Sí, sí, ya se que han pasado casi dos años desde la última actualización de éste fict, y que muchos de ustedes a lo mejor y ya ni se acuerdan de qué va la historia, pero yo francamente soy de las que opinan que es mejor tarde que nunca, así que a pesar de todo este tiempo, por fin les traigo continuación!

Y aunque es apenas un poquito más largo del tamaño que he venido manejando, espero que les guste y se animen a dejarme un review.

Sin nada más que agregar, y agradeciendo de antemano su atención, los dejo con el más reciente capitulo, que le dedico especialmente a {Uchiha Katze, blackStarChan y Shinju} que me dejaron reviews del capitulo anterior.

Que lo disfruten!


Capítulo 14. Crueldad

Caminando en silencio por los blancos pasillos, sintiéndose todavía abatida ante los acontecimientos recientemente ocurridos, Rangiku avanzaba meditabunda, inmersa en sus propios pensamientos…

Todo aquello había ocurrido tan rápido que hasta le parecía irreal, como si se hubiese tratado sólo de un sueño… y sin embargo, el punzante dolor que aún sentía en sus costillas le constataba que todo había sido real: el reencuentro con Toushiro, la batalla que sostuvieron, y por sobre todo, la expresión impasible de Sousuke Aizen que no se había mostrado afectado en lo más mínimo ante la escasez de resultados obtenidos por parte de los miembros que habían sido enviados a aquella misión que prácticamente podía considerarse como fallida…

Porque, ¿habían fallado verdad…?

Ahora que lo pensaba, la ex teniente no estaba del todo segura de si habían cumplido o no con la misión dado que ni siquiera había tenido en claro el motivo por el cual el gobernante de las Noches los había enviado a todos a la Tierra…

-Hey tetas de vaca – escuchó de pronto la orgullosa y arrogante voz de Luppi, el afeminado Hollow, que sacándola de su ensimismamiento, se había detenido a mirarla por sobre su hombro a tan sólo unos pasos por delante de ella, sin olvidarse de barrerla de arriba abajo con su despectiva mirada. - No creas que esto se va a quedar así, si te perdone la vida allá en la Tierra, fue única y completamente por la intervención de Ichimaru sama – sentenció el espada escupiendo veneno en sus palabras, atreviéndose inmediatamente a retomar sus pasos y dejarla ahí parada, sin siquiera esperar una respuesta por su parte…

Y tras unos instantes en silencio, bufando indignada, la ex teniente tan sólo apretó con fuerza los puños de sus manos quedándose ahí en su lugar y guardándose para sí misma toda una sarta de palabras que no pudo expresar al Espada que velozmente se perdió de vista entre los blancos e impolutos pasillos…

¿Y éste qué demonios se creía?, se preguntó a sí misma, molesta ante la actitud todavía altiva del afeminado Hollow que obviamente no estaba dispuesto a aceptar la humillante derrota que minutos atrás le había sido propinada por parte de Toushirou, que valientemente se había decidido a enfrentarse con todos los Espada con un solo pero avasallante ataque de su fiel Hyōrinmaru, pensando que de esta manera ninguno se llevaría a Rangiku de regreso al Hueco Mundo, creyendo que una vez eliminados la dejarían a ella ahí…

Pero tal y como Luppi le había recordado, gracias a la intervención de Ichimaru, las intenciones del capitán de la décima división no pudieron llevarse completamente a cabo… y aunque le doliera, los dos tenían que aceptar que su destino era estar separados…

Así que, exhalando un profundo suspiro, la ex teniente de la décima división, negándose a pensar más en ello, reemprendió su marcha rumbo a sus habitaciones, sujetándose cuidadosamente el costado adolorido.

Necesitaba urgentemente descansar, dormir, curar las heridas que el mismo Luppi le había infligido con sus asquerosos y punzantes tentáculos durante ese primer instante de furia que había desatado el acertado ataque con que Toushiro le había prácticamente obligado a usar a Trepadora en su forma de resurrección… y aunque el Espada no tuvo realmente el suficiente tiempo para herirla de gravedad, el hecho era que en los breves instantes en que la mantuvo prisionera antes de que el capitán Hitsugaya intentara cortar de tajo aquel desagradable tentáculo que la aplastaba e Ichimaru hiciera uso de la redención para traerlos a todos de vuelta a las Noches, el idiota de Luppi sí que había conseguido lastimarla…

-Rangiku – repentinamente se escuchó…

Y aunque ella alcanzó a dar un par de pasos más, al reconocer en aquel llamado la fría voz de Ichimaru, la voluptuosa rubia se detuvo y miró por sobre su hombro…

