Resumen: Nadie amaba tanto la música como lo hacía Ariel, excepto quizá su madre. Era una conexión única que existía entre ambas, pero cuando una gran tragedia golpea a la familia real la música dejo de ser alegría para la familia convirtiéndose únicamente en dolor. Años después, cuando Ariel siente que la música que tanto ama se le escapa de las manos y no hay nada más allá del agujero negro, será su familia la que deberá encontrar la manera de escapar del dolor para devolverle la sonrisa a la joven.
~ Disclaimer: The Little Mermaid es una obra escrita por Hans Christian Andersen y una adaptación al cine y a la televisión basada en el libro.
~ Melodía del corazón ~
14
El agujero negro sin fin
Ariel hizo una mueca mientras abría y cerraba la mano derecha, sintiendo sus músculos tensarse ante la acción.
– ¿Cómo se siente?
– Raro…
– ¿Raro bueno o raro malo?
– Solo raro… – Ariel alzó la ceja mirando al médico que se encontraba sentado frente a ella en una silla giratoria mientras ella estaba en la camilla sentada con las piernas colgando y balanceándose.
– ¿Eso debería ser así? – Su padre, el rey Triton, preguntó al médico con curiosidad y preocupación en su rostro.
– Uhm, ¿duele?
– No, pero se siente raro.
– ¿Raro como qué?
– Solo raro – Ella hizo una mueca – No sé explicarlo…
– Tal vez sucedió algo en cirugía – Triton dijo rápidamente.
– No, la cirugía salió bien – El médico hizo una mueca – Dime, se siente como si algo se moviera por dentro
– ¡Sí! – Ella alzó la voz con una gran sonrisa en el rostro – Se siente así
El médico sonrió – Eso es porque ha pasado mucho tiempo desde la última vez que la moviste o la doblaste – Explicó con calma – Pero por lo que he visto en la radiografía que te hicimos, todo ha salido bien y según lo que me contaste no has tenido problemas esta semana al usarla
– Me dio cosquillas agarrar un vaso la primera vez, pero no cosquillas para reír sino que era una sensación extraña – Ella murmuró mirando su mano – Lo solté enseguida porque me molestaba demasiado
– Es normal, era tu tacto – Él explicó con calma – No te quites los vendajes aun y sigue cambiándolos según el tiempo que se te dio. No hagas movimientos bruscos de momento y tómalo con calma
– Me siento impaciente por volver a mover mi mano como antes – Ella masculló entre dientes mientras desviaba la mirada.
Su padre le dio un leve apretón en el hombro antes de mirar al médico nuevamente.
– Entonces es todo.
– Por nuestro chequeo semanal, sí lo es – Asintió el médico con una sonrisa mientras escribía algo en una hoja – Simplemente asegúrate de tomar los medicamentos una vez al día y sigue los demás consejos
– Gracias – Ella asintió con una sonrisa.
– Por otro lado, en cuanto a tu pierna – El médico sonrió mirando una radiografía – Me parece que ha habido un buen avance
El rey alzó una ceja con ilusión – ¿Significa eso que podrá caminar sin la bota?
– Uhm, es muy probable – Él asintió mirando a la muchacha – Dime, ¿piensas que es buena idea quitarla ahora?
– Sí – Ariel dijo con firmeza – Es molesto para caminar
El médico soltó una suave carcajada – Debe serlo. Pero, teniendo en cuenta que puedes caminar solo con la bota, quizá no tengas problemas para caminar sin ella, aunque eso no significa que al momento de sacarla podrás caminar. Tienes que asistir a rehabilitación una hora al día, durante el tiempo que sea necesario.
– Lo acepto – Ella dijo rápidamente.
Su padre colocó una mano sobre su hombro – Vamos a pensarlo…
– Pero…
– Con calma, ¿recuerdas?
– Sí, pero creo que sería buena idea quitármelo ahora – Ella lo miró con una expresión de súplica. Su padre retrocedió intentando mantener una dura mirada, impenetrable y firme, pero la expresión de cachorro lastimado de la muchacha era más fuerte que sus esfuerzos – Quiero decir, creo que es momento, ¿no?
El médico hizo una mueca nervioso, desviando la mirada hacia la radiografía que tenía en sus manos para evitar ver la expresión de la muchacha – Puede que no sea buena idea del todo, aunque eso dependerá de ti
– ¿Qué quiere decir? – Ariel inclinó la cabeza rompiendo su expresión en mil pedazos.
El médico golpeó su mano suavemente con un lápiz, la muchacha se estremeció – Tu mano ha mejorado en dos semanas, lo que comprado a cómo estaba luego de dos meses del accidente (antes de la cirugía) es un verdadero milagro, pero eso no significa que tu pierna y tu mano mejoren de la misma manera. Me explicó, en la rehabilitación te harán caminar con varas a los lados, agarrándote para no caer, la pregunta es: ¿será tu mano capaz de sostener tu cuerpo con la ayuda de tu pierna lastimada?
– Lo hice con las muletas.
– No usabas mucho las muletas – Su padre dijo con firmeza – por la misma razón, ¿recuerdas? Dijiste que dolía demasiado agarrarlas y preferías demorar tres horas caminando hasta el baño que diez minutos con muletas
Ariel chasqueó la mano izquierda apuntando a su padre – Cierto, pero me desespera caminar con la bota cuando no siento el peso sobre ella. Es como si la tuviera de adorno.
El médico torció los labios mirando hacia el rey. Tritón se cruzó de brazos mientras pensaba en la posibilidad de quitar la bota del pie de la muchacha. Sabía que ella había tenido un impulso de valentía (lo que no era extraño en ella) y había decidido volver al piano cuando estaba asustada. Él no sabía mucho de música, pero si pensaba en el piano y en Ariel, sabía que la muchacha necesitaba usar sus pies para tocar los pedales. Su difunta esposa le había explicado que el piano no solo se trataba de las manos, se trataba de todo el cuerpo del compositor.
