Me tarde horrores con este capítulo porque tuve mucho que hacer estas últimas semanas, además de que como habrán de notar este capítulo de verdad que es largo, unas 20 páginas y media según me dijo word así que por eso me tarde más.
En fin. Ya saben notas al final.
¡A leer!
.
Discraimer: Los personajes no me pertenecen son de Hiro Mashima
.
Aclaraciones y/o advertencias
• UA (Universo Alterno)
• OoC
• Lenguaje fuerte/soez
.
.
No es mi culpa
Capítulo 14
.
.
Luego del error el día de la cena, se había propuesto evitar a Lyon tanto como le fuera posible, lo que no previó es que él hiciera lo mismo. Ya ni siquiera la llamaba a su oficina para darle sus tareas del día, en su lugar le enviaba un correo electrónico; y cuando era inevitable el verse ni siquiera miraba en su misma dirección, siempre fingía estar ocupado en otra cosa.
Al inicio creyó que solo se había molestado por su escape, estaba segura de que hirió su orgullo masculino y le iba a ignorar como un niño hasta que se le pasara, mas luego de tres días comenzaba a creer que la actitud esquiva de Lyon era por un motivo mucho más serio. Lo peor es que no solo ella lo había notado, Jura y otros empleados también y como era obvio habían corrido a preguntarle si sabía algo, no había podido explicarles la situación pues de hacerlo tendría que haber contado aquel incidente y se estaba esforzando por olvidarlo, por lo que terminó negando ser conocedora del porqué de la actitud de su jefe. Aun así, se le encogió el corazón al notar la preocupación de todos, durante el tiempo que llevaba trabajando en el hotel cada uno de ellos se había portado de las mil maravillas con ella y traicionarlos — al menos en su mente, lo consideraba así — le dolía.
Pero... ¿cómo iba a ofrecerles algo más que comprensión, cuando ella estaba tan confusa y perdida por lo sucedido?
Pensaba en ello mientras aseaba — o al menos intentaba hacerlo — la habitación de Vastia, la cama estaba hecha a medias porque estar en ese lugar, tan personal e intimo del albino le estaba causando aún más confusión, tanta que no podía concentrarse en nada durante más de cinco minutos.
Y no sabía porque le daba tantas vueltas, ella había hecho lo correcto al haber escapado de él, porque era incorrecto que la besara cuando eran hermanos.
«Yo nunca te vi como mi hermana... tú siempre has sido diferente»
Se le estrujó el corazón al recordar esas palabras, era verdad que Lyon nunca la había visto como lo que se supone era y por consecuencia ella tampoco lo veía de esa forma, él era solo alguien de la familia, algo así como un pariente lejano al que solo ves en navidad. Suspiró cansadamente mientras pensaba en qué se supone debería hacer, si hubiera reaccionado como el cabrón que era le habría sido fácil echarle una bronca y pasar página pero verlo tan serio, inexpresivo y totalmente absorto en el trabajo le causaba malestar.
La rabia burbujeó en su interior como la lava lo hacía en el interior de un volcan, Lyon era un jodido cabrón, las cosas marchaban bien hacía unos días, tanto que había logrado sentirse a gusto en el hotel y a su lado, ahora solo quería salir huyendo sin mirar atrás.
La puerta de la habitación se abrió de repente, haciendo que se sobresaltara, era normal escuchar el ruido de esta desde el dormitorio pero odiaba no poder saber quien entraba o salía, se le paró el corazón al pensar que podía ser Vastia, no se sentía preparada, no sabía que decirle o cómo actuar en su presencia; despavorida comenzó a juntar las sábanas de la cama a medio hacer, las usaría como distracción, se dijo, sin embargo en lugar del propietario del hotel, quien apareció fue Chelia.
Para su sorpresa la chica de cabellera rosácea llevaba el uniforme de camarera, el cual consistía en una blusa blanca de vestir, de manga larga, con puños y detalles en los hombros en color rojo y tenía botones del mismo tono en todo el frente, en la parte superior derecha— a la altura del pecho — tenía una pequeña bolsa en la cual iba bordado el logo del hotel. En conjunto vestía unos pantalones de vestir color vino, la adolescente había terminado su vestuario con unas bonitas sandalias doradas, que — admitía — hacían un juego fabuloso con lo demás. Aunque de igual manera era extraño pues la Blendy solía quejarse demasiado del uniforme y — según sabía, gracias a las quejas de Kagura por ello — le había rogado al jefe hasta que le permitió vestir de forma informal.
— ¿Aún no has terminado? — puso sus manos en su cintura y la riñó como una madre a su hija.
— Ya casi — no le gustaba nada tener que darle explicaciones pero no podía negar el desastre que había creado al intentar hacer su trabajo.
— Olvida eso — dijo y le arrebató la sábana que tenía en las manos — yo me ocupare, Lyon quiere verte.
Si antes su corazón se había detenido súbitamente, ahora latía desbocado en su pecho, aun sabiendo que la ignoraría, sus nervios la comieron viva, ¿seguiría igual de decaído o estaría recuperado?, si tuviera que ser honesta esperaba lo segundo.
— ¿Sabes... — tuvo que empujar las palabras fuera de su boca — ara qué quiere verme?
— No — respondió enseguida — solo me pidió que te avisara, lo cual ya hice.
— Pero... ¿qué hay con lo demás? — extendió sus para hacer referencia a todo el dormitorio.
No es que estuviera atrasando el momento — exactamente —, solo que no le gustaba dejar las cosas sin terminar.
— Yo me ocuparé — habló con alegría y una sonrisa adornando su rostro — después de todo Lyon me lo pidió.
Ahora entendía su buena disposición.
— Así que no te preocupes y date prisa — sin consideración alguna la empujó fuera del dormitorio y la habitación — estoy segura de que era algo importante.
Sin más cerró la puerta a sus espaldas, resignada emprendió el camino hacia la oficina de su jefe. Con el tiempo se había familiarizado con la mayoría del edificio — daba gracias a su buena memoria y múltiples viajes de piso en piso —, por ello era capaz de caminar sin la menor atención puesta en el camino, solo la presto antes de subir y bajar el ascensor.
Cuando por fin estuvo parada frente a su puerta se congeló por completo, le asustaba la idea de enfrentarle, solo mirarle la cara le hacía recordar el calor abrasador de su cuerpo, el apremió con que había devorado su boca y el descaro con el que recorrió su espalda. El calor se agoló en sus mejillas tiñéndolas de rojo carmín; sacudió la cabeza intentando alejar tales pensamientos, se irguió derecha y tocó la puerta con suavidad.
Tras obtener el permiso, entró casi con cautela, misma que desapareció al notar la presencia de otra mujer en el despacho. Como ella había girado a mirarla pudo observar su rostro, tenía bonitas fracciones que hacían resaltar sus ojos azul medianoche, su cabello era corto y liso, de un platinado más brillante que el de Lyon. Era delgada pero sin exagerar, iba vestida con un traje chaqueta en color perla que la hacía ver bastante profesional.
— Meredy — desde el beso ya no la había llamado 'Med' — llegas justo a tiempo — la sonrisa afable le fue bien conocida, era la misma que le daba a todo el mundo.
— Chelia dijo que querías verme — como no estaban solos omitió la parte en que ella fue echada de manera brusca.
— Tengo un trabajo especial para ti — su mirada se traslado a la albina — te presento a Lisanna Strauss — la aludida le sonrió amable y le tendió la mano a modo de saludo — ella comenzará a trabajar como repostera del restaurante del hotel.
