido de ella, y aunque el vínculo entre los dos estaba incompleto, podría usarlo para encontrarla.

Al final, eso no fue necesario. Cuando una limosina se estacionó frente al portón, Zero pudo detectar el característico olor de Haruno. El alivio que sintió fue pleno, reconfortante. Lo que no duró mucho al reparar en la presencia de Seth Shirabuki; no podía creerlo, que Sasuke pensara que Seth era una opción segura para cuidar a Sakura, que él.

Cuando Haruno bajó de la limosina, la vio más callada de lo usual lo que le indicó que algo más había sucedido. Además, portaba un vestido de exquisita costura, color blanco y negro; era casi como si hubiera regresado de un baile. Se veía muy guapa, pero el silencio en el que estaba sugirió que debía acercarse y machacar a Seth por si le había hecho algo.

—Oh, mira quien te viene a recibir, prefecta-san —dijo Seth atento a los movimientos de Zero y con una sonrisa que dejaba ver qué tan feliz se sentía.

Sakura no dijo nada, pero su expresión era una mezcla de cohibición y vergüenza, casi como si estuviera luchando por no sonrojarse violentamente. Seth rió, y sin interesarle la mirada asesina de Zero, posó una mano sobre el hombro de Sakura, acercándose a su oído para murmurarle:

—Ya no lo pienses más, prefecta-san, lo que necesitas los has tenido frente a ti todo este tiempo.

Y sin despedirse de Zero o agregar algo más, Seth Shirabuki dio la vuelta y se metió en la limosina. Al quedarse solos, Zero esperó una explicación de Sakura, mientras la analizó para ver si seguía herida. El olor a sangre había desaparecido y su piel había recobrado su palidez sonrosada, y no aquella cadavérica que le vio cuando se la llevaron.

—¿Qué te ha pasado? —preguntó al ver que ella no diría nada.

Sakura respingó, como pillada por sorpresa. Levantó su mirada hasta dar con la de Zero, y sus ojos reflejaron duda, como si una verdad hubiera sido revelada y no asimilada aún.

—¿Seth Shirabuki te hizo algo? —inquirió de nuevo cuenta, esperando una mejor respuesta.

Ella apenas negó. Sostuvo una mano en su pecho y bajó la cabeza. Zero estaba a punto de recordarle el trato que tenían, pero la frase que ella dijo, lo detuvo de cualquier manera.

—Me gustas —tan corto, simple y conciso, tuvo la cualidad de sorprenderlo y dejarlo sin habla—. Me gustas, Kiryû-san.

Zero no supo qué decir. Había esperado que le contara sobre Seth, sobre lo que había ocurrido cuando Sasuke se la llevó. No esperaba una declaración. Sin importar que una parte de él se haya alegrado de escucharlo, Zero no lo esperaba. La miró como si estuviera loca, ahora sí esperando una excelente explicación de su parte.

Sakura se veía igual de confundida que él. En su mente, la última conversación con Seth hacia mella en sus pensamientos. Había tocado varios temas importantes y la llevó al punto de reflexión, donde o ponía resistencia o lo aceptaba. Sakura se vio tan acorralada, que había estallado y en esa misma explosión había comprendido lo que en este tiempo se había negado a creer.

—Lo digo en verdad —siguió ella, apasionadamente—. No es porque tú hayas dicho primero que yo te gustó. No, es porque en serio, me atraes —tomó aire, sus mejillas sonrojándose—. ¡Me gustas, Kiryû-san! En este poco tiempo, yo… he tenido que lidiar con otros sentimientos, pero me ha quedado claro esto, yo…

Un dedo sobre sus labios la silenció. Sakura pudo respirar hondo y calmarse.

—Ve con calma, Haruno —le pidió con suavidad. Lo que sea que hubiera hablado con Seth, tenía más que ver con sentimientos propios que con problemáticas sociales—. ¿Qué te ha llevado a sacar esa conclusión? Apenas nos conocemos y desconoces mi pasado totalmente.

—Lo sé —admitió mortificada—. Y es por eso que yo… bueno, tengo que contarte todo para que lo comprendas mejor.

Él asintió de acuerdo con ella. Sakura respiró profundo de nuevo y se preparó para hablar. Durante el transcurso de la mansión Shirabuki hasta la academia, no habían intercambiado ninguna palabra. Después de aquel beso, Seth le había dicho todo lo que pensaba, y por último, que ella debía dejar se engañarse. Eso sería lo mejor para todos.

—Al principio, cuando te conocí, me agradabas. No importa lo que digas, eres amable y comprensivo —le sonrió con suavidad, sin obtener una réplica por su afirmación—. Luego, cuando ocurrieron todos esos encuentros entre nosotros, me di cuenta que estaba añorando algo más. La verdad, Kiryû-san, cuando me dirigía a ti algunas veces pensaba en otra persona. Si me odias por eso, lo entenderé. Fue inevitable, sin importar cuanto tratara de alejarlo, su recuerdo venía a mí con fuerza.

