Los personajes NO me pertenecen estos fueron creados por la maravillosa imaginación de Stephenie Meyer solo me adjudico la historia que salió de MI cabeza loca.
(Solo los niños y uno que otro personaje secundario son míos)

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Capítulo 14

¿Quiénes son los sorprendidos?

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Bella POV

Eran un poco antes de las nueve de la mañana de un domingo por lo que la calle permanecía en silencio, solo uno que otro vecino arreglaba su jardín. Me situé frente a la puerta principal de la mansión de los Cullen e hice sonar el timbre, esperaba no despertar a nadie y que la idea de llegar tan temprano no afectara el sueño de la familia.

Pronto unos suaves pasos me confirmaron que ya alguien estaba despierto y antes que hiciera algo la puerta fue abierta por un sonriente Carlisle que vestía ropa deportiva.

— Pero que agradable sorpresa — doblo el periódico que sostenía en su mano y lo coloco bajo su brazo.

— Hola Carlisle espero no haberlos despertado.

— No, tanto Esme como yo despertamos con el sol — me sonrió — pero pasa, Esme se alegrara de que llegaras. Ya no sabía qué hacer, si ir a despertar a alguno de los chicos o preparar el desayuno- abrió la puerta y me permitió el paso.

— Espero que Lex no les haya dado muchos problemas.

— Eso se lo tendrás que preguntar a Alice, nosotros llegamos ya cuando Edward estaba en casa y los niños dormidos, pero imagino que debieron quedar exhaustos, no ha habido ni señales de ellos.

Me condujo por el interior de la casa decorada tan espléndidamente, los colores claros sobresalían y solo en algunas esquinas algún color chillante remarcaba la elegancia que imponía el lugar.

Al llegar a la cocina Esme no se percato de nuestra presencia y siguió cortando un poco de fruta mientras tarareaba una canción que no llegue a distinguir.

Sonreí al verla, Esme me recordaba una parte de Renee, aunque mi madre fuera un poco extravagante su amor nunca falto. Tan pronto como conocí a Esme sentí su protección maternal, había extrañado tanto a mi madre. Toda mi vida ella fue mi amiga y confidente pero al entrar a la Universidad y dejar Forks las cosas cambiaron entre nosotras y conforme los semestres avanzaron y las nuevas responsabilidades me abrumaron poco a poco las visitas a mis padres se fueron haciendo más esporádicas.

Carlisle a mi lado aclaro su garganta y centre mi atención en él que observaba a Esme con adoración.

— Cariño mira alguien ha venido a hacerte un poco de compañía — su mirada se giro haciéndome notar y logrando que Esme enfocara su verde mirada en mí.

— Bella me alegro que hayas llegado — dijo después que llego junto a mí y me abrazo — pero ven siéntate — tomo mi mano guiándome a uno de los taburetes frente a donde ella se encontraba minutos atrás — ¿quieres algo de desayunar?

— Ya desayune en casa pero no me vendría mal otra taza de café — le sonreí y ella asintió, avanzo a una de las esquinas regresando segundos después con dos tazas humeantes.

— Las dejo solas chicas, necesito arreglar algunas cosas del hospital tal parece que no les agrada la idea de dejarme descansar un fin de semana — Carlisle rodo los ojos y salió por el pasillo.

— ¿Y qué tal les fue en la cita? — Esme me miraba expectante desde su lugar frente a mí antes de dar un pequeño sorbo a su café.

— Bien, Edward es un gran hombre, pero que se podía esperar teniendo una madre como tú — ella negó divertida.

— Sé que les inculque buenos valores pero también sé que todo esto es porque él te quiere de verdad, lo veo en su mirada, mi hijo era infeliz aunque no lo dejara notar, yo soy su madre y una madre siempre sabe de eso, me has devuelto a mi Edward, al que se divertía y no veía el trabajo como un escape, ahora le gusta convivir con la familia, siempre lo hacía no lo niego pero su mirada era un poco dolorosa, nunca acepto enamorarse de nuevo y tú has roto las expectativas que tenía de sí mismo.

Una parte de mí salto de alegría al saber que Edward era feliz a mi lado pero también me encogí al recordar lo que me conto ayer, él dijo que no le importaba Tanya pero si le importaba lo que pasara con su hijo. Sé que Anthony era infeliz por cómo sucedieron las cosas, pero no podíamos arreglar el pasado. No podía imaginar a Edward encerrado en su trabajo excusándose de la realidad, del hecho que heriría a su hijo si recaía en la trampa de Cupido de nuevo.

