Aclaración: Los personajes de Masashi Kishimoto no me pertenecen… aunque definitivamente haré a Sasuke todo mío xD
Dai Emi Fiction Sasusaku Presenta:
"Príncipe Oscuro"
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Nudo
Maldijo, por enésima vez, mientras el auto en el que iban se pasaba otro semáforo en rojo, al más puro estilo de una película de acción, y se ganaba otro coro de pitidos e insultos al atravesar la calle. El azabache ni siquiera pensaba en eso. Incluso, apenas se preocupaba de tener bien asegurado el cinturón de seguridad para no salir volando de su asiento en caso de que el conductor sin temor de Dios finalmente terminara chocando trágicamente. Todos esos conductores casi infartados o las multas que pudieran llegar a su cuenta en los próximos días eran tan sólo un malgasto de pensamientos. Había sido un completo y gran imbécil. Y ahora por ello la mujer que amaba iba a pagar el precio.
El gran error que había cometido fue el pensar en darle esa fortuna a Sakura, justo antes de entregarla a Sasori. Creyó que con ello, ella sería la que tendría la última palabra. Tuvo ganas de golpearse a sí mismo. De verdad que era el más grande idiota en la faz de la tierra.
Si Sasuke hubiera tenido cerca algún saco de boxeo, probablemente le habría sacado a golpes todo el contenido. Lo que pensaba hacerle a Sasori –sin embargo- no era demasiado diferente. Se había acabado toda la piedad que hubiera podido tenerle. Ahora, en cuanto encontrara a ese grandísimo infeliz… le haría pasar el infierno en la tierra.
"La encontraré. Así tenga que ir al maldito fin del mundo."
Aunque eso… lo había estado haciendo exactamente antes. Sasori era como una maldita rata escurridiza que quisiera convertirlo en gato por siempre. No se podía permitir tardar. Ya no. Si el malnacido le hacía daño a Sakura, no existiría nada ni nadie que pudiera darle ningún perdón.
―Yuugo, ¿aún no? ―interrogó con clara desesperación y furia contenida. El solo acordarse de la voz de Sakura hacía un momento por el teléfono le hacía crispar con brutalidad los puños y rechinar los dientes. Lo estaban volviendo loco los segundos que transcurrían. No paraba de llamarse "idiota" mientras rumiaba más maldiciones.
El nervioso jefe de seguridad no dejaba de recibir llamadas que contestaba mientras conducía, a través de su manos libres. Interrumpió el diálogo que tenía en ese momento con uno de sus contactos para poder responder a su alterado jefe.
―Estamos aun en ello, Señor. ―el azabache rechistó y golpeó el asiento con frustración.
El auto saltó un nuevo agujero en el suelo, causando que las personas dentro dieran un tumbo. Pero eso ni siquiera le importó.
¿Dónde diablos podrían estar? ¿A dónde podrían ir?
Sasori no la llevaría a un motel. No la llevaría a ningún sitio donde pudieran verla. Y ya no tenía dinero como para fletar un avión.
A menos que se casara con Sakura.
Volvió a recriminarse a sí mismo y tiró de su cabello mientras observaba con desesperación su enojado reflejo en la ventana del coche.
Había pensado que sería una buena forma de vengarse de Sasori, usando su arrogancia y su codicia en su contra para salvar a Kaori, y al mismo tiempo dejar que Sakura decidiera sobre su propia vida. Qué idiota había sido.
―Jefe, un Ferrari rojo ha sido visto en la autopista I-50 en dirección al este. ―La voz de Juugo con esa noticia causó que mirase enseguida al frente, y sintiera todavía más punzadas de ansiedad― Se desconoce su matrícula, pero un coche como ese no pasa desapercibido. ―declaró el pelinaranja al volante.
"Sakura…"
Hacia el este, ¿por qué hacia el este? No había nada en esa dirección, salvo montañas agrestes y el lago Tahoe, que en esas fechas estaría sin duda congelado. Maldijo nuevamente, sintiendo su pulso acelerarse. Ese gran estúpido no podría estar tan loco como para conducir un coche de carreras con la suspensión baja en esa dirección. Casi perdió el temple al imaginarse el auto rodando por el peñasco, aplastado como una lata de aluminio contra el pedregoso declive. Sintió un mareo.
