Este fic es un Neville/Milicent Bullstrode propuesto por Alex Franco como respuesta al "Reto Crack" del foro Weird Sisters. Y también es una mierda extraña, pero yo he cumplido mi parte xD
Valiente
Al llegar al final del pasillo de piedra, Neville Longbottom giró hacia la derecha y se detuvo un instante para recuperar el aliento. Creía que los había despistado pero no podía estar seguro.
Por si acaso, apretó su varita –la última que había vendido Ollivander antes de desaparecer –y siguió corriendo. Atravesó el corredor tan deprisa que a los habitantes de los cuadros apenas si les dio tiempo a verle, giró a la izquierda, luego a la derecha, bajó un tramo de escaleras y subió otros cuatro.
No quería volver a la torre de Gryffindor inmediatamente, porque era posible que alguno de los secuaces de los Carrow estuviera esperándole frente al retrato de la Dama Gorda. No era la primera vez. Lo habían pillado con las manos en la masa demasiadas veces como para no plantearse que fuera él el responsable de la última pintada de apoyo a Harry.
Su plan era dar vueltas por Hogwarts durante unos minutos hasta que se cansaran de buscarlo. Quizás entonces podría regresar a su sala Común.
Sin embargo, al bajar los últimos peldaños de las escaleras del quinto piso de un salto, perdió el equilibrio y sin querer golpeó una armadura de metal. Ésta no se cayó pero hizo un ruido tremendo al chocar con la pared, amplificado por el eco de los pasillos de piedra.
Tendría suerte si el estruendo no se había oído hasta en el Bosque Prohibido. Mascullando por lo bajo, Neville se metió en la primera clase que encontró abierta. Apuntó su varita hacia la puerta y estaba a punto de murmurar un "Fermatopus" cuando la puerta se abrió de par en par y una chica entró por ella con la varita en la mano.
Pareció sorprendida al verle, pero no bajó la varita. Neville tampoco. Se trataba de Millicent Bulstrode, Slytherin y al parecer, una de los compinches de los Carrow. Era posiblemente la única chica de todo Hogwarts a la que Neville no sacaba una cabeza después de haber pegado el estirón. Además Millicent no sólo era alta, también era corpulenta, con las mandíbulas cuadradas y la nariz prominente. Lo único bonito y delicado en sus rasgos eran sus ojos oscuros, con pestañas largas y rizadas sombreando su mirada.
Neville se dio cuenta de que estaba examinando los golpes, cortes y contusiones que tenía en la cara. Hacía más de una semana que no era capaz de levantar del todo el párpado izquierdo de lo hinchado que lo tenía después del último castigo de los Carrow y le escocía la mitad de la cara cada vez que le tocaba el agua caliente de las duchas. Su piel era de todo menos blanca: a trozos granate, en otros violácea y en el resto amarillenta. Daba pena.
Debía de darla, porque de pronto Millicent bajó su varita.
—Márchate, Longbottom. Pero no vuelvas a la torre de Gryffindor directamente, los Carrows han enviado a Crabbe y Goyle a esperarte allí. Y no hagas tanto ruido la próxima vez —le advirtió. Millicent tenía una voz tan bonita y femenina que no parecía pertenecerle.
Si esa fuera la primera vez que Neville la hubiera oído hablar posiblemente se habría sorprendido, pero no lo era.
Recordaba bien la primera vez que Millicent le habló. Había sido al dar por terminada la única sesión del club de duelo, en segundo curso. Después de que Harry hubiera hablado en pársel para luego salir corriendo con Ron y Hermione, Snape había dado por finalizada la clase.
Neville se había quedado muy impresionado por lo sucedido y al mismo tiempo se sentía avergonzado de lo mal que se le había dado la cosa como duelista. Trató de desarmar a Ron pero sólo consiguió que a Parvati la varita se le escapara de las manos y se le encajara dentro de una oreja.
Así que salía arrastrando los pies, siguiendo la fila de alumnos que abandonaban el gran comedor, cuando una niña que caminaba casi a su altura le habló.
—Te he visto antes, no se te da muy bien la magia —dijo ella. Neville vio que la niña llevaba el escudo de Slytherin en la túnica y que era tan grande que parecía de quinto, pero sabía que iba a segundo porque compartían algunas asignaturas.
Suponiendo que sólo quería burlarse de él, Neville ni siquiera contestó.
—Eres sangre pura, ¿verdad? —continuó ella, con cierta torpeza. Aunque tenía una voz muy bonita, parecía que no se le daba muy bien expresarse.
