·::The Best Moment::·

By Underword

·Chapter Special·

Fem Tsuna x ?

Target 14: Chocolate and Romance

Odio este día.

Lo odiaba con todo su ser y a cualquier persona relacionada con este odioso día.

Día de San Valentín.

El día en que varias chicas suspiraban de amor como tontas y daban sus chocolates a los chicos que les gustaban como muestra de sus sinceros sentimientos por ellos, a través de las cajas rosas con cintas rojas llenos de dibujos de corazones.

No podía evitar sentir ciertas nauseas y ascos con solo verlos.

Ignoraba si la decían antipática, le daba igual todo. Al igual que los chicos de su clase que se morían en recibir sus chocolates desde que se había vuelto popular, odiaba tener tanta atención.

La verdad, odiaba todo.

No le importaba si por ese día no tenía pareja o una persona respecta que recibiera sus chocolates, no tenía pensado en dárselo a alguien que no valiera la menor pena.

Excepto a sus mejores y únicas amigas como Kyōko, Hana, Haru. Al igual que Ryōhei, su mejor amigo que lo consideraba un hermano mayor y sus fieles guardianes, en este caso Lambo, Yamamoto y Gokudera.

Luego estaban Hibari y Mukuro, aunque dudaba que ellos estuvieran en su lista de los pocos que recibirían chocolates.

Después, por supuesto, el pequeño y encantador Fuuta, su madre, Bianchi (obligadamente se lo iba a dar, ya que era una "invitada" más en su casa), tal vez Dino (aunque no entendía porque se auto proclamó su hermano mayor), su padre (tal vez se lo envenenaría con la receta de Bianchi antes de enviársela), Shamal (haría lo mismo como a su padre) y Reborn, por supuesto.

A pesar de ser el hitman más maldito, pesado, sádico e irritante disfrazado de un inocente bebé que haya conocido en su más loca y maldita vida. Es su mentor, uno de gran confianza y que siempre estuvo para ayudarla en los momentos más difíciles.

Se lo debía, quizás mucho más de lo pensado.

Tal vez a otras personas como Varia (lo descartó en un segundo), eran un grupo maldito y lleno de locos, quizás el día de San Valentín no era lo suyo. Shimon, hubo unas grandes disputas por sus anteriores luchas y batalla sin sentido mediante un malentendido, por más que se sintiera enfadada con ellos tenía que reflexionar que no tenían la culpa, quizás la mayor parte de la culpa.

Miró el cielo con cierto detenimiento en búsqueda de una respuesta, los colores del mediodía sin nubes que lo estorbara la ayudaba bastante para aclarar sus pensamientos.

Quizás, solo quizás sería el único día en que los perdonaría.

En estos momentos se encontraba en casa, mañana sería el día de los enamorados, según lo que leyó en Italia los hombres eran los que regalaban chocolates y otros postres a las mujeres más importantes de sus vidas como la madre, las hermanas y sus parejas. En caso de Japón, las chicas obsequiaban chocolates a los chicos que le gustaban como muestra de amor sincero.

Nunca seguía una tradición tan cursi y de poca importancia, en sus años anteriores preparaba chocolates para las personas más importantes de su vida. Jamás tuvo a alguien que le gustara de verdad, su corazón endurecido por las burlas y abusos de los otros niños, al igual que la marcha de su progenitor (que ya había superado aquello tras conocer la verdad), la convirtieron en alguien reservada, recia e indiferente.

Abría su corazón solo a los más cercanos y personas de su confianza, había asegurado que nunca se enamoraría o entregaría su corazón por alguien que no fuera la familia. Era su único lugar que lo mantendría protegido y bien escondido en su interior.

Nunca fue buena en expresarlo abiertamente, tampoco en decir cosas lindas. Pero, ellos sabían que cuando lo hacía, no necesitaba palabras, con sólo demostrarlo era lo suficiente.

Miró los ingredientes que había conseguido esta tarde en el mercado, consiguió todo para preparar postres y otros dulces, al igual que los materiales para hacer las decoraciones. Detuvo su mirada entre sus cosas, tal vez regalar su comida y escribirles mensajes era lo menos que podría hacer por ellos.

Siempre fue buena en la cocina, en mensajes, según lo que Kyōko y Hana le habían dicho era que lo escribía con mucha sinceridad, sin ocultar nada y conmovía para quienes lo leían.

Nunca creyó que la escritura fuera lo suyo, aunque, quizás esta sería su única manera de mostrar su agradecimiento a todos.

Comenzó a preparar todo, los chocolates eran tradicionales internacionalmente para ese día, así sería lo primero que haría para empezar, después cocinaría otros postres como cupcakes, bombones, trufas y otras.

Además de chocolate, se consiguió fresas, frutos del bosque, banana, menta, nueces, almendras, cremas y hasta vinos de sabores dulces a bases de frutas rojas.

