Hola a todos, les traigo la actualización de este fic. Espero sea de su agrado. Nos leemos en las notas del final.
XIV
Hush hush
«Dime que él es para mí, por favor, porque nunca nadie antes me había dado tanto; dime que él es para mí porque cuando pienso en perderle me conquista el miedo y no sé seguir.»
i
Taiyou simplemente no lograba prestar atención a las clases. Estaba más ocupado ideando un plan para salir de casa e intentar buscar a Yuuichi. No pensaba dejar el asunto como una simple anécdota. A como diese lugar, debía de verle nuevamente. Miró disimuladamente a Kinsuke, quien se sentaba frente a él justo junto a las ventanas, y notó que estaba contemplándose en la pantalla del móvil como era usual en su clase de literatura.
De todos sus amigos era en quien más confiaba, incluso a sus padres les caía muy bien y era considerado prácticamente como el segundo hijo que siempre anhelaron. Por lo que el rubio era el único que le podía ayudar sin que temiese le delatara con ellos. Bastaba con que le prometiera cualquier cosa para que generalmente aceptara ayudarle. Aunque después Kinsuke se arrepintiera.
Apenas sonó el timbre que indicaba el final de su aburrida clase, y que a su vez señalaba el inicio de su breve receso, Amemiya tomó sus cosas y salió del salón para esperar al otro fuera. Sabía que se tomaba su tiempo para guardar sus pertenencias y de paso darse un último vistazo en el móvil para reacomodar su largo cabello rubio que, pese a la protesta de algunos profesores, se rehusaba a cortar.
—Kinsuke —le habló en cuanto salió—, necesito tu ayuda.
—¿Ya se te pasó el enojo? —contestó el de ojos rojizos muy serio, a veces no entendía el humor cambiante de su amigo pelirrojo.
—Oh, vamos. No te molestes por eso —dijo más animado de lo usual. Hinano le conocía bien y sabía que se traía algo entre manos, y no era algo precisamente bueno—. Además te recompensaré muy bien, ya sabes —puntualizó, sonriendo. Definitivamente no era algo muy bueno lo que quería hacer.
—Está bien. ¿Ahora qué locura vas a cometer? —inquirió su amigo.
—Hola ¿cómo van sus clases? —les saludó repentinamente Sata Tosamaru quien también era su amigo, más del rubio que de Taiyou. Aunque con el paso del tiempo eso cambiaría.
—Aburridas como siempre —respondió el de ojos rojos.
—¿No piensan ir a comer? Yo muero de hambre —les dijo el moreno sin más, mientras empezaba a caminar para ir a la cafetería.
El de cabellos rubios le siguió, más por mero hábito que otra cosa.
—¿Tú no vas a venir? —le preguntó al pelirrojo.
—Yo los alcanzo luego —fue la respuesta que le dio. Kinsuke solo se encogió de hombros y echó a correr para dar alcance al otro. Ya después le terminaría de decir su idea.
Sata le esperaba al final del largo pasillo, estaba bastante serio. Algo que era sumamente extraño en él.
—¿Hasta cuándo te le vas a declarar? —inquirió al rubio que se sonrojó.
—No digas eso así, en público —le dijo antes de halarlo del brazo para ir a almorzar y principalmente para hacerlo callar.
—Kinsuke, no seas mojigato —le reprochó el de cabello castaño en voz baja—. No es ningún secreto que Taiyou te gusta. Todos se han dado cuenta —explicó—, menos él. ¿En serio es tan tonto para no notarlo?
El aludido se ruborizó aún más.
—Ya te he dicho que no me gusta ni quiero nada con él —empezó a decirle también en voz baja—. Solo es mi amigo.
—Claro, como tú digas. Tu amigo. Eso no te lo crees ni tú mismo.
Hinano no le contestó. Muy en el fondo sabía que era cierto. Estaba enamorado de su mejor amigo y este no le correspondía. O eso era lo que había asumido debido a que el pelirrojo simplemente no se daba cuenta, a pesar de las señales que le había dado en los últimos meses. Y tal como Tosamaru le había dicho, todos ya se habían dado cuenta.
