AVISO: Admito que quizá me pasé un poco con este capítulo, al menos en las primeras dos páginas, pero deben tomar en cuenta que Bartolomeo siempre ha sido un delincuente y nunca un caballero así que las malas palabras y terribles escenarios tendrían que suceder en algún momento.
Tan sólo días pasaron desde aquella confesión, el día más feliz que Barto jamás tuvo sin contar el chequeo médico al que tuvo que ser sometido luego del golpe que se dio en la cabeza tras la caída. Según los médicos, su cráneo era duro como un roble y se recuperaría con rapidez.
A Alex le agradaría decir que su relación con el chico en esos días había sido normal y lenta pero no era ninguna de las dos, la emoción del caníbal llevó la relación a un nuevo nivel en tan sólo dos días, posteó en cada sitio web lo feliz que estaba de por fin salir de la friendzone que le rodeaba.
Su mente vagueaba más y más a pesar de estar decorando el gimnasio con otros, incluso silbaba mientras lo hacía y si se equivocaba con algo simplemente lo aceptaba y lo resolvía al instante con la mente más positiva que pudiese tener.
Todo aquello no era color de rosa, a pesar de su felicidad debía soportar los largos sermones que le daba Law sobre cómo no debía tratar a Alex, Barto sólo resumía en su mente el "no debo ser como Trafalgar Law, JAMÁS" hasta cansarse.
Quería apostar que su vida estaría llena de monotonía mientras que en la de él buscaría nuevas aventuras en aquél mar tan extenso junto a Alex.
Sin embargo, una sombra de su pasado no dejaría que su felicidad durase demasiado...
En una base oscura, con botellas de alcohol desperdigadas por el sitio, condones por todos lados y suciedad infinita, un hombre obeso con labios de salchicha y peinado alargado y extraño, fumaba su puerro molesto por las últimas noticias que había recibido de los bajos estados.
—Señor —habló uno de sus hombres—, me acabo de enterar que Bartolomeo, alias el caníbal, hacia un año que se retiró del negocio y por eso no escuchamos más de su banda de ladrones.
—¿Qué? —gritó levantándose de su asiento.
—S-sí, está estudiando en el instituto Dressrosa —continuó—. Al parecer, en cuanto entró allí dejo el robo.
—¿Cree que puede simplemente dejar el negocio? —dijo molesto—, ¡Mató a ocho de mis hombres y cree que puede salirse con las suyas! ¡Maldito, Bartolomeo! Imbéciles, averigüen qué demonios hace allí, busquen la mínima apertura y nos meteremos allí como virus. Haremos que sufra el maldito.
—¡Sí! —asintieron sus secuaces.
—E-esto...¿jefe? —llamó la atención uno de sus subordinados.
—¿Qué? —preguntó molesto lanzándose al sofá.
—De hecho, mire la página del caníbal —mostró la página del chico en su celular, el internet está tan avanzado en estos días que hacen el trabajo de un profesional en stalkeo—, al parecer esta chica es su novia.
—¿Esa chica? —la miró el hombre—, es fea. No queda otra alternativa, tráiganla ante mí y asegúrense que Bartolomeo sepa dónde está.
El noviazgo de Bartolomeo fue la mejor noticia que pudo recibir aquél hombre de intenciones oscuras. Planeó la emboscada perfecta, todos sus hombres con armas y él en específico tendría un cuchillo con el cual cortar la garganta de su eterno rival.
Pronto llegó la tarde y con ella el regalo de navidad, la chica reprochaba que le hayan amarrado sus manos y pies tan bruscamente, además de haberla golpeado en el abdomen dejándola casi inconsciente, el jefe admitió la fuerza de voluntad que tenía por gritar en su refugio.
—Bienvenida, señorita —sonrió apagando su cigarro en la rodilla de ella, su grito casi desgarra los oídos de sus secuaces—, no grites tanto. Podrían escucharte fuera y no queremos eso —dijo pasando sus sucios dedos por la herida, hundiendo más sus dedos en el trozo de carne quemada. No queriendo darle el placer de escucharla gritar de nuevo, Alex se retractó y mordió su lengua aguantando lágrimas y dolor con esa acción.
