Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.
Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Dicho esto, comencemos pues...
0000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000
Instinto animal.
0000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000
Capítulo catorce: Te daré un hijo, pero...
Kuroko estaba distinto.
Algo a su alrededor había cambiado, y parecía mas que evidente para todos los madarui.
Al mismo tiempo, esa mañana estaba especialemente feliz, y no sabía muy bien por qué. Sentía que había dejado atrás todas sus preocupaciones, todo lo malo.
– Buenos días. – Su sonrisa llenaba el cuarto al completo. No parece importarle que su uniforme de trabajo siga siendo el del personal femenino.
– Noto por tu tono que has terminado de limpiar y por eso estás tan contento y perdiendo el tiempo por aquí. – Masako entra en la cocina, casi tras él. Su tono serio le indida que no está en broma.
– No, lo siento, iré a barrer la entrada. – No pierde su sonrisa, pero eso no hace que Masako le responda. De hecho nota algo raro en su aspecto y no tarde mucho en darse cuenta de lo que ocurre.
– Kuroko-kun. – Akashi le para antes de que salga fuera; mira el suelo, avergonzado. – Siento mucho lo de ayer, creo que me excedí... pero no sabía como explicarte la sensación sin hacer la prueba, yo...
– Está bien, no pasa nada. – Kuroko no abandona su sonrisa. – Lo entiendo, y te prometo que me esforzaré muchísimo mas, para que te sientas orgulloso de mí. Ya lo verás.
– Lo estás haciendo muy bien, hoy casi no se percibe tu espíritu animal. – Es cierto, y es lo que le hace darse cuenta de lo que ocurre.
– Venga, vete a limpiar. Hay mucho que hacer. – Mira a Akashi, fijamente.
– Hoy tengo mucho trabajo en la cocina, pero mañana estaré contigo de nuevo. – Akashi se disculpa, de verdad.
– Vale. Me esforzaré durante todo el día para que mañana veas lo bien que lo hago. – Agita la mano en el aire y sale a la carrera, casi contento por tener trabajo que hacer.
El día anterior quería morirse... era un cambio muy radical.
– Akashi... ¿Qué le estás enseñando a Kuroko-kun? –Masako mira a su hijo fijamente. – ¿Le habéis congelado?
– Si, pero me parece que ha pasado algo con Kagami... no es solo el espíritu, hay algo mas profundo.
–Eso espero...
El jaleo en el restaurante les hace asomarse desde la cocina.
– Kise y yo tenemos clases de verano, el restaurante es cosa tuya hasta que volvamos. – Kagami los mira a los dos como se le debieran un gran favor. – Sé bueno, sonríe a los clientes, sobre todo a las chicas...
Aomine deja de hablar con su hermano al ver a Kuroko pasar a la carrera. Kise le imita, los dos mirando fijamente, extrañados, al pequeño gatito que carga un cubo de fregar en una mano.
– ¡Hola! buenos días. ¿Qué hacéis aquí? – La cara rara con la que le están mirando le hace cambiar la pregunta. – ¿Tengo algo raro?
– No... –Aomine se gira un poco para encarar a Kise, los dos igual. – ¿Va todo bien?
– Genial, todo muy bien. – Sus ojos llenos de luz se van a Kagami, que a un lado se limita a mirarle en silencio desde que ha entrado. – ¡Ah, Kagami...
– ¿De que vas?. – Las palabras surgen agresivas de su boca, incluso le agarra por la muñeca y le acerca a él a la fuerza.
– No entiendo... – Kuroko mira a los otros dos, sin saber muy bien que pasa.
– ¡Oh! hay una pelea desde tan temprano. – Himuro está contento, aunque sus palabras suenan con cierta felicidad se contiene. – ¿Estás muy liado?
Kuroko niega, aunque aún no entiende que está pasando ahí, por qué todos le miran como si tuviera algo raro en la cara, o por que parece que Kagami está enfadado con él.
– Tengo que fregar la entrada. – Sus ojos van solos hasta Kagami.
– Pues venga, ve, no quiero que te regañen por eso. – Himuro se interpone entre él y su hermano, y a pesar de que el pelirrojo trata de agarrarle, se las arregla para que Kuroko salga del cuarto sin que llegue a rozarle.
– ¿Qué te pasa?... Te dije que no se la metieras. – Kagami parece enfadado con Himuro, realmente enfadado con su hermano.
– No es mi culpa si él te ha rechazado. – Kise atiende a la pelea, con interés. – Que te haya cerrado su corazón es cosa suya. Si me elige a mi pelearé contigo por él, pero no le he hecho nada, ya te lo dije, soy un caballero, no le haría algo tan ruín a mi hermano. – Himuro agarra la muñeca con la que Kagami le ha sujetado por la camiseta para intimidarlo. – Te juro que no me he acostado con él.
