Hola mis amores, de nuevo venimos con un nuevo capítulo.
Espero que les guste, es un poco largo aunque no creo que les moleste jajaja

Las adoro y gracias por sus hermosas reivews que nos llenan de inspiración!

Capítulo 14

Hay muchas formas de descubrir un secreto, pero Damon y Elena tenían la costumbre de que la verdad se les escapara de las manos. Una vez más, el silencio los acompañó en todo momento, la situación era inestable, pero los tres esperaron que uno de ellos tomara la palabra, realmente esperaban que fuera Meredith la que diera el primer paso, pero su mutismo fue ensordecedor .La chica se quedó completamente congelada ante la escena, en todo el viaje a su casa había pensado en miles de situaciones donde ella descubría ese secreto, pero esto simplemente se tornaba en un color que ni ella misma sintió como Elena comenzaba a temblar entre sus brazos. Tan fácilmente como eso su secreto se había visto descubierto en solo un día.

-Tranquila, vamos a resolverlo -susurró Damon suavemente en su oído cuando vio los ojos de la chica cubiertos de lágrimas y sus manos temblando intensamente.

Meredith seguía esperando una explicación, aunque se veía a distancia que no era necesaria, todas las piezas encajaban perfectamente, el problema estaba en que no le gustaba la imagen que se estaba formando. Sus ojos se cruzaron por una milésima de segundo con los de Elena, pero no le dio tiempo a descifrar todo el dolor y el cansancio acumulado, porque de su boca salieron las palabras casi sin procesarlas.

-¿Qué significa esto, Damon? -preguntó asombrada y con un toque de humor irritante. Pese a que las imágenes hablaban por sí mismas ella simplemente no podía entender qué era lo que tenía frente a sus ojos.

-No quería que te enteraras así, Mer -comenzó a decir con cuidado, dando un paso al frente para ocultar entre su cuerpo la imagen de la chica, como si con eso evitara el dolor de Elena

-¿Y cómo querías que lo hiciera? ¿Acaso me ibas a contar algún día o tendría que descubrirlo yo misma? -ironizó mordiéndose el labio inferior, miró por todos lados como buscando la pieza que faltaba en toda esa historia para que algo de esto tuviera sentido- Damon...es que...

-Meredith -intentó intervenir Elena, dando un paso al frente, aún temblaba pero se veía la seguridad en sus ojos, Mer la miró fijamente, pero rápidamente se vio interrumpida por Damon.

-Mer ¿cómo te lo iba a contar? -cuestionó- Si lo hacía Ric…

-¡Si Alaric lo sabe, maldita sea! -explotó creyendo que lo que intentaba era volver a engañarla, se dio la vuelta y en su cabecita una vocecita le decía que saliera por la puerta y no mirara atrás, pero ella no era la cobarde, ella era la que conseguía sacar siempre a sus amigos de un aprieto, por eso se sentía tan impotente, porque hasta ella estaba destrozada.

Damon agachó la cabeza. Elena vió la imagen tan derrotada de Damon, que era todo luz y alegría, siempre había visto un aura tenebrosa oculta en él pero nunca tan cerca de la realidad, sin pensarlo entrelazó sus dedos con los del chico, provocando que este temblara ante el contacto.

-Meredith, Damon y yo…-se relamió el labio, sintiendo como todo su cuerpo se tensaba, y las palabras se quedaban atrapadas en su garganta, impidiéndole tanto hablar como respirar, pero el agarre de Damon le dio el suficiente valor para dar otro paso hacia adelante, recordando cada palabra y cada momento con Mer, esa chica le comprendía, la ayudó, no podía culparla como hacía Ric.

¿O si?

No le dio tiempo a procesar la información, porque el sonido de un claxon los alertó a los tres, sólo podía haber una persona que fuera capaz de hacer eso a esas horas, o eso pensó la castaña que enseguida se soltó del agarre de Damon para asomarse a la ventana, miró por toda la calle hasta localizar el auto familiar de Jenna. Apretó con fuerza los puños, ¿ya se había pasado el tiempo? No, no podía irse ahora, no podía dejar a Damon sólo en esta, bastante era que tuvo que enfrentarse a Ric, e incluso a Jenna por ella, no, esta vez lo superarían juntos.

Damon, que tuvo el mismo pensamiento masoquista que la chica, se acercó a ella abrazándola y apoyándose sobre su cabeza.

-Shh, no pienses así… -susurró. Su voz sonaba rota, destrozada y por más bajito que pronunciara se notaba, y eso a Elena le destrozaba el alma, se encogió aún más- Ve anda, ¿o queremos a Jenna y a Mer en la misma sala?

Negó con la cabeza de forma frenética como si aún tuviera tres añitos y le estuvieran advirtiendo en la noche de Navidad que si no se acostaba al día siguiente solo recibiría carbón. Pero esto era peor, y eso provocó que un escalofrío recorriera toda su columna vertebral hasta alcanzar sus ojos.

Estaba llorando.

Otra vez.

Rápidamente se llevó ambas manos a la cara, intentando borrar las lágrimas pero sin separarse de Damon, que posó sus labios sobre su cabello. Los mantuvo ahí.

-No quiero dejarte solo… -musitó bajito y el sonido de un claxon seguido por su teléfono móvil le alertó que Jenna se estaba impacientando.

-No lo haces -pronunció contra su piel- Estáis conmigo...en mi corazón.

Meredith se miró las manos, estaba sudando y temblando como una niña chica, lanzó una mirada rápida a la puerta, ella también estaba escuchando el claxon, y no era tonta, sabía que alguien venía a buscar a la chica, pero, ¿quién?

"Hablaré con mi tía"

¿El embarazo? Mer notó que le faltaba el aire, notó que se ahogaba allí mismo, se llevó una mano al pecho, notando como el corazón se le acelera con fuerza, golpeando sus costillas hasta hacerla retroceder, miró a la pareja que se despedía con un tierno beso, permanecieron unos segundos más, unidos por sus labios, como si con ese pequeño y breve gesto estuvieran unidos sin más nadie que se interpusiera, pero Elena tuvo que soltarse y salir corriendo para la puerta.

Damon se quedó ahí, mirando fijamente la ventana, sin buscar nada concreto solo con la mirada perdida en la noche.

-Lo sabes -musitó la chica rompiendo el silencio una vez más, la tensión aumentó a medida que el chico se giraba para afrontar la dura realidad, su amiga, su más leal amiga le miraba con una ceja alzada, de forma suspicaz esperando que el chico no necesitase más palabras para saber de que estaba hablando. Se cruzó de brazos- Damon no me hagas ponerle nombre -le advirtió- Porque ya estoy que no sé ni siquiera en que día vivo… -señaló la puerta- ¿Esa mujer lo sabe? ¿Todo?

"¿Todo?"

Todo. Esas cuatro letras resonaron en su cabeza como un himno, esas canciones que estás tan cansado de escuchar pero cuando la oyes se te queda grabada en la cabeza y te duele de tanto repetirla, resuena hasta cansarte. Pues eso es lo que le pasaba en ese mismo momento a Damon, sabía perfectamente a que se estaba refiriendo, no le importaba, era cuestión de segundos que atara todo, pero estaba cansado de que todos repitieran lo mismo.

No podía más.

Ya no.

-Si, lo sabe -dijo tajante imitando la misma postura que su amiga- Mer lo sé todo, por eso te pido que no le digas a Ric…

-¿Qué no le diga qué? -le preguntó- ¿Qué vas a ser padre? ¡Dios! Vas a ser padre… -alucina, oír esas palabras salir de su propia boca era peor que imaginarlo, había estado con la madre del hijo de su mejor amigo durante semanas, ayudándola a que diga la verdad, a que le cuente todo al padre y a la familia, y ahora, simplemente se da cuenta que ella, Mer, era parte de esa familia, se llevó una mano a la cabeza- Ric no sabe nada.

-No, de eso no -miró a sus botas- Por eso le pedí que no dijera nada porque entonces…

-¿No ves hasta donde te llevan las mentiras Damon? -se acercó al chico, agarrando su rostro para que le mirara- Has estado a punto de separarnos a Ric y a mi -el chico se tensó- Te has alejado de Ric por esto y ahora yo… -sorbió por la nariz- No voy a permitir que esto se pudra más.

-Las amo.

No necesitó preguntarle de qué hablaba porque lo tuvo claro, simplemente asintió aguantando las ganas de darle una reprimenda por no haber tenido cuidado y por no ser ella la primera en enterarse; pero claro, no era una situación normal, si la chica tuviera dieciocho sería diferente, pero a quién quería engañar… era su alumna, seguiría siéndolo por ese año y luego otro más ¡Era diez malditos años menor que él! -¡Tiene diecisiete años! -se separó asustada- ¡¿Cómo…?!

-Tienes dieciséis -le corrigió bajito, pero la chica abrió los ojos como platos, esa aclaración no servía de nada- Cumplirá los diecisiete para fin de año.

-Los dieciocho los cumple...dentro de un año y pico…¿y tú estás tan tranquilo? Que digo, no sirve de nada que tenga dieciocho -negó con la cabeza- Hasta los veintiuno es ilegal en Estados Unidos ¿No te das cuenta de que pueden arruinarte, Damon?