— Te confieso que yo me sentía igual, no fue fácil para mí lo que paso cuando Lex llego a mi vida, él es un poco celoso y tampoco es que buscara a un nuevo compañero, siempre Lex ha sido mi prioridad número uno pero con Edward todo dio un giro de ciento ochenta grados, no sé como describir lo que hizo cambiar en mi interior.

— Comprendo cariño — coloco su mano sobre la mía, dando pequeñas palmaditas — cuando conocí a Carlisle pase un momento duro con mi ex pareja, él me ayudo a salir a flote y como dices desde la primera vez que lo vi entre los pasillos del campus de la Universidad mi mirada quedo cegada a lo demás, solo podía ver cuando lo tenía a mi lado, es difícil de explicar pero para tu corazón no hay justificación importante.

— Mi madre dice que paso lo mismo con ella y papá — involuntariamente sonreí al recordar las palabras de Renee, ella contaba su enamoramiento de Charlie como un cuento de hadas en la que la chica loca era traída de vuelta a la realidad por el perfecto caballero andante.

— Sí, el amor es único, cuando te llega no lo puedes dejar pasar, pero dime Edward me conto que quería que ya los niños se enteraran, ¿llegaron a un acuerdo? — su mirada era más que curiosidad, en ella había preocupación y ternura.

— No hablamos detalladamente de eso, pero creo que tienes razón, si no aprovecho la oportunidad no podremos ser felices, los niños son felices ya, aunque me desgarraría ver que ellos sufren, solo espero que las cosas salgan bien — termine en un susurro dejando mi mirada en un lugar perdido en la pared frente a mí, ella asintió y ahora palmeo mi rodilla.

— Por qué no vas a despertar a los chicos, yo seguiré con el desayuno — se levanto de su asiento y emprendió camino al refrigerador.

— No quieres que te ayude, me sentiría más útil.

— Nada de eso, ve a sus habitaciones y tráelos contigo — se giro y me observo achicando sus ojos de manera divertida.

No conteste pero asentí viéndola a los ojos y de esa forma salí por los pasillos que conducían al recibidor.

Con un entusiasmo extraño en mí empecé a subir las escaleras.

Al llegar al tercer piso -con un poco de agitación- estaba indecisa en si ir a despertar primero a los chicos o a Edward, sin saber que hacer tome el pomo de la primera puerta que se cruzo en mi camino.

La abrí e igualmente cerré con el mismo cuidado, la habitación estaba adornada con colores azules en diferentes tonalidades, me acerque sigilosamente a la cama y estando sentada a un costado de su cuerpo no pude dejar de contemplarlo.

Edward era sumamente hermoso y dormido no perdía ni un ápice de su atractivo, inclusive podrías pensar compara su belleza con alguna escultura del Renacimiento, sus rasgos de madurez y el aura de imponencia se perdían a la vez que dejaban ver algunos rasgos infantiles.

Pase con sumo cuidado las yemas de mis dedos deteniéndose en su mandíbula donde la incipiente barba formo una fricción que mis dedos encontraron interesante, su rostro formo algunos mohines y se removió intranquilo entre las mantas, el movimiento tras sus parpados me indico que pronto despertaría.

— Buenos días, amor — dijo aún con los ojos cerrados, su voz fue un poco áspera por lo que aclaro su garganta.

— ¿Cómo sabias que era yo? — pregunte con curiosidad llevando ahora mi mano a su cabello.

El abrió los ojos y su mirada me traspaso, esa mirada que dice tantas cosas sin necesidad de palabras, sin necesidad de una caricia.

— Sabría reconocer tu tacto y olor inclusive dentro de un siglo sin tu presencia — llevo una mano a mi mejilla y me encogí en ella, su mano era grande y mi rostro se amoldaba a la perfección dentro de ellas.

— Eres un fanfarrón, pero te quiero tal cual eres.

— Lo que dije es más que la verdad — dijo con gran agitación removiéndose en las mantas — tu tacto quema mi piel, hace que mi corazón corra como el aleteo de un colibrí y tu olor ¡Dios! tu olor es intoxicante aun así te encuentres a cinco metros, es la combinación perfecta entre fresas y fresias, tan femenino.

Se levanto apoyándose en uno de sus codos y luego se reincorporo quedando sentado frente a mí, acorto la distancia y aún con su otra mano en mi mejilla me atrajo hacia él, me beso con infinita devoción dejando grabados su olor y sabor en mis labios, ya con la respiración agitada debido a la perdida casi completa de nuestra reserva de oxígeno apoyo su frente en la mía. Se separo sonriendo y alejando un poco las mantas que cubrían su cuerpo.