Cada chocolate tendría un sabor único para cada uno de sus guardianes también mostraría que sus personalidades están conectados armoniosamente con sus virtudes, esos serían sus chocolates.

Los pondría en cajas u bolsas sencillas, nunca pondría corazones en sus diseños, le parecía cursi porque para ella con sólo regalar chocolates y escribiendo mensajes de gratitud eran lo suficientes para demostrar cuan importantes son esas personas para uno.

Puso colores característicos magenta para Gokudera, azul para Yamamoto, amarillo para Ryōhei, verde para Lambo, violeta para Hibari y añil para Mukuro. Y todos tendrían cintas rojas y rosadas.

También a Enma sería negro en cintas rojas.

Los otros en cajas rosas, bolsas transparentes.

Y claro, las tarjetas.

Miró aquellos pedazos de papeles blancos con pequeños diseños rosas y plateados, le tomó un buen rato para pensar que escribir en las hojas como indicio de su sinceridad.

Cada uno de ellos le producía sensaciones extrañas y difíciles de expresar, algunas molestas y otras agradables. Pero, había alguien que le producía aquellos sentimientos tan confusos y ambivalentes, al menos solo dos que le daban vueltas y vueltas en su cabeza, como un remolino interminable.

Comenzó a trazar con la pluma ligeramente lo primero que se le venía en la mente, el tiempo parecía no existir y simplemente sentía la brisa asomarse por la ventana en una fresca y agradable caricia.

Agradecía que nadie estuviera en casa, se acordó que su madre llevó a Fuuta, Lambo e I-pin a pasear mientras iba de compras. Bianchi tal vez salió para buscar algún tipo de receta para sus chocolates para su amado Reborn y Reborn, en alguna parte para descansar o estar lejos de su mantecosa "novia".

Tenía la casa para ella sola, se sentía en paz y tranquila, le daba tiempo suficiente para pensar en las notas y dar fin a su preparación de regalos para San Valentín.

Aunque lo odiara, tal vez este día sería diferente.

.

El desayuno transcurrió a la normalidad, Lambo e I-pin discutían mientras peleaban por su comida, Fuuta comía mientras en su mente podría predecir respectivos rankings de alguna temática al azar, Bianchi dándole de comer a Reborn como toda niñera, aunque éste parecía no darle suma importancia y Nana en la cocina mientras tarareaba una agradable canción sin nombre.

Les había dado regalos a todos ellos, excepto a Reborn, ya saben para evitar otro molesto problema con su "novia" posesiva. Cada uno los aceptó gustosamente, se sintió satisfecha con verlos sonreír y escuchar las gracias; para Tsuna era más que suficiente, sin esperar nada a cambio.

Nana le había preparado un delicioso obento relacionado con este día "tan especial" y que lo abriera en la escuela como sorpresa, Tsuna no necesitaría adivinarlo aunque intentaría que la curiosidad no la ganara.

Al abandonar el comedor, los curiosos como Lambo, I-pin, Fuuta y Bianchi notaron los regalos en la bolsa que Tsuna se había llegado consigo y decidieron preguntarle a Nana sobre aquello.

-Esos chocolates deben ser para los amigos de Tsu-chan –sonrió de solo pensarlo- Siempre hace para ellos.

-Tsuna-nee no tiene algún enamorado –preguntó Fuuta con curiosidad, ocasionando que Reborn sintiera lo mismo.

Nana rió en respuesta.

-A ella nunca le interesó los chicos, al principio creí que Ryōhei-kun sería su enamorado pero es como un hermano nada más –

-Que pena, creía que Tsuna-nee sí tenía a alguien especial –dijo I-pin con cierta decepción.

-Gyajajah, Lambo-sama fue el primero que recibió los chocolates de Tsuna-nee! Yo soy su enamorado! –

-Lambo, todos recibimos los chocolates de Tsuna-nee –regañó I-pin ante el comportamiento maleducado de su amigo.

-Lambo-sama tiene los chocolates y Reborn no –ante aquella aclaración recibió un golpe volador de parte del hitman.

Nadie había dicho nada ante aquello, era típico de Lambo en tener intenciones de molestar al sicario y recibir uno de sus golpes a cambio. Reborn agradeció la comida para luego abandonar el comedor, Bianchi se había ofrecido en acompañarlo pero su "novio" le dio un no por respuesta con la excusa que quería estar solo.

Había entendido la razón que Tsuna no le había entregado todavía su chocolate, sí, él ya lo sabía pero decidió actuar como si no estuviera enterado con el asunto. Una parte se sintió molesto, a pesar de todo sonrió, ya vería que castigo podría darle a su estudiante.

Llegando al instituto donde estudiaba, se sentía un irritante aire de enamoradas gritando y suspirando estúpidamente para el tan llegado y ansiado día de San Valentín.

Se preguntaba por qué tanto entusiasmo por un día corriente cambiando el nombre como día de los enamorados, ni que fuera tan especial como para olvidarse de lo que en verdad importaba.

