Capítulo XIV

Sessōmaru respondió avanzando a donde sus capitanes se encontraban sin darle importancias a las yôkai gato.

–Si InuYasha, los gatos no huelen muy bien y esa de ahí lo oculta con flores.

Shunran dejó que los pétalos rodearan el lugar o eso pretendía, pues Sessōmaru alzó su látigo y los hizo pedazos tan pequeños que desaparecieron.

–No te atrevas a molestarme con esa poca fuerza. Ve por tu líder si quieres enfrentarme a mí y a mi gente.

Unas serpientes de fuego que reptaban en dirección del Dai-Yôkai fueron la respuesta de Karan, sin embargo estas ni siquiera llegaron al de cabello plata, pues Naraku las detuvo con sus garras…

–¡Estúpido perro te quemaras! –se rió la pelirroja.

El hanyō sonrió burlón al responder.

–No lo creo.

Y era cierto entre las garras de Naraku las serpientes se fueron apagando hasta desaparecer.

La gatas no eran tontas y sabían que con todos esos yôkai Inu llevaban las de perder. Y se fueron del lugar. Sessōmaru las vio irse y explicó.

–Ellas regresaran y no lo harán solas, salgamos a campo abierto.

InuYasha preguntó.

–¿Nos iremos aniki?

–Oh no, solo buscaremos un lugar donde esos gatos no tengan donde brincar entre los árboles.

Naraku y Takeshi se colocaron al frente y a la retaguardia del grupo. InuYasha saludó por fin a los lobeznos y muy efusivamente.

–¡Kōga vi a lo selladodes!

–¿Selladodes?

–¡No!

El Dai-Yôkai intervino.

–InuYasha habla de los cazadores y monjes selladores de demonios.

–¡¿Lord Sessōmaru, este lugar es donde ellos se encuentran?!

–Así es, eso es lo que mi otouto y mis capitanes observarían.

Naraku se acercó a su Lord y empezó a dar su informe.

–Efectivamente mi lord, el lugar es prácticamente la cuna de ambos oficios e incluso pudimos ver una parodia de lo que sería una cacería.

–¡Shippo y su papá fueron encerrados!

–¿Shippo?

–Si aniki, son zorros y… ¡Yo los salve! –terminó orgulloso el pequeño de cabello claro.

–¿Ah sí? ¿Y cómo fue?

InuYasha relató a trompicones lo acaecido y hasta Kōga se quedó un poco curioso al igual que el Lord.

–¿Por qué los salvaste?

–Porque soy hijo de Inu-no-Taisho y hermano de Sessōmaru… somos fuerte y debía ayudar a los menos fuertes… ¿no aniki? –preguntó el pequeño, pues él había comprendido eso, pero al tener que explicarlo se cuestionó si no estaba equivocado. Sessōmaru miró al frente y comentó:

–Nunca lo vi de ese modo.

–¿No es cierto? –cuestionó InuYasha ahora si preocupado.

El mayor al ver ese gesto en el rostro del hanyō negó…

–No, creo que tienes un poco de razón, mas nunca considere que por ser fuerte debía ayudar a los demás, al contrario me dije que si ellos eran débiles, debían perecer por lo mismo… Como pensé de…

Sessōmaru no acabó la frase y solo Naraku supo que se refería a cuando se enteró de InuYasha y que el capitán le hizo ver que el pequeño no sobreviviría.

–¿Estoy mal?

–No, si tú quieres hacer eso… yo te apoyare.

Sessōmaru fue observado por Naraku y a este se le inflamó el pecho de orgullo, pues para bien o para mal él había sido el que llevó a InuYasha con el lord y por eso este había cambiado un poco.

–¿Bueno y no me vas a saludar? –dijo el bochan del Ôkami.

InuYasha miró a este inclinando la cabecita y sus orejitas se movieron.

–Ya te salude.

–…

–Saluda cortésmente, InuYasha –explicó el Lord.

–Hola Kōga, hola Ginta, hola Hakkaku.

Los lobeznos se carcajearon y empezaron a jugar corriendo sin alejarse del grupo a pesar de estar tranquilo sabían perfectamente que cerca del peligro no debían separarse de los mayores.

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Los cazadores dividieron a los demonios gato y lo fueron empujando a las salidas de la aldea. Entre los sacerdotes y sacerdotisas los esperaban en ese lugar, muchos de los soldados ninjas-gato fueron sellados y destruidos… el grupo que protegía a los dos prodigios, las gemelas con el poder espiritual de manejar la Shikon no Tama iba a la retaguardia y es que el poder de esta atraía a los demonio como miel a las abejas. Toran gritó sus órdenes y sus soldados se fueron replegando, pues ella sabía que no podrían robar la perla no con tan poca gente que le quedaba, sus colmillos chirriaron pues la furia de la de cabello azul no era para menos, pues sus dos hermanas no se veían cerca, como ella había ordenado. Shuran corrió acercándose a la mayor y preguntó:

–¡¿Huiremos?!

