Con mucho frío en esta mañana de Domingo, pero aquí sigo tratando de ponerme al corriente con mis fics inconclusos. Aquí les dejo esta actualización que espero les guste. Como había dicho anteriormente, a partir de aquí el rating de esta historia cambia a M porque tendrá contenido sexual y de violencia, no demasiado explícito, pero que sí puede ofender a quien no le gusten este tipo de temas.
AMYLEE PRIME, disculpa que me demoré nuevamente en actualizar, pero trataré de que no vuelva a suceder. En realidad ya hay bastantes capítulos de esta historia escritos, así que no tengo pretexto :oP
Aztecaguerrera, muchas gracias por tu comentario. Siempre es muy alentador recibir las opiniones de nuevos lectores :o)
Nancy, como siempre un gusto saber de ti :o) Aquí ya terminaron las lluvias, pero duraron bastantes meses y todavía me quedan recuerdos de algunas de esas tardes grises que serán plasmadas en esta historia. Stella será uno de esos temidos OC, por sus siglas en inglés, que tendrá bastante relevancia en esta historia, pero evitaremos el terreno engañoso de las Mary-Sues y trataremos de hacerla lo más humana, e imperfecta, posible. Así somos los humanos después de todo.
Nenufar, gracias por comentar. Como había dicho antes, siempre es un gusto tener lectores nuevos. Sobre tu pregunta, bueno, mejor lee y averigua ;o)
R.V. Helsing, muchas gracias por tu comentario. Escribir la cantidad de problemas que Starscream está teniendo como humano es bastante divertido y excitante, no podemos evitarlo ;o) Tienes mucha razón. Stella va a ser un personaje recurrente en esta historia, y también Carly.
Nack3490, qué bueno que te está gustando la historia. En la versión en inglés vamos más adelantadas, pero te recomiendo seguir ésta porque cuando hago las traducciones al español, a veces me da por agregarle detalles que la versión en inglés no incluye ;o)
Muchas gracias por todos sus comentarios y espero disfruten este capítulo.
Capítulo 13
Desconocidos y pesadillas
Por una vez, la claustrofobia de Starscream no tuvo ninguna influencia en la apreciación de sus alrededores. No le importó el sucio tramo de escaleras, ni las luces parpadeantes en el techo, ni la pequeña habitación que lo recibió una vez que la fémina humana abrió la puerta con una pequeña llave metálica…
Todo lo que vio fue una cama de recarga bajo la ventana, la visión más satisfactoria que había tenido desde que Astrotrain lo había abandonado en esa maldita ciudad humana.
La fémina lo guió hasta ahí. Starscream no se resistió cuando ella tiró de su chaqueta y le permitió que la removiera por completo, ansioso como estaba por acostarse en la cama. Fue un alivio liberarse del mojado y pesado pedazo de tela. No se dio cuenta de la manera en que la mujer miró su delgado y musculoso torso, mucho menos cuando ella rozó con un dedo sus bien formados bíceps antes de ayudarlo a acostarse en la cama.
Starscream se dejó caer de espaldas en la suave superficie debajo de él. Cualquier humano real hubiera notado que los resortes del colchón rechinaban, que un lado estaba un poco más blando que el otro, que el grueso cobertor tenía algunas quemaduras de cigarrillos… pero para Starscream era su primera cama de recarga humana, y nada podría haber superado su comodidad en ese momento.
Cerró los ojos, agotado. El malestar y la debilidad no habían cesado, pero al menos ya no estaba congelándose bajo la lluvia. Podría tolerar cualquier otra cosa.
La sensación de manos en la parte baja de su estómago y un sonido que empezaba a hacerse familiar lo hizo abrir los ojos de nuevo. La humana había abierto la cremallera de sus pantalones y estaba tratando de quitárselos.
-¿Qué… crees que estás haciendo?- preguntó Starscream débilmente.
-Estás temblando de frío. Voy a darte un baño caliente.
-No te atrevas a tocarme…
-Vamos cariño, no seas tímido. Te aseguro que no tienes nada ahí abajo que yo no haya visto antes.