Para su suerte sus mejores amigas como Kyōko y Hana nunca le interesaron ese día, lo tomaban como uno normal o no le ponían tanto interés. Kyōko solía preparar chocolates para sus más cercanos mientras Hana le daría chocolates para algún chico que valiera la pena, entre ellos uno maduro e inteligente.

Ignorando el amontonamiento de varios estudiantes que ni daban importancia, se encaminó decididamente hacia la entrada del edificio.

Sonrió con cierta satisfacción ante los gritos de horror de los estudiantes, no necesitaba voltearse para saber que se trataba al respecto, Suzuki Adelheid era como la versión femenina de Hibari. Una guapa chica con carácter y su amor por las reglas de disciplina, contando también sus excusas de celos por el comportamiento pervertido de su novio Julie.

A pesar de su típica fachada de indiferencia calmada, los nervios se afloraban con cada paso que daba.

No era común que estuviera nerviosa, era su primera vez. Una vez dentro de la clase, seguramente vería a sus mejores amigas contando a sus fieles guardianes.

Dio un largo suspiro, dejando escapar la tensión acumulada por sus hombros.

-Relájate, Tsuna. Esto es para demostrar cual agradecida estás con ellos –miró con determinación, lo hará y no por este día, sino por los que tanto le importaba.

Al entrar la clase, supo que lo hizo a tiempo, los estudiantes aun conversaban de alguna temática en particular y el profesor aun no había llegado a clases.

Tenía tiempo para pensar que decir.

-Ohayo, Tsuna-chan! –

-Ohayo, Tsuna -

-Yo, Tsuna! –

-Ohayo gozaimasu, Juudaime –

-Ohayo, minna! –devolvió el saludo con una sonrisa a Kyōko, Hana, Yamamoto y Gokudera. Se miró la mano donde tenía la bolsa con los chocolates, bien escondida de la vista, era el momento- Chicos –

De repente, una horda de chicas se acumuló alrededor de sus guardianes de la lluvia y de la tormenta, no se podía visibilizarlos solo había una pared de chicas vestidas con uniforme de Namimori temporada otoño. El aire se vio envuelto de gritos de entusiasmo, peleas y exclamaciones de locas enamoradas.

Tsuna se quedó boquiabierta de incredulidad, no debía sorprenderse, era predecible que algo así pasaría debido que sus amigos eran los chicos más populares de la clase.

-No entiendo el por qué tanto alboroto, son solo otros chicos monos –comentó Hana con cierto pesadez.

-Hana-chan –pronunció Kyōko.

La pelicastaña no podía estar de acuerdo con su amiga, si las chicas fueran como ella, tal vez en estos momentos si podría entregar, sin ningún problema, sus chocolates a sus amigos.

Antes de eso.

-Tengan –rebuscó de su bolsa y extendió dos bolsas transparentes decorados con cintas rojas y rosas llenos de dulces y bombones de chocolate- ¡Feliz día de San Valentín!

Sus amigas aceptaron los regalos tomando con cuidado sus bolsitas.

-No debiste en molestarte, Tsuna –expresó Hana sinceramente con una leve sonrisa.

-Arigato, Tsuna-chan –la Sasagawa menor rebuscó de su bolso para sacar una pequeña cajita rosa decorada con corazones negros y rojos - ¡Feliz San Valentín también! –le regaló una tierna sonrisa que la contagió por completo.

-Arigato, Kyōko-chan -la pelicastaña al tomarla sintió el tacto suave de la tela, supo que estaba forrada con papel terciopelo, sentía una pequeña curiosidad de su contenido.

-Eso si quieres… puedes abrirla cuando estés en casa. Es un regalo de parte de Hana-chan y yo –

De sus mejores amigas.

-No te sorprendas, viniendo de mí tú vales la pena mucho más que los demás –contestó Hana, a pesar que tratara de sonar como si fuera lo más normal había sinceridad teñida en sus palabras.

-Arigato –

En cuanto el profesor ingresó a las clases, los estudiantes se dispersaron regresando a sus respectivos asientos. Las molestas chicas cuando finalmente libraron a sus amigos, se pudo apreciar múltiples de cajas y bolsas de chocolates acumulados entre los agotados brazos de Yamamoto y un irritante Gokudera.

Sintió cierta empatía por ellos, ser una cara bonita era molesto a veces, al menos las consecuencias de ser guapo a sus maneras. Recordaba el cambio que tuvo al dejar de ser considerada Dame Tsuna, los chicos de su edad y los mayores no dejaban de mirarla y sentirse atraídos por ella.

A veces, le gustaría volver a su título de Dame Tsuna para que todos la dejaran en paz.

La clase andaba con normalidad, no la preocupaba en lo absoluto, tanto que ignoraba por completo una clase aburrida que estaba por debajo de un día que tenía nombre y se podía llamarlo fecha especial.