Sin embargo, Taiyou parecía pasar de todo eso. Siempre era él esto, él aquello. No se preocupaba por lo que el rubio pensase o sintiese, mucho menos por el de ojos verdes. Sata no era del todo de su agrado, sobre todo porque no le gustaba solapar sus malas acciones. Su enamoramiento surgió sin que se diera cuenta. Hinano podía ser un chico muy abierto en sus preferencias pero para el amor como tal, era bastante tímido inclusive más que Amemiya.
Y eso complicaba más las cosas.
El pelirrojo casi siempre solía poner excusas para no ir con ellos. Le gustaba estar solo durante el descanso para despejar un poco su mente. Especialmente desde que había notado aquella conducta extraña en Kinsuke. Este intentaba estar más tiempo a solas con él e incluso había llegado a percatarse de que le molestaba cuando sus compañeros se le acercaban a pedirle o preguntarle cualquier cosa.
Si bien, pretendía no darse cuenta para ver cuál era la reacción del rubio. Jamás le externó su molestia, lo cual aumentaba su curiosidad.
—Veamos, hasta donde llega tu aprecio y amistad hacia mí —se dijo a sí mismo, sonriendo. Se levantó del césped y sacudió su uniforme de cualquier basurilla que pudiese tener. Se había ido a sentar bajo la copa de un árbol como era ya costumbre.
Regresó al interior y fue a buscarlo a la cafetería donde, como era de esperarse, seguía conversando con Tosamaru. No se acercó de inmediato porque notó que ambos parecían mantener una conversación muy privada. Pese a la distancia podía ver que Hinano parecía estar apenado y solo negaba constantemente con la cabeza bajo la mirada seria del moreno.
Respiró hondamente y se aproximó a ellos, causando que ambos muchachos se exaltaran por su repentina presencia.
—Hinano ¿podríamos hablar a solas? —le preguntó para sorpresa del de ojos rojizos.
—Claro —le respondió brevemente. Sata solo se encogió de hombros, recogió sus cosas, y les dejó sin decir una sola palabra.
—Mejor vayamos afuera, para tener más privacidad —le sugirió, percatándose de que el rubio se ruborizó bastante.
Taiyou le cogió por el brazo y le llevó hasta el lugar donde estaba antes. Mientras iban por los pasillos, el resto de estudiantes les miraban bastante extrañados. El pelirrojo se mostraba muy serio y el otro avergonzado. Les resultaba raro porque generalmente les veían felices, haciéndose bromas a la menor provocación.
—¿De qué quieres hablar? —le inquirió el rubio aun sonrojado— ¿Es sobre tu plan?
—Tú sabes bien por qué te traje aquí —contestó Amemiya con seriedad—. ¿Crees que no me he dado cuenta?
—No te entiendo.
—¡Claro que sí! ¡Sabes de lo que hablo! —alzó la voz el de ojos azules, haciendo estremecer al otro.
Y antes de que pudiera responderle, Amemiya le besó. Intentó apartarlo pero no pudo, sin embargo al final correspondió el contacto. Cuando se separaron, Hinano estaba bastante alterado. No sabía que pensar ni decir sobre eso.
—Ahora ya sabes a qué me refería —le dijo antes de dejarlo allí. Cuando le dio la espalda, sonrió de nuevo. Ya no había forma de que Hinano se arrepintiera cuando le contase su plan. Después de todo, alguien tenía que encubrirlo para que fuese a Tokio a buscar a Tsurugi Yuuichi.
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Hinano abrió los ojos, hace mucho que no se acordaba de nada de ello. Se desperezó como pudo en el incómodo asiento del tren en el que viajaba. Iba con rumbo a Inazuma para ver a Tsurugi como habían acordado. Un día antes intentó comunicarse con él pero no le respondió. Acomodó su largo cabello rubio y sacó su celular del bolso que llevaba sobre sus piernas para revisar la hora. Eran las 13:00, ya se había pasado de la hora convenida para su encuentro.
Le resultó muy raro que el de cabellos azules no le estuviese llamando constantemente para apresurarlo. Regularmente solía recordarle sobre sus visitas con un par de días de anticipación. Guardó el aparato y cerró nuevamente los ojos. Aún faltaba para que llegara a su destino. Todavía recordaba con claridad aquel día en que Taiyou le hizo creer que le correspondía, todo para tener un motivo por el cual presionarlo para que le ayudara a escapar de casa.
