CAPITULO XIII

Así que después de un buen baño y un reconfortante almuerzo, Sir Lamorak y Sir Bedivere – dos de los mejores caballeros del Rey Cornwell – Tom, Annie, Candy y yo dejamos el castillo en dirección a la casa de los muchachos. El rey los tenía en buena estima y quería que su viaje de regreso fuera lo más seguro posible. Además quería evitar el "tan" temido regaño que Tom sabía, podría recibir si llegaban solos.

El viaje fue muy placentero. Cabalgar siempre me ha ayudado a serenarme y la compañía de los otros era muy grata. El día era soleado y tranquilo. La primavera había reverdecido los campos y el trino de las aves le daba al ambiente un aire de profunda libertad.

Durante todo el camino la charla fue bastante amena, los muchachos nos contaron un poco más de ellos. Nos dijeron que vivían con dos hermosas mujeres que habían tenido la buena voluntad de hacerse cargo de ellos. Los tres eran huérfanos, pero eran muy felices viviendo con sus dos madres y un gran número de hermanitos.

Cabalgamos alrededor de dos horas antes de llegar al lugar en el que estaba su casa. Al vislumbrar el punto que nos señalaban, mi corazón dio un vuelco.

Cercana al lugar al que ellos llamaban hogar pude ver la colina en la que vi por primera vez a Candy, la colina en la que me despedí de mi hermana, mi colina…

Es hermosa ¿verdad? – Candy se había dado cuenta de la insistencia con la que veía la colina. Me limité a asentir con la cabeza – le decimos la colina de Ponny

La colina de Ponny…

Y el árbol que está en la cima, es el padre árbol. Él y Dios han sido nuestros padres desde siempre. Tenemos dos mamás, entonces necesitamos dos papás… pero el padre árbol me quiere más a mí – sonreía – pero no se lo diga a Annie.

Tu sonrisa me recuerda mucho a mi hermana – hablaba más para mí que para ella.

¿Cómo?

Lo lamento, creo que pensé en voz alta…

Pero… – Tom interrumpió para mostrarnos la casa en la que vivían.

Llegamos, espero que mamás no estén muy enojadas – su expresión era muy cómica. Como la que ponía Terry cada vez que hacía alguna de sus tantas travesuras.

El lugar era visiblemente pobre, pero desde lejos se sentía que irradiaba un calor y armonía que en pocos lugares había logrado sentir. Al escuchar el sonido de los cascos un grupo de niños salió corriendo de la casa para encontrarse con los muchachos, y tras ellos venían dos mujeres.

Los niños nos rodearon y al vernos a los dos caballeros y a mí, su cara fue de un increíble asombro. Las mujeres llegaron a nosotros y agradecieron las molestias que el rey se había tomado con sus hijos. Nos ofrecieron entrar a la casa a tomar un poco de té.

Una vez estando dentro pudimos percatarnos de la condición de vida que tenían. Los habitantes de esa pobre morada eran muchos y sus comodidades escasas.

Candy les otorgó el premio que había ganado en la contienda de esgrima y ambas se mostraron gratamente complacidas, aunque no pudieron contener un pequeño regaño para los tres muchachos. Al parecer habían salido sin permiso y habían "tomado prestadas" la armadura y espada que en algún momento portara Lord Stevens, uno de los vecinos y mejores amigos de la familia de Candy.

Pero la intención había sido buena y finalmente no hubo ningún problema. Las señoras agradecieron a sus hijos por todas las cosas que habían hecho. Los abrazaron y besaron con profunda ternura… con una ternura que yo no sentía desde hacía muchos años.

Últimamente no podía dejar de añorar los momentos pasados con mi familia. Extrañaba los cariños de mi madre, los juegos con mi padre y la sonrisa de mi hermana.