-Gin… - ella tan sólo balbuceó, sorprendida de que el susodicho apareciera justo en el instante en que pensaba en él. – Me dirigía a mi habitación, tengo que atender esto – se excusó la rubia, echando un rápido vistazo hacia su costado, tratando de hacerle notar con esto las desgarraduras en su vestimenta manchada ligeramente con la sangre que el tentáculo de Luppi había conseguido hacer brotar…

Y sin embargo, el peliplata, avanzando con sus oscuros ojos todavía entrecerrados tal y como acostumbraba, pero manteniendo en su rostro una mueca inexpresiva, sin reparo ni delicadeza, sujetó a la mujer por el brazo nada más llegar hasta ella, y prácticamente la arrastró al interior de la primera habitación que encontró…

-¿Qué demonios pasó ahí afuera? – exigió saber de inmediato el muchacho, encarándola mientras todavía la sujetaba con fuerza, hablándole con voz fría y estremecedora que durante breves instantes la dejó pasmada…

-Nada, no paso nada…– tan sólo alcanzó ella a balbucear, cuando sobre su brazo comenzó a sentir la presión aumentar cada vez más.

-No me mientas Rangiku, no te atrevas – le amenazó directamente él, y aunque ella comenzaba a asustarse al sentir el ambiente cada vez más denso y pesado, obligándose a mantener la calma, trató también de calmarlo a él…

-Gin no paso nada, por favor suéltame, me lastimas… - prácticamente le suplicó, tragando saliva con dificultad y mirando alternadamente al peliplata al rostro y a su mano que con fuerza la sujetaba…

Y aunque en el acto Ichimaru la soltó con brusquedad, la furia que sentía en su interior, no pudo ser contenida mucho tiempo más…

-¿¡Entonces porqué demonios no lo mataste! ¿¡Por qué demonios ni siquiera lo intentaste! – exigió saber él a pesar de tener sus propias sospechas, hablándole con voz tan fuerte y clara que parecía no haber salido de su garganta, y sin siquiera hacer un esfuerzo para contener la furia que sentía desde que la había visto junto a Hitsugaya, dejó que su reiatsu fluyera libremente de su cuerpo y la paralizara por completo…

¡Maldecía el momento en que se le había ocurrido involucrar a la mujer, el instante en que le había permitido salir de aquel lugar! ¿Por qué demonios no la había dejado encerrada de por vida en aquella blanca habitación? ¿Por qué había sido tan idiota de permitirle salir de aquel lugar a reencontrarse con el hombre que ya una vez la había arrebatado de su lado…?

Y con su hollow interior reclamando venganza, y repitiéndole con voz suave y sizeante que había cometido un grave error al dejarla salir de las Noches, al dejarla partir rumbo a la Tierra, Ichimaru, sin ser plenamente conciente de sus actos, cedió a sus sádicos deseos de castigarla y dejarle bien en claro que no estaba dispuesto a dejar que aquello pasara otra vez…

-No vas a ir a buscarlo Rangiku, no voy a permitir que salgas de aquí para ir a buscarlo – sentenció con crueldad Ichimaru, dispuesto a establecer las reglas del juego: para él, estaba claro que Rangiku había mantenido en secreto sus propias intenciones, que lo había engañado al hacerle creer que si había acudido a la Tierra había sido únicamente para demostrarle su lealtad a Aizen cuando en realidad tan sólo había querido escapar... y con sus manos fuertemente apretadas en duros puños, el muchacho empezó a temblar con rabia, sin siquiera sentir la pequeña porción de su reiatsu que rápidamente se condensaba frente a su rostro, formando una máscara…

Y Rangiku, horrorizada, cayendo de rodillas por el inmenso peso del poder de quien alguna vez fuese su bienamado, sintiendo la falta de aire en sus pulmones y el punzante dolor en su costado acentuarse, no pudo hacer nada para evitar lo que Gin le tenía preparado…

-Olvídate de él Rangiku, olvídate de todos aquellos a quienes conociste en la sociedad de almas, ¡este es tu hogar, aquí está tu futuro!

Ahogando un grito de dolor, la teniente Matsumoto fue obligada a levantar la cabeza en el instante en que el furioso hombre la tomó por el cabello para hacerle ver el lugar en el que estaban, las impolutas paredes de mármol blanco que en aquellos momentos parecía relucir todavía más gracias al reiatsu de Ichimaru que estaba perdiendo el control, consiguiendo por primera vez en la vida lastimarla con sus propias manos, halándola con más y más fuerza mientras le mostraba el silencioso lugar…

Y entonces, lo peor para ella comenzó.