-En Canadá…

-¿Hablas en serio? -alzó los brazos nerviosa cuando notó que su teléfono vibraba en su pantalón, un miércoles noche solo podía ser su madre o Ric, sacó el aparatito de su sitio y miró la pantalla iluminada con la foto de él y Ric, se mordió la lengua.

-No, no hablo en serio -susurró, mientras Meredith tecleaba rápidamente, cada segundo que la chica miraba la pantalla era un segundo menos en la paciencia de Damon, el cual estaba a punto de ponerse a suplicar- Pero nos queremos, la amo, y voy a estar con ella.

-No te lo permitirán… -guardó el teléfono- Estáis en un colegio de Élite, en un pueblo donde cualquiera busca algo donde morder, ¡joder Damon! Lo sabes por experiencia…

Y lo sabía mejor que nadie. Hacía unas horas que había estado hablando con la prueba viviente de que era verdad, que este pueblo muerde hasta desangrar a las personas, cuando murió su madre, todo salió a la luz, desde que los Salvatore no pensaban estudiar, no sé que cosa de que se iban de fiesta en fiesta aún siendo mentira, que el menor de ellos había abandonado cualquier fé de tener un futuro. Solo había abandonado las clases. De que la herencia caía en las peores manos, y una sarta de mentiras o manipulaciones, que Damon no vio en su momento, lo vió cuando volvió destrozado por Katherine, ahí es cuando notó todas esas miradas, por eso se trasladó de nuevo a la universidad, tenía el dinero para hacerlo y en ese tiempo recuperó su vida, y nadie pareció darse cuenta de quién era él.

Cuando volvió solo veían a Damon Salvatore un profesor de literatura que comenzaba en un pueblo donde nunca ocurría nada malo. No le recordaban, ni a él ni a su familia.

-Damon -se acercó Mer, frotando de forma cariñosa su brazo, el chico clavó sus pupilas dilatadas en las oscuras de su amiga, la cual se mordió la lengua para no decir más nada, o por lo menos para pensar que iba a decir- Te queremos muchísimo, pero tienes que hacer algo, o sino esa chica, Elena y ese bebé sufrirán todo…

-No voy a permitir eso.

-Lo sé, lo sé -se abrazó a él, hundiendo el rostro en su hombro- No voy a pelear contigo, no ahora, descansa, mañana hablamos, ¿vale?

-Pero…

-Pero nada, tampoco quiero darte más motivos para comerte la cabeza, obviaré lo del bebé si Ric me pregunta, solo le diré lo que él sabe, nada más -se apartó un poco para darle un tierno beso en la coronilla- Descansa, que lo de Stefan y lo nuestro te estará dando factura hasta el fin de semana.

O más. Pero no lo dijo, simplemente lo gritó en su subconsciente como si con eso todo fuera menos doloroso, menos pesado. Meredith se separó de él, agarró su bolsa y se dirigió a la salida, pero se quedó quieta, dándose cuenta de otra cosa más.

-¿Damon? -el chico clavó su mirada en la de Meredith, no necesitó que la chica dijese nada más para saber en lo que estaba pensando.

-No, Mer, Katherine no me preocupa.

No muy convencida la mujer se fue de la casa, dejando a un Damon totalmente destrozado en el salón, el chico no tardó ni cero coma en salir corriendo en dirección a la ducha, necesitando que todo su cuerpo despertara de ese dolor infernal en que la vida le había sometido, no supo cuántas horas estuvo entumecido en la ducha, bajó el agua helada pero si supo que no fue suficiente, le quedaban unos días terribles donde no solo su relación con Elena peligraba sino también su estabilidad mental.

El jueves comenzó y terminó de la misma forma, Elena no pudo hablar con Damon en ningún momento, habían coincidido un par de veces por el pasillo pero ninguno de los dos pudo prestar atención al otro, porque estaban acompañados, pero Elena no necesitó hablar con él para saber que las cosas con Damon no estaban bien, sin pensarlo, esa tarde después de haber tenido un día de compras con Bonnie y Rose, se acostó temprano para poder hablar con Damon, pero el chico no salía conectado.

Durante horas estuvo pendiente de la pantallita, pero su aplicación no daba señales de vida con respecto al chico de ojos azules, casi sin pensarlo le envió un mensaje, sabiendo que hasta el día siguiente el chico no vería.

"¿Todo bien? Te echamos de menos. ¿Hablamos mañana? ¿Ahora…? -E"

Esa noche, como la anterior la castaña no fue capaz de pegar ojo, el dolor que sentía en el pecho, fruto de la incertidumbre de la situación no dio tregua durante lo que le pareció una eternidad, la pantalla del móvil se apagó a los segundos después de enviar el mensaje, los diez primeros minutos la chica estuvo pendiente del perfil de Damon pero enseguida se cansó de que cada vez que mirara el dolor acrecentara.

Necesitaba saber de él, y no solo porque lo extrañaba con locura, sino porque sabía que él no estaba bien y no había olvidado eso tan importante que él le tenía que decir y había sido interrumpido. Resignada, .dejó caer la cabeza en la almohada sin dejar de repasar cada detalle de su visita el día anterior.

Caroline y Bonnie estaban sentadas en el patio aprovechando un par de rayos de sol cuando Elena hizo su aparición en el colegio. Para la castaña esa había sido lo que cualquiera podría considerar una mañana terrible: se había despertado media hora antes de que su despertador sonara y tuvo que salir corriendo al baño para vomitar, a pesar de que las náuseas estuvieran haciéndose cada vez menos frecuentes todavía solían atacar en los momentos menos esperados; como la otra noche había atravesado todo el drama de Meredith se había ido a la cama tarde y eso, sumado al embarazo, hacía que se sintiera como si no hubiera dormido por varios días completos; además, esa mañana había pasado una de sus crisis emocionales más grandes cuando se puso el uniforme del colegio y se dio cuenta de que la falda azul le quedaba demasiado ajustada, al verse al espejo vio perfectamente reflejado el hinchazón de su vientre aún a través de la camisa blanca y se sintió a punto de colapsar, por suerte comenzaba a hacer frío y, antes de entrar en una crisis emocional absoluta, se puso el suéter azul de su uniforme y descubrió que podía ocultarse perfectamente, gracias al cielo comenzaba el invierno… pero ese truco no iba a servir por mucho tiempo y pronto dejaría de parecer "ligeramente más gorda" a parecer completamente embarazada. Solo de pensar que en poco tiempo ya no podría ocultar ese secreto hacía que quisiera llorar. Así que allí estaba, hecha un desastre emocional, terriblemente hambrienta a causa de no haber sido capaz de mantener el desayuno dentro de su estómago y con los ojos ardiendo a causa del llanto y el sueño.

-Hey -musitó dejándose caer en una silla frente a sus amigas.

-Wow, eso no suena nada bien… -comentó Bonnie sorprendida por el evidente malestar de su amiga- ¿No se te había ido ya el resfriado? -comentó, recordando perfectamente que la tarde anterior no estuvo que digamos muy estable, pudo reconocer perfectamente la imagen destrozada de su amiga una vez más.

-No dormí bien -contestó ella con voz cansada dejando caer la cabeza sobre sus brazos cruzados en la mesa.

Caroline frunció el ceño con preocupación y se sintió inútil por no poder preguntarle a su amiga qué le pasaba realmente. Sabía que tenía algo que ver con el bebé y la preocupación en los ojos de su mejor amiga no le gustaba nada.

-Parece que no duermes hace un siglo -bromeó Bonnie con una nota de preocupación por su amiga esperando que por fin la chica se abriese a ella, sabía que no eran tan íntimas como en el caso de Caroline pero esperaba un voto de confianza.

-Estoy bien… es viernes, con suerte esta tarde voy a poder dormir hasta quedar inconsciente.

-Amm… Con respecto a eso, creo que voy a arruinar tus planes -dijo Caroline algo arrepentida.

-¿Qué? ¿Por qué? -se levantó de golpe, sintiendo que la presión podía con su pequeño cuerpo, por lo que tuvo que volver a la postura inicial en unos pocos segundos.

-Hoy es el primer partido de la temporada, ¿recuerdas? los chicos están bastante emocionados. Le dije a Kol que iríamos a alentarlos -rodó los ojos, Caroline tampoco parecía muy convencida en ir, y era comprensible la situación con Klaus no era muy estable aunque Elena esperaba que sus amigos abriesen los ojos en algún momento.

-Y por supuesto tus ganas de ir al partido no tienen nada que ver con ver a Klaus sudando y corriendo por la cancha con su "sexy uniforme de básquetbol" ¿no? -intervino Bonnie ganándose una mirada asesina de la rubia.

-¡Agh! Todo el mundo necesita dejar esta tontería sobre mí y Klaus. No hay nada entre nosotros.

-Como digas, Car -Bonnie dejó escapar una pequeña risita y luego se volvió a Elena que no se había movido y tenía los ojos cerrados- Pero no tienes que venir si estás tan hecha polvo, Elena… ¿Estás segura de que ya no estás enferma?