Miró un asiento vacío, al parecer, Enma no estaba presente por hoy. No necesitó pensarlo dos veces, aquel chico de aspecto solitario y sombrío de grandes pero tristes ojos rojos y una mirada llena de sufrimiento era alguien mucho menos afortunado que ella. Le perseguían perros grandes, los chicos mayores lo golpeaban y ninguna chica le hablaba, al menos las que no sean ella, P-Shitt o Adelheid.

De solo pensar en el joven y tímido líder de los Shimon, le hacía olvidar de su enojo con la famiglia opuesta a Vongola. Se supone que debería seguir enfada con ellos, por todo lo que hicieron a su famiglia y las causas que los iba a conllevar a una posible guerra; sabía por ende de los malentendidos, aunque luego de haber ganado en sus batallas, Tsuna nunca quiso dirigirles alguna palabra a ellos ni siquiera a Enma.

No le importaba si sus ancestros fueron íntimos amigos, les había perdonado pero nunca había dicho que sería indulgente. Lo que acababan de hacer no podría haber alguna corrección, aunque si había sucedido.

Miró el cielo una vez más, había elegido este mismo día para agradecer y mostrar su sinceridad por los que más le importaba, también sería un día para perdonar y olvidarse de los errores. Tal como lo había hecho con Mukuro.

Mukuro.

Se le hizo un eco tras haberlo mencionado, recordó su reencuentro con él en Kokuyo Land. El niño misterioso y amistoso que había conocido en su niñez se convirtió en un muchacho poderoso y apuesto.

Un momento.

¿¡Apuesto!?

Se quería golpear la cabeza en innumerables veces por haber mencionado una palabra pecaminosa para su orgullo, si no fuera por el profesor dictando las clases.

-Demonios -se maldijo para sí, ojalá que ese maldito no le hiciera una broma al respecto cuando le entregara su chocolate. Maldición, no había pensado en eso.

El profesor guardó sus notas como finalización de clase, era su oportunidad de decírselo ahora mismo a sus amigos, antes que aquellas estúpidas volvieran a molestarlos.

-Podemos ir a la azotea, tengo algo que decirles –

-Claro, Tsuna. Vamos –

-Por supuesto, Juudai –Gokudera se congeló al divisar algo de lejos pero visible para sus ojos, era claro que no era muy agradable.

Sin mencionar otra cosa, el peliplata a toda velocidad corrió por los pasillos buscando alguna salvación de lo que acababa de ver en unos instantes.

-¿Qué sucede? –se preguntó Yamamoto.

Tsuna al voltearse también, supo el porqué y no se trataba de Bianchi, sino de alguien mucho peor. Y se puso a seguir a Gokudera tomando a Yamamoto por el brazo.

A toda velocidad, se aproximaba entre el humo y un brillo centellante de metal P-Shitt, la guardiana del pantano de Shimon y bautizada UMA por Gokudera por su extraña naturaleza contando su atuendo estrafalario y su personalidad. También, según Tsuna, fan nº 1 de Gokudera.

Una vez en la azotea, por lo menos, salvados hasta ahora de P-Shitt. Tsuna comió todos sus principios nerviosos y restricciones para finalmente armarse de valor y decir al respecto lo que tanto fue acosándola.

-Tomen –sacó de su bolsa dos cajas de chocolate y otros dulces como bombones y cupcakes, forrados en papeles magenta y azul claro decorados en cintas rojas- ¡Feliz San Valentín para ustedes!

-Arigato gozaimasu, Juudaime. Se que como su mano derecha no lo merezco pero juro que será el primero en comérmelo –exclamó el peliplata con estrellas en los ojos, Tsuna lo miró con una expresión que decía "muchas gracias, aunque no sea para tanto" acompañada con una pesada gota en la sien.

-Arigato, Tsuna –agradeció Yamamoto con una sonrisa divertida.

-Yakyuu-baka, deberías decirle algo más a Juudaime!-

-Bueno, entonces yo también me lo comeré primero tu chocolate –

-No me imites, baka! –

No podía evitar sonreír por primera vez, al principio había pensado que no tendría a nadie más en su vida y que sólo le bastaría con tener verdaderas manos con que ayudarle en su camino. Pero ahora, tenía más manos con las que aferrarse para cumplir con su destino lleno de cambios y dificultades, no podría haberlo hecho sin sus guardianes.

Se encaminaba hacia alguna parte, no lo encontró en el gimnasio tampoco a su compañero de lucha, preguntó a los demás boxeadores y le contestaron que estaban en alguna clase de castigo.

La imaginación estaba en segundo plano respecto a la palabra castigo, acudiendo al lugar supuesto no se había equivocado en cuanto divisó una red de caza colgado en los árboles. En lugar de algún animal, eran tres estudiantes sumamente conocidos a sus ojos, dos vestidos con uniformes de Shimon y uno con ropa deportiva.

Esos eran Julie Katou, Kōyō Aoba y su mejor amigo, Ryōhei Sasagawa.

