"Todos los problemas tienen la misma raíz: el miedo, que desaparece gracias al amor; pero el amor nos da miedo." —Anónima.
Gracias a la brillantísima idea de William de tirarse al agua del río en plena Navidad y en plena noche, su amiga rubia y él acabaron empapados y calados hasta los huesos. En teoría, el constipado sólo debería ir para el joven Dunbar, sin embargo Altaira decidió echarle un cable, contagiándose también, pese a que había jurado y perjurado que no iba a salvarle bajo ningún pretexto.
—No te preocupes. Si mi madre nos mata, no tendrás que preocuparte por el resfriado. Eso va a ser el menor de tus problemas...—le bromeó el moreno, risueño.
—…Que no me preocupe, dice… Incluso eso sería el menor de mis problemas...—musitó la chica, para sí misma, apartando la mirada y haciendo ademán de renegar un poco.—...Peores cosas me preocupan…
—¿Hm? ¿Estabas recitando tu testamento, por casualidad? Lo digo porque ya mismo estamos en mi casa.
Nadie salvo ella sabía lo que estaba mascullando, no obstante la mirada fulminante que trató de lanzarle a William daba a pensar que no era nada agradable. Así es: 'trató de lanzarle'. Adoptó su mirada más irritada y fruncida y, con un movimiento rápido, giró la cabeza hasta cruzarse con la mirada de su compañero escocés. Dada su personalidad ignorante de cualquier peligro (puesto que una Altaira enfadada era más peligrosa que un volcán en erupción), William continuaba sonriendo impasiblemente, y eso bastó para que la supuesta ira que emergía en el interior de Altaira se disipase y diese origen en su lugar a cierta incomodidad que la hizo apartar la mirada. Seguía con el ceño fruncido, sin embargo lo que ahora lo provocaba, más que cualquier tipo de enfado, era ¿Confusión?
—Vos primero, Altaira Julieta.—le hizo una cómica reverencia, bajando la cabeza en parte para que no se notase el rojo que repentinamente había aparecido en sus mejillas.—Aprovecha, que mañana tendrás que volver en una maleta.—rio.
Sujetándose un brazo con el otro con la mirada perdida, Altaira atravesó el umbral de la puerta. Su gesto tímido, por mucho que pareciese tal cosa, no era para nada un gesto de arrepentimiento por haberse mojado por haber salvado a William: ese era precisamente el problema. Su problema.
El suelo empapado habló antes de que ninguno de los dos pudiese dar una explicación mínimamente coherente a lo que había sucedido. Como era de esperar, los Dunbar supieron al instante que la ocurrencia había sido, como de costumbre, de su unigénito, y no se equivocaron, de hecho.
—Sí, mamá, fue culpa mía.—explicó el susodicho, con un tono burlón algo impertinente.—Pero ya te esperabas que hiciese algo así, ¿No?
—Yo, por mi parte, no tenía ninguna duda.—le recriminó su padre.
—¡Siempre estás con tus jugarretas, William!—le regañó su progenitora.—¿Algún día vas a dejar de poner en riesgo tu vida y a darnos menos disgustos, hijo?
Su sonrisilla confidente les decía que la respuesta era, obviamente, no. Juiciosa, Altaira solamente calló y escuchó, determinante. Finalmente, los Dunbar dedujeron acertadamente que de nada iba a servir darle un (otro) sermón, puesto que lo ignoraría de todos modos y seguiría haciendo a su antojo, por lo que solamente se dignaron en mandarlo a la ducha: a ver si con suerte sus trastadas se iban por el desagüe… Cosa que, evidentemente, no iba a pasar ni de lejos.
Al mismo tiempo, James y Edine Dunbar le aconsejaron a la invitada, Altaira, que hiciese lo mismo y se duchase, para evitar un constipado. Un poco a desgana, la rubia asintió y, junto a William, subió al piso superior. Cada uno se encerró en un baño y, simultáneamente, se dieron una ducha que reguló un poco sus temperaturas corporales y les dejó algo más relajados, dentro de lo que cabía.
Dada la hora que era, los jóvenes optaron por ponerse ya el pijama e irse preparando la maleta para el día siguiente, pues se habían acabado las Navidades y tocaba regresar a Francia, a la Academia Kadic, donde, obviamente, las bromas de William no iban a cesar, pero al menos no estarían sus padres para verlo.
Un rato más tarde, y para evitar más que una regañina, un peligro de ataque cardíaco a sus padres, William tomó la decisión de finalizar ese día de múltiples vivencias (la mayoría para él, cabía decirlo, muy hermosas y agradables) e irse a la cama a reponer fuerzas que gastar en travesuras al día siguiente. Así se lo comunicó a Altaira, que vagaba por su cuarto, haciendo tiempo.
—Yo me voy a dormir, tengo algo de sueño. Buenas noches.—se despidió, encaminándose a su cuarto.—Y una cosa te diré… Antes, podríamos habernos duchado juntos de una vez por todas—rio en coña, mirando a la puerta. No sería extraño que, en ese preciso instante, su padre abriera la puerta.
—...Asume que eso nunca va a pasar. ...Imposible.—sentenció la rubia, algo seria, como si se le estuviesen argumentos secretos para su alegato.
—Eso lo dices ahora, je, je… Es broma, es broma. Buenas noches, Altaira.