—Sí, lo soy, ¿y qué? —preguntó Neville, que comenzaba a hartarse de esa conversación.
—Yo tampoco soy muy buena con la varita —Bullstrode cerró las manos en puño —Pero mi padre siempre dice que cada uno tiene sus armas. Si no puedo ganar con la varita lo haré con las manos.
Entonces Neville recordó que durante la clase, la había visto intentando estrangular a Hermione.
—Eso es trampa —la recriminó Neville —Pegaste a Hermione.
Lejos de sentirse avergonzada, Millicent encogió los anchos hombros.
—Mi padre siempre dice que no me meta en una pelea en la que no puedo ganar. Granger debió pensárselo antes.
Neville la miró con desprecio e intentó dejarla atrás, pero había un pequeño embotellamiento de alumnos en la salida, así que no pudo alejarse más que unos pasos, lo que no fue suficiente para librarse de Bullstrode.
En dos zancadas volvía a estar a su lado.
—El año pasado te peleaste contra Malfoy, Crabbe y Goyle tú solo —murmuró.
Neville se detuvo y le sostuvo la mirada, desafiante. Esperaba que hiciera algún comentario burlón sobre el ojo morado y los arañazos con los que acabó tras la pelea, pero Millicent lo observó con timidez y después apartó la mirada.
—Eso fue muy valiente —dijo. Para cuando Neville quiso reaccionar, el tapón de alumnos se deshizo y la niña se alejó rumbo a las mazmorras, con la cabeza hundida entre los hombros.
Neville no le había prestado mucha atención después de eso, aunque se podría decir que hasta el momento Bullstrode era la Slytherin que había sido más amable con él. Después de aquel día, alguna vez lo había saludado con la cabeza cuando se cruzaban por un pasillo e incluso en una ocasión le pidió perdón por pisarlo al entrar en clase. A Neville le desconcertaba que fuera tan educada con él –especialmente siendo Gryffindor y siendo tan…bueno, tan torpe –cuando con el resto del mundo se comportaba como una matona al más puro estilo de Crabbe y Goyle.
Fuera como fuera, ni siquiera sus desconcertantes muestras de amabilidad lo habían preparado para aquel día, el primer domingo de Diciembre, cuando Millicent se le acercó al final de la clase de pociones en la que Neville se había quedado rezagado intentando limpiar su caldero de la pegajosa poción que había obtenido cuando intentaba hacer un antídoto.
—Longbottom —murmuró ella. Neville dio un respingo porque no se había percatado de su presencia, y cuando la miró le sorprendió ver que la chica estaba sonrojada. Los coloretes parecían muy extraños en un rostro tan adusto y tosco, y Neville no podía estar más desconcertado.
—¿Si? —preguntó.
—Yo me preguntaba…bueno, me pregunta si…bueno —gruñó Millicent —¿Vienes al baile de Navidad conmigo?
Nada, ni que le dijera hola de vez en cuando, ni que lo esperara al final de la clase de pociones, ni siquiera que ella estuviera tan colorada, había preparado a Neville para esa pregunta.
—Yo…ya…ya tengo pareja —tartamudeó, en pleno shock. Era cierto, se lo había pedido a Ginny el día anterior en la sala Común de Gryffindor y ella había dicho que sí, pero la Slytherin lo había pillado tan por sorpresa que se dio cuenta de que su respuesta había sonado a excusa.
—Bueno, vale —replicó Millicent, asesinándolo con la mirada, como si creyera que Neville estaba marcándose un farol para rechazarla. Después se marchó a zancadas.
Neville debía reconocer que Bullstrode le intimidaba un poco y lo desconcertaba un mucho, pero lo cierto es que se sintió un poco culpable después de declinar su invitación. No había esperado que ninguna chica lo invitara, es más, él se lo había pedido a Hermione y ella le había contestado que tenía otra pareja. Y sabía que Ginny Weasley sólo había aceptado para poder ir al baile porque de otra manera a los de tercero les estaba vedado.
Por eso, no le habló a nadie de lo que había pasado, aunque eso no impidió que se sintiera un poco mal cuando el día del Baile de Navidad vio a Millicent Bulstrode sola. Se había puesto una túnica amarilla que hacía que pareciera un limón gigante y llevaba el pelo suelto por primera vez desde que la conocía. Parecía muy fuera de lugar con esa pinta entre la cantidad de alumnas con túnicas de colores suaves y prendedores bonitos que bailaban grácilmente con sus parejas.