Tiempo después se enteraría que fue para ir a Tokio y buscar a Yuuichi, siendo este mismo quien le relatara todo. Suspiró pesadamente, acurrucándose en su lugar, agradecía que no compartiera lugar con nadie más aunque de cualquier manera el vagón estaba casi vacío. No le gustaba acordarse de esa etapa de su vida, le traía malos recuerdos.
Solo esperaba que no se encontrara con el pelirrojo, durante esos años estuvo evadiéndole como para que ahora se reencontraran. De Yuuichi no podía decir lo mismo, ya que era prácticamente imposible. Después de todo, era hermano de Kyousuke e inevitablemente se toparía con él tarde o temprano.
Confiaba en que aquel encuentro se siguiese posponiendo. No estaba seguro de cuál sería su reacción y tampoco quería saberla.
ii
Taiyou se había quedado dormido sin que se diera cuenta. Cuando despertó encontró una nota en su regazo. Era de Yuuichi y en ella le decía que pasaría por él en la noche, después de ir a dejar a su madre al aeropuerto. Por el tono que aquellas palabras expresaban, supuso que no se había molestado tanto como creyó.
No estaba seguro de ir con Kyousuke, probablemente Tenma estaría con él y no quería causar más problemas. Ahora que lo pensaba se le hizo muy raro no ver al castaño por ahí. Tal vez ya se habría ido a casa a descansar un rato, después de todo él fue quien se quedó con el de ojos ámbares toda la noche. Merecía descansar un poco.
Justo cuando iba a revisar su móvil, recordó que lo había dejado en su habitación. Definitivamente no era su día de suerte. Suspiró pesadamente y cerró los ojos de nueva cuenta. Los recuerdos de aquel día en que tuvo la brillante idea de besar a su amigo venían a su mente una y otra vez. Intentó pensar en algo más, pero le resultó imposible. Aquellos recuerdos persistían. ¿Acaso eran señal de algo?
Tan solo pensar que podría encontrarse con el rubio en la ciudad, le provocaba escalofríos. Después de todo existía aquella posibilidad, ya que jamás supo si él se fue de Inazuma o siguió viviendo ahí. Nunca le preguntó cuáles eran sus planes a largo plazo. Y el hecho de que probablemente Kyousuke le conociera incrementaba el riesgo. Si bien, no podía asegurar que hubiese alguna amistad entre ellos.
No encontraba otra explicación lógica para que el hermano de Yuuichi estuviese enterado de lo que su ex amigo le hizo. Asimismo por más que intentaba comprender la conducta que él tuvo la noche anterior, no lograba hacerlo. No en vano habían mantenido una relación bastante cercana.
—Dime algo, Taiyou ¿por qué terminaste con Yuuichi? —le inquirió de súbito el de ojos ámbares en una de sus ya habituales salidas por la noche—. Él no ha querido decírmelo.
El pelirrojo se quedó en blanco ante tal pregunta. Kyousuke le miraba expectante, esperando su contestación. Pasaron algunos segundos y simplemente no le respondía.
—¿Acaso fue tan malo como para que no quieras hablar de ello? —preguntó Tsurugi con tono de preocupación—. Taiyou, responde.
—Creo que ya es un poco tarde, deberíamos volver —fue la respuesta brindada por él, empezó a caminar dejando al otro atrás que solo le vio bastante confundido por su actitud.
—¿Por qué evades el tema? —instó el de cabellos azules una vez que alcanzó a Taiyou.
—Tú también evitas responder mis preguntas —contestó el de cabellos rojizos, evidentemente molesto.
El menor de los Tsurugi no le respondió. No quería enfrascarse en otra discusión con él como sucedió días atrás por el mismo tema. Amemiya tampoco insistió y ambos se mantuvieron callados durante el resto del trayecto. Cuando llegaron a casa, Yuuichi estaba en la sala y solo les miró bastante extrañado.
El pelirrojo se pasó directo a su habitación sin siquiera dirigirle la palabra al mayor. Kyousuke se quedó con su hermano, quizás él le confirmase lo que ya sabía desde tiempo atrás.
