Disclaimer: Ningún personaje me pertece.

¡Hola, muchachas! Acá estoy, más rápido de lo que pensaban xD

En este cap, volvemos un poquito en el tiempo, al viernes, pero esta vez desde la perspectiva de otros personajes.

Capítulo por y para: Triana C, EvaLP, Nat Laufeyson, elapink100, paradise cat, Jim y los y las lectoras anónimas (os).


Capítulo 14. Adolescencia fluorescente.

Fury revisaba algunos documentos. Varios documentos… Bien, en realidad sería mucho más preciso y sincero decir que tenía la maldita Montaña Solitaria frente a él, sobre su escritorio. Y sí, chicos, estaba usando referencias adolescentes. Uno no pasa la mitad de su vida entre mocosos parlanchines sin contagiarse un poco de las… cosas de adolescentes.

Lo que sea.

La Montaña Solitaria esperaba a ser removida de su escritorio y por mucho que el Director Fury odiara esa especifica parte de su trabajo, tenía una obligación. Era temprano y si se esforzaba lo suficiente, y no era interrumpido por nada ni nadie, terminaría antes de su hora de almuerzo, lo cual ya era bastante bueno.

A las diez de la mañana la Montaña Solitaria se había convertido en La Colina. A las diez y media era un pequeño montículo que le dejaba muy orgulloso de sí mismo. Y a las diez con cincuenta y dos llegó Sif.

No hubo un toquido tímido o demandante en la puerta, ni siquiera un simple "Hola, Director Fury, ¿cómo ha estado su día? Podríamos hablar de….". No. Solamente hubo una adolescente en toda la gloria de un berrinche por algo que seguramente era una idiotez. Antes de que Fury pudiera levantar la cabeza y decirle que saliera, llamara a la puerta y entrara cuando estuviera dispuesta a ser más amable, Sif lanzó un retazo de tela lavanda y negra sobre su escritorio, mandando a volar las hojas que con tanto esmero había organizado sobre su escritorio. Coulson entró poco después, parecía que había perseguido a la chica en un intento fallido de detenerla.

Nick Fury resopló, cansado de estar vivo. Levantando la vista lentamente le hizo un gesto a Sif de que dijera lo que tenía que decir, y otro a Coulson de que todo estaba bien.

—Loki —chilló la muchacha y volvió a tomar el pedazo de tela arrugada para extenderla (arrojando en el acto más hojas al suelo). Era un vestido arruinado.

Fury suspiró, preguntándose qué diablos había tenido en la cabeza cuando consideró que ser director de secundaria era una buena idea. Ni en el ejército tendría tantos problemas por resolver todos los días.

— ¿Tienes alguna prueba? ¿O es la costumbre, Sif? —cuestionó Fury, sabiendo de antemano que la chica no contaba con ninguna evidencia.

Fury estaba seguro de que al menos el ochenta y cinco por ciento de las ocasiones en que Loki era señalado como el autor de algún incidente en la escuela (y fuera de ella), el muchacho era, en efecto, culpable. Sin embargo, pocas veces habían obtenido las evidencias necesarias para demostrarlo. Aun sospechaba del muchacho con el asunto de la gabardina y el automóvil de Logan hacía unos meses, y tal vez por eso nadie había sido ni siquiera amenazado por Maria Hill después de aquello. Fury sospechaba de Loki siempre, pero los incidentes se limitaban al chico presentándose ante él o Coulson con argumentos y coartadas suficientes para dejar el asunto como algo oscuro e irresoluble.

Sif titubeó, desesperada. —No, no la tengo —aceptó. Fury sintió algo de pena por la chica, como la sentía por cada estudiante y profesor que se presentaba ante él, frustrado ante la imposibilidad de justicia.

—Afortunadamente creo que yo sí —intervino Coulson de súbito. Viendo el vestido extendido tuvo de repente el recuerdo de algo inusual sucedido el jueves por la tarde: Sigyn después de sus clases, insólitamente alterada… ¿Un trabajo de arte? Sí, claro—. Necesito hablar con los encargados de limpieza, ver si puedo recuperar algunas cosas.

Desafortunadamente tenían demasiado trabajo escolar como para hacer todo eso de manera inmediata, aunque la perspectiva de atrapar a Loki parecía emocionar a Coulson tanto que Fury lo notó, mirándolo levemente desconcertado. La vida de un subdirector debía ser realmente aburrida, pensó Nick.

—Vuelve el lunes, Sif —le pidió Phil.

Aquello no mejoraba nada, según el punto de vista de la pelinegra. Su vestido seguía arruinado y según sabía, la estúpida de Idunn Njordson asistiría a la fiesta también. Maldita sea, y ni mencionar a Amora.


—Debes estar jugando —dijo Darcy, sus ojos bien abiertos en asombro. Jane sacudió la cabeza, sonriente—. ¡Por dios, Jane! ¡Te lo dije, te lo dije! —exclamó, brincando por la acera, de espaldas, mirando de frente a Jane.