Pasamos el resto del día aquel lugar, ayudando en algunas de las tareas de reparación que necesitaba la casa. Mientras ayudaba a Sir Lamorak a corregir algunas filtraciones del tejado y a Sir Bedivere a cortar leña, me divertía pensar ¿Qué diría la noble Familia Andrew, si supiera que el futuro rey estaba haciendo los trabajos que le correspondían a los plebeyos? Seguramente les causaría una gran conmoción enterarse.

El tiempo se pasó volando, y las damas nos atendían amablemente. Veía también el esfuerzo que ponían Tom y todos sus hermanos para mantener a flote la casa. Desde el más pequeño hasta el más grande hacían algo para ayudar. Annie ayudaba a las señoras en las labores domésticas y Candy, bueno, Candy no era como Annie. La vi junto a Tom todo el tiempo, ayudándolo con trabajos un poco más pesados.

El día pasó rápido y era tiempo de regresar al castillo. Pero antes de despedirnos le pedí a los caballeros que me permitieran unos momentos a solas. Necesitaba ir a la colina, probablemente Rose aún estuviera allí, tal vez si me concentraba como lo hacía cuando era niño, podría sentirla de nuevo, podría verla, podría escuchar su voz.

Al llegar a la cima, me senté con la espalda recargada en el árbol, como solía hacerlo ella. Cerré los ojos y dije su nombre mientras evocaba su imagen en mi mente. El viento rozó mi rostro en una caricia que me hacía recordar el tacto de sus manos sobre mis mejillas, comenzaba a sentirme como hacía tanto tiempo… la extrañaba tanto. Mis ojos aún cerrados se llenaron de lágrimas y por un momento me sentí como aquel niño indefenso que lloraba por la pérdida de sus seres queridos. Aún me dolía no tenerlos conmigo.

Rose… – su nombre salió de mi boca como un susurro en innumerables ocasiones – Rose… – de pronto sentí que no estaba solo. Pensando que tal vez ella había regresado a mí al escuchar mi súplica, abrí los ojos y me topé con una mirada esmeralda…

Lo lamento Albert no quería interrumpirlo… – se le estaba haciendo costumbre aparecer en mis momentos de mayor vulnerabilidad.

No se preocupe mi Lady, estaba a punto de irme.

Albert, ¿está usted bien?

Sí… – me giré y posé la palma de la mano sobre aquel viejo árbol – Adiós – dije en un pequeño susurro.

Albert, ¿puedo hacerle una pregunta?

La que guste – intenté esbozar una sonrisa.

¿Quién es Rose? – supongo que mi rostro no pudo ocultar mi sufrimiento – Lo lamento Albert, no quería ser entrometida, pero lo escuché mencionar ese nombre. Debe usted amar mucho a esa mujer, no tiene que deci…

Rose, era mi hermana. Ella falleció hace más de siete años… la amaba profundamente…

Lo siento mucho.

Ella está en un mejor lugar ahora. Está junto a mis padres y me esperarán al lado de los Grandes, hasta que mi tiempo llegue. Pero… me hacen mucha falta. Ella solía llevarme a una colina como ésta antes de que muriera, ver este lugar me hizo evocar todos esos momentos a su lado.

Lamento mucho haber preguntado Albert, no quería hacerlo pasar un momento triste.

No, todo está bien… – procuré verme sereno y con una sonrisa que me costó mucho trabajo sacar a flote dije – es tiempo de regresar al castillo. Fue un placer pasar el día con usted y su familia.

Gracias Albert… por todo.

No tiene porque agradecer mi Lady. Adiós.

Adiós… – tras una pausa –a Albert…

¿Sí?

Puede volver cuando quiera.

Gracias.

Bajé de la colina sin mirar atrás, y después de dos horas estaba de regreso en el castillo. Tomé una pequeña cena y fui a mi cámara. Mi ánimo melancólico no se prestaba para reuniones. Así que fui a dormir esperando encontrarme con aquellos a los que amaba… al menos en el mundo de los sueños.