– Me da igual, Kuroko es mío. – Sentencia, en voz alta.
– Eso dices ahora, pero me gustaría saber que opina Kuroko de eso. Ahora mismo estoy seguro de que no te mencionaría para nada como su pareja. – Tanto Kise como Aomine se habían dado cuenta de que algo le pasaba al gatito. Por norma general cuando Kagami le asustaba tomándole por sorpresa, solía cambiar al pequeño felino de repente. Eso no había ocurrido al llegar, lo que demostraba que Kuroko había desechado lo que sentía por él... – Lo has notado, su apariencia espiritual no reacciona a la tuya. No solo ha escondido su espíritu, ha cerrado su corazón a lo que siente por ti, y eso no es culpa mía.
– Me da igual lo que él piense de mi. Es mi pareja, y punto. – De nuevo se impone, a su manera.
– Creo que anoche nos escuchó … – Kise murmura... Aomine asiente a sus palabras.
Si Kuroko le escuchó decir que solo le quería para tener el bebé, es normal que haya cerrado su corazón a cualquier cosa que venga de él, y se haya centrado en el entrenamiento espiritual con toda su alma.
– A diferencia de ti, me gusta Kuroko, como persona, como ser humano, no como una fábrica de bebés. No perderé ante ti si quieres una lucha justa por él
Kagami le mantuvo la mirada, altivo, con la convicción de quien se sabe ganador de antemano.
Himuro se quedó ahí, mirándole igual, con la pose de alguien que no se rendirá, pero que luchará justamente. Lo último que quería era ver sufrir a Kuroko injustamente. Dejaría que él eligiera.
Y el egoísmo de Kagami no hacía mas que anotar puntos en su marcardor.
…...
Akashi repasaba la lista de conmensales en la trastienda.
Era extraño que la cantidad de mujeres jovenes fuera tan alta, mas desde que sus dos hermanos habían aparecido a ayudar.
Tenía el presentimiento de que Alex estaba cerca. Su madre era capaz de muchas cosas, cosas ilegales en su mayoría, pero no podía concebir que estuviera exponiendo a sus hermanos como ganado con la excusa del restaurante... Aunque esa mujer era capaz de eso y mucho mas... incluso podría haberles cobrado por adelantado solo por ir a comer al restaurante y que Kagami o Aomine fueran sus camareros...
Esperaba que no fuera el caso, o Kuroko y Kise tendrían mas que problemas.
Alex no era de las que encajaban una negativa con elegancia, era mas bien de las que se salían con la suya pasando por encima de cualquiera, usando todo método a su alcance.
Aunque lo último que sabía de ella es que la habían detenido en el extranjero por servir comida sobre mujeres desnudas en un crucero de lujo... pero no pondría la mano en el fuego por esa versión.
Necesitaba hacer un par de llamadas y ver que pasaba con tanta reserva... y sobre todo con esas notas pidiendo a sus hermanos …
…...
– Muchas gracias, el plato está delicioso. – Una voz suave, una chica hermosa, tímida.
Kagami no responde, se limita a asentir y a retirarse a la cocina.
Esa extraña le está mandando sus feromonas de que está disponible para el apareamiento. Incluso esa mujer desconocida le muestra sus ganas de procrear con él.
Y Kuroko se había convertido para él en un inmenso agujero.
No olía a nada, no sentía el calor de su alma animal al acercarse, ni ese nerviosismo que disimulaba con su cara de palo cuando le miraba con esos preciosos ojos azules.
¿Qué había hecho mal?
Le había seguido el juego en todos sus caprichos. Se había mostrado cariñoso con él cuando pensó que el gatito lo necesitaba, había sido amable, había sonreído.
¿Que ganaba con enamorarse, o sentir algo por él?
Era estúpido y no le hacía falta.
Entonces, ¿Por qué se sentía tan enfadado?
Las palabras de Himuro le rodeaban sin descanso. No lo había pensado. No se le había ocurrido que podía aparecer un rival digno, alguien que tendría una posibilidad real de arrebatarle el mandato. Y no por la fuerza.
Si Kuroko le rechazaba así...
– Kagami, una clienta pregunta por tí...
– Me tomo un descanso. – Su mirada le indicaba al otro camarero que no le daría ocasión de discutirlo.
Se estaba enfadando con sus propios pensamientos.
Salió a la parte trasera, encendió un cigarro. No fumaba a no ser que le preocupara algo, algo gordo.
Y esto se merecía un par de cigarros, la verdad.
El sonido de la valla al ser abierta le hizo mirar en su dirección.
Kuroko, con una sandía en una bolsa.
Le mira y aparta la mirada al segundo. Se acerca a donde él está fumando, pasos dubitativos.
