Naruto no me pertenece, esta es solo una adaptación del libro de Jude sin fines de lucro por una fan del ItaSaku.
Mi ángel guardián - Capítulo 14
Sakura echó otra pila de papeles a la basura, y cuando la mitad se le cayó al suelo porque la papelera estaba llena, la recogió enojada y consiguió hacerse dos cortes con las hojas en el mismo dedo.
— ¡Mierda, mierda y mierda! —farfulló, chupándose el dedo mientras se dejaba caer pesadamente en su silla de oficina.
Había tres bolsas negras de plástico repletas de viejos folletos, papeles amarillentos y panfletos desfasados de los que Sakura no se había conseguido deshacer en años por falta de tiempo y energía.
Pero al mirar por la ventana hacia el sol poniente, hizo una mueca y buscó algo más para limpiar, tirar u ordenar. Llevaba todo el día en la biblioteca, dedicando uno de sus preciados días libres a hacer el trabajo sucio. Aquel día necesitaba algo para apartar la mente de lo que sucedía en la vida real; una vida que incluía a dos hombres aparentemente decididos a volverla loca.
Después de que Sasuke abandonara su apartamento aquella misma mañana, intentó llamarlo, pero él no le cogió el teléfono. Sabiendo la importancia que concedía a las llamadas, el hecho de que no contestara demostraba lo muy disgustado que estaba. Luego Sakura llamó a la puerta de su apartamento, pero solo hubo silencio. Y cuando vio que su coche no estaba, supo que había regresado a la ciudad.
Itachi no le servía de gran ayuda. Se regodeaba con que Sasuke se hubiera marchado y Sakura fuera libre de pasar todo el día con él.
Sin embargo, de repente, Sakura no quiso pasar el domingo con ninguno de los dos hombres. Necesitaba un tiempo a solas... y algo que la mantuviera ocupada mientras decidía qué hacer.
Ahora, tras horas de trabajo ordenando viejos archivos y desechando papeles, se sentía agotada, y más lejos que nunca de tomar una decisión.
Sasuke era el amor de su vida, de eso no cabía duda, pensó. Solo que siempre estaba muy ocupado. Y siempre fuera. A veces, Sakura se sentía tan sola que se sorprendía a sí misma hablando con los personajes de televisión. Soñaba con una vida normal de desayuno en pareja, planeando un fin de semana sin pensar que reclamarían al hombre de su vida por una emergencia.
Entonces se imaginaba que muchas mujeres vivían como ella; muchas mujeres estaban casadas con médicos y bomberos, hombres que solían ausentarse.
Pero, ¡ay, había sido tan bonito estar con Itachi! Era tan atento, tan... Tan extraño, se recordó. Porque ¿qué sabía ella sobre él? Por una parte era un criminal buscado por la ANBU; por otra, el hombre más tierno y amable que jamás había conocido. Era...
—A ver, ¿qué has hecho con mi marido? —Sakura alzó la cabeza pestañeando para comprobar que una mujer alta y de pelo oscuro la fulminaba con la mirada. Era una mujer hermosa, con esa clase de maquillaje perfecto que solo se veía en los culebrones extranjeros, y llevaba un traje rojo que a Sakura le parecía estar cosido a sus generosas curvas.
»¿Estás sorda? —insistió aquella mujer.
Entonces fue cuando Sakura vio la pistola que sostenía.
—Yo... —Sakura intentó hablar, pero no le salieron las palabras. Las bibliotecarias de pueblo no solían encontrarse con pistolas que les apuntaran a la cabeza.
— ¡Tachi! —le espetó la mujer, acercándose todavía más y alargando el brazo para arrimarle la pistola a la cara. — ¿Dónde está Tachi? —medio gritó como si de verdad creyera que Sakura estaba sorda.
—En casa —respondió Sakura en voz baja, con un nudo en la garganta.
— ¿En tu casa? —la mujer miró a Sakura de arriba abajo, con una expresión desdeñosa que asomó a sus labios perfectamente perfilados. Sakura pensó disparatadamente que ni sumando todo el carmín que ella se había puesto en su vida igualaría la cantidad que llevaba esta mujer en los labios.