– ¿Qué tal si lo intentamos? – Él accedió con una sonrisa – Un día, pero si ni siquiera puedes sostenerte, volverás a usarla
– ¡Gracias, papá! – La muchacha dio un salto de la silla abrazándolo con fuerza. Tritón sonrió recibiendo el abrazo de la muchacha y luego miró hacia el médico.
– Entonces lo dejaremos para mañana – Él dijo mientras escribía en un papel – Avisaré en rehabilitación y entregare los datos de la princesa, agendaré una hora y luego le avisaré a usted, majestad
Tritón asintió antes de mirar a la muchacha – Si puedes cumplir con esto, entonces puedes hacer las dos rehabilitaciones al mismo tiempo.
– No es necesario – Ariel dijo con calma – Sebastián dijo que mientras mi mano ganara fuerza, él se encargaría de llevar a cabo lo que sería la rehabilitación. Dijo que conocía los ejercicios perfectos para soltarla
– Entonces tendré que confiar en Sebastián.
Rápidamente salió del hospital esperando en la entrada de este mientras su padre se encontraba firmando unos papeles. Respiró hondo mientras volvía a mirar su mano con una pequeña sonrisa en los labios.
Habían pasado dos semana desde la cirugía y desde entonces todo lo que quería era poder sentarse en el piano y comenzar a tocar, pero por lo visto eso iba a tardar más tiempo. Lo único que había lamentado por culpa de la cirugía era haberse perdido la competencia de su hermana Aquata. Había sido horrible esperar en casa a que su hermana llegara para conocer los resultados, fue peor no haberla visto ganar. Por supuesto, Ariel siempre dio por hecho que Aquata ganaría y no se sorprendió en nada cuando cruzo la puerta de la casa con el trofeo en las manos sobre su cabeza mientras el resto de sus hermanas soltaban felicitaciones y alegría.
Se maldijo a sí misma no haber estado ahí.
Desde la operación no había podido hacer nada relativamente divertido y Attina la había sentado en la mesa de la sala familiar a estudiar todo lo que no había estudiado en el año. La muchacha estuvo con ella todo el tiempo para vigilar que estaba estudiando.
No era por presumir, pero Ariel no tenía malas calificaciones, de hecho sus notas sobrepasaban a los demás alumnos de su clase convirtiéndola en la que tenía el mejor promedio, aunque la verdad detrás de sus grandes calificaciones no era otra que la decepcionante realidad de que estudiaba una noche antes de los exámenes. Claro, algunas personas como Attina que se esforzaba estudiando todos los días o Flounder, les caía bastante mal saber la realidad detrás de las perfectas notas de la muchacha traviesa. Era algo desmotivador si lo pensaban bien, pero impresionante también.
– ¿Nos vamos? – Ariel preguntó con una sonrisa cuando su padre se acercó. El rey la miró con una pequeña sonrisa asintiendo antes de comenzar a caminar.
– ¿Segura que estás bien?
– Sí, ya tengo deseos de comenzar a tocar como antes – Ella omitió le hecho de que en realidad estaba aterrada de volver a tocar, pero al mismo tiempo excitada. Las pesadillas no la habían abandonado ni por un segundo lo que le hacía estremecerse.
– Sebastián me contó lo del concurso – Triton dijo con calma – No deberías presionarte solo por ello. Deberías ir poco a poco como dijo el médico
– Estaré bien, tengo mucho tiempo que recuperar además de volver a practicar para soltar mi mano – Sonrió la muchacha mirando a su padre – Además debo escribir una nueva canción. Van a ser tres meses duros, pero si todo sale bien, independiente de si gano o pierdo, habrá valido la pena
Tritón sonrió mirando a la muchacha – Estoy seguro de que tu madre estaría orgullosa de ti.
– ¿Y tú?
– Por supuesto que también – Él asintió.
Ella sonrió levemente abrazando a la muchacha al caminar. El rey Tritón había estado demasiado ocupado con todo el asunto del accidente, tanto como para no pasar el tiempo con Ariel tanto como él quisiera, pero ella lo entendía. Era su padre; era el rey. Ella no había rechistado en ningún solo momento que debido a su trabajo él le pusiera menos atención, tampoco es que fuera una niña pequeña que anhelaba la atención. Tenía a sus hermanas. Sí, es cierto, no era lo mismo tener a sus hermanas pendientes de ella que tener a su padre, pero algo era algo.
Además, tampoco es que hubiera hecho la vista gorda a todo lo que se relacionaba con ella. El padre de Ariel había hecho un gran trabajo asustando al conductor del auto. Como Adella había adivinado en una ocasión, no solo le habían suspendido la licencia, sino que había tenido más problemas que cualquier otra persona hubiera podido esperar. Había sido un pequeño error que había marcado a ambos, a Ariel impidiéndole tocar y al conductor como el tipo que había arrollado a una de las hijas del rey. Por otro lado, independiente del peso de la ley que su padre había hecho caer sobre el conductor, él había dejado de lado todos sus deberes reales para estar presente con ella el día de la cirugía. Había calmado sus temores, como sus hermanas no pudieron, y le había asegurado que todo estaría bien. No se había apartado de ella hasta la hora en que comenzaría su cirugía, ni antes ni después y tampoco había faltado a un solo chequeo. Tenía dos chequeos a la semana y ya habían pasado dos semanas desde entonces siempre estaba presente a su lado.
¡Padre del año!
Al volver al castillo, Ariel estuvo a punto de escaparse para salir con sus amigos pero fue detenida nada más entrar en la habitación familiar donde Perla se encontraba sentada en el sofá pintándose las uñas junto a Arista y a Adella. La muchacha se detuvo en el umbral de la puerta y retrocedió rápidamente.
– ¡Ah, has vuelto! – Arista le sonrió mientras soplaba sus uñas – ¿Qué tal el chequeo?
– Bien – Sonrió tensa la muchacha intentando no mirar a Perla.