―Conduce rápido al helipuerto más cercano. ―ordenó sin controlar su creciente agitación, aun cuando el auto rebasaba el límite de velocidad permitido en la autopista. Por puro milagro no tenía una bonita fila de autos de policía persiguiéndolo. Aun con los tumbos y giros bruscos del auto en el que iba, Sasuke tomó el móvil para hacer una nueva llamada.
―0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-
Por lo menos, el terrible frío al cual se habían expuesto durante más de veinte minutos en que tuvieron que continuar el camino andando… habían servido para que los golpes que había recibido del pelirrojo ya no se sintieran. Lo que era más, estaba temiendo que los dedos de sus pies se hubiesen congelado inevitablemente y ahora sus dedos se caerían en cualquier momento dentro de sus zapatos.
Sakura no logró evadir a Sasori mucho tiempo más tras su apresurada llamada. La pelirosa no tenía idea si aquel único esfuerzo que pudo realizar rindió algún fruto. El móvil cayó de sus manos durante el forcejeo con el aristócrata, y en medio de aquella rencilla de tira y afloja, se había perdido por algún lugar del bosque al salir despedido por culpa de alguna patada que alguno de los dos le atinó… El hecho era, que a pesar que Sakura hizo su mayor esfuerzo para quedar libre, el enfurecido pelirrojo lo extinguió con un par de golpes contundentes.
Ella sabía que había agotado toda su paciencia, y aunque vio la pistola en su mano, temió más el volver a quedar atrapada en sus garras que a la posibilidad de que el enloquecido pelirrojo la usara en su contra. Después de todo, la necesitaba viva si quería que el dinero en su cuenta pasara a la suya… Aunque eso no significara que iba a mantener su palabra de no hacerle daño.
―No me dejaste elección, ¿ya estás contenta? ¿esto era lo que querías, Sakura? ¿ah? ―no había golpeado su rostro. No, no podía dañarla demasiado en lugares visibles. La herida en la frente de la chica y la mejilla hinchada fácilmente lo podría justificar con el accidente con el auto en el que ella "no se había abrochado el cinturón", pero Sasori fue cuidadoso.
Para someterla, había apuntado a zonas más escondidas pero igual de vulnerables: su estómago.
La pelirosa seguía caminando tambaleante, arrastrada por Sasori, a través de un camino irregular, por entre los árboles de aquella nevada montaña. Para ese momento, el frío le estaba calando hasta los huesos. Tiritaba como si no llevara ninguna prenda, su rostro lucía pálido, algo enrojecido por el temporal tan helado. Sentía como si hubiera metido la nariz al congelador, le ardían los ojos, castañeaban sus dientes y sus piernas apenas podían aguantar el maltrato.
Sasori no le daba ninguna pausa para respirar. Si tropezaba, le levantaba de malas formas y a empujones o tirones le hacía continuar caminando hacia algún lugar extraño… Para ese momento, las esperanzas que tenía Sakura de salir de aquella situación… se habían terminado. Había fallado su única oportunidad de pedir ayuda a Sasuke, y ahora… estaba completamente perdida en aquella montaña, con la peor compañía que podía tener. Del Sasori amable que había conocido no quedaba ni rastro. La ojijade se imaginaba a sí misma en una camilla, transformada en un vegetal… tal como le había ocurrido a Kaori al caer en las manos de tal demente. Las lágrimas congeladas se volvían escarcha apenas salían de sus ojos, y tenía que limpiarlas antes que obstaculizaran su visión.
Caminaba con los brazos alrededor del vientre, en el que Sasori tan desalmadamente había hundido el puño por la obstinación de la chica al resistirse tanto. Sakura rogaba no tener heridas internas… Por un momento, pensó en Shizune, la sobrina de su madre, quien era enfermera y muy vagamente recordó alguna conversación en que hablaron de hemorragias internas. La pelirosa sentía mareos, y nauseas, sin mencionar un dolor interno que ni el frío sofocaba del todo. Ahora era cuando verdaderamente temía por su vida.
―Maldición, por fin. ―Sasori apresuró el paso, y la sujetó del brazo para hacerle avanzar sin delicadeza también. Sakura dio un nuevo traspié cuando en su camino se atravesó una raíz que sobresalía del suelo, pero ni así el aristócrata se volvió para ayudarla. En cambio, rechistó con un mal humor terrible, la miró en el suelo intentando levantarse como si se tratara de un desperdicio y tironeó de su brazo hasta que finalmente ella estuvo de nuevo sobre sus pies― Eres un poco torpe, ¿verdad, cariño? ―rezongó con un tono lleno de aversión que ya no se preocupaba en esconder.
