Disclaimer: los personajes le pertenecen al gran Masashi Kishimoto.
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#11. Deudas saldadas.
Si a Hinata le hubieran dado la oportunidad de salir de ahí, sin duda lo hubiera hecho. El silencio que las rodeaba a ambas era bastante incómodo. Tenía la leve sensación de que esa chica la odiaba, y no tenía idea del porqué.
¿Qué podía hacer? Lo único que se le vino a la cabeza fue tratar de establecer una conversación con Misao.
—R-realmente estoy sorprendida —dijo—, es curioso que nos encontráramos de esta manera, ¿verdad?
Misao se sorprendió un poco al ver que la pelinegra trataba de platicar con ella.
—Sí, claro —respondió por cortesía.
Y de nuevo, el silencio se instaló entre ambas. Hinata miraba de un lado a otro, esperando a que Naruto entrara y le dijera que era hora de irse, en cambio, la castaña simplemente movía la cuchara en su sopa con total aburrimiento. Ambas tenían cara de querer irse.
—Naruto-kun habla mucho de ti —volvió a intentar—, realmente te aprecia mucho, ¿qué tal es trabajar con él?
Aquella pregunta, hizo que la chica se irguiera en la silla por puro inercia, como si hubieran tocado un tema delicado. ¿Por qué la esposa del chico que le gustaba le hacía una pregunta cómo esa? Era bastante irónico.
Carraspeó un poco.
—Es… divertido —sin darse cuenta empezó a hablar, dejando de lado la cara de amargura que había tenido durante toda la cena—, Naruto siempre tiene qué decir, aunque sea una tontería. Aprendió bastante rápido a usar los aparatos, y ahora los huéspedes prefieren que sea él quien les enseñe, es un poco gracioso —se encogió de hombros—. Yo también lo aprecio mucho, es muy buen amigo.
La Hyūga, miró fijamente a Misao, como si quisiera adivinar segundas intenciones detrás de sus palabras, y lo hizo. Todo pareció encajar dentro de ella en cámara lenta, como piezas de un rompecabezas. Si en algún momento se había sentido insegura sobre la nieta de los Kurosawa, ahora lo hacía más.
—Sí, y él también te considera buena amiga —tomó un trago de jugo, sin saber qué más decir. ¿Así que todo el tiempo había estado en lo correcto? ¿Misao realmente estaba enamorada de Naruto? Aquello hizo desaparecer todas sus ganas de continuar una conversación.
Si no fuera porque lucía bastante sería, Misao pensaría que se estaba burlando de ella.
Se mordió el labio, indecisa en decir lo que estaba pensando.
—Me ha platicado mucho de ti, Hinata-san.
Aquello fue como un balde de agua fría para la pelinegra. Abrió los párpados, realmente no se esperaba aquello.
Es decir, Naruto podía ser muy parlanchín, pero solía ser muy reservado con sus cosas. ¿Realmente a ese nivel era la confianza que le tenía a esa chiquilla?
—¿De verdad? —preguntó confundida, ¿cómo respondía ante eso? Carraspeó un poco antes de continuar—, espero que cosas buenas.
Misao asintió.
—Sí, también contó cómo se conocieron.
Hinata, al escuchar aquello, se relajó un poco.
—Oh, ya veo —apretó fuertemente su vestido. Muchas cosas giraban en su mente en ese momento, nunca había estado en una situación parecida, las chicas no solían interesarse en Naruto, algo que a ella le parecía increíble, porque realmente era un gran chico.
¿Cómo enfrentaba esa situación? Observó a Misao discretamente, lucía incómoda y confundida, ¿y cómo no estarlo? Debía ser horrible estar frente a la esposa del chico que le gustaba, aquello hizo que la compadeciera un poco.
¿Por qué no se estaba molesta? Sí, estaba algo turbada, pero no sentía ira o algo parecido.
Fue cuando se dio cuenta que se sentía levemente identificada. Los amores no correspondidos siempre eran dolorosos, y más durante la adolescencia, ella lo había vivido en carne propia.
—Si te soy sincera, estoy algo sorprendida, Naruto-kun siempre ha sido muy amistoso, pero selectivo. Sin embargo, contigo parece abrirse totalmente —dijo con toda la sinceridad del mundo.
La Kurosawa se sorprendió ante esas palabras, ¿de verdad el rubio la estimaba de esa manera? Independientemente de que a ella le gustara, lo consideraba una persona valiosa, aún no podía olvidar cómo al primer día de conocerlo, terminó contándole sus problemas, y Naruto pareció comprenderla como a nadie.