Sería mucha broma, y Altaira lo había jurado. Sin embargo, aquél día en concreto, Altaira podía jurar mucho, que tarde o temprano ella misma acabaría por rectificar su decisión. De hecho, así acabó pasando: parecía que se estuviesen duchando juntos un rato después. Aunque solo fuese en sueños…
No sabía exactamente dónde estaba, pero William dedujo que se encontraba en un lugar estrecho, a juzgar por su tanteo inicial del espacio. Una luz muy potente y amarillenta le cegaba, lo cual hacía que no pudiese ubicarse demasiado bien, pese a que lo intentaba con todo su ímpetu. Ni siquiera bajando la mirada podía distinguir su propio cuerpo bajo su cuello; lo único que sentía era un aire algo húmedo que le rodeaba y le revolvía aún más de lo normal su cabello negro azabache.
—¿Hum? ¿Estoy...en la ducha?—preguntó, alargando la mano por si caían algunas gotas que se lo confirmasen; pero no. Sólo había aquel airecillo…
—…¿Ducha? ...Aunque sí, se parecen un poco…
Reconocía esa voz a la perfección. Y pese a que no sabía si dada la angostura del lugar cabría una persona más allí, ese parecía ser el caso, pues como si de la nada vienese, Altaira se materializó justo delante de él.
—¿Q-qué estás haciendo aquí, Altaira?—inquirió, algo incómodo al principio.—Estás mentirosilla hoy, ¿Eh? Primero me dijiste que no pensabas salvarme y lo hiciste… Y ahora vienes a ducharte conmigo aunque antes preferías quemar en el infierno a hacerlo... Pero bueno, no se puede decir que tenga alguna queja al respecto...—vaciló con fanfarronería, bromeando más que nada.
—...Si lo que pretendías era ducharte con otra persona… No se puede decir que lo hayas conseguido con demasiado éxito...—susurró, entrecerrando los ojos con misterio.—...Claro que no tienes ni idea de a qué me refiero. ...Normal.
—Pues has acertado: no entiendo ni papa de lo que me estás diciendo. Pero ahora mismo me da igual. En este momento, aunque sé que dada tu rara habilidad mis padres pueden aparecer en cualquier momento y aguarnos la fiesta, solamente puedo alegrarme de que la ducha sea lo suficientemente grande para los dos.
—...Lo que decía. ...No tienes ni idea.
—¿Hm?—articuló, algo confuso. Lo que había dicho ella, no obstante, era cierto.
—…Esto no es ninguna ducha, William. ...Aunque lo parezca. ...No todo es lo mismo de lo que parece ser.—espetó duramente.—...Pero, si decir 'cabina de ducha' es correcto… Entiendo tu confusión, pues esto es una cabina.
—¿Una cabina de teléfonos, quizás? ¿Podré llamar al cielo en donde naciste?—la lisonjeó el joven Dunbar, con afán de guasa.
—...No te va a servir de nada llamar a donde yo nací. ...Además de que sería algo absurdo. ¿...Acaso llamas a tu casa en Escocia cuando estás en Escocia?
¿Era aquello una especie de acertijo…? Por otra parte, Altaira no tenía ningún motivo para plantearle alguno… De todas formas, la oratoria no era su fuerte.
—Ehm, Altaira… No te entiendo.—le insinuó, con una sonrisa amistosa.
—...Es curioso. Obviamente, es un sarcasmo. ...Para que veas lo bien que domino el idioma.—le contestó como único alegato.
No hubo lugar a ninguna otra pregunta, pues la brisa se hizo algo más intensa y parecía elevar a ambos hacia la parte superior de la cabina, fuese lo que fuese realmente. Sin embargo, no todo había sido en vano: aquella experiencia había servido para hacer ver a William que realmente no estaba en ninguna cabina. Eso debería haber disipado sus preguntas, no obstante todavía permaneció una grabada en su mente: ¿De qué me suena este lugar...Esta cabina?
(...)
Lo había soñado todo, pero como pasa en alguna ocasión puntual, William recordaba bastante bien aquel sueño: se había sentido bastante real, aunque no pudiese serlo. Lo único que le había quedado como recuerdo era el pelo más revuelto de lo habitual, supuso que producto de dar vueltas inconscientemente mientras dormía. Se incorporó en su cama, rascándose la cabeza.
—Qué sueño tan raro… Aunque no deja de recordarme a algo…
Sacudió la cabeza a continuación. Solo era un sueño, y como él mismo decía como parte de su amplia colección de políticas propias, "Los sueños siempre son raros." Lo que no era tan raro, por otra parte, era que a esa hora se fuese preparando para desayunar, así que eso mismo hizo, después de ir a darle los buenos días a su invitada, por supuesto, como un bonísimo anfitrión que era.
—Buenos días, rubita dormilona. ¿Lista para volver a la maleta?—bromeó sinceramente, entrando en el cuarto de Altaira y sacándola de su trance.
Abriendo los ojos lo más escépticamente que pudo, Altaira se le quedó mirando inquisitivamente, mientras él solamente le mostraba los dientes a causa de su sonrisa, aparentando una inocencia que no tenía, pero no dijo nada. Cuando dilucidó que una guerra de miradas no iba a llevar la situación a ningún sitio, la muchacha serena se levantó de su lecho, también con los cabellos hechos un remolino, y se preparó para vivir un estresante día de vuelta a la academia.
