La limosina se detuvo por fin, con una adormilada Jan Di dentro de ella, después de todo habían pasado más de cinco horas en un avión, obviamente estaba cansada.

Ji Hoo acercó su rostro al de ella y le susurró al oído.

-Llegamos –

Jan Di abrió los ojos con pesadez pero al ver el hermoso paisaje por la ventanilla todo el cansancio que tenia se fue.

Salió del automóvil embelesada. Era tan hermoso como un cuento de hadas.

Era una pequeña mansión, más bien como una cabaña al fondo de un camino de nieve, y frente a ella altísimos pinos adornados con la nieve que había caído sobre ellos como copos de colores, rodeando un lago casi congelado que enmarcaba el paisaje como uno sacado de una hermosa pintura.

Antes de que se diera cuenta, Ji Hoo le puso un cálido abrigo sobre los hombros y la llevó de la mano hasta la entrada de la mansión.

Ahí ya los esperaban varias personas de la servidumbre, quienes solo saludaron a la joven pareja y abandonaron el lugar.

Jan Di admiró la casa por dentro, en serio era acogedora, tan cálida a diferencia del frio que hacia afuera, bueno, no era tanto tomando en cuenta que ellos estaban acostumbrados a ese tipo de temperatura.

Había una gran chimenea en el salón, enmarcada con mullidos sillones de terciopelo color café claro. La luz de los candelabros era un poco amarillenta, dándole al lugar una hogareña atmosfera y alzando el brillo de las cortinas doradas que colgaban desde altos ventanales.

Jan Di observó por los grandes cristales el paisaje de fuera, estaba atardeciendo, y la luz resplandeciente del sol aluzaba la nieve con esplendida belleza.

Mientras tanto Ji Hoo dejaba las maletas en el salón, y después de verla con los brazos enredados como sintiendo frio, se acercó a ella y la abrazo por la espalda.

-¿Tienes frio? – Le dijo y tomó sus manos para frotarlas entre las suyas – encenderé la calefacción.

Se alejó de ella un momento, pero Jan Di lo siguió curiosa por ver el resto de la casa.

Lo siguió hasta la cocina, era sublime, toda blanca y perfectamente adornada con vistas negras. Tenía una pequeña barra y al final un apartado para botellas a modo de bar, Jan Di las observó desfiladas una tras otra en el aparador, ni siquiera sabía que eran ni de que lejano país podrían venir pero le encantó.

Al final de la cocina, las escaleras un poco escondidas y privadas conducían a la habitación principal.

La habitación no se quedaba atrás, cuando Jan Di la vio observó las sabanas beige y un ventanal que conducía a una terraza, donde Jan Di pudo ver otro paisaje sublime muy a lo lejos, donde la nieve casi ya no tapaba el suelo. Se podían ver hermosos pinos, y después de ellos, la cuenca del rio adornado con rocas de todos colores.

-¿Te gusta? – le dijo su bombero detrás de ella, quien la había alcanzado en la habitación.

Jan Di asintió feliz.

-Es hermoso.

-¿Estas cansada? – le preguntó el joven, acercándose a ella, podía ver sus ojos aun adormilados. Habían viajado mucho tiempo, de seguro debía estarlo. - ¿Por qué no intentas dormir un poco?

-Pero sunbae…

-No te preocupes, yo iré preparando la cena, tú descansa ¿sí? Y tal vez después de cenar podamos ir a un lugar especial – le dijo mientras la abrazaba por la cintura. Siempre había sido de los hombres ricachones que son atendidos en todos los aspectos, hasta el punto de no hacer la cena el mismo, pero por ahora, en su luna de miel, quería lucirse con su joven esposa y atenderla en todo lo que fuera posible, incluso si ello implicaba esforzarse un poco en hacer la cena para ella.

-¿Qué lugar especial?

Ji Hoo no contestó, solo sonrió como siempre y la besó en la frente con un cálido roce de sus labios.

-Descansa, estaré abajo.

Dicho eso, la soltó y dejó la habitación.

Jan Di suspiró contenta, ahora se sentía en el mundo mágico en el que siempre soñó estar.

Se lanzó a la cama, increíblemente cómoda y apetecible, y tapándose con las cobijas se quedó completamente dormida.


Despertó con el delicioso olor del guisado que Ji Hoo estaba preparando. Cuando se asomó por la ventana, ya estaba todo oscuro.