—Eso… —tragó saliva, ¿cómo podía responder ante eso?—. Cuando nos conocimos, terminé desahogándome con él, y me escuchó, creo que se sintió comprendido en algunas cosas. En lo personal, aprecio mucho lo que hizo por mí en ese momento, no me juzgó.
—Sí, te entiendo —la pelinegra sonrió—, es una facilidad de Naruto-kun, logra conectar con las personas como nadie. Nosotros nos conocemos desde pequeños, en ese entonces yo era muy tímida y temerosa. Ahora, cuando lo pienso, me doy cuenta que he cambiado mucho, y todo gracias a él, me hizo superar mis miedos.
Misao se dio cuenta de que los ojos de la chica brillaban con emoción.
—¿De verdad? —murmuró—¸eso suena como algo que Naruto haría.
—Claro —Hinata asintió, perdida en sus recuerdos—. Cuando pienso en eso, no dejo de sentirme agradecida, ha sido un largo, largo camino. No hay un antes o después, Naruto-kun es todo para mí, mi luz, quiero que se quede mi lado por siempre —miró a Misao—, soy bastante egoísta, ¿verdad?
Al mirar a aquella mujer hablar con el corazón en la mano, fue todo lo que necesitó para comprender que no era una mala persona.
—No lo creo —respondió—, yo también lo sería.
Sí, si tuviera un amor así, haría lo mismo… pero no lo tenía.
Aquello hizo que se diera por vencida, ¿a quién intentaba engañar? No estaba en una competencia, porque nunca hubo nada que ganar.
Desde sus pláticas con el Uzumaki, estaba muy consciente de que él amaba profundamente a su esposa. Sin embargo, siempre había tenido la ligera esperanza de encontrar fallas en ella, y que no fuera tan perfecta como Naruto la pintaba. Pero estaba equivocada.
Toda Hinata destilaba un amor sincero y puro.
Desde las miradas que le había dado durante la cena, o el simple hecho de que sólo hablara de él, aunque pareciera no darse cuenta.
Al comprender aquello, sintió que la incómoda presión en su pecho disminuía. Estaba feliz, realmente feliz… se alegraba enormemente que un chico tan bueno como Naruto, tuviera a alguien que lo amara de esa manera.
No necesitaba nada más, saber eso era suficiente.
—Sabes, Hinata-san, Naruto me dijo algo parecido.
La aludida se ruborizó.
—¿D-de verdad?
—¡Síp! —Misao sonrió por primera vez en la noche—, algo como «estar con ella es lo más genial que me ha pasado», y un montón de palabras vergonzosas —puso los brazos sobre la mesa, y recargó su cabeza, mirando fijamente a la chica—, deberías sentirte orgullosa.
—E-eso suena como Naruto-kun —sintiéndose más relajada, le devolvió la sonrisa—, gracias por decírmelo.
—No hay problema.
Ambas se quedaron en silencio de nuevo, cada una pensando adecuadamente en lo que iba a decir. Estaban conscientes de que se habían juzgado erróneamente.
Misao no intentaba robarse a Naruto, y Hinata no era una mujer malvada.
—Hinata-san
—Misao-san
Ambas hablaron al mismo tiempo, al darse cuenta de esto, sonrieron brevemente.
—Tú primero —dijo Hinata.
—Yo… —por un momento, pensó en decirle sobre los sentimientos que albergaba en su interior, pero volvía a lo mismo, ¿cuál era el caso? Esa pareja no merecía momentos incómodos causados por sus hormonas adolescentes—. Yo realmente aprecio a Naruto, lo considero muy buena amigo, y… bueno, me da gusto que tenga a alguien que lo quiera tanto, se lo merece.
Al escuchar aquello, la Hyūga sonrió. No era tonta, sabía que esa chica se preocupaba por el rubio mucho más que un amigo, era tan notorio, desde su actitud despectiva al conocerse, o su aura incómoda en la cena, sin embargo, lejos de preocuparle como el principio, se alegró. Misao lucía bastante madura, y sobre todo, era buena persona, porque aún recordaba cómo la había ayudado en el supermercado.
Estaba contenta de que Naruto estuviera rodeado de personas que lo apreciaban de ese manera.
Tal vez estaba mal que no se sintiera afligida por el hecho de que Misao estuviera enamorada de su esposo, pero, ¿por qué tendría que estarlo? La persona que más conocía a Naruto, y tenía su corazón, era ella.
Todo lo que habían vivido juntos no iba a desaparecer tan fácilmente.
—Yo te quería agradecer, por lo que hiciste por mí en aquella ocasión, y también por le hecho de que apoyes a Naruto-kun de esa manera —suspiró—. Hemos pasado por muchas cosas para llegar hasta aquí, y una de ellas, fue dejar a todos nuestros amigos en Tokio. Aunque él diga que no importa, sé que le afectó, no es fácil abandonar todo así de repente. Así que, gracias por ser su amiga y escucharlo, incluso personas como él pueden llegar a sentirse infelices.