»Tú no eres como el resto de sus muñecas —prosiguió la mujer, —aunque a Tachi le gusta experimentar —por un momento, la mujer apartó los ojos de Sakura para echar un vistazo a su alrededor. —Con los hombres nunca se sabe, ¿verdad? A Tachi siempre le ha tirado el lado salvaje de la vida: apuestas, asesinatos, montones de sangre y dinero. Ya sabes a qué me refiero.
Sakura esbozó una sonrisa.
—No viene mucha gente así por Konoha.
Por un instante la mujer titubeó, luego sonrió.
—Tú no eres como las demás, ¿verdad? —se sentó con un suspiro en la única silla que Sakura tenía en el despacho y empezó a frotarse el tobillo izquierdo. Llevaba los pies más bien grandes embutidos en unas sandalias rojas con tacones tan altos que Sakura solo había visto algo así en un libro titulado Fetiches.
«Entonces, ¿me quieres hablar de ti y de Itachi?
Por mucho que pareciera relajarse, la mujer no soltó en ningún momento la pistola; y cuando Sakura tiró nerviosamente al suelo una pila de papeles, la mujer enseguida volvió a apuntarla con el arma.
—Yo... esto... lo atropellé con el coche —alcanzó a decir Sakura, aun teniendo la garganta terriblemente seca.
—Y después, él te cameló —interrumpió la mujer. — ¿Qué hizo, decirte que te denunciaría a la policía si no hacías lo que él te decía?
—Sí—contestó Sakura sorprendida, con los ojos abiertos de par en par. —Eso es exactamente lo que dijo.
—Esto... no estaba segura de que fuera él, pero ahora sí. Y entonces ¿qué clase de historia usó contigo? Claro que es inocente, pero siempre se inventa una larga lista de ocupaciones, como la de vendedor de máquinas de escribir. Esa es mi preferida. Le ganó mucha simpatía. ¿Con qué excusa se ha ido a vivir contigo?
—Dice que es un ángel —se oyó decir Sakura.
— ¡Caramba! —exclamó la mujer entre dientes. —Esta es nueva. ¿Y tú te lo tragaste?
—Pues sí —respondió Sakura, dedicándole una vacilante sonrisa.
La mujer miraba a Sakura durante largos períodos de tiempo, entrecerrando aquellos ojos perfectamente maquillados.
—Mi padre siempre decía que no valía la pena educar a las niñas. Supongo que llevaba razón, si tú te has leído todos esos libros y sigues creyendo que un asesino como Itachi es un ángel —se inclinó hacia adelante. — ¿Y cómo explica que no tiene alas? ¿O acaso le han salido unas? —esto último pareció hacerle mucha gracia y echó a reír a carcajadas, enseñando la que tenía que ser una dentadura artificial por su blancura y perfección.
—Los ángeles de verdad no tienen alas —respondió Sakura, y se sorprendió a sí misma por la tranquilidad con que lo dijo. ¿Qué más podía pasarle ya? En los últimos días, se había encarado con fantasmas, ángeles y una bomba. — ¿Piensas matarme? —preguntó.
—No —la mujer parecía ofendida porque Sakura pensara semejante cosa de ella. —Solo quiero que me lleves hasta Tachi para que pueda entregarlo a la policía.
—Pero él es tu marido —dijo Sakura.
— ¿Alguna vez has vivido con un hombre que es néctar para cualquier hembra de menos de noventa años? Atrae hasta a las niñas.
—Corren a sus brazos y se sientan en su regazo —murmuró Sakura.
—Exacto. Pues yo he visto a todas las de veinticinco años echándosele encima, por así decirlo. Los perdedores a los que mató me traían sin cuidado, porque, de todas formas, el mundo tampoco los necesitaba; ¡lo que me preocupaba eran esas chicas!
— ¿Entonces es un sicario? La ANBU no parecía estar seguro.
—Claro que lo es, y ellos lo saben. ¿Quién crees que lo mató? O, mejor dicho, intentó matarlo. Te puedo decir que me quedé de piedra cuando oí que seguía vivo. Bueno, ¿qué?, ¿nos vamos?
El repentino cambio de tema por parte de la mujer cogió desprevenida a Sakura:
— ¿Cómo, que nos vamos?
—Sí. Vamos a buscar a Tachi y a acabar con esto.
— ¿Acabar? —incluso sus propias palabras le parecieron a Sakura salidas de una grabadora averiada, al reproducir lo que acababa de registrar.
