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Erwin Smith es reconocido por todos, en especial por esas cejas gruesas y se murmura por las calles Hanjique es calvo y tiene un peluquín por cabello. También por ser comandante de la Legión de Reconocimiento, ser poseedor de una gran inteligencia y gran valor.

El sacrificio para él parece religión.

—¿Qué apuntas ahí? —le pregunta Connie a su amiga de coleta.

—¿Dónde? —responde ella haciéndose la interesante.

—En ese cuaderno —el chico calvo intentó mirar lo que escribe pero ella tapa cada intento—. Me da mala espina…

—Son solo anotaciones de vida.

—Ah… —murmuró no muy convencido sintiéndose ofendido por la desconfianza—. Más te vale no poner nada de mi, eh.

—Date por bien servido, son cosas personales —Sasha muerde un pan que robó de la cocina y se va del comedor con rumbo desconocido.

Connie aun no puede creer lo que ella acababa de hacer.

Ignorarle.

Levi tiene esa cara de aburrido que le desespera. ¿Acaso no puede sonreír de vez en cuando? Bueno, si le ha visto hacerlo un par de veces, pero ha sido cuando se ponen a limpiar y esta satisfecho con su trabajo. A veces suele pensar que el hombre es un fetichista con las escobas y trapeadores y le mete a Eren…

—¡Sasha! —le grita Mikasa y antes de que le pregunte algo, esconde el cuaderno—. Termina tu trabajo.

La mujer más intimidante del mundo le avienta una escoba y sonríe bobamente recordando lo que acaba de escribir.

La castaña asiente pero piensa infinidad de ideas nuevas para su cuaderno.

Hanji es una buena mujer, muy animada.

Si.

—¿Es todo? —La chica apodada come patatas casi se convulsiona cuando escucha a Eren preguntarle eso. ¿O sea acaso es un fantasma? Ni si quiere le sintió llegar.

—De qué hablas… —murmuró nerviosa.

—Bueno, empezaste muy bien tus escritos con el comandante, hasta parecía una bitácora pero terminó en adulaciones hacia la señorita Hanji —dijo el de ojos verdes y Sasha sintió que se le acaba de quitar lo divertido—. ¡Debes de ser mejor! Dame acá, te ayudo.

Así fue como Eren se adueñó del cuaderno.

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Levi trataba de escuchar todo lo que la chiquilla esa trata de explicarle. Según lo relatado, ella no tuvo nada que ver con, ¿cómo decía?

Miró una vez más los papeles que tenia en su mano.

"Métodos de adiestramiento militar basados en tortura psicológica".

Encontró la evidencia cuando buscaba otro libro, esa vez en el dormitorio de las mujeres, pero ellas tenían muchas cosas que no le agradaban. Y lo vio…

Hojas manchadas con restos de tinta, varios tachones y un titulo llamativo.

¡Alguien le había robado su idea!

—Entonces no fuiste tú —declaró algo perturbado.

Aunque no más que la joven sujeta al poste que utilizaban para amarrar los caballos.

—Ya le dije que no —negó con insistencia agitando con miedo su cabeza—. Esa cosa no es mía, Eren dijo que me la regalaba para que la utilizara como base en mis apuntes. No lo hare, antes era divertido pero desde que se adueñó de mis cosas ya no lo es tanto.

—Esto ni si quiera es tortura —observó enojado mientras agitaba los papeles—. Tiene nulo conocimiento militar.

—Bueno… —son soldados, ¿no? Pensaba Sasha contrariada, se supone que saben.

—¿A esto le llama métodos?

Y el sargento seguía… ¡¿Dónde estaba Connie cuando lo necesitaba?!

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En un lugar oscuro, unas velas se mecían en el aire, siete siluetas formaban un circulo y una octava sombra que estaba en medio se movía sin cesar. El lúgubre lugar era amenizado con música aberrante junto a una horrenda voz que gritaba.

—Ahala ahala ahala —se escuchaba. Cuando por fin paró, la misma voz se escuchó—: Quién ira primero.

La voz de la razón del pequeño grupo apuntó rápidamente a Eren.

—¡Oye! —se quejó pero con nerviosismo asintió —. Yo…

—Antes de hablar —comenzó a decir de nuevo la voz—, tienen que saber las reglas.

—Entonces para qué pregunta… —replicó Jean a lo que la sombra ignoró.

—Bien. La primera es que solo un muerto por sesión —dijo—. La tercera es que…

—¿Y la segunda? —preguntó Armin.

—No hay.

—Pero…

—La tercera es que dejen sus monedas en la lata que esta a su izquierda.

Los siete sujetos dudosos por haber ido, uno a uno se levantaron a dejar sus monedas.

—No sean tacaños que los espíritus lo ven todo.

Entonces Jean arrojó otra dos.

Cuando todos por fin se sentaron Eren temblaba inquieto.

—Deberíamos irnos —murmuró a Mikasa y ella le dio la razón porque es Eren.

—Estas loco, acabo de dar mi dinero —rezongo el chico rubio cenizo.

—Pues tómalos de nuevo.

—Los espíritus cobran por adelantado —dijo la voz, todos pudieron ver como la sombra se alzó la túnica hasta las rodillas y corrió hacia las monedas—. No hay devoluciones.

—Bien —musitó Eren aun inquieto—. ¿Puedo preguntar ya?

—Si —contestó y volvió a su sitio—. Dime el nombre del difunto.

—Es…

De pronto el lugar comenzó a iluminarse demasiado, todos pudieron distinguir la voz del comandante y después las velas cayeron al suelo quemando cajas amontonadas.

—¡El negocio! —gritó la voz. Hanji se quitó la túnica con destreza y trató de apagar el fuego, pero por accidente arrojó el tubo del papel higiénico que usaba para fingir otra voz. Las llamas se extendieron a un más y no tuvieron mas remedio que salir del sitio.

La carpa mal hecha cayó al suelo aplastando al fuego, las llamas ya no tuvieron oxigeno y así acabó la intromisión al mundo de lo oscuro.

Los soldados sabían que eso podía pasar, pero estaban aburridos y el sargento estaba ocupado. Nada bueno iba a salir pero al menos mataban el tiempo.

Zoe veía a través de sus lentes su mercancía morir, así como morían sus sueños.

Erwin Smith, comandante de la Legión de Reconocimiento cuya religión es el sacrificio.

Sacrificó la tienda de Zoe por el bien de sus almohadas.

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El soldado más fuerte de la humanidad leía y volvía a leer faltas ortográficas, errores garrafales e incoherencias.

Sasha se estaba quedando dormida mientras murmuraba por Connie.

—¿Arrojar naranjas a soldados en movimiento? —Exclamó azorado el sargento—. Si no duele no sirve. Son mejores las piedras.

Rompió la hoja y siguió leyendo.

Fue uno de los pocos días tranquilos en el cuartel.

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