Atormentado por la furia, los celos y la decepción, Ichimaru Gin no fue conciente del momento en que la lanzó contra la pared, golpeándola, acribillándola de forma tal que ella no fue capaz de hacer nada.

Rangiku hubiera querido poder desenvainar a Hanieko de su funda, darle aunque fuera un poco de pelea, y sin embargo, los veloces movimientos del peliplateado fueron demasiado rápidos para ella, que nunca había visto algo así…

Y además estaba esa máscara, esa blanca e inexpresiva pero al mismo tiempo espeluznante máscara que le cubría el rostro al muchacho, y le impedía que viera su rostro…

¿Estaría sufriendo Gin por el dolor que él mismo estaba infligiéndole…? O por el contrario, ¿acaso estaría disfrutando con aquel baño de sangre…?

Porque aunque Rangiku no sabía exactamente de qué lugar provenía la sangre que manchaba las impolutas ropas del muchacho, tenía la total certeza de que esa sangre era suya… tan suya, como esa última y silenciosa mirada de súplica que le dirigió, llena de dolor…

-Mátame… mátame de una vez – de forma muda suplicó.

No soportaba más aquello. No sólo los golpes recibidos, sino también las horas de soledad y angustia vividas mientras se encontró encerrada…

Y aunque había vuelto a ver a Toushiro, aunque éste le había prometido a voz de grito que la rescataría, al reconocer por primera vez el gran e inmenso poder de Ichimaru Gin, Rangiku supo que preferiría morir antes que ver al gran amor de su vida ser masacrado por el monstruo en que se había convertido Gin…

Y aunque Ichimaru, con sus enrojecidos y febriles ojos puestos sobre ella, rodeó y apretó al instante y con fuerza ambas manos sobre su frágil cuello, en el instante preciso en el que la voluptuosa rubia comenzaba a sentir que desfallecía, algo los separó…

Algo se interpuso entre ellos y la liberó de aquella intensa presión que amenazaba con matarla, dejándola caer abruptamente contra el suelo y siendo presa de un acceso de tos en el que desesperadamente buscaba recuperar el oxígeno perdido, y que a pesar de todo, no le impidió escuchar el escalofriante sonido gutural proferido por la bestia en que se había convertido Gin…

-Mira lo que has hecho… dime, ¿ya te encuentras satisfecho? – escuchó claramente Rangiku a unos cuantos pasos de ella, que respirando agitadamente, levantó la vista del ensangrentado suelo en que se encontraba, y aunque pudo ver fácilmente como Kaname Tosen, tras arrancarle la máscara a Ichimaru, lo dejaba caer contra el suelo, también se encontró con la brillada mirada que Sosuke Aizen le dirigió… - Eso estuvo cerca, ¿no crees Rangiku san…? – pronunció el hombre de cabellera castaña, extendiendo su mano hacia ella, que temerosa, retrocedió todo lo que la pared le permitió… - Tranquila, no te haré daño – pronunció al tiempo que acariciaba suavemente su rostro pálido y ensangrentado…

-Suéltala… ¡Déjala! – escuchó entonces la voz de Gin. Su máscara se había despedazado en manos de Tousen y la voz del muchacho se escuchaba débil, agitada… y sin embargo Rangiku, como hipnotizada, no fue capaz de apartar la mirada de los ojos de Aizen…

-Dime Rangiku, ¿qué crees que deberíamos hacer? – le consultó el hombre con esa voz suave y elegante. - ¿Te gustaría que lo castigáramos por lo que te ha hecho? – comentó amable, observándola fijamente… - Es tentador, ¿verdad…? Lastimarlo de la misma manera en que él te ha lastimado… - susurró con voz persuasiva, implantando en su mente la brillante y seductora idea, que inconcientemente ella casi se saboreó… - Sí, creo que a ti también te gusta esa idea…

-No… no, Rangiku no lo hagas… - pronunció aquella vana suplica Gin, que sin embargo la rubia no escuchó…

Sus ojos estaban fijos en el brillante resplandor de la Hōgyoku, aquella perla blanca que Urahara Kisuke había ocultado durante tantos años y que pertenecía ahora a Sousuke Aizen, quien pacíficamente se la ofrecía… y Rangiku, sintiéndose hipnotizada ante el poder que emanaba de aquella piedra, extendiendo una mano lentamente, ansiando sentir la calidez de aquel cristal, finalmente tocó aquella superficie, manchándola con su sangre…

Y entonces, todo a su alrededor desapareció…