Terminó de bajar la cremallera de los pantalones de Starscream mientras hablaba. Su rostro se iluminó.
-Sabes… - dijo con un tono de voz que Starscream no pudo identificar. –Debería haber una ley que prohibiera a hombres como tú usar ropa…
La sensación de vergüenza retornó a Starscream cuando notó la manera como ella lo analizaba.
La humana rió, notando su turbación. - ¿Qué pasa? ¿Acaso es la primera vez que una mujer como yo te quita la ropa?
Starscream hubiera querido tener al menos la fuerza necesaria para apartarla de él. Pero la reacción de ella era confusa. ¿Acaso la fémina estaba insinuando que él no era desagradable a la vista? Desde que había sido convertido en humano, todo lo que había oído era lo asqueroso y feo que lucía, y de repente esta humana decía lo contrario…
La mujer continuó su labor y de repente los pantalones de Starscream bajaron hasta sus rodillas, pero esta vez él no se resistió y dejó que ella terminara de desnudarlo.
Stella pasó la mano por la frente del joven. Por su adolorida expresión, era evidente que él estaba agotado.
-Tienes una fiebre muy alta – dijo ella, frunciendo el ceño. -¿En qué estabas pensando cuando se te ocurrió salir en una noche de mierda como ésta?
El silencio fue la única respuesta del joven. Sus ojos verdes la miraron por un momento antes de cerrarse, derrotados. Un pequeño suspiro escapó de entre sus labios.
Stella hizo a un lado los mojados pantalones y tomó una orilla del cobertor que cubría la cama, pausando un momento para mirar a su acompañante. Era una lástima tener que cubrir a un ejemplar tan delicioso de masculinidad como ése, pero mucho peor sería dejarlo morir. Lentamente, cubrió ese cuerpo tembloroso.
-Ahora espérame un minuto, cariño, mientras preparo tu baño - dijo ella mientras daba media vuelta y salía de la habitación.
El sonido de agua corriendo hizo eco en los torturados oídos de Starscream, mezclándose con el ruido de la lluvia golpeando contra la ventana y los lejanos truenos que mantenían despierta a la noche. Pero nada de eso le importó al ex Seeker. Estaba seco, cómodo… incluso la fiebre y el dolor parecían menos molestos ahora que estaba alejado de las inclemencias del clima.
Relajó su tembloroso cuerpo, acomodándose en el suave colchón y dejando que las mantas lo envolvieran, arrullándolo como un abrazo cálido.
El olvido llegó, dando la bienvenida a la nada… Starscream se dejó llevar por el cansancio, permitiéndole al sueño que tomara control de su consciencia.
-¿Cariño…?
Una mano lo sacudió gentilmente, sacándolo de su ansiado descanso.
-Lo siento, cariño, pero no puedes dormirte todavía.
La fémina humana lo movió de nuevo, esta vez con un poco más de fuerza. Él abrió los ojos lentamente.
-Hola de nuevo – le dijo ella con una sonrisa. –Lamento haberte despertado, pero tu baño está listo-. Se sentó en la cama al lado de Starscream y le pasó la mano por el cabello. –Vamos a que te calientes un poco y después podrás dormir todo lo que quieras.
Starscream la miró. No podía entender por qué esta simple humana estaba mostrando tanta preocupación por él, por qué lo estaba ayudando cuando nadie más lo había hecho. No tenía sentido…
Pero estaba demasiado cansado para enfocarse en tales cuestiones, demasiado débil para pensar… Dejó que Stella retirara el cobertor, exponiendo de nuevo su desnudez.
Starscream se sumergió cuidadosamente en la tina llena de agua, dejándose guiar por las manos de la fémina. Sintió el calor del agua abrazarlo instantáneamente y sus adoloridos músculos agradecieron la sensación.
La mujer se arrodilló al lado de la tina y colocó un brazo alrededor del pecho de Starscream, dejándolo que se apoyara en ella. Mojó un pequeño pedazo de fibra y comenzó a lavarlo, moviendo su mano en pequeños círculos sobre la espalda de Starscream. Agua y jabón empezaron a resbalar agradablemente por su piel.