-¿Qué haces aquí, Sawada? –preguntó Adelheid sin cambiar su expresión severa dirigida a sus victimas capturadas, era un indicio que la guardiana del glaciar amaba las reglas sin importar que quienes los rompían fueran sus propios compañeros.

-Extremo, Tsuna! ¿Cómo fue tu día? –saludó el peligris al presenciar a su otra hermana.

-Oh! Tsuna-chan preciosa, viniste aquí para saludarme –pronunció Julie con su fachada de chico coqueto y galante provocando un tic facial en la expresión de Adelheid.

-Ryōhei, vine a darte esto –no iba a comenzar con puros rodeos, no era la primera vez que su mejor amigo estaba en manos de la severa presidenta, con Aoba no eran más que un dúo que ocasionaba problemas y desastres.

El peligris lo tomó extendiendo su mano desde la red.

-Extremo! Muchas gracias, Tsuna! –

La chica le sonrió.

-Oi, Tsuna-chan no tienes nada para tu querido amigo Julie –iba a replicarle ante su estúpido intento de coqueteo pero Adelheid se le adelanto repartiendo miles de combos de golpes a su mujeriego novio.

-¡Feliz día de los enamorados, Ryō- quiero decir Oni-san! –lanzó otras cajas de chocolates a Adelheid- Tengan también, les he preparado como regalo no lo desperdicien –

La pelioscura no contestó, Tsuna le dio igual sabía por ende que Adelheid nunca fue alguien de palabras, era igual que Hibari después de todo.

-Si buscas a Enma, está a donde siempre –contestó después de unos ratos de silencio.

La pelicastaña detuvo su camino.

-Arigato –pronunció entre susurros, pero fue audible para los presentes- Si ves a Hibari, dáselos y si lo rechaza puedes amenazarlo –fue todo lo que pudo decir para encaminarse a sus otros destinos.

No necesitaba más palabras para expresarlo, todos podían entender lo que pensaba y su personalidad. A veces no hacían falta las palabras, las acciones valían más que eso y no se lo comparaba con nada.

Por donde comenzaría, había dos caminos por recorrer y podía decidir por uno para luego por otro.

Suspiró para sus adentros, esto era estúpido.

-Kufufu, Tsunayoshi-chan estás indecisa por primera vez –

-Mukuro –pronunció luego de un sobresalto.

El peliazul se rió de su reacción, adoraba que su primera amiga cayera en sus pequeñas bromas y se asustara con solo ocasionarle escalofríos con su presencia, era uno de sus hobbies favoritos desde su reencuentro.

También era su manera de llamarle la atención y tal vez, tener alguna oportunidad de ganarse su corazón. Era algo que no lo mencionaría, por lo menos no en presencia de ella, por lo menos hasta que estuviera lista para admitirlo.

-¿Asustada? –

-Claro no! –le contestó tajante realizando intentos en mostrarse indiferente aunque eso no engañaba a su guardián de niebla.

Mukuro sonrió para sus adentros, se le acercó a su oreja dejando escasos centímetros de distancia.

-En serio que no te hago sentir nerviosa –

-Ugh! –se alejó sobresaltada ante el frío aliento acariciar su oreja, pese que le causó escalofrío muy al fondo lo tomaba muy bien y no sabía el porqué- No hagas eso, maldita sea.

-Kufufu –

Estaba comenzando a molestarse ante su debilidad por los pequeños juegos del Rokudo.

-Tranquila, Tsuna. Debes calmarte y hacer lo que viniste a hacer –realizó su propio mantra con tal de despejar su mente y no perder la cabeza- ¿Qué haces aquí, Mukuro? –

-Vaya, esa es la forma de saludarme. Sí que eres alguien fría, Tsunayoshi-chan y eso que yo estaba tan ansioso por verte –le habló con fingida tristeza.

Le daba ganas de golpearlo.

-Cálmate –haría caso a su mantra- Y tú tampoco me haz saludado –fue lo primero que se le ocurrió para seguir una conversación que la llevaría a futuros rodeos.

-Ya lo hice, si te sirve de consuelo tus gritos son buena forma de saludarme –

-Sí que te gusta irritarme, ¿no? –le habló directamente dejando a un lado los rodeos, notó que llevaba varias cajas de chocolates entre sus manos- Tú también los recibiste –

-Y qué esperabas, es día de San Valentín. M.M y la pequeña Chrome fueron las primeras en dármelos, o acaso estás… celosa –

En el fondo admitía su suposición pero nunca lo admitiría con sus labios, el Rokudo debería estar consciente de su enorme orgullo y sus razones por las que jamás de los jamases estaba dispuesta a humillarse.

-¿De qué hablas? Apuesto que lo haz disfrutado comiéndolos –dio la espalda, no iba permitir que aquel bastardo viera su lado débil, en el que se negaba en mostrárselo. Prefería sufrir los más sádicos y peligrosos entrenamientos de su tutor antes que humillarse ante Mukuro.