Y lo decía de corazón. Porque así como estaba segura del amor de Naruto, también sabía que había partes de él a las que no podía llegar, y no por falta de confianza, simplemente que el chico jamás le diría cosas que pudieran herirla aunque fuera de una manera superficial. Naruto creía que si le decía que extrañaba a sus amigos, ella pensaría inmediatamente que era su culpa.
Aunque apreciaba que tuviera esas consideraciones, a veces deseaba que perdiera ese miedo a lastimarla.
Misao entendió totalmente el mensaje, ¿de verdad ayudaba a Naruto? Sintió cómo su corazón se aceleraba, y una agradable sensación le llenaba el pecho.
Sí, tal vez sus sentimientos no llegarían a ningún lado, pero aun así, saber que hacía feliz, aunque fuera un poco a la persona que le gustaba, le alegraba.
Observó a Hinata con ternura, era una gran mujer. No lo decía por su apariencia física y sus buenos modales, sino por la forma delicada en la que trataba a las personas. Aunque la mujer dijera que Naruto era quien tenía la facilidad de ganarse a las personas, ella no creía que fuera así.
Porque acababa de hacerla destruir sus barreras sólo con unas simples palabras.
—Tal vez… ¿podríamos llegar a ser amigas? —dijo Hinata, casi en un susurro, interrumpiendo sus pensamientos.
Misao abrió los ojos con sorpresa al escuchar eso. ¿Ser amigas? Lo pensó durante unos instantes, sin embargo, la verdad es que no se sentía segura del todo. Sus sentimientos por Naruto seguían ahí, latentes, era incorrecto establecer una amistad con Hinata teniendo tales pensamientos.
Le sonrió con mucha sinceridad.
—Mmm... ¿algún día?
Lejos de molestarse, la Hyūga asintió bastante entusiasmada.
Porque entendía la situación de esa chica, y a su manera estaba tratando de ser trasparente, cosa que le agradecía enormemente.
—Estaré esperando, entonces —le extendió la mano, como si aquello fuera un trato a firmar.
Y Misao, sintiéndose menos atormentada, más ligera, le extendió la suya.
Era una buena manera de empezar, ¿cierto?
La primera impresión de Kushina, al ver a Hanabi, fue que era la perfecta mezcla de Hana y Hiashi, con una mirada penetrante, pero una belleza sin igual.
La niña que recordaba se había convertido en todo una mujer. Si sus cuentas no le fallaban, tenía unos quince años, sin embargo, su cara, y la forma de vestirse, reflejaban mucho más edad.
Se agarró fuertemente de la puerta, con miedo a que las rodillas le fallaran. ¿Qué hacía Hanabi ahí? De verdad que no lo entendía.
¿Tal vez Hiashi la había mandado? El sólo pensarlo, sintió cómo se le revolvía el estómago.
—Tanto tiempo, Kushina-san —dijo la chica.
No le respondió. Se sentía desarmada.
Nunca se había sentido tan nerviosa, ni cuando Naruto llegó tomando la mano de Hinata, cuatro años atrás, diciendo que era su novia. Esta vez, el sentimiento era diferente, y no le agradaba para nada.
—Ha-Hanabi-chan —susurró—, ¿qué haces aquí?
La Hyūga sabía que no era muy bienvenida ahí, se notaba en la cara de espanto de la mujer.
—Quiero hablar contigo, si se puede.
Kushina parpadeó, sin comprender.
—¿Cómo te puedo ayudar?
—Sobre mamá —Hanabi frunció el ceño—, necesito que me digas todo sobre mi madre.
Aquello hizo que la pelirroja se estremeciera, y de pronto, un viejo recuerdo hizo eco en su mente, uno que la atormentaba desde hacía diez años, el causante de sus ataques de nervios y la infelicidad de Naruto.
No entendía muy bien lo que estaba pasando, ¿estaba haciendo lo correcto? Todo era demasiado apresurado. Sin embargo, al ver lo desesperada que estaba su amiga, no lo pensó más, y le extendió las llaves del auto.
—Hana, ¿estás realmente segura? —dijo, al observarla subirse al coche.
—No tengo otra opción —respondió la castaña, mientras metía las llaves—, realmente no la tengo.
—Pero, ¿y tus hijas? ¿Las vas a dejar?
Aquello hizo reaccionar a Hana, bajó la ventanilla, para encarar a Kushina.