La chica había estado siguiéndola por todos lados desde hacía ya varios días intentando obtener información sobre Eric y no importaba cuantas veces Ariel se escapara, ella lograba encontrarla. Comenzaba a pensar que tenía algún gps encima para que la amiga de su hermana fuera capaz de encontrarla tan rápido.
– Siempre me ha encantado esta habitación, tiene todo lo que pueda necesitar para pasar una tarde agradable – Comentó Perla mirando a Ariel – Son muy afortunadas
La chica sonrió dando un paso atrás, pero chocando con alguien. Miró por su hombro encontrándose con Alana que le sonreía amablemente.
– Has vuelto.
– Sí, he vuelto – Ella comentó algo obvio mientras rodeaba a Alana para marcharse – pero debo irme, quede de verme con Gabriella en Rico Gelato.
– ¿En serio? – Parpadeó Alana confundida – Que extraño, porque recuerdo ibas a estudiar con Attina hoy
Se tensó de golpe antes de que una sonrisa orgullosa y presumida se dibujara en sus labios – No se necesita estudiar cuando eres la mejor estudiante de tu clase como yo, Alana – Dijo con arrogancia, aunque solo quería escapar de ahí antes de que Perla le pidiera a sus hermanas que la encadenaran a una silla para hacerle el interrogatorio que estaba esperando.
Alana la miró molesta y le dio un zape en la frente antes de empujarla dentro de la habitación.
– Deja de ser tan arrogante y ponte a hacer tus tareas – Dijo con firmeza – Honestamente me sorprende que una estudiante tan buena como tú jamás haga sus tareas
– Tampoco es tan buena estudiante – Arista se rió – Siempre estudia un día antes de los exámenes
– Toda la noche en vela vale la pena – Ariel asintió hacia la rubia – Ah, pero ya termine mis tareas y…
– Attina estará aquí en diez minutos, fue a buscar algo a la habitación y dudo mucho que le haga gracia que te escapes.
– No me estoy escapando de Attina – Ariel bufó – Me escapo de Perla
La aludida sonrió recostando su espalda contra el sofá – ¿Por qué habrías de escapar de mí?
– ¿Lo dices en serio? – Parpadeó la muchacha – Me has seguido toda la semana. El otro día me seguiste incluso hasta mi salón de clases
– ¿Te saltaste el examen de la semana pasada solo para seguir a mi hermanita? – Alana alzó una ceja mirando con reproche a la rubia que rió suavemente.
– Tengo curiosidad por conocer a su novio y ella no me dice nada.
– Es porque no es mi novio.
– Ah, volviste – Attina bajó las escaleras mirando hacia la muchacha con una sonrisa en los labios.
– ¿Diez minutos, Adella? – Ariel miró a la muchacha molesta.
– Ella dijo diez minutos – Se encogió de hombros – Aunque tal vez fue hace diez minutos
La muchacha resopló antes de alejarse.
– Yo hice planes para ahora – Mintió con la intención de alejarse – así que mejor me iré…
– ¿Qué hay de tu tarea?
– Attina, si sigo haciendo mi tarea contigo los profesores esperaran a que la haga siempre – Ella soltó un suspiró cruzándose de brazos – El otro día el profesor de matemáticas sufrió un infarto cuando vio que hice mi tarea por tercera vez seguida. ¿Quieres que todos mis profesores se mueran antes de tiempo?
– Creo que estás exagerando – Alana sonrió recogiendo una botella de esmalte.
– No, realmente – Arista sonrió divertida ante lo que estaba por decir – una ambulancia llegó a Seaford para llevarse al señor Duit. Fue lo más comentado en esa semana
Ariel miró a Attina con una ceja alzada y una sonrisa en sus labios al demostrar su punto. La castaña la miro cruzada de brazos antes de señalar el libro que estaba en la mesa redonda.
– Aun así debes hacer tus tareas.
– Tengo buenas calificaciones, ¿eso no es suficiente? Nunca he escuchado a papá quejarse.
– Es porque no sabe lo que le sucedió al señor Duit.
– Sí lo sabe – Ella miró a Arista – La directora lo mando a llamar y no creía lo que estaba escuchando, pero aun así lo aceptó y prometió que no sucedería de nuevo. Luego se rió todo el camino cuando volvíamos a casa
– Este tipo de cosas solo sucede a tu alrededor, ¿verdad? – Alana se rió suavemente mientras Ariel asentía con aires despreocupado.
– Bien no hagas la tarea…
– ¡Sí! – Alzó las manos la muchacha – ¡Libertad!
Attina soltó una risa ante la actitud infantil de la muchacha. Vio echarle una mirada de recelo a Perla antes de darse la vuelta y salir rápidamente de la habitación. Perla rió divertida ante la actitud de la muchacha.
– La has espantado – Alana se rió agitando sus uñas para que se secaran más pronto.
Ella resopló con una sonrisa en sus labios – Tranquila, volverá. Todo el mundo quiere los consejos de amor de Perla.
Adella soltó una risa suave mirando a la chica – Ser casamentera no se te da tan bien como piensas.
– Yo estoy de acuerdo con ella – Asintió Alana.
– Eh, pensé que la cita con Stevie había salido bien, ¿y qué me dices de Daniel, Alana?
Ambas chicas miraron a la joven sacudiendo la cabeza.
– Traidoras – Masculló Perla entre dientes.
Sebastián observó con intensidad a las olas del mar que se agitaban en la mirada de la joven. Molesta y cabreada mientras abría y cerraba la mano. El médico dijo: «tómalo con calma», pero ella no podía pensar en otra cosa que no fuera volver a usar su mano.
Desde que había tenido la cirugía había sentido la maravilla de poder usar su mano de regreso y aunque dolía, si es cierto, dolía usarla al menos era capaz de moverla. Antes debido al dolor no podía seguir soportando moverla –o lo que era más correcto decir: intentar moverla– y ahora, era todo un nuevo mundo. Siendo sincera, que aún le doliera la mano era una verdadera desgracia, pero poder usarla era una maravilla. Levantar un vaso ya no la hacía sentir como una inútil. ¡Yay!