No hicieron falta muchos preámbulos: desayuno, revisión de tener absolutamente todo para el regreso, consecuente aprobación. Solo faltaban las despedidas.
—Pórtate bien en Kadic, William. ¿Qué te parece si te propones disminuir el número de partes que nos llegan de tu parte a 10 menos que el curso anterior?
—...Eso son 490, mamá.—le replicó, con sarcasmo.—En fin… Mentir está feo, así que mejor no te prometo nada. Je, je.—articuló una sonrisa de suficiencia.
—Buena suerte sobre todo a ti, Altaira.—le deseó James Dunbar, irónico.—No sabía que tu avión saliese a la par con el de William.
—Ehm… No, papá, no es eso. Vamos en el mismo vuelo. ¿No crees que sería demasiada casualidad?
—Oh, ¿De veras? ¿Y ya tienes tu billete listo, querida?—inquiso Edine.
La rubia apartó la mirada hacia William en ese preciso momento, y le fue devuelta una del joven Dunbar que le quería decir algo similar a "Ya sabes lo que tienes que decir, Altaira." Ante esto, la joven asintió levemente y, seria, esclareció:
—...Así es, ya está todo planeado. ...Gracias por todo, señor y señora Dunbar.
—Oh, qué mona. ¿No es educada? Bueno, deberíamos irnos...—lo apresura William
—Eh, eh, William, ¿Por qué tanta prisa? Ni que tuvieses que facturar el doble de maletas para volver.—le frenó su padre, haciéndole caer una gota de sudor a causa del implícito significado de su comentario.—Si queréis, os acompaño al aeropuerto en coche. ¿Cómo pretendes hacer llevar a Altaira todas las maletas andando?
—...No me es ningún problema. Más maletas deberá llevar su hijo.
—¡Sí, sí, je…! ¿Nos vamos ya?—el moreno la tomó por el brazo y, antes de que nadie pudiese replicar, ya estaban en la puerta.—Gracias, papá, no hace falta. ¡Nos vemos en verano, o en Navidades…! ¡Cuando sea! Vamos, Altaira.
No se podía decir que tuviese miedo de la regañina que le caería si se enteraban de la treta que tenía previsto usar, pero no por ello iba a contarla a voz en grito. Dejando a sus progenitores con una despedida mínimamente cortés en la boca, William apresuró la espantada de ambos hacia el aeropuerto. Pronto, alcanzaron su destino, aunque, de nuevo, hubiese muchos preparativos que hacer antes de viajar.
Sobran los detalles, pues el truco fue el mismo. Disimuladamente, se encerraron en el baño y la rubia, increíblemente tolerante, se acurrucó dentro de la maleta vacía. Después, William acudió a facturar tanto sus maletas como las de su compañera, fingiendo que "Altaira" era su equipaje de mano. Sin embargo…
—Se le ha caído algo, señor. ¿Es suya esta… Falda?—La encargada de la facturación señaló una prenda en el suelo, cerca de las maletas. Cuando illiam la cogió para comprobar si se le había caído algo, se encontró con una falda oscura con estampado de tartán: recordó habérsela visto puesta a Altaira cuando salieron a pasear por Escocia para celebrar la Navidad. Pero ahora, teóricamente, era suya.
—Ehm… S-sí, es… Mi kilt.—declaró, ruborizándose hasta las orejas.
De repente, sintió que todo el aeropuerto estaba riéndose de él. Incluso aquella encargada estaba luchando por no estallar en carcajadas. Le dio los billetes con la mano temblorosa a causa de la risa, mientras el muchacho los cogió, algo irritado. —Podría haber sido algo de ropa interior, y no la mía. ...Supongo que debería alegrarme, después de todo… Podría ser peor.—bufó para sí, completamente rojo. Cualquiera quisiera ser Altaira y estar encerrado en una maleta en aquel instante.
Acto seguido (sobre todo deseoso de abandonar aquel lugar) se dirigieron a la zona de control de metales. Antes de pasar por el arco detector, William se agachó y, abriendo un poco la maleta de Altaira, sin que se viese lo que en realidad contenía, metió como pudo aquella odiosa falda. Y se olvidó cerrar parte de la cremallera.
—Quieto ahí, chaval. Ven aquí un momento.—le reprendió un guardia.
William, inquieto por si alguien se había dado cuenta de su trampa, dejó al lado de los detectores todos los bultos y se acercó al hombre, hablando con él. Por suerte, no era nada relacionado con él: el guardia quería ver su billete para cerciorarse de que todo estuviese en orden, pues al parecer recientemente habían requisado una botella de veneno letal allí mismo, y el control se había incrementado.
Todo le sonó a chino, pero decidió no profundizar en la materia, para no parecer sospechoso de nada. Sin embargo, quien acabó por confirmar esa historia fue Altaira, ya que, desde el hueco de cremallera que William había dejado abierto en su maleta, vio una botellita pequeña con un líquido incoloro con una pegatina de 'Altamente peligroso' pegada, en la mesa de los controladores. Fue entonces cuando, forcejeando un poco, logró sacar el brazo por el hueco y atrapar dicho bote, llevándoselo con ella. Nadie iba a saber qué estaba haciendo ni por qué, salvo ella.