Algo como una pequeña corriente eléctrica sacudió el cuerpo de Starscream cuando ella tocó la parte en su espalda en donde sus alas se habrían unido, si todavía las tuviera… La sensación de las manos de ella no era desagradable, en absoluto. Parecía que su nuevo cuerpo mantenía ciertas memorias de su estructura Cybertroniana, a pesar del pandemónium de cambios con los que estaba forzado a lidiar ahora.
-¿No es mejor así?- preguntó ella mientras su mano entraba al agua y frotaba la parte baja de la espalda de Starscream. –Deberías tener más cuidado con el frío, cariño. No me extraña que estés tan enfermo… Dios, tus músculos están tan tensos…
¿Qué le importaba a ella si él estaba frío y enfermo? Los humanos no tenían ningún sentido común, y esa fémina no era la excepción a la regla. Miró los ojos obscuros de ella y siguió su mirada hacia abajo. Aún con la fiebre, Starscream sintió la temperatura de su cuerpo subir aún más y sus mejillas ruborizarse.
Ella estaba mirándolo de nuevo… a su odiosa intimidad…
Ella sonrió, notando su turbación.
-¿Qué sucede?- le dijo. -¿No vas a decirme que te avergüenza que te vea desnudo, verdad?
-Claro que no…- mintió él.
-No tienes por qué sentirte incómodo, cariño. He visto más hombres desnudos de los que podría contar… Aunque debo confesar que tus atributos superan cualquier cosa que yo haya visto antes.
Starscream sintió la ya familiar sensación de sonrojo regresar a su rostro. Odiaba sentirse tan avergonzado e indefenso ante una simple fémina, y, peor aún, humana. El sentimiento estaba tan lejano en sus bancos de memoria que ahora le parecía desconocido. ¿Dónde estaba su temperamento arrogante y seguro de sí mismo cuando más lo necesitaba? ¿Acaso el Pozo de Transformación había alterado su personalidad tan drásticamente como lo había hecho con su cuerpo?
Vio a la humana tomar una botella de color verde y verter una pequeña cantidad de un líquido viscoso en la palma de su mano. Se estremeció un poco cuando ella empezó a frotar su cabello con el líquido, pero se relajó cuando sintió que en realidad se sentía bien. El líquido se convirtió en una especie de espuma y liberó un aroma que no le desagradó.
-Termina de lavarte el cabello - le dijo ella. –Ahora regreso.
Starscream se llevó las manos a la cabeza y continuó esparciendo la espuma por su cabeza, tratando de imitar los movimientos de la fémina. Era bastante extraño lavarse a sí mismo; estaba acostumbrado a que su unidad de limpieza se encargara por completo del lavado y pulido de su estructura.
La humana regresó. Llevaba en la mano un recipiente cilíndrico medio lleno con un líquido blanco.
-Toma - le dijo, arrodillándose al lado de la tina de baño otra vez y ofreciéndole una pequeña píldora. –Esto debe bajarte la fiebre.
Starscream tomó la pastilla y la miró con desconfianza, haciendo lo mismo con el vaso con el líquido blanco.
-¿Qué es esto?- preguntó.
Ella lo miró con extrañeza. –Tylenol… y leche. No tenía otra cosa más que esto y media botella de tequila. Sólo bébela. Te hará sentir mejor.
Starscream titubeó. No era probable que la humana intentara envenenarlo; no lo habría ayudado si tuviera malas intenciones. La pastilla, sin embargo, lo hizo dudar. ¿Se suponía que tenía que introducir esa diminuta píldora en su flujo de combustible?
-Traga la pastilla – le explicó ella, un tanto sorprendida por su comportamiento. –Y bebe la leche después.
Starscream así lo hizo, esperando que su ignorancia sobre algo que suponía era básico para los humanos no despertara demasiadas sospechas. Maldito Megatron… si al menos le hubiera dado más tiempo para investigar un poco más a esos asquerosos seres de carne…
Beber la llamada leche no fue una experiencia desagradable. De hecho, tenía un sabor que no retó su tolerancia. La bebió de un solo sorbo, percatándose de repente de lo sediento que estaba.