El peliazul se rio al respecto, sabía por ende que cada palabra que decía no eran nada más que mentiras disfrazados mediante su fingido enojo y que parte de ella, disfrutaba secretamente.

Tsuna se creía un libro cerrado, cuan equivocada estaba al respecto.

-Tsunayoshi-chan, no me los he comido aún –

-No me mientas –le habló sin dejar de darle la espalda.

-Es verdad –

-Vamos, Mukuro deja de mentirme –al voltear se encontró la mirada heterocromática del Rokudo, que la dejó muda y sin aliento.

El peliazul la agarró por la cintura, sin dejar una escapatoria a la pelicastaña. Esta vez, Tsuna ya no podía hacer nada para evitarlo, intentó inútilmente por mantener la calma con tal de no desfallecer.

-Estoy siendo honesto contigo, desde siempre lo estoy siendo –susurró provocando escalofríos placenteramente molestos para la chica.

-Sí como no, suéltame ahora mismo –esto era, demasiado. Esperaba que la soltara o sino se desmayaría y no quería que eso sucediera.

-No lo haré hasta que me lo digas, Tsunayoshi-chan –pronunció con seriedad, algo muy inusual en él fue que su sonrisa sádica y burlona había desaparecido de su rostro.

Estaba demasiado cerca. Muy pero muy cerca.

-Cerca! no te hiperventiles, no te hiperventiles –aguantar la respiración era demasiado, ya no lo soportaría más.

.

-Eso fue inesperado –

-Pues debiste soltarme cuando te lo pedí –

Por pura reacción, había dado un golpe en la boca del estómago a Mukuro, admitía que se había pasado respecto a eso pero no le dio opción y era su culpa, el muy bastardo se había pasado de la raya con sus bromas.

-Solo quería que me dijeras lo que tenías que decirme –

La chica bufó molesta.

-Iba a decírtelo cuando hiciste eso –suspiró, si continuaba así no iba a llegar a nada y ya se estaba exasperando de los enredos que estaba teniendo con Mukuro- Ten –le arrojó una caja añil empaquetado de chocolates y otros dulces que preparó atado con un lazo rojo y rosa- Es una muestra de agradecimiento, no me importa si no te gusta. Cómelo para no desperdiciarlo –hizo ademanes para retirarse de una vez, le daría igual si Rokudo no aceptaba su regalo. Hizo lo que tenía que hacer y listo, nunca confesaría en voz alta que le dolería un poco su rechazo, sin embargo una mano tomando con suavidad su brazo la detuvo; ya tuvo suficiente con él- ¿Qué demonios te… -

Un beso depositado en su mejilla la silenció en un shock, el tiempo para ella pareció haberse congelado y lo único que pudo oír fue los latidos arrítmicos retumbando en sus oídos.

Todo pareció un flash, tan extraño e irreal. Lo último que pudo captar era los labios de Mukuro curvando para arriba transformando así una sonrisa leve y sincera, y unas palabras que se pronunciaron tan suaves como la caricia de una polilla.

-Arigato, Tsunayoshi-chan –

Y después, un soplo fresco pero placentero acariciando su piel fue un pequeño lenguaje de despedida del misterioso y enigmático ilusionista de cabellos añiles.

Caminando aun en estado aturdido, la cabeza de Tsuna parecía estar desprendida de su cuerpo, la sensación le parecía extraña y abrumadora al igual que el intenso calor acumulado en su corazón conectado con su rostro, esperaba que no estuviera tan roja como un tomate.

No tenía explicación alguna acerca de los latidos irregulares de su corazón, ¿qué fue lo que Mukuro le había hecho? ¿Por qué sentía algo así con él?

Estaba comenzando a entender un poco la situación entre Adelheid y Julie, la relación de ambos era extraña, ambivalente, complementaria y confusa.

Tal como ella y Mukuro.

Llegado hasta el destino, admiró un momento los pastizales largos que bailaban al ritmo de la leve brisa danzante, las aguas de los canales corrían pausadamente creando apenas un murmullo audible y la luz del sol reflejado en las aguas agregaban magia al ambiente.

Caminó un poco más hasta acercarse a una distancia prudente, al entrever el bulto supo que estaba en el lugar correcto. En este mismo lugar era como un pequeño santuario para una persona de corazón tan reservado y solitario, con la necesidad de despejar su mente alejado de los demás.

Y lo entendía a la perfección, después de reflexionar unos ratos era hora de cambiar el rumbo y tratar de comenzar de nuevo.

-Kozato –fue lo primero que pudo pronunciar, una vez lo había llamado Enma cuando experimentó cierta confianza en aquel muchacho, pero luego de su traición, parecía que aquella amistad que compartieron en tan solo poco tiempo quedó pendido en un fino hilo a punto de cortarse.