Habiendo aclarado ya cualquier malentendido (más o menos), William siguió avanzando por el detector y se sentó a esperar que se abriese su puerta de embarque. Pronto lo hizo e instante de acceder al avión, instante que tardó en encerrarse en el baño a liberar a su estoica amiga, la que tenía bien escondido el bote, y ambos se sentaron en sus correspondientes asientos. Rumbo a Francia.
—Je. Ha vuelto a funcionar.—se jactó William, confiado y acomodándose en su asiento.—¿Un refresco para celebrarlo?—le ofreció a su amiga una lata corriente.
Altaira tomó el refresco, tardando un poco más en abrirlo, mientras que su amigo se metió la mitad entre pecho y espalda en tres tragos, recibiendo la mirada escéptica de ella. De pronto, una chispa cruzó sus ojos, y su cerebro: había tenido una idea.
Tan discretamente como consiguió, evitando las miradas curiosas de su compañero, la muchacha estoica desenfundó de su posesión el botellín tóxico y comprobó la escena, más en concreto, lo que le quedaba de bebida a William. Sus intenciones eran verter el contenido del frasco en la lata, sin embargo acabó por dilucidar que, aún en el mejor de los casos, William acabaría por darse cuenta: estaban muy cerca. Quizás en más de un sentido, pero no quiso ni pensar aquello.
Con un chasquido de su lengua, volvió a guardar el frasco en su bolsillo, frustrada. No obstante, la idea ya la tenía. Solo era cuestión de encontrar el momento…
"Por ejemplo al volver a la academia. Ese es un buen instante."
Esa voz de nuevo, en su cabeza, que la indujo al sueño…
—¿Me escuchas? Hey, ¿Me oyes?
Entonces, abrió los ojos para ver a aquella que ya tenía muy vista: su yo oscura, en más de un sentido. Le sonreía perversamente, aunque una mueca de efímera duda ensombrecía su cara. Dilucidó que habían tardado en ponerse en contacto…
—Decía que tienes razón: es posible que sea arriesgado envenenarle aquí: le tienes a poca distancia y hay mucha gente de testigo. La sospecha caería sobre ti. Así pues, entre que no averiguo por qué no puedes estrellar este avión...—se interrumpió, algo seria de repente.—Espera a aterrizar. Después de eso, no debería resultarte muy complicado.
Tras unos segundos de algo parecido a la pérdida momentánea de consciencia, la rubia dijo que sí sosamente con la cabeza y la mirada perdida, recibiendo la posterior aprobación de la morena, que se mostraba algo… Preocupada.
—Confío en "ti", querida… Sé que no me defraudarás.
Burlona, la de azabache levantó la mano como para despedirse. Sin embargo le rebotó en una de mal gusto cuando vio que la rubia no le devolvía el gesto. No necesitaba ninguna despedida, simplemente… Creyó que sería automático. Y no.
Unos instantes más tarde, los ojos dorados de la de los cabellos de igual color se abrieron perezosamente y se incorporó, refrescándosele la memoria con respecto a dónde y con quién estaba, y en qué situación: en un avión de regreso a Kadic, junto a su compañero William. Con una botella de veneno en el bolsillo con la que tenía pensado acabar con él nada más llegasen a su destino. Por lo tanto, se resignó a esperar al momento propicio y sacó algo para disimular: el famoso libro de lectura.
—Oh, ¿Quieres leer ahora? Vale, te ayudo.—se ofreció el moreno.
—...No hace falta. Probaré yo sola.—respondió, algo fría y tajantemente.
Por su tono, se dedujo que quería evitar conversación, además del hecho de que apartó la mirada con virulencia, entrecerrando sus ojos, como si no quisiese fijarse en William, quien por su parte accedió a su petición y se perdió en sus pensamientos, aunque mirase a ratos de reojo a su compañera. Si se parecía a él, era normal que estuviese obcecada en rechazar la ayuda aunque la necesitase. Por Por eso, Altaira no tardó en fruncir el ceño: no entendía nada de nada.
—"Viene de Oriente, y Julieta es el sol. Sal, sol, y mata a la envidiosa luna, que enferma de tristeza al ver que tú, su dama, eres más bella que su luz." Qué bonito, ¿Eh?—le leyó William en voz alta.—Compara a Julieta con el sol, por lo brillante que es, en el sentido de que es muy buena y cálida. ¿Comprendes?
—...Tch. ...Su-supongo.—balbuceó la rubia, girando con desdén la cabeza.
Ni siquiera ese gesto le sirvió a ella para evitar la insinuante sonrisa de William, que la miraba con radiante simpatía. Altaira, solamente, trataba de no fijarse...Sin éxito.
Pronto, sin embargo, el alboroto le dio una excusa para evadirse de su compañero un rato: unos minutos después, aterrizaron, recogieron todos los equipajes y pasaron desapercibidos ante todo el mundo, milagrosa y misteriosamente…
En cuestión de otros tantos minutos, caminaron cargados con maletas por doquier (esa vez bien cerradas, eso sí) por las calles francesas hasta llegar por fin (o por desgracia) de vuelta a la Academia Kadic. Al parecer, no eran los únicos…
—¡Eh, Will! ¿Le has hecho la competencia a la bella Altaira con tu faldita?
