Narra Nadir
-¡No disparéis!-grito de inmediato en cuanto sé al cien por cien que la persona que está ante mis narices es Gabriel. Bueno al menos es él con algunas cosas más integradas, como esas alas plumosas que tiene a la espalda.
Mis peores pesadillas se han hecho realidad por culpa de estos macabros demonios que se hacen llamar personas. Él se encuentra muy demacrado y su tez es aun mucho más blanca de lo que ya era. Las cuencas de sus ojos se meten muchísimo hacia el interior del cráneo con un color rojo-morado horrible y sus ojos parecen inyectados en sangre, como si hiciera bastante tiempo que no puede dormir.
Con solo mirarle puedo sentir todo el posible dolor por el que ha tenido que pasar para llegar a ese estado. Lo siento como una corriente eléctrica en mi cuerpo. Me dan ganas de llorar, mas retengo mis lágrimas. No debo mostrar debilidad al enemigo ni a mis "amigos". La firmeza y la frialdad es algo muy importante en estos tiempos y yo debo ser perfecto en ello.
-¿Gabriel?-pregunto en voz bastante alta para llamar su atención. Quiero que con ésta pregunta me diga qué es lo que está haciendo ahí y qué le pasa.
Pero sus ojos son los que me contestan, pues mira hacia todos los lados desorientado y tambaleándose. Eso me dice dos cosas: que está muy drogado y no sabe dónde está ni lo que está haciendo; y que le han lavado el cerebro o borrado la memoria y que por eso no responde a su propio nombre. Además, como si no fuera poco, sus temblores y el juego de manos confirman al cien por cien mis dos hipótesis.
-¡Gabriel!-le vuelvo a llamar para que se fije en mi, a ver si consigue reconocerme.
Tarda un poco en llegar a mis ojos, pero los suyos ya no me dicen nada más. Es como si estuvieran vacíos, no tienen el mismo brillo que siempre han tenido -y que he amado-.
-¿Ese es mi verdadero nombre?-pregunta desesperado. Su voz cambia de tono a cada sílaba que suelta. Es como si se estuviera reteniendo de algo.
Dudo. Ahora dudo si contestarle que si -que es lo evidente, pues he dicho su nombre- o que no -ya que él no sabe que realmente se llama así-. Tras él veo como una de las personas que miraban a Gabriel en un principio, me devuelve la mirada y me sonríe con malicia. Luego veo otro movimiento, ésta vez de un arma, que va en dirección hacia quien miran los demás.
-¡No disparéis!-repito, pues aunque ha habido un disparo, no ha ido hacia nosotros.
Mis compañeros me miran sin saber qué es lo que estoy pensando y con ganas de acribillar a las personas que están delante con todo lo que tienen. Admito que sería la solución más sensata para acabar con ellos, pero no puedo dejar morir a Gabriel de esta manera. Tengo que rescatarlo, ya que es para eso por lo que he venido.
Él sigue como intentando retener algo. Su cara está empezando a adquirir un tono rojizo y tiene muy apretada su mandíbula. Se mueve de un lado hacia otro estirándose de los pelos y diciendo una y otra vez "no, otra vez no". Al final, después de tropezarse unas cuantas de veces en la pequeña superficie que tiene, acaba por elevarse de ella unos metros.
-¡Huid!-grita él desgarrándose la garganta y tirándose aun más de los pelos. Sus alas empiezan a fallar y cae lentamente al agua, aunque antes de llegar a tocarla, le vuelven a disparar-¡Ya! NO QUIERO HACEROS DAÑO-y su voz se vuelve... monstruosa.
Unos gruñidos empiezan a salir de su pecho y mis aliados le apuntan sin pensárselo dos veces. Él se acerca hacia nosotros a toda velocidad y con la boca abierta echando babas. Por un momento mi mente se queda en blanco sin saber qué hacer. Le he perdido.
De todos los posibles escenarios que me imaginé de este encuentro, ninguno se asemeja ni de lejos a lo que está pasando realmente.
-¡Tiradle una red!-ordeno a los que están en los cañones. Ellos cambian el artefacto por una red de pescar adecuadamente doblada y se la lanzan-¡No le dañéis u os las veréis conmigo!-digo cómo última esperanza. Haré todo lo que pueda para salvarle, como él hizo conmigo.
Pero la red no impacta sobre Gabriel, si no que le pasa rozando uno de sus pies. Afortunadamente eso le desestabiliza un poco y nos da tiempo a cargar otra. Yo ayudo a doblar la otra red que nos queda para aminorar el tiempo de recarga. Una vez que lo conseguimos, la introduzco dentro del cañón y le digo que ésta vez espere a mi señal, pero que esté todo el rato apuntándole.