Sakura sintió como le temblaban los labios y las ganas de llorar se hacían más fuertes cada vez.
"Sasuke-kun…"
Error tras error había cometido… Desde el principio, aunque el empresario frío y que se decía cruel, quien la había secuestrado el mismo día de su boda, tan sólo le intentó advertir del peor error que cometería en su vida. Ese hombre la había secuestrado, pero… a pesar de todo ello, jamás la lastimó. Y ella peleó desde el principio, lo rechazó y llamó mentiroso… Y ahora, era Sasori quien la llevaba a rastras, le había mostrado la falta de compasión que tenía, y lo poco que le importaba realmente lo que le pasara. El verdadero hombre cruel, codicioso, y frío, siempre había sido Sasori. No Sasuke… y cuánto lamentó haber escrito su propio epitafio al hacerle prometer al hombre incorrecto que jamás intentaría buscarla de nuevo.
La nieve crujió bajo sus pies al igual que la hojarasca, pero se detuvo de pronto cuando Sasori lo hizo también. Fue entonces cuando la pelirosa alzó la mirada, para encontrarse delante de una cabaña que… jamás pensó pudiera encontrarse en un lugar así. Y aunque eso podría resolverse como el entrar a abrigarse, a Sakura no le produjo ninguna satisfacción. Por el contrario, sintió un gran terror del saber que ahora Sasori quería que entrara ahí, en aquel lugar que probablemente nadie más conociera y del que quizá ya no saliera con vida. Sakura sintió un terrible nudo en la garganta, como si de pronto alguien le estuviera estrangulando, aunque no fuera así.
Se perdió en el horror que sentía mientras Sasori buscaba las llaves dentro de su chaqueta y entre maldiciones y violentos tirones intentaba abrir la puerta desgastada de madera. Pero cuando lo hizo, y la miró, fue cuando realmente sintió la desesperada necesidad de echarse a correr como perseguida por el mismo demonio.
―Entra. ―ordenó, tajante, el aristócrata. Sakura retrocedió un paso.
―N-no… ―gimió temblando aun más.
Los ojos de Sasori destilaron ira pura.
―¡Te he dicho que entres ahí! ―gritó, con su rostro coloreándose de pronto de rojo por el cabreo que le dio la nueva desobediencia de Sakura. Pero en esa ocasión no le daría más margen para seguir negándose. El aristócrata tomó los hermosos cabellos rosados de la chica y tiró con fuerza, la suficiente para que Sakura lo lamentara y las lágrimas saltaran de sus ojos otra vez. La arrojó dentro de la cabaña, sin importarle que perdiera el equilibrio por la violencia del acto, y terminara –de nuevo- en el suelo.
Sasori entró también y cerró con un portazo que hizo eco en aquella construcción. Sakura retrocedió aun en el suelo, reptando, hasta que su espalda se chocó contra la pared, y miró horrorizada a Sasori, jadeando y entre lamentos, de nuevo, bañando sus ojos con lágrimas que no podía contener por el maltrato y el miedo que sentía recorriéndola. El pelirrojo se acercó en un par de zancadas. Se inclinó y quedó tan cerca que la chica pudo notar cómo palpitaba la vena en su sien, esa que le había golpeado con la llave inglesa y que ahora lucía amoratada e hinchada… pero eran sus ojos, esos ojos demenciales los que le helaban toda la sangre, aun más que el frío que azotaba los fríos interiores de aquella cabaña.
―Ahora escúchame bien, cielito… ―masticó Sasori, tomando bruscamente el rostro de Sakura entre sus dedos, presionando al punto en que aquellos puntos en las mejillas de la chica se pusieron blancos y ella sintió de nuevo dolor. La sonrisa del aristócrata era ya para ese momento desdeñosa, aunque intentó modular el tono con el que hablaba a uno más dulce… que igualmente, escondían una amenaza explícita y siniestra― Así van a funcionar las cosas de ahora en delante: yo te pido algo, y tú obedeces, como una niña buena y dulce. Lo harás ¿verdad, mi amor? Si lo haces, yo también seré bueno y tierno contigo… ―sonrió tan cruel hombre.