—¿Y qué más puedo hacer? No puedo llevarlas conmigo —tragó saliva, mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas—, por lo menos no ahora. ¿Entiendes lo que trato de decirte? Si Hiashi-san se entera de esto, me va a matar y a ellas también, realmente lo hará, ¡no lo conoces!
Podía observar el miedo en la mirada de la mujer.
—Pero, ¿no es peor dejarlas con él? No entiendo… son tus hijas.
Pero la Hyūga estaba tan cansada ya de luchar, no había otra salida.
—Hay otra razón más importante ahora, y sólo hay una persona que puede ayudarme, ¿lo entiendes, verdad? —la voz le temblaba—. El sólo pensar en mis pequeñas, se me parte el corazón, Kushina, pero no puedo quedarme, necesito luchar esta vez por mí misma, necesito vivir, por él y por mí.
Si tan sólo las cosas fueran diferentes. Su matrimonio era un rotundo fracaso, y ella ya no estaba dispuesta a seguir adelante, por más que amara a ese monstruo que tenía por esposo, y a sus hijas.
Y aunque el suicidio había sido muchas veces una opción, ahora aquella idea estaba totalmente olvidada.
—P-pero Hana, todo esto es una locura… ¿qué harás sola? —sintió que sus propios ojos se le llenaban de lágrimas—, ¿qué haré sin ti?
Antes de responderle algo, Hana abrió su bolso, y sacó un grueso fajo de hojas.
—Toma, aquí —se las extendió a su amiga—, son las últimas páginas de mi diario.
—¿Por qué me las das?
—No pude tomar el diario, se darían cuenta, pero arranqué las hojas más importantes. Si me llegara a pasar algo, esto es mi punto de vista de las cosas, de todo lo que te he contado, cuando llegue el momento, sácalo a la luz, cuéntales a mis hijas, es lo único que puedo hacer por ellas.
Kushina observaba el gran fajo de hojas.
—¡No digas eso! ¡No va a pasar nada!
Recibió una triste sonrisa en respuesta.
—Gracias por darme dinero y tu auto para poder huir, gracias por apoyarme en esta decisión a pesar de que crees que es una tontería, gracias por no decirle a Minato-kun —tomó la mano de su mejor amiga de nuevo, y le dio un suave beso en los nudillos—. Gracias por ser mi única compañía durante tantos años, fuiste más que una hermana… y de verdad, lamento el tener que dejarte con un secreto tan grande, lamento el que nos tengamos que despedir de esta manera, realmente lo siento.
Fue todo lo que la Uzumaki necesitaba para entender que no había marcha atrás, sí, tal vez estaba comportándose como una horrible persona al ayudarla a escapar, ¿pero qué más podía hacer? Hana siempre había estado a su lado, en los momentos buenos y malos, sin importarle lo demás.
Tal vez, en unos años, cuando observara a Hinata y Hanabi, se sentiría como escoria, pero aprendería a vivir con ello.
—Te deseo lo mejor, amiga. Sé feliz, ¿de acuerdo? Y no regreses… no permitas que Hiashi te encuentre —sollozó.
Hana asintió, alzó la mano para despedirse, y sin voltear atrás, salió de la casa de Kushina, rumbo a un destino mejor, hacia un lugar donde realmente podría ser feliz.
—Sé feliz, Hana, sé realmente feliz —susurró la pelirroja, sabiendo que su mejor amiga no podía escucharla, y viendo a lo lejos cómo el auto de color rojo desaparecía.
¿Cuántas veces no se había lamentado de sus decisiones? Ni siquiera podía contarlas. La cara llena de tristeza de Hana parecía perseguirla a todas partes. ¿Realmente había sido una buena amiga? Siendo que indirectamente le había causado la muerte.
Si la hubiera convencido de no marcharse, si no le hubiera dado el dinero y prestado su auto, tal vez ella no estaría muerta, tal vez Hiashi no los odiaría, tal vez Naruto seguiría a su lado.
Pero las cosas no podían cambiar, Hana Hyūga, su mejor amiga, había muerto esa noche, en su auto, al salirse de la carrera gracias a la nieve.
Era como si ella supiera que ese sería su último día. Era como si el destino se hubiera empecinado en que nunca fuera feliz.
Kushina aún podía recordar el momento en que recibió la noticia, cómo había corrido debajo de la nieve, el impacto que se llevó al ver el carro destrozado sobre el camino congelado, debido a la tormenta que azotaba la zona. La sensación de la nieve llegándole a las rodillas, mientras trataba de acercarse al cadáver destrozado de su amiga, a los policía reteniéndola, la cara traumatizada de Hiashi, la silueta borrosa de Nao a la lejanía, y a ella culpándolos a ambos por aquella desgracia.
