No sé cómo he llegado a mi raída cama, pero estoy llorando copiosamente. La almohada parece una toalla húmeda tras el continuado contacto con mis amargas lágrimas, pero no me detengo, debo seguir, necesito expulsar la represión que conlleva ser Katniss Everdeen. El sinsajo nunca duda, siempre es fuerte, jamás llora…, pero hoy, esta noche, es incapaz de volar.

Recuerdo darme la vuelta sin una sola palabra y salir de allí con un portazo que debería de haber evitado (aún escucho el llanto malhumorado del pequeño Finnick tras ser despertado sin previo aviso). No recuerdo la mano de Peeta extendiéndose hacia mí y, asimilándolo, mi maltrecha alma sangra más y más. Ninguna cicatriz escuece tanto como esta. Sé que no soy perfecta, sé que mis modales no son muy femeninos que digamos, pero nunca había sentido una estocada tan helada. ¿A quién pretendo engañar? Nadie está llamando a mi puerta para preguntarme qué me ocurre.

Sé que debo recomponerme, que mañana tendré que sonreír e intentar ignorar al máximo lo que mi corazón no puede eludir, incluso tendré que pedir disculpas, pero ahora puedo ser yo misma. Intento reconstruir todas las piezas de mi propio ser, pero se encuentran esparcidas en un mar de lágrimas incontrolable, en un océano que lleva años alimentándose de mis auto-engaños. Peeta…, solo pensar en él me atraviesa entera y hace que mi llanto se desborde. Me duele el pecho, me arde tanto que lo golpeo con todas mis fuerzas; me hago daño, pero no me importa. Siento que mi ahogo, que no puedo respirar, cuando soy consciente por primera vez de lo que significaría perderlo. Había temido durante mucho tiempo perderlo por causas obvias (asesinato), pero no perderlo en vida. No quiero precipitarme, mañana podré pensar con más calma, pero él está demasiado lejos. Sigue a mi lado, pero mis manos no lo alcanzan.

Oigo a alguien aporrear mi puerta, gritar mi nombre a través de los fríos copos de nieve que golpean la ventana de mi habitación, y sé que es Peeta, pero no muevo ni un músculo, me hago un ovillo y me tapo los oídos, sollozando con tanta fuerza que mi garganta produce sonidos que nunca antes había formulado.

Soy Katniss Everdeen…y, lo desee o no, una parte de mí está total y complemente enamorada de Peeta Mellark.