— Un placer, me llamo Meredy pero puedes decirme Med, todo el mundo lo hace — apenas recordó que el hombre que antiguamente ocupó el puesto había renunciado el mismo día de la cena, aun así se mostró igual de amable con la que sería su nueva compañera de trabajo.
Lo del nombre lo había agregado solo para recordarle a Lyon que aquello no tenía nada de especial y que era ridículo que la llamara por su nombre completo solo porque ahora quería mantener la distancia.
— Lo mismo digo, Med — por su expresión supo que no fingía, en realidad era de ese modo — tu puedes llamarme Lisanna o Lissi si quieres.
— Quisiera que la presentaras con el resto del personal y le mostraras la cocina, el comedor y su lugar en el vestidor — como ajeno a la escena que habían montado, el varón habló con su tono perfecto, mismo que utilizaba cuando de dar órdenes se trataba.
Lisanna y su jefe intercambiaron un par de palabras más antes de que ambas pudieran abandonar la oficina. Lo primero que hizo fue convocar a los demás empleados, los cuales estaban casi todos reunidos para una junta de personal, solo Chelia y Jura estaban ausentes, la primera por suplirla con sus tareas del día y el segundo porque tenía asuntos que atender fuera del hotel.
Todos parecieron recibir con los brazos abiertos a su nueva compañera, sobre todo el personal del restaurante, eso la alivió en demasía. Yuka tomó el mando del recorrido apenas pusieron un pie en la cocina, se lo permitió solo porque esa era una de las pocas áreas de las que no tenía conocimiento, por lo que intentar dar explicaciones como las que él le daba a la albina sería un desastre.
La cocina como era de esperar estaba inmaculadamente limpia, hasta el último rincón, cada cocinero tenía una estación de trabajo que a su parecer era pequeña pero según las palabras de la Strauss era generosa. No obstante, ella no iba a trabajar ahí, en el fondo había una puerta que no estaba segura de haber visto —o no — antes, el chef en jefe empujó la puerta y entonces abrió los ojos sorprendida, parecía casi una segunda cocina solo que esta era un poco más pequeña y tenía dos hornos gigantescos que solo había visto en algunas series extranjeras de cocina.
La albina entró encantada y dedicó bastantes minutos revisando el que sería su lugar de trabajo, se le figuró a una niña pequeña en un nuevo centro de juegos. Cuando por fin salieron de ahí notó la diferencia de temperatura que había entre la cocina y el exterior, comenzó a sudar aunque solo un poco. Visitaron rápidamente el comedor y los vestuarios, en los cuales ya había una casilla marcada con el nombre de ella.
Debido a que — a pesar de todo — no habían gastado demasiado tiempo, se dedicaron a pasear por el bonito jardín del hotel, el cual no era inmenso pero tenía la extensión adecuada para cumplir con su segunda función, ser un jardín de eventos, Lyon no dejaba ningún lugar de su recinto sin explotar al máximo. Como era de esperar estaba repleto de flores, arbustos y uno que otro árbol, había unas cuantas bancas de piedra esparcidas por todo el perímetro del jardín.
— ¿Hace mucho que trabajas aquí? — le preguntó la albina una vez se sentaron en una de las bancas, bajo la sombra de un frondoso ficus.
— No, debería ser como un mes y medio, o casi — tal vez más si consideraba el tiempo desde su llegada como invitada a la boda fallida.
— Oh, vaya — pareció asombrada — creí que llevabas años aquí — rió un tanto avergonzada — lo digo por la confianza que el señor Vastia te tiene.
— Eso es por otro motivo —le aclaró aunque no entró en más detalles.
— Ustedes son hermanos ¿no es así? — la sorprendió y eso le provocó una segunda risa — la chica que me recibió lo mencionó — Chelia seguramente, pensó — que la asistente del señor Vastia era su hermana menor.
Al parecer a la Blendy le encantaba aclarar ese punto.
— Algo así — suspiró — es algo complicado.
— Es gracioso — musitó, cuando se miraron la una a la otra, siguió — el señor Vastia dijo lo mismo.
No supo como tomarse esa revelación, lo había dicho así porque seguía alterada y por ello, no podía afirmar su parentesco con tanta seguridad como antes.
— ¿Puedo preguntarte algo, Lisanna? — la verdad es que le inspiraba confianza y le vendría bien recibir una opinión externa por una vez.
— Oh creo que ya sé que vas a preguntarme — su expresión se volvió casi juguetona — y la respuesta es sí.
— ¿Sí? — repitió como si de esa forma aquella respuesta pudiera cobrar significado.
— Soy la hermana menor de Mirajane Strauss, la modelo.
Aquello la asombró y descolocó al mismo tiempo, no era eso lo que había querido preguntarle pero admitía que si se había hecho esa interrogante al escuchar su apellido.
— Vaya es sorprendente — no sabía bien que decirle.
— Lo es — aseguró — lo supe porque es lo primero que todo el mundo me pregunta seguido de porqué no soy una modelo como mi hermana.
Su tono y expresión no le transmitieron fastidió ni molestia, lo contaba como quien cuenta una anécdota divertida de la infancia.
— ¿Y qué sueles contestar?
— Que me gustan más los pasteles que las cámaras.
Ambas rieron y lo que fue un ambiente formal se transformó en uno lleno de complicidad femenina.
— Bueno no te culpo — dijo para "tranquilizarle" — son mucho más deliciosos.
Platicaron un poco más antes de ser irrumpidas por el tono del celular de Lisanna, aun cuando fue una llamada rápida; al parecer ella y sus hermanos — tenía un hermano mayor también — se acababan de mudar a Margaret y requerían su ayuda con el resto de la mudanza.
La acompañó hasta la entrada del hotel, donde un taxi la esperaba ya, se despidieron con un beso en la mejilla y la promesa de repetir el encuentro en próximos días. Una vez perdió de vista el auto, volvió dentro, la verdad es que le había caído de maravilla el hablar con Lisanna, si las cosas seguían yendo tan bien entre las dos — estaba segura — podría llegar a considerarla una amiga en poco tiempo.
Sin embargo, la distracción que ella había representado se marchó también y fue peor cuando su mirada fue a parar a la puerta de la oficina de Lyon. No es que Chelia fuera a dejarla retomar sus labores y no tenía nada especial que hacer. Sus pies parecieron cobrar vida o al menos así lo sintió cuando se dio cuenta de que se dirigía al lugar que tanto evitó.
No tenía nada de malo avisarle que había cumplido con su encargo ¿verdad?, por si fuera poco era ridícula la situación en la que estaban, ambos eran adultos, trabajaban juntos y tenían una familia en común, era mejor arreglar el enredo, no solo para los dos sino para todos. Y si Lyon no planeaba dar el primer paso, ella lo daría.
Decidida alzó la mano mas esta se congeló antes de tocar la madera, las cosas no eran tan fáciles, el hecho de que se hubieran besado — porque aunque le doliera tenía que admitir que le devolvió el beso en un determinado momento —, era algo que no podían ignorar. A pesar de que no hubiera culpa por haber hecho algo — supuestamente — indebido, había cosas que hablar, como el hecho de que había disfrutado el beso y el momento, que había deseado que la estrechara entre sus brazos y la llevara a su habitación; todo eso nacía de algo, un sentimiento o reacción física que había explotado en ese momento y que dejo secuelas que los perseguían incluso tanto tiempo después. Tenía que pensar primero que decidiría sobre eso antes de hablar con él.