Si ya le había dicho que le parecía bonita, Thor no tardaría en dar el siguiente paso, y luego el siguiente, y el siguiente. Benditas fueran las tutorías, pensó Darcy, aunque ella tuviera que quedarse sin asesora. Su calificación deprimente en pre-calculo era pagada muy bien con posibilidad de Thor y Jane juntos.

— ¿Crees que deba ir a la fiesta de Tony? —preguntó Jane, insegura. Lo venía considerando desde hacía unos días, pero todavía dudaba de que fuera una buena idea. Las fiestas están llenas de personas como Sif (sin decir que la mismísima Sif estaría allí también), y eso aunado a la presencia de Thor (la brillante, envolvente, seductora, presencia de Thor), no significarían nada bueno para su salud mental.

Darcy se golpeó la frente con la palma de la mano. —Por dios, Jane Foster, ¿qué pregunta es esa? —Jane parpadeó aturdida. Darcy rodó los ojos—. Por supuesto, tonta, ¡claro que tienes que ir, caray!


El muchacho apartó lentamente sus ojos de la tv y cayeron sobre la pelirroja luego de percibir que Nat no estaba del todo concentrada en el juego.

—Apuesto a que ahora mismo estás teniendo pensamientos sexosos que me incluyen —dijo, poniendo en pausa la partida y dejando su mando a un lado.

Natasha sonrió, mordaz, ocultando el hecho de que tal vez sí había estado pensando en Clint como el hombre desastrosamente guapo que era. — ¿En serio?

—Es eso o eres caníbal y ya me viste desnudo sobre tu mesa, cocinado a término medio, relleno de más carne con especias y una manzana en la boca.

—Eso es repugnante, Clint —Natasha contorsionó sus facciones en una mueca y Clint comenzó a reír.

—No tan asqueroso como Budapest —mencionó el rubio—, ¿habías visto gente más loca?...—volvió a reír, reclinándose sobre el sillón, mientras Natasha recordaba Budapest.

Clint y Natasha se conocían de más tiempo del que era adecuado para dos personas como ellos. Era mucho tiempo, pero de repente Natasha se encontró deseando que fuera más.

Tasha aun recordaba la tarde en que encontró a un niñito de su edad, rubio y de ojos azules, llorando en la lluvia. El universo había decidió que era buena idea juntarlos aquella tarde y no había día en que ambos no agradecieran la bondad en los complots cósmicos. Desde entonces y para siempre, Romanoff procuró cuidar de Barton, lo llevaba a todos lados con ella cuando era un chiquillo, lo defendió de su mal padre, lo detuvo de hacer idioteces siempre que pudo preverlas. Protegerlo se volvió una de sus prioridades. Sin que Clint pudiera saberlo, lo había convertido en un miembro popular en la escuela y amigo de Tony Stark, para evitarle los horrores que le traería pertenecer a un grupo social inferior.

Natasha lo veía reírse y recordaba el viaje con Barney a Hungría. El dinero nunca fue un problema para ella, y Clint siempre estaba en su lista.

Romanoff cerró los ojos y suspiró. Hasta ese momento de su vida, Tasha pensó que esta clase de amor era para niños, tontos e ingenuos. Y había sido tan necia al respecto. Ahora se le encogía el corazón de pensar que el lapso normal de una vida era insuficiente para querer a alguien como ella quería a Clint, por muy idiota y cursi que sonara eso.

—¿Te pasa algo? —preguntó Clint, quien la observaba con atención, frunciendo un poco el ceño. Natasha emergió de sus pensamientos. Pestañeó rápidamente y le sonrió con un cierto aire fatigado.

—Nada —respondió, trocando su sonrisa triste por una burlona—, es sólo que estoy tristemente segura de que en mi mente tu cuerpo está mucho mejor que en la realidad.

Clint abrió exageradamente los ojos, incorporándose y haciendo ademán de quitarse la camisa. —Pues déjame contradecirte.

Natasha lo golpeó con lo primero que tuvo al alcance de la mano, que, para suerte de Barton, fue un cojín. —No te atrevas, Clinton. Me gustaría conservar mis fantasías de ti un poco más —rio.

Clint le lanzó una mirada y una sonrisa maliciosas. —Pero la realidad es mucho mejor, Nat.

Natasha reprimió por poco el deseo de levantarse, sujetarlo por el cuello y besarlo como si no hubiera un mañana. Se limitó a levantar una ceja y sacudir la cabeza rodando los ojos. —Desde luego que no, Barton. Lo sabes.


¡Hola otra vez!

Ha sido sólo un capítulo de transición. Una especie de complemento del capítulo .

La parte de Nat fue a petición de elapink100. Linda, pediste algo de Nat y esto fue lo único que pude sacar, espero haya sido más o menos bueno …Aunque también lo hice para aclarar un poco (no mucho) el asunto con Budapest, acá ha sido solo un viaje turístico y algo loco. Esto le dará algo de sentido al que Nat lo mencione luego del baile de graduación.

Como sea. Gracias por leer.

¡Comentarios! Cortitos, largos, raros, normales. Lo que sea le ayuda a esta escritora.