Espejos del alma
Por Yoali Iizax Luin
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Capítulo 14: Trampas
Aquella mañana se despertó como lo había hecho en los últimos días, deseando que todo lo que vivía era un sueño y que a la mañana siguiente despertara con todo como era antes. Para su desgracia el sol iluminaba sus días tal y como lo había hecho la noche anterior, todo seguía igual.
Después de ducharse y peinarse se dirigió al ventanal de su habitación y por el cristal pudo ver afuera, los soldados se movían abajo, todos parecían muy ocupados en sus labores, no tenía idea de qué hacían todo el santo día, pero parecían muy ocupados. Hacía algunos días vio llegar a una veintena de soldados empujando a un grupo de hombres que a se resistían, los llevaron a la parte trasera del palacio y no sabía de ellos.
Rika le había dicho que al parecer eran encerrados y obligados a trabajar para el ejército, Bugad era el responsable de ellos, pero no sabía que más les sucedía, sólo que días después terminaban tan fieles al ejército negro que le daba escalofríos.
Escucho los toques en la puerta y la menuda figura de Rika apareció en ella llevando el desayuno de Tomoyo.
- Buenos días – saludo con algo de ánimo en su voz.
- Buenos días, me alegra que puedas entrar – le sonrió.
Rika se sonrojo levemente – no lo hace – respondió depositando su desayuno en una mesita que estaba al lado de la entrada.
- ¿Qué?
- Terada… él dice que sólo puedo hacerlo por las mañanas, por las tardes su superior esta presente.
- ¿Te dijo eso? – pestañeo varias veces ante las palabras de su amiga, mientras ella no levantaba el rostro.
- Debo irme, que tengas buen día – salió tan rápido que no le permitió a Tomoyo entender nada.
¿Terada? su custodio hablaba con Rika. Dios tenía que salir de ese lugar cuanto antes no entendía nada de lo que pasaba a su alrededor y eso la frustraba, ella que a pesar de todo se vanagloriaba por no ser como las demás damas, ahora se sentía tan… tan… ni siquiera había una palabra para describir lo que sentía en esos momentos. Así que dio varias vueltas en la habitación.
Cuando Kero despertó de su sueño la vio pasearse sobre la alfombra con aire pensativo, luego la vio correr como loca de un lado a otro de la habitación y finalmente sacar todas las prendas que poseía.
La vio sonreír mientras sostenía un vestido en sus manos y una botella en la otra, con poca delicadeza guardo el resto de su ropa entro al baño. El guardián se acerco al plato de desayuno y comió lo más que pudo, terminó con un sueño atroz y cuando se preparaba para dormir de nuevo vio a Tomoyo salir cambiada. Sus ojos tenían un extraño brillo y una semisonrisa iluminaba su pálido rostro, se sentó frente a su espejo y comenzó a peinarse.
Kero bostezo sin mucho interés y volvió a dormir.
Las horas pasaron más lento de lo que deseaba pero le sirvieron para darse ánimos.
"Tú puedes Tomoyo" – se repetía una y otra vez, mientras arreglaba cada detalle de su aspecto.
Termino cuando la tarde caía, ahora entendía porque les mandaban doncellas para ayudarles en su arreglo, era una tarea bastante pesada. Comenzando por la famosa y odiada faja, que como pudo se la puso, después el peinado que después de varios intentos fallidos sólo arreglo con dos broches a cada lado, enmarcando su rostro y finalmente un ligero maquillaje.
Vio el resultado en el espejo frente a ella, que recordará nunca antes había puesto tanta atención a su arreglo personal, no es que no lo tuviera, sino que su belleza natural le bastaba para satisfacerse a sí misma. Recordó la botella y algo pensativa la abrió y tomo un pequeño sorbo, tenía que ser valiente, él regresaría en cualquier momento.
Kero descansaba en la cama de la habitación, no hacía otra cosa que dormir y comer, vaya guardián. Juraría que no era más que un gato común y corriente de no haber visto como la había protegido de Bugad.
Otro trago, cielos, esa bebida si que tenía un delicioso sabor, no era muy dulce y su consistencia era suave al paladar y su aroma bastante agradable, pero no recordaba de qué manera la botella termino en su poder. Tal vez las hermanas Li tuvieron la gentileza de mandar a ponerlo en sus pertenencias, cuando se dieron cuenta de que en verdad le había agradado.
Escucho sus inconfundibles pasos acercándose y a Terada informándole de ninguna novedad, dio un último trago de la botella antes de guardarlo. Touya entro con un gesto de cansancio, sin verla siquiera se sentó y tomo un libro para seguir leyendo.
¿Qué? Después de todo su esfuerzo ni siquiera se dignaría a verla.
Desde el día del beso aquella relación de maestra- alumno se había esfumado. Touya regresaba de ver a su padre, según el doctor estaba mejor ya comía algo con algo de esfuerzo y su palidez disminuía. Los que les daban problemas eran Sonomi y Yukito que no se cansaban de intentar huir, con pésimos intentos. No hablar de sus responsabilidades de ser uno de los generales del ejército.
Ya se estaba hartando realmente, lo habían entrenado para las batallas, la guerra no para estar encerrado en ese lugar que un día fue su hogar. En eso no envidiaba a su hermano. Lo único que deseaba eran unos momentos de tranquilidad lejos de tantos inútiles soldados y de Bugad, y para su fortuna o desgracia era esa la única habitación en donde Bugad no podía entrar.
Mientras Touya estaba sumergido en su enojo, Tomoyo hacía disimulados esfuerzos por atraer su atención pero no logro nada.
- Grrr - ¿Qué se creía ese?
Sólo esperaba que Eriol tuviera más en mente que encerrarlos en ese lugar. El ejército se expandía día con día y según sabía el reino de los Sen ya estaba en sus manos, sólo faltaban dos reinos más.
Ahora no tan disimulada comenzó a caminar por la habitación.
- Siéntate – fue la tosca orden sin que de dignara a verla.
- No – contestó ella y siguió en su recorrido.
Touya le dedico una mueca de desagrado y siguió en su lectura.
¿Acaso no pensaba verla? Después de todo su esfuerzo.
Ya entraba la noche y Touya no dejaba de leer en silencio, mientras que cansada de dar vueltas Tomoyo se dedicó a observarlo sin recato.
- ¿Qué tanto me ves? – Funcionó.
Por fin, una mirada decente, enfadada pero por lo meno no era ignorada.
Ella sonrió casi coquetamente. Desgraciadamente no tenía experiencia en eso del flirteo.