Justo en ese momento el Vastia salió, la sorpresa de verla parada ahí afuera se notó en su rostro, los dos se quedaron inmóviles frente a frente.
— Lisanna se ha ido pero le he mostrado lo que me pediste — las palabras salieron por si solas de su boca, lo cual no había planeado, no obstante, al ver como los hombros del varón se relajaban se alegró de lo dicho.
— Ya veo — su mirada no la dejo, sentía que él también quería decirle algo pero que se lo estaba pensando — espero que pueda acoplarse a la cocina.
— Creo que lo que hará más pronto de lo que crees — dijo recordando su expresión y la forma en la que Lisanna se movió dentro de la cocina.
— Te ha caído bien por lo que veo.
Asintió sin más, el ambiente se sentía pesado pero no encontraba forma de marcharse sin que pareciera que huía.
— Me alegro — sonrió de pronto, con una alegría verdadera que le llegó a la mirada — es bueno que Lisanna haya encontrado con quien tomar confianza y creo que ahora que Juvia esta ilocalizable necesitas una amiga cerca.
La sola mención del nombre de su mejor amiga le causo un palpito, podía darse cuenta del cariño que todavía le tenía además de que el dolor de su partida ya era algo del pasado.
— Lyon... yo...
— Lo siento — estaba pasando, se dijo, iban a hablar de todo, justo cuando había dado paso atrás — Jura ha llamado y tengo que salir, encárgate de todo en mi ausencia ¿sí? — o tal vez no lo harían — confió en que podrás arreglártelas aunque si no es así llámame, estaré al pendiente de mi teléfono.
Le puso una mano en el hombro y a pesar de llevar la blusa y una chaqueta encima sintió como si su piel respondiera a su toque. De nueva cuenta se limitó a asentir, entonces Lyon abandonó su hombro causándole un atisbo de decepción, se giró para verle marchar y sintió que a cada paso más crecía el sentimiento hasta que de pronto él se detuvo y la miró por sobre su hombro.
— Lo siento Med — su tono de voz era desolador — por lo que paso, por lo que te hice sentir y... por todo.
Y así se marchó, dejándola aun más confundida, con el orgullo femenino herido y el corazón hecho un desastre.
.
.
Se dejo caer en la silla que usualmente era ocupada por Vastia, había pasado casi veinte minutos hablando con Kagura, quien por milésima vez, le pedía que hablara con su jefe sobre el detergente que se usaba para lavar las sábanas. Solo pudo colgarle luego de prometerle — una vez más — que lo haría en cuanto llegara.
Realmente no sabía porque es que este trabajo le gustaba al albino, lo comprendería si se limitara a los asuntos de oficina pero él se encargaba de la mayoría de ellos y aun cuando no era de esa forma terminaba supervisándolos de todos modos. Lo había visto bajar hasta la lavandería con sábanas sucias en mano, solo para complacer a mujeres adineradas que solo llamaban a recepción para exigir su presencia y encargarle ese tipo de cosas.
Quizá es que era condenadamente paciente a comparación suya, sin contar que tenía cierta obsesión con el orden y la limpieza, ahora entendía porque él y Kagura parecían llevarse bien.
Suspiro lentamente, se sentía inusualmente cómoda, a pesar de estar en un espacio personal de Lyon, en su habitación no logró dejar de ir y venir de un lado a otro mientras pensaba en él y lo que podía hacer si se encontraban solos, empero, en su oficina lo que le rondaba en la mente eran sus virtudes; todas aquellas cosas que le gustaban de él, incluso llegó a desear su compañía.
La luz y el sonido del teléfono le hizo desperezarse, esperaba que no fuera la Mikazuchi con otro reclamo. Descolgó el aparato y se lo llevó al oído, era Bisca, una de las recepcionistas; al parecer había llegado un huésped al cual Lyon le pidió alojar en uno de los penthouses, además de pedirle que le avisara de su llegada para darle la bienvenida personalmente, como él no estaba, era claro que tendría que ir en su lugar. Le pidió a la mujer que lo entretuviera un par de minutos para arreglarse un poco, aunque al final solo aliso un poco su ropa y salió de la oficina, no le entusiasmaba la tarea pero se esforzó por poner buena cara y sonreír.
— Bienvenido a nuestro hotel — comenzó a decir con un tono profesional pero suave, el huésped era un hombre joven quizá de su edad o poco más. Iba vestido con un largo abrigo color café, unos pantalones de vestir en un tono más oscuro y unos zapatos negros. Como llevaba un sombrero y unos lentes oscuros no podía apreciar del todo su rostro, aun así su atractivo era evidente — el señor Vastia tuvo que salir un momento, por lo que no pudo recibirlo como deseaba, yo soy Meredy Milkovich su asistente personal. En su nombre le ofrezco una disculpa y quedo a sus órdenes.
El hombre esbozó una sonrisa radiante, mostrando sus perfectos dientes blancos, si antes había pensando que era atractivo ahora lo confirmaba al cien por ciento.
— ¿Y él te pidió que me recibieras... — su voz le resultó algo familiar — o es más bien cosa tuya Med?
Había pronunciado su nombre casi con deleite, en ese momento deseó que se quitara las gafas para ver su mirada.
— Ambas — soltó casi sin percatarse — el señor Vastia me pidió cumplir con su agenda hasta que llegara pero también me pareció correcto presentarme ante usted viendo las circunstancias.
Y no sabía porque le estaba dando explicaciones, para su fortuna Bisca interrumpió el momento para avisar que el registro estaba completo, luego le entregó su llave de la habitación. Él le agradeció encarecidamente, lo que provocó un gran sonrojo en la recepcionista. Mientras eso sucedía, se encargó de que el botones se llevara las maletas, pudo notar que eran más de las que otros hombres solían llevar, lo cual podía significar dos cosas; la primera, que se fuera a quedar un tiempo considerable en la ciudad o la segunda, que fuera vanidoso.
— Ya que estas a mis órdenes — casi saltó del susto, no se había percatado de cuándo es que se situó a su lado — ¿te importaría acompañarme hasta mi nueva morada?
— Por supuesto, señor — habló luego de recuperar su tranquilidad y compostura.
— Gracias — la tomó de la mano y la arrastró hasta el elevador — me ponen nerviosos los elevadores — se inclinó para susurrarle esas palabras y si no fuera por el gesto de desagrado que había en su rostro no se lo hubiera creído.
Él llenó el silencio hablando de sí mismo, según sus propias palabras, estaba de paso y no se quedaría demasiado tiempo a menos que fuera necesario. Estaba trabajando en la composición de unas canciones para su banda — la cual no precisó y ella a pesar de querer saberlo, no lo pregunto —, no es que fuera muy bueno, de hecho le había confesado que era la primera vez que componía algo, anteriormente se dedicaba solo a interpretar las ajenas.
Extrañamente no se sintió hastiada de la conversación, al contrario, su atención se enfrasco solo en eso, tal vez fuera su manera de hablar, libre de presunción pero llena de pasión por lo que hacía.
Sin embargo, el hotel no era interminable y llegaron a su destino, su acompañante abrió la puerta de la habitación con una emoción oculta que no le paso desapercibida. En cuanto puso un pie adentro se dedicó a examinar la decoración. Los penthouses no eran ostentosos por lo que eran espaciosos, tenían un estilo más sencillo con un mobiliario moderno e informal pero que mantenía una clara elegancia.