-Tranquilo, cariño- rió ella, tomando el vaso vacío de sus manos. –Tómalo con calma o te atragantarás…
Ella puso el vaso en el suelo y comenzó a enjuagar la cabeza de Starscream. Cálida agua cayó sobre su cabello y se deslizó por su pecho, incrementando la sensación de comodidad. Que el agua pudiera ser tan benévola y no sólo un frío infierno fue un bienvenido cambio.
-¿Cuál es tu nombre, por cierto?- preguntó ella sin dejar de enjuagarle la cabeza y los hombros.
-Es… Sean…- contestó Starscream tras un momento de silencio. Se había olvidado de su nombre humano y recordarlo le costó un pequeño esfuerzo.
-¿Sean, eh? Me gusta - dijo ella sonriendo. –Mi nombre es Stella… como una estrella, tú sabes.
-¿Estrella?- repitió él.
-Sí. ¿Te gustan las estrellas?
-Supongo… - respondió él. Tenía que ser cuidadoso. Estaba consciente de que su manera de hablar y su ignorancia sobre las costumbre más básicas de los humanos despertaría las sospechas de la fémina, pero era tan difícil tratar de comportarse con lógica cuando los humanos eran seres tan desorganizados y primitivos… Simplemente no sabía lo que era correcto y lo que no lo era.
-No sé mucho sobre estrellas…- continuó ella con un tono de tristeza en su voz. –Nunca terminé la escuela… pero creo que el hecho de que estén siempre ahí afuera, sin importar cuán feas se pongan las cosas aquí abajo, me da esperanza.
¿Esperanza? Las estrellas habían sido parte constante de la vida de Starscream, sin mencionar que incluso había sido nombrado por ellas. Él también solía mirarlas antes, mucho antes de que sus intereses se centraran en asuntos mucho más importantes y relegaran el paisaje cósmico a una simple vista rutinaria.
Ella terminó de enjuagarle el cabello, frotando gentilmente sus hombros y espalda para eliminar el exceso de agua.
-Levántate, cariño - continuó Stella. –Casi terminamos.
Él obedeció, tratando de ignorar la humillación de sentirse tan expuesto otra vez. No escapó a su atención la manera cómo ella miró su cuerpo desnudo saliendo del agua, especialmente las cosas que colgaban entre sus piernas.
Se apoyó en la pared mientras ella comenzaba a tallar suavemente sus piernas con la pequeña toalla.
-Estás en excelente forma, Sean… Apuesto que eres un atleta, ¿verdad?
-¿Atleta? - repitió él, confundido.
-Sí. Mira tus bíceps… y tu abdomen está tan duro… Déjame adivinar. ¿Volleyball de playa?
La mirada de confusión de él habló por sí misma.
-¿No? ¿Surfista? ¿Velerista? ¿Salvavidas? Bueno, debe tener que ver con la playa. Tienes un bronceado increíble…
Starscream frunció el ceño. La humana hablaba demasiado, lo mareaba… Pero no habría tenido problemas en soportarla si ella hubiera mantenido sus manos alejadas de él mientras hablaba. Pero sus dedos eran tan invasores, tan curiosos…
-¡Ya sé! - dijo ella con una gran sonrisa. -Eres modelo, ¿no es así? Es obvio que cuidas mucho de tu cuerpo. Puedo imaginarte en uno de esos anuncios de ropa interior de Calvin Klein.
¿Modelo? ¿Calvin qué? ¿De qué rayos estaba hablando esa humana?
-¿Y qué hacías en el medio de la tormenta, a todo esto?- continuó Stella mientras lavaba las piernas de Starscream. –Apuesto a que tu baile de graduación resultó en un desastre… ¿o tal vez tu boda?
-¿Boda? ¿Qué quieres decir?- preguntó él, cada vez más confuso. Stella había mencionado un baile de graduación, lo que sea que fuera, al igual que los hombres que lo habían atacado antes lo habían hecho. Pero fue la mención de la palabra 'boda' la que lo hizo hacer una mueca de desagrado.
