Cap 13: La casa de Snape.

Calíope abrió la puerta del despacho. Adentro ya estaba Sirius, que la sonrió. Sirius tenía buen aspecto, las huellas de su paso por Azkaban ya se habían borrado completamente. Tras devolverle la sonrisa levantó la vista hacia las dos personas que estaban con él. Akasha parecía distraída, jugueteando con las puntas de su pelo rojo, a su lado Snape miraba torvamente por la ventana.

"Perdonad el retraso, me he encontrado al fantasma de la Dama Gris y ha empezado a darme la barra con que si le dejaba un aula para celebrar su cumpleaños. No te libras de los acontecimientos sociales ni muerto…" Calíope se sentó frente a su hermana "Bien, empecemos."

"Creo que lo oportuno en este caso es cederle la palabra a Snape" dijo Sirius "A fin de cuentas el mortífago es él. Bueno, ex-mortífago." Rectificó tras un codazo de Calíope.

Todos volvieron la mirada a Snape.

"Sí, Black, yo soy el mortífago" dijo tras clavar sus ojos negros en Sirius "y he estado pensando acerca de qué pueden haber hecho con un rehén" Akasha se estremeció involuntariamente " y la conclusión a la que he llegado es que solo hay dos posibles escondites: uno, mi casa, dos, la de Malfoy. Aunque dudo que lo lleven a mi casa"

"¿Por qué no saben llegar?"preguntó Calíope.

"No, porque no es un buen sitio para esconder nada "respondió Snape.

"¿Entonces qué?" preguntó Akasha. "¿Miramos en tu casa por sí acaso?"

"¿Qué parte de no es un buen sitio para esconder nada no entiendes?" cuestionó Snape mirándola irónicamente.

"Puede que la consideres un agujero sucio y oscuro, pero si por casualidad llevasen a mi hijo allí, voy a ir" sentenció calmadamente.

"Entonces, ¿comenzamos por tu casa, Snape?" dijo Calíope.

"Si insistís…adelante" dijo Snape, suspiró cansinamente.

Kadar andaba por los pasillos de la Mansión de los Malfoy, hacia la habitación en la que estaba su hijo, con una bandeja llena de comida para el pequeño.

Por su mente rondaban varios pensamientos. Principalmente, se preguntaba cómo habría reaccionado Akasha ante el secuestro de su hijo a manos de su propio marido. Seguramente, nada bien. Sonrío, con cierta ironía y tristeza. Le dolía haber tenido que recurrir a una medida tan rastrera para conseguir que los planes del Señor Tenebroso se cumplieran, pero, si con ello lo lograba, que así fuese.

Llegó a la habitación de Yuui. Encontró a su hijo revolviendo en los cajones y rincones de la enorme habitación.

"¿Qué haces, hijo?" preguntó, extrañado.

"Busco mi peluche" respondió inocentemente.

Kadar se acercó a él, y le cogió en brazos. Agitó su varita en el aire, e hizo aparecer un oso de peluche que le entregó. El niño le dio vueltas entre sus manitas.

"Pero no es mi peluche" se quejó Yuui.

"Ya…pero es mejor que nada. Pronto volverás a ver a tu peluche, tranquilo." Dijo Kadar, conciliador.

"Papá… ¿vas a hacer daño a mamá?" cuestionó, con una mirada seria, impropia de su edad.

"Bueno…" Kadar se quedó sorprendido. "Si no hace nada que no debe, no. Si todo sale como debe, muy pronto estaréis juntos otra vez."

A Kadar le dolió mentir a su hijo.

Los cuatro se aparecieron en la calle de las Hilanderas. Llovía, y se apresuraron a taparse con la capucha. Aún así, llegaron calados hasta los huesos a la casa de Snape.

La fachada estaba desconchada y avejentada por los años, sucia de goteras y manchas de humo.

"Que…acogedor" comentó Sirius valientemente.

"¿Lo dices porque te recuerda a tu casa, Black?" replico Snape, mirándole de reojo.

" La casa de mi familia por lo menos es más grande, esto tiene pinta de ser un nicho…" respondió Sirius girándose hacia Snape, que a su vez le encaró.

"¡Quereis parar los dos, por el amor de Dios! Parecemos tontos aquí parados discutiendo bajo la lluvia." gritó Akasha, abrazándose para intentar entrar en calor.