-Cien por cien segura, no he tenido fiebre en estos días. Estoy bien -murmuró con cansancio en la voz- Había olvidado el partido, Kol no me perdonará si me lo pierdo -recordó perfectamente como el año pasado, en un despiste se le olvidó ir a un partido muy importante, tuvo a su amigo pegado a su trasero durante semanas recordándole que le debía una muy grande, y aunque necesitaba al pequeño de los Mikaelson en su vida no quería tenerlo en su conciencia cada cinco segundos.

-Sabes que sí lo hará… Kol siempre te ha perdonado todo.

-Corrección, yo no me lo perdonaría -aceptó Elena dejando escapar un bostezo.

-¿No sería mejor que llames a Jenna para que venga a buscarte?

-No Car -dijo Elena mirándola a los ojos con profundidad- No puedo seguir perdiendo días de clases.

Caroline entendió el mensaje al instante, había una razón muy simple para eso: no podía perder clases porque ya perdería demasiadas a causa del bebé. La rubia asintió y puso una mano sobre el brazo de su amiga y rebuscó en su mochila hasta dar con el paquete de ositos de gelatina que había comprado más temprano.

-Quizás un poco de azúcar te ayude a despertarte -dijo Caroline ofreciéndole las golosinas.

-Gracias -sonrió Elena incorporándose y abrió el paquetito. Con o sin náuseas no podía evitar adorar esos dulces.

Bonnie estaba a punto de decir algo sobre el sospechoso comportamiento de Elena cuando sonó la campana y tuvo que irse a su clase. Caroline acompañó a Elena a su casillero a dejar sus cosas antes de dirigirse a clases.

-¿Ahora vas a decirme lo que realmente te pasa? -dijo Caroline apoyándose en el casillero cerrado frente al de Elena.

-¿De verdad quieres oírlo? -murmuró mientras sacaba de su taquilla algunos libros y acomodaba sus cosas para la primer clase.

-Claro, me preocupas.

-Meredith sabe todo -eran tres palabras que no tenían mucho significado para la mayoría, pero Caroline las entendió a la perfección, estaba por decir algo cuando su amiga continuó hablando- Anoche me dormí tarde y tengo sueño como si no hubiera dormido en días, Damon obviamente me está ocultando algo, esta mañana desperté con náuseas otra vez y ni siquiera pude desayunar por culpa de los vómitos y, por si todo eso no fuera suficiente… -miró a ambos lados, asegurándose de que nadie las estuviera mirando- Mira esto -se levantó un poco el suéter, revelando su pequeña barriga cubierta por la camisa a una Caroline completamente sorprendida- La vida apesta.

-Wow… -exclamó Caroline sin mucho más que decir, definitivamente era demasiado- Entiendo que estés de mal humor con todas esas cosas.

-No estoy de mal humor… Es solo… demasiadas cosas juntas y el día ni siquiera comenzó.

-¿Quieres contarme algo? ¿Cómo fue lo de Meredith? ¿Y qué es eso de que nuestro sexy profe te está ocultando algo?

-La verdad es que no quiero hablar de eso. Quiero intentar tener un día normal antes de que todo esto sea imposible de mantener en secreto.

Caroline asintió y las dos se dirigieron a la clase. La rubia estaba más que sorprendida con los cambios de humor de su amiga, no hacía ni dos días que parecía derrochar felicidad y hoy… bueno, todo lo contrario, ayer ya estaba rara pero hoy su amiga estaba totalmente destrozada. Solo esperaba que toda esta tormenta emocional no durara todo el embarazo porque si así era sería imposible aguantarla.

-¿Puedes avisarme cuando el profesor entre? -susurró Elena dejándose caer sobre el banco. No iba a dormir, eso era seguro, pero necesitaba cerrar los ojos y descansar su mente un segundo.

-Seguro -Caroline se sentó junto a su amiga en uno de los bancos del fondo y se puso a tontear con su teléfono para que el tiempo pasara más rápido hasta que la clase comenzara.

No mucho después, la tranquilidad de ambas se vio perturbada por la presencia de cierto joven que se sentó sobre el escritorio de Caroline sin pedir permiso.

-¿Está dormida? -preguntó su voz risueña.

-Mikaelson -saludó Caroline ácidamente.

-Forbes… -imitó Kol riendo- Solo porque estés sexualmente frustrada y enojada con mi hermano no significa que tengas que odiarme -se preparó para apartarse conocía muy bien a la rubia y sabía que le daría con lo primero que pillara a mano pero para su sorpresa siguió concentrada en ignorarle..

-No voy a responder a eso -dijo ella rechinando los dientes.

Kol negó con la cabeza conteniendo la risa y dejó caer su mochila en el banco libre junto a una Elena que, si no estaba realmente dormida estaba fingiéndolo muy bien.

-Lena… -susurró Kol alargando las vocales, como no obtuvo respuesta, apartó el cabello que le cubría la mitad del rostro y lo puso detrás de su oreja para acercarse a susurrarle de nuevo- Despierta, bella durmiente…

Pero ella simplemente no respondía ¿Cómo era posible que estuviera tan profundamente dormida en uno de esos fríos y rígidos bancos? ¿Realmente estaba tan cansada? Bueno, definitivamente lucía cansada. Sus ojos estaban rodeados por suaves ojeras y todas sus facciones indicaban que realmente necesitaba dormir un poco… o mucho. Pero ni siquiera las evidentes señales del cansancio en su expresión reducían su hermosura. Kol ni siquiera supo conscientemente qué estaba haciendo antes de que su mano volara suavemente hasta la mejilla de Elena. Nunca la había tocado de esa manera, su piel era tan suave y cálida como siempre había imaginado y sin quererlo se vio enredado en el hechizo que la joven, aún dormida, ejercía sobre él.

Extrañada, Caroline los miró de reojo fingiendo que seguía muy concentrada en su teléfono. Ella era una persona por demás observadora y generalmente nada la sorprendía pero tenía que admitir que este gesto del pequeño de los Mikaelson la sorprendió muchísimo, instantáneamente se sintió mal por él. Kol no podía sentir nada por Elena, eso le destruiría cuando, tarde o temprano, supiera la verdad.

-Yo no haría eso -comentó Caroline suavemente.

-¿Qué cosa? -preguntó Kol completamente absorto en el rostro relajado de Elena.

Ella le dedicó una mirada profunda y no contestó a su pregunta, volviendo la atención al móvil que continuaba en su mano. Kol no le dió ninguna importancia a sus palabras y se acercó sigilosamente al oído de su amiga para susurrarle al oído.

-Elena, despierta… -llamó- Elena, Elena.

-Mmm… Damon... -murmuró ella en medio de la confusión del sueño mientras sus pestañas vibraban para abrirse.

Los ojos de Caroline se abrieron como platos cuando escuchó esa palabra e inmediatamente le dio una suave patada a su amiga por debajo del banco para que se despertara y no cometiera una tontería como esa de nuevo. Kol frunció el ceño sin entender completamente lo que la joven había dicho y cuando ella abrió un poco los ojos la miró con gran curiosidad.

-¿Kol? -preguntó confundida- ¿Cuánto tiempo estuve dormida? -la joven soltó un pequeño bostezo y se refregó un ojo intentando acostumbrarse a la luz. Y ese simple gesto borró todo pensamiento extraño que Kol hubiera tenido al escuchar ese murmullo cuando ella comenzó a despertar, en su cabeza no había espacio para nada más que reprimir las ganas de abrazarla y decirle lo hermosa y tierna que era en ese simple momento.

-Cuando llegué ya estabas en modo bella durmiente -Kol se encogió de hombros y con ese simple comentario obtuvo la primer risa del día de Elena.

-Fueron solo un par de minutos -sonrió Caroline tranquilizándola.

-¿Qué pasó, Lena? ¿Te quedaste toda la noche pensando en mí y no pudiste dormir? -bromeó Kol acomodándose mejor sobre la silla para mirarla de frente.

-¿Algún día dejarás de ser tan payaso? -rió Elena sacando el paquete de ositos de gominola de su bolsillo para seguir comiendo.

-¿Algún día dejarás de ser tan terca? -sugirió a escasos centímetros de la boca de la chica, incluso podía oler a esa distancia su olor mezclado con el sabor de la gominola, Elena ajena a esas sensaciones que perturbaban a su amigo, se apartó unos centímetros para buscar algo, pero no sin antes lanzarle una de sus miradas- No me mires así -se encogió de hombros- Eres cabezota como nadie.

Elena puso los ojos en blanco y abrió su carpeta para mirar el horario ya que estaba tan perdida entre todas sus preocupaciones que ni siquiera se acordaba qué materia tenía. No había terminado de leer el nombre de la materia cuando su voz resonó en el aula. No sabía si estar contenta o maldecir su mala suerte.

-Abran los libros de texto en la página 230 -su voz retumbó por todo su cuerpo, congelándola en el sitio.

Eso fue todo, ni un buen día, ni una sonrisa, ni una de sus cotidianas bromas tontas. Elena sintió su corazón encogerse cuando por un momento sus ojos hicieron contacto con los de Damon y los encontró vacíos y llenos de cansancio. Era como si todo su cuerpo gritara para que se levantara, corriera a sus brazos y lo besara hasta hacer que el brillo de sus ojos apareciera de nuevo. Pero luego recordaba que había algo que no le quería decir y que se había pasado la mitad de la noche intentando llamarlo porque estaba preocupada por él y por cómo había resultado su charla con Meredith y él simplemente no había respondido.