–Con la mitad de soldados no podremos con ellos.

Los rayos se dejaban caer cerca de los cazadores, mas estos se protegían con su armas –muchas de ellas hechas de madera.

Toran observó como el grupo de defensores la guiaba a una de las salidas y llamó a su gente, saltando por entre los tejados tomando un camino muy diferente al que los defensores habían planeado, causando muchas bajas entre los civiles…

–¡Creían que nos tenían acorralados! –se burló Toran.

El grupo de gatos fue perseguido no con tanto furor, pues la mayoría de los defensores deseaban saber si sus propias familias estaban a salvo.

Sango y su padre –parte del equipo que resguardaba a las gemelas– tuvieron que correr de regreso, porque las dos niñas regresaron para buscar a su familia. El hombre tenía a su hija con él para que las gemelas tuvieran a alguien que les diera confianza –entre sus guardaespaldas– por ser casi de su edad, sin embargo Sango no combatía.

–Sango ve a casa, ve a ver a tu hermano y a tu madre.

–Si padre –obedeció la niña.

El hombre y sus compañeros no se separaron de las dos pelinegras. Al llegar a la calle principal vieron con horror como el lugar estaba destrozado con los puestos destruidos e incendiándose y con la gente muerta o desaparecida… Entre ellos el padre de las dos niñas, pues la madre de estas lo tenía sobre su regazo y ella lloraba.

Ambas se acercaron a ellos y consolaron a su madre, mas Kikyō –la mayo de ellas–, pidió.

–Vamos tras ellos, hay gente que aun podemos salvar.

Los cazadores asintieron. Kagome estaba incorporándose, pero su hermana ordenó.

–Quédate con mamá, ella te necesita.

Kagome aceptó y vio partir a Kikyō con el grupo.

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Sin perder de vista a los menores, Naraku y Takeshi se colocaron a los lados del lord y le siguieron informando a este.

–En ese lugar tiene la Shikon no Tama –aseguró Naraku.

–¿La vieron?

–No, nos dijo el zorro que rescatamos.

–Yo si la vi. –dijo Naraku.

Sessōmaru no se giró a ver al hanyō, mas este sabía que había captado la atención del Dai-Yôkai.

–La vi de lejos o me pareció ver su brillo.

–Explícate.

–Cuando estábamos observando lo que sucedía en el pueblo, vi a unos sacerdotes –mintió el hanyō, pues no revelaría que eran las niñas– que la alzaron un objeto y los gatos a su alrededor parecieron desaparecer sin más.

Sessōmaru no mostró ningún gesto más se notaba que estaba curioso y preocupado a partes iguales, pues si bien era un demonio poderoso esa perla también podía afectarlo.

–Eso es lo que buscaban esos gatos idiotas –comentó el Lord–, pero cometieron el error de no vigilar mas ese lugar.

–¿Quieren su poder? –preguntó Takeshi.

–Así es, son rencorosos y me atrevo a afirmar que quieren venganza… contra nuestro clan.

Sessōmaru avanzó dejando detrás a sus capitanes que se miraron.

–Él lo sabía.

–No lo dudo, por eso nos envió.

–Fue un pretexto.

–Oh no, sabía que eso gatos deseaba vengarse, más no que lo harían pronto y tampoco que pretendieran buscar ese poder, si no, no hubiese permitido que InuYasha viniera.

Takeshi codeó al otro.

–Lo conoces bien.

Naraku gruñó y tuvo que girarse, para que el otro no notara su sonrojo.

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Kikyō y su grupo arribaron a uno de los caminos principales del pueblo; el que iniciaba en el bosque y pudieron alcanzar a ver como un par de monjes aun combatían con los gatos. Estos eran ya superados en número.

La niña y los cazadores y monjes que iban con ella se enfrentaron a los yôkai y se reinició un cruento combate entre ambas huestes, con la ventaja de la Shikon no Tama la contienda se iniciaba en dirección de los humanos, más Kikyō era fuerte, pero no tenía mucha experiencia en pelea y tratando de proteger la perla para que no se la arrebataran cayó golpeada por una arma ninja de uno de los soldados gato, la niña quedó desmayada, sin embargo para su buena suerte, cayó escondida entre unos matorrales…

Mil gracias por leer.

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