Al día siguiente me levanté al despuntar el alba, como siempre lo hacía. Mi melancolía se había apaciguado un poco, así que salí pronto de mi cámara. El rey nos llamó a una audiencia después del almuerzo para preguntarnos acerca de las condiciones de vida de Tom y su familia. Nosotros expusimos todo lo que habíamos podido ver y el rey nos dijo que tenía un pequeño plan para ayudar a los tres muchachos.

El plan consistía en acomodar a las dos chicas como doncellas de algunas familias de la corte y a Tom mandarlo a trabajar con Lord Stevens. Las familias a las que se refería el Rey, eran los Britter y los Leegan. Y para apoyar a Lady Ponny y a Lady María en el cuidado de su casa, el rey enviaría a algunos de sus sirvientes.

El Conde Britter era un hombre benévolo y muy querido en el reino. Cualquiera de las dos señoritas iría a su casa a apoyar a Lady Britter en lo que ella necesitara. De la familia Leegan, no estaba tan seguro, pero el rey me prometió que quien decidiera quedarse con ellos, estaría a cargo, únicamente, de ser la doncella de Elisa. Así que, con esa certeza, acepté la idea del rey.

Esa misma tarde fui a casa de Candy, para hablar con Lady Ponny y Lady María y saber si ellas estaban de acuerdo con lo propuesto por el Rey. Yo les aseguré que sus tres hijos estarían bien cuidados y que tendrían una educación digna de la corte. Además me ofrecí a estar pendiente de ellos e informarles con frecuencia de sus progresos. Les dije que los muchachos tendrían plena libertad de regresar a su casa en el momento en que ellos quisieran.

Al principio las señoras parecían no estar de acuerdo con la propuesta, pero al cabo de unos minutos y muchas miradas cómplices y susurros, decidieron que era lo mejor para sus tres hijos mayores.

Ahora, supongo, que todo iba enfocado a la educación de Candy, ella era, después de todo, una princesa; y Lady María, esperaba poder regresarla a su reino en algún momento.

Llamamos a Tom, Annie y Candy para explicarles todo. Sus reacciones fueron muy distintas. Emocionados, tristes, sorprendidos, preocupados… finalmente, después de algunos momentos, acordamos que lo mejor sería que pasaran el resto de la semana disfrutando su mutua compañía y yo regresaría por ellos después. Me despedí y regresé a la corte para comunicar su decisión al rey.

Después de salir de la reunión con él, subí al puesto de guardia en las almenas del castillo. Desde ahí se tenía una vista increíble del reino. Al acercarme pude distinguir una silueta que poco a poco se fue aclarando para delatar la presencia de Anthony. Estaba absorto en sus pensamientos, me acerqué a él con cautela para no asustarlo y en cuanto se dio cuenta de mi llegada sonrió.

Hola Albert.

Anthony.

La vista de aquí es hermosa ¿no crees?

Mucho.

Es mi lugar favorito en todo el castillo.

¿Vienes aquí con frecuencia? – asintió con la cabeza – Anthony… ¿estás bien?... te noto… triste.

¿Tan fácil es darse cuenta?

¿Qué sucede?

Albert… tengo miedo.

¿Miedo?

Hoy intenté recordar a mi madre, su voz, su rostro, su aroma… y lo único que venía a mi mente, era un eco lejano acompañado de una imagen borrosa… creo que la estoy olvidando y no quiero… ayúdame a recordarla… – se veía realmente consternado.

¿Qué quieres saber?

Dime todo lo que puedas de ella… ¿cómo era su voz, sus ojos, su piel?, ¿cómo olía?… ¿si me quería?

Claro que te quería. Tú eras lo más importante de su vida.

¿Entonces por qué me dejó?

No fue su decisión. El destino así lo quiso Anthony. Tu madre te amaba intensamente, eras todo para ella.

No quiero olvidarla Albert, su recuerdo es todo lo que me queda de ella. Ayúdame a aclarar su imagen a escuchar de nuevo su voz.