— Ven conmigo a la cama — no me pude resistir a su petición y deshaciéndome de mis zapatillas lo acompañe.

Deje apoyada mi cabeza en su pecho, embriagándome con su olor, él paso sus brazos por mi cintura y me atrajo más a él, de esta forma mi cuerpo se amoldo a la perfección a su costado, escuchaba atenta el martilleo en el que se fue convirtiendo el acelerado palpitar de su corazón, podría jurar que el mío estaba igual o peor ya que sentía los pitidos en mis sienes.

Podría pasar el resto de mi vida entre sus brazos los cuales me daban la seguridad que necesitaba, una seguridad que no había sentido en años y que solo había experimentado por un amor fraternal o de mi padre.

Amaba a Edward con cada célula de mi ser, con cada pequeña y minúscula estructura que componía mi cuerpo. Estructuras que pedía su olor como si de un catalizador se tratara, que pedían su voz para echar a andar su maquinaria y necesitaban de su cercanía para no parar de su infinito trabajo.

— ¿Qué fue lo que paso con los niños ayer? tan grave fue lo que ocurrió — pregunte después de un cómodo silencio que reino su habitación.

— Nada de gravedad, hubo una caída en la que dos de los niños resulto heridos, uno de ellos se lastimo un tobillo y el otro un corte superficial, pero Alice entro en pánico y no escucho lo que le dijo Jasper, que no era nada grave, ella le dijo que necesitaba la opinión de un médico de verdad y no la de un psicólogo- termino riendo.

— Espero y Alice no haya herido el ego de Jasper — comencé a jugar con el borde de su camiseta a la altura de su brazo.

— No, ellos son muy raros y cuando le dije que no era nada de consideración empezó con su derrame de miel pidiendo disculpas a Jazz, él solo se dejaba consentir, en ocasiones no sé como soporta a Alice, a mí me vuelve loco.

Rompí en carcajadas debido a la incredulidad de su voz, no podía creer como él no se percataba del amor que rodeaba a Alice y Jasper, cierto, eran extraños pero no por eso se debía criticar.

— No quiero saber qué podrán decir de nosotros, así que deja de hacer tus conclusiones sobre el modo en que trabajan las relaciones entre tus hermanos. Y déjame salir de tu cama, debo de ir a despertar a los niños, tu madre ha preparado su desayuno.

— No me quiero separar de ti, ¿no podemos pasar así el resto del día?

Me reincorpore con una mano sobre el mullido colchón y la otra en su pecho y con decisión acorte nuestra distancia, lo sentí sonreír contra mis labios. Deje de pensar y lo bese con toda la pasión que me creí capaz de soportar, sacando todo ese lado que poco conocía de mí y que solo él lograba despertar.

Con el avance del tiempo él llevo el beso a un nivel en el que sentía mi sangre hervir, mantuve mis ojos fuertemente cerrados concentrándome solo en nosotros y el maravilloso momento. Con algo de indecisión dejo mi boca y siguió un camino hacia mi clavícula donde su lengua salió dejando un camino húmedo que me hizo soltar un gemido de placer y de sus labios salió un gruñido. De nuevo regreso lentamente quemando mi piel tras su paso a mi mentón y como si de una cereza en el tope del pastel se tratara dejo un casto beso en mis labios, deje descansar mi cabeza entre su hombro y cuello tratando de regresar la respiración a la normalidad.

Los minutos pasaron en un agradable silencio, nuestra respiración ya era acompasada y solo nos limitábamos a pasar nuestras manos dejando suaves caricias en el cuerpo del otro.

— Vamos, sal de la cama — me reincorpore quitando las mantas de mis piernas, él permaneció en la misma posición — mueve tu lindo trasero hacia el baño, yo iré a buscar a los niños.

— ¿Lindo trasero? — mis ojos se abrieron a su máximo, él sonrió con arrogancia.

¿Acaso lo dije en voz alta? muy tarde para hacerte la pregunta Bella, me dijo la vocecita dentro de mi cabeza.

— Sí como sea, ya es tarde y tu madre nos espera — preferí salirme por la tangente y aún sin ganas de hacerlo me levante de su cama.