— Me gusta — declaró una vez terminó su pequeño examen — creí que sería algo más llamativo, es casi un alivio.
— Me alegra escuchar eso, siempre buscamos que nuestros huéspedes se sientan como en casa — ese era el lema del hotel o al menos entre los empleados era ese.
— ¿Ah, sí? — el hombre despidió tranquilamente al botones, incluso notó que le daba una muy buena propina — pues a mí me falta algo para sentirme como en casa.
Una vez solos, regresó hasta donde estaba y le indicó que se sentara en uno de los dos pequeños sillones que había en la pequeña área que pretendía funcionar como una sala, así lo hizo. Él se sentó a su lado, dejando una distancia cordial.
— Dígame que es y yo intentaré arreglar lo que haga falta — solo esperaba que no le pidiera algo descabellado, ya una vez había tenido que convencer a un hombre mayor de que era imposible que Beth fingiera ser su nieta.
— Solo hay una cosa que necesito, algo sencillo que estoy seguro tu misma puedes hacer por mi — habló tranquilo pero se inclinó sobre su rostro —, necesito compañía.
Su ceño se frunció y se levantó completamente indignada, debía de haberlo previsto, no era el primer sujeto en el hotel que le pedía algo parecido, solo que al sentirse a gusto a su lado le molestaba el doble.
— No sé por quien me has tomado pero...
— ¡Vamos Med! — se le había lanzado encima, abrazándola por la cintura — ¡ya llevo dos semanas sin ver a Lector!
Detuvo su puño en el aire, aquel nombre le era terriblemente familiar, sabía que lo había escuchado en otro lugar, estaba segura. El hombre siguió aferrado a ella, rogándole por que le ayudara a conseguir el permiso de su jefe para traer al susodicho.
— Será bueno ¡lo juro! — levantó su mano y literalmente lo juro —sabes que es el gatito de mis ojos.
Estuvo a punto de echarse a reír debido al modo en que se había referido al tal Lector pero entonces todo pareció cobrar sentido súbitamente. Veloz, lo libró del sombrero y los lentes; y así pudo apreciar su rubio y alborotado cabello así como los llorosos ojos azules que alguna vez la habían mirado con deseo.
— ¡¿Sting?! — gritó su nombre con total sorpresa, su voz había cambiado un poco desde la última vez que se habían visto y por teléfono esta sonaba aun más diferente, por ello es que no lo había reconocido.
— ¿Acaso has salido con otro rubio de infarto, dueño de la criatura más adorable que ha pisado este planeta? — con esa pregunta le dejo claro que su ego seguía siendo el mismo y que su amor por su mascota había crecido aún más.
— Oh lo intente pero ninguno era tan guapo y sus gatos no le llegaban ni a las garras a nuestro Lector — ironizó para luego obligarlo a soltarla.
No sabía porque la vida le hacía tener tantos reencuentros en uno de los peores momentos, no obstante, le sería imposible negar que estaba feliz por verlo. Sting había sido su primer mejor amigo, su primer novio y el primer hombre con el que compartió en la intimidad; le debía muchas cosas, sobretodo el haberle hecho ver y apreciar su feminidad.
Su relación de pareja había sido corta pero a comparación de su ruptura con Totomaru, él no se había apartado de ella, al contrario, se esforzó porque pudiera volver a sentirse en confianza a su lado y porque las cosas entre los dos volvieran a su cauce, debido a ello su amistad se volvió mucho más sólida.
— Intentaré convencer a Lyon pero no puedo prometerte nada — sobre todo considerando como estaban las cosas entre los dos.
— ¡Te amaré aun más si lo haces!
Inesperadamente se vio aprisionada entre sus brazos, como tantas veces en el pasado. Estando así se sintió tranquila, como si los problemas que le habían abrumado tan solo un par de minutos antes no hubieran sido más que una terrible pesadilla.
— ¿Med? — el rubio hizo el amago de apartarse — algo te pasa — no era una pregunta, la conocía tan bien que ya lo intuía — ¿llegue en buen momento? — se aferró un poco más a su ropa.
Eucliffe era la segunda persona en quien más confiaba, solo siendo superado por Ultear, tanto así que estaba enterado de su historia con Lyon y de todo lo que había ocurrido hacía dos años, cuando todo su mundo se había derrumbado junto a la salud de la morena. Él no había podido acompañarla físicamente pero eso no le impidió apoyarla, por ello pasaron horas hablando por teléfono.
De hecho había sido quien le aconsejo mudarse a Crocus junto a Ul, cuando esta aceptó su primer empleo al graduarse de la universidad, en aquella época le había funcionado para superar su enamoramiento — ahora no podía negar que había sido justo eso lo que sintió por el albino — y debido a eso había conocido a Totomaru, el único hombre que se logró robar su corazón por completo.
— No — negó con la cabeza también — llegaste en el peor.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse fuera de sus ojos, recorriendo con dolor sus mejillas hasta perderse en el abrigo de su amigo. Las había estado aprisionando luego de que Lyon se marchase y ahora les daría la libertad de salir.
— Bueno mis canciones imaginarias pueden esperar hasta que mi musa deje de llorar — quiso reírse pero lo único que salió de su garganta fue un ruido extraño que no era ni por asomo una risa — ok, algo me dice que debo ir llamando a servicio al cuarto — le obligó a separarse de su pecho y le sonrió — ¿helado de chocolate, palomitas de maíz y soda?
— Se supone que estoy trabajando — le recordó mientras intentaba limpiar su llanto.
— Y lo estas, — aseguró mientras se quitaba el abrigo — recuerda dijiste que estas a mis órdenes y esas son que te quedes aquí hasta que me cuentes todo lo que ha pasado y a quien tengo que partirle la cara.
.
.
Caminó con paso lento por el gran estacionamiento del centro comercial, había tenido que acudir a una reunión con algunos de sus proveedores y claro que ellos habían elegido comer en un buen restaurante, lo único positivo es que tenían un nuevo contrato firmado y no tendría que preocuparse por ellos hasta dentro de dos años.
Localizó sin problemas su auto, sacó las llaves de su bolsillo pero paro al estar frente a la puerta, suspiro pesadamente y se recargó en el costado. Por primera vez en cinco años no quería regresar a su hotel, era una tortura estar en el mismo lugar que Meredy a sabiendas de lo que sentía.
No había querido besarla, de hecho se lo repitió un millón de veces, porque sabía que aún era pronto, ella apenas se estaba acostumbrando a su compañía pero esa maldita noche no había podido detenerse, no cuando se paso toda la cena mirando a otro hombre, no cuando se vistió con ese vestido que solo remarcaba sus atributos y no cuando le había sostenido la mirada con tal intensidad.
¿Es que no se daba cuenta de lo que esos actos despertaban en él?
Estaba loco por ella, más de lo que pensaba y ahora estaba en el limbo, deseando sus labios dulces y candentes sin poder tenerlos. Iba a mantenerse lejos, se dijo, era la única manera en que no la acecharía ni miraría aquellos hermosos orbes color jade impregnados de un miedo por él. Si cerraba los ojos podía verla con esa mirada, tan sorprendida y arrepentida por el deseo ardiente entre los dos y entonces se le volvía a romper el corazón.
Bien sabía que ella nunca lo amaría, estaba consciente de eso desde su adolescencia pero había querido tener esperanzas.