Todo estaba fresco en su memoria, y no dejaba de decirse una y otra vez, que era solamente su culpa.
Observó a Hanabi, y por primera vez, se sintió como una escoria. Había destrozado la vida de esa niña, y la de Hinata también.
—Pasa —murmuró.
Era lo mínimo que podía hacer por Hana.
El estudio del señor Kurosawa era bastante grande, con muebles de piel, grandes estantes llenos de libro, y un escritorio de manera en el centro.
—Por favor, siéntate muchacho.
—Sí —respondió Naruto, aún sin dejar de sentirse fuera de lugar.
Kazuo abrió un cajón de su escritorio, para sacar un pedazo de papel, el rubio no alcanzaba a distinguir de qué se trataba.
—Supongo que te estarás preguntando por qué quise hablar contigo, ¿verdad?
Naruto, algo avergonzado, asintió.
—La verdad es que sí, ¿sucede algo malo? ¿Algún huésped se quejó de mí en el hotel? Si es así, me disculpo, nunca ha sido mi intención causarle un problema, si quiere quitarme una semana de mi sueldo, o…
—Tranquilo, Uzumaki-kun, no es nada de eso.
—¿De verdad? —respondió algo confundido—, ¿entonces?
—Hay algo que quiero mostrarte.
El anciano le extendió el pedazo de papel a Naruto, fue cuando él se dio cuenta que se trataba de una vieja fotografía en blanco y negro.
En la imagen, había una hermosa chica, cargando un bebé, mientras un hombre sonriente la pasaba la mano por los hombros. Al lado de ellos, estaba un niñito de cabello puntiagudo, haciendo la señal de amor y paz, mientras un sujeto de cabello le apretaba el hombro, lucía bastante orgulloso.
El Uzumaki seguía sin entender, ¿por qué le mostraba aquello?
—¿Esto…?
—¿Los reconoces?
—¿Qué?
—¿Qué si los reconoces? —Kazuo se sentó al lado de Naruto y empezó a señalar a las personas de la foto—, la chica, es Nozomi, el bebé es mi hija Yuina, la mamá de Misao, y ese soy yo, obviamente. ¿En serio que no conoces a las otras dos personas? —preguntó, señalando obviamente al niño y el hombre de cabello largo.
Naruto observó la imagen con detenimiento, sentía que había visto los ojos de ese chiquillo en otra parte, pero no lograba recordar donde… lo pensó durante largo rato, hasta que algo hizo clic en su cerebro.
Claro que reconocía esos ojos, porque a pesar de la imagen estar a blanco y negro, sabía que eran iguales a los suyos.
Ese niño era su padre, Minato, y por lo tanto, el otro sujeto, era Jiraiya, su abuelo.
—¡¿Mi padre y Ero-sennin?! ¡¿Pero qué diablos?! —exclamó, abriendo los ojos como platos.
En otras circunstancias, el anciano hubiera reído ante sus reacciones, pero en vez de eso, suspiró.
—¿Confundido?
El rubio asintió.
—Sí..., ¿acaso usted conoció a mi abuelo?
—Así es, por eso te traje aquí —se levantó, y tomó otra fotografía que estaba sobre su escritorio—, te quiero contar sobre mi buen y viejo amigo Jiraiya.
En la nueva fotografía, ambos hombres tenía un vaso de cerveza en la mano, y brindaban.
Algo dentro de Naruto se removió, el ver a su abuelo en su juventud, luciendo tan feliz y radiante, parecía increíble. No era un secreto lo mucho que extrañaba a Jiraiya, y su admiración hacia él, todo el tiempo lo recordaba.
—Ero-sennin —susurró.
—Tal vez no lo recuerdas, pero Nozomi y yo estuvimos en el entierro de Jiraiya.
Naruto frunció el ceño, sin entender la situación.
—¿Por qué no me dijeron que conocían a Ero-sennin? ¿Por qué ocultarlo? —preguntó, mientras observaba la fotografía—, me hubiera gustado saberlo.
Kazuo suspiró.
—Me disculpo por eso, aunque Nozomi lo sugirió, yo le dije que esperáramos. Fue una sorpresa cuando nos dimos cuenta, tardamos un poco en asimilarlo.
—¿Pero por qué?
—Supongo que tendré que contarte desde el principio… ¿prometes escuchar hasta el final?
Sin comprender aún muy bien de qué iba el asunto, el Uzumaki asintió.
—Entiendo.