– Más lento – Sebastián la regañó viendo que abría y cerraba de forma rápida la mano – Intenta separar y juntar los dedos mientras los abres
– ¿Realmente hay que hacer esto? – La muchacha preguntó con una mueca.
– ¿Quieres usar tu mano o no? – Sebastián preguntó sin mirarla – No has tocado el piano en dos meses, en otras palabras, has perdido técnica. Si te fuera a lanzar varias pelotas no lograrías atraparlas todas, ¿verdad?
– Probablemente las atraparía si las lanzaras de una en una – Ella murmuró antes de fruncir el ceño – ¿Por qué de todos modos querrías lanzarme una pelota?
– No te lanzaré pelotas, aun – Él dijo con seriedad.
– Ósea que lo harás – Ella alzó las cejas con sorpresa y temor – ¡Por qué me lanzarás pelotas!
– Ariel, relájate – Sebastián cambio la página de su libro – y no dejes de hacer los ejercicios
– Oye, cómo sabes que no los estoy haciendo si no me estás mirando.
– Porque te conozco, no necesito mirarte para saber que no los haces así como tampoco los hiciste cuando te lo dije.
– No podía mover la mano, era un sufrimiento – Ella gimió – Ahora es mejor, se siente muchísimo mejor – Una sonrisa se dibujó en los labios mientras enseñaba una sonrisa perlada – Mira mis encías, ni siquiera me las rompí cuando me cepille los dientes y Alana no se quejó cuando el lavabo después de mí, de hecho me felicito
– Nunca he entendido esa fascinación tuya por las cosas que no tienen gran importancia, ¿sabes? – Dijo él con calma – pero felicidades, es un logro
– ¿Verdad que sí? – Sonrió emocionada mientras volvía a abrir sus manos y cerrarla.
– La próxima semana haremos otro tipo de ejercicios.
– ¿Por qué no puedo volver a tocar el piano?
– No estás listas.
– ¿Por qué lo dices? – Preguntó Ariel confundida.
– Porque la última vez que estuviste junto al piano, hace unas semanas, lloraste como si el mundo fuera a acabarse – Dijo Sebastián con calma.
– ¿Cómo…? ¿Sabes qué? Olvídalo, apuesto a que Alana dijo algo, ella siempre abre la boca – Torció los labios pensando – Aunque Alana no estuvo ahí esa noche, sino que fue Attina…
– Creo que olvidas que muchas cosas sucedieron últimamente – Él dijo suavemente mientras abría un cajón y sacaba algunas herramientas – Está bien, ¿quieres comenzar con el piano? Ven conmigo
Ariel frunció el ceño mientras seguía a Sebastián con la banda elástica entre los dedos. El consejero era bastante rápido para caminar, seguramente estaba haciéndolo a posta. Cuando llegaron a la sala, él echó un vistazo y luego salió sin entrar antes de mirar a Ariel. La muchacha, desde el umbral, vio a sus hermanas y a Perla todavía dentro de la habitación y confundida miró al consejero.
– Primero lo primero antes de usar el piano – Le extendió la herramienta que sostenía en sus manos – debes saber que está desafinado
– Espera, ¿tengo que afinarlo yo misma?
– El punto es, Ariel, que para volver a tocar el piano debes dejar de tenerle miedo – Sebastián dijo retirando la banda elástica con cuidado de los dedos de la chica – y no importa cuántos ejercicios hagas, al final no significa nada si no puedes acercarte al piano sin que tus manos tiemblen
– Yo no le tengo miedo al piano.
– ¿No? – Él la miro con una sonrisa – Entonces a afinarlo
– Pensé que tú lo afinabas…
– El piano no ha sido afinado en mucho tiempo, una de las razones era por el miedo que tú tenías hacia el – Dijo suavemente – Si quieres tocar el piano, entonces un paso a la vez, afinarlo primero. Enfrentar los temores y acercarse a él. Si logras hacer esto, entonces pasaremos a los ejercicios tocando las teclas
Ella no dijo nada durante un momento. Miro al cangrejo con los ojos entrecerrados mientras tomaba bruscamente la llave que le extendía, una sonrisa en sus labios mientras ella lo miraba desafiante. Sebastián vio el huracanan sobre el mar en los ojos de la muchacha y luego la vio entrar a paso decidido hacia la habitación.
Se quedó de pie en el umbral, sabiendo que la chica no iba a lograr afinarlo y se complació de ver que apenas se acercó al piano hizo girar la llave en sus manos mientras dudaba si dar un paso más cerca del piano o no.
Con una sonrisa burlona, Sebastián alzó una ceja. Las hermanas de la chica la miraron confundida. Vio su rostro estremecerse, contraerse de dolor antes de voltear a mirarlo molesta y apuntándole con la llave. Por un momento, él creyó que se la lanzaría por la cabeza.
– Esto no prueba nada – Ella retrocedió rápidamente moviendo la cabeza como si intentará quitarse algo que tenía dentro molestando.
– Solo prueba que yo tenía razón – Él dijo con calma.
Ariel resopló entregándole la llave de regreso antes de mirarlo molesta – Está bien, ¿qué haremos?
Él la miró con calma – Tienes que perder el temor que le tienes al piano. Escucha música, ve a recitales, ve películas y luego afínalo
– ¿Solo así?
– Tienes que enfrentar el miedo y solo tú sabes lo que lo causa – Él dijo suavemente – Encuentra la causa de tu miedo y enfréntala. Échala a un lado y toma el control. Desde pequeña siempre has amado el piano, tu mayor pasión y tu mayor sueño. No puedes dejar que un accidente lo cambie todo
– ¿Cómo se supone que voy a encontrar lo que me asusta si – Soltó un bufido obvio – me asusta, duh? Lo normal es huir cuando algo te asusta
– Esta será tu tarea – Dijo él con calma devolviéndole las bandas elásticas – y no te olvides de seguir usando esto. Tu mano aún está demasiado rígida como para que puedas seguir tocando
Una vez que Sebastián dejo a la muchacha, Ariel dejó escapar un resoplido escuchando algunas risas detrás de ella. Se volteó a mirar algo molesta a sus hermanas y a Perla y luego resopló sentándose junto a Attina que seguía con sus estudios.