— Creo que nunca te había visto tan abrumado — la inconfundible voz de Jura le hizo abrir los ojos.
— Eso es porque nunca lo había estado — porque nunca antes estuvo tan cerca de Meredy.
— Por cómo han ido las cosas puedo decir que esta reunión no es el motivo — no dijo nada sabía que el mayor no necesitaba una afirmación — y considerando que no estás yendo de regreso al trabajo supongo que es algo personal.
Ese tipo de asuntos no los habían tocado antes, a pesar de la confianza entre ellos no se sentía preparado para contarle sus pecados.
— Podría decirse — el tono de seguridad que quiso impregnarle a sus palabras pareció perderse antes de pronunciarlas.
— Eres un hombre ahora Lyon — dijo al ponerle una mano sobre el hombro — has cambiado mucho desde que nos conocimos, has logrado hacerte un hombre de bien — cerró los ojos por un momento y supo que los elogios darían paso a los consejos — pero eso no es lo que más anhelas — retiró su mano — y creo saber porque es que aun no lo has conseguido.
Si él no fuera él, lo habría mandado a paseo, sin embargo, Jura era la figura paterna que nunca había tenido, debido a que Silver era más un tío y no había tenido a ningún otro hombre presente en su infancia.
— No sé qué hacer con ella — no tenía sentido seguir ocultándolo, menos ahora que se daba cuenta de lo obvio que resultaba.
— Meredy es una buena chica — sonrió dándole la razón — pero es muy distinta a Juvia — vaya que lo sabía, quiso decirle — en lo poco que he llegado a conocerla puedo decir que la forma en que has intentado acercarte a ella solo ha logrado que se aleje...
— La bese — le interrumpió desesperado por una respuesta a sus interrogantes respecto a la fémina — fue un estúpido impulso... al final la asuste, de verdad — se llevó una mano al cabello, desordenándolo con frustración — nunca me había mirado de la forma en que lo hizo.
— ¿Cuál fue su reacción?
— Huyó — admitió herido — huyó casi aterrorizada de lo que pasó.
— Me refiero al beso — precisó con una expresión serena.
— Me correspondió al principio — aun podía recordar la forma exacta en la que su cuerpo se amoldó al suyo, deseoso porque lo tocara a placer — luego algo paso y supongo que recuperó la razón.
— ¿Has hablado con ella? — inquirió con los brazos cruzados.
— Más o menos — la verdad es que el intercambio de palabras entre los dos no podía considerarse una verdadera conversación — me disculpe con ella antes de salir.
Jura cerró los ojos, justo como lo hacía al meditar con profundidad, por ello espero impaciente a que terminase y hablara.
— Cuando te propusiste conquistar a Juvia fuiste honesto — comenzó a decir — te mostraste educado y complaciente, en cambio con Meredy te comportas de una forma que sabes, le molestara — pudo percibir un deje de reproche en su tono de voz — puedo asegurar que tampoco has sido sincero con ella, así que has provocado que recele de tus intensiones.
— Lo he intentando pero ella sigue sin creerme.
— Eso es debido a que tú mismo espera que te rechace.
La declaración le cayó como un balde de agua helada, en cierto modo era verdad, nunca le había contado enteramente sobre sus sentimientos a Meredy, le hablaba a medias y luego la hacía rabiar para que no pasara de él. Desconocía el tiempo que llevaba suprimiendo su sentir, tampoco era consciente de todo lo que le gustaba de ella ni lo frustrante que le era intentar que lo mirara como un hombre y no como a un familiar.
— No creo que hablar funcione — no a estas alturas — la he jodido con ella.
— ¿Desde cuándo eres derrotista? — le reprochó aunque no sabía si su molestia era por la maldición que había soltado o por su actitud — puede que Meredy este confundida pero el que te haya correspondido el beso que le robaste quiere decir que en el fondo no le eres indiferente.
Quería creerlo pero ya había llegado a un nivel en el que nada parecía tan claro como antes, ni siquiera sus propios sentimientos eran legibles a sus ojos.
— No tengo ni idea — admitió con exaspero — cuando se trata de Meredy, no estoy seguro de nada.
— Bueno, a eso se le llama estar enamorado.
.
.
Terminó con su segunda ración de helado, la noche había caído y apenas se logró tranquilizar, el hablar con Sting le provocó más llanto por lo que tuvieron que hacer una pausa. Ahora estaban viendo una película en la computadora portátil del rubio, acostados en su cama revuelta; estaba segura de que Kagura ardería en rabia cuando acudiera a limpiar el dormitorio al día siguiente.
— ¿Por qué vemos una película de pokemon? — se quejó.
— Porque las películas románticas me aburren y a ti te hacen llorar — explicó sin quitar la vista de la pantalla — y ya has llorado lo suficiente, además es la primera, todo un clásico, deberías agradecer el que te permita verla conmigo — dijo y se encogió de hombros.
— Había olvidado lo friki que eras — no lo juzgaba pero en estos momentos no le ayudaba — ¿y qué piensas?
— Pienso que Mewtwo podría ganar una liga pokemon si se lo propusiera.
— ¡Sabes que no hablo de eso!
El varón suspiró y se estiró para pausar el reproductor, luego la miro.
— Todavía te gusta, eso es lo que creo — tomó una lata de soda del paquete dispuesto en la mesa de noche — la única razón por la que estas así es porque no quieres aceptarlo — abrió la bebida y tomó un trago.
— Sabes que aun si yo...
— ¿ves? — la interrumpió — quieres convencerte de que está mal que te guste porque los adoptó la misma mujer — tomó un segundo trago — pero como has admitido ya, ni tu ni él se consideran hermanos por lo que estas siendo una cabezota.
Ahora fue su turno de suspirar, todo eso ya lo sabía solo que aceptarlo significaba hacer algo al respecto y eso es justo lo que temía.
— ¿Y si lo nuestro no funciona? — interrogó — tendríamos que vernos cada comida familiar y fingir que nada paso.
— Ahora te estás basando en tus propios temores, Med — le espetó — ¿por qué tendrían que salir las cosas mal forzosamente?
— No lo conoces — soltó — es un completo descarado, coqueto y egocéntrico.
— Dijiste lo mismo de mi y según recuerdo nunca te hice infeliz — le sonrió de forma provocativa y por ello le lanzó una almohada.
— Es diferente — aclaró luego de que el rubio retirara la almohada de su cara — tu y yo éramos amigos antes de empezar a salir.
Por tanto lo conocía de sobra y terminó por aceptar esos defectos.
— Mira — dijo mientras se acomodaba en la cama, de forma que su espalda pudiera recargarse sobre la pared — estoy seguro de que el sujeto no es un santo y que probablemente sea todo eso y más pero también sé que lo has idealizado Med — le tapó la boca al intentar replicar — y lo has hecho porque así es más fácil para ti mantenerlo al margen, si fuera el hombre de tus fantasías, la noche en que te beso hubieran terminado haciendo más que eso en su cama.
Se sonrojó al imaginar la escena y fue aun peor teniendo como recuerdo el roce de los exigentes labios de Vastia sobre los suyos.
— Te has puesto roja — la acusó con un dedo — realmente te puso ¿no?
— C-claro que no — balbuceó y él se rió — ¡basta! esto es vergonzoso.
— Oh vamos — rodó los ojos — hemos tenido sexo antes ¿y tú te avergüenzas de que sepa que te has excitado con el beso que te dio el hombre que te gusta?