-Bueno, llevabas puesto un tuxedo… aunque sin camisa ni zapatos. Por lo general los hombres se casan vistiendo un tuxedo, cariño.
Starscream había leído algo sobre los ritos de unión de los humanos. Parecía que les gustaba legalizar sus relaciones íntimas con sus parejas. En lo personal, le parecía una costumbre ridícula. El solo hecho de tener una pareja era ridículo.
-¡No! - se apresuró a contestar. –No tengo nada que ver con esos rituales…
Starscream cortó de tajo sus palabras al sentir la pequeña toalla frotando sus partes íntimas. Se estremeció por instinto, tomado por sorpresa por la súbita invasión de su intimidad.
-Oh, lo siento…- se disculpó ella. -¿Te lastimé?
-N-no…
Ella sonrió, seguramente notando una vez más lo avergonzado que estaba. Starscream no podría haberse odiado más. ¿Por qué estar desnudo ante esa simple fémina lo perturbaba tanto?
-Está bien - lo tranquilizó ella. –Ya casi terminamos de todas formas. Voltéate.
Starscream hizo lo que ella decía y apoyó su frente en la pared. Darle la espalda a la humana no le trajo ningún alivio. Podía sentir su mirada fija en él, escrudiñando cada pequeño detalle de su cuerpo.
Era inconcebible… Estaba asqueado de su propia apariencia, pero hasta ahora la humana no había tenido más que elogios sobre su aspecto. Todo era tan confuso, tan nuevo… El cerebro orgánico que tenía ahora en lugar de procesador estaba enviándole señales erráticas, cada una más ambigua que la anterior.
Starscream supo que definitivamente algo no estaba funcionando de acuerdo a la lógica cuando las manos de ella comenzaron a lavar gentilmente la parte trasera de su cuerpo.
-Tienes unas nalgas perfectas…- dijo ella en voz baja.
Starscream se sonrojó. No tenía que saber el significado de esa palabra para entender lo que era. Las manos de ella se lo explicaron perfectamente mientras lo tocaban.
Y ella no se detuvo. Starscream sintió cómo los músculos de la parte baja de su cuerpo se contraían al sentir el roce de esa mano ajena metiéndose entre sus piernas, frotando suavemente la parte interna de sus muslos, rozando de nuevo sus colgantes circuitos íntimos…
De repente, un súbito calor superó a la agradable calidez del cuarto de baño. Starscream sintió el golpe tan claro como una mordida, toda su energía centrada en su entrepierna… No era tan ingenuo como para ignorar que ciertas funciones estructurales eran bastante similares entre razas tan diametralmente opuestas como lo eran la Cybertroniana y la humana, pero se forzó a sí mismo a controlarse antes de que una manifestación física de su momento de debilidad se manifestara.
Colocó ambas manos sobre la pared e impulsó su cuerpo un poco hacia atrás.
-¿Terminaste?- preguntó, tratando de que su voz sonara lo más indiferente posible.
-Sí… Sólo voy a enjuagarte.
Starscream miró discretamente hacia abajo. Aún sentía algo como una sobrecarga de energía acumulada entre sus piernas, pero parecía que había logrado controlarse a sí mismo. Si su nueva intimidad orgánica reaccionaba de manera similar a sus circuitos íntimos Cybertronianos, no podía permitirse la humillación de dejarla reaccionar ante el contacto de un ser humano.
El agua dejó finalmente de caer sobre su cuerpo. Starscream trató de respirar profundamente y de calmar su acelerado corazón.
Volteó sobre su hombro y vio a la fémina sujetando algo parecido a una fibra para limpiar armas. Así que eso era una toalla. Una nueva sensación de comodidad se agregó cuando ella lo envolvió con el textil y comenzó a secarlo gentilmente.
-¿Te sientes mejor? Al menos has dejado de temblar… Ven, vamos a llevarte de vuelta a la cama.
Starscream dejó que ella lo abrazara por la cintura y lo ayudara a caminar de vuelta a la habitación. Se sentía mucho mejor en realidad. Al parecer el baño y la ingestión de la píldora estaban combatiendo con eficacia su virus. Se relajó al percatarse de que el peligro de muerte había sido erradicado.