- ¿Te sientes bien? – lo que ella intentó era una sonrisa y mirada seductoras, pero lo que vio Touya fueron muecas indescifrables.
- ¿Acaso importa? – dijo con voz suave y algo ¿insinuante?
Touya levantó usa ceja. ¿Qué diablos le pasaba a esa chiquilla?
Se levantó de su lugar y se dirigió a la puerta, tal vez se sentía mal la pobre y necesitaba tiempo.
- ¿Estas huyendo? Acaso me tienes miedo – su tono varió de lo sensual a lo retador.
- No le temo a nada – se detuvo aún dándole la espalda.
- Demuéstralo – se levantó y con pasos pausados llego hasta quedar frente a la espalda del alto hombre.
Touya se dio vuelta, sí había algo muy extraño en esa chica, aunque no tenía idea qué era.
- ¿Qué te pasa? – frunció el ceño.
Tomoyo sonrió dulcemente - ¿No te agrada? – preguntó con un toque de sensualidad acercándose más a él.
Esta chica parecía no ser la misma que tenía como prisionera
Ella sin pensarlo siquiera, subió su mano y trato de tocar su rostro.
Por inercia, por costumbre o por ser él, detuvo su mano y la separó con brusquedad.
- ¿Qué demonios crees que haces? – sus ojos centellaron lo que a ella le pareció sorpresa y algo de confusión.
Ella esperaba una reacción así.
- No me digas que no te agrado – dijo con altivez - porque hace unos días no me dio esa impresión – cielos estaba actuando sensacional.
- Fue un error – afirmó él manteniendo una mirada fría.
¿Error?
Bien, eso sólo hacía las cosas más fáciles.
- Ahora me dirás que no te gusto – dijo manteniendo la mirada.
¿Qué estaba diciendo esa chiquilla del demonio?
Como tratando de entender que mosco le pico, revisó la energía de ella, no estaba poseída, luego la observó de arriba abajo.
Vaya se había arreglado un poco, traía un hermoso vestido índigo como sus ojos, un poco escotado que dejaba ver la hermosa piel de su pecho, el escote era algo atrevido y al parecer el vestido había sido diseñado para una chica más pequeña ya que podía notar que le quedaba algo chico. El lado positivo es que resaltaba con fidelidad las formas femeninas de la chica.
Eso sumado con el sonrojo en sus mejillas, y la mirada sensual que trataba de hacer lo hicieron hacer una mueca que Tomoyo interpretó como una sonrisa, muy pequeña, diminuta.
- Demuéstralo – reto Tomoyo con aire de superioridad.
Touya no dijo nada, se dio vuelta para salir.
Escuchó sus dientes rechinar, estaba furiosa. Tanto trabajo para que él se escapara.
- Touya – lo llamó como si le hablara a un igual, y no como "señor" como antes hacía.
Disimulando la sonrisa se dio vuelta, se supone que se sentía ofendido por llamarlo por su nombre.
Ella lo vio darse vuelta y levantar su enorme mano. Cerró los ojos con fuerza.
Aaahhh, debió imaginarse que tenía un corazón cruel y que si lo hacía enfadar pagaría las consecuencias.
Espero el golpe en el rostro, pero… no llegó.
En cambio la mano del chico se posó con delicadeza en su frente, abrió los ojos muy confundida parpadeando varias veces, tal vez sus ojos la engañaban.
Él mantuvo su mano en su frente, no definitivamente no tenía fiebre, era algo más que la había actuar tan raro.
- No tienes fiebre – tal vez era el encierro, no era la primera vez que alguien perdía la razón por eso.
Pensaba que estaba enferma, entonces no actuaba tan bien.
Antes de que pudiera hacer o decir algo más, Tomoyo aprovecho su cercanía y poniéndose de puntitas apenas alcanzó los labios del chico plantándole un beso más bien torpe, tomándolo totalmente desprevenido.
- Demuéstramelo – reto de nuevo con una mirada decidida.
Recuperándose de la impresión Touya la observó como asegurándose de que eso había pasado realmente. Ella sonreía ligeramente con cierto toque de desafío, reprimió las ganas de echarle agua fría.
Sonrió levemente si la chica quería divertirse ¿por qué no hacerlo? Acercó su rostro a la mejilla de la chica y sintió como temblaba ligeramente, se quedo así unos segundos sólo esperando la reacción de ella, pero se había quedado estática.
Tomoyo sentía su respiración en su oído, habría deseado alejarse, gritar o pegarle un buen golpe en la nuca ya que estaba descuidado, pero simplemente no se podía mover.
Tal vez no era tan buena idea después de todo.
Touya sonrió y sin desearlo absorbió la fragancia tan delicada que la chica despedía, sólo deseaba torturarla un poco por su osadía, en cambio, sorprendentemente para él mismo, ahora le resultaba terriblemente agradable esa cercanía.
La pelinegra se dio ánimos en silencio, ya no más encierro. Dejo de temblar y cerrando los ojos deslizo su rostro y buscó la boca del chico apenas rozando sus labios.
Touya frunció el ceño, así que la chiquilla insistía, bien si eso quería eso obtendría.
Ahora fue él quien tomo sus labios con algo de brusquedad, era un hecho que no sabía besar, pero la disposición de la chica lo ayudó aprender con ella. Ahora fue él quien tomo control de la situación, inesperadamente para la chica, tomo delgados brazos los guió hasta su espalda, era una manera de protegerse, por si la chica tenía planeado algo más que un beso. Tomoyo se sorprendió, pero siguió con el juego.
Los besos tomaron proporciones muy intensas, eran besos casi salvajes, Touya se encargaba de aumentar su intensidad y Tomoyo buscaba responder de la misma manera. La gran altura de él le hacía difícil tomar el control y se sentía sometida a él enteramente, su respiraciones comenzaron a incrementarse y el color de su piel comenzó a teñirse. Demasiado concentrados en su trabajo, a penas escucharon la voz de Terada que llamaba al general, había un problema con algunos de los hombres del ejército.
Touya soltó a Tomoyo sin nada de delicadeza y salió.
- Rayos – gritó Tomoyo, iba tan bien que ella misma se sorprendió.
Sentía sus labios hinchados por la intensidad de los besos y su cara arder, pero estaba en camino de lograr su objetivo.
Si, utilizaría a Touya para salir de ese lugar, se ganaría su confianza y cuando fuera necesario lo traicionaría, haría todo lo que fuera necesario para ayudar a su reino y a su familia. El resto de la noche trato de no pensar en nada que no fueran planes para sacar a su madre y al rey de ese lugar.