Si lo ponía de esa forma se sentía estúpida.
— Esta bien — ya no quería discutir — solo dime que debería hacer ahora.
— Meredy — su tono se volvió serio de repente — creo que es hora de que arregles esta situación por ti misma — dejo la lata que estuvo sosteniendo de nueva cuenta en la mesita de noche — tienes que ser responsable de tus sentimientos, ya no puedes fingir que no hay nada entre ustedes. No te diré que lo aceptes así como así porque conociéndote solo empeorarías las cosas, sin embargo, tienen que llegar a un acuerdo.
Se mantuvo en silencio, temía hacer lo que le decía y que al final todo se volviera un desastre que pudiera afectar a Ur y Gray, ellos no tenían nada que ver pero si fracasaba entonces se verían metidos en el problema.
— De igual forma tendrán que verse cada que se junte su familia y aun si no haces nada será incomodo para los dos.
— Creí que ibas a ayudarme no ha darme por mi lado — había tenido la esperanza de que la encaminara al camino correcto.
— Ya no eres la chica fría e insegura que conocí, eres una adulta y como tal tienes que empezar a ver por ti misma, sobre todo ahora que tu hermana no está — le tomó la mano y le dio un suave apretón — en aquel entonces te ayude mostrándote lo bonita que eres y la confianza te llegó sola, ahora te he hecho ver tus verdaderos sentimientos, lo que vendrá después solo depende de ti.
Liberó su mano al terminar de jugar con sus dedos y la miro con total tranquilidad.
— Sabes que escucharte no me importa así que considérame tu confidente pero no más que eso.
.
.
Cerró con cuidado la puerta de la habitación de Sting, se había tenido que poner a trabajar luego de sobrevivir a la ira de su clienta número uno: Minerva Orland. Había podido escuchar sus reclamos incluso si su amigo no colocó el altavoz, la apodada señorita era de verdad una fiera.
Tomó el elevador y estuvo tentada a irse directamente a su cama, no obstante, ya había abandonado sus obligaciones demasiado tiempo, así que marcó la planta baja y mientras llegaba a la misma se arregló un poco la ropa.
Cuando las puertas metálicas se abrieron salió, desde el mostrador de la recepción, Bisca le hizo una señal para que se acercase, al estar frente a frente, le comentó que Lyon había llegado hacía unos minutos, ella le había comunicado que se mantuvo ocupada atendiendo al huésped que estuvieron esperando; según sus palabras, su jefe se mostró decepcionado y un tanto molesto con la noticia y terminó encerrado en su oficina.
Había esperado tener un poco más de tiempo antes de verlo pero debía haberlo esperado, después de todo trabajaban juntos. Se despidió de la joven recepcionista y se encaminó a la guarida de Vastia.
Esta vez no se molestó en llamar a la puerta, tenía la sensación que de hacerlo la despediría rápidamente; en cambio, abrió la puerta con suavidad y lentitud. En efecto el albino se encontraba sentado en su cómoda silla — misma que había ocupado ella por la tarde —, estaba revisando unos papeles sin demasiados ánimos. Cuando su mirada se encontró con la suya, suponía que debido a que se percató de que lo miraba, se sintió avergonzada por ello.
— Lo siento — se disculpó enseguida — no quería interrumpirte.
— No pasa nada — dijo y dejó los papeles sobre el escritorio — solo has evitado que los lea por quinta ocasión.
La pesadez en el aire la abrumó, Sting había tenido razón, aun si no hacía nada en absoluto las cosas serían incómodas entre los dos.
— Entonces me disculparé por no haber estado aquí cuando llegaste, pero es que yo...
— Despreocúpate — habló desenfadado — incluso yo había olvidado que Sting Eucliffe llegaba hoy, te doy las gracias por atenderlo en mi lugar.
Y ahí estaba su señal para marcharse, justo como temió. Sutilmente revisó su reloj de pulsera, mismo que había comenzado a usar al trabajar ahí, aun era temprano. Respiró hondo para darse valor y cuando lo obtuvo se acercó a él.
— Yo... — titubeó — necesito hablar contigo.
La reacción de Lyon mostró lo sorprendido que estaba ante su petición pero se recuperó en un momento.
— ¿Sobre...?
— ¿Tienes planes para la cena? — su cambió repentino de tema lo descolocó nuevamente.
— Creo que no...
— Bien — le interrumpió satisfecha — puedo conseguir que Yuka nos ceda unos buenos platos — comenzó a explicarle — podemos cenar en tu habitación si no te molesta, propondría la mía pero la tuya es más grande y tienes una mesa...
Detuvo su alegato cuando notó que su jefe parecía petrificado.
— Si no te parece bien no tienes que...
— No, no — reaccionó de pronto — me parece bien, es solo que no esperaba esto.
— Ah, bien — desvió la mirada un momento — tengo que terminar un par de cosas antes, ¿nos vemos a las nueve?
El varón se limitó a asentir, todavía incapaz de asimilar lo que sucedía.
— De acuerdo, hasta entonces — le dio la espalda y se dispuso a marcharse pero antes de salir recordó otra cosa que tenía que decirle — Oh por cierto, Kagura quería discutir contigo algo sobre el detergente de la lavandería.
De esa forma él también se mantendría ocupado, pensó. Entonces sí, se fue.
.
.
Cuando se encontró solo lo primero que hizo fue darse un buen pellizco, solo para asegurarse que no estaba soñando, al sentir el dolor en su brazo supo que no lo estaba, y se dejó caer sobre el escritorio hasta que su frente quedo recargada en la madera.
Nunca hubiera esperado que Meredy le hiciera una invitación así — quizá solo la de su boda y por mera obligación —, la emoción nació en su interior pero se convenció de que tenía que esperar, ella podría querer hablar de cualquier cosa y aún cuando el tema fueran los dos, podría querer dejarle claro que su relación sería enteramente fraternal.
«No te ilusiones»
Se dijo y lo repitió en su mente como un mantra, sin embargo, una sonrisa se formó en sus labios y no se borró ni ante la pesadez de las quejas de su camarera en jefe.
.
.
Acomodó los platos en la mesa redonda de tamaño considerable que Lyon tenía en su habitación, dio unos pasos atrás para apreciar su trabajo terminado. Todo se veía bien, no muy formal ni mucho menos romántico, solo algo sencillo y agradable para una cena entre amigos.
Con la mesa puesta estuvo todo listo, lo que significaba que solo le restaba esperar, aunque eso le provocara incertidumbre e inquietud. No pudo evitar dar vueltas en círculos a un costado de la mesa, en un infructuoso intento de clamarse. Por ello terminó sirviéndose una copa de vino, esperanzada en que fuera suficiente para apagar esos sentimientos, además se convenció de que todo iría bien, había pasado casi media hora ensayando lo que diría y como lo haría, estaba más que lista para actuar.
No obstante, esa seguridad desapareció en cuanto Lyon hizo acto de presencia, llevaba puesto el mismo traje de antes solo que se había quitado el saco y la corbata, los dos primeros botones de su camisa estaban desabrochados y sus mangas estaban arremangadas. Por más que quiso despegar su vista de él fue inevitable contemplarlo con completo descaro, su corazón se agitó y su boca se sintió seca. No es que su aspecto fuera nuevo para ella, es que ahora se permitió mirarlo de forma distinta, ya no era el hombre que fingía ser su hermano, ahora era el hombre que le gustaba.