-Hoy no es su día… -susurró Kol sobre su oreja, provocando que la chica pegara un saltito en su sitio, se había olvidado por completo de donde estaba, sin pensarlo mucho soltó su carpeta y sacó sus apuntes, sin apartar la mirada de la figura de Damon que cada vez parecía más y más borrosa- ¿Mala noche…? ¿mala semana…? -ajeno a la realidad, Kol continuó intentando adivinar el problema del profesor Salvatore, mientras este mismo empezaba su lección-Ya sé -susurró triunfante, alentando las miradas de varios de los compañeros, entre ellos las de Matt y las de Caroline, la cual le dio una patada al banco de Kol para que guardara silencio, el chico se quejó, justo cuando Damon miraba para comprobar el problema.

Todos estaban en completo silencio, el chico reanudó su clase continuando con el esquema que había dejado recién empezado en la pizarra.

-Quédate quieto -le escupió en silencio Caroline, lanzando miradas hacia adelante para que el profesor no se diera cuenta- Vamos a acabar todos castigados antes del partido.

-Ya me callo -se cruzó de brazos, inflando los mofletes como un niño pequeño, Elena negó con la cabeza- Mami -llamó a la rubia, que estaba apuntando unos datos en sus hojas- ¿Podré hablar después de clase?

-¿Tu eres idiota? -se señaló la sien, pero Elena no pudo resistirse y soltó una risita al mismo tiempo que el profesor se quedaba en completo silencio, Elena notó que sus mejillas tomaban un color más vivo, se giró bruscamente, encontrándose la mirada fija de Damon en ella.

"Bien Elena, has conseguido que te mire"

-¿Les sucede algo a ustedes tres? -comentó Damon de una forma irritante, Elena quiso levantarse y golpearlo por hablar de forma tan inquisidora.

-Nada -comentó Kol, sintiéndose en su salsa en ese momento- Solo comentaba con mi mamá si podré hablar más tarde -se encogió de hombros, Caroline abrió la boca alucinando y Elena, simplemente se hundió más en su vergüenza. Kol era un caso perdido- ¿Puedo o no? -se giró para la sorpresa de la chica que si las miradas matasen Kol sería polvo en esos instantes, con su perfecta sonrisa esperó la respuesta de su amiga.

Toda la clase estalló en una sonora carcajada, Kol Mikaelson había sido el payaso del colegio casi desde que entró, sus bromas hacían eco por todos lados pero Kol siempre conseguía sorprender a la multitud y esta era una de esas situaciones, cuando vio que la rubia no iba a responder se giró hacia Elena para encogerse de hombros.

-Se ve que es un sí, profesor -sonrió- Puede continuar si así lo desea.

-Claro -sonrió alejándose hasta la pizarra- Pero ustedes tres -los señaló uno por uno- Se van a quedar esta tarde conmigo, si no tienen problema.

-¿¡Qué!? -se incorporó el chico y unos cuántos más al darse cuenta que esto afectaba al partido- No puede hacer eso, ¡tengo partido! ¿Sabe lo que es el basketball, baloncesto, básquetbol?

-No necesito que me diga todos los sinónimos Mikaelson -se sentó en su silla- Soy profesor de lengua extranjera y literatura universal, lo sé perfectamente, el problema es que usted y sus amigas no saben lo que es estar en una clase.

-¡No hay derecho! -se quejó Caroline- ¡Es él el imbécil no nosotras! -formó un mohín con sus labios, Elena simplemente se encogió aún más si cabía en su asiento, era la primera vez que se sentía tan incómoda en ese lugar.

-Solo por eso que ha dicho le puedo castigar -miró su móvil donde la imagen de la ecografía marcaba su salvapantallas, dentro tenía una imagen de Elena y de él- Hemos perdido veinte minutos de la clase, Forbes, ¿quiere añadirle más tiempo al castigo?

El sonido del timbre fue como campanillas celestiales todo el mundo salió de la clase embalado, Damon en cambio se tomó su tiempo para guardar las cosas, llevándose dos dedos al puente de la nariz, sintiendo como el dolor de cabeza volvía pero esta vez con más fuerza, no podría aguantar ni una hora más pero no le quedaba otra, justo cuando pensó que todo la clase se había ido se encontró a un par de chicos allí, y las miradas de Caroline y Elena, se detuvo unos segundos más en esa castaña que estaba un poco más apartada del grupo.

-Profesor -comenzó Donovan, Matt era el alumno modelo por el que ir a clase parecía algo bueno, tenía unas notas excelentes y era uno de los mejores jugadores de fútbol- Este partido es muy importante para la mayoría de nosotros.

-Usted ni siquiera juega -le recordó, sintiéndose idiota por seguir con esa pantomima, no tendría ni que estar escuchando a ninguno de ellos- ¿No tienen clase?

El silencio reinó entre ellos, Kol, que era al que más le afectaba la situación dio un golpe seco a uno de los pupitres, llamando la atención del profesor, Elena casi al segundo agarró a su amigo para que no hiciera ninguna tontería.

-Déjame Lena -se zafó de su brazo- Miré profesor, la he cagado, he sido un crío, lo reconozco, pero necesito estar en este partido o el entrenador me va a matar, por favor.

Elena se puso a su lado, levantando levemente el brazo para impedir que su amigo hiciera un movimiento en falso, sabía cuán importante era para él el deporte y si eso le añadimos que era el primer partido hacía que las cosas se descontrolaran un poco. Damon solo podía posar sus ojos en cada uno de los alumnos. Normalmente, habría quitado el castigo al instante pero ver a Elena tan pegada a ese chico y ver todos sus problemas optó por lo más sencillo: ser un cretino.

-Lo siento Mikaelson -el chico alzó la cabeza- Pero le espero a usted, a la señorita Gilbert y a la señorita Forbes en la sala de profesores a las tres -los ojos de Kol parecían soltar fuego cuando esas palabras abandonaron los labios de Damon y estuvo a punto de soltar un insulto cuando Elena, que lo conocía tan bien que sabía exactamente que estaba apunto de cagarla peor, se paró frente a él mirándolo a los ojos y poniendo suavemente una mano en su brazo.

-No seas idiota -susurró mirándolo con sus grandes ojos marrones hasta que su mirada tuvo el efecto deseado y Kol se tranquilizó un poco, solo en ese momento, Elena regresó a su antigua posición al lado del chico.

-El partido es a las cuatro y media, ¿verdad? -preguntó Damon con los dientes apretados sin perderse detalle de la interacción de Elena y el menor de los Mikaelson.

-Sí -añadió dolida Caroline, recibiendo miradas acusatorias de los chicos- Si lo sabe, ¿¡qué más da!?

-Está en vosotros que el castigo dure hasta más de las cuatro -comenzó a dirigirse a la puerta, pero fue Elena la que se adelantó y le agarró de la chaqueta, Damon se tensó pero mantuvo la compostura- Señorita Gilbert, si me permite.

-Pero, el entrenamiento comienza a las cuatro, no llegará a tiempo…

-No, tiene usted razón, porque el castigo sólo iba a durar media hora, ahora es la hora entera, agradezcaselo a su amiga después, Mikaelson -les sonrió.

-¡Es injusto! -soltó Kol indignado dando una patada suave a uno de los bancos.

-Muchas cosas en la vida lo son, Mikaelson. Los veo a las tres -dijo deshaciéndose fríamente del agarre de Elena para luego salir del aula tranquilamente.

Elena se quedó boquiabierta iba a dar un paso más, salir al pasillo y recriminar a Damon por todo esto y por haberla ignorado pero las manos de su amiga le frenaron antes de que montase un espectáculo. No podía creer lo que Damon acababa de hacer, la última vez que habían peleado él le había recriminado su comportamiento "infantil" y ella había tenido que bajar la cabeza y reconocer que se había comportado de forma inmadura ¿Pero ahora? ¿Quién era el que actuaba como un niño? Solo de recordar su mirada insolente le daban ganas de gritarle por horas..

Elena estaba a punto de explotar en una lluvia de insultos cuando Caroline vio la hora en su móvil y se dio cuenta de que todos estaban llegando tarde a la clase de física.

-Lo odio -susurró Elena entre dientes cuando los tres caminaban rumbo a su clase, Matt se había ido hacia el otro lado porque no compartía esa clase con ellos, Caroline rió suavemente ante ese pequeño comentario, podía imaginarse a Elena odiando a muchas personas, pero Damon no se encontraba entre ellas.

-Sí claro -se burló la rubia, ganándose una mirada asesina de su amiga.

-Está bien, Lena. No dejes que arruine tu día -dijo Kol en un tono que intentaba ser despreocupado y pasó un brazo sobre los hombros de la chica en un gesto familiar entre ellos.

-¡Está arruinando mi vida! -se quejó Elena sintiéndose arrebatada por las fuertes emociones provocadas por sus hormonas revolucionadas.