-¡Gabriel! Mírame, ¿es que no me reconoces?-le pregunto. La verdad es que ya está bastante cerca de nuestro barco y en cuanto escucha mi voz, se tira en picado hacia mi. Tampoco es la reacción que había pensado, pero supongo que me sirve para mejorar la precisión del disparo.
Había jurado que él se estaba resistiendo a lo que quiera que fuera hace unos minutos y que más o menos lo estaba reteniendo con algunos problemas. Pero ahora... ahora le ha vencido con creces y se ha apoderado completamente de él.
Todo el mundo se aleja de mi asustado por lo que me está viniendo encima, mas yo me quedo esperándole con las piernas temblorosas. No sabría describir su cara con otras palabras que no sean la de un animal hambriento que no se ha llevado nada a la boca desde hace bastante tiempo y que ha visto a su presa perfecta. Yo.
Los siguientes segundos pasan muy, pero que muy lentos. Veo como segundo a segundo lo tengo más encima mío. Quiero tocarle, sentir su piel de nuevo, pero sé que eso no puede ser posible. No en el estado que se encuentra ahora. Cierro los ojos para retener las pocas lágrimas que han sobrepasado mi gran muro y espero a que pase lo que tenga que pasar.
Pero nada, aun no ha pasado nada. Creo que mi corazón, de la tensión, se ha parado momentáneamente y yo he olvidado cómo respirar. Aun no le siento encima mío. ¿Es que a lo mejor ha vuelto en sí?
Cuando abro los ojos, veo una pálida mano borrosa en mi cara y, tras de ella, a Gabriel con los ojos desorbitados y el pelo completamente hecho trizas. Luego, casi al mismo tiempo que una de sus uñas llega a mi frente, un disparo resuena en todo el barco y se lleva a éste con la red, provocándome un enorme arañazo que no me duele.
-¡Lo tenemos, lo tenemos!-grita uno de mis tripulantes.
-¡Ahora disparad contra ellos!-salta otro mientras le hace señales a un tercero para que cargue el cañón con una bala.
-¡No tenemos la orden del capitán!
-¡DISPARAD SIN PIEDAD!-sentencio yo y me llevo una mano a la cara, la cual se empapa en sangre antes de tocar la herida.
Mi vista se está tapando por culpa de los borbotones que salen de ella y tengo miedo de dirigir mi mirada hacia Gabriel y no reconocerle por nunca más.
Los miles de disparos que salen de nuestro barco, impactan todos sobre las personas que tenían antes a Gabriel capturado. Desgraciadamente, parece que tienen un escudo que les rodea a todos y que nuestras balas no consiguen traspasar. El cañón dispara y, dando en el blanco, consigue desestabilizarlos y caen al suelo, al igual que sus armas.
Con las miradas de todos ellos fija en mi, se sumergen de nuevo en el agua por donde habían aparecido. Ahora sería cuando el Nadir normal se hubiera tirado hacia ellos para intentar dañarles como pudiera. Pero ningún músculo de mi cuerpo tiene intención de moverse. Me han roto por dentro, como lo han hecho con Gabriel.
Pero esto les saldrá caro.
Narra Gabriel
"-Deja de alejarte de mi-mascullo.
Llevo corriendo horas en la oscuridad hacia la única luz que mis ojos encuentran. De todo el tiempo que llevo así, no he avanzado ni un milímetro por lo que parece. Siempre está a la misma distancia de mi y no me pienso dar por vencido.
Hay tantas cosas que deseo en esa pequeña luz que tengo ante mi. No consigo enfocarlas con claridad por lo lejos que están, pero estoy más que seguro que son muy importantes para mi. La calidez de esa luz me lo hace saber, al igual que las dos sombras que se mueven casi al compás, llamándome la atención para que consiga llegar ya.
-Quiero llegar ya-digo con ansiedad y hay algo que falla. No sé si he escuchado mal, pero mi voz, o la que yo creía que era mi voz, ha sonado totalmente diferente-¿eh?-y lo confirmo. Es mucho más profunda y grave de lo que debería ser.
Asustado, paro en seco y vuelvo a hablar sin creer que es verdad.
Pero sí lo es.
Me llevo las manos a la cabeza y, sin querer, me clavo algo en ella y siento que el tacto no es igual al que solía ser. Las miro tembloroso y, con la poca luz que hay, consigo ver que están llenas de pelo, son amorfas y hay unas garras enormes en vez de uñas. Ya, esperándome de todo, miro mi cuerpo y veo que está cubierto con el mismo pelaje y estoy desnudo. ¿Qué me está pasando? ¿Por qué no soy como siempre he sido?
Esto no puede ser real.
Tiene que ser un sueño.
-¡Aquí!-me dice una de las voces, creo que tiene voz femenina, aunque ya no se distinguir qué es cada cosa.
