Sakura está con su mochila en su regazo y su celular en la mano. Violentamente aprieta los botones laterales y alcanzo a escuchar cómo maldice entre dientes .
-¿Algún problema?
- Es este estúpido celular, no puedo hacer que encienda. - con la cara de derrota vuelve a dejar el celular en su mochila y la coloca en sus pies. - Y ya que no tiene intenciones de dejarme en mi casa...
- ¿Hay alguien a quién debas avisar? - ella ya había mencionado que no es originaria de Konohagakure, por lo que no vive con sus padres, solo espero que no diga que a su novio, y en especial que no sea ese pelirrojo, porque no se si sea capaz de dar la vuelta y hacer lo correcto.
- Por supuesto... A la policía.
Después del frenado en seco que ocasionó mi reacción a su comentario, veo como Sakura pone cara de haberse llevado el susto de su vida.
- ¡¡Shannaro!! Que sólo era una broma, profesor.
Aprovecho que el carro no está en movimiento para ponerlo en piloto automático hasta mi departamento.
- Sa-ku-ra, lo primero: no me llames profesor, sabes mi nombre, he oído cómo lo dices gimiendo - sus mejillas empiezan a hacer juego con su cabello -, lo segundo: si no estás completamente segura de querer ir conmigo, lo entenderé, te llevaré a tu casa, haremos cómo que esto nunca sucedió.
- No se preocupe por eso, si pudiera yo fuera quien lo llevara conmigo... - sus palabras son todo y más de lo que quería escuchar, poso mi pulgar en sus labios y los comienzo a acariciar.
- Entonces lo tercero: - apenas y puedo concentrarme pues ella ha metido mi pulgar en su boca, lamiéndolo, chupándolo y dándole suaves mordiscos que no me permiten imaginarme otra cosa que no sea mi miembro sustituyéndolo, el cuál en estos momentos está palpitando luchando por salir de mi ropa. - No hagas ese tipo de bromas, porque tendrás un castigo. Quítate los pantalones. - retiro mi dedo de su boca y muevo mi asiento para que haya más espacio.
- ¿Cómo? ¿Aquí? - dice volteando a los lados.
- Sí. Solo yo puedo verte. - Aún un poco insegura, puedo ver cómo deja a la vista de nuevo sus bragas de cerezas.
Puedo ver como, aunque sean pocos, hay autos en las calles, pasando a un lado de nosotros. El auto sigue avanzando hacia mi departamento y juro no haberme alegrado tanto hasta el momento de tener un Tesla. Me quito el cinturón de seguridad y volteo mi cuerpo en dirección de la pelirrosa semidesnuda que está en el otro asiento.
Este será un espectáculo digno de disfrutar.