-Elena… -advirtió Caroline en un susurro.

-Ya sé que te mueres por ver este sexy cuerpo en el entrenamiento ¿Pero que eso arruine tu vida? Me siento halagado, Gilbert.

Aunque estaba demasiado enojada y no quería hacerlo, Elena soltó una pequeña carcajada y le dio un codazo mientras los tres aceleraban sus pasos hasta la siguiente clase.

-¿Y quién te dijo que planeaba acompañarte al entrenamiento? -retó Elena.

-Sabes que no puedes resistirte -le guiñó un ojo- Además tienes que acompañar a tu amiga, la rubia amargada de la izquierda, a ver su show favorito: Klaus Mikaelson corriendo y sudando en un sexy uniforme.

-Eres desagradable, Mikaelson -dijo Caroline con un gesto de asco cansada de escuchar siempre la misma historia.

-¿Sabías que el hecho de que encuentres el uniforme de tu hermano "sexy" es un poco raro? -se burló Elena conteniendo la risa.

-¿Qué puedo decirte? el encanto Mikaelson es irresistible incluso para nosotros mismos… ¿Cierto, Car?

-No eres divertido, Kol -contestó la rubia de mal humor.

-¿No soy divertido, Lena? -él volteó para mirarla haciendo una mueca extraña con sus labios y cruzando sus ojos arrancando automáticamente una carcajada de su mejor amiga- ¿Lo ves? Soy el chico más divertido de este pasillo.

-Eso es porque el pasillo está vacío -dijo Caroline poniendo los ojos en blanco mientras abría la puerta del aula de física.

El profesor entró al aula exactamente dos segundos después de que los tres se acomodaron en sus lugares y entre el silencio de sus compañeros y las aburridas explicaciones de su profesor, Elena comenzó a sentir el sueño atacándola de nuevo. Tenía la cabeza apoyada sobre una mano y estaba haciendo un enorme esfuerzo por evitar que sus ojos se cerraran y el simple cansancio hizo que su ira creciera más dentro de su cuerpo. Y tenía hambre, en ese momento podría comer cualquier cosa. Solo la combinación de esas dos cosas ya eran suficientes para que quisiera asesinar violentamente a cualquiera que la molestara pero añadiendo la reciente discusión con cierto profesor cuyo nombre ni siquiera quería pensar la palabra cualquiera podría reemplazarse fácilmente por el nombre de Damon Salvatore.

Cuando sonó el timbre, Elena estaba de un pésimo humor y, para colmo de males, esa no compartía las siguientes clases así que más tarde, cuando se dejó caer frente a su bandeja en la mesa de siempre a la hora del almuerzo estaba de igual o peor humor que en la mañana.

Además, por si todo lo que le pasaba fuera poco, todo el instituto estaba alterado a causa del partido de esa tarde. Había pelotas por todos lados y los chicos del equipo se sentaban en una mesa en medio de la cafetería con varias personas pululando a su alrededor. Todo el mundo hacía más ruido del normal, gritaban y lanzaban cosas con anticipación y todo ese alboroto se estaba filtrando en la cabeza de Elena llevándola a límites peligrosos.

-¿Todo bien? -le preguntó Caroline mientras ponía ketchup en su hamburguesa.

-El mejor día de mi vida -ironizó Elena molesta dándole un mordisco a su hamburguesa, al menos podría terminar con una de las cosas que la estaban molestando: podía terminar con el hambre en ese mismo instante.

-Solo preguntaba -se defendió Car volteando para seguir su conversación con Rose y Bonnie ya que Elena no le dirigió la palabra mientras comía su hamburguesa.

-Me recuerdas al enano gruñón de Blancanieves -se burló una voz a espaldas de la chica y en menos de dos segundos Kol dejó caer su propia bandeja del almuerzo junto a la de la chica para luego sentarse a su lado.

-No estoy de humor, Kol -le aclaró en un tono que no daba lugar a más réplicas pero era Kol, un chico que no entendía una indirecta aunque le diesen con ella en la cara. El chico le sonrió resplandeciente mientras cogía su refresco.

-Oh, vamos… ¿Me vas a decir que ese estúpido de ojitos lindos arruinó todo tu día, Lena? Te dije que no te preocuparas por eso, es una tontería -se encogió de hombros, Elena lo miró un segundo, Kol no podía comprender aunque quisiera el límite que había alcanzado dicho profesor hacía unas horas.

-No lo entiendes -soltó Elena molesta dándole otro enorme mordisco a su comida.

-¿Soy yo o has estado comiendo más últimamente?

-Kol, cállate -gruñó la chica lanzándole una mirada asesina.

-Parece que alguien está de mal humor…

-¿No tienes otro lugar a dónde ir, Kol? ¿No están tus compañeros echándote de menos allá? -señaló a la mesa donde se había sentado todo el equipo.

-Creeme, no hay casi nada que echar de menos de ese grupo. Excepto mi hermano, pero ya sabes que el hecho de que no esté aquí sentado es cortesía de tu amiga la rubia…

-¿Puedes intentar no molestar a Caroline por cinco minutos? No estoy de humor para sus peleas, en serio Kol -le cortó tajante, no dispuesta a ser el árbitro de otra pelea entre sus amigos, aunque Caroline parecía más pendiente de esa mesa de jugadores que de lo que estaban hablando allí.

-De verdad estás hecha polvo ¿No Gilbert? -frunció el entrecejo, su amiga no estaba teniendo un buen día, eso lo sabía pero no entendía que saltara a la defensiva cada segundo; la chica se pasó una mano por el cabello mientras buscaba a tientas un sobrecito de ketchup.

-¿Tú crees? -soltó algo molesta mientras agarraba el sobrecito que estaba al lado de su amiga, Kol soltó un bufido y siguió comiendo.

-Creo que necesitas unas buenas horas de sueño y darle una patada en el culo a cierto profesor, pero como en este momento ambas son imposibles, el mejor hombre de tu vida, también conocido como yo, te llevará a un lugar genial donde almorzar tranquila.

Elena casi rió ante el pequeño discurso tonto de su amigo. Casi.

-Kol, de verdad no estoy de humor. Además está frío para almorzar fuera -comentó Elena sin mucho entusiasmo al pensar en la cantidad de lindos almuerzos que habían tenido todos juntos bajo los árboles del patio pero como el invierno comenzaba a notarse y ella se acababa de recuperar de una gripe no quería tentar a su suerte.

-¿Quién dijo algo sobre ir afuera? -comentó sugerente, dándose cuenta que la tensión de hacía unos momentos se estaba disipando.

-Kol…

Pero no pudo terminar la oración, sabía que él no iba a dejarla comer en paz hasta que no le hiciera caso y la promesa de almorzar lejos de todo ese ruido y alboroto parecía demasiado atractiva para decir que no así que resoplando con un poco de molestia, la joven tomó su bandeja y siguió a su mejor amigo fuera de la cafetería.

Un par de minutos, varios intentos fallidos de Kol para hacer reír a Elena y algunos pasillos después, Kol abrió la puerta del gimnasio para dejar entrar a la chica. Elena estaba de mal humor cansada y molesta, pero debía admitir que el silencio que había dentro de aquel enorme espacio se sentía casi como una caricia. Paz, al fin… después de dos días de mierda al fin encontraba un segundo tranquilo.

-Es raro estar aquí sin que haya nadie más… -comentó la chica sentándose en el piso y comenzó a comer el resto de su almuerzo.

-Pensé que necesitabas un poco de silencio ¿no? Te ves agobiada, Lena ¿Está todo bien?

Elena se encogió de hombros incapaz de mentirle pero tampoco pudiendo decirle la verdad. Él la conocía perfectamente y sabía que había algo que no le estaba contando pero, por ser ella, lo dejaría estar. Sabía que Elena no era muy abierta y siempre contaba sus problemas solo cuando realmente necesitaba hacerlo.

-Gracias -sonrió Elena luego de unos minutos de comer en silencio- Sentía que en cualquier momento me iba a explotar la cabeza con tantos gritos… Todo el mundo está volviéndose loco con el partido -sonrió mientras soltaba el vaso de plástico vacío sobre la bandeja que se habían llevado de la cafetería, Kol miró sus gestos, cada uno de ellos, mientras se concentraba buscando una respuesta ingeniosa.

-Es importante, es el primero de la temporada y el equipo está bastante bien -sonrió orgulloso- Creo que podríamos ganar el campeonato este año.

-¿Con los dos hermanos Mikaelson jugando en el mismo equipo? -sonrió Elena- Van a aplastar a todos, Kol. Te lo aseguro.

-Sí.. creo que va a ser un buen año.

Elena sonrió con tranquilidad y siguió comiendo sin decir nada. Ese era el tipo de cosas por las cuales su relación con Kol era especial. Habían sido amigos desde siempre y, aunque la mitad de las cosas que salían de su boca eran bromas y rara vez se podía mantener una conversación seria con él también tenía esos momentos: conocía perfectamente a Elena y sabía cuando ella necesitaba un respiro, sabía cuándo escuchar y cuando acompañar a sus amigos y alegrarlos con alguna broma tonta, pero también sabía cuándo callar y brindarle su espacio y eso era algo que Elena agradecía enormemente en ese momento. Realmente necesitaba ese respiro.