—¿Por qué estoy aquí? —preguntó buscando paz mental en su cerebro. Podría ser un secuestro para que su padre diera millones.
—¿No lo sabes? —sonrió chasqueando la lengua varias veces—, Bartolomeo no te dice todo ¿no, querida?
—¿Bartolomeo? —preguntó algo aliviada, si nada tenía que ver con Crocodile pensó que sería un poco más fácil de sobrellevar.
—Sí, eres la carnada que hará que matemos a ese maldito —sacó su afilado cuchillo y se tentó a pasarlo por la blanca piel del cuello de Alex—, no creo que te importe que lo hagamos ¿verdad? De todas formas, ese hombre nos debe...
—Si te debe dinero puedo consegu...
—¡Dinero! —acercó más el cuchillo al cuello de ella haciendo correr una pequeña gota de sangre—, escucha bien. Dinero puedo tenerlo de sobra...lo que quiero es matarlo por asesinar a mis compañeros —extrañamente aquello no asombró a la azabache, desde el momento que conoció a Barto sabía que él no estaba en los mejores pasos en su momento.
—Señor, los vigilantes informaron que el caníbal ya viene —informó uno de sus hombres.
—¿Solo?
—Solo...
—Perfecto... —murmuró satisfecho—, ahora si me disculpas me iré a sentar allá —señaló su silla desde la que podría observar todo—, y tú sufrirás aquí —se marchó del lado de Alex y lamió la sangre que corría por el cuchillo—. Háganla gritar.
Ordenó, sus subordinados comenzaron entonces el plan de sufrimiento. Golpeándola, tocando sus muslos, algunos le escupieron y por más que ella intentó retener su furia comenzó a gritar en cuanto le forzaron la falda y la rompieron en pedazos.
—NOOOO —gritó.
Bartolomeo, a unos pocos metros del sitio sabía que ella estaba allí en algún lugar pero sólo con el grito logró conseguir la cueva de donde las ratas rivales vivían. Chasqueó su lengua molesto y pateó la puerta, su molestia se incrementó al ver a su novia con ojos llorosos, sin falda y con heridas por el cuerpo.
—¿Qué crees que haces, maldito gordo? —gritó molesto.
—Vaya, vaya~ El caníbal llegó —sonrió el jefe de todas las ratas ladronas alrededor.
—¡Cuidado Bartolomeo, es una trampa! —gritó eufórica antes de recibir una cachetada que le dejó su mejilla roja. Eso enfureció más al ex-delincuente, ni él en su maldito e insano juicio había hecho algo como eso jamás.
—Mataste ocho de mis hombres, Bartolomeo —recordó levantándose y dando pasos lentos hacia la azabache.
—Sí, se lo merecían —apretó sus puños fuerte intentando no hacer nada precipitado.
—Sí, probablemente —admitió—. El problema es que no me importa si lo merecían o no, el hecho es que los mataste y no creo que con tu muerte me baste —acercó su cuchillo a la garganta de Alex y jaló su cabello dejando libre el camino por donde podría pasar el arma.
—Déjala ir —protestó—, ella no tiene nada que ver con esto.
—Oh~ sí que tiene que ver ¿es tú novia no? —negaría, si la vida de Alex dependía de ello negaría todo pero la azabache gritó.
—¡Lo soy! —afirmó—, ¡Soy la novia de Bartolomeo y cuando logre salir de esto patearé tu culo!
—Valiente —musitó el hombre pateándola fuerte en el abdomen, varias veces, el caníbal dio unos pasos antes de ser apuntado por varias armas de distintos calibres.
—N...No...te saldrás con la tuya, gordo... —sonrió la azabache moqueando tanto al delincuente que la golpeó fuertemente haciéndola llegar al otro extremo del refugio. Aquello era parte de su doloroso plan para salir de semejante situación, el dolor era nada al saber que estaba tan lejos de la escena que Bartolomeo podría desquitarse libremente con las ratas.