El susodicho ladeó su cabeza un momento con curiosidad, tratando de asegurar que no estaba soñando, sus grandes y apesarados ojos rojizos se abrieron en estado shock. Como si la persona que estaba frente a su vista no fuera producto de su imaginación.

-¿Tsuna? –

La chica solo asintió en respuesta, la sensación que experimentó con Mukuro hace unos ratos pareció haberse esfumado, un poco. Dio un paso lento y prudente para no asustarlo.

En silencio, logró sentarse a la misma ubicación sin haber roto sus principios sutiles de precaución.

Enma la miró con cierta incredulidad pero no dijo nada, la pelicastaña era alguien de pocas palabras con una personalidad un tanto hostil y temible, en su interior escondía un lado protector y empático pero solo lo mostraba a las personas que más apreciaba y confiaba. Él fue uno de ellos, sin embargo, el impulso ocasionado por su ira y sed de venganza, su relación con Tsuna fue destruida en pedazos.

Le dolía mucho recibir su indiferencia así como su silencio sin siquiera algún miramiento, lo merecía y quizás mucho más, Vongola los había perdonado por sus errores pero, sin embargo, Tsuna ya no lo consideraba un amigo.

La miró por largos ratos, como le gustaría que hubiera algún botón de reinicio para volver atrás y regresar al tiempo en que conoció a la pelicastaña y ambos compartieron un inolvidable y agradable momentos despreocupados de amistad, sin pensar en la guerra y la venganza.

Pero no podía hacer algo así, la había perdido, tal vez para siempre. Puede que tenga a los Shimon, pero sin ella era como haber perdido a su preciada familia original otra vez.

-Pasando el San Valentín solo –preguntó la pelicastaña casualmente, le había sonado estúpido, se reprochó mentalmente.

-Mn –asintió el pelirrojo luego de largos ratos en silencio.

-Recibiste algún chocolate –

-Solo de Adelheid y P-Shitt -

Era como recibir chocolates de hermanas, ella misma se preguntó que hubiera sido si hubiera estado en sus mismos zapatos, podía suponer que si hubiera nacido varón y tal vez, todavía Dame no hubiera recibido ningún chocolate de alguna chica excepto de su madre.

No iba a preguntar más del tema, los ecos de su voz resonaron en su mente, martillándola enésimas veces sobre lo que debía hacer tal como lo había hecho con los demás.

-Ninguna otra –

Enma le respondió con un mudo movimiento de su cabeza.

Tsuna miró intensamente la caja negra decorada con cintas de colores rosa y rojo, trataba de negarlo pero sus nervios seguían su instinto llevándola a acciones impensadas.

Los ojos carmesí de Enma capturados en el dichoso objeto, supo que era tarde para encontrar excusas para negarse.

-Ten, es para ti –le extendió alargando su brazo, podía leer en los ojos de su amigo si lo hacía por él o por la fecha nomás- Sí quieres puedes comértelo, y si no dáselos a alguien más.

El pelirrojo parpadeo, ante aquellas últimas palabras pronunciadas por Tsuna supo lo que en verdad quería decir.

Al no recibir alguna respuesta de Enma, la pelicastaña no iba a decir nada al respecto así tampoco intentar en que aceptara aquella muestra de su gratitud y perdón. Tal vez, esperaría por largos ratos hasta que aquel muchacho pelirrojo, con el título de Perdedor, haya decidido dar reinicio a su relación y seguir la destinada amistad de sus ancestros.

Una mano capturando la suya con el regalo la obligó a capturar los ojos del dueño. Al mirarse fijamente un sentimiento mudo e invasivo los dejó sin palabras, era como si aquella emoción pasajera regresara nuevamente en cada poro de sus seres, la diferencia a la anterior era que ese sentimiento jamás se iría.

El resentimiento, miedo, tristeza y las anteriores sensaciones negativas parecieron haberse esfumado en el instante en que sus ojos y sus manos se encontraron.

Tsuna y Enma quedaron así hasta que sus sentidos parecieron cobrarse a la vida, se dieron cuenta de la situación y rápidamente rompieron el contacto, sonrojados y muy aturdidos.

-A-ari-gato –tartamudeó tímidamente.

Tsuna asintió energéticamente.

-Será mejor irme, mi madre me estará esperando –

-D-de acuerdo –pronunció entre susurros, pero Tsuna pudo captar su decepción.

La pelicastaña se levantó, pero antes de realizar ademanes de encaminar para retirarse volteó encarando la figura de Enma sentado a la orilla del canal.

-Enma –

El pelirrojo volteó tras escuchar por primera vez su nombre venido de los labios de la pelicastaña, hacía mucho para él que había dejado de oírlo.

-¡Felíz San Valentín! Nos vemos en la escuela –le dio una sonrisa fugaz antes de retirarse.