Los dos mantuvieron una charla simple alrededor del partido y el equipo de Kol. Obviamente a él le encantaba hablar de eso por lo que el chico llevaba todo el peso de la conversación sin problemas y ella simplemente escuchaba con una sonrisa mientras comía el pequeño flan de postre. Pronto el timbre señaló que la hora del almuerzo había terminado y lamentablemente para ambos tuvieron que abandonar la tranquilidad del gimnasio para regresar a clases.

No pasó mucho tiempo de la clase cuando Elena comenzó a sentir un pequeño mareo que poco a poco fue haciéndose más intenso hasta que tuvo que sostenerse del borde del banco para intentar combatir la sensación de que todo giraba a su alrededor.

-¿Señorita Gilbert se encuentra bien? -preguntó la voz de la profesora acercándose a ella preocupada.

-Estoy bien… -intentó decir pero tuvo que cerrar los ojos y agarrarse más fuerte del borde de la mesa para combatir el mareo- Solo un poco mareada, no es nada.

-No puede estar así en clases, señorita. Debería ir a la enfermería.

-Estoy bien -repitió.

-Pues no lo parece y las reglas de la institución tienen un procedimiento muy claro…..

Elena dejó de escuchar en cuanto la profesora comenzó a soltar toda esas idioteces, sabía cómo eran las reglas del colegio, ella misma era una infracción a ellas y el simple hecho de que le recordaran eso la ponía de peor humor así que cansada de tanto palabrerío inútil la chica esperó que su profesora terminara de hablar y salió de la clase con un asentimiento.

La enfermería no quedaba muy lejos de allí pero entre el mareo y las súbitas náuseas que de repente la habían atacado, Elena dio un par de tumbos por uno de los pasillos hasta que se chocó de frente con alguien. Habría caído al piso de no ser por un par de fuertes brazos que la sostuvieron. Estaba a punto de agradecer cuando levantó la mirada y sus ojos se cruzaron con el par de ojos azules más hermosos que hubiera visto en su vida. No era su día de suerte.

-¿Qué estás haciendo fuera de clases? -preguntó Damon saltándose las formalidades sin soltarla aún.

-Voy a la enfermería.

Al mencionar esas palabras, la dura mirada de Damon se transformó instantáneamente a una mirada llena de preocupación.

-¿Estás bien? ¿El bebé…

-Estamos perfectamente, gracias -interrumpió Elena fríamente intentando zafarse de sus brazos.

-Elena no seas tan inmadura, estoy hablando en serio.

-¿Inmadura? -esa palabra había sido como tirar el filtro encendido de un cigarrillo sobre un pastizal seco- ¿Yo inmadura? No me hagas reír Damon. Déjame.

-No hasta que no me digas qué te pasa. -no tenía intención de soltarla, se veía a una legua que la chica no estaba bien, y él no era capaz de pasar e ignorarla simplemente, no después de esos dos días de mierda, no, la necesitaba y hablaría con ella ahora mismo.

-Déjame o grito -amenazó.

-No serías capaz… -aflojó de forma inconsciente un poco el agarre, sorprendido de las duras advertencias de la chica.

-Quizás sea lo suficientemente inmadura para hacerlo, Salvatore.

Damon tuvo que morderse la lengua para no decirle nada y la dejó ir antes de generar un escándalo pero la joven dio un par de pasos más antes de que un nuevo mareo la golpeara obligándola a apoyarse en la pared. Damon corrió hasta ella sin pensarlo y la levantó como si fuera una niña pequeña.

-Es solo un mareo -confesó ella a regañadientes cuando vio la profunda preocupación en la mirada de Damon- Solo estoy cansada.

-¿Segura?

-Sí, ahora déjame bajar.

-En tus sueños, Gilbert. Te llevo a la enfermería.

Elena no dejó de protestar en todo el camino hasta la enfermería cuando finalmente Damon la soltó frente a la puerta. Sostuvieron sus miradas por un momento hasta que finalmente Damon decidió dejar la batalla y volteó para irse dejándola sola frente a la puerta de la enfermería. Mientras tocaba la puerta, Elena sintió un vació en su pecho al verlo alejarse sin ni siquiera asegurarse de que ella estaba bien y su ira no hizo más que crecer y… crecer.

-¿En qué puedo ayud… Oh, Elena, no sabía que eras tú -dijo Meredith cuando abrió la puerta y se encontró con la chica- ¿Te encuentras bien?

-Si mareos, náuseas y dormirse en medio de la clase suena como estar bien… -intentó bromear la chica mientras Mer se hacía a un lado para dejarla pasar.

-¿Te sientes mal?

-La profesora me sacó de clases porque estaba mareada, no han sido un par de días muy buenos… -admitió Elena sentándose frente al escritorio de Meredith, a pesar de que estaba un poco incómoda por toda la situación de la última vez que se habían visto se sentía cómoda alrededor de la enfermera.

-La buena noticia es que la mayoría de esas cosas se van a acabar cuando salgas del primer trimestre.

-Gracias -intentó sonreír la joven cuando Mer le entregó un vaso de agua y un par de chicles para alejar las náuseas.

Un incómodo silencio se instaló en la salita después de ese pequeño intercambio de palabras y buscando algún modo para distraer su atención los ojos de Elena revolotearon por la habitación hasta caer en tres pequeños marcos de fotografías que decoraban la esquina del escritorio. En la primera fotografía Elena reconoció a un Damon mucho más jóven que el que ella conocía abrazando a una joven castaña con cabello corto que después de unos segundos pudo unir con la imagen de Meredith que tenía enfrente. En la segunda Ric y Damon sonreían abrazados, ambos tenían el pelo alborotado, Ric tenía la camisa desabrochada y Damon directamente estaba sin camisa, sosteniendo una botella hacia arriba como si estuviera brindando con alguien; esa foto parecía ser bastante más actual que la primera pero de todas formas ese Damon aún parecía más joven que el que ella había conocido. Finalmente, la tercera fotografía los mostraba a los tres en el camaro azul: Damon conducía, Ric parecía sostener un mapa y Meredith reía con un brazo extendido para tomar ella misma una fotografía de los tres; por el corte de cabello de Damon y sus rasgos ahora mucho más maduros, Elena podía decir que se trataba de la última primavera.

-Realmente sientes algo por él ¿Verdad? -preguntó Meredith al darse cuenta del profundo sentimiento que se revelaba en los ojos de la chica al mirar las fotos.

-No pude evitar enamorarme de él. Fue como… -suspiró- Él se convirtió en toda mi vida, sé que suena como una locura y que la diferencia de edad es enorme y que probablemente él es una de las personas más prohibidas en mi vida pero… Lo amo.

-Y él te ama a tí -asintió Meredith con resignación- Conozco a Damon desde siempre y nunca lo había visto así.

-Luce tan… diferente -sonrió Elena mirando sorprendida la foto más antigua de las tres.

-En esa foto yo tenía quince y él dieciséis. Ese año conocimos a Ric… esos dos solían pelear como perros y gatos cuando yo empecé a salir con él…-comentó mientras se sumergía en sus recuerdos.

-Estoy asustada… -admitió la chica luego de unos segundos de silencio rompiendo el hilo de pensamientos de la enfermera que concentró su mirada de nuevo en la chica..

-Él no va a dejarte, Elena. No solo porque te quiere sino por ese bebé. Quizás no sea la mejor forma ni la situación más sencilla, pero puedo decirte que Damon adora a esa pequeña criatura sólo por la manera en la que brillaban sus ojos cuando me habló de ustedes.

-No es eso, sé que no va a abandonarme. Es solo que… a veces no sé como manejar las cosas. Sé que hay cosas de su pasado que no quiere decirme y cuando las cosas no están bien entre los dos lo único que hace es alejarme y comportarse como un idiota.

-Ese es Damon Salvatore -sonrió Meredith- Es clásico de él… ese es su modo de funcionar.

-Lo sé, pero ahora con el bebé y todos los problemas que van a venir… -suspiró- No sé si me alcanzan las horas del día para preocuparme por todo y además lidiar con Damon en modo idiota.

-A veces el amor no es suficiente… Pero no por eso hay que dejar de hacer el intento, Elena. Lo que vi entre ustedes el miércoles, la manera en que se preocupaban el uno por el otro… Él es mi amigo y haría cualquier cosa para protegerlo pero sé de algún modo que tú no eres una de esas adolescentes cualquiera que seguramente usaría esta oportunidad para arruinarle la vida. Si él confía en tí yo también.

-Algunas veces siento que no lo lograremos… Es demasiado: el bebé, la diferencia de edad, él siendo mi profesor, todos los secretos de su pasado que no me quiere contar, sin mencionar lo que todo el mundo va a decir de mí apenas se enteren.

Meredith tomó la mano de Elena por encima de la mesa como un intento de confortarla, obviamente la joven no estaba pasando por su mejor momento y a pesar de que no estuviera de acuerdo con las decisiones que había tomado Damon el bebé que crecía dentro de esa chica era casi su sobrino así que Meredith sentía que era indispensable ayudar a Elena.