– ¿Algún consejo? – Pregunto con desgana.
Attina rió suavemente.
– ¿Por qué no te sientas en el piano hasta que el temor se vaya? – Perla alzó una ceja con una gran sonrisa.
Ariel gimió mirando a Attina, que parecía muy enfrascada en la lectura de algún decreto real antiguo. Tenía un cuaderno con el cual tomaba notas de lo que estaba leyendo.
– Estoy asumiendo que no me dejarás tranquila hasta que te diga que hacer.
– Por favor…
– Creo que es algo que debes descubrir por tu cuenta.
– Pero…
– Ariel – Attina la miró intensamente, claramente no planeaba decirle que hacer o darle alguna pista de lo que podía hacer. Ella resopló pesadamente mientras una idea repentina aparecía en su cabeza haciendo brillar una ampolleta.
– Ya sé que hacer – Sonrió mientras recogía las bandas elásticas que Sebastián le había dejado y se marchaba rápidamente.
– Procura no meterte en problemas.
– Lo intentaré.
– ¿Va a estar bien? – Perla frunció el ceño al ver a la muchacha marcharse por la puerta.
– Definitivamente no – Arista dijo suavemente.
– ¿Por qué no le dijiste que fuera con Aquata? – Preguntó Adella con interés.
– Porque eso sería demasiado fácil – Explicó la muchacha mientras alzaba el decreto real con interés – Si Sebastián hubiera querido que alguien la guiará entonces también le habría dicho que fuera con Aquata, ¿no?
– ¿Aqua?
– Tuvo un esguince el año pasado – Alana explicó a Perla que parecía confundida – y no pudo competir durante un mes. Estaba bastante frustrada y al igual que Ariel estaba forzando su recuperación para volver a nadar lo más pronto
Perla asintió con comprensión – Ya entiendo. La persona más capacitada para decirle qué hacer para superar el miedo es ella, ¿no? Pero si ella estaba forzando la recuperación significa que no tuvo miedo.
– Sí lo tuvo – Arista dijo con un susurro como si fuese un secreto – Su velocidad disminuyo mucho ya que se asustaba cada vez que nada demasiado rápido debido a que así es como tuvo el esguince, al forzarse demasiado para mejorar. A diferencia de Ariel, ella si se acercaba a la piscina pero no nadaba demasiado rápido. Papá y su entrenadora intervinieron para ayudarla a superar el miedo
– Entonces lo único que tiene que hacer ir con su padre y ya listo, ¿no?
– El asunto es que el piano es un tema delicado – Adella sacudió la cabeza – No sabemos si papá puede ayudarle, aunque lo está intentando. De verdad lo está intentando. La mejor persona que puede guiarla a volver a tocar es Sebastián, pero es como él dice: ella no se acerca al piano porque tiene miedo de el
– ¿Qué está pensando, que va abrir una gran boca y se la va a tragar? – Perla se burló.
– Es más complicado que eso – Attina no levantó la mirada – Los temores de Ariel provienen del accidente que tuvo y se mezclaron con el piano. Ella no tenía miedo de no usar su mano o al menos de la manera en que debía tenerlo alguien que ama tocar. Sus miedos residen únicamente en los sonidos que imiten estos instrumentos
– Uhm, no entiendo muy bien lo que dices – Perla torció los labios mirando el piano – pero parece más complicado de lo que se ve
– Lo es de cierto modo – Attina asintió con una pequeña sonrisa – pero logrará superar esos miedos, no tengo dudas de ello
– Solo esperemos que no tenga una idea loca ahora que la ponga en más problemas – Alana dijo con una sonrisa temblorosa.
– ¿Qué tantos problemas puede tener si solo tiene que encontrar una forma de superar sus temores? – Arista preguntó alzando una ceja, ganándose varias miradas. Parpadeó un momento y luego comprendió con temor la respuesta obvia que estaba implícita en su propia pregunta – Oh…
Flounder no era la persona más valiente de todas, por el contrario, el día que había que hacer fila para recibir una inyección de agallas para el resto de su vida él no había asistido porque tenía miedo a las agujas. Sí, así es cómo el describía su falta de valentía. Sin embargo, pese a esta realidad vergonzosa, él podía llegar ser valiente cuando se necesitaba. Si algún amigo suyo estaba en problemas no dudaba de ayudarlo aun si eso significaba tragarse el temor y avanzar un paso en lugar de retroceder dos.
Era una persona muy leal y fiel. Eso nadie podía discutirlo, independiente si era la clase de persona que huia de las casas embrujadas en Halloween o temblaba cuando la policía le hacía preguntas –incluso si él no tenía relación con ellos–.
Su lealtad era primero ante su miedo…
Bien, si dejamos eso claro, hay que recordar que él jamás se aventuraba a cometer dos veces la misma locura. Primero porque su corazón no aguanta tanto temor y segundo por qué, como se dijo, era una locura. Entonces, teniendo todo esto claro, ¿podría alguien explicarle a él que hacía en medio de la calle sentado de espaldas a Ariel quien tenía los ojos cerrados como si estuvieras meditando?
¡En cualquier momento aparecería un auto y los iba a arrollar!
– Yo no creo que esto haya sido a lo que se refirió Sebastián con superar tus temores – Él dijo nervioso mientras miraba hacia el frente a la espera de que ningún auto apareciera. Algunas personas que pasaban los miraban interrogantes, seguramente pensando qué había mal en la cabeza de ambos chicos.
– Pero esta es la única idea que tuve.
– Ariel, piensa un poco, ¿cómo esto te ayuda a no tener miedo?
– Porque fue en esta calle donde me atropellaron – Ella dijo como si fuese obvio y aunque lo estaba disimulando bien, Flounder podía sentir el temor corriendo por el cuerpo de la muchacha. Pequeños temblores, voz nerviosa – Si un auto viene, todo lo que tengo que hacer es moverme y listo. Temores finalizados.