Se levantó con las energías totalmente recuperadas y bajó las escaleras para encontrarse con su ahora esposo.

No lo encontró en la cocina, el platillo estaba casi listo pero su esposo no estaba por ahí, hasta que salió a las afueras de la casa y lo encontró sentado en uno de los sillones del jardín, en una pequeña terracita en el piso de abajo con la vista del lago congelado enfrente de él.

Estaba tocando su guitarra como solía hacerlo a veces, sereno, con un aura brillante alrededor de él. Aunque pronto se dio cuenta de que el aura brillante venia de los faros que rodeaban el lago, haciéndolo resplandecer de una manera divina.

Se sentó a su lado y recargó su cabeza en su hombro, observando como sus manos rasgueaban las cuerdas de la guitarra.

El joven dejó de tocar un momento y viéndola esbozó una sonrisa divertida.

-Ta vas a congelar – le dijo y tomó una frazada del otro lado del sillón, como si ya la tuviera preparada para cuando ella llegara y la puso sobre los hombros de la chica.

Siguió tocando por un buen rato hasta que la cena estuvo por fin lista, la mejor que Jan Di hubiera probado jamás, cocinada por su esposo, que no paraba de sonreír mientras le servía y mientras comían los dos en la pequeña mesa de la cocina.

Cuando por fin terminaron, Ji Hoo la tomó de la mano y la condujo a aquel lugar que había prometido. Salieron de la casa un poco, en dirección al rio y casi llegando a él, Jan Di pudo ver una choza más pequeña pero sin dejar de lado la elegancia del heredero Yoon.

Entraron al lugar corriendo una puertecilla de madera, dentro Jan Di pudo ver unos armarios con batas de baño y un pasillo adornado con flores de loto y velas.

Ji Hoo tomó dos batas y sin soltar su mano la dirigió hasta el fondo del pasillo.

Al final, Jan Di pudo ver una hermosa piscina de aguas termales. Pequeña pero hermosa, con florecillas rosadas flotando en sus superficie.

Ji Hoo le indicó que se pusiera la bata y el hizo lo mismo. Cuando estuvieron listos ambos se sentaron a la orilla de la piscina metiendo los pies al agua caliente.

Jan Di tomó una de las flores para olerlas cuando vio que Ji Hoo comenzaba a entrar en la piscina cuidadoso, pero al sentir el agua caliente hizo muecas de horror causando la risa incontrolable de Jan Di.

Pronto los dos empezaron a reír como dos locos enamorados.

Ji Hoo ayudó a su esposa a entrar a la piscina, cuidándola pues sabía que era peligroso para ella. Aunque fuera solo una pequeña piscina.

Entre risas, los dos se sumergieron entre las cálidas aguas.

Ji Hoo abrazando a Jan Di como no queriendo dejarla escapar, de hecho, no quería que fuera a ninguna parte, ahora era su mujer, su esposa y su compañera de vida. Sabía que ella no se iría pues había prometido ante todos amarlo para toda la vida y Jan Di no quería ir a ningún otro lugar, solo estar siempre acurrucada en aquellos brazos, en los brazos que le daban protección, admirando siempre esa sonrisa.

La besó, con un beso totalmente apasionado. Ella rodeó su cuello con sus brazos hundiéndose en sus labios y a partir de ese momento, su luna de miel fue de lo más romántica que Jan Di pudiera imaginar.

Paseaban por los campos, llegaron hasta el rio y jugaron en él, a pesar del frio que hacía, después de todo por las noches aquel frio desaparecería, cuando abrazaban sus cuerpos.

Pasearon en caballo, jugaban con la nieve, y algunas noches la pequeña nutria se quedaba dormida al pie de la chimenea escuchando a su bombero tocar la guitarra tan delicadamente que la arrullaba.


Despertó a media noche, no sabía que era pero no podía conciliar el sueño. Volteó al lado de la cama y observo a Ji Hoo plácidamente dormido.

Sonrió y se levantó de la cama dirigiéndose a la terraza, las estrellas se veían hermosas y el cielo nocturno daba una sensación de estar en medio de la nada.

Así se quedó por un rato hasta que sintió los brazos de Ji Hoo en sus hombros, poniéndole una frazada como lo había estado haciendo repetidas veces esos últimos días.

-Te dije que te vas a congelar – le susurró al oído.

-Estoy bien.