Era la voz de Odd, y al girarse hacia su origen, William comprobó que estaba toda la pandilla de Guerreros Lyoko al completo, de regreso de sus vacaciones navideñas- Por suerte para Odd, el joven Dunbar no había vuelto de su país natal con muchas ganas de derramar sangre, así que se decidieron por irse a la sala de recreo a contarse sus peripecias navideñas e incluso a intercambiar presentes: Aelita les regaló alguna que otra prenda de ropa a cada uno, Ulrich, algunos dulces, Yumi, regalos típicos de Japón, su tierra, Jeremy, algo que les pudiese ser útil y Odd, todo lo contrario: cosas inútiles a más no poder. William también se había acordado de todos ellos, con una melancólica morriña de los días pasados. La única que no estaba tan integrada era Altaira, pese a que los demás no se lo tuviesen mucho en cuenta, ya que creyeron que estaría confusa y que ella no celebraría esas cosas.
—Aquí tenéis, Romeo y Julieta. Esto es para vosotros.—Odd, con sorna en la voz, les tendió lo que parecían un par de cuadernos idénticos envueltos.
Al romper el envoltorio, William y Altaira comprobaron que eran un par de diarios prácticamente idénticos. Lo único que los diferenciaba era que en el de William imperaba una gran A en la portada y en el de Altaira, una W mayúscula.
—Odd, eres un verdadero cafre.—le retó Yumi, descubriendo la treta del de morado.
—Oh, pobre Odd, debe de haberse confundido de letras. Típico error...—dijo Ulrich.
—Cambiáoslos y ya.—atajó Jeremy, con un gesto encorajador.
—¡De eso nada, Einstein, eso es trampa!—negó Della Robbia.—¡Si no, mala suerte!
—Si tú no crees en la mala suerte, Odd. Qué malo llegas a ser.—rio Aelita.
Riendo (y ciertos álguienes cohibidos) se dieron las gracias por todo y se separaron, alegando que tenían mucha maleta que deshacer. Lo cual resultaba cierto…
—¿Necesitas que te ayude, Altaira? De veras no me importa.—se prestó William.
—...Ven conmigo.—le respondió ella con suficiencia, tomándolo por la muñeca.
Guiándolo como si tuviese prisa, la rubia normalmente serena condujo al joven Dunbar hacia la máquina de refrescos. Él, obviamente, no iba a protestar.
—...Espérame aquí. ...No te muevas. ...Ahora vuelvo.—le exhortó, autoritaria.
Dejando al indómito muchacho atrás, que por una vez en su vida no se comportaba de ese modo, la chica avanzó hacia la máquina, importándole poco que explotara conforme pasaba. Hábilmente, sacó un chocolate caliente humeante. Y en lugar de acompañarlo con leche, como mucha gente hubiese hecho, le añadió otro ingrediente un poco menos apto al consumo humano: el veneno que poseía.
—...Aquí tienes. ...Bebe.—le ofreció, algo mandona para ser una sugerencia.
—Vale, vale, ¡No me mates!—se carcajeó William, aceptando.—Gracias, Altaira.
En ese preciso instante, y sin pretenderlo realmente ella, Altaira fijó la mirada en el suelo, ensombreciéndosele la cara. ...Ni siquiera le miraba a la cara directamente. Sin mediar una sola palabra más con su interlocutor, echó a correr con la cabeza gacha hacia el edificio de las chicas, siendo observada con desconcierto por el moreno, quien sujetaba atónito aquel brebaje que le podría sentar de muerte.
—...Altaira, ¿A dónde vas…?—le preguntó, con la boca abierta.
Por extraño que pareciese, aquella pregunta logró atraer por un instante la atención de la rubia estoica. Alzó la cabeza de nuevo, observando cómo William sujetaba con firmeza el vaso que le había dado. Al haberse dado ella la vuelta, el joven Dunbar creyó que volvería por donde había venido, la cual cosa le alegró y le provocó una sonrisa simpática y tranquila, tranquilidad con la cual se acercó el vaso a los labios.
—¡...Nghhhh! ¡...N-no! ¡...W-William, n-no!—chilló, intentando ahogar su grito.
—¿Qué? ¿No qué? ¿Qué es lo que te pasa?
Obviamente la rubia no estaba por la labor de responder a esa pregunta, pese a que William la observase con unos ojos de sincera preocupación. Por esa misma razón, la chica se obligó a ignorarle como pudiese y echó a correr de nuevo, desesperada.
El moreno rebelde se planteó seriamente el seguirla, ya que percibió que algo no estaba como debería con su amiga. La preocupación le hizo rechazar el pensamiento de pegarle un trago a su chocolate caliente; no se veía con cuerpo para ello en ese instante. Dubitativo, dio algunos pasos siguiendo a Altaira. Ella, no obstante, iba mucho más rápida, y llegó en un momento a su cuarto. Nada más entrar, sacó ansiosa la llave de su bolsillo y cerró la puerta por dentro para, acto seguido, arrojar la llave con fuerza fuera de la habitación por la rendija de abajo.
—...Así no podré salir de aquí… Y no correré el riesgo de hacer una tontería.