-No estás sola, Elena. Aún puedes contar conmigo para lo que necesites, ahora más que nunca -sonrió- Y no te preocupes por Ric, puede volverse loco con algo al principio pero tarde o temprano terminará entendiendo que por raro que suene tú y ese bebé son lo mejor que podría pasarle a Damon ahora.

Elena sonrió ante esas palabras y hablaron un rato más hasta que la chica se sintió mejor y pudo regresar a clases, no le contó de los mensajes sin responder ni de su "no-discusión" de hoy porque de algún modo le parecía que no tenía sentido obligarla a meterse en sus pequeños problemas pero cuando salió de la salita parecía más tranquila y relajada; si de algo había servido la conversación había sido para darle a Elena un poco de esa confianza y seguridad que tanto estaba necesitando últimamente.

El día continuó sin ningún percance, las últimas horas para Elena fueron un poco de aire fresco para esos días tan terribles, incluso había abandonado su estado vegetativo por una simple sonrisa. Kol, Matt y ella salieron de la última clase, Matt tenía que ir directamente a los entrenamientos de los chicos que jugaban esa tarde, él no entrenaba porque no estaba en el equipo pero tenía que ayudar al entrenador, Kol llevaba bufando y quejándose en voz baja todo el camino, Elena había decidido acompañarlo ya que Klaus les había prometido que hablaría seriamente tanto con el profesor Salvatore como con el entrenador y si hacía falta incluso con el director por lo que no les sorprendió a ninguno de los encontrarlo saliendo de la sala de profesores con muy mala cara.

Elena miró de reojo a Kol, tenía los puños apretados en ambos costados, manteniendo la respiración en orden, le sonrió y se enganchó en uno de sus brazos.

La sonrisa que le dio no se parecía para nada a la que siempre tenía su amigo. "Maldito seas Damon", pensó molesta.

-Me han dicho que no -se pasó una mano por el pelo, sosteniendo la pelota que llevaba entre las manos- Pero si no la cagáis llegarás para el final del entrenamiento, podrás calentar…

-Si es que llego -golpeó con fuerza la pared que tenía más a mano, Elena se soltó para alcanzar su mano dolorida, estaba un poco roja pero no parecía que se la fuese lastimado-

-¿Eres idiota, Mikaelson? -dijo Elena tomando la mano del chico entre las suyas y revisándola con cuidado de todos los ángulos posibles- ¿Además de llegar tarde también quieres lastimarte la mano con la que puedes lanzar?

-No pasa nada Lena, soy de hierro -le guiñó un ojo entrelazando los dedo de su mano golpeada con los de la chica para seguir caminando.

-Ya, claro -le soltó enfadada y puso los ojos en blanco pero de todas formas no se soltó. El contacto físico con Kol era casi parte de su relación, era muy raro que estuvieran juntos en la misma habitación y que no estuvieran al menos tomados de las manos. En el caso de Elena, el contacto con el chico solía tranquilizarla y hacerla sentir segura, en el caso de Kol… solo digamos que tenía varias razones más que eso.

-Me tengo que ir -Klaus miró por todos lados sin disimular ni un poquito la pena que sentía al no ver a Caroline cerca, Elena que captó enseguida lo que le pasaba a su amigo, se acercó al oído de Kol para que se adelantara ya que ella tenía que hablar con la profesora de antes, el chico asintió sin ponerle ninguna pega y anduvo ligero hasta el patio.

Elena lo vio alejarse.

-Klaus -le sonrió- ¿A qué esperas para hablar con ella?

Bufó- ¿Qué crees que llevo haciendo estos días? -se quejó, mirándose las deportivas nuevas que llevaba puestas como si fuera la cosa más importante del mundo- Elena lo he intentado en serio, he intentado todo…

-¿Todo? -se cruzó de brazos- Lo dudo, no me mires así, hablamos de Caroline Forbes, la chica que creía en cuentos de princesas hasta los doce años.

-¿Tú no? -rió bajito conocía cada faceta de la rubia, desde la más infantil hasta la más madura pero ahora se encontraba viviendo con una faceta un tanto insufrible- Incluso he dejado caer que me iré…

-Si yo también se lo he dicho -musitó, sabiendo de antemano cuál fue la reacción de su amiga y no queriendole decir a Klaus que no reaccionó tan mal- Lo lamento.

Durante unos segundos se quedaron callados, Klaus intentó sonreír y le dio un tierno abrazo, Elena le correspondió casi enseguida notando lo cansado y frustrado que estaba su amigo.

-¿Molestamos? -gritó alguien a su espalda que ambos reconocieron como Caroline, Elena se despegó de Klaus pero este no le permitió que se fuera tan lejos al haber podido comprobar una chispa de celos en sus carismáticos ojos, sonrió con suficiencia, apretando a Elena más a su cuerpo, Kol los miraba de hito en hito y pudo comprobar el horror que había en los ojos café de su amiga.

Caroline seguía echando humos con los brazos en jarra esperando una explicación que no venía, Kol no pudo aguantarse más y soltó una carcajada.

-Dios Caroline… -rió con lágrimas en los ojos- ¿He dicho que si fueras mi tipo me casaba contigo? Eres un puntazo rubia…

Caroline le fulminó con la mirada, Klaus estaba a punto de hablar cuando varios profesores salieron de la sala.

Elena pudo localizar entre ellos a Ric y reaccionando a la defensiva se ocultó un poco más en el agarre de Klaus el cual seguía riéndose de la reacción de la chica.

-Gracias Elena -comentó bajito cuando se soltó de ella- Adiós chicos -pasó por delante de Caroline, rozándola levemente- Adiós amor.

-¡Deja de llamarme de esa forma! -explotó, mientras que Kol y Elena se sumergían en una carcajada limpia.

Cuando Kol y Elena lograron calmar sus risas volvieron a tomarse de la mano de forma casi insconsciente y los tres entraron en silencio a la sala de profesores, la cual estaba completamente desierta a excepción de Damon que estaba recostado sobre una de las sillas mientras miraba algo en su laptop, los tres se quedaron callados y quietos en la entrada.

-¿Vais a entrar o esperáis que os dé la bienvenida? -les sonrió con desgana, realmente se estaba arrepintiendo de haberles dicho nada del castigo, él que había pensado que esa hora antes del partido podría estar descansando, ahora por bocazas tenía que aguantar a tres niñatos- Sentaos..por separado -aclaró al ver las intenciones de Mikaelson de sentarse entre medias de las chicas, el aludido puso los ojos en blanco y soltó sus cosas en otra silla, más alejada de la de Elena. Caroline tomó su bolsa y se dejó caer en el otro extremo, quedando Elena en el fondo y enfrente de Damon.

No le agradó para nada.

Tampoco le gustó ni un pelo que Damon tuviera sus ojos clavados en ella, era incómodo y frustrante.

Caroline se dejó caer en el asiento, clavando sus uñas en la mesa repleta de libros y hojas, casi ni las miró ya que su cabeza no dejaba de dar vueltas al mismo tema, ¿por qué su mejor amiga, que iba a ser madre y decía estar muy enamorada de ese hombre de las cavernas, tenía que tener sus manos pegadas al cuerpo de Klaus? ¿¡qué estaba diciendo!? No sabía que le cabreaba más, saber que Elena había correspondido al mujeriego de Klaus o estar celosa por algo que no debería importarle. Miró a su derecha, Kol estaba jugando con el móvil, ¿¡era idiota o qué!? Justo cuando iba a llamar su atención notó que su teléfono vibraba.

La chica lanzó una fugaz mirada al profesor, el cual estaba muy concentrado en su lectura, ¿iba a tenerlos allí hasta que le diera la gana? Bueno, por lo menos no tenían que ordenar ni hacer nada; con cuidado sacó su teléfono, bajándole el brillo y comprobó que era un mensaje del grupo de whatsapp.

Kol había cambiado el título del grupo. "Los celos de Miss Rubia Mikaelson" ¡Lo mataba! con los ojos como platos empezó a teclear rápidamente.

"¡Te mato!" -C

"Tranquila princesa de los hielos" -K.

Escribió rápidamente con los ojos puestos en el profesor tampoco quería ganarse otra hora más de castigo, envió el mensaje recibiendo varias respuestas insultantes por su amiga, la miró de reojo y pudo comprobar lo roja que estaba, no sabía si de la ira o de la vergüenza, se mordió la lengua para no reír y escribió otro mensaje, lanzando un rápido vistazo a Elena, que estaba muy concentrada fulminando al profesor con la mirada.

Kol dejó el teléfono sobre su regazo para observarla, ¿por qué hacía eso? Hasta un idiota notaría la fuerza de la mirada de su amiga, ¿qué quería conseguir con eso?

-Elena -susurró casi vocalizando, si el profesor le pillaba mirando hacia atrás le iba a caer una muy gorda, puso las manos como megáfono- ¡Lena!

La castaña salió de su burbuja encontrando a su amigo llamando su atención, ambos tuvieron una conversación silenciosa, ni Elena quería hablar ni Kol quería dejar esto pasar, con cuidado, se incorporó y se colocó en la otra silla, mucho más cerca de su amiga, la cual lanzó una rápida mirada a Damon.