—¿Por qué han llegado tan callados? —preguntó su hermano mayor.
—No teníamos nada interesante de qué hablar —le contestó Kyousuke—. ¿Puedo preguntarte algo?
—Ya lo estás haciendo —dijo Yuuichi.
El menor suspiró antes de hablar.
—¿Qué pasó realmente entre Taiyou y tú? ¿Por qué te guarda tanto rencor? —cuestionó, haciendo que el otro de inmediato se sonrojara.
—Nada que te incumba —fue la breve y cortante respuesta dada por él.
—¿Le fuiste infiel?
Fue un grave error cuestionarle sobre ese tema.
—¡Jamás vuelvas a decir eso! ¡¿Me escuchaste?! ¡Jamás! —le gritó su hermano para asombro del menor que le miró perplejo por su abrupta reacción.
—Yuuichi, yo —intentó hablar pero antes de que pudiera terminar, el mayor ya había salido de la casa, dejándolo solo. Se sentó en uno de los sillones sin saber qué pensar de él.
Taiyou había escuchado los gritos de Yuuichi pero prefirió no bajar. Lo que menos quería era causar más problemas entre los hermanos, ya había visto que cuando se enojaban no había nadie que pudiese convencerles de limar asperezas. Incluso ni Tenma podía hacerlo.
Tras rememorar aquel suceso, cayó en cuenta de que quizá su teoría no era del todo errónea. Existía la remota posibilidad de que Kyousuke y Hinano se conocieran, sin embargo, lo único de lo que estaba seguro era que Yuuichi no le había contado a su hermano sobre aquello. Sin embargo, no justificaba la reacción que tuvo en ese momento.
Tal vez consideró que reaccionó así por el conflicto que ya tenía con su hermano, sobre la relación entre ellos. No entendía cuál había sido la molestia de Yuuichi, si ver que Kyousuke se había hecho su amigo o el interés que él le mostraba. Interés que evidentemente implicaba algo más que una amistad. Después de todo, no era como si después de cinco años hubiese olvidado lo que le hizo y apenas le pidiese disculpas regresaría como si nada a su lado.
Asimismo estaba el asunto de Tenma, quien siempre creyó no se percataba de aquello. Si bien, cuando el menor de los Tsurugi y él empezaron a salir ellos ya no eran nada. Por lo que, suponía, no debía de molestarse por verles juntos. Kyousuke le había dicho claramente que estando soltero él hacía lo que le venía en gana con su vida sentimental, siendo estas palabras lo que le motivaran a seguir intentando persuadirle de verle con otros ojos.
Amemiya se había perdido tanto en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que era ya algo tarde y que casi terminaría el horario de visitas, aunque si era honesto dudaba que alguien le pidiese que se fuera a descansar. A final de cuentas, él no estaba precisamente de visitante. Yuuichi le había dejado allí como si nada y hasta ese momento no volvía de lo que sea había ido a arreglar con su madre en su trabajo.
También le había extrañado no haber visto a Tenma en todo ese rato. No obstante, quiso suponer que el cansancio había hecho efecto ya en él y había vuelto a casa para descansar. Lo cual era justo considerando que había pasado toda la noche en el hospital a lado de Tsurugi. Algo que debió de haber hecho el mayor. No le quedaba de otra más que esperar a que volviera para irse de aquel lugar.
iii
Tenma había estado tan distraído después de su altercado con Kyousuke que ni cuenta se dio de cómo y cuándo llegó a su casa. Afortunadamente no había nadie y pudo descansar con tranquilidad, sin embargo, le resultó inusual no encontrar a Yuuichi o su madre ya que sabía ella estaba en la ciudad. Había llegado tan agotado que ni siquiera se fijó en que habitación había entrado.
Si bien no tardó demasiado en darse cuenta que se había quedado dormido en la habitación de Kyousuke, que estaba prácticamente junto a la suya. Siempre había tenido en mente que su habitación sería un desastre, y que las paredes estarían tapizadas con posters de las bandas que su novio solía escuchar pero se equivocó.