Y todo gracias a esa fémina.
Starscream se sentía frustrado. Rechazó el incómodo sentimiento que empezaba a formarse en alguna parte muy dentro de él. La gratitud no era digna de un Decepticon, como tampoco lo era la piedad.
Starscream se sentó en la cama mientras Stella frotaba su cabeza con la toalla. Delgados haces de luz provenientes de la calle se colaban por las persianas de la ventana, mezclándose con la suave luz de la lámpara que estaba sobre la pequeña mesa al lado de la cama.
Afuera, la tormenta había amainado. El furioso ataque del agua había disminuido a un tolerable e hipnótico chapoteo. A lo lejos, se podía escuchar alguno que otro vehículo humano que transitaba por las calles encharcadas.
Stella dio una última sacudida al cabello de Starscream antes de volver a tocar su frente.
-Mmmmh… no soy médico - dijo ella – pero me parece que tu fiebre está cediendo… Qué extraño... nunca había visto algo así…
Starscream no respondió, bastante perturbado por todo lo que había sucedido esa noche. Le avergonzaba sentirse cómodo bajo los cuidados de esa fémina. Ella debía de ser demasiado distinta al resto de su raza para provocarle tales conflictos internos.
-¿Por qué me estás ayudando?- preguntó finalmente, incapaz de contener más su curiosidad.
-Estabas enfermo, y te veías tan indefenso… - respondió Stella mientras secaba con delicadeza sus hombros y su torso. –No iba a dejarte ahí afuera para que te congelaras hasta morir.
Grandioso… ahora una humana me compadece… pensó.
-Supongo que esperas algo a cambio de tu ayuda – dijo seriamente.
Stella sonrió y sacudió levemente la cabeza. –No, cariño, nada en absoluto... Acuéstate mientras termino de secarte. Debes de estar exhausto.
Fue un alivio descansar la cabeza nuevamente en la suave almohada. Starscream cerró los ojos, arrullado por el suave masaje de la toalla sobre la parte superior de su cuerpo.
-¿Te sientes mejor?- la escuchó preguntar.
Starscream decidió ignorarla y tratar de entrar en modo de recarga, pero un roce en la parte más conflictiva de su cuerpo lo hizo abrir los ojos de nuevo.
Stella había dejado la toalla a un lado. Sus manos estaban sobre los muslos de Starscream, masajeándolos suavemente.
Ella lo miró y sonrió. A pesar de la poca luz, él pudo ver claramente su mirada brillante y su sonrisa pícara.
Stella se detuvo en cuanto notó la expresión en el rostro de Sean, una mueca que hablaba por mil palabras. El toque sensual de ella no estaba logrando su objetivo. Los ojos verdes de él reflejaban incomodidad y vergüenza… pero sobre todo cansancio.
Ella bajó la mirada y lentamente retiró sus manos de la piel de él. A pesar de que la fiebre había bajado considerablemente, él todavía lucía pálido. Las marcas de golpes en su rostro y torso tampoco escaparon a la atención de Stella.
-¿Qué te sucedió, cariño? – preguntó ella, mientras recorría con sus dedos los brazos de Sean.
-Nada de tu maldita incumbencia – replicó él con voz muy débil a pesar de la agresividad de sus palabras.
Una interesante selección de palabras, pero la rudeza era algo que no era nada nuevo ni sorpresivo para Stella. Sintió lástima por Sean. El pobre debía haber tenido una noche terrible para estar en ese estado.
-Esos golpes se ven dolorosos… ¿Te peleaste o algo así?
-No te importa.
-Sabes cariño, esto probablemente va a sonar estúpido considerando que acabas de calentarte con el baño, pero realmente deberías ponerte algo de hielo en esos golpes.
Sean abrió los ojos y le lanzó una mirada asesina.
Ella no se intimidó, sino todo lo contrario. –Vamos, sólo tendrás que soportarlo por algunos minutos. Te sentirás mejor, te lo prometo.