Snape se apresuró a lanzarle una mirada asesina a Sirius y a acercarse a la puerta. Apoyó la mano derecha en la puerta y susurro unas palabras rápidamente. Con un sonido metálico, la puerta se abrió suavemente. Snape hizo una seca reverencia burlona .

"Bienvenidas a mi casa"

"A mí que me zurzan, ¿no?" murmuró Sirius con un sonrisa torcida.

"Sí." replicó Snape.

Los cuatro pasaron dentro y una vez estuvieron a cubierto Snape alzó la varita. Las velas que había en la mesa se encendieron con un chisporroteo. El mobiliario estaba lleno de polvo intacto, nadie había pisado ese suelo desde hacía mucho.

" Aquí no hay nadie" murmuró Calíope.

"Echemos un vistazo en el piso de arriba" sugirió Snape "La escalera está al fondo."

Siguieron a Snape por el cuarto oscuro. Akasha cogió una de las velas que había en un estante por el camino. La escalera estaba igual de polvorienta, con cada paso los escalones emitían un crujido amortiguado. El piso de arriba mostraba las mismas señales de abandono del primero. Una a una, abrieron todas las puertas que daban a habitaciones amuebladas con una sola cama, una mesilla, un escritorio, una silla y un armario.

"Y aquí acaba la visita guiada." Snape se giró hacia ellos cuando abrieron la última puerta que resultó dar a un baño destartalado.

"Creo que llevabas razón. Aquí no han podido esconder nada." Akasha negó con la cabeza salpicando a Calíope.

"No me salpiques." Pidió ella. "Snape, dale una toalla, por favor."

"Voy a buscar" accedió, a regañadientes.

"Akasha, ayúdale, anda." Dijo Calíope.

"¿Qué ayuda necesita para traer unas toallas?"preguntó molesta ella.

"Es por chorrearle todo el suelo" dijo su hermana.

Akasha puso los ojos en blanco y, con un gruñido, le siguió. Le encontró en una habitación, sacando unas toallas de un armario de madera. Alzó la mirada y vio a la mujer, a la que pasó una de las toallas.

"¿Es tu habitación?" preguntó curiosa.

"Si." Respondió él.

"No tienes ni fotos." Comentó ella. "La mía está llena de ellas."

"¿De tu marido?" preguntó, sardónicamente.

"Entre otras." Respondió ella de malas maneras. " Y tú qué ¿no tienes de amigos o novias?"

"¿Tú ves alguna?" preguntó él. "Pues será que no."

"Cuánta amabilidad" se quejó Akasha. "Dame las toallas, que se las daré a los otros dos."

Iba a salir al pasillo cuando Snape le agarró del brazo.

"¿Qué? ¿Te has quedado enganchado?" preguntó ella, molesta.

Snape suspiró.

"Oye, que… perdona por el comentario. Tampoco venía a cuento."

Akasha se relajó un poco.

"No tiene importancia. Últimamente estoy un poco irritable."

"Desde que te conozco estás irritable." dijo Snape con una sonrisa torcida.

Akasha rió, para sorpresa de él.

"Vamos a buscar a los otros, anda." Replicó ella.

Calíope levantó súbitamente la cabeza de la estantería que estaba examinando.

"Sirius, he oído algo." Le dijo frunciendo el ceño.

"¿Seguro?" dijo Sirius, acercándose a ella "¿Dónde?"

"Abajo, he oído como crujía la escalera"

"Echemos un vistazo." decidió Sirius.

Ambos avanzaron por el pasillo, en completo silencio. Calíope dio un bote cuando vio una sombra salir de una de las habitaciones a su izquierda, que resultó ser Akasha, con dos toallas dobladas bajo el brazo. Se llevó una mano a los labios, indicándole silencio. Akasha asintió y le hizo a su vez un gesto a Snape, que estaba detrás de ella.

Los cuatro avanzaron hacia la escalera. Los crujidos se acercaban. Calíope alzó la mano y empezó a doblar los dedos uno a uno. Cuando solo quedaban 3 Akasha dejó las toallas sobre el suelo. 2…1

"¡Desmaius! ¡Desmaius!" Los haces de luz roja cruzaron como centellas la escalera hacia el primer piso, mostrando dos figuras agazapadas contra la pared. "¡Son dos! "gritó Sirius, bajando rápidamente las escaleras con la varita a punto.

Cuando llegó frente a los dos cuerpos hizo aparecer una cuerda con la que los ató.

Se giró hacia los demás sonriendo.

"Me parece que ya tenemos por dónde empezar a buscar"