Bien, Rose era la mujer más hermosa del mundo. Su piel era blanca y tersa; su voz suave y melodiosa; su cabello rubio, su sonrisa franca y sus ojos eran de un verde profundo. Su mirada unida a su sonrisa eran su mejor atributo. Era una mujer como ninguna. Desafiaba a todos, ayudaba a quien la necesitaba, era un ángel.

¿Cómo olía?

A flores. Un aroma suave que se quedaba grabado en tu memoria. Ella era…

¿Como Candy? – Sus palabras me tomaron por sorpresa.

¿Cómo?

Albert, desde que la vi no puedo dejar de pensar en mi madre, ¿era como ella?

Su mirada y su sonrisa son parecidas, y tal vez un poco su carácter, alegre y desinhibido.

¿La querías mucho?

Demasiado. Cuando mis padres murieron ella era todo lo que me quedaba. Sabes Anthony, cuando naciste estaba muy enojado contigo.

¿Por qué?

Pensé que me quitarías su cariño, pero en vez de eso además de tenerla a ella, te tenía a ti.

Dime, ¿qué haces tú?

No entiendo.

¿Qué haces para no desfallecer? ¿Cómo haces para no extrañarla, para no añorar su presencia, para estar tan bien, para no quebrarte? Yo lo he intentado todo, pero hay ocasiones en las que no puedo hacer más… – sonreí y dejé que mi mirada se perdiera en la lejanía mientras veía a Venus brillar en el oscuro manto del firmamento.

La extraño, no estar con ella me hace mucho daño. La extraño cuando camino, cuando lloro, cuando río, cando respiro… cuando el sol brilla, cuando hace frío; en las noches que no concilio el sueño, cuando la aurora comienza a dar colores. Extraño sus virtudes, extraño sus errores. A cada paso. Cuando me siento solitario… por lo que sea, no te imaginas cuanto la extraño. Ella llenaba todos los vacíos de mi vida, pero debo mantenerme en pie, por ella y sobre todo, por ti. Ella así lo habría querido.

Gracias

Ahora, creo que ya fue suficiente de melancolías. Ella era una mujer muy alegre y no le gustaría que sus dos caballeros estuvieran tristes.

Tienes razón. Por cierto ¿viste hoy a Candy? – sus ojos se iluminaban con sólo decir su nombre y eso me hería, pero no había nada que hacer.

Sí, la vi.

¿Te preguntó por mí?

¿Por qué habría de?, oh, ya veo.

Vamos, dime.

No. Casi no tuvimos oportunidad de charlar.

Pero si estuviste en su casa todo el día.

Sí, pero fue para arreglar algunos asuntos que el rey me encomendó.

Vamos, dime.

Ella y sus hermanos serán mandados a la casa de los Leegan, los Britter y Lord Stevens.

¿Para qué?

Annie y Candy serán doncellas de Elisa y Lady Britter, y Tom ayudará a Lord Stevens en lo que sea necesario.

Candy o Annie trabajando con los Leegan.

Así es.

Pero…

Pero fue decisión del Rey. Sus madres lo han autorizado y ellas están dispuestas a venir a trabajar. Iré por ellos el domingo, y vendrán con frecuencia a esta corte.

¿La podré ver seguido entonces?

¿No tenías que regresar a nuestro reino?

Si ella viene, pediré autorización para quedarme aquí por una temporada. ¿me apoyarás, verdad? Lady Elroy no te niega nada.

Anthony…

No me veas así Albert. Ayúdame por favor.

Está bien, se hará como tú desees. Una vez que hayas avisado que te quedarás házmelo saber, para decir que estarás conmigo, aunque no creo que mi intervención sea necesaria. Lady Elroy no te diría que no. Te quiere demasiado.

Gracias. Ahora, ¿puedes hablarme más de mamá?

Todo lo que quieras.

Así pasamos el resto de la noche, sumidos entre recuerdos y compartiendo un poco del tiempo que nos había sido arrebatado. Intentando ser una familia de nuevo.