—Mira, cariño, seamos realistas. ¿Quién crees que fue el primero en delatarlo? Estaba harta de él y sus mujerzuelas; así que revelé su paradero a unas cuantas personas que me lo agradecieron, y ya sabes a qué me refiero.
Sakura sabía que aquella mujer había delatado a su marido por dinero y que ahora quería que Sakura la llevase hasta Itachi para volver a hacerlo. ¿Acaso le darían una segunda recompensa?
La mujer malinterpretó el titubeo de Sakura.
—Mira, a lo mejor podemos repartirnos esta recompensa. Tú me llevas hasta él, y si yo me lo puedo cargar sin problemas, te doy el veinte por ciento.
— ¿Cargártelo?
—Sí, matarlo —contestó la mujer, como si Sakura fuera corta de entendederas. —Tú quieres deshacerte de él, ¿no es así? —Entrecerró los ojos y tensó la mano en la pistola. — ¿O es que te has enamorado de él? A lo mejor crees de veras que es un ángel.
—No... Yo... —un título en biblioteconomía no preparaba a nadie para plantar cara a esposas furiosas armadas con pistolas. Y tampoco para tomar decisiones sobre la vida y la muerte.
— ¿Entonces de qué bando estás?
—Del tuyo —respondió Sakura de inmediato, mientras intentaba pensar en algo para distraer a esta mujer. ¿Podría convencerla de reunirse con ella en algún lugar neutral?
—Será mejor que vengas conmigo. ¿Ahora él está en tu casa?
—No, creo que salió con los muchachos. Le gustan el fútbol y las repeticiones en vídeo.
Por un segundo la mujer se quedó mirando fijamente a Sakura como si hubiera perdido la cabeza:
— ¿Tachi? ¿El fútbol? ¿Como a los muchachos? —la mujer se puso bruscamente en pie, agarrando la pistola firmemente con la mano mientras apuntaba a la cabeza de Sakura. —Ahora lo entiendo. Eres una simple bibliotecaria y te resulta emocionante dar cobijo a un asesino. Seguramente será la única cosa emocionante que pase en tu vida.
—De todas las impertinencias que he oído en mi vida —dijo Sakura enojada y subiendo el tono, — ¡esa es la peor! ¿Qué te ha hecho pensar que lo sabes todo sobre mi vida? El hecho de que viva en una aldea no significa que...
— ¿Me buscabais?
Ambas se giraron para ver que Itachi estaba de pie en la entrada, con el pelo alborotado como si se acabara de despertar.
— ¡Tiene una pistola! —gritó Sakura dando un brinco hacia la mujer.
Pero la pistola se disparó antes de que Sakura pudiera hacer nada, e Itachi estaba en plena línea de fuego.
Ella cayó de bruces en el suelo a los pies de la mujer, y luego se volvió a tiempo de ver que Itachi salía despedido hacia la puerta.
Por un momento, cuando él se llevó la mano al hombro, Sakura pensó que la mujer había dado en el blanco; pero entonces Itachi se puso en pie y echó a caminar hacia esta.
—No creo que tanta violencia sea necesaria —dijo en voz baja, avanzando hacia ella.
— ¿Qué numerito es este, Tachi? ¿Intentas impresionar a la nena? No es tu tipo, ¿o sí? ¿O es que te dedicas a aprovecharte de las ingenuas ahora que te has llevado al huerto a todos los bomboncitos del país?
Itachi siguió caminando hacia la mujer, con la mano extendida.
—Será mejor que me des la pistola —dijo en un susurro. —No quiero que ninguna de las dos se haga daño.
—Ya te daré yo hacer daño —contestó ella.
Acto seguido levantó ligeramente la pistola mientras se disponía a apretar el gatillo.
Pero Itachi fue demasiado rápido para ella. Ni siquiera Sakura, desde el suelo, lo vio moverse. En cuestión de un minuto Itachi había pasado de estar en pie al otro lado del despacho a estar plantado frente a la mujer, pistola en mano.
— ¡Hijo de puta! —gritó ella, y después arremetió contra él, que la estrechó entre sus brazos y la retuvo mientras ella la atacaba con los puños, los dientes y los zapatos puntiagudos.
— ¡Vete de aquí, Sakura! —exclamó Itachi cuando la mujer lo agarró del pelo y luego le hincó los dientes en el hombro.