—Bien —el anciano sonrió—; Jiraiya fue mi salvador, hijo, bueno, el mío y de mi esposa, en muchos sentidos. Cuando terminamos la Universidad, cada uno agarró por su lado, aunque a mí no me fue en la vida tan bien como a él… vivía en un pequeño departamento con Nozomi, y muy apenas nos alcanzaba con los míseros sueldos que teníamos, ella trabajaba de mesera en un puesto de ramen, y yo entregaba volantes en las calles. Así pasaron alrededor de siete años, llenos de penurias, y muchas dificultades, sin embargo, a nuestra manera, éramos felices.
El rubio hubiera reído ante lo irónico de la situación, ¿quién hubiera pensado que le multimillonario Kazuo Kurosawa empezó desde abajo? Apretó los labios, sin saber muy bien qué decir, sabía de antemano lo que significaba vivir con el dinero contado, sin poder darte un lujo de vez en cuando, porque no alcanzaba. Conocía la impotencia de tener viviendo a la mujer que amabas en esas condiciones.
—Es difícil —susurró—, vivir de esa manera, sin el apoyo de nadie.
El anciano asintió.
—Así es, pero como te digo, Nozomi y yo nos las arreglamos durante muchos años. Pero todo cambió cuando quedó embarazada por segunda vez. Nos tomó por sorpresa a ambos, porque nos cuidábamos, además de que ella tenía problemas para engendrar, anteriormente ya había estado embarazada, pero perdió el bebé, aquello le afectó mucho, y desde ahí habíamos decidido no tener hijos, pero ya ves, la vida da vueltas. En ese entonces ambos teníamos veintiocho años, y estábamos llenos de deudas, sabíamos que cuidar de un niño era un gasto enorme, además de que el embarazo iba a ser delicado… y aún estaba la herida del hijo que habíamos perdido —el hombre suspiró—, la gente normalmente espera a sus hijos con amor y esperanza, nosotros, sin embargo, estábamos muy asustados, porque ella tendría que dejar de trabajar, además que se iba a necesitar mucho dinero para doctores, el parto, y esas cosas.
Se detuvo, y miró a Naruto un momento.
—No te estoy aburriendo, ¿verdad?
—No, para nada, por favor continúe —lo decía de verdad.
—Bien. Lo peor vino después, cuando Nozomi cumplió cuatro meses de embarazo, me corrieron del trabajo, no te imaginas la impotencia que sentí en ese momento, ¿de dónde íbamos a sacar dinero? Necesitaba sus medicamentos, las citas con el ginecólogo, preparar las cosa del bebé… pero, fue entonces cuando Jiraiya apareció, mi buen amigo Jiraiya.
—¿Ero-sennin? ¿Qué tuvo que ver él en todo eso? —preguntó el rubio, más confundido.
—Tu abuelo ya había fundado el Momiji Resorts, el hotel estaba en su más grande auge. Cuando me enteré de esto, lo primero que hice fue llamarle, y contarle la situación, Jiraiya, sin pensarlo dos veces me contrató, y me puso a trabajar en una de las sucursales, además de que compró un departamento para mí y Nozomi. Uzumaki-kun, no sabes lo que aquello significó para mí, fue como si me llegara alguien del cielo, nunca pensé que mi amigo, a pesar de tener más de siete años sin vernos, hiciera eso por mí.
Poco a poco las piezas del rompecabezas fueron encajando. Naruto entendió muchas cosas, ¿por eso el anciano había sido tan amable y sin pensarlo dos veces le dio el trabajo? Su corazón acelerarse, y una extraña conmoción lo embargó.
Todo aquello había sido gracias a Jiraiya, el saber que sus acciones del pasado lo habían salvado, le llenaron los ojos de lágrimas. Su abuelo, a pesar de estar muerto, seguía ayudándolo.
—Y-yo…, creo que mi abuelo quería que nos conociéramos, mandó a Kurosawa-san para que me ayudara. Usted fue ese ángel para mí y Hinata, y siempre le estaremos agradecidos —se inclinó, mostrando su respeto—, gracias por cuidar de mí.
El anciano observó al chico por un largo rato, a pesar de que era la viva imagen de Minato, toda esa tenacidad, y ganas de salir adelante, provenían de Jiraiya.
—Levántate, no es necesario, creo que es lo mínimo que puedo hacer por el nieto de una de las personas que más me ayudó —sonrió—. Sabes, trabajé durante muchos años en el hotel Momiji, Jiraiya me enseñó todo lo que sabía sobre administración, entre otras cosas. Un día, se me acercó y me dijo «Kazuo, tú ya no perteneces aquí, ve y funda tu propio negocio, estoy seguro que lograrás hacer algo muy grande», me liquidó con una fuerte cantidad de dinero, mucho mayor de lo que merecía. Sin pensarlo dos veces, decidí invertirlo en un viejo hotel que estaba hipotecado. Con el paso de los años, logré sacarlo adelante, y al final, se transformó en la cadena de hoteles Sakurabi —miró a Naruto—. Lo que trato de decirte, es que Jiraiya fue quien creyó en mí, y me dio los medios de ser quien soy, si no fuera por él, tal vez mi hija Yuina no hubiera nacido, y por lo tanto mi adorada Misao no estaría aquí. Si no fuera por él, probablemente Nozomi hubiera entrado en depresión. Le debo tantas cosas a Jiraiya, Uzumaki-kun, que lo mínimo que puede hacer por él, es regresarle el favor.