Nada de su espíritu se muestra...
– Las geishas del final de la calle me la han regalado. – Levanta la red para mostrarsela. –voy a llevársela a Akashi-san... seguro que él quiere...
Kagami le mira, fijamente.
Le agarra con violencia, le atrae hasta él, intenta robarle un beso.
Kuroko se resiste, aparta la cara, a un lado, al otro.
Eso solo le enfuerece mas, por lo que le arrastra hasta la mesa del jardín y le empuja sobre ella, para ponerse encima de su cuerpo.
– Vamos a hacerlo, aquí y ahora. – Tironea de su ropa, le rompe la camisa hasta que los botones salen disparados, se aprieta entre sus piernas.
– No... no, para... – Aparta la cara, usa sus manos para alejarle con todas las fuerzas que puede sacar. No son muchas pero detiene sus avances como puede.
– Deja que te folle, dijiste que podía... – Busca el cinturón, quiere quitarlo, pero Kuroko lucha con uñas y dientes, no le deja ir mas allá de como están ahora.
– No, por favor, para. – Sigue sus gestos con los contrarios, no le deja seguir por donde él quiere.
– ¿Qué te pasa?. Te comportas como un guarro meneando el culo delante de mi hermano y ahora resulta que no puedo hacer nada contigo. ¿Te has enamorado de él, verdad?
– Pero... ¿Qué estás diciendo?. – Ahora es la rabia la que mueve sus manos. Le aparta, se sienta y consigue recomponer su ropa desgarrada con una mano para ocultar su piel. – De quien estoy enamorado es de ti, pero renuncio...
– ¿Qué renuncias?. – Hiriente, repite lo último con desdén.
– Por que tu no me quieres, ¿Verdad? – Suena tan derrotado que da pena. – No puedo ser la pareja de alguien que no me quiere.
– Aún así, tendrás a mi hijo. – Puede decir lo que quiera, pero no le va a dejar escaparse de esa obligación.
– ¡No te importa lo que yo quiera siempre que traiga a tu hijo al mundo, ¿Verdad? – Kuroko grita, enfadado, confuso, dolido.
– Te he tratado bien todo este tiempo. He aguantado tus tonterías, he contenido mis ganas, mi celo, por tí. He tonteado contigo, he sido amable... Te seguí el juego... justo lo que tu querías.
– ¿Estás diciendo que no querías hacerlo? Todas esas cosas te molestaban ¿verdad?. – Kuroko se desmorona en cada palabra. Nunca le ha querido, esa es la realidad. – Yo era molesto, detestable, pero aguantabas a mi lado. Tu sonreías, así que pensé que todo estaba bien, que yo también te gustaba...a tu lado me sentía bien, relajado, contento... ¿Para ti era un castigo? ¿No sientes nada bueno por mí?
– Quiero que me des un hijo, es todo. – Tenía que cortar el lagrimeo ya, o acabaría siendo mas cruel de lo que pretendía.
– Pero... si me odias... odias estar conmigo... ¿Por qué quieres que tenga un bebé? – No lo entendía, solo podía llorar y nada mas.
– Por que eres un valedor del linaje. – No puede mirarle a la cara, siente un nudo en la boca del estómago y no comprende la razón de todo ello.
– ¿Y si no quiero?. – Murmura, muy bajito.
Kagami cierra el puño, lo alza. La rabia le rodea de tal modo que solo piensa en golpearle por tal insulto. Pero algo detiene su mano en alto.
– Así te vengarías de mi, ¿Verdad? – No lo había pensado. Kuroko podía negarse ...y él podía obligarle, encontraría el modo aunque tuviera que tomarle por la fuerza.
– Está bien, tu ganas. – De rodillas en la mesa, posa la mano abierta en su mejilla.
Kagami no entiende que es lo que ha ganado.
Ante él Kuroko está mucho mas que desolado. Sus ojos están vacíos de sentimientos, y ya no hay rastro de su espíritu, ni una pizca.
– ¿Qué...
– Tendré a tu hijo. – Toma su mano, la lleva hasta su vientre y la deja ahí, posada. – Alumbraré a tu bebé, pero … cuando me quede embarazado no volverás a tocarme... y cuando ese bebé haya nacido, no habrá nada entre nosotros... cuando nazca el niño, me iré con la persona que realmente me ame. ¿Así está bien, verdad?
Kagami no sabe que contestar... solo se queda ahí, de pie, sintiendo en su mano la calidez de la piel de Kuroko y la punzada en el corazón que le dice que algo, lo que sea, está mal.
0000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000
Lágrimas, buaaaahhhhhh
Kagami bakaaaaaaaaaaaaaaa
Besitos y mordisktios
Shiga san