– Esa es una idea terrible – Alguien dijo causando que los dos jóvenes voltearan la mirada hacia un lado. Flounder reconoció a Eric de pie mirándolos con una sonrisa divertida en sus labios, algo inclinado hacia el frente y con las manos en los bolsillos de su pantalón. El muchacho se enderezó alzando una ceja con curiosidad mientras los miraba. – Seguros que no están intentando matarse
– Eso es lo que yo pensé – Él respondió con nervios – ¿Qué haces tú aquí?
– Echándole un último vistazo al pueblo antes de marcharme – Respondió el muchacho con calma – También comprando recuerdos para mis padres
– Espera, ¿te vas así nada más y sin decirme nada? – Ariel lo miró molesta. Ella se puso en pie causando que Flounder cayera de espaldas al suelo y luego camino hacia él con una mueca molesta en sus labios – Es una broma, ¿verdad?
– Iba a decírtelo cuando se suponía que saliéramos, pero has estado tan ocupada con los chequeos médicos y trabajando con tu mano que no he tenido la oportunidad – Él se rascó la nuca nervioso – Quedamos de salir mañana así que pensé en contártelo ahí, aunque ya es bastante tarde para poder hacer algo
– Estúpido accidente – Ella resopló – Desde que lo tuve solo he estado aplazando y aplazando todo
– Estoy seguro de que esa no era su intención – Flounder se levantó del suelo quitándose el polvo y salió rápidamente de en medio de la calle justo cuando un auto doblaba en la esquina y pasaba por la zona en donde ellos estaban sentados anteriormente.
Él se quedó mirando aliviado de haberse movido rápido mientras que Ariel soltó un zapateo en el suelo –con su izquierda– y gruñó señalando el lugar en donde había estado sentada.
– ¡Arruinaste mi plan! – Ella miró a Eric molesta.
– Dirías que te salve la vida, por segunda vez – El muchacho sonrió despreocupado.
– No puedo creer que te estés burlando después de no haberme contado que te marchabas.
– No es para tanto. Regresaré pronto, te dije que había encontrado una razón para quedarme, ¿no?
– Oh… – Ella parpadeó avergonzada – Claro, ya lo sabía
Eric la miro con una sonrisa en su rostro y todo lo que Flounder pudo pensar era en que desearía estar en otro lugar y no ahí. Hizo una mueca mirando hacia un lado, intentando no prestar atención a la conversación de ambos.
– Está bien, nos veremos luego.
Él vio al chico alejarse con una gran sonrisa en su rostro. Echó una mirada hacia su amiga y sonrió torcido, divertido con lo que estaba por decir, y a riesgo de sonar como sus hermanas, Flounder sabía que ellas tenían razón.
– Te gusta él.
– Por favor…
– Iban a ir a una cita – Él sonrió recibiendo un golpe de parte de ella – Vale, dejaré el tema si prometes que no me molestarás a mí luego
– Oh te refieres a esa chica del club de lectura.
– Basta – Se rió Flounder alzando las manos por detrás de su cabeza – ¿Y bien, qué sigue ahora?
Ariel volteó la mirada hacia la calle y luego hacia otro lado mientras pensaba en qué hacer. Flounder sonrió levemente antes de encogerse despreocupado.
– Estoy pensando qué tal vez debas optar por algo diferente
– ¿Algo diferente?
– Creo, porque veo que tú no te has dado cuenta, de que la respuesta a lo que estás buscando es más sencilla de lo que piensas. Te daré una pista, está relacionada con el agua.
– ¡La montaña rusa! – Ariel dijo un aplauso con comprensión – Es verdad, se suponía que planeábamos ir a la montaña rusa cuando paso el accidente
– Espera, no, Ariel, no me refería a eso – Él muchacho corrió detrás de ella y antes de darse cuenta estaba formado para subir a la montaña rusa. Era sorprendente como la fila para subirse era desde el triple de corta que durante los eventos del reino. El tiempo se redujo de dos horas a nada.
– Estoy pensando – Flounder murmuró tomando asiento en el carril de la montaña – que no quieres superar tu temor y buscas excusas tontas para no pensar en ello
– ¿Qué te hace pensar eso?
– ¿En realidad me estás preguntando eso cuándo casi fuimos atropellados y cuando estamos montados en una atracción?
– Vamos, no es tan malo.
– Ariel, estás olvidado que tu hermana… – Cualquier cosa que hubiera dicho murió enseguida. El juego se puso en movimiento y antes de que el pudiera terminar la frase, la colina que habían subido en los carriles fue descendida a gran velocidad. El muchacho grito y no le avergonzaba decir que incluso soltó algunas lágrimas mientras gritaba, seguramente el viento chocando en sus ojos había causado ese fenómeno, porque él definitivamente no estaba llorando, eso era seguro.
La montaña rusa tenía un trayecto bastante amplio así como también tenía gran parte del trayecto sobre el agua, lo cual hacía que el muchacho se sintiera abrumado y asustado. ¿Qué tal si las vías se oxidaban por el mar y se rompían cuando ellos pasaran? Parece que estaba comenzando a marearse y no era a causa de las vueltas que daba aquella atracción del demonio.
– Voy a vomitar – Murmuró él cuando el trayecto comenzó a pasar por el mar, iba lento, recto, pero delante de él, a varios metros había una vuelta antes de que hiciera una curva de cabeza. Su corazón estaba saltando de su pecho con tanta intensidad. Echó un vistazo rápido hacia Ariel, listo para decirle sus últimas palabras, cuando se sorprendió de verla completamente distraída. Ella miraba el mar en ese momento, su propio reflejo en aquellas aguas oscuras y saladas, su mente viajando a otro lugar, a miles de kilómetros lejos de la atracción. Parecía hipnotizada.
¡La curva!