¿A qué se refería con eso?
—¿De qué habla, Kurosawa-san?
El anciano caminó hacia su escritorio, y sacó una carpeta de uno de los cajones.
—Cuando me contaste que tu padre había perdido el hotel, me sentí muy mal, yo estuve ahí casi desde el comienzo. Por eso, me dediqué a la tarea de buscar quiénes eran los nuevos dueños, y me sorprendí mucho al darme cuenta que se trataba del Grupo Hyūga, la familia de su esposa.
—Eso… es una larga historia. Pero, sí, ellos se apoderaron de todo, hace como ocho años, dejaron a mi familia en la ruina —al darse cuenta de sus palabras, se corrigió rápidamente—. Pero no hay de qué preocuparse, mis padres lograron salir adelante, y además, Hinata no tiene nada que ver con eso.
—Tranquilo, no te obligaré a que me hables de eso —sonrió, y le extendió la carpeta—. Esta es mi forma de pagar lo que Jiraiya hizo por mí.
Naruto observó el grueso folder, sin entender.
—¿Qué es esto?
—Eso, hijo, son los papeles de propiedad del viejo hotel de tu familia. Bueno, actualmente de los ocho que había a lo largo del país, sólo hay dos en funcionamiento, y su estado no es el mejor. Pero creo que tu familia y tú podrán hacerlos prosperar.
Aquello parecía suceder en cámara lenta, el Uzumaki no terminaba de creer lo que escuchaba.
Miles de recuerdos de su niñez hicieron eco en su mente, las sonrisas de su madre, la mirada amable de su padre, los rostros satisfechos de los clientes, el olor a hierbas de las aguas termales, el sonido de los cocineros en la mañana preparando los desayunos de los huéspedes.
Recordó a su abuelo llorando en silencio, debido a la pérdida de su hotel.
—Kurosawa-san, esto… yo no puedo aceptarlo, debió costarle muchísimo dinero. No es necesario, estoy más que satisfecho con lo que ha hecho por mí hasta ahorita, tome —le extendió la carpeta de regreso.
Kazuo negó.
—Eres un muchacho de buen corazón, desinteresado y con una bonita esposa —bromeó—, piensa en ella.
—Yo…
—Necesito hacer esto, Uzumaki-kun, me he lamentado todo este tiempo de que nunca pude terminar de devolverle el favor a Jiraiya. Por eso, por favor acepta el hotel de tu familia de regreso, sácalo adelante para que vuelva a brillar como hace unos años.
Naruto se quedó en silencio, incapaz de decir algo más, observó detenidamente la carpeta entre sus manos. ¿Qué era lo correcto? Él no ansiaba riquezas, ni lujos, llevaba casi la mitad de su vida viviendo como cualquier otra persona. Pero entonces, el rostro de Hinata destelló en su mente.
Apretó fuertemente el folder, y miró hacia el techo, como si de alguna manera pudiera ver a través de él, y llegar a su abuelo.
«Gracias, Ero-sennin», pensó.
Se giró hacia el anciano, y con una gran sonrisa, le extendió la mano.
—No sabe lo mucho que le agradezco —dijo—, y déjeme decirle algo, estoy seguro de que mi abuelo jamás quiso algo de vuelta, él siempre hacía las cosas de corazón, probablemente lo estimaba mucho, y quería que viviera cómodamente. Así es como era Ero-sennin.
Kazuo le extendió la suya, finalizando aquello con un fuerte apretón.
—No sabes lo feliz que me hace escuchar esas palabras. Y también me da gusto el haberte conocido, Uzumaki-kun, gracias a ti, puedo ver que Jiraiya sigue vivo, brilla dentro de ti —sonrió—. Puedes disponer del hotel cuando quieras, aunque, también puedes seguir trabajando en el Sakurabi, si así lo deseas.
Naruto no tuvo qué pensárselo dos veces.
—¿Recuerda que le pedí una semana de permiso para ir a Tokio? Allá tengo muchos asuntos que arreglar con mi familia, sin embargo le prometo que cuando resuelva todo, le traeré una respuesta.
—No esperaba menos de ti, muchacho.
Porque cada uno formaba su propio destino.