Miro, de nuevo, hacia donde está la luz y ésta vez me están llamando aun más la atención. Evidentemente, salgo a correr de nuevo hacia ellos. Quiero llegar cuanto antes a esa zona segura que, a mi parecer, es donde están ellos. Necesito que este mal sueño se acabe.
Pero todo sigue igual, no avanzo ni un solo paso aunque me esté matando a correr como nunca lo he hecho. Las sombras cada vez se mueven con más ímpetu, quieren que esté con ellos, al igual que yo.
"Esperadme" digo en mi mente pues no quiero volver a escuchar la horrible voz que sale por mi garganta y me pone los pelos de punta.
Pero pocos minutos después, pasa lo que más me temía, la luz parpadea. Primero no pierde intensidad, mas a medida que los parpadeos son más seguidos, ésta empieza a apagarse. Aprieto aun más mis zancadas, creo que nunca había conseguido correr así de rápido. Parece que incluso estoy volando por la nada.
-¡No os vayáis sin mi!-grito cuando los parpadeos han llegado a ser tan seguidos que la luz se ha apagado y yo me he quedado envuelto en oscuridad".
Me despierto asustado de mi extraño sueño y una luz me encandila. Mi pecho no para de subir y bajar de manera muy exagerada y tengo la boca completamente seca. Miro hacia todos los lados, intentando recordar dónde estoy pero, cuando consigo adaptarme a la luz, no reconozco nada de lo que veo.
Estoy en una sala completamente blanca y llena de maquinaria de la que salen cables y se hunden en mi piel. En un principio pienso que estoy en otra de las cientos de pruebas que me han hecho pero el color blanco me dice que no. Allí solo utilizaban unos grises tristes que hacían el ambiente aun más tétrico.
Sin saber por qué, mi cuerpo se relaja por completo. Parece que ésta sala me dice que estoy en un lugar seguro fuera de las viles manos de mis anteriores cuidadores. No creo que me puedan hacer cosas peores de las que ya me han hecho ellos y, mirando lo positivo, me he levantado mejor que nunca, aunque tenga unos dolores de espalda horribles.
De pronto y sacándome de mis pensamientos, aparecen un par de personas trajeadas enteras de blanco.
-Veo que te has despertado-dice uno de los que tienen el traje y apunta algo en una libreta que lleva en un bolsillo-Eso es buena señal.
-¿Cómo te llamas?-pregunta el otro, también con una libreta entre sus manos.
Yo intento hablar, pero tengo la boca tan seca que me es imposible hablar con claridad. Ellos se dan cuenta de ello y poco después me ponen delante mía un vaso con una pajita para que pueda beber. He de decir que nunca he probado un agua que supiera tan bien como la que estoy bebiendo ahora mismo. Una vez que me la termino, les contesto.
-Me llamo 25.
-¿Recuerdas algo?- vuelve a hablar el primero que habló al principio. Que estén tan curiosos por mi hace que me ponga de los nervios. ¿Qué es lo que quieren de mi?
-¿Recordar el qué?-les respondo a ellos. No sé a que se refieren. ¿Qué debería recordar?
-¿No recuerdas qué paso ayer?
Y esas palabras se clavan en mi pecho y pierdo el control total de mi cuerpo.
Narra Nadir
El viaje de vuelta fue más vergonzoso de lo que esperaba. Sabíamos que no teníamos muchas posibilidades de hacer algo, pero íbamos con el espíritu de que podíamos mover montañas si nos lo proponíamos. Mas no fue así, claramente. No sabía que estaban tan avanzados tecnológicamente en el armamento.
Solo conseguimos desequilibrarlos y tirarlos al suelo. Ni un solo rasguño, ni una sola muerte por parte de ellos. Porque por la nuestra, puedo decir, que yo he perdido a Gabriel.
Cuando llegamos al puerto del que habíamos zarpado, nos esperaban bastantes personas curiosas de saber qué nos había pasado y si habíamos conseguido lo que andábamos buscando. Nosotros, cabizbajos, contamos todo lo que pasó en el "combate" (si se puede llamar así). Evidentemente, se desilusionaron todos y a nosotros se nos cayó aun más el ánimo.
Gabriel había llegado inconsciente, pues nada más caer a nuestro barco, uno de los tripulantes le propinó un golpe para que no se pudiera volver a levantar. En su momento lo agradecí, no estaba preparado para afrontar al nuevo él. Pero cuando llegamos, temía un poco por la salud que podía tener.
Mi cicatriz me dejó de sangrar a mitad de camino y, aunque ahora me duele bastante, más me duele el pecho. La marca se me curará si le doy tiempo, lo otro no sé si podrá ser así.
Al bajar y tocar tierra, una persona tapada por una capa, me paró.
-Tu eres Nadir, ¿no?-me preguntó y yo asentí con la cabeza- Te llevo bastante tiempo buscando. Creo que deberías venir conmigo, tengo la ligera idea de que somos lo que buscas-declaró con aires de grandeza.