Touya arregló un pequeño problema, lo cierto es que no supo ni el motivo de la disputa, ya que tenía algo más en que ocupar su mente.
Era joven no tonto, después del atrevimiento de Tomoyo sabía lo que tramaba, una mujer de su categoría y de su tiempo no actuaba así sin algún motivo. Aunque le sorprendió como ella tomo la iniciativa, era claro que estaba dispuesta a todo con tal de obtener algo de él y que otra cosa que su libertad.
Le pareció interesante la idea. Y si ella quería jugar ¿porqué no? después de todo es más divertido un juego de dos, le haría creer que estaba consiguiendo lo que deseaba.
Después de todo: "en la guerra y en el amor, todo de vale".
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Mientras sus cortos cabellos bailaban con el viento y su mirada iba fija en su destino, recordaba lo que algunos días atrás había sucedido y mientras más tiempo pasaba, le parecía más increíble.
Tardó un poco más cuando llegó a uno de lo pueblos más alejados de Dhirtya pero de su reino.
A su llegada no había nadie en las calles del viejo pueblo. El atardecer pronto daría paso al anochecer y ninguna luz estaba encendida, ningún ruido dentro de las casas.
-¿Hola? – resonó en el lugar y salieron volando unas asustadas aves desde los árboles..
- Ya atacaron este lugar – concluyó y tomo las riendas de su caballo y las guió para salir, según su sentido de la orientación y las instrucciones de los pobladores de Sideris no estaba muy lejos.
Tomo el camino empedrado que se abría paso entre los árboles y continuó, desde los árboles alcanzo a escuchar algunos ruidos y sin pensarlo aceleró el paso del caballo no quería averiguar de qué se trataba tenía prisa.
- AHORA – no, no de nuevo. Una emboscada.
Alguien le saltó encima desde los árboles y otros salieron a detener al caballo, y pese a que estaba ya muy cansado el animal les dio trabajo. Sak estaba a punto de sacar su espada, pero entonces se dio cuenta de que quienes lo atacaban no eran más que ¿niños?
Dejo de luchar y se dejo atrapar, le ataron las manos y los pies, mientras tapaban su boca sin permitirle nada. Fue llevado con muy poca delicadeza dentro del bosque y para ser más específicos a una cueva.
- Atrapamos un hombre – informo un jovencito que no pasaba de los 16 años a varias mujeres y niños que se refugiaban en la cueva.
- Joshua ¿Qué haz hecho? No te das cuenta que lo has traído a nuestro refugio, si logra escapar seguramente traerá a sus amigos hasta aquí – le regañaba una mujer que por sus rasgos era obvio que era su madre.
- Pero…
- Tranquila querida, no seas así con el chico – escucho otra voz en tono jovial – puede sernos de utilidad.
Por todos lo cielos si sus ojos no le engañaba esa era…
- Lady Nakuru, es peligroso. No podemos confiar en nadie – la mujer estaba bastante angustiada.
Quería gritarle y decirle quién era, pero viendo la cara de angustia de todos prefirió callar. Eran una 10 mujeres casi todas de edad madura, unos 15 niños que variaban de edad, de todos tamaños y colores. Seguramente se escondían de las tropas del ejército negro.
- Tranquila, tal vez sea mensajero de otro reino, los del ejército rara vez están solos – las otras mujeres hicieron cara de incredulidad pero asintieron.
- Ahora veamos que nos ha traído el viento – con toda confianza Nakuru tomo una antorcha y se acercó al cautivo.
Luego de que la luz le dio en el rostro, notó que Nakuru hacía toda clase de gestos, desde la sorpresa, pasando por la preocupación y la confusión.
- ¿Sak?
Él asintió.
- Que pequeño es el mundo. Por todos los cielos querido, pensé que estaría con Li o en otro lugar muy lejos de aquí. ¿Supiste lo del reino? No sabemos nada de lo que pasa, tenemos que hacer algo. ¿Dónde has estado?
- Lady Nakuru ¿lo conoce? – interrumpió la mujer y hasta entonces noto que todo en la cueva los observaban con curiosidad.
- Claro, es…
- Mmrrrr – hizo ruido Sak rogándole con la mirada que no hablara de más, luego de verlo Nakuru entendió – un viejo amigo, es inofensivo creo que podemos soltarlo.
- ¿Inofensivo? – preguntó Joshua frunciendo el ceño, inspeccionándolo con tanta intensidad que a Sak le salió una gota en la cabeza tipo anime.
- No mataría ni a una mosca, tiene muy malos reflejos y es algo torpe – decía mientras quitaba de su boca la mordaza – no sabría correr o esconderse, mucho menos aliarse con el enemigo, creo que ni siquiera sabe vestirse solo.
- "Gracias" – le dijo Sak.
- Je, lo que quiero decir es que no nos hará daño. ¿Cierto?
- Cierto – se limitó a responder.
El estomago de Sak reclamó alimento haciendo graciosos ruidos recordándole que no había comido en las últimas 16 horas, enrojeció levemente de vergüenza – te traeré algo de comer – Nakuru se fue en busca de algo que darle.
Todos en la cueva permanecieron en silencio, claramente se podría escuchar el caminar de una hormiga ya que todo estaba en absoluto silencio. Todas las miradas se concentraban en Sak, observando cada detalle de su rostro y de su cuerpo, como esperando que se transformase, se sentía como un animal raro en un circo.
- Aquí esta – Nakuru se sentó a su lado y comenzó a darle una extraña sopa color verde musgo con un terrible olor.
Con todas las miradas encima tuvo que abrir la boca, al introducir el alimento, la extraña mezcla verde salió disparada con rumbo desconocido.
- Nakuru, ¿Qué es eso? – dijo haciendo gestos.
- Es sopa – le regaló una tímida sonrisa – recuerde que no sé cocinar – le susurró.
- Lady Nakuru, es un malagradecido no debería esforzarse por alguien así – con asombro Sak vio que era precisamente Joshua quien ahora se limpiaba la sopa verde de la cara.
- Es que no cocino bien – se disculpo Nakuru y Sak se sintió el bicho más horrible en la tierra, ella sólo deseaba ayudarlo.
- Lo siento lady Nakuru, es sólo que no he probado más que frutas del bosque y su guisado tiene un poco de condimento.
Ella le sonrió.
- Si no le importa me gustaría dormir ahora.
Por fin todos lo dejaron de rodear, pudo respirar y cerró los ojos.