Sakura juraría que Itachi estaba dolorido, así que fue a buscar algo con lo que golpear a la mujer para que cejara en su ataque; pero no encontró nada.
— ¡Vete! —le ordenó Itachi. — ¡Ahora mismo!
Sakura no se lo pensó dos veces al salir corriendo del despacho hacia la oscura biblioteca, para luego adentrarse en la noche por la puerta principal.
Cuando el aire fresco le dio en la cara, se calmó lo bastante para pensar: «¿Y ahora qué?». No podía dejar a aquella mujer con Itachi, pero tampoco podía llamar a la policía, ¿o sí?
Antes de tomar una decisión, la pesada puerta de la biblioteca se abrió de par en par y la mujer salió corriendo, dejando a Sakura atrás sin echar ni un solo vistazo en su dirección. Sakura se arrimó a la pared, esperando que la mujer no la viera. Le parecía que esta ya no llevaba la pistola encima, pero tampoco estaba segura.
Cuando Sakura dio la vuelta a la esquina, la indignación se apoderó de ella. ¡Aquella mujer tenía su bolso! Imágenes de tarjetas de crédito y del pastillero que su padre le había regalado acudieron a su mente. Sin pensarlo, Sakura echó a correr tras la mujer.
Cuando Sakura dio nuevamente la vuelta a la esquina y vio que aquella mujer iba derecha a su coche y que ya tenía las llaves en la mano, Sakura gritó:
—Tú no me vas a robar el coche —y dio un paso de gigante hacia la mujer.
Después, Sakura no logró recordar con claridad lo que ocurrió más tarde, ya que todo pareció suceder a un tiempo. Itachi apareció de la nada, la agarró y la hizo retroceder hacia el edificio. Sakura se golpeó contra la pared de la biblioteca con tanta fuerza que estuvo a punto de perder la conciencia. Aturdida, levantó la mirada a tiempo de ver a Itachi correr tras la mujer mientras ella abría la puerta del coche y se metía dentro.
Sin embargo, justo cuando Itachi llegó al coche, pareció como si el cielo se iluminara y el mundo saltara por los aires. Sakura se cubrió los ojos con el brazo para protegerlos de la onda expansiva y volvió la cabeza hacia la pared.
Al segundo siguiente estaba de pie, intentando correr hacia el infierno en llamas que antes había sido su coche. Lo último que había visto de Itachi era que tenía la mano en la puerta del vehículo.
Pero Sakura no se podía acercar a tres metros de la explosión. Olía a gasolina y el fuego trepaba hacia las copas de los árboles. Tras varias tentativas de acercarse al coche en llamas, retrocedió, con la mano sobre los ojos, sintiendo que la piel se le chamuscaba con el calor.
—Itachi —alcanzó a susurrar mientras retrocedía.
Pero al arrimarse al relativo frescor de la pared de la biblioteca, vio que algo se movía en el fuego con los ojos apenas adaptados a la claridad que tenían delante.
—Ay, Dios mío —susurró, medio mareada. —Uno de ellos sigue vivo.
No podía imaginar la clase de agonía que un cuerpo tenía que padecer para mantenerse vivo en semejante infierno.
Sin embargo, al fijarse bien le pareció ver una columna de luz, un tipo de luz diferente del color rojo del fuego. Era dorada y parecía muy pesada, casi como si estuviera hecha de oro puro.
Fascinada, Sakura contempló la luz dorada con los ojos bien abiertos, y vio que iba creciendo. Pasó de una fina columna de luz a una más gruesa, hasta alcanzar el tamaño de un cuerpo humano.
Cuando la luz alcanzó el metro ochenta, Sakura vio que se volvía a mover, ¡y que se movía hacia ella! Se apoyó contra la pared, poniendo las manos en alto como para protegerse.
Aquella columna de luz dorada se alejó del coche en llamas y, cuando se hallaba a escasos centímetros de Sakura, empezó a desvanecerse, como la cáscara de un huevo; y vio a Itachi en el interior de la luz.
Observó embelesada cómo la luz se retiraba hasta que Itachi se descubrió en pie ante ella, sin un arañazo ni una marca de quemadura.
Era demasiado para Sakura, que palideció cuando notó que se iba a desmayar. Se mantuvo consciente el tiempo suficiente para saber que no caía al suelo, sino en los brazos fuertes de Itachi.
Bueno, un poco de acción no le viene mal a nadie xP