Sakura gimió por el dolor, y aun cuando Sasori sujetaba su rostro, asintió, temblando de miedo.
―Bien, muy bien, hermosa. ¿Ves cómo es sencillo entendernos? Pronto olvidaremos todo este… desagradable lío, amor. Seremos muy, muy felices. ―aunque el gesto sonriente en la cara del pelirrojo se acrecentó, era obvio que Sakura no le creía ni una palabra.
Él la soltó y luego, se giró buscando el interruptor de la luz. Sakura se acurrucó en aquella esquina, como si ahí pudiera protegerse de aquel terrible tipo con quien estaba. No lo perdía de vista, ni mucho menos, dónde es que ponía la pistola que llevaba consigo: bien asegurada en su cinturón. De igual forma, a Sakura no le quedaban ganas de intentar arrebatársela. Aquello… sólo podría acabar mal. Muy mal.
Sasori caminaba rápidamente de un lado a otro. En aquel lugar, no habían demasiadas cosas… cajas de cartón apiladas unas con otras, que no lucían como si tuvieran dentro algo de valor, sino simples ratones y arañas, quizá alguno que otro objeto que antes hubiese sido un adorno, se quiso imaginar. Pero sí había una chimenea. Incluso, habían también leños apilados cerca de ella… no lucían como que tuvieran mucho tiempo ahí. Al mirar todo cuidadosamente… parecía que aquella cabaña… había sido usada recientemente.
―¿Q-qué lugar es este…? ―la voz de Sakura ahora se escuchaba ahogada, algo maltratada por los gritos de ayuda que dio cuando forcejeaba con el aristócrata. Además, al hablar le dolía el vientre. Por poco su voz era un murmullo. No sabía si Sasori respondería… pero… realmente necesitaba saber, aunque no hubiera nada que hacer ya.
El pelirrojo le dedicó una mirada por sobre el hombro mientras arrojaba los leños dentro de la chimenea, compuso una mueca, pero luego, rodó los ojos. Buscó la caja de cerillos y con los dedos temblorosos, intentó encenderlos para poder –a su vez- encender la chimenea.
―¿Esta horrenda cabaña? Oh, la construyó el bisabuelo de Kaori, cielo… ―replicó él, con un gesto despectivo en sus labios. Maldijo cuando la cerilla que intentaba encender se rompió. La arrojó junto a la madera con un gesto de asco y luego giró el rostro para ver a la pelirrosa, componiendo una sonrisa cargada de malicia y sorna― Después del accidente, dejé a mi pobrecita esposa aquí con una enfermera incompetente. ―al oír esto, los ojos de jade que poseía Sakura se abrieron con gran impresión. La sonrisa desagradable en el rostro de Sasori sólo se acrecentó― Esperaba que la linda Kaori se reuniera lo más pronto posible con su madre en la otra vida… pero no hubo suerte. ―y sin más ni más, como si estuviera hablando de cualquier nimiedad, el hombre se encogió de hombros con el más detestable cinismo y desinterés.
Sakura sintió que las nauseas aumentaban.
El aristócrata volvió a maldecir cuando el segundo intento de encender la chimenea fracasó. Su ceño volvió a fruncirse, aunque la sonrisa de aversión en su cara se mantenía.
―Esta maldita cabaña es el símbolo de lo que es realmente esa odiosa familia. Unos don nadie. Unos campesinos presuntuosos que trabajan con sus manos y creen que eso les confiere aun más estatus… ―a cada palabra que salía de sus labios, Sakura se daba cuenta de la cantidad tan enorme de veneno que aquel hombre era capaz de escupir. Se pegó aun más a la pared, como si así pudiera distanciarse más de él―. Igual que ese imbécil de Uchiha. Él vino aquí el año pasado, pisándome los talones… ―se burló― Estuvo a punto de encontrar a Kaori, casi no me dio tiempo de sacarla de la cabaña y ocultarla en el bosque con la enfermera… ―relató, como si aquello le confiriera un placer perverso, riéndose además.
La pelirrosa no sabía si tenía más ganas de huir o de darle un buen golpe.
―Después de ello, comencé a dejar pistas falsas por todo el mundo para confundirle. Y él, tan idiota, caía en cada una de ellas como el estúpido desesperado que es.