Espero en vano a que lo desamarraran y escucho a Nakuru tratar de convencerlos de que lo hicieran, pero fue inútil, tuvo que reconocer que esas personas le tenían miedo con justas razones así que por ahora no podía hacer nada.
Se sentía muy cansado, días y días enteros de viaje no faltaba mucho y pronto vería de nuevo a su padre, a Tomoyo y al final todo estaría bien o eso deseaba creer.
Al día siguiente lo despertó el ruido de los niños pequeños al jugar. Sólo dos mujeres los cuidaban, les preguntó sobre Nakuru y con renuencia una de ellas le dijo que había ido por comida.
Aún estaba atado de pies y manos, así que no tenía opción, era obvio que esas personas no confiaban en él y no las culpaba. Paso la mañana viendo como la mujer encargada de los niños les enseñaba algunas canciones, juegos y algunos modales, los pequeños eran un montón de energía corría, jugaban, reían y hasta peleaban. Con alegría recordó sus años de niñez que compartió con Shaoran y con Tomoyo.
A medio día llegaron varias mujeres incluyendo a Nakuru y al joven Joshua que no se cansaba de mandarle miradas de desconfianza. Comieron algunas frutas de la temporada y por fin después de interminables ruegos de Nakuru se resolvió quitarle las ataduras, se sobó las manos y los tobillos, pero estaba muy agradecido.
Cuando tuvieron un momento a solas Sak le dijo su plan de rescatar a su padre, Nakuru no estaba muy convencida y le persuadía de que no lo hiciera, finalmente Sak terminó por convencerla de que era lo mejor.
- Bien lo acompañaré – no le agradaba estar desinformada de lo que pasaba en el reino, días después de que partió del palacio busco regresar, pero nadie la quiso acompañar así que se fue sola, para su mala suerte se perdió a medio camino y fue así como encontró a esas gentiles personas.
- Es peligroso.
- Pero tienen a Yukito, no seguiré esperando para tener malas noticias. Quiero ayudar – tomo las manos de Sak y trato de convencerlo con la mirada.
- No puedo permitirlo, su vida estará en peligro – trató de persuadirla.
- Escúcheme por favor. Yo… - bajo su rostro y su tono de voz se suavizo – no tengo a nadie en este mundo, ni familia, ni propiedades, ni nada, lo perdí todo, no quiero perder a Yukito, él es lo único valioso para mí – percibió como al decir estas palabras su voz tembló levemente como conteniendo el llanto – Él y su familia – levantó el rostro y notó la sinceridad de sus palabras – y las personas de su reino me han tratado muy bien, quiero hacer algo por ellos, por favor.
Sak no estaba muy seguro, pero lo que Nakuru decía era lo que él mismo sentía.
- Sé que puedo ser de ayuda en algo, haré lo que sea. Por favor.
- Pero my lady… - no deseaba arriesgar su vida, ya habían sufrido muchas personas.
- Aunque sea mujer, sé que puedo ayudar en algo.
- No es eso, es que…
- Por favor, lo que suceda será sólo mi responsabilidad, sólo pido una oportunidad.
Sak suspiro con varios sentimientos encontrados, preguntándose que debía hacer - Esta bien, pero debe seguir mis órdenes.
- Sip – Nakuru dio varios saltitos de alegría.
Sak la observó y deseo no arrepentirse de su decisión.
Atzin le dijo una vez que uno de los poderes más grandes que poseían era el de elegir libremente que hacer. Pero la libertad no es libertinaje, la libertad sólo se ejerce plenamente cuando esta respaldada por conocimiento y por responsabilidad. Y habían elegido hacer algo para ayudar a sus seres queridos conociendo las consecuencias y asumiendo la responsabilidad.
Si tan sólo Shaoran estuviera a su lado para apoyarla en esas duras decisiones, era uno de los pocos que entendían lo que significaba su titulo de nobleza para el reino y para sus vidas.
Esa noche cenaron todo frente a la hoguera.
Al terminar los niños comenzaron a jugar, mientras las mujeres conversaban. Incluyendo a Nakuru que se despedía de todas, mientras ellas la persuadían de desistir. Sak los observaba algo retirada, esto era lo que la guerra provocaba, la separación de las familias, muertes, hambres, niños pequeños que vivían en miedo constante y eso era lo que deseaba desaparecer.
- Eres un tonto – escuchó una voz gruesa a su lado. Seguramente Joshua.
- Eso lo sé, dime algo que no sepa – dijo con tal desinterés que le provocó furia al otro.
- Te atreves a arriesgar la vida de una mujer, por tu caprichos – es su voz reconocía el desprecio que seguramente le tenía, pero Sak ni siquiera volteo para verlo a la cara.
- Tal vez tienes razón. Pero es su voluntad no la mía, yo lo único que quiero es parar esta guerra.
- Si claro, un chico y una mujer harán el milagro – dijo con desden.
- Creo que por lo meno lo intentaré – dijo sin ánimo de molestar y por fin se levantó y le hizo frente.
Joshua pareció mucho más furioso y apretó los puños – si tan sólo… - se dio vuelta.
- ¿Qué? Si tan sólo ¿qué? – le reto Sak.
- Si tan sólo me hubieran dejado unirme a la resistencia, entonces no estuviera aquí de inútil.
- ¿Resistencia?
Joshua lo observo como si viniera de otro planeta – no sabes nada de lo que pasa aquí – dijo sin disimular reproche – no creas que nos hemos quedado con los brazos cruzados, campesinos y algunos de los nobles de Dhirtya han formado una resistencia para recuperar el reino.
- ¿Dónde están ahora? – tal vez podría aliarse con ellos.
- Si lo supiera no estaría aquí – le dio la espalda visiblemente enojado – sabemos nada de ellos.
El príncipe de Dhirtya no pudo hacer más que ahogar un suspiro, hasta los campesinos deseaban que todo terminara y estaban arriesgando su vida.
Sí, eso provocaba la guerra, sentimientos horribles e indignantes de no poder hacer nada.
- Si tan sólo me hubiera ido con ellos… - escucho murmurar al muchacho.
- No digas tonterías – levantó la voz para que lo escuchase - vale más un hombre que cuida al futuro, que uno que muere por el presente.
- ¿Qué dices? Podría estar allá matando a eso idiotas del ejército negro para devolver la paz a todos, para regresar todo a la normalidad, podría ayudar a mi padre a matar a esos imbéciles que se atrevieron a arrebatarnos todo – dijo cuidándose de que nadie más lo escuchara.