Todo estaba perfectamente ordenado y las paredes estaban libres de toda decoración, salvo por un par de fotografías enmarcadas que estaban justo sobre la cabecera de la cama. Se acercó a observarles mejor y se dio cuenta que eran relativamente recientes. Una de ellas era de las que se habían tomado en la última visita que le había hecho. La otra era con su pequeño grupo de amigos de la universidad, al parecer siempre sí seguía frecuentándoles.
Instantes después cayó en cuenta de que esa fotografía era de hace varios meses, porque en ella se le veía con una bata blanca, que contrastaba con su ropa negra, y en sus manos sostenía lo que parecía ser un diploma. Aunque al verle bien, notó que era un examen y este tenía la máxima nota que podían otorgarle. Dedujo que sus amigos quisieron capturar ese momento en una imagen y de ahí la fotografía.
Lo que desconocía era que no se trataba de un simple examen, sino de su proyecto para final de semestre –uno antes de que se diera de baja– y él había recibido mención honorífica ya que había superado incluso los trabajos de alumnos de grados superiores. Y ese día se suponía sus padres debieron asistir porque sus profesores le habían pedido que los invitara para felicitarlos por tener un hijo tan aplicado en sus estudios. Evidentemente no estuvieron presentes.
Ni siquiera Yuuichi pudo llegar, instantes después de que terminara su presentación, Kyousuke recibió un mensaje de él en el cual se disculpaba por no haber ido pero tenía demasiado trabajo. No necesitó que le expresase más. Con ello le había quedado más que claro que eso era más importante que ir a apoyarle o felicitarle.
—¿Acaso lo que he hecho no te basta? —le reprochó el menor de los Tsurugi a su padre aquella noche—. Recibí mención honorífica. No tienes idea de las noches que pase en vela para hacer esto —le dijo mostrándole su tesina—. Lo hice para que por una vez en tu vida te sintieras orgulloso de mí.
—Claro, claro lo hiciste solo por eso —respondió el hombre—. Admite que lo hiciste para obtener dinero de nuestra parte.
—¿Qué? ¿Crees que todo lo hago por ello? ¿Por dinero? —le inquirió su hijo que luchaba por no llorar en ese momento—. ¡Mi vida no gira en torno a su maldito dinero! —gritó ya muy enojado, y frustrado, Kyousuke.
La única respuesta que obtuvo fue el golpe que su padre le asestó. El menor no pudo reprimir más sus lágrimas que rodaron por sus mejillas, dejando ver la frustración y el dolor emocional que padecía en aquel momento. Salió del estudio sin decir una palabra más, topándose con Yuuichi quien prácticamente había escuchado todo.
Le apartó bruscamente sin decirle algo también, si bien, su hermano mayor entendió sin necesidad de palabras. Había estado a punto de entrar para intentar calmar a ambos, pero era ya tarde. Solo suspiró y siguió al menor hasta su habitación que cerró la puerta prácticamente en su cara.
—Kyousuke, abre por favor —le rogó prácticamente—. Necesito hablar contigo.
Evidentemente no obtuvo respuesta. Así que no tuvo otra opción más que entrar sin esperar su autorización.
—¡¿Qué quieres?! ¡Lárgate! —le gritó apenas le vio entrar, el mayor logró esquivar el objeto que su hermano le aventó y que se estrelló en la puerta haciéndose trizas—. ¡¿No me escuchaste?! ¡Quiero que te vayas! ¡Déjame solo! —antes de que pudiese arrojarle algo más Yuuichi le inmovilizó como pudo, pese a las protestas del menor—. ¡Suéltame! —le ordenó sin dejar de forcejear.
—No —fue la firme respuesta que le dio sin ceder un solo momento. Kyousuke le miró fijamente a los ojos antes de aferrarse a él y llorar como no había hecho en años. El mayor le soltó para inmediatamente acunarlo en sus brazos sin decir algo más.
Después de todo no había palabras que pudiesen justificar lo que le habían hecho ni para mermar el dolor que sentía en ese momento.
Matsukaze siguió revisando las cosas de la habitación, aunque sentía que estaba traicionando la confianza de su novio, y se sorprendió al ver que tenía varias fotografías con sus padres y más que nada con Yuuichi. Las primeras eran obviamente de años atrás, dedujo que antes del accidente del mayor, las otras eran más recientes.