No se había dado cuenta.

-¿Por qué le miras así? -preguntó dubitativo, unas arrugas se le formaron en la frente- Lena, ¿hay algo que deba saber?

-Vete de ahí -le señaló su sitio- El profesor puede ser muchas cosas, pero idiota no es una de ellas, por lo menos no en ese sentido.

-¿Y tú como lo sabes? -le preguntó sorprendido por el tono lleno de seguridad de su amiga y alzó las cejas con curiosidad.

-Sólo lo sé, Kol. No seas pesado… Vuelve a sentarte

-Bueno para mí sí lo es, si no se ha dado cuenta de cómo lo miras es más que idiota -se encogió de hombros mientras revisaba la conversación de whatsapp casi se atragantó con su propia saliva- Mira -le señaló el teléfono conteniendo una risita.

-Déjame -intentó apartarle pero lo único que consiguió fue que Kol volviera a levantarse hasta arrastrarse a la espalda de la chica, la cual se quedó congelada en el sitio, si Damon se giraba ahora se había acabado toda libertad que pudieran tener en breve.

Pero su parte más egoísta quería que se girara y viera que ella podía tener otra vida y otros secretos como él. Demasiado egoísta.

La castaña dejó de resistirse y dejó que Kol la rodeara desde atrás con un brazo y apoyara la cabeza en su hombro para que los dos pudieran tener una perfecta visión del teléfono, clavó la vista en el Iphone de su amigo, donde se veía a una legua la discusión de Klaus y Caroline, donde el título y los mensajes variaban.

-Pelea sexual -escribió mientras se lo comentaba a la chica- Enviado y…-ambos se quedaron mirando la espalda de su amiga, donde en unos segundos pudo verse la tensión y la rabia, Kol ahogó una risita sobre el hombro de la chica- ¿Ves? Cuando esos dos se casen, que lo harán, prométeme que estarás a mi lado hasta que la muerte los separe…

-¿A ellos?

-Hombre no pienso morir el primero, ¿qué vida sería esa? Aguantando a los dos, dios no -rió, mientras Elena le empujaba levemente no queriendo reírse de su amiga y de la pareja que haría con Klaus, en verdad eran demasiado similares y orgullosos, necesitaban un empujón para estar juntos y eso dependía de los que estaban a su alrededor.

-Kol -susurró sin quitar la vista de Damon- Tenemos que ayudarles.

-¿A quién? -se dejó caer en el suelo, Elena se giró para mirarle y pudo ver ahí a un niño pequeño con una travesura en mente- ¿A esos dos? No me meto en medio ni muerto -negó con la cabeza, la chica soltó una risita justo cuando notó una sombra a su espalda, se giró quedándose congelada en el sitio.

La mirada de Damon era glaciar llena de emociones contradictorias como una tormenta formándose en pleno océano. Elena pudo ver miedo, decepción y un odio profundo.

-¿¡Se están riendo de mi!? -les escupió, Caroline se irguió como si acabara de darse cuenta de que Damon estaba allí pendiente de ellos, Kol se levantó de un salto dejando caer su teléfono nuevo al suelo.

-¡Mierda! -lo recogió comprobando que funcionara- Menos mal…

-Eso digo yo -se cruzó de brazos el profesor- Menos mal -se giró para mirar a Caroline- Usted puede irse -al ver la duda en sus ojos insistió- Si no se va ahora se quedará conmigo las hasta el final del partido señorita Forbes.

Caroline recogió sus cosas sin protestar pero a Elena le pareció que su subconsciente gritaba que si se quedaba a solas con Salvatore alguien se quedaría sin padre, eso le hizo gracia en parte pero tampoco tenía muchas ganas de quedarse con Damon y Kol en la misma habitación.

-Es mi culpa -Kol intentó ayudar a su amiga- Deje que ella se vaya.

-Es usted el que tiene partido Mikaelson -le sonrió pero su sonrisa no alcanzó a sus ojos, Elena no necesitó más para saber que Damon no lo estaba pasando nada bien pero eso no le excusaba por su comportamiento tan inmaduro- Mañana te quiero -señaló al chico el cual se mordió la lengua para no hacer un chiste- Aquí a primera hora, va a ayudar a la limpieza este fin de semana y los siguientes hasta navidad, ¿entendido?

-¿¡Qué!? -se quedó pálido.

-Si quiere puede quedarse aquí a ver conmigo el partido desde las gradas -se encogió de hombros- Lo que guste.

No objetó nada recogiendo sus cosas se dirigió con Elena al exterior colocando su mano en la parte baja de su espalda, era un movimiento muy natural en ellos dos pero sintiendo la mirada de Damon quemando cada centímetro de su piel, estaba claro, que ese gesto hoy no le hacía gracia.

-No he acabado con usted señorita Gilbert -la voz de Damon destrozó su oportunidad de salir de ahí inmune, Kol la miró un segundo pero ella asintió para que se fuera.

-¿Segura? -preguntó él inseguro.

-Ve a calentar, Mikaelson -le sonrió Elena y Kol comenzó a caminar hacia el pasillo- ¡Kol! -llamó la chica antes de que se perdiera de vista y él volteó inmediatamente- ¡Suerte!

Kol le sonrió y le guiñó un ojo antes de hacer el ridículo gesto de tirarle un beso que la castaña fingió atrapar y luego finalmente Kol se alejó de allí trotando, avanzó rápido pero hasta que no cruzó la esquina Elena no notó el cuerpo de su profesor pegado a su espalda, invadiendo completamente su espacio personal. Cerró los ojos, no queriendo perder el control, sintió sus manos rodeando su minúsculo cuerpo- No.

-¿Por qué no…? -la abrazó, absorbiendo cada parte de Elena- Te echo de menos…-empezó a besar suavemente su hombro y comenzó un pequeño camino hasta su cuello, la chica se estremeció pero consiguió sacar las fuerzas para apartarle.

-He dicho que no, profesor -se cruzó de brazos- ¿Va a castigarme o no?

-Deja eso, Elena. Sabes perfectamente que estamos solos -suspiró con cansancio y se dejó caer en una silla.

En otro momento, la chica prácticamente habría volado a su lado y habría puesto sus pequeñas manitos en sus hombros moviéndolas con cuidado para hacerle un ligero masaje que siempre tenía el efecto perfecto distendiendo los músculos de Damon y ayudándolo a relajarse. Pero ahora las cosas no eran así. Debido a su enojo, la chica se mantuvo estática en la misma posición con los brazos cruzados y el mal humor inscripto en sus facciones.

-¿Qué quieres hacer, Elena? -interrogó él clavando la mirada en sus ojos marrones.

-Quiero irme al gimnasio con mis amigos a disfrutar del partido y luego festejar la victoria con ellos.

-¿Así que prefieres irte a ver deportes, que ni siquiera te gustan, que quedarte aquí a solas conmigo? -retó Damon ocultando su dolor en un tono ácido.

-También tengo una vida, Damon -soltó ella mordazmente- Y no voy a dejar que apartes todo lo que está pasando entre nosotros y creas que puedes ocultarlo con un par de besos robados. Las cosas no funcionan así.

-¿Quieres hablar? Bien, hablemos -sonrió señalándole la silla a su lado.

-No. Ahora no quiero hablar, Damon ¿Te das cuenta de lo infantil que es esto?

-No seas ridícula, Elena -soltó él alzando un poco la voz y Elena maldijo las hormonas culpables de que sus ojos se llenaran de lágrimas.

-Lo único ridículo de esta relación es que no quieras confiar en mí.

-Claro, porque tu amiguito seguramente te cuenta todos sus secretos ¿verdad, Lena?

-No te atrevas a meter a Kol en esto -soltó Elena completamente incrédula- No tiene absolutamente nada que ver.

Elena comenzó a escuchar el alboroto que provenía del gimnasio y se mordió los labios para contener las ganas de pedirle que la dejara marchar. Quería estar con sus amigos, quería disfrutar de las cosas simples de su adolescencia mientras el embarazo se lo permitiera.

-Toma -dijo Damon sin responder a lo anterior y le lanzó un objeto pequeño que Elena atrapó en el aire sin problemas.

-¿Chocolate? -preguntó sorprendida- Si crees que puedes arreglar…

-Tiene mucha azúcar, debería ayudarte con los mareos -interrumpió Damon sin dejarla terminar la frase- Puedes irte si quieres.

-¿No vendrás a ver el partido?

-No me atrae mucho mirar a un montón de jóvenes sudando y botando una pelota por todos lados -se encogió de hombros como si eso pareciera lo más aburrido del mundo.

Elena puso los ojos en blanco y salió de la sala sin despedirse, comiendo el chocolate en el camino y apresurando sus pasos para no llegar tarde.

Damon la observó irse con mil sentimientos peleándose dentro de él. Estaba claro que adoraba a esa pequeña fierecilla testaruda y que haría cualquier cosa por ella pero había momentos en los que simplemente lograba sacarlo de sus casillas.


¿Qué creen? ¿Reconciliación o más problemas en el paraíso?

Un EMOCIONANTE partido en el próximo capítulo!

Gracias por el apoyo de siempre!