En el camino de regreso a casa, ambos iban muy callados, lo único que se escuchaba de fondo era una vieja canción que el taxista había puesto.
Tanto Naruto y Hinata, iban en los asientos de atrás, con una cómoda distancia entre ambos. No terminaban de entender lo que había pasado durante la cena, fue como si miles de cosas se aclararon en tan poco tiempo, el asimilar tanta información resultaba cansado.
Él fue el primero en salir de su adormecimiento. Necesitaba platicar con su esposa sobre lo ocurrido con Kurosawa, ¿cuándo sería el momento adecuado? No es que quisiera ocultarle algo, pero necesitaba ser cuidadoso, era un tema algo delicado. ¿Tal vez cuando regresaran de Tokio? Ese podría ser un buen momento.
Pensó en la carpeta con los papeles de la propiedad que había dejado al cuidado del anciano Kurosawa. ¿Quién lo diría? ¿Quién iba a imaginar que obtendría el hotel de su familia de regreso?
Una sonrisa casi imperceptible se formó en su rostro.
Ella, por otra parte, se sentía algo confundida, y alegre al mismo tiempo, su encuentro con Misao había sido bastante peculiar.
Suspiró, quería llegar a su departamento, darse un buen baño, y dormir, ya luego pensaría bien en todo lo demás.
—¿Cansada? —le susurró Naruto, para que el taxista no escuchara. Hinata lo sintió tan cerca, que podía oír su respiración.
—Sí —lo miró—, ¿y tú? ¿Estás cansado?
—Bastante —respondió—, quiero llegar a casa y dormir.
—Yo también.
Se quedaron en silencio de nuevo. El Uzumaki se cruzó de brazos, y se recostó en el hombro de su esposa, sintió cómo la chica se tensaba ante el contacto.
—¿N-Naruto-kun? ¿Qué…? —murmuró, con algo de vergüenza, el chófer del taxi podría verlos.
—Sólo por un rato, realmente estoy agotado.
Hinata no le respondió, en cambio, recargó su cabeza sobre la de Naruto, cerrando los ojos también.
Aún faltaba media hora para llegar a su casa, mientras tanto, dejaría que todas las preocupaciones desaparecieran por un momento.
¡Hola!
¿Qué tal? Espero y se encuentren de maravilla.
La verdad, es que les debo una inmensa disculpa, en el capítulo anterior dije que actualizaría el 7 de Julio, pero si soy sincera, no tenía nada de inspiración, y no quise forzarme a escribir algo.
Pero, finalmente pude acabar el capítulo, el cual, si me preguntan, tuvo un montón de sorpresas.
¿Se esperaban lo de Kazuo? Tal como dice el título del capítulo, la deuda fue saldada, ahora veremos cómo esto afecta a Naruto y Hinata, porque de por sí ya hay secretos entre ambos, sin contar que el viaje a Tokio para la boda de Tenten ya está próximo. Por cierto, estoy pensando en un futuro escribir un extra contando más a detalle las aventuras de Nozomi, Kazuo y Jiraiya. ¿Alguien más ama a Jiraiya?
Por otro parte, ¿qué tal la tensión entre Hinata y Misao? Quise plasmar la incomodidad inicial, y cómo tenían una impresión equivocada la una de la otra. Seamos sinceros, nadie puede odiar a Hinata, y Misao se dio cuenta esto. También, nuestra querida Hyuga es bastante perceptiva, comprendió fácilmente por qué no era del agrado de Misao, y en vez de molestarse, la entendió, porque ella pasó por algo similar (aunque sus sospechas no eran del todo infundadas)
A pesar de lo anterior, creo que el momento más importante de este capítulo, fue el recuerdo de Kushina, ya vimos que Hana escapó, dejando a sus hijas, siendo que las amaba (¿por qué lo hizo? He aquí el dilema), también se reveló la razón por la que Kushina se siente tan culpable, porque no hizo nada para evitarlo, y además ayudó a Hana a huir, dándole su su coche para que no la siguieran, y algo de dinero, aunque no se esperaba que muriera. Aunque quedan un montón de cosas pendientes, como, ¿qué hizo que escapara de esa manera? Con el tiempo todo se irá revelando, sólo les digo que no todo es lo que parece.
En fin, creo que eso es todo, muchísimas gracias como siempre por sus comentarios, me alegran bastante y me animan a seguir, espero que el capítulo haya cumplido con sus expectativas.
Por cierto, no se pierdan la próxima actualización, pasaran bastante cosas inesperadas :).
Si el capítulo les gustó, déjenme un review, me encantaría saber qué opinan.
Me despedido, les mando un fuerte abrazo.
Dalie.
16.07.16