Sak frunció el ceño - ¿No lo entiendes?, te dieron una misión más importante que matar hombres o morir por ellos, te dieron la misión de cuidar el futuro, te encargaron cuidar a sus esposas e hijos, cuidando los tesoros más valiosos de todo el reino. Creen que tienes lo necesario para cuidar lo que ellos aman y no debes subestimarlo.
Joshua se dio vuelta y observó a Sak como si lo viera por primera vez.
- No te dejes llevar por las apariencias, son engañosas – continúo Sak - tu misión es más importante de lo que crees. Mientras lo haces, nosotros nos encargaremos de acabar con la guerra, y no todo se soluciona en el campo de guerra. Te prometo que haré todo lo necesario para que esto acabe y que tu padre regrese a casa.
- Sí claro – dijo con ironía – lo creeré hasta que lo vea.
- Lo prometo – le dijo y se dijo a sí mismo.
Esa una pequeña melancolía la transformó en valor para no fallar. Cumpliría esa promesa a toda costa.
- Vayan al reino de Vidya, allá estarán bien hasta que esto termine.
- Pero…
- Convence a todos de que lo hagan. Pide hablar con el príncipe y dile que le haga un favor a Sakura y que reciba a todos los refugiados que ella luchara para que todo termine – hubiera deseado agregar que lo amaba, pero no sería muy pertinente.
Joshua lo vio sin creerle nada - ¿Quién es Sakura?
- Sólo hazlo, incluso si no le dijeras nada de lo que te he dicho créeme que los recibirá con gusto – "es un gran chico" - pensó convencida.
El grupo de mujeres y niños los vieron alejarse y después partieron a Vidya, después de todo no perdían nada al intentarlo.
Partieron al anochecer cada uno con su caballo.
Nakuru no entendía el camino tan extraño que seguían, parecían una serpiente en la arena del desierto, con un camino bastante distorsionado a su parecer. Pero recordando sus palabras se mantenía callada y alerta, había remplazado sus lujosos vestidos por unos pantalones gastados, donados por alguna de las familias que la habían ayudado.
Se alimentaban con algunas frutillas y reservas que Nakuru consiguió.
Sak se guiaba por las energías de los hombres del ejército que cada vez se sentían más fuertes juntas.
Faltaba poco para llegar, cuando escucharon un grupo de hombres que pasaban muy cerca de ellos. Sak escondió a Nakuru y subió a un enorme árbol, con asombro vio a tres hombres que empujaban a un chico sin consideración, apresurándolo.
- ¿Qué pasa? – pregunto Nakuru al bajar.
- Llevan a alguien, me pareció conocido – dijo en voz baja – espera en este lugar regresaré.
- ¿Qué?
- Shh… - se desplazó como gato entre los árboles, Nakuru no corría peligro no había energías cercanas.
Ese chico le parecía muy conocido, se acercó sin hacer ruido y desde una orilla del camino pudo ver al chico.
- Yamazaki – lo reconoció ya más cerca.
Aquellos hombres lo tenían con las manos atadas y lo empujaban para que avance, se le notaba muy cansado y maltratado. Su rostro siempre gentil y sonriente ahora era el rostro de un condenado a muerte, sintió su sangre hervir pero trato de mantener la calma, según Atzin no debía perder el control de sus emociones.
Subió a las ramas de lo árboles y con agilidad se desplazo a unos metros adelante.
Yamazaki iba ya bastante cansado y hambriento, tenían días caminando hacia Dhirtya. Cuando salieron aquella noche jamás pensó que era por causa de una guerra, por eso permitieron a Rika quedarse. ¿Cómo estaría ella ahora?
Después de que se fueron, supieron que el palacio fue tomado y varios campesinos y nobles se organizaron para hacer la resistencia, para su desgracia el ejército negro sabía como mantenerlos al margen, secuestraron a sus familias y no tuvieron más remedio que rendirse. Otros aún luchaban en los territorios lejanos sin intenciones de ceder, él había estado en uno que recientemente había perdido la batalla. Como uno de los líderes rebeldes eran los primeros en ser llevados ante de presencia de Bugad, y era con él que ahora lo llevaban.
En esos momentos sólo pensaba que lo iban a matar y recordaba una y otra vez a Chiharu y a Rika. Chiharu estaba a salvo, o por lo menos eso deseaba pensar, en tierras lejanas con un grupo que buscaría refugio en Vidya.
- Hey chicos, podrían dejar a mi amigo en libertad – la voz lo sacó de sus pensamientos.
Frente a ellos estaba Sak, que en ese momento no reconoció.
Los hombres no pronunciaron palabra alguna y se lanzaron en su contra, sacaron dos grandes espadas y fueron contra Sak. Él los esquivaba con facilidad, Atzin se había encargado de que su cuerpo pequeño le ayudara en esas maniobras, las pesadas espadas y la altura de los hombres se convertían en obstáculos.
- No me digan que es todo lo que pueden hacer – se mofó Sak subiendo a un árbol.
Con muy poca habilidad uno de ellos subió al árbol, tratando de alcanzarlo. Sak subía y subía, era una fortuna que fuesen tan altos. Desde arriba noto para su pesar que el otro hombre se quedo al lado de Yamazaki, no sería tan fácil.
Del talismán que colgaba de su muñeca sacó su espada, tenía tanto sin utilizarla que agradeció mil veces a Shaoran, pues como él se la había obsequiado la guardaba con especial atención. Justo cuando el tosco hombre estaba por alcanzar los pies del chico, éste sentado y cual mono se dejo caer sosteniéndose sólo con los pies, le dio una sonrisa burlona y de un solo movimiento corto la rama donde el hombre estaba parado, sus manos no aguantaron su peso y cayó.
- Entre más grandes son más fuerte caen – dijo Sak al escuchar el cuerpo caer secamente, bajo rápidamente y vio el cuerpo tirado – eso va a doler mañana – el hombre parecía vivo, pero no tenía tiempo de confirmarlo, se dirigió hacía el otro hombre.
Yamazaki tenía el arma del hombre en su cuello.
- Suelta la espada – ordeno el hombre a Sak.
- ¿Kas? – Yamazaki por fin lo reconoció.
- Pase lo que pase, todo estará bien – le dijo y soltó la espada.
El prisionero sonrió débilmente y en un movimiento que impresionó a Sak y al soldado le dio un buen codazo en el estomago dejándolo momentáneamente sin aire, aprovecho para quitar su arma y escapar, tenía más fuerza de la que aparentaba y antes de que Sak levantara su espada se escucho un golpe seco.