— Si el mío es lindo ¿de qué manera podre definir el tuyo? — gire mi rostro rumbo a su cama en la cual él estaba sentado observándome con una ceja alzada y al ver que no pretendía decir algo continuo con su aportación a la plática — perfecto — sentí un leve rubor inundar mis mejillas y negué con la cabeza al ver que él estallaba en carcajadas.

— Creo que necesitas una ducha cariño — logre decir cuando salí de mi aturdimiento, no espere que contestara y gire de nuevo rumbo a la puerta.

— ¿No quieres compartirla conmigo?

— N-no — titubee aún dándole la espalda ya que no pretendía que viera lo que su pregunta causo en mis mejillas, podría jurar estaban más rojas que un tomate de comercial.

Sacudí mi cabeza furiosamente para dejar las imágenes de él y yo compartiendo ese íntimo momento que asaltaron mi mente y retome por una vez más el camino a la puerta.

— En otra ocasión será — escuche que dijo en tono bajo, sonreí y dos pasos antes que llegara a mi objetivo este fue abierto dejándome observar dos pequeñas cabezas, una cobriza y la otra rubia.

— Papá — dijo Anthony que mantenía la cabeza inclinada mostrándole unas tarjetas a mi pequeño — Lex dice que… ¡hola Bella! — dijo esto último cuando fue subiendo su mirada de golpe ya que yo impedía su avance.

— Hola niños — Anthony me regalo una sonrisa igual de encantadora que la de su padre mientras que Lex me observaba con el ceño fruncido.

— ¿Mamá? ¿qué haces en la habitación de Edward? — dijo de manera severa.

Lo observe con los ojos abiertos y mandando toda mi confianza en decirle a los niños sobre nuestra relación al desagüe, algo dentro de mí sabía que Lex jamás encontraría un hombre bueno para mamá, aun así fuera el padre de su mejor amigo.

— Y-yo — mi pequeño rubio volteo a ver a su amigo con una sonrisa radiante, ¿acaso sufre cambios de humor y no lo había notado? definitivamente Lex estaba actuando extraño.

— Tu madre vino a despertarnos, justo iba a la habitación de Anthony para levantarlos pero vemos que se le adelantaron — dijo Edward con toda la serenidad y tanto los niños como yo asentimos en su dirección, pero claro ellos sonrieron ampliamente y yo todavía tratando de unir los cabos en mi cabeza.

La fresca brisa golpeaba mi rostro mientras estaba sentada sobre una manta en el pasto con mi espalda recargada en un árbol y la vista clavada en el libro entre mis manos.

Después de la extraña situación en la habitación de Edward baje a la cocina con los niños siguiendo mis pasos, y tanto Esme como yo acompañamos a los chicos a la mesa mientras ellos desayunaban, las risas inundaban el espacio ya que algunos de los amigos de los niños habían permanecido en la casa.

Segundos después Carlisle irrumpió la tranquilidad del momento diciéndole a Esme que tenían una comida que ambos habían olvidado.

En pocos minutos los padres de los niños llegaron por ellos, agradeciendo a Alice el haberlos cuidado, ella solo decía que había sido una grata experiencia. Tanto Alice, Jasper y Elliot partieron rumbo a casa del mayor de los hermanos Cullen, ellos irían de compras y eso era algo que yo no quería experimentar.

Ante la repentina salida de los padres de Edward y la soledad en la que se encontraba la enorme casa los niños nos convencieron para que los lleváramos a un parque e hiciéramos un picnic. Con manos a la obra los cuatro nos dispusimos a preparar lo que sería nuestra comida y una vez esta estuvo lista nos encaminamos al Volvo de Edward.

Extrañamente el parque mantenía a pocas personas en su interior lo que me facilito la lectura y me concentre en ella mientras a unos metros alejados de mí los niños jugaban con Edward.

En numerosas ocasiones me perdí observando y escuchando su interacción y risas, era completamente embriagante ver esa imagen. Lex estaba rebosante de alegría mientras era correteado ya sea por Edward o Anthony, ciertamente él era un niño muy feliz pese a lo que nos ocurrió pero ya esa parte de su vida estaba en el pasado, era un niño excepcional pero cuando alguien del sexo opuesto trataba de tener contacto conmigo él sacaba un lado poco civilizado y contrario al niño que me encargue de criar.

Solo eran buenos una cantidad de hombres que podía contar con los dedos de mis manos, muchos de ellos eran mis amigos de la Push, él amaba a esos chicos pero bueno ninguno de ellos me pretendía y obviamente otros chicos aprobados por él eran los hombres Cullen, claro al principio tenía reservas con Jasper debido a su infantil enamoramiento a la esposa de este pero así como su amor de niño llego se fue por el mismo camino dejando de nuevo a mi antiguo niño.