Sakura pensó en los esfuerzos de Sasuke tratando de salvar a su hermana… Recordó su rostro, lo decaído que estaba cuando regresó de haberla buscado y casi lloró en sus brazos… Se imaginó todo el sufrimiento que tuvo que pasar, durante un año, siempre guardando esperanzas de encontrarla finalmente… y sintió rabia y frustración ella también.
―¿Cómo puedes ser tan cruel? ―le dijo ella, sin poder esconder bien lo que sentía al respecto. Pero aun y con eso, el rostro de Sasori tan sólo mostraba diversión y malicia.
―Me era más fácil mantenerle entretenido en persecuciones inútiles que en arriesgarme a trasladar a Kaori a otro lugar. Pensé que el accidente que tuvo había sido obra del destino, que venía finalmente a recompensarme como merecía… Nunca pensé que esa mujer sobreviviera un año en ese estado. ―de nuevo, fracasó intentando encender la chimenea.
La ojijade lo miró fijamente, con los ojos muy abiertos y cubriéndose la boca con la mano, horrorizada.
―T-tú… ¡eres un monstruo! ¡trataste de matar a tu esposa!
―No. ―replicó él, volviendo a sonreírle― Nadie puede decir que traté de matarla… todo lo que hice fue ayudar al destino. Ella debería haber muerto en ese accidente. Me merezco su fortuna más que ella. Ella se casó conmigo. Me lo he ganado. Me lo merezco… Así como también merezco que tú seas mía. ―replicó, causando el desagrado más profundo en Sakura, aun cuando el hombre no solo la observaba con deseo, sino también con una sonrisa que despertó todos los temores de la chica.
Sasori acercó la cerilla que finalmente había logrado encender a la leña, pero esta no encendió y sólo consiguió quemarse los dedos. Maldijo. Insistió un par más de veces con el mismo resultado.
―¡Agh, mierda! ―ladró, colmado y arrojó la cajetilla a la chimenea, furioso y frustrado. Miró entonces a Sakura con una sonrisa que tornó sensual y amenazante― Que se pudra la maldita chimenea… mejor, habrá que calentarnos de otro modo, Sa-ku-ra… ―silabó, y el corazón de la pelirrosa latió a todo trote cuando le vio dar un par de pasos hacia ella.
Enseguida intentó retroceder, pero la pared ahí le impedía hacerlo más. Jadeó de miedo y trató de pasar saliva.
―¿Serás una niña buena conmigo, hmm? ¿O tendré que convencerte de otro modo? ―ella vio, con horror, cómo una de las manos de Sasori se deslizaba hacia su cadera, acariciando, peligrosamente, la culata del arma que llevaba consigo. El alma se le caía a los pies. Tembló ya no solo por el frío que le atería, sino porque realmente estaba acorralada.
―Sa-Sasori… n-no… ―suplicó, notando de nuevo sus ojos humedeciéndose.
―Oh, no me mires así, preciosa… tú también te vas a divertir… Ahora, sé buena y ponte de pie, cariño… ―solicitó, de nuevo, con ese tono que causaba escalofríos. Sakura le miró suplicante de nuevo, rogando que no le hiciera nada.
Entonces notó un tic nervioso surgiendo en la comisura de sus labios. El aristócrata soltó un suspiro y negó con la cabeza.
―Creo que necesitas aprender por las malas… ―desenfundó su arma.
Sakura escuchó el disparo como un trueno y gritó de horror. Se arrojó hacia un lado cuando sintió las astillas de la madera golpear contra su mejilla. El demente había disparado demasiado cerca de ella, demasiado cerca. Horrorizada, miró el agujero que había quedado en la pared, donde hacía unos segundos estaba, casi a la altura de su cabeza, separada sólo por centímetros. De nuevo sintió ganas de vomitar.
―Intentémoslo una vez más… ―tan rápido como había mirado en aquella dirección, sus ojos volvieron asustados y rápidos a Sasori. Sintió como si se estuviera hundiendo en el suelo al ver el cañón apuntándole directamente. El pelirrojo le sonreía… pero ella ya estaba segura… que no estaba jugando― Ponte de pie, amor. ―ordenó. A Sakura se le puso la piel de gallina.
Entre lágrimas, ella obedeció. Temblando, se levantó hasta ponerse de pie, ante la mirada satisfecha del pelirrojo, quien además, movió también el arma para ajustarla a su altura, asegurándose de mantenerla en la mira.