Estaba sola en su cuarto, rodeada de un silencio sepulcral. William parecía no haberse dignado a seguirla, por lo cual suspiró de alivio, en cierto modo. Mientras esperaba algo que no sabía que esperaba, Altaira hurgó en su bolsillo. De él sacó el tarro de veneno vacío y el cuaderno de la W. Sin saber exactamente por qué, tomó un bolígrafo y se sentó en el borde de su lecho, abriendo la libretita y empezando a anotar sucesos de toda clase. Todos ellos tenían algo en común: hablaban de William, aunque no se podía decir que le desearan una vida larga y saludable.
—"Empujarle del puente, empujarle de la noria, estrellar el avión, atacarle con el cuchillo… Y envenenarle." ...Lo he intentado todo… Sin éxito. ...Yo nunca repito el mismo error… Será mejor que lo apunte…
"Buena idea, querida. Podremos estar en contacto por esta libreta."
Mientras una voz ajena hablaba, inundando solamente la cabeza de Altaira, ella tocó la tapa del cuaderno, en la cual por un momento parpadeó un símbolo compuesto de algunas rayas y tres círculos concéntricos. Fue solo un instante, que luego desapareció. Inmediatamente, las ideas que Altaira había apuntado se desarrollaron como por sí solas. En cada página, se describía exactamente cómo habían tenido lugar los acontecimientos que la rubia había mencionado: momento, lugar, circunstancias… Absolutamente todo, con cada preciso detalle.
"Consulta este cuaderno si quieres saber qué errores no cometer. Estaremos en contacto de esta forma… Hasta que averigüe por qué nos cuesta tanto relacionarnos últimamente. Eso sí, tienes que esconder esta libreta en un lugar seguro… Donde nadie la encuentre ni pueda acceder a ella, salvo tú. ¿Vale?"
Miró por toda la habitación. ¿Dónde podría esconder el cuaderno con tanta intimidad? De repente, le vino a la cabeza algo: como regalo de Navidad, Jeremy le había dado un objeto peculiar que ahora le podría ser muy útil, justo como había pretendido el muchacho de lentes: una especie de caja fuerte en miniatura, a la que se le podía configurar la cerradura con un objeto pequeño. Podía usar la llave de cuarto, pero entonces recordó que ya no la tenía. ¿Qué podía usar en su lugar?
—...Ya lo sé… ...El collar.—rápidamente se desató el colgante del medio corazón y lo puso sobre la cerradura para configurarla. Ahora, la caja fuerte sólo se abriría ante el contacto del collar de Altaira. Metió en él el cuaderno y cerró.—...Listo.
—¡Altaira! ¡Altaira! ¿Me oyes? ¿Estás ahí?
Era la inigualable voz de William. "Maldita sea", desfiló por su mente. "¿Tanto le cuesta sorber chocolate de un vaso?" se dijo. Sin embargo, algo en su interior que no pudo identificar (ni siquiera supo si quería identificar el origen de esa extraña sensación) sintió el imperioso impulso de suspirar de alivio. Quería decirle algo, decirle que estaba bien, en parte porque no había bebido todavía, pero otra parte de ella se obligó a callarse y a permanecer en silencio, sin mover ni un sólo músculo.
En la habitación de enfrente, en el piso de las chicas, estaba la estancia de Aelita. Atraída por el ruido que provocaba William aporreando la puerta, se dirigió hacia el pasillo. Fue entonces cuando se percató de un objeto que había en el suelo…
—¿Hum? ¿Y esta llave? ¿De dónde será?—inquirió la pelirrosa, sorprendida.
La atesoró en su mano para investigarlo después de descubrir el origen de los ruidos que había en el pasillo. No le sorprendió darse cuenta de que el causante de semejante alboroto era el joven Dunbar, pero seguía sin comprenderlo del todo. Se le esclareció un poco la mente al atar cabos y acordarse de que esa era la puerta de Altaira. Dada la situación, en realidad, no había lugar a demasiadas dudas.
—¡William! ¿Qué es ese ruido? ¿Qué pasa?—articuló Aelita, ojiplática.
—Altaira, ¡Que no contesta! Creo que no se encontraba muy bien antes, y se vino corriendo a su cuarto, y ahora no contesta. ¿Y si se ha desmayado?—planteó, con una visible cara de preocupación.—¡Tenemos que abrir esta puerta!
Mientras William meditaba cómo romper la puerta sin quebrarse ningún hueso (no le importaba, pero si se podía evitar…), a Aelita se le ocurrió algo. ¿Y si, por coincidencia, la llave que se había encontrado abría la estancia de Altaira? Iba a proponérselo al moreno rebelde, en parte para tranquilizar sus nervios, sin embargo de nada le sirvió. En lugar de golpear la madera, a William no se le ocurrió nada más inteligente que derramar todo su chocolate caliente sobre el pomo.
—William, ¿Se puede saber qué haces?—Aelita se palmeó la frente.—¿Qué te pensabas, que el pomo se iba a derretir y a ceder sin más?
—...Claro, dicho así, suena estúpido...—se encogió de hombros, algo más cohibido.
—¡Es que era estúpido! Espera, déjame probar algo… Es posible que la llave de Altaira sea esta. Estaba cerca de mi puerta, qué extraño.
Mientras hablaba, Aelita limpió un poco de chocolate del pomo y probó a introducir la llave en el hueco y dar una vuelta. Funcionó. La habitación reveló a su interior y a su integrante: Altaira. Estaba con la mirada perdida sentada en la cama, y cuando se incorporó para ser partícipe de lo que ocurría y vio a William, angustiado pero sano y salvo, una tensión opresora se abrió paso hasta el pecho de la rubia. Su corazón pasó a palpitar con mucha fuerza, y casi creyó que iba a quedarse sin respiración. Sin embargo, le faltó algo: saber si se debía a enojo o alivio.