Pero hubo una que le llamó poderosamente la atención, y no pudo evitar sonreír al verla. Era la fotografía que él mismo le había tomado en uno de los primeros días a su llegada a Inazuma. En ella Kyousuke sonreía como jamás le había visto hacerlo desde que lo conocía mientras sostenía en su regazo a un pequeño conejo blanco.
Ese día habían ido al zoológico y prácticamente él arrastró al de cabellos azules hasta esa zona del sitio donde podían convivir con las crías de los animales. Tenma había cogido un conejo y se lo extendió a su novio que se negaba a tocarles. Le daba miedo lastimarlos, y también porque creía que se vería ridículo sosteniendo a un animal de esa clase.
Al final, después de tanta insistencia por parte del castaño, había accedido. Este le había convencido de sentarse en el suelo para que pudiera sujetarle mejor. El de ojos ámbares aceptó la sugerencia a regañadientes y dejó que su pequeño novio le colocase el animalito. Le atrapó justo antes de que huyera de él y empezó a acariciarlo para tranquilizarle.
Poco a poco su expresión de molestia pasó a ser una de alegría, y fue en ese instante que el otro aprovechó para tomarle aquella foto justo cuando sonreía por ver que el conejillo se había calmado y parecía disfrutar de sus caricias.
Volvió a colocar el portarretratos en su sitio, sin dejar de sonreír. Ese había sido el mejor día en todo el tiempo que llevaba con él. Fue la primera vez que le vio realmente contento, sin afligirse por su situación familiar. Solo disfrutando de su compañía mutua. Siendo él mismo. Y eso no lo olvidaría nunca.
No obstante, hubo un par de objetos en el escritorio que captaron su atención. Se acercó y vio que eran una carta y un CD, la primera era para él y el segundo tenía escrito el nombre de Yuuichi. Estaba a punto de abrir el sobre cuando escuchó que alguien tocaba el timbre. Le extrañó bastante porque hasta donde sabía, la familia no solía recibir visitas inesperadas.
Guardó las cosas en el primer cajón del mueble y bajó rápidamente porque no dejaban de llamar a la puerta con insistencia.
—Debe de ser Taiyou —se dijo a sí mismo en voz baja—. Seguramente olvidó la llave que Yuuichi le dio. Apenas abrió la puerta se quedó sin palabras, no tardó en reconocer a la persona frente a él después de todo el pelirrojo se la había descrito muy bien tiempo atrás—. ¿Quién eres y qué se te ofrece? —le preguntó al chico rubio, una parte de él se negaba a creer que hubiese tenido la osadía de ir a casa de los Tsurugi. Este reacomodó un mechón de cabello detrás de su oreja y miró de arriba abajo al chico moreno antes de contestar.
—¿No está Kyousuke en casa? —le preguntó ignorando monumentalmente la pregunta que le formularon.
—¿Quién eres? —inquirió nuevamente Tenma sin evitar sentirse molesto.
—Oh, cierto. No me he presentado, lo siento —se disculpó el joven de ojos rojizos—. Me llamó Hinano Kinsuke.
Matsukaze se quedó de piedra al escuchar aquel nombre. No había duda alguna de que si era el ex amigo de Amemiya. Asimismo se asombró al escuchar que no era a Yuuichi quien buscaba, sino a su novio, Kyousuke. Ahora sus dudas sobre el pasado de este habían aumentado. Solo rogaba que este chico le diese alguna explicación razonable sobre el porqué quería ver a Tsurugi, de lo contrario todo iría de mal en peor en su relación con él.
Y al fin apareció Hinano. Moría por llegar a esta parte, ahora sí oficialmente inicia el drama entre Yuuichi y Taiyou. Oh, y claro que a Kyousuke y Tenma también les afectará un poco. Pero no se preocupen entre ellos las cosas no se pondrán tan feas. Sé que probablemente no esperaban algo así de Amemiya, pero bueno, así fueron las cosas. No es tan inocente como parece. Y sí, me ha quedado nuevamente corto. Lamento decepcionarlos. En fin, intentaré actualizar en una semana (ya tengo avanzado el siguiente capítulo), y de ahí haré lo posible por traer capítulo nuevo cada dos semanas.
Gracias por leer y comentar.
¡Hasta la próxima!