Takashi y Sak sólo vieron como el hombre tornaba sus ojos en blanco y se desplomaba. Tras él Nakuru daba pequeños saltitos de emoción – Le di, le di – gritaba contenta.
Suspiraron aliviados.
Yamazaki comía como naufrago, mientras Nakuru y Sak lo observaban, tras ellos y lejos del camino los dos soldados estaban inconcientes, vivos, atados y amordazados a un viejo árbol, sin posibilidad de escapar. Así los dejaría seguramente no tardarían en encontraros y esperaban que cuando pudieran relatar lo que paso, ellos estarían ya lejos.
- Entonces eso paso… - reflexionaba Sak sobre lo que Yamazaki le informó.
- Sí, entonces ustedes también quieren ayudar.
Nakuru asintió.
- En verdad pensé que ya eras parte de ellos, es una alegría que estés de nuestro lado Kas – dijo mientras sobaba las marcas de sus muñecas recién liberadas.
- ¿Kas? – le susurró Nakuru a Sak.
Cielos, de todas las mujeres del mundo Nakuru tenía que acompañarlo en esta misión.
- Es largo de contar – dijo llamando la atención de Yamazaki.
- Tenemos tiempo – contestó ella y Sak tuvo que confesar todo, bueno salvo un pequeño detalle que Nakuru no sabía y esperaba no tener que contárselo.
- ¿Estas bromeando? Sak, el príncipe de…
Él asintió avergonzado – lo siento, en verdad no deseaba mentir es sólo… que me gustaría que me valoraran por lo que soy y lo que puedo hacer y no por un título que herede. En verdad lo siento.
Su amigo permaneció en silencio y luego poso una de su manos en el hombro de su amigo – no hay cuidado, creo que de estar en tu lugar hubiera hecho lo mismo.
Le sonrió y Sak se sintió perdonado.
- Y ahora díganme ¿A dónde es que van?
- Al palacio a rescatar al rey – Nakuru no conocía la palabra discreción. Lo dijo en forma tan convencida y como si se tratará de quitarle un dulce a un niño que Yamazaki buscó la mirada de Sak para confirmar que no le estuvieran tomando el pelo.
Sak asintió.
- Es peligroso, con todos esos soldados.
- No, si conoces los caminos necesarios.
- Cuenten conmigo.
- Pero…
- No admito peros, sólo necesito un pequeño descanso y después – a rescatar al rey.
Los tres no tardaron en llegar al palacio al amanecer, desde lejos pudieron observar la estricta vigilancia que rodeaba al palacio, los sembradíos antes llenos de trigo, ahora parecían descuidados y en pésimas condiciones. Dejando a los caballos escondidos pudieron escabullirse entre las crecidas plantas sin ser detectadas gracias a la percepción de Sak.
Al llegar al pequeño bosque que rodeaba al palacio, fue un poco más difícil ocultarse, continuamente algunos hombres de apariencia sombría caminaban a los alrededores. Tuvo que utilizar sus dotes de trepador para ocultarse entre las ramas de los árboles, a Nakuru le dio un poco más de trabajo, pero terminó tan emocionada por la experiencia que convenció a Sak de que cuando todo terminará lo harían de nuevo.
La entrada del palacio era custodiada por varios hombres vestidos de negro con cascos que impedía verles el rostro. Con algo de asombro Sak noto como llegaban varias carretas cargadas, algunas con alimentos, otros con armas, incluso con personas que iban atadas y amordazadas. Cerró los puños y trato de calmarse, se encargaría de liberarlos cueste lo que cueste, Nakuru permaneció en silencio ante el macabro desfile preguntándose sobre el destino de ellos.
- Y ahora ¿Qué haremos? – dijo con decepción después de un rato Nakuru parecía que no había oportunidad.
- Esperar – se limitó a decir.
Yamazaki sólo observaba y obedecía a Sak.
Las horas pasaron muy lentamente hasta que llego el atardecer y el desfile terminó. Para ese momento Nakuru ya no sentía su trasero, estuvieron mucho tiempo esperando pero para su sorpresa Sak parecía emocionado.
- ¿Cómo entraremos?
Bajaron escabulléndose por un costado muy poco vigilado. Ya que a simple vista era muy difícil de superar por los altos muros que lo protegían.
- Será fácil.
- No lo creo – Yamazaki vio a algunos soldados que hacían su guardia e iban tan distraídos que aún no los notaban.
- Oh no – se quejo Nakuru y los tres se replegaron a los altos muros - ¿Qué hacemos?
- Los distraeré – dijo de pronto Yamazaki cuando sus pasos se encontraban más cerca.
- Takashi - iba a protestar Sak.
- Confía en mí – le sonrió y corrió para que los guardias lo siguieran, dando la oportunidad de oro para Sak, que por supuesto aprovecho.
Se metieron entre la vegetación llegaron a la entrada secreta de Sak.
- ¿Qué es eso? No me diga que…
- Bien, no se lo diré.
- Cuando esto termine, su padre sabrá de esto – le regañaba Nakuru mientras lo seguía, jamás hubiera pensado que ese chiquillo escapaba.
- Yo sólo espero que termine.
Con todo sigilo se caminaron por el estrecho pasadizo.
Legaron hasta su dormitorio, en los pasillos se escuchaban algunos hombres hablar.
- ¿Dónde esta el general?
- En la habitación de la chica como siempre.
- Vaya que se divierte – se rió el otro y siguieron su conversación.
- Exactamente ¿qué haremos? – pregunto Nakuru.
- Esperar.
- Otra vez.
Nakuru no poseía magia y su energía era demasiado pequeña para ser detectada, y la suya estaba muy bien entrenada, así que no había porque preocuparse, por ahora.
- ¿La noche para salir a buscarlos?
- No el atardecer, la noche es más peligrosa.
Sak se sentó y busco la energía de su padre. Con gran alegría la encontró un poco débil pero existía, luego sintió la enorme energía que desconoció y la de Yukito
- Sé donde están, esperaremos un poco.
Nakuru no entendía nada, sólo se limitaba a asentir.
Cuando la tarde llegó Sak salió de la habitación encargando a Nakuru no salir por ninguna circunstancia y se dirigió hasta la energía de su padre.
- Padre – abrió la puerta y lo encontró tendido en la cama – papá ¿estas bien?