―Muy bien, preciosa, así. ―él retrocedió, con el arma en la mano, y tranquilamente tomó asiento en el único sillón viejo de aquel lugar, acomodándose como si estuviera a punto de ver algún espectáculo. Le sonrió ampliamente y recorrió el cuerpo tembloroso de la pelirrosa con deseo― Siempre he querido verte desnuda, cielo… ―murmuró, resaltando un ronroneo en su voz. De nuevo, fijó su mirada en los bonitos ojos verdes de Sakura― Hermosa, fuera ropa...
"Sasuke-kun…"
Sakura imploró un milagro. Rogó que el morocho apareciera enseguida a salvarla. Que entrara en ese instante por la puerta, y corriera a protegerla. Pero los segundos avanzaban, y ahí estaba ella, delante de un psicópata, desvalida y vulnerable, deseando despertar de aquella pesadilla. Sasori colocó el dedo en el gatillo y ella sollozó. Temblando, levantó las manos, para tomar con ellas su gabardina que para ese momento se sentía tiesa por el frío. La deslizó por sus hombros, y dejó que esta cayera al suelo. Apretó los párpados, sin querer seguir viendo el rostro tan desagradable del aristócrata, queriendo olvidarse de él. No quería pensar, ni por un momento, en lo que iba a suceder… un hombre tan cruel, déspota y tan bastardo…
―Ahora ese vestido, linda…
Se sentía tan frustrada y asqueada, y el miedo le impedía dejar de temblar. Ahora no sólo sollozaba de horror, sino también de desesperación por no poder hacer algo. Ella sola, ahí ¿tendría alguna oportunidad contra semejante ser viviente tan aborrecible? ¿la suerte estaba echada? ¿tenía que resignarse a que hiciera con ella lo que quisiera?
"Kuso… Kami, ayúdame…"
―Estoy esperando, cielo. ―apuró Sasori.
Sakura sentía el ácido de su estómago quemando sus entrañas. Ahogó un nuevo lamento, y apretó los puños, desesperada. No se le ocurría nada. Ni una solución. Y las posibilidades que Sasuke apareciera eran… tan escasas…
―Sakura. ―demandó entonces el aristócrata, causando que ella diera un respingo. La ojijade miró hacia el techo, sintiendo una gran repulsión. Levantó las manos, y las llevó hacia su espalda, a donde se encontraba el cierre del vestido que llevaba.
―Bien, eso es… ―le escuchó susurrar, y aunque no quería mirarlo, adivinó… que estaba sonriendo, realmente disfrutando de humillarla así. De torturarla. Tal como lo debió haber hecho con Kaori.
Sintió la tela escaza del vestido resbalar por su piel. Ahora ella estaba casi desnuda. Tiritaba por el frío, el temor, y el sinfín de emociones contradictorias que le comprimían cada vez más. Sentía como si fuera a darle alguna enfermedad, o algo. Se sentía tan terrible. Tan inútil…
―Dios mío, amor… eres tan hermosa… ―escuchó al pelirrojo sisear con lascivia, y tuvo que apretar los puños de nuevo. Ese tipo cada vez estaba causando que ella le detestara más y más― Cielo, mírame… ―pidió, y ella lamentó otra vez su situación.
Cuando bajó los ojos, lo que vio tan sólo le revolvió por enésima vez el estómago. Sasori la miraba fijamente, con una sonrisa satisfecha y excitada en su cara. Se había abierto los pantalones, y ahora se masturbaba al observarla, sosteniendo el arma el alto con la otra mano. Le demostró que aquello le daba tanto placer como era el tenerla completamente sometida, y sin salidas. El que Sakura le dedicara una mirada de asco profundo sólo ocasionó que en los ojos de Sasori apareciera un brillo malévolo y complacido. Aunque su mano subía y bajaba a un ritmo tranquilo en la extensión de su erección, emitió una exhalación de gusto.
―¿Qué opinas, cariño? ¿No te gusta? ―rió― Ven más cerca… te dejaré darle un buen vistazo.
Sakura deseó tener a la mano de nuevo esa llave inglesa.