—¡Altaira! Uf, menos mal.—resopló William, acercándose.—¡Estás bien!
—...N-no… N-no estoy bien...—balbuceó en un susurro, apartando la cabeza.
—¿Cómo?—respondió él, poniéndole las manos sobre los hombros.
—...N-nada...—cuando le miró a la cara, pudo fijarse más en William. Podía sujetarla porque tenía ambas manos libres. Por ende, el vaso ya no estaba. En su lugar, vio su puerta manchada de chocolate...y algo más que solo ella sabía.—...Yo… Estoy… N-no sé, pero…
—Estás muy pálida, Altaira.—se fijó Aelita, compadeciéndola.—¿Estás mareada?
—¿Es eso? Qué susto me has dado, Altaira. ¡Cualquier día me moriré por tu culpa!—bromeó el joven Dunbar, sonriéndole con aprecio. Y pese a que había asegurado que ella podría ser la causa de su muerte, no dudó en darle un abrazo.—Te dejamos descansar, ¿Vale?
—Ah, sí. Toma tu llave, Altaira. Estaba en mi cuarto. Se habrá resbalado por la rendija.—intervino Aelita, dándole el objeto.—Hasta luego, chicos.
—Chao, Aelita, muchas gracias.—se despidió el rebelde, mientras la pelirrosa abandonaba el cuarto.—Altaira, tú descansa un poco. Luego vengo a verte.
En lugar de un sencillo "Chao" como el que le había dicho a Aelita, William le dio otro abrazo para despedirse, intentando que de esa forma su amiga estuviese un poco más tranquila. Sin embargo, se podía decir que tenía otros motivos más implícitos para hacerlo, ya que sonreía en todo momento al abrazarla. Por eso, ni se percató de que el colgante que llevaba bajo la camiseta, que se complementaba con el que lucía la rubia, quedaron imantados al tocarse. Fue entonces cuando…
—...William… Quédate aquí.—le pidió, mirándole a los ojos.—...No te vayas.
La oferta era ciertamente tentadora, no obstante William logró resistirla, alegando que debía mirar porque su amiga se recuperase primero. Además, corroboró una vez más lo que había dicho: podría morirse a causa de la muchacha serena y todo lo que le provocaba, pero aunque esa muerte no fuese inmediata, estaba notando ya los efectos de un veneno invisible que, poco a poco, antes de matarle, le volvía loco. Cuando Altaira le miró a los ojos, se los vio azules de nuevo. No era posible… Se estaba volviendo loco. Altaira debía de haber hecho que ingiriese algún tipo de veneno que le atolondraba, del que, al mismo tiempo, ella era el único antídoto. Confirmado: completamente loco. Loco de atar. Loco a causa de ella. Loco por ella.
Y tan loco que, al romperse ese abrazo, volvió a verle los ojos dorados.
—Ahora descansa un rato, ¿Vale? Luego hablamos.—se despidió, con simpatía.
—...De acuerdo. ...Ad… Hasta luego, William.—contestó, algo ida.
El moreno salió de la habitación sonriendo, primero a ella y luego para sí mismo, agachando la cabeza para evitar que nadie notase el rubor de sus mejillas. Altaira, por su parte, estaba pálida: aunque eso fuese provocado por el mareo o no, daba igual; lo estaba. Y no podía ruborizarse. No debía. Todavía no… Si era nunca, mejor
En lugar de tumbarse en su cama y descansar (parecía que supiese perfectamente que cualquier síntoma de mareo estrictamente hablando era imposible) abrió de nuevo la caja fuerte con su collar y sacó de ella el cuaderno. Esta vez, no quería anotar ningún plan de asesinato fallido (el del veneno, ya lo iba descartando), ni quería pensar en uno nuevo sin los errores de los antiguos: Tenía una consulta ciertamente distinta.
Cogió un bolígrafo tan negro como sus pensamientos y fue directamente a la última página de la libreta. Allí, no escribió ninguna pregunta, por lo que ninguna respuesta surgió, simplemente quería que su interlocutor, el que sólo conocía ella, tuviese constancia de un hecho. Escribió: "Esto no estaba planeado.", remarcando en mayúsculas el "Esto" y subrayando el "planeado". Ojalá el cuaderno desarrollara qué era lo que debía evitar y cómo tenía que actuar, pero no lo hizo. Estaría...Pensando.
Altaira, por su parte, no fue la única que estrenó su cuaderno ese día. En su cuarto, William también tenía el suyo, el de la A en la portada, cosa apropiada, pues decidió empezar a dedicar todo el contenido del cuaderno a alguien cuyo nombre empezaba por dicha letra: dibujos hechos en clase como alternativa a escuchar atentamente, relatos precisamente detallados de sus vivencias con ella, de su llegada, de sus venganzas conjuntas, de lo que le provocaba, etcétera, un largo etcétera. En lugar de haciendo los deberes de Navidad que tenía atrasados, William se pasó toda la noche escribiendo sobre Altaira en su cuaderno.