¿Qué le habían hecho esos…? Con su amado padre. Sus facciones antes firmes ahora parecían sufrir las consecuencias de muchos días de hambre, sus ojos firmes de siempre eran remplazados con una mirada de un enfermo terminal.
- Sak – al escuchar su voz, no sabía si deliraba o su hijo estaba realmente con él.
- Tranquilo saldremos de este lugar – trato de sonreírle.
- Tu hermano – decía el monarca – él esta con ellos.
Sak no dijo nada y con cuidado comenzó a levantar el delgado cuerpo de su padre, con un poco de esfuerzo lo sacó de su cama y paso su brazo por su cuello – Vamos.
Siempre alerta de todo a su alrededor, avanzo por el pasillo, escucho unas voces acercándose y tuvo que regresar a la habitación, las voces pasaron de largo mientras Sak tragó saliva, tenía que ser muy cuidadoso.
El trayecto hacia su habitación se le hizo eterno, entre los sonidos de afuera, donde se escuchaban indicaciones a los soldados, y las respiraciones dificultosas de su padre. Parecía que le costaba trabajo respirar.
- Todo estará bien – repetía una y otra vez.
Con sigilo entraron a la habitación donde los esperaba Nakuru.
- Majestad ¿esta bien? ¿qué le pasa? – se alarmó la mujer al ver al rey en tan mal estado.
Fujitaka trato de sonreírle pero le faltaron fuerzas, sentía que pronto perdería la conciencia.
- Luego hablamos, vamos.
Su padre comenzó a respirar más rápido de pronto - Hijo, tu hermano… - no pudo decir más y quedo inconciente.
- Papá – se alarmó Sak.
- Tenemos que sacarlo de aquí - Nakuru se apresuro a abrir el pasadizo.
- ¿Acaso creías que era tan fácil? – dijo una ronca voz, desde la puerta.
Sak se dio vuelta con su padre y lo vio, un hombre de gran estatura de mirada oscura y cabello negro.
- Es un placer conocerte al fin… hermano.
- Touya – sería posible.
- No pensé que fueras tan tonto como para venir tu solo.
Sak revisó su cuerpo y no despedía ninguna clase de energía, sin duda había sido entrenado.
- Te estaba esperando.
Sak frunció el ceño, debió imaginarlo todo había resultado demasiado fácil.
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Mientras observaba a las nubes en el cielo, el carruaje iba a gran velocidad indicándole que era realmente urgente que llegue a su reino. Tenía en el pecho una horrible sensación de tristeza, angustia e incertidumbre, jamás en su vida había temido tanto por la vida de su padre. Siempre lo vio como un hombre saludable y fuerte, era muy repentina su enfermedad, definitivamente había algo más que quería averiguar.
Trato de apartar de su mente esa sensación de angustia pensando en algo más. Escuchaba claramente los cascos de los caballos avanzar rápidamente, recordó a Sak ¿estaría bien?
No podía evitar preocuparse por ella, cielos si que era difícil eso de dejar de considerarla hombre, toda su vida lo vio como un chico, un excelente amigo compañero de travesuras y cómplice. Pero unos días atrás todo eso cambio, jamás, ni en sus más locos sueños lo hubiera imaginado siquiera.
De la noche a la mañana se había convertido en una hermosa chica que le atrajo de manera casi automática, y para una sorpresa mayor le confeso que le gustaba y lo quería. Y se lo demostró.
Ahora no tenía dudas de lo que ella le decía, de lo que sí tenía dudas era de lo que sentía por ella. Le gustaba no había duda, la quería por ser su amiga, pero ¿había algo más dentro de su corazón para ella? Sak le demostró que sentía mucho más por él, al decirle toda la verdad y entregarse a él como lo hizo.
¿Por qué se había marchado ahora que la necesitaba? No sólo por la difícil situación sino por que deseaba tenerla a su lado, como antes. Cielos estaba muy confundido, todo había pasado tan rápido que apenas se daba cuenta de todo lo que ocurrió.
Suspiró pesadamente – Sakura – se escuchó decir y sonrió sin pensarlo.
Días después llegó por fin a su reino, no le extraño ver como todo el reino estaba con refuerzos en la guardia, pasaron rápidamente hasta llegar al palacio.
- Shaoran – lo recibió su madre – me alegra que estés bien – a pesar de que sus ojos reflejaban la emoción de ver a su hijo sano y salvo, conservó la distancia y la etiqueta.
- Shaorancito – todo lo contrario eran sus hijas, que como abejas a la miel, lo acosaron y estrujaron hasta más no poder – que bueno que estas bien.
Claro que Ieran Li había tratado por todos los medios poner a raya a sus hijas, era una misión imposible.
- ¿Mi padre? – como palabras mágicas provocaron la calma y el silencio en la habitación.
- Él te espera – su madre lo guió por los pasillos hasta la habitación.
- Adelante – su madre lo invitó a pasar, pero ella permaneció afuera.
Lo que vio dentro quedaría grabado en su alma por el resto de sus días.
Su padre, su valiente, joven y saludable padre, había sido reemplazado por un rostro demacrado, cabello levemente envejecido, ojos opacos y un cuerpo tirado a mitad de la cama.
- Hijo ¿eres tú?
Utilizó toda su fuerza de voluntad para mantenerse lo más calmado posible.
- Si padre, soy yo.
- Acércate – incluso su voz era apagada y sólo el eco de lo que había sido.
Con pasos firmes se acercó más a él.
- Hijo, me alegra que estés bien.
Shaoran asintió.
- ¿Qué ha pasado padre? – dijo con disimulada angustia.
- Lamento haberte ocultado muchas cosas, lo que sufro es sólo consecuencia de mis descuidos, de mi estupidez.
- No comprendo.
- No es necesario hijo – permaneció en silencio unos instantes mientras un agudo dolor atravesaba su pecho.
Su único hijo lo observó arrugar el ceño y cerrar los ojos, sólo pudo apretar los puños, impotente ante el sufrimiento de su padre.
- Necesito que tomes mi lugar – dijo una vez que el dolor ceso.
- Padre. Estará bien – trato de convencerlo y convencerse.
- Shaoran escúchame por favor – extendió su debilitada mano – misma que él tomo - el reino necesita un líder que los proteja. Mi vida pronto llegará a su fin. Lo lamento, pero como mi hijo esa responsabilidad recae en ti, tu madre no podrá sola con todo lo que se acerca, te necesitan a ti, estas listo para hacerlo.
- Padre…
- Sé que puedo confiar en ti – le sonrió con algo de dificultad.
- Si padre – contestó con una presión en el pecho.