-¿Qué piensas?– le preguntó mientras la abrazaba por detrás y recargaba la barbilla en su hombro.

Jan Di suspiró.

-En que soy completamente feliz, esta es la vida que siempre soñé tener, estar con la persona que amo, en un lugar alejado de todo lo demás. Es como la historia de la cenicienta… la cenicienta encontró a su príncipe blanco y ahora es completamente feliz.

Ji Hoo sonrió al escuchar esa extraña "descripción" de él y la volteó para verla a los ojos.

-En mi caso es diferente – le dijo – el príncipe encontró un sapo regordete y al besarlo se convirtió en una hermosa princesa, o en este caso, sería una nutria.

-¡Sunbae! ¿Esa es forma de dirigirte a tu esposa?

La palabra esposa le puso los pelos de punta, era cierto, ahora era su esposa, eso quería decir que no tena que contenerse con ella nunca más, ahora podía dejar volar sus deseos porque no había nada más que los pudiera separar.

Haciendo caso a su interior, se dejó llevar y la besó como nunca antes la había besado. Pasionalmente, con deseo, con calidez.

Su beso se fue haciendo cada vez más intenso hasta casi dejarle sin respiración. La acorraló entre el barandal y su cuerpo haciendo que ella se retorciera hacia atrás con sus brazos sobre su pecho.

Cuando tuvo el valor de separarse de ella, sus respiraciones ya sonaban agitadas.

-¿Qué?- preguntó Jan Di cuando lo vio sonreír de manera divertida.

-Tienes razón, ahora eres mi esposa – se acercó a susurrarle al oído – ahora puedo hacer lo que sea contigo.

A Jan Di se le erizaron los vellos de la piel al escuchar la ronca voz de su esposo. Y sintiendo como él se acercaba de nuevo a ella, se hundió en sus labios una vez más, esta vez más intenso.

Sentía que iba a caer por el barandal por el ímpetu de sus labios sobre ella, pero sabía que el la tenía bien sujetada de la cintura.

Sus besos se fueron haciendo más intensos, arrancándole la respiración, incitando a ir más allá.

No se contuvo y con un tembloroso movimiento posicionó las manos debajo de la playera de Ji Hoo, este, adivinando sus pensamientos, se despojó de la vestidura, dejando su torso completamente desnudo.

Jan Di se sonrojó un poco al verlo antes de que el cubriera por completo su rostro con sus labios y el, también por su cuenta dejó caer la pequeña frazada para después jalar la pijama de Jan Di, un camisón a forma de vestido de una sola pieza, dejándola solamente en ropa interior.

Antes de que el frio pudiera hacer sus atrocidades la tomó de los muslos, ella rodeó su cintura con sus piernas y se dirigieron hacia la cama.

Ahí, después de recostarla, Ji Hoo comenzó a besarla dulcemente, pasionalmente, con un amor tan bello, el más hermoso que Jan Di hubiera imaginado jamás.

Ella tomando su espalda desnuda entre sus manos, se aferraba el con más fuerza. Su respiración comenzó a faltar nuevamente. Se separaron unos instantes para recuperar el aire pero pronto comenzó a besarla nuevamente y luego bajando por su cuello, hasta su pecho y después hasta su vientre, donde comenzó a besar y acariciar su piel con sus labios. Piel que se erizaba a cada contacto, haciendo que la chica se retorciera debajo de él.

Luego subió otra vez hasta sus senos y comenzó a buscar con el solo roce sus puntas escondidas y al no encontrarlas, se levantó y la hizo levantarse con él, quedando los dos frente a frente sentados en la cama.

Ji Hoo no dejó de besarla y luego con un movimiento astuto de sus manos desabrochó el sostén que le impedía llegar a lo que buscaba. La admiró por un momento, era tan hermosa, y luego bajó su cabeza para acariciar y besar sus suaves pechos haciendo a Jan Di exhalar al contacto de sus labios sobre su piel.

Tomó su cabeza y lo hizo subir otra vez a sus labios mientras retrocedía, jalándolo más hacia la parte de la cabecera, donde se recostó sobre las mullidas almohadas, y el con ella.

Se posicionó sobre ella y siguió haciendo su trabajo en su pecho y su cuello, mientras ella seguía aferrándose de su espalda, muy cerca el uno del otro de manera que sus torsos se perdían entre sí.

El bajó su mano para rodear su cintura y acercarla mucho más.