De Edward y Anthony podía decir lo mismo, en su rostro reflejaba una paz infinita e inclusive después de quedar exhaustos en el pasto tratando de encontrar que el preciado oxígeno llegara de nuevo a sus pulmones.

— Un centavo por tus pensamientos — me sobresalte al escuchar la voz de Edward cerca de mi oído, ya que tan perdida estaba en mi mundo que no note su acercamiento.

Suspire audiblemente a la vez que cerraba mi libro dejándolo reposar en mis piernas, voltee a verlo con una sonrisa en mi rostro consiguiendo el mismo gesto de su parte.

— Creo que ha llegado el momento que le digamos a los niños lo nuestro — su sonrisa se extendió más, sus ojos se iluminaron y observando a nuestro alrededor percatándose de los ojos curiosos de nuestros hijos -ya conocía esa inspección debido a nuestro poca abstinencia a las demostraciones afectivas en público- acerco su rostro al mío, cerré los ojos ante su cercanía embriagándome con el maravilloso olor que él desprendía y de manera suave dejo un casto beso en mis labios.

— Pensé que nunca saldrían esas palabras de tus labios — se acomodo a mi lado, deje reposar mi cabeza en su hombro observando a la distancia el juego que mantenían los niños junto a otros pequeños y el perro de ellos, sonriendo cuando el animal los perseguía debido a que ellos no querían seguir lanzando el frisbee.

Los minutos de paz transcurrieron y a los pocos minutos los niños volvieron a reclamar la presencia de Edward en sus juegos. Regresaron un tiempo después dejándose caer sonoramente al pasto.

— ¿Tienen hambre? — sin palabras solo con un asentimiento mi respuesta fue contestada por parte de los tres.

Me levante con una sonrisa y camine los pocos pasos que me separaban de la canasta que preparamos, llevándola conmigo a mi antiguo puesto y entregándoles un sándwich de ensalada mientras Edward hacia lo mismo con los refrescos.

— ¿Mamá podría tener un perro como mascota? — Lex pidió para después meter un bocado de comida en su boca.

— Creo que si no eres capaz de cuidar un pequeño pez, menos lo serás para cuidar un monstruo de ese tamaño — apunte con mi cabeza rumbo al animal con el cual minutos atrás habían jugado, ellos rieron con mi descripción del animal pero realmente el perro era un monstruo, casi tenía la estatura de los niños y eso estando en sus cuatro patas.

— ¿Papá yo si podré tener uno? — pregunto Anthony después de calmar su risa.

— No lo creo hijo, tu abuela nos correría de la casa junto con el perro — contesto Edward rodando los ojos.

No dudaba que Esme no aceptara un perro en su casa, ella amaba sus plantas y un perro de esas dimensiones solo podría destruir su bello jardín.

— ¿Entonces podré tener una mascota diferente a un perro? — pregunto de nueva cuenta Lex viéndome bajo sus pestañas, esta vez no pensaba caer en su chantaje emocional, debía demostrar quién era el adulto en nuestra pequeña familia.

— Acaso no recuerdas que Angustia lleva perdida más de un mes en algún lugar del patio trasero — empezó a mover su boca queriendo rebatir mis palabras pero no emitió ningún sonido.

— ¿Angustia? — pregunto Edward con curiosidad a mi lado.

— Sí, la tortuga de Lex — explico Anthony a su padre.

— ¿A quién se le ocurrió semejante nombre? — dijo observándome a mí, ¿acaso creía que yo fui responsable de eso?

— ¡Hey no me veas así! el culpable del nombre fue Lex — respondí haciendo que él girara su cabeza en dirección al niño.

Lex rodo los ojos, estaba segura que le resultaba estresante tener que aclarar el por qué la tortuga tenía ese nombre.

— La razón por la que la llame así fue porque era una angustia ver que moviera sus piernas y además no respondía a ningún nombre por el que la llamaba — Edward estallo en carcajadas haciendo que nosotros hiciéramos lo mismo.

El resto de la comida fluyo con más calma, los niños hicieron notar su decepción debido a que los juegos del equipo estaban por llegar al final de la primera parte de la temporada para descansar durante toda la época invernal.

Al verlos a los tres sentados a mi alrededor y platicando amenamente logre ver un futuro en el que esta situación se repetía innumerable cantidad de veces, esperaba que los niños se alegraran por la noticia que recibirían el día de hoy.