- Ahora, me gustaría descansar – susurró y cerró los ojos.
Desconcertado Shaoran salió de la habitación encontrándose con su madre.
- ¿Qué pasó?
- Sospechamos del ejército negro – sólo eran sospechas pues no había nada seguro. Sólo que la extraña enfermedad tenía que ver con su corazón.
- ¿Intentaron curarlo con magia?
- Sí, pero no hemos conseguido nada. Nuestros científicos no han podido encontrar la cura.
- Que sigan intentando – fueron sus últimas palabras antes de refugiarse en su habitación.
- ¿Cree que este bien? – preguntó una tímida voz tras Ieran Li.
- Haydée – se sorprendió la monarca de verla en ese lugar – sí creo que estará bien. Pero ahora necesitará de tu apoyo.
La chica asintió y se perdió en los pasillos con rumbo a las habitaciones de las princesas, que por una vez en la vida estaban en silencio.
La reina estaba muy conciente de lo que pasaría, y aunque deseara sumergirse en su dolor, tenía cuatro hijas y un hijo a quien apoyar. Entro a la habitación y contemplo el cuerpo de su amado esposo, dormía placidamente. Un agudo dolor atravesó su pecho y ahí en silencio y sin testigos lloró en silencio.
Unas horas más tarde y después de una breve y emotiva ceremonia la corona de Vydia descansaba en sus cabellos castaños, la espada de su padre en sus manos y la carga de un reino completo en sus hombros, además de las vidas de centenares de personas.
- ¡Viva el rey Shaoran! – gritaron todos, menos su conciencia que le gritaba que ese era el lugar de su padre.
Años de educación lo habían preparado para ese momento, pero nada lo había preparado para perder a una de las personas que más amaba en el mundo.
- ¡Viva el rey Shaoran! – fue lo último que escucho el monarca Li, antes de sucumbir ante la muerte.
- Hijo – fueron sus últimas palabras antes de sellar sus labios para siempre.
Las campanas repicaron y Shaoran se erguía para tomar su posición en el trono.
Ahora sabía perfectamente cuál era su misión, aplastar a ese ejército y hacer justicia a su padre. Daría la vida si fuese necesario, pero no perdonaría a ningún miembro de aquel ejército.
Desde ese momento no ocuparía su mente en otra cosa que no fuera la destrucción del ejército completo, con su líder.
La mayor parte de Vidya estuvo en el funeral, permitiéndose llorar amargamente la muerte de su amado rey, las muestras de cariño no se hicieron esperar con docenas de flores blancas. Durante el funeral de su padre Shaoran Li permanecía tan frío y distante que la misma Ieran se sorprendió, su hijo estaba sufriendo mucho, dirigió la ceremonia como lo haría a un soldado del reino.
Fue durante el atardecer que su cuerpo fue enterrado, mientras el sol moría en el horizonte, una parte de Shaoran también lo hacía.
Todos regresaron a sus hogares después de un rato.
Regreso al palacio y dando instrucciones de que nadie lo molestara, se encerró en el que era el despacho del rey, se sintió tan mal que deseaba morir, pero las palabras de su padre aún resonaban en su mente.
Tomo una botella de vino y una copa tomo varias de una sola vez, sólo deseaba olvidar lo que estaba viviendo, deseaba estar sólo soñando y que el día siguiente vería a su padre en el despacho. Era tanta la intensidad de aquel oscuro sentimiento que apretó la copa que había en sus manos y con un fuerte apretón la hizo pedazos, haciéndose varias heridas en la palma de la mano que no sentía.
Los cristales cayeron a sus pies y aún sumergido en su dolor se dirigió a la ventana, desde donde se podía ver algunas de las flores dejadas cerca de la tumba. Quería llorar, quería gritar y reclamar la vida de su padre, pero no podía, sus gritos estaban atorados en su garganta y sus lágrimas en sus ojos.
- ¿Shaoran? – escucho a alguien tras la puerta, pero hizo caso omiso.
- Shaoran – era Haydée quien entraba - ¿estas bien?
Era una pregunta bastante estúpida, considerando las circunstancias.
Él la ignoró, ella estaba decidida a salir, pero noto las gotas de sangre en el suelo y luego su mano herida, que parecía no importarle.
Salió y minutos después regreso con una prenda limpia, agua, una venda y otros aditamentos. Algo temerosa de su reacción se acercó y comenzó a curar su mano con gran delicadeza.
Shaoran permaneció así, sin decir o hacer nada, mientras Haydée terminaba su labor.
No esperaba un agradecimiento o ¿sí?
- Sé que no puedo hacer nada para remediar lo que paso, sólo quiero que sepas que yo estoy contigo, apoyándote y que puede contar conmigo, siempre – dijo con voz suave.
Tal vez era injusto con ella, como todos los demás lo único que deseaban era apoyarlo, aunque no sabían cómo.
Haydée se dio vuelta convencida de que no podía hacer más que dejarlo solo.
- Haydée –le llamó.
Ella se dio vuelta y pronto se vio envuelta en sus brazos.
Lo único que Shaoran quería era agradecerle, pero una necesidad en su corazón lo hizo abrazarla, pero al sentir la calidez de la chica quiso pensar que no era ella a quien abrazaba. Quiso pensar que a quien tenía en los brazos era ella, que era Sakura quien lo consolaba.
Pudo articular un gracias, mientras algunas lágrimas resbalaban por sus mejillas.
Ella correspondió su abrazo y así se quedaron unos instantes.
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Hola.
Sí lo sé, tal vez quieren matarme por lo que le hice a Hien, creo que Shaoran también jeje si pregunta por mí no saben nada eh?
Pasando a cosas más agradables espero que el nuevo año este lleno de alegrías y éxitos en todos los ámbitos de sus vidas.
Y bueno sigo agradeciendo a quienes se toman la molestia de hacerme saber que continúan con esta historia y por su apoyo a esta autora.
HiKaRi
Nitoky Hanayime
yuuko-hime
Celina Sosa
Esmeraldy
Gilraen Singöllo
Black Star Dragon Girl
Lady Seika Lerki
keri01
Y gracias
Celina Sosa
HiKaRi-09
Luz
KAREN
Por leer "Una vez más", me hicieron feliz con sus comentarios créanme que lo hice con el corazón.
Y en el siguiente capítulo, el reencuentro con su hermano perdido es mucho más de lo que Sak esperaba, mientras Shaoran se prepara para terminar con el ejército.
Saludos y hasta pronto.
Yoalitzin