-Sunbae…- articuló casi gimiendo – Ji Hoo… sunbae...

El sonrió. Pocas veces escuchaba su nombre salir de los labios de Jan Di, y sinceramente, escucharlo le encantaba, sobre todo en aquella forma tan insinuante.

-Dilo de nuevo – le dijo poniéndose de frente a su rostro a escasos milímetros.

-¿Qué? – dijo ella abriendo los ojos.

-Mi nombre, dilo de nuevo.

Jan Di dudó por un momento, pero después adivinó sus pensamientos.

-Ji Hoo – le susurró haciendo que se le pusiera la piel de gallina al joven.

Suspiró, llenando sus oídos de aquellas letras con el tan hermoso sonido de su voz. Más aun sabiendo que desde ahora lo escucharía para toda la vida.

-Se escucha tan bello, prométeme que a partir de ahora me lo dirás todos los días.

-Lo hare, porque ahora soy tu mujer, soy tuya…y tú eres mío.

El joven sonrió.

-Señorita, creo que está usted condenada, ahora que es mía puedo hacer con usted lo que yo quiero – le susurró volviendo a donde estaba antes de comenzar la conversación.

Comenzó a besar otra vez su cuello, mientras su mano la rodeaba por debajo de sus hombros y su otra mano acariciando sus piernas y sus pechos. Ella se pasó las manos por su torso acariciando su cuello y la cintura, haciendo que a su esposo se le alborotara la temperatura.

Pudo sentir su sexo firme en la entrepierna, a través de sus pantalones y gimió al sentir el contacto con su piel.

Sin respiración, y con manos temblorosas, bajó las manos para alcanzar la cremallera del pantalón del joven y tomó con fuerza la tela como queriendo arrancarla.

-Hazlo entonces- le dijo gimiendo sin respiración – soy tuya ahora.

El seguía besando sus pechos y subió a sus labios al escuchar tales declaraciones.

-Hazlo sunbae… hazme tuya…no puedo…no puedo esperar más- le decía entre cada espacio que él le para hablar.

El joven tomó sus manos y separándose un poco de ella, se quitó la última parte de su vestimenta. Jan Di lo admiró completamente desnudo sobre ella, él también era todo suyo ahora.

Él se posiciono sobre ella y arrancó sus pantaletas, besando sus muslos antes de que por fin se acercara a abrazarla y con un ligero empuje comenzara a entrar en su ser.

Ella se abrazó a su cuello y el a su cintura, tanto que difícilmente se diferenciaba una brecha entre los dos.

Se sostuvo a él tan fuertemente mientras el empujaba una y otra vez contra ella y el acurrucado entre sus brazos, con su cabeza entre la curvatura de sus hombros y su cuello, rozando sus labios con sus oídos, de tal forma que ella podía oír perfectamente sus gemidos casi inaudibles y su respiración acelerada.

Era rudo pero delicado, como siempre la había tratado, aun así, haciéndola sentir el extasis entre cada empuje que el daba dentro de ella. Nunca llegó a imaginarse que su príncipe blanco fuera un hombre que mostrara tanta pasión pero le encantaba conocer esa otra faceta de él. Era otro punto a su favor y algo que la tenía totalmente conquistada.

Explotó cuando quedó completamente dentro de ella, y se detuvo por unos instantes para recuperar la respiración.

Levantó la cabeza y la miro a los ojos, completamente embelesados.

Inhalaban y exhalaban con dificultad, sus bustos, pegados el uno al otro, subían y bajaban a un mismo ritmo tratando de recuperar el aire.

-No te detengas. – le dijo ella sosteniendo su rostro.

-Nunca más – le dijo el con su cálida sonrisa y acercándose le dio un pequeño beso en la nariz. – Te amo, Jan Di.

-Te amo, sunbae.

FIN

BUENO, CHICAS ESTE FUE MI FANFIC, ESPERO LES HAYA GUSTADO, MUCHAS GRACIAS A TODAS POR SU APOYO Y DE ANTEMANO MUCHAS GRACIAS POR SUS CONSEJOS, JEJEJE, ESPERO PODER HACER UNA CONTINUACION PRONTO ASI QUE ESPERENLA. Y POR FAVOR DENME SUS COMENTARIOS SOBRE QUE LES PARECIO, INCLUSO JITOMATAZOS SI QUIEREN, JEJEJE GRACIAS Y NOS VEMOS EN LA PROXIMA.