Y así hizo, en el instante que la vio alejada de todo comenzó por golpear a uno de ellos robándole su arma y matando con ella a algunos, recibió un disparo en el hombro pero logró continuar hasta llegar al hombre que más hizo sufrir a su kouhai, pateó su estómago tres veces antes de posicionar el arma en la cien de él.
—¿Crees que puedes alejar a mi novia de mí sin que yo no te haga nada, eh?
—Y...yo...
—¡Imbécil! —disparó al pie de su enemigo haciéndolo gritar de dolor—, te dejé vivo. Maté a tus ratas y dejé vivo, maldición. Debí matarte a ti y cada uno de ellos.
—N...
—¡Calla! —gritó—, no quería volver a matar a nadie, llevaba un año limpio, maldición... Lo jodiste todo —comentó antes de jalar el gatillo quitándole la vida. Soltó la pistola y corrió tomando en brazos a Alex, debía llevarla a un doctor pero si lo hacía llamarían a un familiar y ese sería Crocodile, no estaba seguro de querer conocer a su suegro de aquella manera, algo debía hacer y pronto.
Ella despertó poco después de salir de la guarida, mirando con ternura a Bartolomeo.
—Vamos a casa, Barto —comentó cansada, juntándose más al pecho de él para sentir su calor.
—No, debemos ir al hospital.
—Si vamos al hospital mi padre se dará cuenta de mi estado, no, vamos a tu casa —abrazó el pecho del chico haciéndolo sentir débil ante sus encantos, algo que sólo logró descubrir al ser reconocido como su novio pues no era lo mismo cuando eran amigos.
—De acuerdo —asintió.
Era la tercera vez en la noche en que Trafalgar buscaba con la mirada a Alex en el gimnasio y no la encontraba. Chicas y chicos bailaban el último vals de la noche antes de coronar a los reyes del baile que, por lo que escuchaba el cirujano de la muerte, podrían ser Kohza y Vivi o Nami y Sanji. Cualquier cosa podría pasar.
No podía creer que ella se perdiese el final de las clases, del año. Él, quien no deseaba ir, aceptó por su insistencia aunque no bailaría con ella por culpa de su novio. Maldijo por lo bajo el momento que no aceptó ser novio de la chica pero ahora que todo había acabado no podía hacer más que agachar la cabeza y seguir bebiendo.
—¿Segura que no quieres ir al baile? —preguntó Bartolomeo por quinta vez—, decoré el gimnasio muy bonito.
—No, tú no estás en condiciones de ir —habló—, si tú no vas yo tampoco.
—Oh~ pero Trafalgar estará ahí —fastidió él acurrucándose en el cuello de la chica sintiendo el sobresalto de sus hombros.
—¿Y qué?
—Puedes bailar con él...
—¿Y me dejarás bailar con él? —preguntó añadiendo leña al fuego.
—S-sí.
—¿Seguro? Creo que iré a ponerme el mejor vesti-
—No, no, mi hombro duele —chilló—, quizá debas quedarte, enfermera.
—No soy enfermera.
—Lo serás.
—Idiota.
—Tú idiota, recuérdalo cuando estés en tu universidad...
—No puedo creer que tendré que decir que tengo un novio en escuela media —suspiró ella intentando molestar a Bartolomeo.
—¿Hm?
—Ya sabes, creerán que eres menor que yo y todo eso —continuó.
—Ellos entenderán, de todas formas, eres una abuelita sensual —él besó la mejilla de ella que estaba cubierta de vendajes por los golpes recibidos, para fortuna de ambos, un doctor amigo de Barto los atendió sin decir palabra alguna y se marchó dejándolos solos.
—C-Cállate —golpeó ella su hombro bueno—, más te vale sentirte orgulloso de decir que tienes novia universitaria.
—Oh, créeme, aunque no lo fueses —besó el hombro de Alex con ternura—, aunque no estuvieses en la universidad...estoy orgulloso de tenerte.
Selló esas últimas palabras de la noche con un largo y pasional beso...