Neville no era un buen bailarín, así que Ginny se cansó pronto de que la pisara y sugirió que mejor se sentaran un rato. Se entretuvieron hablando con otros compañeros hasta que un chico de Ravenclaw se acercó y le pidió a Ginny que bailara con él. Neville asintió cuando ella le miró dubitativa, y después de eso la pelirroja se marchó con el chico de Ravenclaw y nunca volvió.
Poco a poco el Gran Comedor se fue vaciando y Neville decidió salir a tomar el aire un rato antes de irse a dormir. Una vez atravesó las puertas de Hogwarts se dio cuenta de que no era el único que había tenido esa idea. Había varias parejas ocultas tras los setos nevados.
Suspirando, se dio media vuelta y decidió irse a dormir directamente, cuando vio una figura amarillo limón en uno de los soportales del colegio. Se trataba de Bullstrode, sentada en un escalón de piedra con la mirada perdida.
Posiblemente fue su sentimiento de culpa por rechazarla, o quizás le dio pena verla allí, tan sola, pero el caso es que Neville decidió acercarse y hacerle un poco de compañía. Se sentó en el escalón junto a ella y se guardó las manos en los bolsillos de la túnica para protegerse un poco del frío.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó.
Millicent, que estaba muy pálida, lo miró con sus ojos oscuros, como si no hubiera reparado en su presencia hasta que él le habló.
—No me gusta bailar. No sé bailar. Y además, nadie quiere bailar conmigo —replicó ella —¿Y tú qué haces aquí? ¿No deberías estar bailando con la Weasley?
—A mí tampoco se me da bien bailar —repuso Neville con tono calmo —Ginny está bailando con un chico que no la pisa cada dos por tres.
Después de eso se quedaron en silencio durante un buen rato, hasta que empezó a nevar.
—Quizás deberíamos volver dentro —murmuró Neville —Hace mucho frío aquí fuera.
—Si no hubieras tenido pareja, ¿habrías venido al baile conmigo, Longbottom? —le preguntó ella de repente.
Neville agradeció que estuvieran casi a oscuras porque sabía que acababa de ponerse colorado. Pensó su respuesta durante unos segundos y al final resolvió ser sincero.
—No lo sé.
Millicent lo contempló en silencio durante unos instantes. Después alargó una mano hacia su cara. Neville dio un respingo porque pensó que quizás iba a pegarle, pero la chica se limitó a ponerle una mano en la nuca y atraerlo hacia ella.
Antes de que Neville pudiera adivinar sus intenciones, Millicent Bulstrode lo besó en la boca. Tenía los labios tan helados que al principio le costó sentir algo más que una leve presión. Pero entonces Millicent separó los labios, volvió a cerrarlos y después los separó de nuevo, todo eso contra la boca de Neville, hasta que él empezó a sentir calor por toda la cara.
Entonces Millicent se apartó, mirándolo fijamente con ojos brillantes, como los de un gato en la oscuridad, y después se marchó, dejándolo allí plantado.
Para Neville, quizás lo más sorprendente de todo no fue que ella lo besara sino que después se comportara como si no hubiera pasado nada. No volvió a acercarse a hablarle y Neville no sabía si debía acercarse él porque después de todo, era ella quien lo había besado y parecía haber decidido olvidarlo.
Las semanas que siguieron a ese beso –el primer beso de Neville –se las pasó observándola de lejos, recordando el baile de Navidad y debatiéndose entre hacer algo o no, pero con el tiempo, las otras pruebas del Torneo de los tres magos y finalmente el regreso de Voldemort, Neville olvidó lo sucedido.
En quinto curso, con la llegada de la horrible Umbridge, Neville comprendió que, aunque no era igual que Malfoy y sus gorilas, Milicent estaba en su mismo bando. Mientras Neville entrenaba a escondidas con el Ejército de Dumbledor, Millicent formaba parte de la odiosa Brigada Inquisitorial de Umbrigde. De hecho, ella fue una de las que atrapó a Hermione y Ginny el día que irrumpieron en el Ministerio de Magia, y al intentar evitarlo, Neville acabó capturado por Crabbe, quien intentó asfixiarlo con mucho empeño.
Desde ese momento, Neville dejó de pensar en Millicent como alguien quizás un poco bruta y agresiva pero no mala persona, para ponerla al mismo nivel que Crabbe y Goyle. Y en consecuencia, la ignoró por completo hasta ese momento, el momento en que Millicent Bullstrode lo capturó después de pintar "Harry Potter volverá y os pateará el culo" en una pared del cuarto piso, para luego decirle que podía irse.