Quitando por décima vez en menos de dos minutos las inexistentes migajas de pan de mis labios aclare mi garganta obteniendo la mirada interrogativa de los niños que dejaron su conversación de lado.

— Niños Edward y yo les tenemos que decir algo importante — sus miradas taladraban mi rostro, retorcí mis manos que empezaban a sudar y tratando de encontrar las palabras para soltar la nueva información, Edward noto mi nerviosismo por lo que se adelanto a mi discurso.

— Lo que Bella les quiere decir es que…..¿recuerdan cuando nos pidieron que fuéramos pareja? — ellos asintieron — y que nosotros les dijimos que no nos podían unir ya que en el amor no se decidía de quien tenias que enamorarte — la mirada de expectación de los niños cambio ahora a una de confusión — bueno la cuestión es que no hubo necesidad de forzar a que algo ocurriera ya que Bella y yo descubrimos que nos amamos.

Deje de respirar a la espera de la contestación de los niños, ciertamente ellos fueron los primeros en proponernos que estuviéramos juntos inclusive antes de conocernos pero sus opiniones sobre lo nuestro pudieron haber cambiado con el transcurso del tiempo ¿cierto?

Y antes que mi mente volara hacia un camino en el cual Edward y yo posponíamos lo nuestro ambos niños chillaron de emoción y chocaron sus cinco.

— El tío Em nos debe el nuevo juego de Iron Man para Wii, Elliot se va a alegrar — tanto Edward como yo los veíamos como si tuvieran un tercer ojo.

— ¿Por qué Emmett les debe ese juego? — Edward gano mi pregunta.

— Hicimos una apuesta con él para ver cuánto tiempo tardaban en decirnos a nosotros sobre su relación — contesto Anthony con la madurez de un hombre de cuarenta años.

— ¿Apuesta? — pregunte yo.

— Sí, él dijo que ustedes nunca nos dirían lo suyo hasta un día antes de su boda y Tony, Elliot y yo le dijimos que lo dirían para antes de navidad — dijo Lex con un movimiento de manos.

Voltee a ver a Edward que tenía una sonrisa más grande que la que Lex ponía la mañana de navidad.

— ¿Ustedes sabían lo nuestro? — mi pregunta salió con un deje de escepticismo. Ambos niños se miraron entre ellos para después regresar su mirada a la mía.

— Sí, desde el principio — contesto Lex.

— ¿El principio? — ahora fue el turno de preguntar de Edward.

— Sí, desde el día del partido de baseball — la sonrisa de Anthony reinaba su semblante.

Mis ojos se abrieron a más no poder y por el rabillo del ojo observe que Edward asintió sonriendo a su contestación.

— Ese día entramos a la cocina a tomar agua pero vimos que Edward te estaba besando — dijo Lex apuntándonos con su dedo índice de manera divertida cuando se refirió a cada uno.

Sentí como mis mejillas se calentaban intensamente ante la mirada picara de los niños, enterré mi rostro en mis manos escuchando sus risas, Edward se acerco a mí y me envolvió en sus brazos besando el tope de mi cabeza.

Los niños decidieron darnos nuestra privacidad y se encaminaron al llamado de sus nuevos amigos, me reacomode con mi espalda en el árbol y segundos después Edward se coloco a mi lado una vez acabo de recoger la basura, cambio su postura ahora dejando descansar su cabeza en mi regazo, acerque mi mano a su cabello y jugué con este mientras veía su rostro que lucía una enorme sonrisa, manteniendo sus ojos cerrados, por un momento llegue a creer que se había quedado dormido pero esta teoría desapareció cuando abrió sus parpados dejándome ver ese verde que desde que lo conocí se había convertido en mi color favorito.

— Te amo — estiro su mano y la coloco en mi mejilla, me encogí en ella por unos instantes.

— Yo también te amo — acorte nuestra distancia y lo bese.

Era la primera vez que no tenía que observar a todos lados para ver si alguno de los niños nos observaba, eso fue algo que me gusto e hizo que una sonrisa se dibujara en mis labios.

...


Espero y les haya gustado la forma en la que le cuentan sobre su relación a los niños, admito que en mis planes no estaba poner esto pero bueno con el cambio que hice y el tener su relación tras bambalinas esta idea llego a mí y me gusto.

Les aviso que la clasificación del Fic cambiara de T a M para el próximo capítulo.

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Cuídense y nos vemos en el siguiente….