El chico congelado en el mismo lugar, sus ojos escarlata seguían fijos en la dirección que había tomado Tsuna para desaparecer. Todo parecía haber transcurrido lenta y rápidamente a la vez, pareció tan irreal y engañoso, aun sabiendo que esta vez no fue producto de su sueño o imaginación.

Miró la caja con una pequeña sonrisa curvándose por primera vez.

Tal vez, este día no fue malo para él.

.

De vuelta a casa, Tsuna se recostó en la cama entre exhausta y confusa. Las sensaciones que experimentó con dos chicos la dejaron aturdida, nunca había sentido algo así por los otros chicos ni siquiera sus amigos los guardianes; cada vez que la invadían aquel calor extraño cuando tomaba sus ojos o miraba sus ojos incluyendo los extraños latidos irregulares de su corazón, la inundaban en un mar violento de confusiones.

Mukuro Rokudo y Enma Kozato.

Diferentes chicos, diferentes orígenes y personalidades, pero compartiendo pasados similares y oscuros.

Contado de sus soledades y sus heridos corazones.

Maldita sea.

Ambos son los causantes de su sensibilidad.

BOOM!

Un golpe estruendoso y familiar por poco la hacía ver estrellitas.

-Maldita sea, Reborn! ¿Qué mierda te pasa? –

-Estabas en la luna, Dame-Tsuna. Como todo jefe debes estar preparada para cualquier sorpresa –explicó inocentemente, aunque para su estudiante sabía que en sus enormes ojos negros escondían pensamientos nada agradables.

-Estás loco, no estoy de humor –expresó para luego llevar sus manos a su sien, la migraña la estaba enloqueciendo mediante los acontecimientos sucedidos el día de hoy. Pero, ahora que veía a su tutor se acordó lo que tenía pendiente- Reborn, tengo que decirte que… -

-Quieres entregarme tus chocolates, Arigato sin importar que te hayas tardado –interrumpió con la caja roja con cintas rosas entre sus manos.

-¿Cómo lo… -miró su bolsa vacía.

-Como te lo he dicho, siempre debes estar preparada para todo Dame-Tsuna –el hitman se encaminó por la puerta, antes de cerrarla- Como regalo de mi parte, mañana mismo te daré varias lecciones en las que podrías salir viva, si es que puedes.

-También te deseo feliz San Valentín, Reborn –dijo antes que la puerta se cerrara completamente, no sabía si sonó a sarcasmo o si seguía el juego del hitman.

La verdad, no importaba mucho. Con leer su tarjeta y haber leído de sus acciones en obsequiarle los chocolates eran totalmente claros para Reborn, ser un asesino a sueldo le daba ventaja para captar con total facilidad las acciones de una persona sin necesidad de las explicaciones y Tsuna lo sabía muy bien.

Miró su reloj, muy pronto este día terminaría y podía descansar el poco tiempo de descanso que le tenía otorgado. Su cabeza nuevamente recordó lo que por poco iba a olvidarse, rebuscó de sus bolsillos y encontró la pequeña cajita de terciopelo rosa decorada con corazones negros y rojos.

Aun tenía pequeños minutos para abrirla y lo hizo.

Dentro de la misma había una preciosa y delicada cadena dorada con un hermoso medallón de una piedra anaranjada con forma de una lágrima, era un regalo hermoso aunque nunca se imaginó que Kyōko y Hana le regalarían algo incomparable como esto.

Dentro de la cajita había una pequeña nota.

"Tsuna-chan, siempre estaremos contigo. Este regalo es una muestra de cuanto te queremos, sea en las buenas y en las malas, siempre estaremos a tu lado. No lo olvides, nunca estarás sola.

Con cariño, tus mejores amigas Kyōko y Hana"

-Muchas gracias, chicas –suspiró con varias emociones a mil, las palabras ya no tenían sentido alguno. Por este día, todo fue muy especial y único para ella, hasta lo disfrutó.

Su mano pudo captar algo más en su bolsillo, al sacarlo se trataba de una rosa azul con una bolsa de papel plateado decorado con cinta azul, la duda comenzó a apoderarse de sus sentidos.

¿Quién fue que…

Detuvo un segundo para obtener una respuesta.

Mukuro.

En lugar de desconcertarse, sonrió para sí.

Sí, tal vez esto no fue una mala idea.

Fin


N/A: Yo! Minna! Lamento mucho en no haber subido antes y más para el día de los enamorados, ayer estuve escribiéndolo y se me hizo un poco larga de lo esperado, así que decidí publicarlo hoy mismo.

Espero que les haya gustado el fic, como notarán la personalidad de mi Fem Tsuna es completamente distinta a la que solía escribir, esta es la Fem Tsuna de mi fic "Unlimited Sky". Espero que hayan disfrutado de su relación con los otros, especialmente con dos personajes que tengo pensado ponerlos como interés amoroso para Tsuna.

Nos vemos en los otros cap's y muy feliz día de los enamorados para los que tengan pareja y para los que son sólo amantes de los chocolates como yo.

Jeje

Ja ne!

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