Flounder había agradecido que aún no había almorzado ese día, porque de lo contrario sería una pena dañar el océano con su vomito –que siendo sincero, él estaba seguro que habría vomitado de haber almorzado. A él siempre le habían gustado las playas y los mares que rodeaban a la Atlántica, el agua era cristalina y tan clara, pero cuanto más se acercaba a lo profundo se volvían más oscuras y más densas. Las playas de su ciudad natal era verdaderamente hermosas y aunque los deportes que más se practicaban en el agua constaban de surf, natación y sky acuático, rara vez había gente disfrutando de esos deportes durante el invierno. La natación era uno de los deportes más jugados en la Atlántica, o al menos era uno de los que él más conocimiento tenía, probablemente debido a que la hermana de Ariel lo practicaba y él solía acompañar a la pelirroja a verla competir.
Cuando el carro finalmente se detuvo, de regreso en la zona de partida, él solo podía ver el mundo girar a su alrededor y su estómago revolverse hacía sentirse peor de lo que debía sentirse. Él prácticamente salto de la vagoneta y corrió hacia el basurero más cercano. No vómito, pero ganas no le faltaban.
– Tenías razón – Ariel dijo con calma mientras se acercaba a él. Una extraña expresión seria, si emociones, estaba en su rostro.
– ¿Eh? – Parpadeó confundido mientras revisaba en su bolsillo el dinero que tenía, necesitaba comer algo y beber algo pronto.
– El agua es la respuesta.
– No, yo me refería al agua – Él sacudió la cabeza – Estaba pensando más en…
– Aquata – Ella dijo calma – Querías que hablara con ella para obtener un consejo de cómo superar el temor. Yo quiero mucho a Aquata, pero dudo que ella pueda ayudarme
– ¿Entonces, cuál es el plan?
Ella tragó saliva volteando la mirada hacia el mar. Su expresión aun no cambiaba para nada, parecía ensombrecida.
– Desde el accidente he tenido una serie de sueños extraños – Ella dijo sin apartar la mirada del mar – Pensé que la única manera de usar el piano era enfrentar aquello que causo mi temor en el piano, pero mi último sueño no tiene nada que ver con un títere o con el accidente, tiene que ver con el mar
– ¿Qué quieres decir con eso?
– Que no sé cuál es mi verdadero miedo hacia la música – Ella dijo mientras lo miraba confundida – Todas las noches despierto empapada de sudor y con el cuerpo temblando, da igual cual de esos dos sueños tenga, ambos son una pesadilla y ambos son un recuerdo. Estoy segura de eso. En uno de ellos estoy siendo obligada por un títere a oír la misma melodía que escuche en mi cabeza cuando me atropellaron, la misma melodía que podía hacer en un piano mientras que en el otro sueño me estoy ahogando y no puedo oír ningún sonido – Su expresión se endureció – Sebastián dijo que tengo que superar mis miedos, pero ahora mismo no sé cuál es mi verdadero miedo o si ambos son fragmentos de la misma pesadilla
Flounder guardó silencio mirando a la joven. Echó un vistazo rápido a su alrededor y luego a ella con curiosidad.
– ¿Qué harás entonces?
– No lo sé – Sacudió la cabeza bajando la mirada hacia sus manos temblantes – ¿Qué debería hacer en esta situación?
– Tienes que encontrar la fuente de tu pesadilla, Ariel, si no sabes eso entonces jamás podrás recuperarte.
– ¿Y si en uno de mis sueños tuviera una pista de en donde se encuentra la fuente de mis pesadillas, pero al mismo tiempo no tuviera nada que ver con el accidente?
– Eso no lo sabes – Él la miro con calma, deseando que Ariel no cometiera una locura – A menudo los sueños se muestran diferente para que tu mente trabaje en ello. Si sientes que es ahí donde reside el miedo, debes intentar superarlo a través de ello
La chica bajo la mirada pensativa.
– Por favor, Ariel, no cometas una locura.
– Tranquilo, no lo haré – Ella dijo con tanta seriedad que él quiso creerle, pero sabía que en la posición en la que ella se encontraba su mente no estaba pensando con claridad y él deseaba que lo que fuera a hacer no fuera grave.
El sonido se sentía ahogado para ella, sus oídos tapados pero al mismo tiempo. Tenía los ojos cerrados mientras intentaba centrarse en que su cuerpo siguiera pesando para poder hundirse más y más en el fondo del océano. Lentamente abrió los ojos, enseguida sus ojos comenzaron a escocerle y sus manos que se encontraban hacia los lados se movieron a través de las aguas cristalinas hacia arriba, intentando tocar la superficie. El fondo del océano era oscuro y daba miedo, pero en ese momento todo lo que Ariel podía ver era la luz del sol reflejándose en la superficie y burbujas saliendo de su boca lo que ella suponía eran sus últimos suspiros antes de quedarse sin aire ahí abajo.
De un momento a otro, en el que ella no comprendió lo que sucedió, su cuerpo estaba completamente en al superficie y su cabello rojo se pegaba a su rostro impidiéndole ver. Estaba molesta y a medida que movía su mano para quitar los mechones pegados a su rostro observaba molesta a Aquata que se encontraba ahí a su lado, quitando sus propios mechones de su rostro.
– ¿Qué haces? – Se quejó la menor antes de nadar rápidamente hacia el borde de la piscina.
– Que qué hago. Estaba salvándote, idiota – La castaña alzó la voz saliendo de la piscina junto a un gran chorro de agua que salió de su cuerpo. La muchacha recogió la toalla que había dejado en el suelo y comenzó a secarse el rostro – ¿Cómo se te ocurre lanzarte a la piscina con la pierna lastimada y peor aún, quedarte bajo el agua? ¡Es qué quieres matarte!
– Lo tenía controlado.
– ¡Te estabas ahogando!
– Eso no es verdad.
– Ariel, si te vieras a un espejo sabrías que te estabas ahogando – La muchacha dio un paso hacia ella, sorprendentemente rápido y sin resbalar a causa del agua que goteaba de su cuerpo y mojaba los bordes de la piscina. La tomó de la mano bruscamente y le enseño sus propias uñas, las cuales no eran rosadas clara sino morada – ¡Pudiste haberte matado!
