CAPÍTULO 14

CAPÍTULO 14

Durante veintitrés años, cada veintidós de septiembre, Shannon recibía un ramo de bellas flores silvestres dentro de una caja de zapatos. Y aún no sabía como pero aquellas flores llegaban perfectamente frescas, hasta el punto de no marchitarse hasta pasados cuarenta y ocho días.

Pero un día el ramo no llegó.

Tras unos días Shannon recibió cuatro cajitas sin remitente, en cada una había un cordón de oro con un pequeño colgante en forma de nudo marinero, y Shannon lo supo. Ahora era el momento en el que su hija podía conocer a su padre biológico. Así que tomó un avión hasta California, acompañada por su esposo, su hija, su yerno y sus dos nietas.

En cuanto llegaron y a pesar del cansancio se dirigieron al cementerio musulmán de la ciudad. Shannon se informó sobre el lugar donde estaba la tumba de Sayid, y las cuatro mujeres se encaminaron hacía el lugar, donde a lo lejos distinguieron a otras dos mujeres.

Tímidamente Shannon que encabezaba la comitiva se acercó. La mujer de más edad, posiblemente más de setenta, se giró hacia ella, y la miró fría y duramente, como si la culpara de algo. La más joven debía tener la edad de su hija, era una mujer de bellos rasgos orientales que sonreía levemente. Pero Nadia la tomó bruscamente del brazo y sin decir ni una palabra la arrastró lejos de la tumba y de Shannon.

- Quién es madre?. Oyó Shannon como la mujer preguntaba a Nadia.

- No es nadie importante. Vamonos.

Por un momento Shannon estuvo a punto de gritar, de llorar y saltar sobre el cuello de Nadia, pero no valía la pena, y menos delante de la tumba del padre de su hija y abuelo de sus nietas.

- Mamá. Estás bien?. Preguntó Mariam

- Si...Acercaros. Respondió Shannon dirigiéndose a su hija y a las dos jóvenes.

Estaba tan emocionada que tenía un nudo en la garganta y creía que le seria imposible pronunciar ni una sola sílaba, pero lo hizo, con firmeza y dulzura, como si todo el amor que creía olvidado renaciera de nuevo.

- Aquí está enterrado tu padre Mariam. Vuestro abuelo...Todavía le quiero.

Mariam y sus hijas abrazaron a su abuela durante unos instantes. Las cuatro estuvieron en silencio, quizás rezando o meditando. Luego Shannon se quedó unos minutos a solas, y cuando estuvo segura que no había nadie cerca metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó una cuerda pequeñita en la que había un nudo marinero, perfectamente hecho. Se agacho y la colocó sobre la tumba, puso las puntas de los dedos en sus labios y luego las puso sobre la lápida. Y ya no pudo aguantar más las lágrimas.

- Supongo que no té veré en ninguna otra vida, tú y yo creemos en cielos diferentes, pero a pesar de todo me has hecho feliz. Me has dado a Mariam.

Shannon empezó a caminar hacia la salida donde la esperaban su marido y el resto de su familia, les amaba tanto pensó.

Pero cuando estaba a punto de abandonar el cementerio, sintió una brisa, olor a mar, y murmullos, entonces cerró los ojos. Si no hubiera estado sola cuando los volvió a abrir, Shannon hubiera jurado que alguien susurraba algo a su oído mientras le acariciaba la barbilla.

FIN