—Me gustaría poder escribir "¿Por qué Altaira no sonríe nunca?" y que el cuaderno me lo contestase… Solo para saber cómo hacerla sonreír.—sonrío mientras se ruborizaba por enésima vez ese día, escribiendo sin cesar.
Al instante, por un impulso que le vino, abrió el cuaderno por la última página. Al fin y al cabo, era más útil que fuese la última si tenía que arrancarla, pues lo que iba a hacer solo era un borrador y los lápices no eran para rebeldes. El título era lo más difícil, por lo que no puso nada por el momento.
—¿Qué podría decir de ella? Y sobre todo, ¿Cómo decirlo…?
Y es que William, como su tocayo Shakespeare, tenía cierto interés por la poesía, y había pensado escribir una con una temática muy concreta: en otras palabras, dedicado a una persona muy concreta. Sin embargo, estaba tan en las nubes de tanto pensar en esa persona, que por el momento no se le ocurrió nada. Resignado, mientras resoplaba, guardó el cuaderno en un cajón de su cómoda (él no tenía tanta seguridad de almacenamiento) y se echó sobre la cama, cerrando los ojos mientras sonreía. Eso mismo creyó hacer toda la noche, aunque no fuese consciente de ello.
Por su parte, Altaira, ya no tan pálida pero con una gran oscuridad asolándola, no tenía la sonrisa por bandera, así que se durmió seria, lo cual ya le era bastante preocupante. Mientras tanto, alguien seguía pensando y pensando, qué era lo que había mal. No podía responder a algo que no era una pregunta, pero podía reflexionar al respecto… Y si podía arreglarlo, mejor.
Y era que, cada vez más, el juego pasó a ser de tres personas y no solo dos. Aunque algunas de ellas no fuesen exactamente "personas".
(...)
¡Muy buenas a todos! Pese a que he estado saturadísima de trabajo últimamente, he logrado completar un capítulo más :D Siento mucho la demora, simplemente no he podido sacar más tiempo T_T Por suerte, se acerca el verano y, consecuentemente, espero poder escribir más, mejor y más rápidamente :3
Como siempre, decir a todos los que me lean que espero que les haya gustado este capítulo :D Hago todo lo que puedo para que sea agradable de leer. Eso sí, cualquier sugerencia siempre es bienvenida ^3^
Vayamos con las reviews/favs/follows… x) :
WindDragon-19: Eso es música para mis oídos :D Me alegro muchísimo de que te gustase, como siempre significa muchísimo :3 Esa evolución es en lo que esfuerzo más ^3^ procuraré que quede lo mejor posible. :) No, no es lo mismo odiar con amor que amar el odiar XD Sabes de sobras que eso es lo verdaderamente divertido :) (William: O_OU ) Tus ánimos son un gran aliento para mí ^/^ Espero tener más tiempo en breve :) Se agradece mucho :3 Igualmente, ¡Hasta la próxima! Espero que te guste este capítulo también (ya que William casi muere...otra vez XD) Kyrucorto .D
draoptimusstar3: Pobre Willy, qué triste destino XDDD Esa hermosa princesa dorada va a ser su peor pesadilla, y él ni se dará cuenta XD Si es que a veces es más payaso que Odd, lo cual ya es decir XD Muchas gracias por tu comentario, siempre es genial leer tus poéticas metáforas, me inspiran mucho ;) Espero que disfrutes de este capítulo, es un placer escuchar tus opiniones :D Sí, la verdad es que muchos deberes, pero si William puede esquivar a la muerte tan bien, yo podré sobrevivir XD
The legend of DN: Quizás sea por eso, quizás ;) XD Me alegro de que te gustase el detalle, no podría ser de otra forma tratándose de Willy-chan XD Yo nunca he probado a patinar por miedo a romperme todos los huesos del cuerpo, así que también le dejaré los triples Axel a nuestra "serenísima" Altaira XD Mi amiga entiende al respecto del patinaje, y me dijo que es una pirueta difícil, de otra forma no conocería el nombre XD En todo caso… Prefiero escribir sobre patinaje sobre hielo sentada en el sofá con una mantita por encima XD Me alegro mucho de que te agradase la frase, lo cierto es que me hace mucha gracia cuando Will suelta una frase "bombazo" y no se da ni cuenta de la mitad de cosas que está implicando XD Ya se le curará la ceguera, espero… Por su propio bien, y el de su integridad física y sentimental :3 Espero que te guste este capítulo :D
XanafiedWerewolf14: Me gustaría mucho darte las gracias por el follow, simboliza un gran apoyo para mí :D Espero que te guste el desarrollo de la historia, y decirte que tu opinión al respecto es más que bienvenida :D
Jane Alex Gold: Muchísimas gracias por el follow :) Me hizo muchísima ilusión, y lo aprecio enormemente de veras. Deseo que te guste mi fic tanto como a mí escribirlo. Recibiré cualquier sugerencia con mucho gusto :D ¡Gracias de nuevo!
Creo que eso es todo por ahora :D Estoy ansiosa por regresar tan pronto como pueda a escribir, y gracias a vuestro apoyo lo hago con muchísimas ganas. No podría desear mejor recibimiento para mi fic, y espero de verdad que guste tanto como a mí dedicarme a escribirlo :3 Muchas gracias por todo, y hasta tan pronto como sea posible ^3^ Muchos abrazos y besos.
Codelyokofan210399