-¿Que qué?-respondí yo incrédulo. En ese momento no sabía para nada qué era lo que andaba buscando, y menos algo que me imponía otra persona por la fuerza. Pero antes de que saliera corriendo o diera la voz de alarma de un posible psicópata -que en estos tiempos hay muchos-, me enseñó un tatuaje que tenía en el antebrazo izquierdo.
No era más que un círculo con uno más pequeño en el centro y otros tres más puestos en forma de triángulo y tangentes al pequeño del centro. Tardé unos segundos en darme cuenta de quieres eran o de quienes decía venir aquel hombre.
Era la marca que había en todas las armas que se comercializaban entre los humanos supervivientes terrestres.
Había escuchado algo de ellos, que estaban intentando, secretamente, acaban con las ciudades y así poder librarse de la gran amenaza que ellas suponían para nosotros. Pero pensé que no era más que una leyenda urbana de las esperanzas perdidas de los habitantes que habíamos sobrevivido al gran desastre. La historia que un viejo loco se inventó para contársela a sus nietos. "¿Cómo se van a poder crear armas si apenas tenemos para comer?" era lo que se me venía a la cabeza cada vez que me contaban alguna patraña de ellos. Mas estaba completamente equivocado.
-Coge a tu amigo y reúnete conmigo en 10 minutos en el muelle 3- y se fue.
Al principio me mantuve reacio. ¿Iba a confiar en una persona así sin sentido aparente alguno? Luego me acordé que la última vez que lo hice fue lo mejor que he podido hacer en toda mi vida. Además, si era como él decía, les necesitaba.
-¿Por qué os mantenéis en el anonimato?-digo de la forma más seria y fría que puedo. Estoy reunido con el jefe del grupo secreto de los mutantes. Hemos tardado casi dos días en llegar a su base secreta en el interior de una gran montaña-Quiero decir, hay rumores sobre vosotros pero son solo eso. Rumores.
Jared, el jefe, se levanta de la gran mesa en la que nos habíamos sentado ambos -él se encuentra bastante lejos de mi- y se dirige hacia donde estoy. Sus pasos son elegantes a la vez que firmes. Con una mano se coloca bien una de las dobleces de su uniforme y se apoya en la mesa a pocos centímetros de mi. Aunque llevamos horas hablando aun no me ha dicho nada que me interese, solo el humo que me quiere intentar vender.
Éste me parece una persona demasiado perfeccionista y algo habladora. Tiene el pelo rubio envuelto en gomina y echado hacia atrás. Viste un uniforme de los antiguos militares que solían velar por la protección de su pueblo y unas cuantas medallas en su pecho. No sé cómo habrá acabado aquí, pero tiene pinta que por ser amable no. Además, su corpulencia y sus largas piernas resaltan mucho.
-Digamos que solo queremos gente selecta en nuestras filas-hace una pequeña pausa para sentarse en la silla que está a mi lado- Como sabrás, no solo nos dedicamos a la creación y comercio de armas, si no que también queremos derrocar a las ciudades para librarnos, por fin, de su tiranía. Evidentemente, no todo el mundo vale para éste cometido y necesitamos a los mejores de nosotros en nuestras filas.
-Si, eso ya me lo has dicho. Lo que no entiendo es darle unas falsas esperanzas, porque en eso es en lo que se están convirtiendo, a los nuestros y no atacar de una vez por todas a aquellos cabrones-respondo irritado.
-Aun no estamos completos y aquí es dónde entráis tú y tu compañero. Aunque supongo que ya te habrás percatado de ello-hace una pausa y yo asiento la cabeza. No hay que ser un cerebro para no darse cuenta de ello-Él va a ser nuestra mejor arma contra ellos.
Un nudo en la garganta se me vuelve a formar. ¿Utilizar a Gabriel para la lucha? No, ni loco. Ni en un millón de años voy a permitir esto. Aprieto los puños con fuerza y doy con uno de ellos sobre la mesa.
-¿Estamos locos? ¿Por qué volver a caer en el mismo error de siempre? Guerras, guerras y más guerras. Nos destruimos los unos a los otros y nunca nos damos cuentas de que es un error enorme. Prefiero mil veces destruir las ciudades con inocentes dentro que empezar una nueva guerra-intento respirar hondo y volver a aparentar la serenidad que tenía al principio. Mas no lo consigo-Además, Gabriel no está hecho para ella. Él no es más que un niño inocente que se ha metido donde no le llamaban.
-Eso es lo que tu crees-dice en cuanto termino mi pequeño discurso-pero aquellos que son nuestro enemigo no te han devuelto a aquel al que tu llamabas Gabriel, si no a una bestia hecha por y para el combate.
-¿Qué dices?
-Déjame que te lo muestre.