Todo el desagrado que sentía por el hombre que la miraba con tal perfidia se reflejó en sus facciones. A pesar de las lágrimas, aun cuando temblaba de frío y de pavor, Sakura caminó hacia el cruel hombre, en cuyos ojos chispeaba la satisfacción. Se acercó al punto en que el cañón del arma quedó a centímetros de su vientre. Sasori miró hacia arriba ampliando la sonrisa. Ella se tragó un gran insulto.
―Qué chica tan buena… ―escuchó, y tembló en tensión cuando el aristócrata deslizó la punta del arma por su blanca piel, bajando hacia su muslo y jugando con la tela de sus bragas, como si pudiera despojarla de ellas usando su pistola. Volvió a cerrar los ojos, sintiendo un nudo desagradable en la garganta― De rodillas, amor.
Obedeció.
Nadie iría ahí a salvarla. Ni Naruto llegaría corriendo a defenderla… ni Sasuke… Fue ella misma, con su ingenuidad, su propia falta de sentido común, quien había terminado en ese lugar, con ese hombre. Ella fue quien había dejado nuevamente que sus emociones fueran lo primero antes de pensar y arruinara por ello la única oportunidad que tenía. No podía depender de nadie…
―Ahora, cielo… ¿por qué no…?
Por una vez en su vida… tenía que valerse por sí misma. Y afrontar ella misma sus problemas…
-¡AAAAGHH ...!
La ojijade se atrevió a morder la erección del aristócrata.
―0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-
―No me interesa que no haya un maldito helipuerto en ese lugar, ¿me oye? Le estoy ordenando que me lleve. Bajaré con una jodida soga si es necesario. ―demandó el azabache, hasta las narices de las excusas que su incompetente aviador le daba y le hacían perder el tiempo precioso. ¿Qué mierda le importaba que el vendaval fuera malo? ¿o que el clima en la montaña fuera peligroso? No llegaría jamás de haber tomado un auto en aquella carretera.
―Señor Uchiha, por favor reconsidere…
―¡Cállate, maldición! ―Sasuke prensó el puño, y por un momento, el aviador se echó para atrás, temiendo recibir un golpe. El azabache se detuvo en el último momento, desesperado, y rechistó― Juugo, ¿sabes volar helicópteros? ―preguntó a su guardia, quien –para ese momento- no sabía dónde esconderse.
―Sí, señor.
―Conduce. ―exigió el morocho, sin dar oportunidad de que el aviador diera un nuevo motivo para detenerlo. Subió al helicóptero, y se aseguró en el asiento. El pelinaranja se situó enseguida en el lugar del operador, y comenzó a habilitar los instrumentos.
Sasuke apretó el móvil en su mano. Hacía unos momentos, le habían confirmado que el Ferrari efectivamente pertenecía a Sasori. Ahora no tenía ninguna maldita duda que ese malnacido estaría en ese lugar.
Tan sólo esperaba llegar a tiempo.
"Sakura… ya casi estoy ahí."
Apretó la quijada al punto de hacer crujir sus incisivos.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Fin del Capítulo
¡Hola! Ha pasado un largo, pero muuuuuuy largo tiempo ¿eh? C: Sé que quizá muchas de ustedes quieran matarme xD (no las culpo) y sé que había dicho que no abandonaría Fanfiction… PERO PASARON MUCHAS COSAS C: No quiero darles una laaaaarga plática XD pero bueh, el caso es que quiero terminar este fic sí o sí. Minna, ya voy a graduarme de la universidad owo estos tres años en que no he estado presente me dediqué de lleno al estudio y al Roleo como pasatiempo xD Como dije, pasaron muchas cosas (?) pero lo importante es que vuelvo a estar aquí.
¡Ojalá les haya gustado el capítulo! Realmente pasé por dificultades para continuarlo, porque tras releer toda la historia, pensé que sería buena idea modificar el final que debía darle de acuerdo al libro xD (La novia raptada, de Jennie Lucas, para quien me preguntó por review) porque realmente el que tiene no guta v: ASÍ QUE… ¿Qué dicen? eue ¿vamos bien? ¿exageré? ¿hubo explosión de ovarios? ¿las hice sufrir? ¿LLEGARÁ SASUKE A TIEMPO? XDD Todo esto y mucho más en el último capítulo de Príncipe Oscuro c:
Como compensación, les daré una sorpresita al final XD GOMENASAI POR DESAPARECER ;o;
Esperaré encantada sus reviews 3
¡Hasta la próxima!
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Gracias por leer.
Dai Emi.