Stella dio dos palmaditas en el muslo de Starscream y se levantó de la cama, dirigiéndose hacia la cocina. Mientras preparaba una bolsa con hielo miraba de vez en cuando hacia atrás.
Era raro ver a un extraño en su cama. Aunque muchos habrían cuestionado su moralidad y su buen juicio, había ciertas reglas que incluso una mujer como ella mantenía a toda costa. Nunca traer a un cliente a casa era una de ellas.
Pero había algo diferente en ese joven que ocupaba su cama en ese momento. Se le veía tan solo y angustiado… por alguna razón, ella se había sentido inmediatamente impulsada a ayudarlo.
Stella regresó a la habitación. Se sentó en cama y apoyó la espalda en la cabecera. Comenzó a acariciar suavemente a Sean, que tenía los ojos cerrados, y lo atrajo hacia ella, haciendo que recargara la cabeza en su pecho. Se sorprendió de que él se lo permitiera. Tal vez estaba demasiado débil para resistirse.
Stella sabía lo que era estar sola en las calles, perdida sin que nadie la guiara. Había perdido la cuenta de la cantidad de ocasiones en la que había terminado golpeada y abusada en algún callejón, o robada por algún aspirante a amante. Y todas esas veces que se había arrastrado por la obscuridad como un perro herido nadie se había detenido a ayudarla. ¿Quién se preocupaba por una anónima prostituta, después de todo?
Una sonrisa coloreó sus labios mientras miraba a Sean. Era una lástima pensar que él se marcharía en cuanto amaneciera, llevándose ese cuerpo perfecto y esa deliciosa masculinidad con él…
Colocó una bolsa de hielo gentilmente sobre el torso del joven, haciendo que él se estremeciera levemente.
Tal vez el karma sería más piadoso que lo que las oportunidades habían sido.
Stella no estaba segura de cuánto tiempo había pasado. Todo lo que sabía era que en algún momento Sean se había quedado dormido en sus brazos, y que las compresas de hielo que había colocado sobre sus magulladuras se estaban convirtiendo lentamente en bolsas de agua que goteaban.
Un fino hilo del líquido se había abierto camino por el abdomen de Sean y estaba goteando lentamente sobre la cama, mojando las sábanas. Por un momento Stella pensó en quedarse como estaba, dejando que su imaginación tuviera la ingenua fantasía de que el que descansaba a su lado era un amante real, pero el súbito temblor en el cuerpo de Sean la devolvió a la realidad. Él tenía frío de nuevo.
Stella hizo suavemente a un lado a Sean y se separó de él. Una de sus piernas se había dormido por haber estado en la misma posición por tanto tiempo. No sin arrepentimiento, cubrió el cuerpo de él con el cobertor de la cama y colocó una almohada bajo su cabeza. Él se acurrucó inmediatamente.
-Duerme bien, cariño… - dijo ella en voz baja, colocando la mano sobre su frente otra vez. No se había equivocado, definitivamente la fiebre de él había desaparecido.
Las bolsas de agua fría cayeron en el fregadero de la cocina con un sonido estéril. Ahora que Sean estaba dormido, Stella no estaba segura de qué hacer. Sus ojos se movieron de la forma inmóvil del joven hacia su tuxedo, que estaba tirado en el suelo.
Dedos decorados con largas uñas rojas ya estaban en la arrugada ropa antes de que Stella se percatara de lo que estaba haciendo. Se había convertido en una práctica común; cada vez que algún cliente le pagaba por una noche completa, ella encontraba la manera de encontrar una forma adicional de redención en la billetera del incauto en cuestión.
Pero esa noche algo distinto la impulsó a buscar entre la ropa de Sean, algo que tal vez podía considerarse como genuina curiosidad. Lentamente, Stella sacó los bolsillos de los rotos pantalones. Había esperado encontrar una billetera, tal vez unas llaves o un teléfono, incluso algunas monedas… pero no había nada ahí. Sorprendida, dirigió su atención y sus manos a la chaqueta, sólo para encontrar el mismo vacío.
Nada.
