XIV. Deseo II

Entraron en la habitación del Slytherin. En otro tiempo le habría parecido fría y tenebrosa, pero ahora veía esos colores diferentes. La habitación era muy parecida a la de ella, pero estaba decorada con los colores esmeralda y plateado. Draco se acercó a la radio, sin soltar la mano de la chica en ningún momento, y la encendió. La voz de Las brujas de Macbeth inundó la habitación, aislándola del resto del mundo.

Los dos chicos se colocaron encima de la gran cama de matrimonio de sábanas de seda de color esmeralda, uno enfrente del otro. Draco miraba con veneración los ojos de Hermione. Se dio cuenta de que tenía enfrente suyo a lo mejor que podría haberle pasado en la vida. Se dio cuenta que desde que se subió al Andén 9 y 3/4 había deseado este momento. Ella. Él. Los dos juntos. No podía reprimirse más.

Ella sonrió sonrojada. Se besan, lentamente, sin prisa. Ahora les parece que tienen una eternidad para ellos solos, aislados en esa habitación.

-Te deseo- Consigue soltar el chico con la respiración entrecortada.

Ella le coloca un dedo delante de los labios, haciéndole entender que se calle, y lo besa: loca, apasionadamente. Le besa el cuello, y empieza a desabrochar los botones de su camisa. Baja poco a poco por su pecho, por sus abdominales, hasta llegar a su cintura.

Vaya, sí que es un adonis-pensó Hermione para sus adentros-.

Con un movimiento brusco, Draco la colocó debajo de él. Ahora es él el que la besa, y el que empieza a desabrochar esa fina y blanca blusa que tanto le gustaba. La desabrochó poco a poco, mientras la besaba y le mordía el cuello, los lóbulos, los pechos.

-Eres. Mía. Mía. Y. De. Nadie. Más-Dijo el chico entre beso y beso, entre mordisco y mordisco.

-Solo tuya- Le susurró Hermione al oído.

Y entre besos, caricias y mordiscos, se dejaron llevar.

Quédate conmigo esta noche.

¿Qué demonios haces con ese cabeza hueca, Granger?

Porque tú me importas.

Lo quiero todo de ti.

Te deseo.

Te deseo.

Te deseo.

Te deseo.

Esas palabras no paraban de resonar en la mente de Hermione. Vaya... ¿De verdad la deseaba? ¿Podría alguien como ella gustarle de verdad a Draco Malfoy? Sin duda, no creía que el Adonis rubio que la estaba abrazando y mirándola con adoración le dijera eso a todas sus conquistas. ¿O sí? ¿Era ella eso? ¿Solo una conquista más? ¿Qué vas a hacer ahora, Hermione Granger? Se dijo, regañándose a sí misma.

Ninguno de los dos quería moverse.

Es hermosa, pensó Draco, la más hermosa que he visto en mi vida. Demasiado buena para tí, Malfoy, se dijo el chico con amargura. Se acordó de todas las veces en las que la había insultado, y le entraron ganas de lanzarse un Cruciatus a sí mismo. ¿Cómo podía ser tan idiota? Ella se merecía a alguien mejor que él, sin duda, pero... ¿podría dejarla marchar? Claro que no