— Se ve muy bien — dijo a modo de elogio una vez acomodo su saco y corbata en el perchero aun lado de la puerta.
— Ah, si... gracias — las cosas no estaban siendo tan sencillas.
— ¿Estás bien? — le preguntó mientras caminaba hasta ella — te ves un poco roja.
Negó de inmediato y se alejó de su mano, la cual se había estirado para intentar tocar su rostro.
— Estoy bien — se apuró a decirle, su expresión pareció apagarse súbitamente — es solo que estuve mucho tiempo en la cocina.
— Ya veo.
Bien hecho, se felicitó amargamente, necesitaba dejar de ser tan evasiva o echaría todo a perder.
— He conseguido que Yuka nos dejase lasaña — tuvo que insistirle poco ya que al parecer no había logrado ser discreta y el chef se percató de los planes detrás de su "inocente" petición — ya que me las dio de muy buena gana supuse que no tendrías quejas.
— No las tengo — le aseguró al tiempo que le ayudaba a llevar dicho platillo a la mesa — aunque me sorprende que no tuvieras que rogarle, usualmente no me deja los platillos del día por más que yo lo haga.
— Creo que tuve suerte — explicó encogiéndose de hombros.
No iba a decirle la verdad, suficiente había sido aguantar la mirada del pequeño hombre y el sonrojo que le había producido. Sin más dilación se sentaron a comer, el ruido de los cubiertos contra la cerámica de los platos fue lo único que los salvo de un silencio atroz. Luego, llevada por su determinación entabló una conversación sobre el trabajo, la cual sirvió como punto de partida a una más ligera y con eso el ambiente se distendió completamente.
Si alguien le hubiera dicho que algún día se sentaría en la misma mesa que Lyon sin que ninguno de los dos comenzara una pelea, sino que, en vez de eso bromearían el uno con el otro, no lo hubiera creído, es más, estaba segura que hubiera tildado de loco a esa persona. Aunque aun cuando, poniéndolo en palabras, seguía sonando descabellado, lo cierto es que se sentía natural. Quizá fuera porque él había dejado la actitud que tomó con ella desde que comenzaron a trabajar juntos y ahora se comportaba agradable y atento.
Hubiera deseado poder terminar esa noche con el recuerdo de esa agradable cena intacto, sin embargo, se conocía lo suficiente como para saber que, de hacerlo, su resolución se perdería por completo.
— Lyon — le llamó luego de juntar toda su confianza — creo que es necesario hablar sobre lo que ocurrió aquella noche.
— ¿Quieres olvidarlo? — eludió su mirada, concentrándose en cortar un trozo de lasaña— porque si es así yo...
— Así como también necesitamos aclarar cuál será nuestra relación de aquí en adelante — siguió, ignorando sus palabras — creo que ya nos hemos dado cuenta que pretender ser familia es imposible y más a estas alturas, y he pensado que lo mejor para nuestra familia es encontrar una forma de llevarnos bien.
Los ojos negros le miraron con curiosidad, estaba claro que había llegado a intrigarlo, él ladeó su cabeza hasta hacerla descansar sobre su brazo, el cual estaba apoyado sobre la superficie metálica de la mesa.
— ¿Y qué propones? — el interés fue palpable en su voz — porque imagino que ya has pensando en algo ¿verdad?
Oh y vaya que lo había pensado.
— Lo he hecho — admitió — demasiado diría yo y creo que he encontrado un acuerdo que nos complacerá a los dos.
— ¿Y ese es...?
— Antes de decirlo quiero preguntarte algo — quiso avergonzarse pero aquello era demasiado importante como para hacerlo — ¿de verdad yo... — de igual modo se sonrojó — ¿yo te gusto?
Por la reacción que tuvo, estuvo segura de que daba gracias por no tener nada en la boca, porque de lo contrario se hubiera atragantado. La miró fijamente y le hizo recordar la forma exacta en que la había mirado antes de besarla.
— No — respondió sin dudar — no me gustas Med — y justo ahora se le ocurría volver a llamarla así — estoy enamorado de ti, desde siempre.
Parpadeó confusa durante lo que le pareció una eternidad, eso la había alterado de todas las formas posibles, ¿por qué?, ¿por qué me has tratado tan mal si eso es lo que sientes? quiso preguntarle.
— No te culpo por no creerme — dijo con la vista baja — te he hecho daño en un estúpido intento por cambiar mis sentimientos, joder... — sus hombros se tensaron hasta quedar rígidos — incluso me aferre a mi afecto por Juvia solo para olvidarte.
Se había llevado las manos a la cabeza, ahora lucía tan culpable y arrepentido, quiso reclamarle de todas maneras, no obstante, ella no era así y también admitía, le había herido en varias ocasiones, como el día de su inconclusa boda.
— No quiero hablar de Juv — ya que seguía sintiéndose mal por lo sucedido entre las dos — pero creo que has sido un bastardo por utilizarla — y ella era aún más despreciable por aliviarse por eso — aun así, te agradezco tu sinceridad.
Lyon permaneció en la misma posición durante un rato, ni siquiera agregó algo para defenderse o justificarse, por ello, suspiró y alargó su mano para acariciarle la cabeza con cariño.
— Salgamos — le dijo sin dejar de deslizar sus dedos entre sus plateados cabellos.
Lentamente Vastia se irguió y la miró confundido.
— No entiendo.
— No sé si recuerdas pero el día en que te emborrachaste en mi habitación, dijiste algo que no había querido aceptar — antes de que pudiera disculparse otra vez siguió hablando — dijiste que sabías que estuve enamorada de ti — retiró su mano de forma dubitativa — lo estuve — aceptó por fin — cuando vivíamos juntos pero al ver tu actitud conmigo, creí que me odiabas, claro que ahora creo que comprendo un poco el cómo te sentiste — no del todo pero muchas cosas tenían sentido ahora — me mude a Crocus con Ul para poder olvidarte y lo logre.
Alejó el recuerdo de su hermana y el de Totomaru, porque eso le haría perder el hilo de sus palabras y la atención de Lyon, además de que ambos pertenecían al pasado, que pretendía superar.
— Creí que ya no podría volver a sentir algo por ti, pero me equivoque — habló con resignación — me gustas Lyon.
Él abrió la boca por la sorpresa. — Yo creí que tú...
— Lo sé, lo sé — no tenía ni porque decirlo — esa noche lo que me asustó fue descubrir que aunque fuera físicamente, yo te gustaba y lo que me aterró fue darme cuenta de que yo todavía tengo sentimientos por ti.
— ¿Cómo no ibas a gustarme, Med? — le preguntó con una sonrisa dulce en los labios — eres preciosa.
— Gracias — odiaba sonrojarse pero era inevitable cuando se lo decía con tanto afecto —, pensé mucho durante estos días y me dolía tu desdén a pesar de que yo no hice nada para evitarlo — por más contradictorio que sonase — pero lo peor fue el que te disculparas por haberme besado.
Solo recordarlo le hacía doler el pecho.
— Además tenemos que tomar en cuenta a nuestra familia — se aventuró a decir — aun si nosotros no llegamos nunca a ser verdaderos hermanos, compartimos nuestros lazos con las mismas personas — él asintió dándole la razón — por ello pensé en esto, saldremos juntos como pareja — aclaró rápidamente — durante un mes, si las cosas no funcionan lo aceptaremos e intentaremos ser amigos — por más difícil o loco que pudiera ser —, en caso contrario pues...