Un pequeño sentimiento de decepción la invadió. Parecía que estaba destinada a pasar otra noche esperando en su esquina si quería conservar su pequeño apartamento. Pero el sentimiento se mezcló con otra cosa, lástima tal vez, al pensar que tal vez Sean había sido asaltado.
Stella regresó cuidadosamente los bolsillos a su lugar antes de colgar el tuxedo de Sean sobre la puerta del baño. Era una lástima ver ropa tan cara y fina estar tan sucia y rota, pero aún en ese estado había lucido tan bien en su guapo portador… tan fuera del alcance de alguien como Stella.
Sus ojos cayeron en la dormida forma de Sean otra vez. El ceño de él estaba fruncido ligeramente. Seguramente estaba soñando con algo no muy agradable, pero al menos estaba descansando. La cicatriz en su ceja derecha captó la atención de Stella. Parecía que la marca había estado ahí por años. Stella se preguntó cómo habría llegado hasta ahí. En su opinión, era una deliciosa adición a un hombre que ya era descaradamente atractivo.
Su mirada continuó recorriendo ese cuerpo perfecto; bajó hacia el brazo musculoso que de repente salió de entre las sábanas. Stella se preguntó cómo se sentiría ser abrazada por ese brazo, no el abrazo de un cliente sino el de un amante. Un ardiente, delicioso amante…
De repente, no pudo resistir la tentación de mirar de nuevo el cuerpo desnudo de Sean. Sabía que no estaba bien, debería dejarlo descansar y recuperarse, pero la línea entre lo correcto y lo incorrecto se había hecho tan borrosa desde hacía tantos años… ¿Qué importaba si la cruzaba otra vez?
Stella se acercó lentamente a la cama. Su mano titubeó antes de sucumbir finalmente al deseo y cuidadosamente levantó la manta cubriendo el torso de él.
Una sonrisa curveó los labios de la mujer.
No había mentido cuando había dicho que lo había visto todo; hombres jóvenes y viejos, de todos los tamaños, formas y colores… Pero era raro, increíblemente raro, encontrar un hombre que la atrajera de una manera tan intensa, uno con un abdomen tan perfectamente torneado, brazos fuertes, dimensiones perfectas… Dedos hambrientos se dirigieron hacia adelante, buscando ese cuerpo que la hacía estremecerse de deseo.
Un débil murmullo sacó a Stella de sus pensamientos, haciéndola retroceder sus manos. Miró al rostro de él, asustada de haber sido descubierta, pero él continuaba durmiendo. Pero no tranquilamente, como lo demostró su cuerpo retorciéndose bajo las mantas.
-Mmm… no… - murmuró Sean, alzando uno de sus brazos como para protegerse de algo.
Stella retrocedió, sorprendida. Tal vez él estaba reviviendo lo que había pasado esa noche.
Sean continuó agitándose, su brazo tratando de repeler a un atacante invisible. Su cuerpo se estaba poniendo más y más tenso a medida que transcurrían los segundos.
-Nnn… no… no… - dijo, casi gritando.
Stella se acercó a él otra vez. – Ssshh cariño… todo está bien – le dijo suavemente mientras comenzaba a acariciarle el rostro. Era obvio que él estaba teniendo una pesadilla.
Sean continuó agitándose mientras pequeñas gotas de sudor se formaban en su frente.
-Sean... Sean… despierta, cariño. Es sólo una pesadilla… - continuó ella, moviéndolo suavemente. -¿Sean?
Al ver que no estaba obteniendo ningún resultado, Stella lo sacudió con más fuerza. Si él continuaba así terminaría haciéndose daño.
Stella estaba empezando a asustarse. Era angustiante ver a un hombre tan atractivo retorciéndose como un niño aterrorizado. Necesitaba calmarlo, despertarlo si era posible…
Y entonces tuvo una idea. Sólo había una manera de someter a un hombre, sin importar que estuviera enojado, distraído o aterrorizado.
Stella sonrió con picardía mientras deslizaba una de sus manos bajo las sábanas, teniendo una sola parte del cuerpo de Sean como objetivo…
Continuará.