Sakura se sentía mal por eso. ¿Qué clase de persona era? No podía asegurar haber tratado a Kiryû igualmente que al otro, pero sí, el sentimiento a veces se percibía como el mismo. Y eso no podía ser. Una persona podía sentir infinidad de cosas por los otros, pero no de la misma manera. El amor podía ser expresado de tantas maneras, como nombres tenía. Y ella había descubierto qué sentía sobre tal persona.

—Estaba tan confundida, porque ¿qué significaba todo aquello? ¿En verdad me sentía atraída a ti o estaba escapando de otros sentimientos? Entonces, ¿de quién estaba escapando? Yo…

Zero la detuvo colocando una mano sobre su hombro. Cuando ella le miró, se topó con una suave sonrisa, como nunca antes vista y unos ojos sin acusación. Zero estaba sonriéndole sinceramente, como si le dijera que comprendía, que ya sabía de lo que hablaba. Ambos provenían de mundos distintos, y sus vidas ya estaban demasiado marcadas para iniciar algo nuevo.

Zero Kiryû era un cazador convertido en vampiro, que no descansaría hasta ver destruidos a los Sangre Puras. Alguien que había amado a dos mujeres distintas, una lo había rechazado y la otra le brindó la máxima felicidad por poco tiempo. Tenía cosas por hacer, cosas que cumplir y pendientes por acabar.

Sakura Haruno era una kunoichi, ninja médico y Jefa del hospital de Konoha. Parte integral del Equipo Siete, quería a sus amigos con todo su corazón (corazón que le pertenecía a uno de ellos). No podía abandonar sus deberes, no quería. Ella había logrado superarse y deseaba continuar su camino en su respectivo mundo.

La premisa de su conversación sostenía un futuro donde ambos, quizás, podrían estar juntos. Sin embargo, el pero que los detenía era más pesado que cualquier atracción inicial. Cada quien había entregado su corazón a otra persona, y aún no lo querían de vuelta.

—Quizás en otra vida, Haruno —dijo él con una sonrisa resignada.

—Quizás sólo así, Kiryû-san —asintió ella, tomando la mano sobre su hombro.

Y cuando el buscó su boca, ella no retrocedió. Sin embargo, Sakura Haruno estaba llorando cuando Zero Kiryû la besó.


¿Se lo esperaban? Creo que no xD. Y qué les puedo decir más que sincerarme y decirles: sí, así va ir la historia. Ya lo había preparado al principio, pero no se me desanimen; que esto se pondrá mejor. Con respecto a la muerte de Yûki, me dirán: ¿en serio ibas a matarla? Y de hecho sí lo iba a hacer, ¿por qué? Porque necesitaba un motivo para que Kaname *piiiiii sonidos anti-spoilers* y por eso ocurrió. Créanme, no fue cruel. Debemos acostumbrarnos que la vida no es color de rosa.

Y de seguro les quedaran un montón de dudas y, por primera vez en Vientos de cambio, la autora se permitirá contestar las preguntas que quieran, sean sobre spoilers o no, pero sólo a los que tienen cuenta, y a los que no, mmm, pueden enviarme un correo a: len (guión bajo) Ciffer (arroba) Hotmail (punto) com; todo sin espacios con el pseudónimo que utilizan para dejarme review y que yo sepa que no es spam. Es mi regalo de navidad y porque me he tardad demasiado en actualizar.

No contestaré esta vez a sus review, sino que esperaré sus dudas para hacerlo

Sasuke: Lo que pasa es que eres una floja, luego por eso ya nadie quiere leer tus fics.

Abel: Eres cruel, pinche Sasuke. Ahora veo porque nadie te quiere ToT

Naruto: ¡Teme, deja en paz a Abel-neechan!

Sasuke: ¿O si no qué?

Sakura: Publicaré tu foto en aquel foro Anti-Sasuke para que te hagan bashing hasta que quieras suicidarte. ¡Y nada de que no te importa, Sasuke! Bien que corriste cuando Naruto les pasó ese vídeo de ti bañándote a ese grupo de fujoshis.

Sasuke: Que bueno que me quieren ¬¬…

Abel: Bueno, es momento de desearles lo mejor a todas mis lectoras bellas y guapas (lectores si hay).

Abel Lacie Kiryû, Naruto Uzumaki, Sakura Haruno y Sasuke Uchiha:

¡Les deseamos de todo corazón una feliz navidad y un próspero año nuevo!

Abel: ¡Y que tengan toda la comida que deseen!

Naruto: ¡Y no se rindan nunca y nunca se retracten de sus palabras! ¡Que ése se vuelva su camino ninja!

Sakura: ¡Y que llegue a superarse y que sus amigos sean los que vean su espalda!

Sasuke: Y… *sonríe al recordar al tea Hebi* que se la pasen bien con sus amigos.