— Lo haremos oficial — terminó por ella y asintió como él lo había hecho.
Su expresión nula no le permitió saber qué es lo que pensaba, bien sabía que la idea era un tanto absurda pero se sentía segura de que funcionaría si los dos ponían de su parte, ya fuera para formar una amistad o una relación. Lyon se levantó y caminó hasta el otro extremo de la habitación.
— ¿Cómo planeas manejarlo? — inquirió con una voz adusta, la misma que usaba para negociar con los hombres más difíciles — ¿salimos por ahí los dos, hacemos cosas juntos y si las personas preguntan nos declaramos buenos hermanos?
— No — le aclaró con suavidad — la verdad es que no tengo problema en que los demás lo sepan.
— Bien — sus hombros parecieron relajarse, su expresión también y entonces se volvió hacía ella — si esto funciona para ti, acepto — a pesar de lo duro de sus palabras, su tono era tranquilo — y retiraré mis disculpas por el beso que te robe, fue un impulso debo admitir pero lo repetiría con gusto cuantas veces pudiera.
— Yo... no sé si estoy lista para eso todavía — dudaba que pudiera resistirse mucho tiempo a cosas más serías si comenzaban a besarse cada que se le antojase.
— Si no quieres que te bese no lo haré — le prometió.
— Gracias.
Le sonrió a pesar de que no estaba segura de si cumpliría su promesa.
— No quisiera cambiar tan bruscamente de tema pero hay otra cosa que quiero hablar contigo.
— ¿Qué cosa? — preguntó y volvió a tomar su copa medio llena de la mesa, claro que permaneció de pie frente a ella.
— Verás, quizá te sorprendas pero soy amiga de Sting Eucliffe y como fui a recibirlo hemos pasado la tarde hablando — a pesar de no ser demasiado obvio notó un poco de celos en su mirada — y me ha pedido un favor, claro que le dije que no podía asegurarle que fuera a aceptar pero lo conozco y sé lo importante que esto es para él.
— Med, no le des más vueltas ¿quieres? — parecía fastidiado de pronto.
— Quiere traer a su gato — soltó rápidamente al ver su actitud.
— ¿Su gato? — repitió asombrado, al parece no lo consideraba un hombre de gatos — sabes que los animales están prohibidos Med.
— Lo sé y él también pero pensé que podíamos hacer una excepción, Sting tiene buenos contactos y si le permites traer a Lector estoy segura de que te regresará el favor en cuanto tenga oportunidad.
— Han sido pocos huéspedes a los que les he permitido saltarse las reglas y aunque sé que el señor Eucliffe es alguien reconocido me temo que no puedo permitirlo — bien, estaba claro que debía volver a interceder por su rubio amigo — aunque, puedo aceptarlo con una condición.
O tal vez no.
— ¿Cuál? — el hecho de que la tomara del mentón y acercara su rostro al suyo, no le auguraba nada bueno.
— Tienes que dejarme besarte tanto como me plazca mientras dure nuestro pequeño acuerdo — sintió su respiración chocar contra su nariz, produciéndole un escalofrío que recorrió su cuerpo entero.
— Pero habías dicho que...
— Y no lo haré — insistió — pero esto es diferente Med, es un trato y como en cualquiera, para que tu ganes lo que quieres necesitas ofrecerme algo a cambio — su actitud arrogante le molesto un poco pero la expectación de tenerlo cerca era más fuerte — claro que si no te agrada la idea solo tienes que decirle al señor Eucliffe que me he negado.
— ¡Eso es trampa! — acusó, sabía que ella estaba dispuesta a hacer todo lo posible por ayudar a Sting y se estaba aprovechando de ello. Reiteraba que Vastia era un verdadero demonio cuando quería.
— También es trampa permitir un gato aquí — su sonrisa socarrona se convirtió en una ladina al verla agarrarse de un argumento tan infantil, maldijo que verlo le provocara un hormigueo en el vientre.
Se mordió el labio inferior sin lastimarse, en verdad quería que su rubio amigo viera a Lector pues sabía lo mucho que se querían, lo sabía desde que se habían conocido, las dos semanas que llevaban sin verse le provocaban inquietud a Sting, por ello es que se recluía en sus series para no pensar en lo mucho que extrañaba al minino. Además, era una ocasión perfecta para pagarle — mínimamente —, su apoyo incondicional.
— De acuerdo — soltó casi derrotada y se puso de pie puesto que le ponía de los nervios verlo hacia arriba —, acepto.
Le tendió la mano para que se la estrechara, ya que había declarado que todo era un trato formal. Lo que no esperó fue que en vez de corresponder el gesto, la jalara de la mano para llevarla hacía sí y besarla.
El roce fue justo como recordaba, exigente y pasional, creando un fuego que ardía con intensidad en su interior, la mano masculina se cernió en su cintura y dio gracias porque sentía que en cualquier momento le fallarían las piernas, por más cliché que pudiera sonar. No tardó en corresponderle, con tanta intensidad como la percibía de él, su boca sabía a vino y a lujuria, mezclados en un dulce sabor que la embriagó con extrema facilidad.
Antes lo había notado pero ahora lo confirmaba sin dudar, Lyon sí que sabía besar, no recordaba ningún otro hombre le hubiera despertado tanto deseo por ser tocada y amada con solo eso, como le pasaba con él.
— Fue un placer hacer negocios con usted señorita Milkovich — le dijo con un tono de coqueteo descarado al poner fin al beso.
Sus rostros seguían estando juntos, separados por una minúscula distancia, Lyon sonreía triunfal, seguramente por haber conseguido lo que quería y eso le hubiera molestado en otro momento pero ahora le cautivó. Llevó sus manos a su cuello y se colgó de él para besarle otra vez, al final no podía engañarse, el permiso para Sting era solo una excusa para su débil voluntad.
Qué diablos, pensó, le gustaba besarle y si podía hacerlo lo haría, después de todo ya estaban saliendo o empezarían a hacerlo, cosa que ya le daba igual, y eso es lo que las personas hacían, comerse a besos hasta perder el aliento.
.
.
Notas de autora:
Bien espero que les haya gustado, sé que mucho habían esperado por este momento (?) y yo igual XDD pero tenía mucho que hacer antes de esto y sinceramente ahora me siento satisfecha con el resultado -no solo del desarrollo de Meredy y Lyon sino del fic y el capitulo en general-. Como dije antes incluiría nuevos personajes, estos son Lisanna y Sting, realmente no los abordaré demasiado -será algo parecido al Gruvia- pero ambos tendrán buena participación de ahora en adelante, no por nada el rubio es amigo de Meredy y Lisanna lo será pronto, claro que Jellal volverá a hacer aparición al igual que Totomaru. Gray y Juvia tardaran un poco más -o tal vez no (?) 7u7- pero ya veremos que es lo que han estado haciendo estos muchachos (?)
Otra cosa que quiero avisar es que los capítulos serán así de largos de ahora en adelante, no solo porque siento que así tengo un mejor control de los distintos puntos que quiero tocar en cada uno sino porque quiero avanzar lo más que pueda y con la extensión y tiempo para subir que tenía antes me tardaría demasiado en terminar el fic.
En fin, ahora no tengo mucho tiempo para contestar review pero mañana estaré contestando por MP a las lindas personitas que comenten.
¡Gracias por leer!
¿Me regalan un review?