– Eso no prueba nada – Dijo la muchacha jalando su propia mano de regreso mientras secaba su cabello con una toalla. Desvió la mirada hacia la piscina nuevamente y resopló pesado. En su cabeza ella se encontraba en el fondo del océano, no en una piscina y aun así no se había sentido para nada como en su sueño. Algo estaba haciendo mal.
– ¿Qué está pasando aquí? Los gritos se escucharon hasta la casa – Andrina salió por la puerta trasera mirando a las dos chicas con sorpresa en su rostro. La mirada de Ariel rápidamente se movió hacia la ventana más cercana en la cual pudo ver a Adella y Arista mirando desde ahí, junto a ellas podía ver el piano de su madre.
– Nada – Ella respondió bruscamente mientras secaba su brazo.
– ¿Por qué estás toda mojada?
– Porque es Ariel y no piensa las cosas antes de hacerla – Aquata dijo enojada – No sé qué intentabas hacer, pero ya basta. Sigues haciendo ese tipo de cosas que hace que nos asustemos
– ¿De qué rayos estás hablando?
– Primero dejaste de tocar el piano, luego estabas leyendo, Ariel, leyendo y ahora te lanzas de cabeza hacia la piscina con la intención de ahogarte.
– Lo que haga no es de tu incumbencia.
– ¡Lo es! Para empezar, no debería ni siquiera haberte visto aquí – Ella gruño – Suelo nadar a esta hora y mientras yo nado tú estás adentro tocando el piano. ¿Sabes lo extraño que es para mí nadar y no escucharte? Lo que es peor, llegar a la piscina con la intención de practicar mi carrera y de pronto verte ahí en lo más profundo a punto de ahogarte
– ¿Qué diablos tiene que ver el piano con esto? Además, si quiero lanzarme de cabeza a la piscina puedo hacerlo. No recuerdo que tenga tu nombre escrito en ella.
– ¿Qué está pasando? – Arista salió por la puerta mirando preocupada a las dos chicas.
Ariel resopló mirando a su hermana y luego sacudió la cabeza – Me largo de aquí.
– Hey, no he terminado de hablar contigo – Aquata la detuvo molesta.
– Suéltame, tengo cosas que hacer.
– Sí, cómo lanzarte al océano ahora – Ella jamás había visto a Aquata molesta como en ese entonces.
– Como alejarme de ti – Ella dijo entre dientes. Sus ojos brillaron furiosos. Ella solo quería marcharse y culpar a Aquata de no haber superado su miedo, de ver todos los días la herramienta sobre la mesa y ver el piano, saber que estaba desafinado y que ella tenía que afinarlo para demostrar que miedo no tenía. Este era el método, ella lo sentía correcto. Si se lanzaba al agua podría encontrar esa melodía oculta bajo el profundo océano para poder escapar de esa pesadilla. Lo sentía y lo sabía, pero al mismo tiempo quizá la piscina no era el lugar correcto.
Aquata no tenía la culpa de sus problemas. Quizá debió haber hecho lo que Flounder le aconsejo y debió acercarse a la castaña a pedir ayuda, pero ella quería resolverlo sola, pues sola se metió en ese embrollo.
Estaba tan desesperada por escapar de la pesadilla que comenzaba a cometer locuras sin pararse a pensar que podía lastimar a alguien. Su hermana la miraba intensamente y Ariel supo que era su turno de disculparse. Lo hizo y Aquata aceptó la disculpa así como también le hizo prometer no volver a hacer ninguna locura como esa, ella lo aceptó a regaña dientes y estuvo tentada a cruzar los dedos, pero termino por no hacerlo.
Sus hermanas la querían, se preocupaban por ella y por lo que Ariel estaba viendo, ellas también tenían ese deseo desesperado –bien oculto, las desgraciadas– de que volviera a tocar el piano. Eso basto para sentirse reconfortada y para no sentirse sola.
Parecía como si poco a poco sus hermanas hubieran sido tocadas por el piano y aquello era una esperanza para quitar todo ese dolor que el piano causaba, tanto a ella como a sus hermanas y como a su padre. Esta era su tarea, tenía que realizarla y lograrla.
El último recuerdo de su madre no iba a ser manchado por el miedo.
Continuará…
N/A: Sé que he dejado pasar mucho tiempo desde la última actualización y no, no es que vaya a actualizar una vez a la semana, es que he estado muy ocupada con unos asuntos universitarios y no he encontrado el tiempo para actualizar, se suponía que ya desde el viernes pasado estaría terminado todo, pero aun sigo metida en muchos líos que me impiden subir capítulos y me estresan, así que yo espero, quiero y deseo que ya esta semana quede libre de tareas y trabajos y ensayos y cosas que me estresan para poder subir los capítulos. Realmente espero que todo se ponga en orden esta semana.
~ Comentarios:
- TsukihimePrincess: Creo que Perla es como la típica adolescente, en este caso joven, que le encanta todo lo relacionado con los chismes, las fiestas y divertirse, de hecho en la serie de televisión es así. De hecho, a mí me gusta escribir sobre Perla, son momentos pequeños los que aparece, pero ese sentimiento de querer saber todo de todos me gusta en ella. Se viene lo grande con el piano...
Bueno eso ha sido todo por hoy, espero de verdad poder volver a actualizar seguido en este fics, lo digo en serio, así que sí hay gente que ha estado leyendo esto y se ha preguntado qué sucede con la actualización, pero no quiere comentarlo... (yo no digo nada sobre comentar... ejem... ejem...) ya sabe qué es lo que está pasando actualmente en mi desordenada vida... Espero que les haya gustado el capítulo, tengo muchos, pero que muchos deseos de subir el capítulo 15 porque es uno de mis favoritos, fue uno de esos que una vez que empece no pude parar créanme, lo vale...
Dejen reviews.
Se despide Lira12.