—¿Me dejas marchar? —preguntó Neville con cautela, como si no se lo creyera. Millicent hizo un brusco ademán afirmativo —¿Por qué? Yo hice la pintada.
—¿Te crees que los Carrow no lo saben, Longbottom? Como no tengas cuidado acabarán matándote —gruñó ella.
—¿Y por qué te importa eso? ¿Porque soy un sangre limpia? ¿Está mal que me peguen y torturen a mí pero a los hijos de muggles no? —la desafió Neville. No se había callado ante Amycus ni Alecto, tampoco ante Snape cuando tuvo la ocasión, y desde luego no pensaba hacerlo ante una de los matones de los Carrow.
Millicent frunció el ceño y apretó las mandíbulas de manera intimidatoria.
—A mí tampoco me gusta esto, Longbottom —masculló —Yo no quería esto. Quería que los hijos de muggles se fueran a otro colegio, a un colegio especial para ellos. Pero no quiero torturarlos, ni matarlos. El ministerio dice que los bebés sangre sucia le roban la magia a niños mágicos, pero yo no me lo trago. Hasta mi padre dice que eso son pamplinas. Una cosa es meterme con ellos o lanzarles maleficios de piernas de gelatina y otra cosa muy distinta esto.
—Entonces ¿por qué obedeces a los Carrow? ¿Por qué los ayudas a atrapar a los que nos resistimos? —insistió Neville, sin dejarse convencer.
—Porque yo no soy como tú, Longbottom. Nunca me meto en una pelea que sé que voy a perder. No soy valiente. No soy valiente como tú.
Neville no había esperado que Millicent le respondiera eso. Por un instante, al mirarla, le recordó a la niña torpe y poco agraciada que se había pasado todo el baile de Navidad junto a la mesa del ponche, sin bailar, sin que nadie la invitara a hacerlo, observando con una mueca fiera como el resto del mundo se divertía mientras ella se afanaba en aparentar que no le importaba.
Y comprendió que, tres años atrás, no lo había invitado al baile porque fuera el único sangre limpia que quedaba libre. Lo había hecho porque había creído en la valentía de Neville mucho antes de que él lo hiciera.
—Si me dejas marchar te meterás en líos —le recordó él. Si era tan cobarde como parecía creer, ¿por qué iba a arriesgarse a dejarlo libre?
—Es un riesgo calculado —respondió Millicent y aunque el gesto de su boca era duro, como siempre, a Neville le dio la impresión de que sus ojos sonreían, como si le hubiera leído el pensamiento y encontrara divertido que un Gryffindor cuestionara su cobardía.
Él separó los labios para decir algo, posiblemente para darle las gracias, pero entonces escucharon unas voces que venían del pasillo.
—¡Bullstrode! —bramó una voz de hombre, probablemente Amycus —¿Lo has encontrado?
Neville y Millicent se miraron fijamente durante unos segundos, asustados. Después ella le indicó con un gesto que no hiciera ruido y salió del aula.
—No —Neville escuchó su voz a través de la puerta entreabierta —Lo seguí hasta aquí pero ha desaparecido. Estaba inspeccionando las aulas.
—¿Viste quién era? ¿Otra vez ese Longbottom? —la interrogó el mortífago, furioso.
—No lo sé, sólo vi una sombra —mintió ella.
—Sigamos buscando —masculló Alecto.
—Ya he revisado este ala, quizás deberíamos subir las escaleras —propuso Millicent.
Neville escuchó el gruñido de conformidad de los Carrow y después los pasos del grupo alejándose por las escaleras. Esperó hasta dejar de oírlos antes de salir de la clase y escabullirse sigilosamente hasta la torre de Gryffindor dando un largo rodeo para ganar tiempo.
Mientras se deslizaba entre sombra y sombra tratando de no cargarse ninguna armadura y pensando en lo que acababa de suceder, Neville Longbottom comprendió que había muchas maneras de ser valiente.
Prácticamente no se sabe nada de Millicent Bullstrode, sólo que estranguló a Hermione en segundo, que tenía un gato y que formaba parte de la Brigada inquisitorial. Pero en ninguna parte se dice que venga de una familia de mortífagos y no todos los puristas de la sangre tienen que ser igual de radicales. Aquí Millicent ve en Neville alguien afín a ella y eso es toda la explicación que tengo para decir por qué he escrito el fic así. Es que no tenía ni idea de cómo hacerlo xD Tengo la superhabilidad de hacer el crack aburrido así que en fin, si alguien lo ha leído y quiere darme de opinión, será bien recibida.
Gracias de antemano :)
Con mucho cariño, Dry.
